Guía de las Hermanas Andley para conseguir Marido.
Capitulo 4
"Lleva siempre guantes limpios, ya que un hombre
Casadero puede aparecer en el lugar mas inesperado"
By Xcaret
Salio de su casa, se dirigía a su trabajo cuando se encontró a su vecino Josh que estaba apoyado en una de las columnas de la casa de la madre de este, escarbándose los dientes con un palillo, comos siempre con su ropa de fachas, ya que siempre estaba holgazaneando.
-- ¡Buenos días! Danna, ¿Cómo te va? – pregunto Josh.
-- Bien Josh
Continúo su caminar hacia su camioneta cuando se le puso enfrente el joven y la cuestiono por su forma de vestir.
-- ¿Ha muerto alguien?
-- No – respondió ella – voy a trabajar.
-- Oye, Danna, si tienes alguna tarta que te sobre, tráela a casa esta noche, ¿quieres? Es el cumpleaños de mama.
-- Será mejor que no cuentes con ello Josh. ¿Por qué no le compras algo especial?
-- Tienes razón, llamare a la panadería haber si tiene uno rescatable.
Danna sonrió tensa, sintiendo un coraje con ese tipo que teniendo mas de 35 aun vivía con su madre, lo peor era que vivía a expensas de su mama ya que no trabajaba. Examino otra vez su atuendo minifalda negra y blusa amarilla de seda, zapatos de tacón y recogido el cabello por una coleta dejando un fleco en su frente.
Danna dejo escapar un suspiro, se había quedado hasta tarde leyendo Guía de las hermanas Andley para conseguir marido, se había ido a dormir con una sonrisa en los labios y la determinación en su corazón de mantener su mente abierta respecto a los hombres que vivían en Lakewood y los que lo visitaban. Claro que Josh no era su favorito, por el contrario siempre quería estar lo mas lejos de el.
Nubes negras cubrían el cielo conforme iba su marcha, si duda iba a llover, lo cual no era raro en esa época del año, pero se acordó que dejo su paraguas en casa, ya que lo bajo cuando lavo su camioneta por dentro. Talvez el aguacero aliviaría la humedad de Lakewood. Se despego la blusa de la espalda y continúo su marcha hacia el trabajo. Las nubes se dejaron al fin sentir cuando llego al estacionamiento de la empresa, visualizo un cajón vació cuando solo vio como en una sombra como un auto deportivo se lo ganaba, piso el freno de tal manera par no golpear el auto que se dio en la frente con el volante.
Sentía que todo le daba vueltas, y un ardor en su frente, así como también se había mordido la lengua sabia que no iba poder degustar bien lo que prepara para ese ejecutivo. Escucho lejanamente que alguien tocaba el vidrio de su camioneta…
-- ¿Se encuentra usted bien? – pregunto el joven.
La primera reacción de Danna fue abrir la puerta bruscamente y tumbar a aquel extraño, pero le dolía tanto la cabeza que solo pudo asentir. El le pidió que bajara la ventanilla y ella abrió la puerta se asombro de ver a un joven de cabello castaño claro casi rubio, muy bien peinado, llevaba una camisa de vestir y corbata, lo cual era muy raro en esa zona. Esa era una razón suficiente para prestarle atención. Vio que se perdía en esa mirada verde y encima de ella una ceja delineada.
-- ¿Esta usted bien? – insistió
Furiosa por la respuesta de su cuerpo ante aquel estupido, Danna trago saliva y lo miro.
-- Usted es una amenaza – le dijo la chica
-- ¿Yo?- Pregunto el sorprendido, echándose hacia atrás - ¿Y que me dice de usted??No sabe que debe llevar las luces encendidas cuando esta lloviendo?
-- No esperaba encontrar a nadie conduciendo como loco, en un ¡estacionamiento! – dijo la chica elevando la voz hasta acabar en un grito, causándole mas dolor en su cabeza.
-- Pero, ¿Esta usted bien o no?
-- Sobreviviré – murmuro ella, notando que el golpe de su cabella se empezaba a notar por formarse un chichón.
-- Espere, denme un minuto para que mueva mi coche – ofreció el.- Puede aparcar en ese hueco.
-- No, no me haga ningún favor – contesto ella secamente.
-- No la había visto – explico el suavemente – si no, le habría dejado gustoso el lugar a usted.
Se encamino a su coche protegido por el paraguas sus movimientos eran rápidos y precisos. Al cabo de unos instantes había movido su auto desapareciendo en la esquina.
Danna aparco el hueco, con el corazón acelerado por el encuentro. Apago el motor y se inclino hacia delante, observando el cielo: esperaría un poco a que dejara de llover tan fuerte, pero como no parecía eso sucediera pronto saco una bolsa de plástico de la guantera y se la puso en la cabeza, tomo aire y abrió la puerta al chubasco.
Lamentablemente no llego muy lejos. Sus zapatos de tacón no se agarraban de igual forma que las plataformas. En un momento estaba saltando los charcos y al siguiente se encontró tumbada sumergida en un charco. Cerró los ojos al punzante dolor, cuando afortunadamente dejo de llover.
-- Es usted un accidente andante- dijo una voz masculina por encima de ella.
Danna abrió lentamente los ojos y vio al hombre arrodillarse junto a ella, con su paraguas deteniendo el diluvio. Se pregunto ¿Cuánta profundidad tendría ese charco? Ahogarse seria menos doloroso que morir de la humillación.
-- ¿Se encuentra bien? – pregunto el joven, agarrándola del brazo y ayudándola a levantarse.
-- Pero Danna perdió el equilibrio y se apoyo pesadamente en aquel brazo.
-- Debería haber permitido quedarse con espacio del estacionamiento – murmuro ella, algo mareada y completamente empapada. El agua resbalaba por su ropa, y se le pegaba al cuerpo.
-- ¿Se siente capaz de caminar? –pregunto el joven rozándola con su aliento mientras ella se resguardaba bajo el paraguas – si lo necesita, puedo llevarla en brazo.
A Danna se le puso el corazón en la garganta ante tal petición. Sus miradas se encontraron y ella trago saliva. Tuvo la impresión de que estaban en una burbuja, con la lluvia repiqueteando sobre el paraguas y el agua corriendo bajo sus pies. Sintió la lengua hinchada y se pregunto si tendría daños cerebrales por los golpes en la cabeza.
-- No… no hace falta – dijo ella – puedo caminar. Ya iba ser el hazmerreír cuando entrara en la oficina como para además entrar en brazos de un desconocido. – pensó.
-- Eso tal vez sea difícil- comento el, aguantándose la risa al tenderle uno de los tacones despegados de su zapato.
-- Me arrastrare – dijo ella aunque en verdad sentía que el corazón se le aceleraba.
-- Vamos- se ofreció el- Le debo una.
-- Desde luego que si – respondió ella con algarabía, algo mas relajada al oírle reírse.
El soporto la mayoría del peso de ella en su camino hacia el edificio. Los signos vitales de Danna se volvieron locos mientras en sus deseos eran que el encuentro terminara.
Dejando a un lado sus habilidades de conductor, aquel hombre alto, de constitución sólida y bien vestido merecía la pena atrapar; obviamente no era de Lakewood. Danna frunció el ceño y pensó que a lo mejor ese seria un problema en su nueva misión, pero sus pensamientos románticos se detuvieron en seco cuando miro su mano y vio el brillo de una alianza de oro brillante y ostentosa. Alguien se le había adelantado.
En su decepción no piso bien y Ellioth sintió que su compañera se caía hacia un lado y doblo las rodillas para acomodar el peso de ella. Habían llegado a la entrada así que dejo el paraguas y la agarro de ambos brazos.
-- Mi tobillo, ay, ay, ay – se quejo ella, levantando ligeramente el pie derecho.
-- Quédate quieta – dijo el, agachándose para tomarla en brazos.
-- No – rezongo ella, empujándole el pecho con una de sus manos pequeñas
-- Quédate quieta – insistió Ellioth, levantándola – antes de que se rompa el cuello.
Danna dio un grito de indignación y Ellioth apretó los labios y miro al frente. Se concentro en los pocos escalones que quedaban para llegar al interior del edificio e intento no pensar en que sus brazos sostenían a una mujer muy atractiva. Algo mediana de estatura y estaría entre los 23 y 25 años. Pero igual tenia una boca adolescente y parecía igual de frívola.
Si había mas empleados así de despistados en Industrias Lakewood, talvez debería desviar el proyecto a Minesota.
-- Puedo caminar, gracias – dijo Danna, intentando separarse de el como una gata empapada.
Mirarla fue un error para Ellioth, quedo hechizado con esos ojos celestes con el borde del iris negro, las pestañas eran larguisimas, tenia rasgos finos y su pelo revuelto sobresalía de la coleta. Los movimientos de ella para separarse de el le estaban provocando una respuesta en su cuerpo.
-- Casi hemos llegado. Esta Usted empeorando las cosas – le aviso con un poco de tensión.
La estaba empeorando pero por mucho. Ellioth había aparecido en Lakewood esperando olvidarse de las mujeres durante un tiempo, y a las pocas horas de haber llegado ya le había puesto las manos a una chica…
Desvió la mirada y busco como se habrían las puertas del edificio. Afortunadamente, se abrieron automáticamente al acercarse. Entro al edificio en el cual las personas esperaban el ascensor y otras platicaban antes de su entrada al trabajo, mas sin embargo giraron su cabeza cuando escucharon…
-- ¡Bájame!
-- No grite – le contesto-, o dejare que se caiga sobre su espalda empapada.
El camino era peligroso y mas con el agua que caía de las personas que entraban. Pero ella volvió a empujarle y gritarle.
-- ¡Que me bajes!
Ellioth lo hizo. La soltó muy poco ceremoniosamente sobre el sofá que se encontraba en la recepción
-- Ya esta – afirmo el joven, sacando su pañuelo para secarse las manos. Las mangas de su traje y todo su pecho no iba a secarse con unas simples pasadas del pañuelo.
-- Gracias – contesto ella, evidenciando su enojo con los dientes apretados. Tratando de masajearse el tobillo que empezaba a hincharse.
Un robusto hombre de mediana edad salía de la multitud que los observaba desde los ascensores y se acerco a ellos con decisión. Ellioth reconoció a Gerald Blade de sus reuniones en Chicago, donde habían firmado un contrato de proporciones considerables.
-- ¿Danna, eres tu? Dios santo ¿Qué te ha pasado? – pregunto el hombre preocupado, si el padre de esa niña viera las condiciones en que llegaban prescindiría del contrato que tenia con cierta cadena hotelera.
Danna lo miro desde el sofá. Se deshizo la coleta revelando ese cabello un poco debajo de los hombros oscuro mucho para ese color de ojos. Solo alguien como ella podía tener esa gracia, pensó Ellioth.
-- Buenos días, Gerald. Me han dicho que soy un accidente andante – comento mirando a Ellioth.
El hombre se giro hacia Ellioth y en su rostro se vio una cara de sorpresa que termino por iluminar el rostro de este. Ellioth estrecho la mano de Gerald le ofrecía al momento que hablaba
-- ¡Señor Knight! No lo esperaba hasta esta tarde, pero me alegra verlo.
-- Saludos de nuevo señor Blade. Supongo que estaba ansioso por ver la operación de primera mano.
-- Y supervisar la creación de nuestro nuevo postre – añadió el señor Blade con una sonrisa sincera.
-- Este es un proyecto muy impórtate para mi – afirmo Ellioth
-- Por eso hoy mismo nuestro equipo de nutricionistas, con su responsable a la cabeza, comenzaran a trabajar en su encargo; bajo su supervisión, claro esta.
-- Estoy impresionado con la calidad de los postres de mis restaurantes Italianos. Tengo muchas ganas de conocer a ese responsable.
Ellioth no había pretendido ignorar a la mujer empapada que había cargado hasta el edificio, pero estaba deseando continuar con sus negocios. Al oír que ella afinaba su garganta, se giro hacia ella y la encontró mirándolo con ojos muy abiertos.
-- Es "ella" – dijo Gerald
-- ¿Perdone?- pregunto Ellioth
-- El responsable de equipo de nutricionistas – explico Danna, sonriendo –es una mujer.
Se seco la mano y se la tendió…
-- Danna Kotkin, accidente andante y nutricionista en jefe, a su servicio.
Continuara…
N/A:
Al fin nuestra pareja protagónica tienen un acercamiento y ¡que acercamiento!
Gracias a Alexia Winner por tus comentarios y claro se que es diferente y talvez como no aparece la heroína de Candy Candy puede ser que no llame la atención. Pero es una idea propia y tomando algunas situaciones de aquí otras de alla y me dieron ganas de desarrollarla. Espero te guste este capitulo.
Quiero agradecer a las personas que están junto a mi en este proyecto y a todos los que se dan un tiempito para poder leerlo, pido una disculpa por hacer cortos los capítulos pero la verdad es que no quiero tardar en subir cada capitulo.
Comentarios y sugerencias: y/o
