Guía de las Hermanas Andley para conseguir Marido.
Capitulo 10
4.- Olvídate de su estomago: los celos son la forma más
rápida para llegar al corazón de un hombre
By Xcaret
Pairings: Danna – Ellioth, Candy – Terry, Annie – Albert, David Copperfield – Claudia Shiffer
CategoryRomantic, Comedy
Raiting: PG- 13, yo digo cuando habra NC-17
Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no son míos. Ellos pertenecen a sus creadoras y respectivos socios comerciales. Esta es solo una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativas. Basada en una novela de Sthepanie Lee.
En calidad de Universo Alterno.
FEEDBACK: o noche había sido espectacular, y el regreso a Lakewood había sido reconfortante para Danna y Sean, mas no para Ellioth quien no había regresado aun a ese lugar para tranquilidad de Danna esos días cuando empezaron a trabajar con el chocolate experimentando y reclutando a Sean para que degustara los postres cuando ella empezó a sentirse peor, Pero, a pesar de sus esfuerzos, aun no esta satisfecha. Su creatividad se había agotado. ¿Qué no se había hecho aun con chocolate?
Sean coincidió con ella en que no eran sus mejores recetas, pero la había ayudado a acotar la selección a tres posibilidades: una de Mouse de cacao y frambuesa, una tarta de chocolate transparente y un bizcocho de chocolate porco original.
Danna se este estremeció con un picor que pareció recorrerle el cuerpo entero, se rasco tan fieramente la parte del pecho, el vientre y la espalda tanto como alcanzo con el cinturón de seguridad de su auto, había ido a recoger unas cosas que le habían quedado en casa de su abuela. Esperaba al menos volver a la normalidad de su urticaria antes de su cita la noche siguiente con Jan, después de todo a lo mejor no era mala idea salir con el hijo del farmacéutico. No estaba preocupada. Cuando decidiera, si es que lo hacia, intimar con alguien, Ellioth Knight y su urticaria habrían desaparecido.
Con ese inquietante pensamiento, se concentro en crear un postre al cual Ellioth no pudiera resistirse. El sol había empezado a ponerse cuando Danna llego a su casa de alquiler. El teléfono sonaba insistentemente. Dejo una caja pequeña de utensilios de cocina en la encimera y descolgó el teléfono.
-- ¿Diga?
-- Danna, necesito tus medidas – pidió Keyla con su típica costumbre de no saludar.
-- ¿Tiene que ser ahora?
-- Si, ahora. Mi modista esta por la otra línea esperándolas.
Danna levanto la vista al cielo y suspiro.
-- ¿Podrías darme un minuto par que busque la cinta de medir?
-- Date prisa, por favor. Estas llamadas están costándome una fortuna.
-- ¿Y la boda no? – pregunto Danna para si misma mientras trotaba hasta su recamara y regresaba con la cinta.
Con un golpe encendió la pequeña luz de la cocina
-- ¿Estas lista?- pregunto, desenrollando la cinta.
-- Si, si desde hace rato.
Se coloco la cinta alrededor de la espalda y sobre los pecho por encima de la delgada playera. Como no llevaba sujetador, decidió que seria suficiente.
-- noventa y dos
Luego se subió la camiseta y se la coloco en la cinta en la cintura embadurnada de loción para la urticaria.
-- Sesenta y cuatro
-- Eres repugnante – afirmo Keyla.
Con torpeza, se desabrocho los shorts de mezclilla que portaba y se los bajo hasta las rodillas, sujetando el auricular entre el hombro y la oreja, y se coloco la cinta sobre sus pantys de algodón.
-- Ochenta y ocho
-- Te odio – insistió Keyla.
-- ¿Eso es todo? Pregunto Danna dejando la cinta y tirando de sus shorts.
-- Solo recordarte que tendrás que venir antes el día del ensayo de la cena para una prueba de última hora.
-- Sin problema. ¿Al final te quedaste con el color salmón?
-- Si, los vestidos de las damas de honor son adorables, con metros y metros de tejido, y lazos para el cabello a juego.
-- Lo dices enserio, ¿verdad? Lazos para el cabello – pregunto Danna escéptica
Danna tomo un cuchillo de carne en sus manos y fingió que se lo clavaba en el corazón. ¿Qué sucedía con las bodas, que devolvían a las mujeres con habitualmente buen gusto a los vestidos de fantasía de su niñez?
-- Bueno, tengo que irme corriendo. ¡Ah!, por cierto, ¿has encontrado ya a tu héroe?
Danna se acomodo el auricular, dejo caer el cuchillo y al girarse para terminar de acomodarse los shorts, se quedo helada. Ellioth Knight estaba en la puerta mosquitera bajo la luz del atardecer, sujetando una caja que había sacado de la camioneta de ella. Sus ojos verdes estaban clavados en ella y tenia la boca abierta. Al momento, danna supo que el había sido testigo de su actuación completa, perfectamente iluminada por la luz de la cocina. El color abandono su rostro rápidamente, que creyó que se iba a desmayar.
-- Adiós, Keyla, tengo que matarme – anuncio.
Colgó el teléfono y reconsidero brevemente la utilidad de un cuchillo de mano.
-- Oh, Dios, Oh, Dios – murmuro luchando con el botón junto a su ombligo.
Se dio por vencida y simplemente estiro la camiseta rosa hacia abajo, tanto como lo permitió el tejido. Después de respirar hondo unas cuantas veces, levanto la vista, rezando por que el desapareciera. Pero no lo hizo.
Entonces, se coloco una sonrisa en el rostro y camino hacia la puerta.
-- Hola – saludo ella a través de la pantalla, con un tono de voz uniforme, como si no hubiera pasado nada.
Ellioth la observo y trago saliva dolorosamente, incapaz de borrar de su mente la imagen de ella de pie medio desnuda. La caja disimulaba una creciente erección, así que se agarro a ella como su fuese su chaleco salvavidas.
Ahora entiendo por que tu vecino siempre esta dando vueltas por aquí – se arriesgo a decir con una pequeña sonrisa.
-- ¿Querías algo, Ellioth? – pregunto ella.
Con una repentina claridad, el decidió que si, que quería algo, a ella. Bajo la vista hacia la caja.
-- Pasaba por aquí y e visto tu camioneta llena de cajas. Me pareció que te vendría bien algo de ayuda.
Ella se cruzo de brazos.
-- ¿Pasabas por aquí?
-- No vas a ponérmelo fácil, ¿verdad?
-- Estas acostumbrado a que las cosas acudan a ti con excesiva facilidad, ¿o no, Señor Knight?
-- No siempre, pero, talvez si últimamente – admiro honestamente- no quería esperar a mañana para pedirte disculpas por mi comentario sobre el señor West, además quería agradecerte por las pequeñas vacaciones que nos regalaste a mi abuela y a mi, ella quedo encantada con el señor Copperfield y yo le agradezco que haya cumplido su sueño de subir al escenario.
-- Por fin estamos de acuerdo en algo – dijo Danna apoyándose en la puerta.
-- Si prefieres que no entre, puedo descargar las cajas y dejártelas en el porche – ofreció el, casi deseando que ella mantuviera a puerta entre ellos, ya que comenzaba a sentir un peligroso impulso de romper la puerta y tomar a Danna en sus brazos.
-- No – contesto ella, descruzando los brazos lentamente y abriendo la puerta – de hecho, te agradecería que las metieras dentro. He hecho espacio para ella en el cuarto de invitados.
-- Abrió la puerta. Ian sintió el sudor que le resbalaba entre los hombros cuando cambio el peso de a caja y entro en la casa. Siguió a Danna por la pequeña casa que le recordaba a la que había habitado el de pequeño cuando recién llegaron de Londres a New York.
Decorado refrescante, tonos azules y blancos, su diminuto salón resultaba calido y acogedor. Dos sofás a rayas formaban una "L" y había una alfombra de flores en el suelo de madera. Parecía que era aficionada al cine, dadas las películas que tenia en la estantería. En la esquina un ventilador que trabajaba al máximo haciendo circular el aire en una casa que obviamente no contaba con aire acondicionado. Fotografías de naturaleza adornaban la pared y bajo estas una chimenea la cual tenia fotos encima de Danna y ¿Copperfield?
Siguieron un pasillo no mas ancho que los hombros de Ellioth, pasaron junto a un dormitorio con la ropa de cama amarilla, que el supuso que era el de ella y llegaron a una habitación algo oscura para su gusto, con toques de madera y edredones negros, algo sofisticado y muebles caros olía mucho a la madera de estos.
-- Cualquier lugar sobre la pared esta bien – informo ella, señalando otras tres cajas que se apilaban bajo una ventana.
El deposito la caja en el suelo con cuidado luego se levanto y se limpio el sudor del cuello con su pañuelo.
-- Si me permites preguntar – comenzó mientras regresaban a la fachada de la casa- ¿Qué es todo esto? –temiendo por respuesta que Copperfield se mudaba con ella.
-- Es de mi abuela – respondió ella con una sonrisa, acompañándolo a la camioneta – esta limpiando sus armarios y me esta dando las cosas que ella no puede soportar tirar.
El se quedo esperando mientras ella rebuscaba entre las cajas, intentando averiguar el contenido antes de meterlas en la casa.
-- Mi abuelo tallo estos- comento con un par de candelabros en las manos- y este era su adorno favorito en el guardaba monedas mira- dijo mostrándole unos centavos antiguos.
Ellioth sintió una gran nostalgia de oírla, recordó a sus abuelos que mas que nada eran sus padres, cuando vivía con ellos era muy apegado a ellos, pero cuando se fue a vivir por su cuenta empezaron a pasar menos tiempo juntos hasta alejarse considerablemente. Tenía buen tiempo de no ver a su abuela hasta que Danna los invito a Las Vegas. Danna les encantaría, pensó. De repente, se detuvo y aparto la peregrina idea de su mente. Audrie lo conocía, lo comprendía, lo amaba, bueno eso decía. Y el apenas sabia nada de la mujer que tenía delante.
Y aun así, ella era muy atractiva, tenía que admitirlo. Contuvo un gemido al verla estirarse sobre una caja y mostrar una mayor extensión de sus bronceados muslos.
Hicieron tres viajes mas, ella llevando cajas mas ligeras y el las mas pesadas; ella cojeando ligeramente a causa de su tobillo y el cojeando ligeramente a causa de una casi constante erección que se esforzó por mantener oculta.
Casi todas las cajas fueron a la habitación, pero la última se quedo en la cocina, una habitación pequeña decorada con recetas enmarcadas escritas a mano. La mayor parte del espacio lo ocupaba una hermosa mesa rectangular de al menos quince centímetros de grosor, con una superficie parecida a la de una cama individual.
-- ¡Que bonita!- comento el, palpando la suavidad de la superficie.
-- Gracias – contesto ella, abriendo el refrigerador y mirando al interior. El anciano Rochester me la dio cuando cerro la carnicería, hace ya tiempo. Tuve que lijar como medio centímetro de la superficie para llegar a la madera buena de nuevo. ¿Quieres te helado?
El asintió, enjuagándose el cuello y la frente de nuevo.
-- ¡Hace calor! – dijo innecesariamente.
Ya no podía girar la alianza en sus dedos, su piel se había expandido con la humedad. Si no se casaba con Audrie tendría que cortar la alianza. Ellioth se detuvo: esa idea había aparecido en su cabeza espontáneamente.
-- Es verano y estas en Lakewood, es normal que haga calor – apunto, e hizo una seña con la cabeza – Siéntate, que te sirvo.
-- Danna, yo se que no soy muy bueno con las preguntas, pero, desde hace rato he querido preguntarte, que es David Copperfield para ti. Ya se tu me dijiste que era la fan numero uno y me debes una con esa contraseña en el hotel. – dijo el yéndose por otro lado – pero quien es el para ti. Supongo que la habitación donde dejamos las cajas es la de el, lo que me da a suponer...
-- Mira Ellioth, si lo que supones es que esa habitación es de el, no te equivocas. – Dijo ella seriamente – nunca lo he dicho más que a una persona y se ha callado hasta el momento.
-- Puedes confiar en mí.
-- Como en tu amigo Robb, que me ofreció ciento cincuenta mil dólares por que le dijera quien era David Copperfield y que relación tenia con el.
-- ¿Robb? – idiota pensó, no
-- Se que eres dueño de un periódico local en los Ángeles, recuerdas viví ahí, no te puedo decir que relación tengo con el porque me perjudicarías a mi
-- O a el – preguntó
-- No a el ¿en que le afectaría? En nada.-contesto ella - A mi si.
-- No entiendo.
-- Ellioth, mejor dejemos las cosas así, pero, lo que si te puedo decir es que observes antes de sacar deducciones.
-- Me gustaría más que tú me lo contaras.
-- No lo haré Ellioth.
-- Bueno. – Dijo el resignado – Tengo que decirte que mi abuela agradece el hecho de que la hayas invitado y agradece que haya podido subir al escenario, le cumpliste uno de los sueños y eso te lo agradezco de todo corazón.
-- De nada Ellioth, - dijo ella con una sonrisa- me alegra saber que lo disfruto.
-- Quiere agradecerte por la invitación, así que me ha pedido tu número telefónico para llamarte.
-- ¿Se lo diste?
-- Con gusto se lo hubiese dado- dijo el- pero, resulta que no lo tengo.
-- Pero tienes el de mi oficina – replico ella
-- Si, pero, es impersonal eso.
Ellioth amaba las batallas que tenia con Danna.
-- Entonces...
-- La llamare para que hables con ella – dijo el tomando su teléfono móvil – espera un momento.
Danna veía a Ellioth para ser un hombre de su edad era muy apegado a la familia aunque sea por teléfono, algo un poco usual según ella.
Ellioth esperaba en la línea, al parecer no le era contestada la llamada hasta que una voz escucho de el.
-- Vaya, el niño habla a casa.
-- Abuelo, esta la abuela en casa.
-- ¡Buenas noches! Hijo,- dijo el hombre tras el teléfono- ¿Cómo estas abuelo?- siguió con su monologo – bien, hijo gracias por preguntar.
-- Disculpa- se oyó de Ellioth – Abuelo Grandchester es un honor el saber tu estado de salud y de animo – dijo el joven mientras veía a Danna dudosa de lo que pasaba tras ese móvil –
En eso una segunda voz se escucho, era Candy quien le arrebataba el teléfono a su marido.
-- Ellioth mi bebe – dijo la mujer con efusividad que Danna lo escucho y soltó la carcajada.
-- Abuela, lo prometido es deuda así como llegue pase por casa de Danna, te comunico.
El le paso el teléfono y Danna aun sonreía.
-- Hello
-- Danna, querida.
-- Si,
-- Soy la abuela de Ellioth y solo quería agradecerte, ir a ver a tu padre a Las Vegas me has hecho tan feliz- decía la mujer con efusividad.
-- De... Nada Señora- titubeo Danna. – Como supo eso.
-- No soy tan despistada como Ellioth, y leo, Ellioth me enseño a usar la Internet y no me fue difícil saber que tu apeido es el mismo que David solo que su nombre real. – dijo ella despreocupada.
-- Por favor...
-- No te preocupes yo no diré nada, solo hablaba para agradecerte tu invitación y devolverte algo en agradecimiento por darme esa felicidad.
-- Señora no es necesario.
-- Soy Candy, no es necesario que me llames señora a cada rato. – dijo la rubia. – Se que Ellioth esta contigo y no podemos hablar como quisiera me comunicare contigo a tu oficina.
-- Esta bien se... Candy.
Ellioth volteo al escuchar como la llamaba Danna, el odiaba cuando su abuela hacia eso con todos sus amigos, pero esta ocasión sintió que en verdad le había gustado que Danna hablara con esa confianza a su abuela.
-- Quiero invitarte a un espectáculo que produce mi marido.- dijo Candy – no te puedo decir donde si aquí en New York, San Antonio o Chicago. Yo te confirmare.
-- No es necesario que se moleste.
-- Querida Danna, me encantaría que vinieras con...
Danna tembló al pensar escuchar el nombre de Ellioth pero grande fue su sorpresa
-- Sean o David.
-- Esta bien.
-- Bueno te llamare querida por favor comunícame con Ellioth.
-- Si hasta luego.
Le paso el teléfono a Ellioth.
-- Abuela
-- Gracias cariño, cuídate mucho y cuida a esa chica, pórtate bien, ¡ha! Audrie volvió a llamar antes que tu, por eso tu abuelo se puso así.
-- Gracias abuela. Adiós.
Ellioth colgó y volteo a ver a Danna
-- Tu casa es agradable- dijo a Danna
-- ¿Vives con tus abuelos? – pregunto Danna con curiosidad. – sirviéndole un poco de te helado que había sacado del frezzer.
-- Vivo solo en un departamento – respondió el.
-- Viajas mucho ¿ ¿no?? – Pregunto ella – por eso tu abuelo se escucho molesto.
-- Probablemente mas de lo que debería – contesto el.- Oye Danna
-- ¿si?
A Pesar de sus esfuerzos, se le escapo una sonrisa.
-- ¿Qué estabas haciendo exactamente cuando he llegado?
Danna se mordió el labio inferior y se sonrojo al recordar que Ellioth a había visto cuando tomaba sus medidas.
-- Tengo una amiga que se casa en agosto y le pasaba mis medidas para los vestidos.
El rió abiertamente mientras estiraba las piernas. Las rodillas de ambos rozaron de nuevo.
-- Yo también he estado en algunas bodas, Claro, como Padrino. ¿Algunas ves has sido la novia? – pregunto Ellioth.
-- Siempre la dama de honor. Y, después de haber asistido a un montón de bodas de mucho lujo, mi boda ideal seria salir de la ciudad sin hacer ruido y regresar casada.- continúo ella - ¿y tú? – Pregunto - ¿has estado casado alguna vez?
-- No – contesto el, con el corazón acelerado- Aun no.
-- Es una decisión importante.
El asintió.
-- Crucial – dijo Ellioth
-- Te cambia la vida – añadió ella
-- Hasta que la muerte nos separe – coincidió el...
-- Seguro que es una buena mujer.
-- Lo es.
-- ¿Y guapa?
-- Si
-- Ella bebió un largo trago de te.
-- ¿la conoces desde hace muchos tiempo? – se animo a seguir interrogando.
-- Unos... – titubeo – seis años.
-- Oh, eso esta bien – comento ella, removiendo el vaso para deshacer el hielo -. Porque es necesario conocer bien a alguien antes de... Bueno, ya sabes...
-- ¿De hacer algo que cambie el rumbo de tu vida?
-- Exacto. Y la vida de la otra persona también.
El asintió.
-- Cierto. Una decisión impulsiva puede acabar un montón de desastres.
-- No podía estar más de acuerdo.
-- Por ejemplo, si yo te besara ahora mismo- apunto el, pensando lo mucho que le gustaba esta de acuerdo con ella.
-- Danna asintió lentamente, pero siguió hablando.
-- Buen ejemplo. Si, eso podría acarrear un montón de desastres.
Antes de poder arrepentirse. Ellioth se echo hacia delante y rodeo con su mano aquel cuello delgado y caliente. Sintió su pelo cosquilleándole en la palma de la mano mientras la atraía suavemente hacia si. Los ojos celestes de ella se habían abierto con sorpresa e inseguridad, y se preguntó si sus ojos reflejarían las mismas emociones. El deseo lo poseía. El aliento de ella era calido y dulce y el inspiro ese aire un instante antes de cubrir aquella boca con la suya.
Exploro su boca con la lengua, tomándolo y deseando más. Ella respondió a su ves sin timidez algún. Ellioth sintió que la deseaba, más allá del punto de retorno. Nada podía detener ese deseo mutuo.
Entonces, sonó el teléfono y Danna se puso rígida. Ellioth supo que la había perdido, pero la urgió con su boca. Ella giro la cabeza, rompiendo su beso, y se tapo la boca con una mano temblorosa. A la tercera llamada, se puso en pie de un salto y descolgó el auricular, dándole la espalda.
¿Diga...?
No queriendo dejarla marchar, Ellioth se puso de pie con las piernas temblando y se acerco hasta colocarse justo detrás de ella. Como ella no se había dado cuenta, poso sus dedos sobre la parte sensible del cuello que había expuesto al retirarse el pelo húmedo hacia atrás. Pero en lugar de acercarse a el, ella se quedo helada y se aparto.
-- Oh, Hola Jan. Me va muy bien.
Parecía que había decidido que era mas seguro tenerlo a la vista, porque repentinamente se giro hacia el y se apoyo en la encimera. Al menos, parecía estas tan alterada como el, apenas lo miro a los ojos.
-- ¿Quién diablos se creía ese Jan para hablarle a esa hora?
-- Si, hace calor- admitió ella si aliento - ¿Cómo? ¿Qué estoy si aliento? Bueno, he estado... haciendo ejercicio.
Clavo la vista en Ellioth.
El apretó la mandíbula y se inclino sobre ella, pero lo detuvo.
-- El sábado a las siete de la tarde – le confirmo a Jan, demasiado alegre para gusto de Ellioth – Estaré preparada. Adiós.
Colgó el teléfono, pero mantuvo su posición junto a la encimera, los ojos clavados en sus zapatos.
-- Deduzco que no era Sean- dijo el lentamente.
-- No, no lo era – afirmo ella – Solo es Jan, lo conociste tengo una cita con el fin de semana.
-- Estaba intentando ponerlo celoso – se pregunto Ellioth internamente.
-- Supongo que será mejor que me vaya.
-- Supongo que si.
-- Aun sigue en pie lo de la abuela.
-- Por un instante, Danna se sintió culpable.
-- Si claro. Dame fechas para organizar mi agenda. Y espero que esto no afecte nuestra relación laboral.
-- No claro que no – dijo molesto ya que el jamás permitiría que algo así afectara su trabajo.
Ellioth salio de casa de Danna y al llegar al automóvil tomo el teléfono, llamando así a su cómplice de siempre.
-- ¡Hola! Desaparecido – dijo Robb al saber por su identificador de llamadas quien hablaba. – Te tengo malas noticias.
-- ¡Que novedad!- dijo resignado.
-- Esa chica a quien me pediste investigar no he podido averiguar nada y eso que he ofrecido sumas considerables.
-- Eres un tonto, como se te ocurrió llamarla y ofrecerle dinero para que te dijera la verdad acerca de Copperfield, cuando este puede darle lo que quiera con solo que ella truene los dedos. – vocifero altamente.
-- Bueno no encontré nada acerca de esta señorita Danna Kotkin.
-- Déjalo – dijo Ellitoh resignado – quiero que hagas algo y es muy importante.
-- Soy todo oídos.
-- Bueno necesito que contrates a Cheff de las estrellas del MGM Hotel Las Vegas.
-- Para que – pregunto Robb.
-- Para que Danna tenga que viajar a Las vegas este fin.
-- Y para que la quieres lejos este fin
--
Eso es asunto mío así que hazlo
-- Esta bien. – dijo calmando los ánimos de su jefe- ¿Quieres que lo contrate para algún evento especial?
-- Sabes mándalo a New York con lo abuela para que le haga una degustación para la fiesta del estreno.
-- De acuerdo. Tendré que ofrecer mucho – dijo Robb-
-- Lo que se necesite.
-- De acuerdo te llamo en una hora, por suerte conozco al tipo ese.
-- Espero me llames.
Así corto la conversación teniendo en cuenta que tenia que actuar rápido si quería que Danna no saliera con ese tipo; desde un principio no le había dado buena espina y dudaba de las intenciones que tuviera con Danna.
Una vibración en su cintura lo saco de sus pensamientos pero al ver el identificador de llamadas saco totalmente de sus pensamientos a Danna. Vacilo en contestar hasta que al fin respiro resignado y contesto.
-- ¡Hola! Audrie.
-- Ellioth, bueno ¿que pasa contigo? – pregunto exasperada la chica- he tratado de encontrarte por todos lados y tu no das señal alguna, ya me canse de estar llamando hasta el teatro para saber si tu abuelo sabe algo te di.
-- Agradecería que dejaras de hacer eso, sabes que no eres santo de devoción de mi abuelo particularmente – contesto Ellioth seriamente.
-- ¿Es que si al menos contestaras ese celular?
-- Mira Audrie no tengo porque darte explicaciones
-- Soy tu prometida Ellioth, si no mal recuerdo.
-- Audrie, en ningún momento te prometí algo, al contrario créeme que esta alianza – la cual observaba – me esta dando mucho problemas.
-- Ósea que no has podido coquetear con nadie.
-- No es eso, porque tu cerebro no da para mas
-- Me estas insultando y no llame para eso.
-- Sabes Aundrie para que no se te queme tu cabecita, aquí hace una humedad horrible, tengo los dedos hinchados y morados porque me aprieta la alianza, además un agarré se abrió un poco y me lastimo con ella.
-- Quítatela
-- Pues eso hice y por poco se me va por el drenaje.
-- Ellioth esa alianza es carísima y no le compre seguro.
--¡Que novedad!
-- Ellioth! por favor! Casi nunca discutimos, por eso llevamos tanto tiempo juntos – dijo la chica melosa. - ¿Cuándo regresas?
-- No lo se.
-- TU abuela me dijo de la presentación de la obra, pero no podré estar, tendré que hacer un viaje a Miami, del cual llevo ya una semana de dieta, volví a ser talla 3
-- Genial, Anoréxica otra ves – pensó.
-- Porque no viajas conmigo a Miami.
-- Audrie, sabes que nunca falto a ninguna obra de mi abuelo, no lo voy hacer ahora.
-- Es una única vez, seria la única vez.
-- Mi respuesta es no Audrie lo sabes.
-- Ellioth no sabes acceder.
-- Ya accedí, traigo la alianza no es suficiente para ti.
-- Esta bien Ellioth, pero – jugo su ultima carta- te extraño, la casa no es lo mismo sin ti.
-- No vivimos juntos.
-- Pero, mi cama te extraña.
-- Que recuerde una cama no tiene sentimientos, sabes que Audrie, tengo trabajo que hacer, te llamo.
-- Ellioth!
Fue demasiado tarde para Audrie, Ellioth colgo.
Exasperado uno por el Sr. Jan y otra por Audrie, no sabia porque no la había dejado cuando su relación se había vuelto monótona, pero era mas fácil la comodidad de tener alguien que se encargara de su tintorería así como de sexo ocasional, no dudaba que eran compatibles en la cama pero no despertaba en el la pasión, ya no había atracción, una atracción que lo traicionaba al ver a Danna.
Aun recordaba como semanas atrás cuando la vio por primera vez toda empapada se dio cuenta que seria un nuevo dolor de cabeza, pero ese dolor de cabeza se estaba volviendo dolor del cuerpo, tenia que admitir deseaba a Danna como nunca imagino desear a Audrie.
Sabía que hacia mal comparándolas pero mientras Audrie vivía muriéndose de hambre para Danna vivía para hacer comida y disfrutaba de cada cosa que cocinaba, Audrie era una modelo viviendo de los cosméticos mientras Danna era un modelo de toda una mujer hogareña, práctica y sin glamour.
Su único defecto – pensó Ellioth al aparcase frente al hotel donde se hospedaba – Copperfield.
Continuara...
N/A
Bueno espero que haya sido de su agrado, mil disculpas por la tardanza en volver a escribir pero cuestión tiempo no me ha dejado, las visitas en las tardes de mi hijo al psicólogo, el trabajo, el fútbol. Me deja poco tiempo, espero poder continuar con regularidad, y que la musa de inspiración no se aleje por mucho tiempo.
Este capitulo esta dedicado a cada uno de ustedes que siguen la historia así como a las personas que me han animado y me han reclamado por no continuar y espero de mil amores que les guste yo continuare despacio pero no dejare colgada la historia.
Mi idea era 10 capítulos cortitos pero se han ido agregando mas ideas así que en total espero que no pase de 15
Cariños
XcaReT
