CAPÍTULO 12: SEGUNDO DÍA
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-Es aquí, ¿verdad?- Tatsuki miraba a la calle desde el tejado de ese enorme edificio que parecía no tener fin.- Aquí fue donde le vistes por última vez.
-Sí. Después de eso, ya no le volvimos... - hizo una pausa, y ya con un tono mucho más enfadado, prosiguió.- ya no le VOLVÍ a ver.
-Je, bueno...- a Tatsuki le encantaba sacarlo de quicio con cualquier cosa y, en esos momentos, el capitán se alteraba por el más mínimo comentario.- Es normal que solo quisiera ver a Rukia...- dejó el resto de sus palabras en el aire. Renji ya había picado.
-¿¿¿CÓMO QUE ES NORMAL QUE QUISIERA VER SOLO A ELLA???
-Abarai, cálmate, así no haremos nada.- Ishida estaba mirando por todo el lugar, intentando encontrar alguna pista que revelase el paradero de Ichigo.- Orihime, ¿tu notas algo?- Inoue siempre había sido buena en el control del reiatsu, por lo que si ella no encontraba nada, ninguno de ellos lo haría.
-Mmmm...- La muchacha miraba pensativa hacia ninguna parte en particular.- No, lo siento, no encuentro nada. Y a Rukia-san tampoco.
-Me lo temía...
-¿Te lo temías?
-Sí. Después de todo, estar con los vizards no es ningún juego. Seguro que le han enseñado a controlar su reiatsu, y también a usar el Kidoh.- decía Ishida mientras se recolocaba sus anteojos por enésima vez.- Supongo que... A menos que se quiera dejar vez, no lo encontraremos.
Nadie dijo nada más. Las palabras de Ishida podían resultar a veces demasiado duras, pero tenía razón. No lo encontrarían.
-Entonces, ¿qué hacemos?- preguntó una más animada Tatsuki.- Si ese cabezota no se deja ver, tendremos que hacer algo para pasar el tiempo, ¿no es así?- ni siquiera el silencio le respondió.- ¡Me encanta el caso que me hacen mis amigos!- ahora enfadada, se fue hacia la puerta que conducía a las escaleras, por donde bajaría del edificio. Un poco desanimados, los demás la siguieron.
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Miraba las ruinas de ese viejo castillo que hacía unos años, albergaba a todos los arrancars que lucharon en aquella guerra. Apartó la mirada de inmediato. Le traía malos recuerdos. En el Infierno, había un lugar muy parecido a ese. Y el que gobernaba aquel palacio... Le entraron escalofríos de solo recordarlo. Pero eso era lo que no tenía que hacer, recordarlo. Ahora era libre, o por lo menos más libre que cuando estaba en el Infierno.
-¿Todavía no han llegado?- dirigió su mirada hacia los dos compañeros que estaban detrás suya. Le habían seguido.
-No.- miró directamente a los ojos a Zilvinas.- Pero no tardarán mucho en llegar. Cada vez debe ser más difícil escapar de allí...
-Y por eso deben darse prisa.- Edward miraba despreocupado a sus dos compañeros. En realidad no le preocupaba si llegaban. Para él, simplemente serían un apoyo para lograr su libertad. Después de tantos años atrapado en aquel lugar, tan solo podía pensar en si mismo. Los demás o te servían para lograr tus fines, o no eran nada.
Los tres desviaron sus miradas, cada uno a un punto distinto. No tenían mucho de que hablar entre ellos. Eran seres que carecían de corazón, y luchaban por recuperarlo. No necesitaban la compañía de alguien a su lado, ni ninguna pertenencia, no sentían apego por nada en particular. Únicamente... Querían vivir. ¿Era eso pedir demasiado? Fueron enviados al infierno por cometer grandes delitos, pero el hecho de que pudiesen escapar, de que pudiesen razonar como humanos, ya era algo que les distinguía. Algo o alguien les había permitido vivir una vida de verdad. Y esos shinigamis se estaban interponiendo en su camino. Que crueldad. Pero eso ahora no importaba. Pronto serían más y podrían hacer frente a la sociedad de almas. Se harían de respetar.
-Me pregunto que harán los vizards...- Zilvinas miraba ahora de nuevo al palacio que se extendía sobre aquel yermo lugar de Hueco Mundo. Los otros dos le miraron. Ese era un asunto que tenían pendiente con él.
-Zilvinas...- el hombre que había delante suyo se giró.- Aún no nos lo has dicho.- una sonrisa apareció en su rostro.- ¿Cómo sabías de la existencia de los vizards y de los arrancars?- parecía que se estaba riendo de él.
-¿Acaso no es obvio?- guardó silencio unos segundos- Yo era uno de ellos...
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-Bien, a ver este... Asano Keigo.
-¿Eh? No me suena para nada.
-Mmmm... ¿Isane Kotetsu?
-¿Quién? Oye Rukia, en vez de decirme tantos nombres, podrías decirme quienes son ellos.
-Vale, vale. Tan solo estaba probando.- miró al chico que tenía delante suya. La miraba con aquel ceño fruncido tan característico de él.- ¿Por dónde quieres que empiece?
-¡¿Y tú cómo quieres que lo sepa?! ¡No tengo ni idea de a quien tengo que recordar!- ya empezaba otra pelea.
-¡Oh, no sabe cuánto lo siento, señor meolvidedetodos!- miraba a Ichigo con ojos de niña buena y hablaba con aquella vocecita que tanto le enfurecía al joven.
-¡Para ya de hablar así, idiota!
-¡¿Cómo se te ocurre gritarme de eso modo, descerebrado?!
Y la larga lista de insultos continuó desfilando por sus bocas, no paraban matarse con la mirada, pero eso era algo habitual en ellos.
-Tsk... Cuando crezcas un poco, niñato, habla conmigo.- de un brinco, se levantó del sofá en el que estaban los dos sentados, y se dirigió a una de las habitaciones.
Ichigo suspiró profundamente. No podía dejar las cosas así, no estaba bien. Había crecido, después de cinco años, había crecido algo. No podía dejar que esas estupidas riñas arruinasen aquellos días que ellos tenían para estar juntos. Se levantó y, en apenas un para de pasos, alcanzó a la shinigami. La rodeó con sus brazos y la atrajo hacia su cuerpo. Notó con forcejeaba levemente, pero acalló de inmediato sus quejidos de la mejor manera que sabía.
-Ichigo...- el chico no la escuchaba, estaba completamente entregado a aquellos besos que depositaba en el cuerpo de Rukia.- Ichigo, espera.- con mucho esfuerzo también de su parte, apartó al muchacho de ella lo suficiente como para poder mirarlo directamente a los ojos.- Estábamos haciendo otra cosa, ¿no?
-Sí... Pero esto es más divertido.- antes de que pudiera responderle, ya volvía a la carga, pero fue detenido de nuevo por su compañera.
-¿Acaso no quieres recordarles?
La pregunta era clara y directa. Por supuesto que quería recordarles, claro que quería volver a tener recuerdos de ellos, pero... Era muy doloroso, escuchar cada nombre nuevo, saber que, hace tiempo, le conociste, pudieron haber sido amigos, familiares, incluso enemigos... Pero no sabes nada sobre ellos. Trataba de forzar su mente para que le entregase aquellos recuerdos, que se los devolviese, los quería de vuelta con él, pero era inútil. No le gustaba para nada aquella sensación.
Se apartó de Rukia, dejando mucho espacio entre ellos. La miró a los ojos.
-Sí, quiero recordarlos.
Ahí estaba de nuevo aquella mirada, aquellos ojos tristes color avellana que tanto le angustiaban.
-Ichigo...
-Está bien. Tan solo... Es duro... Muy duro. Con cada nombre que dices, me siento más perdido.
-Entonces haré que encuentres el camino.- se acercó a Ichigo y lo abrazó, refugiándose en sus enormes brazos.
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-¡Edward!¡Zilvinas!- Misako los llamaba desde un punto muy alejado a ellos dos. Vieron que parecía preocupada. Inmediatamente, la siguieron.
Tras una larga carrera, llegaron al lugar en el que se hallaba la grieta que conducía al Infierno. Mejor dicho. Era la única salida del Infierno. Pero algo ocurría. Había algo realmente extraño allí. No era algo visible, era más bien, una sensación. Las Almas del Infierno que aún estaban en él ya se acercaban.
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Tan solo de verlo, los demás ya se ponían nerviosos. Renji y los demás habían decidido ir al hotel en el que hacía apenas unos días, Rukia y el capitán habían estado. Estaban todos en la cafetería que había en el primer piso, alrededor de una gran mesa en la que habían unas cuantas tazas vacías. De café. Y la mayoría del pelirrojo. No paraba de cambiar de posición, mirando hacia todos lados y respondiendo de mala manera a cualquiera que le dirigiese la palabra. Estaba insoportable.
-¿Estamos... Haciendo lo correcto?- Inoue rompió el silencio que reinaba en aquella mesa. Los demás la miraron, sin comprender muy bien a lo que se refería. La muchacha miró a los demás. ¿De verdad no comprendían?- Quiero decir... Vamos a ir a ver a Kurosaki-kun después de muchos años, pero él... No sé si nos recordará. ¿De verdad estaría bien que fuésemos todos? Puede que para él, seamos perfectos desconocidos. Nadie. Quizá... Deberíamos darle más tiempo. Después de todo, Rukia está con él, y ella puede hacerle recordar.- Orihime notó con una mano se cerraba delicadamente sobre la suya, dándole un apoyo que necesitaba. Alzó la mirada, y se encontró con una sonrisa amable de Ishida. Continuó.- Si vamos ahora, sería muy violento para todos, pero en especial para él. Deberíamos esperarnos...
-Pero por mucho que nos esperemos, tendremos que intervenir en la lucha contra las Almas del Infierno.- Renji parecía que se había calmado un poco, después de las palabras de Inoue.- Pero podemos esperar hasta que todo eso empiece.
Inoue le sonrió. Sabía perfectamente que el shinigami se moría simplemente con la idea de que esos dos estuviesen juntos, pero aun así, había accedido a detener su búsqueda. Por el momento. pero eso le valía.
Con dulzura, presionó levemente la mano que todavía estaba entrelazada a la suya. Tendrían que esperar un poco más, pero todo estaba bien.
