CAPÍTULO 7: LA RAZÓN DEL DOLOR (II)
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Tan solo quería alejarse de esos dos, no tenía rumbo fijo.
Cuando estuvo a bastante distancia de los otro vizards, dejó de utilizar el shumpo y apareció en una de las calles más concurridas de la ciudad. Miró a su alrededor y vio tiendas de todas clases, restaurantes y gente, mucha gente. Se sintió agobiado. Le mareaba estar rodeado de tantas personas. Era un engorro. Quería salir de allí, y sabía perfectamente el lugar al que quería ir. Y no estaba muy lejos. Se le dibujó una sonrisa en su rostro antes de utilizar de nuevo aquella habilidad que le permitía viajar a alta velocidad. Tan solo esperaba que nadie le interrumpiese.
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Abrió un ojo perezosamente y vio como la luz del día iluminaba toda la habitación. Era ya muy tarde, pero ella aún tenía mucho sueño. Obligando a su cuerpo a moverse, salió lentamente de su cama. Sonrió tontamente al recordar lo sucedido la noche anterior. Lo había encontrado, o mejor dicho él la había encontrado a ella. Fue al cuarto de baño que había en su habitación del hotel, y decidió tomarse una ducha para despertarse.
Cuando el agua caliente se acabó, salió de la ducha con únicamente una toalla cubriendo su cuerpo. Abrió la puerta y salió del baño. Cuando vio a la persona que había sentada en su cama, por poco suelta la toalla de sus manos.
-Dijiste que no vendrías hasta la noche.-dijo ella, olvidando por completo la poca ropa que llevaba puesta. El chico solo sonreía.
-Se me estaba haciendo demasiado largo- Ichigo dirigió su miraba al cuerpo de Rukia, al lugar donde la toalla ya no alcanzaba a tapar.- Mmmm... Supongo que te querrás cambiar, ¿no?
Las mejillas de la shinigami enrojecieron instantáneamente. Agarró con fuerza la toalla sobre su cuerpo y le tiró a la cabeza a Ichigo lo primero que alcanzó a coger, que resultó ser el teléfono del hotel.
-¡Idiota!
El teléfono le dio al chico en la cabeza, causándole un enorme chichón.
-¿Y ahora por qué me tiras eso?-le respondió a gritos al insulto.- ¿Qué se supone que te hecho yo?
-¡Sal de aquí ahora mismo, idiota!- Rukia ya estaba preparada con otro objeto en su mano dispuesta a tirárselo si no obedecía inmediatamente.
-¡Muy bien, me voy! ¡Pero que sepas que no tienes nada que esconder, Rukia!- el chico lo dijo dulcemente, de corazón, y dándole un significado completamente distinto al que la chica entendió.
-¡Cómo que no tengo NADA que esconder?¡Encima que entras en mi cuarto si permiso te atreves a decirme eso!¡Vete ahora mismo!
-¿Qué?- en ese momento se dio cuenta del error que había cometido- Rukia, yo no quería decir eso, es serio.
-¡Fuera!
-¡Escúchame!, yo solo quería decirte que no tienes nada que esté mal en tu cuerpo, que está muy bien, que...- inmediatamente se calló.- Bueno, te dejo que te cambies.
Ichigo salió de la habitación y decidió esperarse en la cafetería, tomando algo.
Las palabras del chico seguían sonando en la mente de Rukia. Se sentía orgullosa de si misma. Una sonrisa apareció en su rostro. Había hecho que Ichigo le dijese algo que seguramente jamás le hubiese dicho de otra manera. Se puso delante del espejo y se quitó por completo la toalla. Puso una mano en su cintura y apoyó el peso de su cuerpo sobre una pierna. Si iba a estar con Ichigo, tenía que ponerse algo que enseñe aún más su figura. Miró entre toda la ropa que tenía y eligió una falda corta y una camisa azul. Sí, así estaba perfecta.
Salió de la habitación y empezó a buscar a Ichigo.
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Se había sentado en una esquina de la cafetería y la estaba esperando. No podía estarse quieto, y miraba continuamente hacia la entrada con la esperanza de que apareciese lo más pronto posible.
Entonces llegó. Estaba realmente hermosa con aquel conjunto que llevaba. Solo pudo sonreír como un tonto.
Cuando ella se sentó a su lado, se quedaron en silencio unos segundos, en los que se observaron atentamente, siempre sonriendo.
-Bueno, ¿por qué has venido tan pronto?
-¿Acaso no te alegra?-le respondió malhumorado el muchacho.
-¡Cla-claro que sí! Tan solo me resulta un poco... Extraño. Ha pasado tanto tiempo desde que...- el simple recuerdo ya le hacía daño.- bueno, ya sabes. Resultó muy difícil volver y ver que, simplemente, habías desaparecido.
El chico la miró directamente a los ojos.
-Volví.
-¿Qué?
-Hará casi un año, volví a Karakura. Mi entrenamiento había finalizado ya, podía controlarlo en todo momento. Yo ya no suponía un peligro... O mejor dicho, Él ya no suponía un peligro.- Rukia escuchaba atentamente cada palabra de su amigo. A ella jamás le habían dicho nada de eso.- Pero estaba mi "pequeño" problema. Yo... Ya no era el de antes. Lo había olvidado prácticamente todo, y aunque conseguía recordar a mi familia y a algunos de mis amigos, no era lo mismo. Me sentía... Como un extraño. Así que me fui. Y desde entonces no he vuelto a saber nada de ellos. Les dije que no hablaran de eso con nadie más que me conociese. En ese momento no supe muy bien por qué, pero creo que fue para que ellos también me olvidasen a mí.
-Ichigo...
-Pero he decidido que no quiero olvidar nada más. Y tampoco quiero que me olviden como si jamás hubiese existido.
-Entonces..., ¿qué harás?
Ichigo se quedó unos segundos pensativo.
-No tengo ni idea. Ya lo pensaré.
-¡Idiota!¡¿Acaso crees que esto es para tomárselo a broma?!
-Maldita sea, Rukia, te enfadas por todo. No tienes...
Los dos lo sintieron una fuerza descomunal apareció en apenas unos segundos. El dueño de ese reiatsu no parecía tener intención alguna de ocultarlo. Parecía como si... Les estuviese llamando.
Ambos se levantaron inmediatamente y su fueron a la habitación de Rukia, donde dejaron sus cuerpos. Después, se dirigieron al lugar en el que estaba ese reiatsu.
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Zilvinas los estaba esperando. Había ido él solo. Quería dejar claras unas cosas a esos shinigamis que les estaban dificultando su trabajo. Se concentró y expulsó con fuerza todo el reiatsu que tenía. Lo hizo tan solo unos segundos, pero sería suficiente para que esos malditos shinigamis se diesen cuenta de que él, estaba ahí. Pero sobretodo, quería ver de cerca, a esos vizards de los que tanto Edward como Misako le habían hablado. Tenía especial interés en ellos.
Sonrió satisfactoriamente cuando notó que dos fuerzas espirituales se acercaban a donde él se encontraba.
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-Rukia, será mejor que te quedes en el hotel. Esos tipos son muy peligrosos.
-Idiota, soy la teniente del decimotercero escuadrón. No soy un shinigami normal y corriente. ¡Y no pienso huir de la batalla!
La shinigami, visiblemente enojada, se adelantó. Ichigo sabía perfectamente que era imposible hacerla cambiar de opinión. Mejor no intentarlo.
Antes de que se perdiera de vista, corrió para seguirla y en unos pocos segundos ya estaba junto a ella.
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La energía los llevó hasta uno de los pocos lugares desérticos de Tokio. Casi no había gente por aquel lugar y la que había, no se detenía en ese lugar durante mucho tiempo. Tan solo estaban de paso.
Lo vieron en el centro del descampado. Sonreía. Tenía los brazos cruzados y las piernas separadas. Los estaba esperando.
-Por fin habéis llegado, shinigamis.
Ni Ichigo ni Rukia dijeron nada. Simplemente le observaban, intentando adivinar sus intenciones.
-¿No vais a decirme nada? ¿No vais a preguntarme nada?
-¿Acaso responderías?-le dijo la shinigami.
-Por supuesto...- aquella respuesta pilló desprevenidos a ambos.- En realidad, he venido aquí simplemente para que sepáis quienes son vuestros enemigos.- les miró con sus ojos rojos, con un odio y una ira contenidas.- y deciros... Que si os entrometéis... No tendremos más remedio que mataros.
El silencio siguió reinando entre ellos. No se atrevían a decir nada. No querían dar ningún paso en falso. Preferían ser cautelosos.
Ichigo y Rukia se miraron. Sí tenían preguntas que hacerles. El chico dio un paso adelante, mirando en todo momento a su adversario, desafiante.
-¿Qué demonios eres?
Una sonrisa aún más amplia apareció en su rostro. Pero esta vez era distinta. Parecía como si se estuviese riendo de ellos.
-¿Que qué soy?-clavó su mirada en las dos personas que tenía delante, provocando que el miedo se adueñara de sus cuerpos.- Yo soy uno de los pocos habitantes del infierno que han conseguido escapar de allí. Y vosotros, shinigamis, sois los que nos encerrasteis en ese lugar.
"¿El infierno?" Ichigo miraba impresionado al hombre que tenía delante. Era imposible salir del infierno. Tan solo había una puerta de entrada. Ninguna de salida.
-Sí, y a partir de la expresión de vuestro rostro, me imagino que no me creeréis. No me importa lo más mínimo.- dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos.- Lo único que nos importa es que nos dejéis hacer nuestro trabajo. Es muy simple. Vosotros, los shinigamis, tan solo tendréis que quedaros sentados mirando como se desarrollan las cosas.
-Si como decís sois los que moraban en el infierno, jamás podremos aceptar eso. Fuisteis condenados a pasar el resto de vuestra existencia en ese lugar por vuestros crímenes en vida.-la voz de la shinigami no admitía réplica, aunque se encontrase oculta tras el cuerpo de su amigo.
-Vosotros... Vosotros no lo entendéis.-la sonrisa se borró de su rostro. Ahora mostraba una expresión mucho más sombría, en la que se veía una gran dolor reflejado en sus ojos rojos. Era el dolor que había tenido que soportar durante todos esos años.- Vosotros no entendéis por lo que hemos tenido que pasar. Desde el primer momento en que estuve en el infierno, fue una eterna agonía. A cada segundo que pasaba deseaba con más fuerza estar muerto. El suelo, las paredes, hasta el mismo aire quemaba y hacía que la piel ardiese con aquel fuego eterno. Mi cuerpo se iba descomponiendo, y pronto dejé de ser un humano, para convertirme en un monstruo.- mientras hablaba, agitaba con fuerza los brazos, sus ojos miraban enloquecidos a todas partes. Cada vez su voz sonaba más fuerte, colérica.-La sangre. La sangre lo inundaba todo. Nos convertía en bestias. Y esa locura, es una marca que tendremos que llevar de por vida. Todo el dolor, sufrimiento, se quedó grabado en nuestros ojos, que se fueron tiñendo de sangre, como símbolo de lo que éramos. Las almas del infierno.
Respiró profundamente, intentando calmarse.
-Deberíamos mataros, pero sois demasiados, y nosotros muy pocos. Por eso, os estamos dando este aviso, shinigamis. Vosotros elegís.
Después de decir eso, abrió la grieta en el cielo que le permitiría regresar a Hueco Mundo, y se marchó.
No sabían muy bien lo que era. Una extraña sensación invadió sus almas después de oír aquellas palabras. ¿Miedo?¿Angustia?
-Tengo que... Avisar a Renji.- la shinigami decidió romper el silencio.
-Sí... Yo... Tengo que decirles esto a los vizards.
Los dos se miraron. Aquella sensación aún recorría sus cuerpos. Como si lo hubiesen acordado, eliminaron la distancia que había entre ellos y se fundieron en un abrazo. Se separaron apenas unos centímetros, únicamente para poder ver al rostro del otro. Acercaron sus rostros y se dieron un tierno beso en los labios.
-Te esperaré.- Dijo Rukia después de separarse.
-No tardaré.- le respondió Ichigo mientras acariciaba el cabello de la chica.
Finalmente, sus cuerpos se separaron y tomaron direcciones opuestas, pero no tardarían mucho en volver a encontrarse.
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Bueno, muchas gracias a Nyu-chan5 por escribirme, pero sobretodo a Kaoru240, que me aclaro una pequeña duda... wueno, que ayudo asias wuapa!
Ahora, (creo) que todo el mundo, aunque no este registrado, puede dejarme un rewiew, y todo gracias a Kaoru240, las gracias a ella
saludos
