N/A: Bueno, parece que la primera os gustó bastante. ¡Aquí tenéis la segunda! Personalmente, es una de las que más me gustan.

La chica del espejo.

Era un día soleado en la villa de Konoha. La gente aprovechaba aquel día de tranquilidad para dar una vuelta y tomarse un respiro…sobretodo las parejitas.

Ese era más o menos el caso de dos jóvenes que caminaban juntos. El chico era rubio con los ojos azules, y le explicaba algo a voz en grito a la chica de cabellos azulados y aspecto tímido, que reía en voz baja.

—¡¡¡Y ayer me comí veinte raciones seguidas de ramen!!! –exclamó él muy contento-. ¡¡¡Y de las raciones grandes!!!

—Sí, sí –dijo la chica, riendo.

— ¿Qué pasa, Hinata? ¿No crees lo que te digo? –preguntó el rubio, desconfiado.

—Claro que sí.

—No pareces muy convencida…

—Sí que lo estoy, Naruto-kun –le aseguró la joven.

—Bueno, de todas formas, Sakura-chan te lo podrá confirmar; estaba allí conmigo…y no paraba de decirme que trago como un agujero negro –rió.

La chica sintió que el calor se le iba del cuerpo y se quedaba fría.

—Sa… ¿Sakura-san estaba contigo? –dijo temblorosa.

—Pues claro, habíamos quedado para comer juntos…

Ella se quedó más blanca aún, si eso era posible.

— ¿Estáis…saliendo juntos? –se atrevió a preguntar.

El muchacho sonrió, se sonrojó y se llevó una mano a la nuca en posición de avergonzado.

—No, qué va…Sakura-chan es muy importante para mí, desde luego, pero ya no en ese sentido…además… –se ruborizó un poco más-, a mí me gusta otra.

La jovencita de cabellos cortos respiró profundamente, en parte de alivio, en parte tomando fuerzas para la siguiente pregunta.

—Y… ¿quién es esa otra?

El chico volvió a sonreír avergonzado.

—La verdad es que me da vergüenza decirte el nombre –admitió-, pero te la puedo señalar…mira, es esa chica.

Desganada, la Hyuuga volvió la vista hacia donde apuntaba el dedo índice del rubio: un escaparate. Esperó ver a una despampanante dependienta con la que no podría competir ni en mil años, pero no fue así.

Le devolvió la mirada una chica de corta estatura, cabellos también cortos y azulados, con dos mechones que enmarcaban su pálido rostro, en el que destacaban sus hermosos e inquietantes ojos blancos.

Su propio reflejo en un espejo.

Incrédula, volvió la vista hacia Naruto, que le sonrió, y de nuevo hacia el escaparate, donde volvió a verse a sí misma reflejada en el hermoso espejo de marco de plata.

Entonces, se puso a su lado el chico rubio, quién volvió a sonreírle mediante la superficie reflejante, y le rodeó los hombros con el brazo.

—Mira qué pareja más fea –sonrió-. Sobretodo el chico.

—No digas eso, Naruto-kun –le reprendió ella tiernamente.

—Sabes lo que he querido decir, ¿verdad? Bueno, claro que lo sabes, si lo sé yo que soy más tonto… –dijo rápidamente.

—Tranquilízate, que estás más nervioso que yo… –sonrió ella, y se sonrojó-. …y eso que yo ya estoy nerviosa.

— ¿Entonces…? –preguntó él, esperanzado.

Tímidamente, Hinata le tomó de la mano.

— ¿Me acompañas a casa?

El rubio sonrió.

—Claro.

Y, tomados de la mano caminaron hacia la mansión Hyuuga.

—Bueno, pues…ya hemos llegado –dijo la chica con timidez.

—Eh…ya –respondió él-. Oye, si eso…ya paso mañana a por ti.

— ¡Claro! –exclamó ella, ilusionada.

—Pues…hasta mañana –se despidió el Uzumaki.

Pillándola por sorpresa, unió sus labios a los de ella en un beso tierno y dulce. La joven ahogó un suspiro y le echó los brazos al cuello, respondiendo con dulzura al beso del joven…con tan mala suerte que en aquel momento, por la razón que fuese, salió Hiashi Hyuuga de la casa, sorprendiendo a su hija y al portador del Kyuubi en una actitud íntima.

—¡¡¡Tú!!! –exclamó el cabeza de familia, provocando que los jóvenes se separaran por la sorpresa-. ¿¡¡Qué se supone que le haces a mi hija!!?

—Oh, oh… –suspiró el chico-. Eeeh…. ¡¡Nos vemos mañana, Hinata-chan!!

— ¿¡¡Cómo te atreves a hablarle así a mi hija!!? –gritó el Hyuuga, sacando su katana.

—¡¡¡Hasta mañanaaaaaaaaa!!! –exclamó el chico, echando a saltar por los tejados de las casas y siendo perseguido por el padre de la chica.

—Ay, madre… –suspiró la chica de ojos blancos-. No sé si llegará a mañana.

N/A: Lo del espejo no es idea mía (vamos, ni de coña). Es del libro ése de "Tirant lo Blanc", me pareció muy lindo, y decidí ponerlo. Aunque sería raro que Naruto dijera algo así, por alguna razón, no me cuesta nada imaginarlo…