Este capítulo empieza tal como acaba la segunda película. La parte que se encuentra entre los símbolos "((" y "))" no ha sido creada por mí sino por la Disney, el resto forma parte de mi imaginación. Por el momento dejamos a Jack un poco de lado para centrarnos en otros personajes…

Capítulo 2: De vuelta al hogar.

((Si se pudiera hacer algo por devolverle a la vida, Elizabeth…- comenzó Will dudando de cómo expresarse correctamente.

- ¿Lo harías, eh?- Interrumpió Tía Dalma, y luego se dirigió hacía la chica- ¿y tú, que harías, eh? ¿Qué estaría dispuesto a hacer cualquiera de vosotros? ¿Navegaríais hasta el fin del mundo, y más allá, para recuperar al ocurrente Jack y a su preciosa Perla?

- Sí – Contestaron uno a uno los presentes casi sin dudar.

- De acuerdo – respondió la hechicera- pero si vais a viajar al fin del mundo y afrontar los misterios de sus embrujadas costas, entonces, necesitareis un capitán que conozca esas aguas.

El sonido de unas botas al golpear contra el rudo suelo de madera despertó la curiosidad de todos al instante, que levantaron la vista sorprendidos intentando descubrir al dueño de aquellos pasos sin nombre. Se acercaron lentamente casi conteniendo la respiración y en la cabaña no se podía oír ni el más minúsculo murmullo. Incluso el helado viento pareció contemplar la escena silenciosamente para no alertar al resto con su furtiva presencia. De pronto cayó la luz sobre el extraño, mostrando un rostro ya conocido para todos pero al que no esperaban encontrar con vida. Era el capitán Barbosa.

- Decidme- preguntó divertido viendo la cara de confusión de todos- ¿Qué se ha hecho de mi barco?

Acto seguido mordió furiosamente una manzana verde mientras reía de forma maliciosa.))

- Más vale que empecéis ya vuestro viaje- dijo Tía Dalma desde un rincón haciendo que más de uno diera un respingo- os espera una larga travesía que deberéis afrontar con justo temor. La gente que habéis visto en el pantano velaba la muerte de Jack, y seguro que os darán provisiones de buena gana.

- Pero la Perla… - comenzó Ragetti sintiéndose empequeñecer ante la presencia del que fue su capitán durante algún tiempo.

- Siento decirlo- contestó Barbosa entre risas- pero creo que ahora mismo la carencia de barco es el menor de vuestros problemas. Más que nada porque ya disponemos de uno exactamente igual que el anterior.

- Vamos, enseñémosles el camino hacía la Tahitiana.- le ordenó Tía Dalma con media sonrisa cautivadora que resultaba extrañamente misteriosa y con la que consiguió mostrar todos y cada uno de sus dientes sin excepción alguna.

Todos bajaron de la cabaña silenciosamente, sin saber que decir y demasiado apenados para pronunciar palabra. Will iba en último lugar de la extraña comitiva y observaba de forma insegura a Elizabeth, que iba llorando silenciosamente un poco por delante. Estaba tan indeciso que no se veía con fuerzas para acercarse y hablar con ella, o al menos no por el momento. Aunque tenía claro que debían aclarar ciertos puntos, el chico no sabía como podría dirigirse a ella en esa situación. Se imaginaba a sí mismo diciendo: "Besaste a Jack Sparrow!". Pero si en su cabeza esas palabras carecían de sentido, más valía no sacarlas a la luz. Además, eso era obvio… No creía capaz a Elizabeth como para mentirle sobre algo que había visto con sus propios ojos, así que la conversación no debía empezar así. Y para colmo, el tercero en discordia era nada menos que Jack.

Su amigo Jack… Si hubiera sido otra persona la cosa no habría resultado tan dramática. "Por lo menos él ya ha muerto… El problema será lo que ocurrirá si conseguimos hacerle volver. Un momento, ¿hacerle volver? ¿Acaso hay alguna forma de resucitar a los muertos?" Pensaba confusamente mientras se frotaba la frente intentando que le desapareciera un dolor de cabeza que empezaba a hacerse notar.

- Bueno, aquí está- exclamó Barbosa sacándolo de sus pensamientos. Al estar tan ensimismado ni siquiera se había percatado de por donde iban.

Estaban fuera de la zona pantanosa, a la que se llegaba por un estrecho sendero que nacía justo debajo de la cabaña de Tía Dalma, en una zona en que el agua daba paso a la tierra húmeda de forma gradual. Había muchos juncos y nenúfares que parecían adornos puestos allí por la mano entrometida del hombre, siempre preocupado por cambiar su entorno sin preocuparse de las consecuencias.

El barro cubría sus ropas para hacerles recordar donde se hallaban, y en aquel momento todos miraban expectantes al gran navío que se encontraba amarrado a poca distancia de allí. Era igual de grande que la Perla e incluso tenía las velas negras, aunque no poseía toda la majestuosidad de su antecesora.

Parecía bastante nueva y unas floreadas letras indicaban su nombre: La Tahitiana. En un principio todos se extrañaron de que se llamara de una forma tan extraña, pero luego se dieron cuenta que hacía referencia a otro tipo de perlas diferentes de las perlas negras. Will estaba seguro que pese al parentesco de los dos barcos, el segundo no infundaba tanto respeto como el otro, o al menos no por el momento. Cuando se empezaron a impacientar y a preguntarse de donde había salido aquella nave dispuesta para ellos, Barbosa pareció leerles la mente y habló:

- Como no podía olvidarme de la Perla, simplemente mandé a construir una reproducción basándome en mis recuerdos, aunque con algunos cambios, y he aquí el resultado. Incluso los camarotes y la distribución del interior son fieles a la original. Os explicaré qué haremos, por el momento os instalareis en el barco, y zarparemos dentro de dos días. Durante ese tiempo cargaremos provisiones e idearemos un plan a seguir. Ahora, que cada uno vaya a escoger un cuarto. Todos están disponibles- y luego río ásperamente- excepto el del capitán, por supuesto.

Will se sintió un poco contrariado respecto a estar bajo las órdenes de aquel hombre, pero no había nada que hacer. Simplemente ninguno de los presentes tenía tanta experiencia como para mandar al resto.

Al menos el pirata parecía tener algún tipo de plan. Seguro que él y Tía Dalma habían pasado largo tiempo discutiendo estratagemas porque ya sabían lo que ocurriría, así que en cierto modo tenían ventaja. Aunque no le hacia ninguna gracia pensar que la hechicera conociera su futuro y no les advirtiera sin más.

Quizá no lo hizo porque debían enfrentarse a él sin ayuda, o a lo mejor ya sabía que todo al final se arreglaría. ¿Pero como? Esta y otras preguntas le recorrían la mente mientras embarcaban y observaban cada uno de los camarotes. Pintel y Ragetti fueron a decidirse por el mismo, y como eran tan tercos ninguno de los dos quería cedérselo al otro. Estuvieron peleándose durante un buen rato hasta que al final decidieron que compartirían cuarto.

Elizabeth los observaba desde la puerta sonriendo ante la trifulca sin sentido de sus compañeros, que después de la discusión habían vuelto a mostrarse como si nunca hubiera pasado nada.

La chica se sentía un poco más segura al pensar que no todo estaba perdido. En parte se sentía culpable por todo lo ocurrido, pero se convenció a si misma de que aquel beso era simplemente para esposar a Jack al barco ¿verdad? Es decir, ella amaba a Will por encima de cualquier otra cosa, ¿no? Y su prometido no tenía por que enterarse de lo que había hecho.

Aunque lo notaba muy distante, pensó que quizá todo era a causa de la pérdida de su amigo, no pensaba que pudiera haberlos visto porque en aquel momento él estaba ocupado subiendo al bote. Pero… ¿Si solo besó a Jack para detenerlo, porque no iba a poder explicárselo a Will? Al fin y al cabo estaba segura de que era una buena razón, al menos eso pensó unos minutos antes de que el gran calamar se lo tragara. ¿Qué esperaba? ¿Acaso se imaginó que al ver a Jack atado el Cracken simplemente lo dejaría en paz?

La única causante de la muerte del capitán era ella, y en aquellos momentos su cabeza se convirtió en un gran pozo de dudas en el que no había manera de sacar nada en claro. Estaba segura que todo se hubiese podido solucionar de alguna forma si ella no hubiera actuado tan cobardemente. Siempre le molestó aquello en la personalidad de Jack, que sus actos siempre se ciñeran a hacer lo que él creía correcto sin pararse a pensar, pues lo más importante era siempre salirse con la suya. No importaba lo que tuviera que hacer, siempre encontraba una forma de huir que a veces lo obligaban a traicionar ciertas normas o a sus propios compañeros.

Y eso era justamente lo que había hecho ella, se aseguró que pudieran huir sanos y salvos del Kranken, pero a que precio… Su conciencia no paraba de acusarla y de recordarle su culpabilidad, que se había echado sobre ella como un oscuro manto de responsabilidades.

Observó como Will salía de su nuevo camarote muy pensativo y se acercó a él para intentar animarle y hacerle sentir mejor.

- Hola- la saludó él antes de darle tiempo a Elizabeth para hablar. Luego continuó con un tono desconocido hasta entonces para la chica, que nunca lo había oído hablar de aquella forma tan desafiante.- ¿Ya has dejado de llorar?

- Yo… Estaba pensando que mejor dormimos los dos juntos en esta habitación ¿no? – dijo haciendo caso omiso a su pregunta.- Al menos aprovechemos que tenemos esta oportunidad de…

- ¿No prefieres estar con otro?- le espetó Will mientras daba media vuelta y se marchaba.

Elizabeth se sorprendió ante su reacción. ¿Era posible que Will los hubiera visto? No, eso no podía ser cierto. Aunque a lo mejor los vio otra persona que se lo contó todo. Pero todo eso era absurdo… Sin pensarlo dos veces siguió a su prometido para seguir hablando.

- Will, creo que estás confundi…

- Yo tengo las cosas muy claras Elizabeth, me parece que eres tu quien debes poner orden en tu mente.- contestó enfadado y dejándola a ella estupefacta.- Pero por el momento no quiero que me dirijas la palabra, y olvídate de eso de que durmamos juntos.

Cuando el joven se alejó murmurando cosas ininteligibles, se chocó con Cotton, que había presenciado toda la escena. "Al menos al ser mudo no irá por ahí hablando sobre nosotros" pensó distraído y a la vez un poco divertido. Se sentía un poco mejor que antes por haber hablado con Lizzy, aunque bastante frustrado por sus respuestas, porque aún tenía una mínima esperanza de que pudieran arreglarlo si ella le contaba la verdad y le daba una buena explicación sobre lo ocurrido.

- ¡Soltad amarras, perros marinos!- Grazno el loro desde el hombro del pirata.

- Perdón amigo, no te había visto.

Will ya no estaba tan seguro de querer ayudar en todo aquel asunto, porque no sabía como acabarían las cosas si Jack conseguía volver. Y tampoco tenía muchas ganas de comprobarlo. Si él no estaba presente, el tiempo podía hacer que su relación con Elizabeth mejorara, pero con él por en medio…

Aunque estaba muy enamorado de aquella mujer traicionera, por un momento pensó que si era capaz de irse con otra persona quizá no era digna de él. Si las cosas acabaran muy mal siempre podría buscar otro amor, creía en las segundas oportunidades. Al menos deseó no volver a equivocarse. Tanto si seguía con Elizabeth o no, esperaba no volver a tener problemas, aunque este tipo de disputas son corrientes en las parejas que se quieren de verdad si lo pensaba de otro modo. Además tampoco no quería pensar tan pronto que su relación acabaría mal, pues creía que el pesimismo era lo peor para las relaciones de pareja. Simplemente necesitaba respirar aire fresco para despejarse y poder pensar tranquilamente.

Al ver a su nuevo capitán por allí cerca se acercó al él.

- Disculpa pero… La tripulación no vamos a ser nosotros solos- no era una pregunta, estaba realmente seguro de ello- así que, ¿de donde va a salir el resto de gente que nos falta?

- Paciencia Muchacho, ya te dije que con el barco no habría ningún problema… Ya tenemos solucionado ese punto. Ahora empezaremos a cargar algunas provisiones, ¿nos ayudas?

Así fue como pasaron el resto de la tarde, cargando cajas de comida en la bodega del barco. El sol les ardía en la espalda pero ninguno quiso parar a descansar más de dos minutos, estaban completamente seguros de su propósito y no iban a desfallecer al primer intento. Incluso Will, se sentía enérgico y con ganas de ayudar. Por mucho mal que hubiera causado aquel bribón, tenía algo especial que…

Simplemente no se podía expresar con palabras. Él le iba a salvar la vida a su amigo y esperaba que si lo conseguían, Jack le reconociera el favor.

Aunque conocía al pirata lo suficiente como para pensar que aquello no cambiaría nada, tenía muy presente el refrán de "la esperanza es lo último que se pierde". Así que siguió trabajando duramente hasta que él día llegó a su fin. Elizabeth no había aparecido por allí, o al menos Will no la había visto en ningún momento. Pero eso no lo entristeció, al contrario, así no tuvo que pensar en ella más de lo que ya lo hacía.

Cuando por fin llegó el momento de dormir, estaba realmente rendido. Jamás en su vida sintió tanto cansancio como en aquel preciso momento. Entró en el camarote pesadamente y se dejó caer sobre la cama.

Pensaba que se dormiría al instante, pero por el contrario permaneció despierto hasta unas tres horas antes del alba. Todas las preocupaciones daban vueltas en su cabeza y no lo dejaban de agobiar en ningún momento. Se mantuvo durante largas horas con los ojos cerrados intentando convocar al sueño, pero simplemente no quería acudir a él aquella noche.

En el camarote contiguo, Elizabeth se encontraba en una situación parecida. No se durmió hasta que los primeros rayos de sol entraron por una pequeña ventana. Sentía remordimientos y un miedo que al principio no supo de donde provenía. Pero se trataba de lo asustada que estaba en esos momentos por su relación con Will.

Quería que todo se arreglara y que volvieran a ser una pareja normal. Y en parte también estaba preocupada por Jack, puesto que no sabía que ocurriría si volvieran a encontrarse. Prefería ayudar en su rescate porque ella era responsable de su muerte, pero por otro lado no sabía si el pirata recordaría lo que ella le había hecho.

Y además se sentía preocupada porque no estaba segura de sus sentimientos hacia él. Cuando sus labios se rozaron sintió una extraña sensación, aunque ni por asomo se parecía a lo que sentía cada vez que Will se acercaba a ella. Estaba casi segura de que lo que experimentaba hacía Jack era la curiosidad hacía lo desconocido, una mera tentación… Pero el hecho de no poder afirmarlo completamente la obligaba a sentirse más insegura.

En aquellos momentos solo tenía una cosa clara: que vendería su alma al diablo porque las cosas se arreglaran entre ella y Will, así que decidió que hablaría con él cuanto antes para solucionarlo. Y sabía cual era el camino a seguir: la sinceridad.