CAPÍTULO 8: THE START OF SOMETHING NEW
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Estaba anocheciendo, y podía ver como las sombras se alargaban haciéndose casi infinitas. La noche era su territorio, repleto de sombras. Entonces es cuando ellos eran más vulnerables al ataque de las almas del infierno.
Hacía ya varias horas que había llegado al apartamento en el que estaban todos los vizards y, desde que había dicho a los demás todo lo que le había contado ese tipo, no habían parado de hablar sobre lo que hacer. Por supuesto, no pensaban contar con la ayuda de los shinigamis, por lo que Ichigo se había ahorrado el detalle de explicarles que en el momento en que habló con aquel habitante del infierno, estaba en compañía de una shinigami.
-Lo extraño es que ninguno de nosotros notó nada, ¿verdad?- Hirako dirigió la pregunta a todos, pero se fijó especialmente en Ichigo, no porque el no notase nada, todo lo contrarios, sino porque había sido el único que había podido sentir esa energía espiritual.- Bueno, supongo que ahora ya no podemos hacer nada.
-Lo peor de todo es que ese tío ha dejado esa decisión en manos de los shinigamis.- Hirako era el que hablaba ahora.- Y no digo que cooperemos con ellos, pero una respuesta premeditada podría ser fatal.- el vizard miró el reloj, y vio que ya era tarde.- Bueno, será mejor que lo dejemos por ahora. Seguramente no volverán a aparecer en un tiempo, que la sociedad de almas que espero que utilice para pensar en su próximo movimiento. Os doy como mucho tres días. Dentro de tres días quiero que volváis aquí. - dijo, mirando especialmente a Ichigo.- Todos.
Dicho esto, se marchó por la puerta. Segundos después, los vizards restantes le seguían.
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Rukia entró corriendo el la habitación de Renji. Lo que tenía que contarle era muy importante.
-¡Renji!- la shinigami se detuvo un momento para coger aire, pues había llegado allí utilizando el shumpo más rápido. Cuando alzó la cabeza, se encontró con que Renji estaba hablando con el capitán Ukitake. Perfecto.- ¡Ukitake-taichou! Ha ocurrido algo... Algo muy grave. La sociedad de almas debe saber esto inmediatamente.
Ambos capitanes la miraron preocupada. Sabían que Rukia jamás se comportaría así, a menos que, como ella decía, hubiese pasado algo realmente grave.
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La sociedad de almas ya había sido informada sobre las Almas de Infierno. Las pocas palabras que había intercambiado con la shinigami Kuchiki Rukia ahora estaban siendo revisadas, como si en alguna de esas frases se ocultase un mensaje oculto.
-Abarai-taichou, debes volver inmediatamente a las sociedad de almas. Y en cuanto a ti, Rukia, hasta que no tomemos una decisión, puedes tomarte ese tiempo como libre, puedes ir a Karakura. En cuanto te necesitemos, enviaremos a un shinigami para avisarte.
-Entendido.-pero ella no iría a Karakura. Tenía otro destino en mente...
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Podía sentirla. Estaba cerca, pero no sola. Quizás sería un problema si apareciese cuando estuviese con alguna otra persona, así que decidió esperar. Pero no mucho tiempo.
Cuando por fin pudo sentir como las otras energías espirituales desaparecían, se acercó al lugar en donde estaba su shinigami. Silenciosamente, se colocó en el marco de la ventana de la habitación. Ella estaba allí, a espaldas de él. Estaba recogiendo algunas cosas y metiéndolas en una maleta que había encima de la cama. Sonrió. Rukia aún no se había dado cuenta de que él estaba allí. Con gran sigilo, se adentró en la habitación. Dio un par de pasos. La muchacha estaba prácticamente a su alcance, y seguía sin darse cuenta de que él estaba justo detrás de ella. Alargó los brazos hacia ella.
-¡Ru...!- el puño de Rukia se clavó en su cara.
-¡Ja! ¡Si creías que ibas a pillar a Kuchiki Rukia "in fraganti" dos veces lo tienes claro!- lo miraba triunfante. Esta vez ella había sido la que había sorprendido al otro.
-¡Serás bestia! ¿Pretendías aplastarme la cara o qué?- estaba realmente enfadado. Su voz sonaba cada vez más fuerte mientras un hilillo de sangre le salía de la nariz.
-¡¿Y qué era lo que pretendías tú?!- le respondió también gritando la muchacha.
Ambos se miraron. Ya estaban peleándose. Igual que siempre... Parecía como si el tiempo no hubiese pasado para ellos. Las misma discusiones que hacía cinco años. Las mismas palabras. Los mismos gestos. Sus rostros, que miraban al otro con enfado, se relajaron. A los dos aquella escena les resultaba familiar. A los dos.
-Esto pretendía hacer.
La cogió fuertemente con un brazo, y con una mano acariciaba su rostro, haciéndolo voltear hacia él. La miró a los ojos un segundo. Luego dirigió sus labios hacia su cuello, acariciándolo con ellos. Continuó su recorrido besándole la mandíbula, y pasando, finalmente, a sus labios. Sus gélidos labios, de los que él se encargaría de hacer entrar en calor.
Antes de que la shinigami pudiese reaccionar, ya tenía a Ichigo rodeándola. Y ella no podía hacer otra cosa más que responderle. Con sus brazos, rodeó la cintura del chico, acercándole más a ella. Llegó un momento en el que se separaron, y utilizaron esos segundos para mirarse el uno al otro.
Habían pasado cinco años. Cinco años en los que no se habían vuelto a ver. Ella había tratado de olvidarle. Pero jamás lo consiguió. Él sí. Eso le hizo mucho daño. Pero ahora era distinto. La memoria del chica estaba volviendo. Estaba recordándola de nuevo. Y estaban juntos... Eso era lo único que no podía explicar. Por mucho que su mente le dijese que no, a la hora de la verdad, era imposible no ceder. Cinco años atrás, eran solo amigos, simplemente eso. Nada más. Y ahora, ¿por qué esto? Miró a Ichigo. Era el mismo, y no lo era. Era el mismo chico que siempre tenía el ceño fruncido. Pero había cambiado. Dudaba de que él, cinco años atrás, se hubiese atrevido a besarla. Pero ahora lo hacía con toda la naturalidad del mundo. A eso de le llamaba madurar.
Y también notaba algo más. Sus besos, sus caricias, cada gesto suyo, lo hacía sin miedo, sin vacilar. Como si lo hubiese hecho miles de veces. Y a eso se le llamaba celos.
-¿En qué piensas?- Ichigo la miraba directamente a los ojos.
-¿Qué han dicho?
-¿Eh?- había cambiado de tema. Mal.
-Los vizards, que qué han dicho sobre ese tipo.
-Ah... Eso.- en esos momentos no tenía muchas ganas de hablar sobre ello.- Bueno, les fastidió un poco que la decisión recayese sobre los shinigamis. Aparte de eso, poco más. Aunque... Les resulta extraño que hayan podido escapar del Infierno.
-¿Por?
-El Infierno no es como hueco mundo. En hueco mundo, la puerta que hace posible que los hollows pasen a hueco mundo, la Garganta, sirve tanto para entrar, como para salir de allí. En cambio... Las puertas del infierno, solo sirven para entrar. No hay ninguna salida. Una vez se entra, ya no se puede salir.- se separó de Rukia un poco, si tenía que hablar de ello no tenía ganas de estar de pié. Se acercó al borde de la cama y se sentó. La shinigami le imitó y se sentó a su lado. Ichigo la miró. Se estaba riendo de algo, pero no podía entender el porqué de su risa. No estaban hablando de un tema muy divertido, que digamos...-¿Se puede saber de qué te ríes?- le gritó enojado.
-Estás hablando como Ishida, igual de serio. Solo te faltan las gafas y un corte de pelo.- miró al chico, y se sorprendió de ver su expresión. Pensaba que estaría enfadado, que empezaría a gritar incoherencias, pero no era así. La miraba extrañado, como si no la entendiera.
-¿Quién es ese?
Las risas cesaron. Era verdad. Por un momento, había olvidado por completo el problema que le había impedido a Ichigo volver a su ciudad natal. Giró el rostro y se mordió un labio, como queriendo impedir que saliesen más palabras de su boca.
Ichigo la cogió por las hombros y la obligó a girarse hacia él.
-Rukia, no te preocupes, no... Es culpa tuya.- le acompañaba un tenso silencio a sus palabras.
Poco a poco, quitó las manos de los hombros de la chica y se levantó, arrastrando a Rukia con él.
-Ven, te quiero enseñar una cosa.- mientras lo decía, tenía cogido un brazo de la shinigami, y la conducía hacia la ventana.
-¡Espera! ¿A dónde me llevas?
-A... Un sitio. No te arrepentirás.
-¿Y no podríamos ir a por una ruta más... Normal?
-También... Pero tardaremos más, y esos shinigamis podrían volver.
-No volverán hasta que no haya nuevas noticias de las Almas del Infierno.- Ichigo la miró sorprendido. Jamás hubiese pensado que la dejarían allí, en el mundo humano, sin más.
-¿Y eso?
-Yo en realidad ahora debería estar en Karakura...- miró a Ichigo antes de continuar. No le gustaría decir algo que le pudiese molestar. Vio que no parecía molesto, así que continuó.- Desde hace tres años, me dejaron volver a Karakura. Cada dos o tres semanas, vuelvo allí.
Ahora Ichigo la miraba intensamente. No sabía eso. Al igual que él, la shinigami había preferido que no se supiese su estancia en Karakura.
-¿Cómo... Están mis hermanas?- la shinigami sonrió. Una pregunta que podía responder fácilmente.
-Están bien, han crecido mucho, aunque tu ya las viste hace un año, ¿verdad?- Ichigo sonrió sin mirarla, con un deje de tristeza en sus ojos. Simplemente asintió con la cabeza.- Te echan de menos...
Un nuevo silencio invadió la habitación. Simplemente se miraban, directamente a los ojos, como queriendo conocer los pensamientos más profundos del otro.
-Bueno, ¿vamos?- dijo alegremente la shinigami de ojos azules.
-Vamos.
Rukia cogió la maleta que había preparado y los dos salieron por la puerta de la habitación.
-Bien, ¿y se puede saber dónde vamos?- ya estaban saliendo del hotel. Pasaban por un espacioso recibidor, que aunque no era muy lujosos, era bastante acogedor.
-Eso es un secreto. - Ichigo miró pensativo el exterior. Había llegado al hotel usando el shumpo. ¿Tendría que ir a aquel lugar utilizando el mismo método? No le quedaba más remedio...- Bueno, después de todo, no podremos usar una vía "convencional" de transporte.
-¿Por qué?
-El lugar al que vamos está muy lejos, y además, no tengo coche.
-¿Estás en Tokio y no tienes coche? ¿Se puede saber como vas de un lugar a otro?
-¿Acaso no es obvio?- sonreía mientras la llevaba hacia un callejón oscuro... (XD) Donde podrían estar a salvo de miradas indiscretas.- Agárrate fuerte.- le decía mientras la cogía por la cintura y la atraía hacia si.- No tardaremos mucho...
Más rápido de lo que la muchacha se pudiese imaginar, los dos desaparecían de allí. A Ichigo ya le faltaba poco para poder retar a la Diosa de la Velocidad.
