N/A: Esta es un pelín floja, pero aún así espero que os guste.
¡¡Muchas gracias por los comentarios!!
"Me gusta la gente como tú".
Me gusta la gente como tú.
Eso le había dicho, tres años atrás, en aquel mismo campo de entrenamiento. Quién le iba a decir a él que el tiempo le iba a dar otro significado a esas palabras.
Estaba apoyado en el tronco de en medio, precisamente en el que Kakashi lo había atado aquel lejano día en el que se convirtieron en genin, en el que comenzaron a ser el equipo siete. Jugaba con un kunai, distraídamente, sin apenas fijarse en lo que hacía con él, perdido en reflexiones sobre sus recién descubiertos sentimientos por la Hyuuga.
En un arrebato, sin pensarlo mucho, a decir verdad, lanzó el cuchillo…tan limpiamente que atravesó un envase que él mismo había dejado un poco más allá, encima de una roca.
—¡¡¡Mi ramen!!! –exclamó con dramatismo.
Se acercó a toda prisa para ver si era posible salvar algo de su alimento preferido…pero no. Se había derramado todo.
—Ay…todo me sale mal… -se quejó para sí.
Sin embargo, tuvo una idea: iría hacia Ichiraku, y si se encontraba a alguien conocido (lo que posiblemente ocurriría), le obligaría a que lo invitara a ramen.
"Je, je, je… ¡qué listo soy!", pensó, orgulloso de sí mismo.
Con su habitual caminar despreocupado y con las manos puestas en la nuca, se marchó hacia la tienda de Ichiraku, con la esperanza de que alguien lo invitara a un bol de su sopa preferida…
Los tres jóvenes se levantaron del suelo, agotados. Aquella vez, Kurenai-sensei se había empleado a fondo; descubrir su genjutsu había sido difícil, incluso contando con el Byakugan de Hinata.
—Por hoy está bien; podéis marcharos –dicho esto, la profesora de ojos rojos se fue del área de entrenamiento.
—Agh…estoy hecho polvo… –se quejó Kiba.
— ¿Qué tal si vamos a comer algo? –propuso Shino, quien también estaba agotado.
—De…de acuerdo… –aceptó la chica Hyuuga.
Evidentemente, el rubio Uzumaki se los encontró por el camino. Enseguida los abordó, dispuesto a conseguir su objetivo.
—¡¡Ey!! ¿¡Dónde vais!? –preguntó con su energía habitual.
—Naruto-kun…vamos a Ichiraku –le comunicó tímidamente la chica.
—¡¡Genial!! ¿Me invitáis? ¿A que sí?
— ¿Qué te hace pensar eso, cara de zorro? –preguntó Kiba agresivamente.
— ¡Venga!
—Déjalo que venga, Kiba –dijo Shino.
—Está bien…pero yo no pienso pagarle nada…
Lo cierto es que el rubio fue un tanto abusón: se comió siete platos especiales de ramen. Hinata apenas tocó el suyo, al igual que Shino, y también se los zampó sin cortarse un pelo. Eso sí, aunque no era tan bestia como el Uzumaki, Kiba también se pasó un rato. Los dos acabaron medio dormidos.
—Whoah… Ahora me echaba una buena siesta… –bostezó el Inuzuka-. Vámonos, Shino…
Un tanto sorprendido por la actitud de su amigo, el chico asintió y se fueron de allí…evidentemente para dejar a la chica sola con el rubio.
—Bueh… ¿Nos vamos nosotros también, Hinata?
—Oh…claro…
—Te acompaño a casa, ¿vale?
—Gra…gracias, Naruto-kun… –agradeció la morena.
— ¡No es nada! –exclamó él.
En silencio, comenzaron a caminar hacia la residencia Hyuuga. El rubio la observó con una pequeña sonrisa en los labios. Notaba el ligero apuro de la chica, que no sabía cómo romper el silencio que había entre los dos.
—Hinata…
La joven volvió hacia él sus misteriosos ojos blancos.
— ¿Qué pasa, Naruto-kun? –preguntó.
"Me gusta la gente como tú".
Se pararon en mitad de la calle.
— ¿Sabes…? Yo…
"Me gustas…".
—Te quiero.
N/A/Qué kawaii es Naru… ¡¡Comentad, pliz!! La siguiente es la última…
