CAPÍTULO 9: UNIÓN DE DOS ALMAS

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-Vamos Ichigo, dime de una vez dónde estamos.- sentía las manos del chico sobre su rostro, tapándoles los ojos.

-No. Hasta que no hayamos llegado, no te dejaré ver nada.- Conducía a la shinigami lentamente. Disfrutaba con cada segundo que pasaba. Estar haciendo sufrir a Rukia, sin dejarla saber ni siquiera adonde se dirigían. Era realmente placentero.

Ichigo abrió una puerta, y siguió guiando a su acompañante. Dados unos pocos pasos, se pararon. El chico bajó lentamente las manos, dejando a Rukia ver la ciudad que se extendía a sus pies. Estaban en la terraza de un edificio, el más alto de los alrededores. Desde donde estaban podía ver toda la ciudad. Era una vista maravillosa. Sobrecogedora.

-Si no recuerdo mal, que en mi situación es muy posible, a ti te gustaban los lugares altos, ¿verdad?- Ichigo hablaba con los labios casi pegados a la piel de ella. Podía oler su fragancia y rozar su cuello con cada palabra.

La shinigami no respondía. Aquello era... Magnífico. Era una sensación que la llenaba por dentro y apaciguaba su alma. Y, sobre todo, el recuerdo. La última vez que ellos dos habían estado juntos en la sociedad de almas, exceptuando cuando se despidieron, ambos estaban juntos, hablando tranquilamente. Estaban en un mirador cerca de la mansión Kuchiki y, también en esa ocasión, había una vista magnífica. Entonces fue, cuando la shinigami le dijo a Ichigo su afición a los lugares altos. Lugares como el mirador. Lugares como el que estaban ahora. Se había acordado de ese pequeño detalle.

-¿Te gusta?- el chico se había empezado a preocupar por el silencio de Rukia. ¿Y si se había equivocado?

-Te has acordado... De esto...- no había palabras que pudiesen medir el estado de ánimo de la shinigami. Simplemente se recostó sobre el pecho de Ichigo, y se dejó llevar por aquellas sensaciones que gobernaban su cuerpo y su alma.

En respuesta, Ichigo rodeó con sus brazos los hombros de Rukia, y la dejó disfrutar de aquel momento.

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-Debemos movilizar a todos los escuadrones. No podemos dejar que esto se convierta en otra guerra como la de hace cinco años. En cuanto vuelvan a aparecer, les responderemos. Jamás aceptaremos que esas... Almas del Infierno, vayan al mundo humano. Es inaceptable. Os encargo al escuadrón número doce la investigación sobre como pudieron escapara de allí. Y quiero resultados rápidos. Los demás, ya sabéis lo que tenéis que hacer.- esas habían sido las palabras del capitán general. Y no admitían réplica.

-Esto... Capitán general, tengo que decir algo más.- Renji había tomado la palabra.- Ocurrió algo más en el mundo humano. - ahora todos los capitanes tenían sus miradas puestas en él. "Genial", pensó algo cohibido por todos los ojos que había puestos en él.- Cuando estuvimos allí, al mismo tiempo que apareció esa Alma del Infierno, también apareció... Kurosaki Ichigo.

Las miradas seguían puestas en él, pero esta vez mostraban una expresión mucho más extraña.

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-¿Dónde estamos, Ichigo?- aún seguían en esa misma posición. No se habían movido absolutamente para nada.

-Estamos en mi casa.

-¡¿Qué?!

-El último piso de este edificio es en el que yo vivo, por lo que la terraza me pertenece.- no la miraba, simplemente perdía la mirada en aquel paisaje de ensueño.- Ven.

Rukia simplemente obedeció. Si no la apartaba de aquel lugar, corría el riesgo de quedarse allí para siempre.

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Ambos entraron por la puerta de la casa de Ichigo, uno detrás del otro. Ya estaba anocheciendo, así que encendieron las luces de la casa para no andar a tientas.

-Vaya, así que vives aquí.- Rukia entró en la casa observando cada detalle, mirándolo todo minuciosamente.

-Sí. Desde que me fui con los vizards he vivido aquí.

-¿Tú solo?- la shinigami le miraba extrañada. El chico tardaba en responder.

-No siempre...- Ichigo apartó la mirada. No quería seguir hablando del tema, sobre ESE tema, con ella.

Había captado la indirecta. No sabía muy bien qué decir ahora. Pero Ichigo la sacó del apuro.

-¿Quieres tomar algo?- se dirigió hacia la cocina y abrió la nevera, buscando algo tomar.

La chica lo pensó durante unos segundos.

-¡Sí! ¡Quiero un zu...!- antes de que pudiese acabar, Ichigo ya había vuelto, con un zumo en una mano y un refresco en la otra. "¿De verdad me has olvidado?" Simplemente lo cogió agradecida.- Aunque en esta situación, no es lo más apropiado...

-¿Y qué tipo de situación es esta, Rukia?- Ichigo se había sentado al lado de ella, y le sonreía pícaramente. Dio un trago a la bebida y la dejó en la mesa. Ahora concentraba toda su atención en los ojos de la muchacha.

La mirada de Ichigo se clavaba en sus ojos, impidiéndola reaccionar. Dejó el zumo sin empezar encima de la mesa sin apartar los ojos de los del chico, lo cual hizo la tarea muy difícil. Después de unos segundos de silencio, los dos se fueron acercando. Lentamente. Sin prisa alguna. Tan solo podían oír la respiración del otro. Tan solo podían sentir su cercanía.

Ichigo rodeó su pequeño cuerpo con sus brazos y la atrajo hacia si. Rukia acariciaba el rostro y el pelo de Ichigo, disfrutando de cada roce, de cada segundo que pasaban así. Finalmente, acercaron sus rostros y juntaron sus labios en un tierno beso. Al principio dulce, luego intenso, apasionado.

Se separaron unos instantes y se miraron a los ojos.

"¿Cómo es que está pasando todo esto?" Rukia sintió como Ichigo la levantaba del sofá y la llevaba a otro lugar. "Hace años que no nos vemos, y nos comportamos que si fuésemos una pareja normal y corriente." Ichigo abrió la puerta de una habitación, que lo más seguro era que fuese la suya. "Sé que está mal, pero... No puedo negarme. No quiero. Esta sensación que tengo cuando estoy con él... No sé como explicarla. Simplemente, estoy bien con él." Ichigo la volvía a besar, mientras la tumbaba lentamente en la cama. Y ella respondía con igual intensidad. "Quiero... Necesito estar con él..." Finalmente, se entregó por completo a aquellos besos, a aquellas caricias que ya recorrían todo su cuerpo. Jugaban con sus labios y sus lenguas a un ritmo cada vez más frenético. No les importaba nada más que ellos mismos.

Con suavidad, Ichigo fue bajando la cremallera del vestido de Rukia. Deslizó los tirantes por sus hombros, dejando la parte de arriba del cuerpo de su compañera a la vista. La miró, fijándose en cada detalle, gravándolos a fuego en su mente. Acarició con una mano uno de sus senos, tan suave, tan cálido. Acercó su boca y lo besó con ternura. Sentía las manos de la shinigami enredándose en su pelo, acercándole más a ella. Siguió acariciándola durante unos minutos, y después se separó un poco de ella. Rápidamente, se quitó la camiseta, dejando ver su musculosos cuerpo. Rukia alargó una mano y con ella recorrió todo el torso del chico. Finalmente, llevó las manos a su cuello y lo rodeó con sus brazos. Se incorporó levemente y comenzó a besarle de nuevo, mientras notaba como el chico le iba quitando lo poco que le que quedaba puesto del vestido junto sus braguitas de conejitos. Ahora ya estaba completamente desnuda a merced de Ichigo, que la miraba sonriente. Ambos sonreían mientras se observaban mutuamente. Todo esto, era MUY divertido. Ichigo paseó sus manos por los muslos de la chica, sobre su suave y tersa piel. Quitó las manos de sus piernas y se dispuso a quitarse los pantalones y la ropa interior, quedándose completamente desnudo.

Se acercó a ella. Y ella a él. Unieron sus cuerpos con fuerza y dulzura. Necesitaban del otro tanto como el aire para respirar. Sus gemidos se escuchaban por toda la habitación, dejando el eco de su acto. Cada vez el vaivén se hacía más rápido, sus respiraciones, ya de por si agitadas, se hacían más sonoras. Se besaban con furia, deseando que aquel momento durase para siempre.

El placer que sentían se extendía por todo su cuerpo, haciendo que la temperatura subiese. Ichigo se adentraba dentro del cuerpo de la shinigami cada vez con más fuerza, el clímax estaba muy cerca, y la muchacha también lo sentía. Se agarraba con más fuerza del chico, clavándole las uñas en la espalda. Los gemidos se volvieron en pequeños gritos de placer. Un segundo después, todo acabó.

Se miraban, se acariciaban con dulzura. Sus respiraciones todavía eran muy agitadas. Estaban cansados, muy cansados, pero habían disfrutado mucho. Ichigo se tumbó al lado de Rukia, abrazando su pequeña figura, y puso la cabeza sobre su pecho. Podía notar como este subía y bajaba al compás de su respiración.

"Por fin, después de tanto tiempo, puedo estar contigo. Si supieras Rukia, todo el tiempo que pasé sin saber tu nombre... Era como una tortura. Pero ahora, estás aquí, a mi lado. Jamás dejaré que te marches. Porque, si lo haces, puede que me olvide de nuevo de ti. Y desde siempre, fuiste demasiado importante como para que me permita olvidarte. Rukia. Rukia. Rukia. No me canso de decir tu nombre. Si supieras lo que estoy pensando... Dejarías de creer que soy yo realmente. Pero aunque jamás lo diga..."

-¿Te ha gustado, Rukia?- la miraba con una pícara sonrisa en el rostro. Ya sabía su respuesta, pero quería oírla de sus labios.

-Mmmm... Mejorable.- "Mentira" pero era demasiado tentador retar así a Ichigo.

-¡¿Cómo que mejorable?! -no pensaba dejarlo ahí.- ¿Se puede saber en qué debo mejorar, Kuchiki-san?

-Más tarde te ENSEÑARÉ lo que debes mejorar.

Los dos sonrieron. Sí, ahí no había acabado todo...

Aún no era muy tarde, pero los dos se entregaron a un sueño dulce y reparador.

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-Joder, menudo discursito que nos acaba de dar el viejo.- Renji no estaba de muy buen humor, había estado bajo la atenta mirada de doce capitanes de la sociedad de almas por más de cuatro horas, en las que le habían interrogado sobre su encuentro con Ichigo, aparte de un montón de trivialidades de las que no podía comprender el significado. Después de eso, el capitán general le había dado una charla en la que le había numerado todos y cada uno de los fallos que había tenido al llevar a cabo aquella misión.

-A-Abarai-taichou, no hables así, por favor.- su teniente, Hinamori, estaba con él en ese momento, acabando de rellenar unos papeles sobre los nuevos miembros del escuadrón. Ella siempre tan trabajadora.

-Sí, tienes razón, Hinamori-kun.- se sentó en el sofá que había en el despacho y se acomodó. "Necesito liberarme de todo este estrés. Ser capitán no es lo mío..."- Hinamori, creo que me voy a ir al mundo humano.

-¿Qué? Abarai-taichou, ahora no puede marcharse, hay demasiadas cosas que hacer.

-¡Yo ya he cumplido con mi trabajo! Lo tengo decidido, me iré a Karakura con Rukia y los demás. Por lo menos allí me divertiré un poco más. Hinamori, si ocurre algo, envía inmediatamente a un shinigami a avisarme.- inmediatamente, se puso de pié y se marchó de la sala dejando a una Hinamori con la palabra en la boca.

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-Muy bien, Abarai-taichou, todo está listo. Ya puede marcharse al mundo humano.

-¡Ya era hora!- llevaba puesto un cuerpo falso y tenía una pequeña maleta para unos cuantos días.-¡Vacaciones!