UNA PROMESA DE AMOR ETERNO
3. Recuerdos del pasado, la promesa
Cuando regresé a mi casa eran las 3:00. Comí, me duché y me vestí para ir a casa de Kaoru. Cogí unos libros de Biología y me puse a leerlos hasta que fueran las 4:00. A la hora establecida estaba tocando en la puerta de Kaoru. Al ver que no me contestaba, creí que estaría en el trastero, que estaba en el patio, igual que en mi casa. Le di la vuelta a la casa y me asomé al patio trasero. Al percatarme de que el trastero estaba cerrado, me iba a ir otra vez a la puerta cuando… un aroma a jazmines me envolvió por completo. Alcé la vista y descubrí una ventana abierta. Gracias al estilo de kendo que practicaba, pude llegar hasta ella de un solo salto. Entré y otra vez el aroma a jazmines se respiraba en el ambiente. Recorrí la habitación con la mirada hasta llegar a la cama y allí estaba ella. Dormía plácidamente, su respiración era tranquila y serena, y en su rostro había dibujada una sonrisa. Estaba realmente muy hermosa. Me acerqué a la cama para verla mejor, me arrodillé al lado de su cabeza y permanecí observándola, no quería despertarla. De repente, ella empezó a moverse agitadamente, su respiración era agitada y su cara era de tristeza. Entonces ella dijo:
- Por favor… no me dejes…- se incorporó rápidamente y me abrazó. Yo me quedé tan sorprendido, que no volví en mí hasta que noté algo húmedo mojando mi camiseta. Estaba llorando, ella estaba llorando en sueños. Debía de ser un sueño realmente triste.
Ella debió percatarse de que me estaba abrazando y abrió los ojos. Se quedó mirándome a los ojos durante un rato, aún abrazada a mí. Yo estaba extasiado mirándola a los ojos, aunque sus mejillas estaban húmedas. De repente, yo volví en mí y al parecer ella volvió a ser consciente de sí misma también. Nos separamos rápidamente. Yo posé mi vista en el suelo y ella también. Estaba avergonzado, había entrado en su habitación sin llamar. Me sonrojé al recordar que ella me había abrazado, y también recordé que ella estaba llorando. Reuní el valor para volver a mirarla. Ella seguía con la cabeza agachada. Le cogí el rostro con mis manos, la puse mirándome a los ojos, y con mis dedos le limpié delicadamente las mejillas. Se sonrojó levemente, haciendo que yo también me sonrojara.
- No llores, tu rostro es más hermoso cuando estás alegre que cuando estás triste.- dije para tranquilizarla.- perdóname por entrar por la ventana, pero como no habrías, pensé que te había pasado algo.
- Gracias… pero deberías perdonarme tú a mí. Me quedé dormida sin darme cuenta. Siento haberte mojado la camiseta.- dijo bajando la cabeza.
- No pasa nada. ¿Estás más calmada?
- Sí… podemos empezar a colocar las cosas.- dijo levantándose
- Sí, dime que cojo y donde lo pongo.- dije levantándome y siguiéndola.
La tarde transcurrió bastante ajetreada. Estuvimos subiendo y bajando cosas todo el rato. La verdad es que me cansé bastante, pero valía la pena si a cambio podía estar con Kaoru. Cuando terminamos de colocar las cosas eran las 10:00 de la noche, y yo la verdad empezaba a tener hambre. Como pensé que a lo mejor ella no había comprado nada para comer, de camino a casa compré dos bandejas de comida para precalentar.
- Kaoru, ¿tienes hambre?
- Sí… un poco la vedad. Ahora cogeré la guía de teléfonos, y pediré algo a un restaurante.
- No… permíteme compartir mi comida. Es comida precalentada, pero está bastante buena
- ¡No! Yo no podría…. Ya me has ayudado con la mudanza, no quiero molestarte más.
- Insisto. Así podrás perdonarme por lo de antes. Venga, ven a mi casa.
- Bueno, si insistes… no tengo alternativa, acepto. Pero mañana me tienes que permitir que te invite a desayunar.
- Vale, de acuerdo. Además es sábado, así que te puedo enseñar el barrio.
- Sí, me encantaría.
Ella cogió su chaqueta, cerró su casa y nos dirigimos a la mía. Entramos, y nos sentamos en la cocina. La comida se hizo en pocos minutos, cenamos y charlamos durante largo rato.
- Muchas gracias por la cena Kenshin, te ayudaré a quitar y fregar los platos.
- No te molestes Kaoru, debes de estar cansada. Siéntate en el sofá mientras yo termino de arreglar la cocina.
- Pero…
- Ni peros, ni nada. Ahora estás en mi casa. No te preocupes, ve a sentarte y ahora voy yo y te acompaño.
- De acuerdo.
Ella se dirigió al salón y yo me quedé arreglando la cocina. Al terminar me dirigí al salón, y cuando la vi a ella en el sofá, me quedé extasiado mirándola. Se había quedado dormida, con una expresión alegre, pero cansada. Me daba mucha pena despertarla, así que la cogí con sumo cuidado para no despertarla y la llevé a mi cuarto en el piso de arriba. La recosté en mi cama y le puse una manta por encima, porque la noche era fresca y cogería frío. Yo cogí una almohada y una manta, me fui al salón y me acosté en el sofá. Tardé un poco en dormirme, pero al final el cansancio pudo conmigo.
Sueño
Era una noche sin luna, todo estaba oscuro, solo se apreciaba levemente el reflejo y el rumor del lago en la lejanía. Allí en la orilla del lago, había una niña de apenas unos 5 años de edad. Estaba sola y estaba triste. De repente, de entre los árboles, apareció un niño de la misma edad. Se paró al lado de la niña y se puso a mirar el lago. Después de un rato en silencio contemplando el lago, el niño y la niña se giraron y se encontraron uno frente al otro, mirándose fijamente a la cara.
- Mañana debo marcharme, no sé si algún día volveré. Pero quería despedirme de ti. Gracias por confiar en mí.
- No quiero que te vayas, no quiero quedarme sola. Por favor, no me dejes.
- No puedo hacer nada, ojalá no tuviera que irme. No quiero separarme de ti.
- Por favor, quédate.
De repente, el niño se acercó a la niña y la abrazó fuertemente. La niña se quedó sorprendida, estrechada entre sus brazos. De pronto empezaron a aparecer luciérnagas rodeándolos a los dos.
- Yo tampoco quiero alejarme de tu lado, te prometo que nunca me olvidaré de ti.
- Yo nunca podré olvidarte.- dijo ella con lágrimas en los ojos.
- Ahora debo irme. Adios.- dijo él alejándose.
- Ken… shin…- ella ya no pudo retener más las lágrimas. Se arrodilló y empezó a llorar desconsoladamente.- Kenshin… adios.
- Adios Kaoru. Dijo él desde la lejanía.
La niña se quedó arrodillada llorando. Las luciérnagas desaparecieron mientras él se alejaba. La niña volvió a quedarse sola, en la oscuridad de la noche, a la orilla del lago. Cuando el niño estuvo seguro de que con la oscuridad nadie lo vería, se paró en seco. Se llevó las manos a la cara y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
- Prometo que nunca te olvidaré… Algún día volveré… y no descansaré hasta volver a verte… te volveré a ver en el mismo lugar… en el cual nos despedimos. Cuando te vuelva a ver… prometo… prometo que no volveré a separarme de ti.
