UNA PROMESA DE AMOR ETERNO

2. Vida nueva, recuerdos del pasado

Después de despedirme de Kenshin, entré en mi casa y cerré la puerta. Me quedé un rato apoyada en la puerta mirando al techo, pero mis pensamientos estaban en otra parte, y no era en la cantidad de cajas de la mudanza, ni el espacio que tenía para colocarlas.

Estaba pensando en lo que me acababa de pasar. ¿Pero por qué seguía pensando en él, si lo acababa de conocer? ¿Y porqué me sonrojo cuando pienso en él, y en lo amable que se ha mostrado conmigo?

FlashBack

Yo estaba sentada en el asiento del acompañante del coche de mi padre. Nosotros vivíamos en Tokyo, pero por mi seguridad había decidido cambiarme de Universidad, y me admitieron en la de Kyoto.

Tenía 20 años y estaba en mi segundo año de Universidad. Yo estudiaba Magisterio de Ciencias, porque me gustan los niños.

Ya divisaba mi casa, y le dije a mi padre que parara y me dejara en la puerta. Le dije que yo me encargaba de lo demás, no quería ponerlo más en peligro de lo que ya estaba. Él paró, me bajé y le dije que estaría bien, que no se preocupara y se marchara ya, no vaya a ser que lo localicen. Mi padre me dio un beso en la frente y se marchó. Levanté la vista y lo vi. Había un chico en la puerta de la casa de enfrente, tenía la mirada fija en mí. Yo le sonreí, aunque un poco avergonzada de que se me quedara mirando. Él me sonrió también.

Decidí acercarme y entonces los vi. Eran los ojos más hermosos que había visto nunca. Eran de color violeta, pero un violeta especial, profundos a la vez que penetrantes. Tenía el pelo rojo, un rojo fuerte como el fuego, y recogido con una cola baja a la altura de los hombros, que junto con sus ojos violetas y su expresión tranquila, lo hacían adorable. Cuando estuve frente a él, me puse nerviosa, las palabras no me salían. La verdad es que era muy guapo, no tenía nada que envidiar a otros chicos. Entonces le dije lo primero que se vino a la cabeza.

- Hola, así que tú eres mi nuevo vecino ¿no?- pero que tonta, si está en la puerta de esta casa, con la llave en la mano y con la cartera, será porque vive aquí. Mira que llego a ser tonta algunas veces.

- Sí, y tú mi nueva vecina- me respondió con una sonrisa que me encantó.- Oye, aún no sé tu nombre. ¿Te importaría decírmelo?- ¡vaya, qué chico tan abierto!

- Claro, con mucho gusto. Me llamo Kaoru Kamiya, y tú, ¿cómo te llamas?- así sabré su nombre.

- Kaoru… que nombre más bonito. De pequeño, yo tenía un amiga que se llamaba así, pero no me acuerdo mucho de ella, ni siquiera recuerdo bien su cara y no me acuerdo de su apellido. Bueno, yo me llamo Kenshin, Kenshin Himura.

- Gracias por el cumplido Kenshin. Tu nombre también es muy bonito, al igual que inusual. De pequeña, yo tenía un amigo que se llamaba Kenshin, pero hace tanto tiempo. Apenas recuerdo vagamente su cara, y menos su apellido.

Entonces una imagen de mi casa y mi familia me vino a la cabeza y me entristecí. Fue tanta la añoranza que sentí que me cambió la expresión de la cara. Él debió de notarlo, y me parece que no le gustó entristecerme, porque se quedó callado. Lo miré a los ojos y me quedé sorprendida. Sus ojos ya no eran violetas totalmente, tenían uno destellos dorados, pero desaparecieron al momento. Pensé que me lo habría imaginado, y solo habría sido un reflejo del sol dándole en los ojos.

- Bueno, si necesitas algo, lo que sea, dímelo. Ya que somos vecinos, se quieres te puedo mostrar el barrio.- ¡vaya, qué amable y simpático! He de reconocer que me ha pillado desprevenida.

- ¡Oh, gracias! ¡Me encantaría! Pero mejor mañana, que ahora me espera mucho trabajo. Mucho gusto en conocerte Kenshin.- me da pena despedirme, pero no quiero molestarle.

- El gusto es mío Kaoru, si quieres cuando vuelva te puedo echar una mano con la mudanza.

- ¡No! No hace falta, eso sería una molestia para ti.- aunque me gustaría estar con él, me siento tan a gusto… ¡Pero que estaba pensando!

- No es molestia mujer, además insisto.

- Bueno está bien.

- Entonces, ¿a las 4:00 te parece bien?

- Sí, de acuerdo. Entonces hasta las 4:00 Kenshin.

- Hasta las 4:00 Kaoru.

Fin del FlashBack

Yo aún seguía pensando en cómo había conocido a Kenshin, cuando un ruido me sacó de ellos. "Ding-dong"

- ¿Quién es?- pregunté sorprendida. No me esperaba a nadie, además yo no conocía a nadie aquí, excepto a mi prima.

- ¿Kaoru? Kaoru abre, soy yo, Misao.- Abrí la puerta y en cuestión de segundos me vi en el suelo y con ella encima.

- ¡Qué alegría Kaoru! ¡Por fin llegaste! Hacía años que no te veía. ¿Te acuerdas de mí, Kaoru?

Misao Makimachi, mi prima por parte de madre. Tenía mi edad, era de mi misma estatura y estudiaba también Magisterio, pero el suyo era de Letras, y el mío de Ciencias. Tenía el pelo negro, pero últimamente me había dicho que se lo teñía con verde oscuro, para que sus ojos resaltaran más. Tenía los ojos de un color esmeralda precioso, y con una cara como la suya, infantil pero madura, le hacían una expresión preciosa. Misao era simpática, inteligente, responsable y muy cariñosa. Según tenía entendido, ella practicaba Kárate, y era bastante buena.

- Cómo iba a olvidar a la prima más pesada que tengo, sería imposible- dije mientras me reía.

- No has cambiado nada Kaoru. Sigues estando igual que te recordaba. Bueno, cuéntame, ¿qué te ha pasado en estos años?- ¡Ea! Ya sacó el tema. No me apetece hablar de eso ahora.

- No he hecho gran cosa. Tú te mudaste cuando teníamos 5 años, y no volví a verte, sólo nos llamábamos o nos carteábamos de vez en cuando. Yo terminé el Instituto y empecé la Universidad, pero en Tokyo no había muchos recursos para Magisterio, así que decidí mudarme aquí, así podría verte.- Mentira, las razones son otras, pero no quiero involucrarla ni ponerla en peligro.

- ¡Ah! ¿Oye y dime, tienes novio o algún chico que te guste?- pero bueno, mira que llega a ser directa esta chica. Cómo iba a tener novio todavía, con todo lo que me había pasado como para tenerlo.

De repente, la imagen de Kenshin se me apareció en la cabeza. Me sonrojé un poco, pero Misao al parecer no lo notó.

- ¡No! Misao por favor. Además, si encuentro algún día un chico que me guste, espero haberlo conocido aquí. Oye, y tú, ¿me vas a decir el nombre del chico que te tiene loca? Porque a la que tienes en ascuas es a mí.- mira por donde, como el chico le corresponda, me va a tener que decir el secreto para aguantarla.

- Bueno yo te lo digo, si tú prometes que no te enamorarás de él, porque está en la misma Universidad que nosotras.

- Prometido- además si te aguanta es seguro que me va a caer bien.

- Se llama Aoshi, Aoshi Shinomori. Estudia Medicina, pero yo no caigo en ninguna asignatura con él. Pero tú sí, porque eres de Ciencias.

- ¡Ah sí! Pues el lunes me lo presentas, porque me incorporo el lunes. Oye, hablando de la Universidad, ¿tú no tendrías que estar en clase?

- Em… sí…, pero le dije al maestro que me ausentaba hasta el descanso del desayuno por motivos personales.

- Vaya, vaya… Cuando quieres no eres tonta ¿eh?

- ¡Tonta serás tú!

- Bueno… ni tú ni yo somos tontas, ¿contenta?- mira que llega a ser inocente.

- Mm… veo que ya te han traído las cosas, ¿quieres que te ayude a ponerlas?- ¡¡No! Ni soñarlo, que aunque seas karateca, en lo que respecta a la casa, eres más negada que yo.

- No hace falta Misao. Ya he quedado con Kenshin en que el me ayudaría.

- ¿Kenshin? Me suena ese nombre, pero no sé de qué ahora mismo. ¿Y se puede saber quién es?

- Es mi vecino de enfrente. Es muy amable y se ofreció a ayudarme.

- Bueno, vale te haré caso y no te ayudaré, pero si necesitas algo, llámame. ¡Ah! Toma, es mi dirección, para que sepas donde vivo.- y me entregó un papelito en el que ponía "Distrito Tomoeda nº 8"- bueno, yo ahora me voy, o voy a llegar tarde a la clase de Literatura. Nos vemos primita.- y salió por la puerta tan rápido como entró.

- Adios Misao.- cerré la puerta.

Entonces decidí que subiría arriba a ver mi cuarto. Subí las escaleras, abrí la puerta de la derecha y entré. Descubrí que solo estaba la cama, y la ventana estaba abierta. Corría algo de aire. Me acerqué a la cama, y de repente el sueño se apoderó de mí. Los ojos se me cerraron, yo perdí el equilibrio y caí sobre algo blandito, que de seguro era mi cama. Y así dejé que el sueño me poseyera por completo.

Sueño

Era una noche sin luna, todo estaba oscuro, solo se apreciaba levemente el reflejo y el rumor del lago.

Allí, en la orilla del lago, había una niña de apenas unos 5 años de edad. Estaba sola y estaba triste. De repente, de entre los árboles, apareció un niño de la misma edad. Se paró al lado de la niña y se puso a mirar el lago. Después de un rato en silencio contemplando el lago, el niño y la niña se giraron, y se encontraron uno frente al otro, mirándose fijamente a la cara.

- Mañana debe marcharme, no sé si algún día volveré. Pero quería despedirme de ti. Gracias por confiar en mí.

- No quiero que te vayas, no quiero quedarme sola. Por favor, no me dejes.

- No puedo hacer nada, ojalá no tuviera que irme. No quiero separarme de ti.

- Por favor, quédate.

De repente, el niño se acercó a la niña y la abrazó fuertemente. La niña se quedó sorprendida, estrechada entre sus brazos. De pronto empezaron a aparecer luciérnagas rodeándolos a los dos.

- Yo tampoco quiero alejarme de tu lado, te prometo que nunca me olvidaré de ti.

- Yo nunca podré olvidarte- dijo ella con lágrimas en los ojos.

- Ahora debo irme. Adios.- dijo él alejándose

- Ken… shin…- ella ya no pudo retener más las lágrimas. Se arrodilló y empezó a llorar desconsoladamente.- Kenshin… adios.

- Adios Kaoru- dijo él desde la lejanía. La niña se quedó arrodillada llorando. Las luciérnagas desaparecieron mientras él se alejaba. La niña volvió a quedarse sola en la oscuridad de la noche, a la orilla del lago.