CAPÍTULO 3: NO ME DIGAS TU NOMBRE
La noche ya cubría la ciudad de Tokio. Era una noche oscura, en la que las nubes cubrían todo el cielo sin dejar ver las estrellas.
Olía a lluvia. Seguramente la ciudad amanecería con pequeños riachuelos circulando por sus calles, y todo se vería gris, triste, solitario.
Pero era hermosa. Las luces de la ciudad parecían desafiar a la noche, que intentaba ocultarla en la oscuridad.
Una muchacha, que rondaría los veinticinco años, estaba observándola desde la terraza de uno de los tejados. Y no podía dejar de pensar en que aquel mundo era hermoso. Tenía los brazos cruzados sobre la barandilla, y el viento movía sus largos cabellos.
Viento.
Hacía años que no lo sentía. Porque del lugar del que provenía, tan solo conocía el dolor, la angustia, el sufrimiento.
Justo cuando una gota de lluvia tocaba su rostro, lo sintió. Era la fuerza de dos shinigamis.
"Que pesados" no tuvo más remedio que volver a hueco mundo, hasta que los shinigamis se marchasen. Después de todo, aquel mundo lleno de vacío no era tan pésimo para vivir, si se comparaba con el que había tenido antes.
Con una mano, abrió un portal que la conduciría hacia el mundo que provisionalmente había elegido para vivir
Allí, por lo menos, no la molestarían.
Pero un rayo de luz que le dio en el brazo la detuvo. Habían sido más rápidos de lo que ella esperaba.
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Había estado recibiendo un sermón de unas dos horas y media por parte de Hiyori, y tenía la cabeza a punto de estallar.
Pero en ese momento no podía pensar en eso. La única imagen que tenía en su mente era la de aquella chica. Aunque apenas la vio unos segundos, supo que era ella. Era hermosa. Tenía un rostro más maduro del que veía en sus sueños, pero así era aun más bella.
Ichigo estaba perdido ya en sus pensamientos cuando un grito le alertó:
-¡La energía ha vuelto a aparecer!
Ichigo maldijo por lo bajo. Aquella misión le tocaba a él. Aunque no lo hacía con tanta desgana, después de todo, quizás la volviese a ver.
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-¡Renji! ¡La energía ha vuelto a aparecer! ¡Y está cerca!- la voz de Rukia le penetró en el oído con fuerza. Estaba medio dormido una la habitación del hotel en el que estaban. En algún sitio tendrían que dormir.
-Cogió la gikongan que tenía en el bolsillo y se la tragó. Lo mismo hizo la chica, y ambos, convertidos en shinigamis, salieron en busca de la fuente de aquella energía.
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Cuando llegaron, vieron a una muchacha contemplando la ciudad desde el tejado del edificio. Solo eso.¿Dónde estaba el que desprendía aquella fuerza espiritual?
La chica se giró y, alzando un brazo, abrió lo que parecía una grieta en el cielo. ¡Era ella!
Rukia conjuró todo lo rápido que pudo un hechizo de Kidoh, que le dio a la muchacha en la muñeca. Eso cerró la grieta que estaba creando.
La muchacha se giró, y ambos pudieron ver, en aquel rostro cubierto por una expresión de odio, unos ojos rojos. Rojo sangre.
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"Esos malditos shinigamis. ¿Cómo se atreven?" extendió el brazo derecho, y llamó silenciosamente a su zampakutou. De la nada, en su mano apareció, primero, la empuñadura de una katana, de la que luego surgió el filo.
Vio con placer las miradas sorprendidas de los shinigamis. De un salto, llegó hasta la terraza del edificio en el que ellos estaban, e intentó hundir el acero en el cuerpo del shinigami de pelo rojo. Este interpuso su espada entre ellos, y con fuerza, la hizo retroceder.
Rukia ya estaba preparando otro hechizo de Kidoh, y Renji había liberado su espada.
La muchacha les sonrió. Les sonrió con una sonrisa de superioridad pintada en la cara. Extendió su mano izquierda con la palma hacia abajo.
-¡Sombra, obedéceme!
Las sombras de los edificios parecieron tomar vida, y se alzaron levemente del suelo alrededor de la muchacha de los ojos rojos.
-¡Destruye a esos shinigamis!
Con una velocidad terrorífica, las sombras rodearon a Rukia y a Renji por todos los lados. Estaban perdidos.
-¡Getsuga Tenshou!- una luz azulada se abrió paso entre la oscuridad, cortándola e interponiéndose entre la chica y los dos shinigamis. Un muchacho caído del cielo se posó delante de Rukia. Tenía el cabello de un llamativo color naranja, completamente revuelto.
Miró por un momento hacia Rukia.
Era ella. La había encontrado, y estaba bien. Sus ojos se encontraron y una luz extraña iluminó los azules ojos de la chica.
-I-Ichigo...
¿Ichigo?¿Le había llamado por su nombre? Entonces, sí se conocían, pero...¿qué tipo de relación tenían? ¿Amigos? O quizás...algo más.
Un grito de frustración interrumpió sus pensamientos. La causante de aquella extraña oscuridad. Le miraba fijamente. Había abierto de nuevo la grieta que la llevaría a hueco mundo. Ya era demasiado tarde.
Ichigo guardó la espada en su funda. Cuando comenzó a controlar el poder espiritual, había conseguido sellar la espada. Sus ropas también eran distintas. Todavía vestía de negro, pero ahora la ropa era más ceñida por la parte de arriba, y menos ancha en los pantalones.
-¡Ichigo!- volvió a decir la joven.
-¡Hey, Ichigo!- el joven que la acompañaba también parecía alegre al verle. Era el capitán de la quinta división. Abarai Renji. Los vizards le habían hecho aprenderse los nombre de todos los capitanes. Podría serle útil. Pero Ichigo le ignoró por completo y centró toda su atención en la muchacha, que le miraba con los ojos llenos de ternura.
-¿Quién eres?
Aquellas palabras rompieron la ilusión que se había creado en unos pocos segundos.
-¡No...no digas tonterías, idiota!
Pero la muchacha calló al ver la expresión seria del chico. ¿Qué estaba pasando?
-Hey, Ichigo, no bromees con eso.-le dijo el chico pelirrojo. Pero también le extrañó aquella mirada tan seria.
-No estoy de broma.- volvió a mirar a Rukia.- ¿Quién eres?
En seguida se arrepintió de decir aquellas palabras. Vio como la mirada de la joven cambió, hasta el punto de mostrar la tristeza más profundo. ´
Rukia quería salir de allí. Había soñado miles de veces con volverlo a ver, pero ahora... ¿Se encontraba con eso? No sabía que hacer, ni qué decir. No sabía como actuar en un momento como ese.
-Yo...-su voz se quebró. Bajó la cabeza, por que unas lágrimas amenazaba con salir sin su permiso.- Yo soy...
-No me lo digas.- Ichigo la miraba de la forma más profunda que le era posible. La había herido. Nada más verla, y ya le había hecho sufrir.- No me digas tu nombre. Aunque me lo dijeras, no te recordaría. Quiero recordarte por mí mismo. Quiero saber decir tu nombre sin temor a herirte o a equivocarme. Te lo prometo, recordaré tu nombre.
Era él. No había duda. No sabía lo que le había pasado, pero era el mismo chico al que había conocido años atrás. Y le había prometido que lo recordaría. Y él nunca le había roto una promesa. Le miró a los ojos y vio en él a un chico más maduro de lo que recordaba, pero seguía siendo él.
Él... Mantendría su promesa.
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bueno, decir que muchas gracias a los que me habeis posteado, que me hace mucha ilusion, auqnue por ahora seia pocos
Gracias a Kaoru240 y a Nyu-chan5, en serio les estoy muy agradecida por pasaros por aqui y comentar
ASIAS!!
