CAPÍTULO 10: CONVERSACIONES TELEFÓNICAS
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-¡Hey Sado, yo también he venido! ¡Je, seguro que no te lo esperabas...!- decía el capitán del quinto escuadrón mientras entraba en una casa completamente vacía.-¿No está? Que raro... Bueno, será mejor que vaya al cuarto de invitados y deje de hablar solo de una vez por todas...
Tiró la maleta al suelo y se tumbó sobre la cama. Suspiró mientras observaba lo que había a su alrededor. Hacía dos o tres meses que no iba allí, y no había cambiado absolutamente nada.
Desde que tenían permitido ir al mundo humano a visitar a sus amigos de Karakura, Renji se había quedado en casa de Sado, y Rukia en casa de Inoue, pero después de que esta e Ishida se hiciesen novios, dos años atrás, se quedaba en la casa de Tatsuki, para así dejarles un poco de intimidad. Varias veces, tanto Isshin como las hermanas de Ichigo le habían dicho que se podía quedar con ellos, pero la chica se había negado. Demasiados recuerdos.
Era ya de noche, pero no muy tarde. Aún así, decidió que era mejor no llamar a Rukia. No quería ni pensar en lo que le podría ocurrir si interrumpir alguna de esas fiestas que organizaban Inoue, Tatsuki y ella. En cuanto a Sado... Posiblemente estaría con esos amigos suyos con los que tenía una banda de música. Le esperaría un rato...
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-¡Nos vemos, Sado!-unos chicos de unos veinticinco años se despedían de Chad con la mano mientras se perdían entre las calles de Karakura.
-Uhm...- esa fue su única respuesta. Los años no habían cambiado su carácter.
Caminó hacia su casa en completo silencio y, cuando llegó al portal, se detuvo. Había algo extraño. Sentía una energía espiritual procedente de la casa. La analizó durante unos segundos y se tranquilizó. Conocía aquella energía. Era la de Abarai Renji.
Entró en casa y unos sonoros ronquidos procedentes de la habitación de invitados le recibieron. Al parecer se había quedado dormido mientras esperaba.
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Cuando despertó, estaba en sus brazos. La sostenía con fuerza, como si alguien se la quisiese arrebatar. Pero era una urgencia, y dudaba que de camino al lavabo llegase algún espíritu maligno que la quisiese raptar. Con suavidad, se escabulló de entre sus brazos. Buscó entre la ropa que había desperdigada por el suelo y cogió lo primero que encontró, que resultó ser la camiseta de Ichigo. Se la puso. Le venía muy grande, pero en ese momento no necesitaba nada más. En ese momento, escuchó a Ichigo, que se removía buscando a alguien en la cama. Rukia se acercó al oído y le susurró:
-No tardaré.
Después de decir eso, el muchacho se calmó, y la shinigami pudo ver, por extraño que pareciese, el rostro de Ichigo relajado. Hasta parecía feliz, sin ese ceño fruncido. Y ella no pudo hacer otra cosa que sonreír también.
Silenciosamente, salió de la habitación en busca de un lugar para hacer sus necesidades. En el pasillo había varias puertas, así que fue probando una por una. En la primera, encontró otra habitación, más pequeña que la de Ichigo, en la que había una cama y un somier para guardar la ropa, nada más. Cerró la puerta. Aquello no le interesaba. En la siguiente encontró un pequeño despacho. "¿Un despacho? ¿Para qué quiere Ichigo un despacho?" la tentación le pudo y echó un vistazo a uno de los libros que había sobre la mesa. Era sobre medicina. Miró el que había debajo de este y vio que trataba sobre el mismo tema. "¿Ichigo es médico?" Bueno, de alguna manera tendría que ganarse la vida como humano... Fuese lo que fuese, ese no era el lugar al que quería ir en ese momento. Salió y se metió en la siguiente puerta del pasillo. Cuando entró, encendió las luces y...¡Bingo! Por fin había encontrado el baño. Se sentó en la taza del váter y cubrió todas las necesidades de su cuerpo.
Cuando acabó, volvió a la habitación en la que había despertado, y vio que Ichigo tenía los ojos semiabiertos. La estaba esperando. Con un gesto, le indico que volviese a la cama. Rukia se acercó lentamente. Cuando tan solo estaba a unos pasos de la cama, se detuvo. Hacer esperar a Kurosaki era realmente divertido. Pudo ver como este abría los ojos lentamente, esperando a que la chica se acercase, pero no lo hacía, simplemente se quedaba allí mirándolo. La paciencia no era una virtud de Ichigo, así que, de un rápido movimiento, se incorporó y agarró por la cintura a Rukia, para después hacerla caer sobre él. Ahora los dos estaban en la cama, Rukia encima de Ichigo, de un Ichigo completamente desnudo, y a la shinigami poco le faltaba por estarlo.
-Esta ropa te queda muy grande, Rukia. -mientras lo decía, sus manos se iban deslizando por los muslos de Rukia.- Sería mejor que te la quitases...- puso las manos por debajo de la camiseta, acariciando su cintura, y fue alzándolas para quitarle la prenda. Cuando la camiseta estaba por descubrir los pechos de Rukia, esta ayudó y se la quitó completamente. Estuvieron en esa posición durante unos segundos, en los cuales se miraron fijamente.- Bueno Rukia, creo que ahora sería un buen momento para que me ENSEÑASES lo que tengo que mejorar, según tú.
La muchacha sonrió ampliamente. Había llegado su turno. Mientras las manos de Ichigo acariciaban su cuerpo, fue acercando su rostro al de Ichigo, poniéndolo al mismo nivel que el suyo. Abrió levemente sus labios y los acercó a los del chico. Ahora vería ese mocoso quien era Kuchiki Rukia.
Cuando la chica ya introducía su lengua en la boca de Ichigo, ambos pudieron oír un odioso sonido. Un teléfono móvil. Una sola palabra cruzaba la mente de Ichigo.
"¡¡HI-YO-RI!!"
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Cuando despertó, se dio cuenta de que no estaba en su cama, ni en su habitación, pero tampoco pudo decir adónde se encontraba exactamente.
Se incorporó y salió de la habitación. Nada más salir, un gigante le recibió con un saludo monosílabo.
-¡Sa-sa-Sado!- ya sabía donde se encontraba.-Joder, menudo susto me has dado. Podrías avisar de que estabas aquí, ¿no?
Chad le miraba extrañado. "Si es mi casa..."
-Bueno...- siempre que estaba con Sado se quedaba sin palabras, no sabía muy bien qué decir.- ¡Ah! ¿Has visto a Rukia? Vino ayer, y supongo que se habrá quedado en casa de Tatsuki (n/a: fijaos en que la llama por su nombre). Bueno, pues me voy a buscarla. ¡Adiós!
Después de unos segundos de silencio, Chad se decidió a hablar.
-Kuchiki no vino ayer.
-¡¿Cómo que no?!
-Hace ya dos semanas que no la vemos. Si hubiese venido ayer, Inoue nos habría llamado a todos.
Por la mente de Renji bullían millones de ideas, ninguna buena.
-¡Sado! ¡Vamos ahora mismo a casa de Tatsuki, ella tiene que saber algo!- al chico pelirrojo no se le ocurrió en ese momento que había una forma más fácil de contactar con ella.
Mientras caminaban por las calles de Karakura, Renji miraba hacia todas partes, intentando encontrar a Rukia en cualquier rincón, pero sin éxito.
Cuando llegaron a casa de Tatsuki, tras llamar, Renji entró sin ningún miramiento en la casa, pasando por completo del saludo que había recibido por parte de la chica.
-¡Renji!
Se fue a las habitaciones, intentando encontrar allí a Rukia. Nada.
-¡Ey, Renji!
Se fue a la cocina, donde la madre de Tatsuki preparaba el almuerzo. Nada.
-¡Me cago en la leche! ¡Joder Renji, quieres hacerme caso de una p vez!- la mala lengua de Tatsuki había estallado. No soportaba que la ignorasen, y menos en su propia casa. Solo faltaba eso...
El susodicho se paró en seco. Cuando se enfadaba, era de temer, incluso peor que Rukia. La miró y la saludó, y pudo que ver lo estaba fulminando con la mirada.
-Esto... Tatsuki... Bueno, yo solo venía para... Ejem...- la muchacha parecía echar fuego por los ojos. Le ponía enferma que la gente diese tantos rodeos para decir algo.- ¿Rukia no ha venido?- soltó rápidamente, dejando que la chica se calmase ligeramente.
-No.- una respuesta seca y corta, no tenía ganas de más.
-Y... ¿no sabes dónde puede estar?
-No.
-¿Y no sabes si...
-¡NO!
-¡Bien, yo ya me iba!
Las cosas no podían quedar así, además, si Renji estaba buscando a Rukia era por algún motivo. Decidió calmarse y saber que era lo que estaba pasando.
-Espera Renji, ¿qué le ha ocurrido a Rukia?
-¿Estás segura de qué no ha venido por aquí?- ahora que la chica se había calmado, ya podía hablar con ella con más tranquilidad.
-Sí, estoy segura.
-Bueno, pues entonces será mejor que primero llamemos a los demás...
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Se reunieron en la casa de Ishida, se sentaron alrededor de una amplia mesa y se dispusieron a escuchar a Renji.
-Bien Abarai, explícanos qué es lo que ha pasado.- Ishida, como siempre, hablaba con ese tono de superioridad que le caracterizaba. A veces era irritante.
El capitán del quinto escuadrón empezó a hablar. Les contó que hacía pocos días, en los laboratorios de la sociedad de almas, detectaron una energía espiritual muy extraño, y no la podían clasificar. Así, enviaron a Rukia y a él en una misión de reconocimiento, nada más. La primera vez que se encontraron con esos seres, que más tarde se hicieron llamar las almas del Infierno, se encontraron también con Ichigo...
-¡¿Ichigo?!- una Tatsuki, visiblemente alterada, se levantó rápidamente de su asiento y se acercó a Renji, como pidiéndole explicaciones.
-Sí, le vimos, pero... Le pasaba algo...
Todos le miraban expectantes. Querían saber qué era lo que había ocurrido.
-Lo había... Olvidado todo, o casi todo. No nos reconoció ni a mi... Ni a Rukia.
Silencio. Nadie se atrevía siquiera a respirar. No querían aceptar lo que estaban oyendo. Era demasiado cruel. La tensión que invadía la habitación era casi palpable. Pasados unos segundos, decidió continuar.
-Después de eso, le volvimos a ver otra vez, iba acompañado de Hirako Shinji. Y desde entonces, no le hemos vuelto a ver.- Renji hizo una pausa, lo que acababa de decir era algo sumamente grave.- Y bueno, ayer se supone que Rukia debería haber venido aquí... ¿POR QUÉ DEMONIOS NO ESTÁ AQUÍ?
La respuesta a esa pregunta les pareció a todos obvia, pero parecía que no estaba tan clara para el pelirrojo.
- Abarai, ¿tampoco responde al teléfono?- le preguntó Ishida, que estaba ordenando en su mente todo lo que les había dicho Renji. Eran demasiadas cosas, y demasiado juntas.
-¿Y como quieres que... ?- su pregunta quedó en el aire. Había armado todo ese alboroto tan de mañana, había despertado a todos y los había alarmado, y no se le había ocurrido llamarla al móvil. ¿Acaso era idiota o qué?
Ya más calmado, cogió el teléfono móvil que tenía en el bolsillo de su pantalón y marcó en número de Rukia. Todos los presentes se quedaron paralizados ante el despiste del capitán (imaginaos la típica escena anime en que todos se caen al suelo XDD)
Ya había marcado. Esperó. Un tono... Dos tonos... Tres tonos... Antes de que el cuarto tono llegase a sonar, una voz, completamente masculina, y con un enfado de mil demonios, le respondía a gritos...
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"Esaenanamediometroquesecreemayoreimportanteynoesmásqueunacompletaestúpidaacabadefatidiarmenserio" ß traducción: Esa enana medio metro que se cree mayor e importante y no es más que una completa estúpida me acaba de fastidiar en serio.
Al segundo tono, Ichigo ya tenía el condenado teléfono en sus manos, y de la ira que sentía, apenas podía sostenerlo bien. Rukia aún estaba pegada a él, pero por su mente pasaban pensamientos muy distintos.
"Ese móvil... ¿no es el mío?"
-Eee... Ichigo, creo que...
El móvil había sonado tres veces y, antes de la cuarta, Ichigo ya había respondido.
-¡Maldita enana! ¿Acaso te crees con derecho a controlar todo lo que haga? Esos tíos no han vuelto a aparecer, ¡así que déjame de una p vez en paz! ¡Y como me vuelvas a molestar en momentos como este, pienso irme, y va en serio!
Colgó. Respiró varias veces. Hondo, intentando calmarse.
-Esto, Ichigo...
El muchacho la miró. Aún estaba enfadado, pero pensaba quitarse ese sentimiento tan molesto enseguida. Antes de que la chica pudiese decir nada más, Ichigo ya se había lanzado sobre sus labios, besándola con pasión, como si fuese la última vez que lo fuese a hacer.
La shinigami no pudo hacer otra cosa que responderle, pero enseguida reaccionó. Se apartó levemente y cogió el móvil que Ichigo había lanzado por tierra después de esa conversación tan cordial.
-Ichigo... Este es mi móvil.
Los dos se quedaron un momento en silencio, mirando el pequeño aparato que Rukia sostenía entre sus delicados dedos.
Sonrieron. Pequeñas risas fueron inundando la habitación, la situación era muy cómica. Al final, sonoras carcajadas salieron de sus bocas. Era la primera vez que reían en mucho tiempo. Cuando pararon de reír, con lágrimas en los ojos incluso, se miraron a los ojos. Ichigo cogió la cintura de Rukia, la giró, y se puso encima de ella, aprisionándola entre sus brazos y piernas.
-Bien, ¿por dónde íbamos?
-Yo te estaba besando, y te iba a enseñar unas cuantas cosas que tienes que mejorar.
-¡Ah, sí, ya me acuerdo! Pero antes...- se separó un poco de ella, cogió el MUY ÚTIL aparato telefónico, y lo desconectó, le quitó la batería y se aseguró de mandarlo bien lejos de la habitación.-ahora podemos continuar...
