JUGANDO AL PÓQUER II
Parecía comos si se le hubiese parado el corazón, tan solo para darse cuenta de que le latía tan fuertemente que le hacía daño. Miraba aquellas cinco cartas que tenía delante suya, luego la miró a ella, miró a aquella que le había derrotado, quizá esperando que dijese algo. Pero no parecía ser así. Ahora tenía que... ¿Desnudarse? Se miró la parte baja de su cuerpo. ¿De verdad tenía que ENSEÑÁRSELO¿Por qué coño había aceptado jugar a ese juego tan estúpido¡¿Por qué?! No le avergonzaba PARA NADA lo que tenía, pero de ahí a tener que quedarse sin ropa delante de Rukia... ¡No podía!
La shinigami se aclaró la garganta sonoramente dejando claro que el muchacho tenía algo que hacer.
"Vamos Rukia, di algo, lo que sea. Ya has ganado¡mira todo el dinero que tienes ahora! Pero no me hagas esto." aunque sabía muy bien que la morena no se echaría atrás, después de todo había ganado, no podía dejar de implorar mentalmente por una salvación. "¡¡Joder, Rukia!!"
Temblando imperceptiblemente, se puso de pié. No tenía más remedio que hacer lo que habían pactado de antemano. Estaba sudando a mares, y ni siquiera se atrevía a mirar a Rukia a la cara. Se llevó las manos a los boxers y de un tirón, se los bajó y los dejó al lado de la cama. Estaba temblando, lo sabía. No podía estar más rojo, estaba seguro que poco le faltaba para que le saliese aire por las orejas. Pero, sobretodo, no la podía mirar a ella, que en todos esos segundos en los que había estado expuesto a su mirada no había emitido ni un solo ruido.
-¡¿Contenta¡¿Ya has ganado, no?!- todavía sin mirarle le gritó lo primero que le vino a la cabeza.
La muchacha no sabía cómo reaccionar. ¿Qué hacer¿Dar algún comentario¡No¿Estaba loca o qué? Desvió la miraba del cuerpo del muchacho, pero no podía evitar que de vez en cuando sus ojos se desviasen hacia lugares que ella no quería mirar. Sí, había ganado, pero aquella situación era extremadamente incómoda.
En medio del silencio que se creó entre ellos, ambos oyeron un sonido que fue como si les tirasen un cubo de agua congelada.
-¡¡ICHIGO!!- un vozarrón de hombre sonó detrás de la puerta, al mismo tiempo que la golpeaba con todas sus fuerzas al ver que estaba puesto el cerrojo. El muchacho instintivamente se tapó con las manos. ¡Le habían oído¡Aquel último grito hacia Rukia había despertado a Kurosaki Isshin! - ¡¡ICHIGO¡¿Se puede saber qué estás haciendo¡¿No ves las horas que son¿Con quién estás hablando?- demasiadas preguntas, con respuestas demasiado comprometedoras. Su padre seguía golpeando la puerta. ¡Si no hacía algo cedería y los vería a ambos en ese estado! De un salto se colocó enfrente de la puerta, apoyando su espalda contra ella.
-¡Maldito imbécil¡Tú estás armando mucho más jaleo que no... Yo!- cruzó una mirada con Rukia. Había estado a punto de delatarlos. Se salvó por poco. Entonces se dio cuenta de algo. La muchacha había apartado la mirada roja como un tomate. ¡Seguía desnudo! Inmediatamente se dejó caer al suelo, aún apoyando su espalda contra la puerta, y se tapó sus partes con las piernas, que las había encogido y las había rodeado con sus brazos. -¡Vete de una puta vez!- prácticamente se lo estaba suplicando, pero su padre no se daría por vencido.
-¡Si no me dejas entra por la puerta, entraré por la ventana!
-¡Está cerrada también!
-¡Pues la destrozaré!
-¡¡NO!!- con señas, le indicó a Rukia que se pusiese al lado de la ventana. Desde fuera también se podía abrir con facilidad, pero si ella aguantaba los marcos contra la pared sería más difícil. Sabía que su padre estaba loco, pero no lo creía tan estúpido como para destrozar su propia casa.
Después de unos segundos de angustioso silencio, al fin se volvió a escuchar la voz de Kurosaki.
-¡Será mejor que dejes de hacer ruido, Ichigo, o la próxima si que entraré!
¿Qué¿Se habían librado? No, era imposible, su padre jamás había dejado una cosa a medias - aparte de las frases que no podía acabar a causa de los golpes - y esta vez no podía ser la primera. Entonces... ¿sabía que Rukia estaba en su cuarto? Su padre podría parecer idiota, estúpido, infantil... Y miles de adjetivos más poco favorecedores, pero no lo era. Simplemente se divertía haciendo creer a los demás que estaba loco. Bueno, lo que importaba era que no iba a entrar.
Ambos jóvenes se relajaron visiblemente, pero si creían que todo había acabado ahí, se equivocaban. Ahora iban a tener un problema mucho mayor, pero... Entre ellos.
Ichigo había apoyado su frente sobre sus rodillas mientras intentaba tranquilizarse. En apenas... ¿Una hora? Habían pasado demasiadas cosas. Era demasiado para él. Primero la partida, por culpa de la cual había tenido que desnudarse, y encima su padre por poco los descubre. Oyó un suspiró y levantó la cabeza, y lo que vio hizo que su corazón estuviese a punto de salírsele por la boca.
Rukia, tan solo Kuchiki Rukia, tan solo que esta vez estaba semidesnuda, con un ligero tono rojizo en las mejillas, y en su cama. ¡Estaba en su cama! Él mismo se lo había dicho... Pero aquello no se lo había esperado. Apenas tenía el cuerpo desarrollado, pero en aquella situación, para el muchacho, era la Rukia más provocadora que había visto jamás. Apartó la mirada turbado. Si no se tranquilizaba, le pasaría como esa mañana. ¡No podía permitirlo! No paraba de repetirse una y otra vez que se tranquilizase, pero siempre que lograba mínima mente tomar el control de sus emociones, recordaba que en su cama Rukia seguía con la misma poca ropa en su propia cama. No podía soportarlo, ya no más. Era demasiado para él. ¡Malditas hormonas! La tentación fue mayor que él, no pudo evitarlo. Fijó su vista en ella, que en esos momentos parecía aliviada de haberse librado de su padre. Sentía como todo su cuerpo ardía, pidiéndole a gritos que la hiciera suya. Notaba como una parte de su fisonomía se endurecía. Quería estar con ella en ese preciso instante.
A la muchacha todo lo que había ocurrido le era nuevo, extraño, excitante, incluso divertido. No sabía muy bien como acabaría todo eso, y tenía ganas de descubrirlo. Un poco más relajada después de lo que había ocurrido, miró al muchacho, pero se sorprendió al ver su mirada. Nunca lo había visto así. La miraba a ella, solo a ella, como si pudiese ver a través suyo. La miraba con una fuerza inmensa, pero sobretodo con deseo. Se sintió terriblemente intimidada por él, por aquel Ichigo que no llegaba a reconocer. Las palpitaciones de su corazón se volvían cada vez más rápidas, acelerando a cada segundo. Retrocedió hasta toparse con la pared. Se sentía acorralada por él y su mirada. Pero pronto el muchacho no tuvo suficiente sólo con mirarla. Se incorporó, dejando ver toda su desnudez, y avanzó hacia ella. Apoyó sus piernas en la cama y acercó su rostro al de Rukia, que seguía retrocediendo aun sabiendo que no podía huir. Tampoco quería huir. La mano del muchacho acarició su mejilla suavemente, para luego pasar a los labios. Con la yema de los dedos los recorrió una y otra vez, hasta que estos se abrieron tímidamente. Apartó la mano para rozar la suave piel de su cuello, mientras sus labios se iban acercando poco a poco. Primero los saboreó lentamente, disfrutando al máximo de cada segundo. No se podía creer lo que estaba sucediendo, pero desde el momento en que rozó sus labios, supo que aquello era lo que siempre había deseado. Finalmente fundió sus labios con los de ella en un beso apasionado. Y por su reacción, supo que el sentimiento era mutuo. Notó como unas pequeñas y frías manos iban recorriendo su torso desnudo, como le acariciaban y le volvían loco. Mientras, seguían besándose, cada vez con más pasión, con más desenfreno. Con sus brazos rodeó su pequeña cintura y fue recostándola en la cama. Sentir su cuerpo junto al suyo, sus labios, sus caricias, todo eso les llenaban de sensaciones indescriptibles que les llenaban por dentro y les satisfacían por fuera.
El sentirlo tan cerca, tan distinto a como era le desconcertó. Pero lo recibió feliz, llena de júbilo. Notaba como las manos del chico la acariciaban por todo su cuerpo, y como empezaban a batallar contra los enganches del sostén. Una dura batalla.
-Maldita sea, quítate esto...- había dejado completamente su labor y ahora estaba intentando quitar los malditos enganches.
-¡No seas bestia!- le pegó un golpe en la cabeza, pero el chico seguía con lo suyo.
-Cállate.- prácticamente se lo dijo en un susurro.
Finalmente sus manos consiguieron su objetivo. Lentamente fue deslizando los tirantes por sus hombros, besando cada parte de su cuerpo y escuchando los pequeños suspiros que su ángel de la muerte le dedicaba. El sostén quedó apartado y el muchacho pudo ver los pequeños pechos de Rukia. Los acarició, los besó, los lamió con lascivia mientras unos delicados dedos se enredaban en su pelo produciéndole escalofríos. No pensaban, únicamente actuaban tal y como sus cuerpos les pedían, dejándose llevar por la dulce compañía que tenían.
Ichigo se separó levemente de ella para poderla contemplar mejor, pero la shinigami aprovechó ese movimiento y se colocó encima suyo, sonriéndole de una manera que él no había visto jamás en aquel rostro. Fue en busca de sus labios, ella le respondió... Tan solo unos segundos. Se apartó de él sonriéndole de aquella manera tan extraña. Le estaba retando. Y él aceptaba el desafío, de nuevo. Se acercó de nuevo a su rostro, pero al parecer la morena quería hacerle sufrir, pues se alejó de nuevo de él, tan solo para acercársele enseguida y recompensarle con un nuevo beso. Este duró más. Bebió de él hasta dejarle sin aliento, y sin apartar sus labios de la piel masculina, fue haciendo descenderlos hasta su cuello, marcándole la piel. Un gemido leve salió de la boca entreabierta de Ichigo.
Cuando se dio cuenta de que se estaba dejando dominar por aquella idiota, quiso volver a tomar el control, pero los mimos que estaba recibiendo le quitaron las ganas de hacerlo. Le encantaba recibir mimos, aunque era algo que había dejado de hacer desde que murió su madre. Ella siempre estaba a su lado, podía tomarla de la mano cuando quisiera. De pequeño era un niño realmente mimado. Y ahora, después de los años, le volvían a mimar, aunque la persona era muy distinta. ¿Sería por eso que no podía negarse? Le daba igual... Pero cada vez tenía más ganas de poseerla, de hacerla suya, y con cada nueva caricia que recibía aquella sensación se incrementaba.
La rodeó con sus brazos y se colocó encima de ella. Los mimos ya vendrían después. Llevó sus manos hasta la única prenda de ropa que le quedaba a la muchacha y comenzó a quitársela mientras Rukia seguía besándole.
Ahora ya estaban los dos desnudos. Kuchiki también había perdido.
Ichigo ya se estaba impacientando, su primera vez... Con Rukia. La primera vez que mantenía una relación sexual era con una chica que una noche apareció en su habitación y durante meses durmió en su armario. Daba que pensar... Pero el chico no lo cambiaría por nada del mundo. Sabía que tenía que ser con ella o con nadie.
Con toda la delicadeza que pudo siendo un Kurosaki, se adentró en el cuerpo de Rukia. Un pequeño grito salió de su boca, pero indicó al muchacho que continuara. Poco a poco la penetración se hacía más intensa, querían más. La chica enredó sus piernas aprisionando el cuerpo de Ichigo, haciendo que todo fuese más placentero. Sus respiraciones iban acompasadas, al igual que sus movimientos.
Rukia alzó una mano y con ella acarició el rostro de Ichigo. Un gesto tan inocente entre tanto salvajismo. El muchacho siguió la trayectoria de la mano desde el antebrazo y la asió por la muñeca, para luego presionarla contra la almohada. Si ella antes había estado jugando con él, ahora era su turno. Cogió la otra mano e hizo lo mismo que con la otra, mientras ambos sentían como el calor aumentaba rápidamente, la temperatura sabía l compás de su vaivén. Comenzó besando su frágil cuello, y ella tuvo que echar la cabeza hacia atrás. Luego descendió de nuevo a sus pequeños senos, a los que ya había cogido cariño, e hizo lo propio. Rukia intentaba liberarse de sus manos, que oprimían las suyas propias, pero sabía que era inútil, Ichigo tenía mucha más fuerza que ella y, aunque en esos momentos no estaba haciendo uso de ella con especial interés, le sería imposible zafarse de él.
Con la lengua, marcó un recorrido desde sus pechos hasta el cuello, donde se detuvo apenas unos segundos, para después seguir hasta su boca, que le esperaba ansiosa.
Todo se hizo más rápido en cuestión de segundos. Las manos de Ichigo ya no presionaban las de Rukia, sino que estaban entrelazadas con las de esta. Sus lenguas seguían con su frenética lucha sin dejarles respirar siquiera. El clímax les recorría todo el cuerpo, paralizándolos momentáneamente. Los único que salía de sus bocas eran débiles gemidos. Se abrazaban como si fuese lo único que pudiesen hacer. Eran felices, se tenían el uno junto al otro. Nada podía salir mal.
Ichigo cayó rendido dejando reposar su cabeza sobre el vientre de Rukia, quería que le mimase de nuevo.
-Hey, Ichigo¿mañana a qué jugamos?
Bueno, aquí la segundo y última parte de esta historia. Espero que os haya gustado Y muchas gracias por los comentarios
