CAPÍTULO 15: PRIMER MOVIMIENTO - II: CONSECUENCIAS

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Una hora para la batalla.

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-¡Ah! ¡Se escapa!

-¡Idiota, no lo sueltes!

-¿A quién has llamado idiota?

-¡Pues a ti, ¿o acaso crees que hablo solo de normal?!

-No lo sé, a lo mejor te gusta reflexionar sobre la razón de la existencia en voz alta...

-Maldita... ¡Rukia, el conejo!

El pobre animal, que hasta hace unos momentos estaba siendo asfixiado por los brazos de la shinigami, ahora corría todo lo rápido que sus pequeñas patas le permitían, y eso era mucho, hacia la libertad.

-¡Chappy-rin!- gritaba Rukia mientras perseguía a su conejito, que ya casi se había perdido entre la multitud de piernas, coches y demás que había por allí.- ¡Chappy-rin! - unos lagrimones salían de sus ojos violetas, ¡había perdido el conejo que Ichigo le había "regalado"!

-¡Idiota!- Ichigo apareció por una calle que había detrás de ella. -¡Ya has perdido al conejo!

Prefirió no haber dicho eso. Rukia se tiró al suelo, como si fuese una niña pequeña, y comenzó a llorar aún más fuerte mientras gritaba el nombre del conejito perdido.

-¡Rukia, tranquilízate!- se acercó a ella, posó una mano suya sobre su hombro y le hizo girarse hacia él, mientras este le enseñaba un pequeño bulto blanco que sostenía en el brazo que tenía libre.- Está aquí, así que deja de montar una escenita. - Rukia se lanzó hacia su mascota perdida, atrapando al mismo tiempo el brazo del chico. Se le había olvidado no montar una escena.

Después de una nueva pelea, en la que volvió a ganar Rukia, decidieron que ya era hora de volver a casa, se hacía tarde. Los dos sonreían, felices de la compañía del otro. El muro de hielo que aquella mañana se había interpuesto entre ellos se había roto en mil pedazos, y harían lo imposible para que no se volviese a levantar.

Caminaban juntos, lo más juntos que les era posible. El chico tenía un brazo rodeando la cintura de Rukia, y esta agarraba la chaqueta de Ichigo con una mano, mientras que con el brazo libre sostenía al conejo. Caminaron así hasta llegar al apartamento. No se soltaron ni un solo segundo.

-¡Jamás me hubiese podido imaginar así con alguien, Ichigo! - una voz por detrás de ellos les alarmó. Cuando se giraron, encontraron a un rostro bastante conocido para ambos.

-Hirako...- Ichigo lo miró, desafiante. No sabía lo podría ocurrir con él y con Rukia. Si fuese una humana normal no habría tantos problemas, aunque los prejuicios que les profesaban a ambos eran similares. Pero no pensaba dejar que eso supusiese un obstáculo entre ellos.

-¡Tranquilo, no hace falta que me mires así!- miró directamente a la shinigami, pero no con odio, sino con cierta curiosidad. Quería saber lo que había podido ver Ichigo en ella, aun siendo una shinigami.- Es más, ya hemos hablado sobre ello.

"¿Qué? ¿Habían hablado sobre ellos? ¿Los vizards? ¿Desde cuándo lo sabían? ¡¿Y sobre qué habían hablado?!"

-Y hemos decidido que si Ichigo confía en ti, nosotros podemos intentarlo, siempre y cuando...- vio la cara de sorpresa que puso la muchacha. Ya se lo esperaba. No solían tener muchos tratos con los que no fuesen de los suyos.- no nos traiciones. Y la traición significa mencionar cualquier cosa relacionada con nosotros, ya sea desde lo que comemos hasta cualquier información sobre nuestros poderes. - Pretendía intimidarla, pero Kuchiki Rukia no sería una presa fácil. Le miró directamente a los ojos desde la misma posición en que estaba, al lado de Ichigo, aceptando aquellas palabras con todo el orgullo que le era posible.

-No tengo intención de contar nada, simplemente por la razón que eso también me perjudicaría a mí - pensaba en Ichigo. Desde que estaba con él, cualquier cosa que perjudicase a alguno, era malo para los dos.- Y además, en esta batalla... Sois nuestros aliados.

-Unos aliados temporales, pero aliados a fin de cuentas.- sonrió. Aquella shinigami ni le agradaba ni le dejaba de agradar, pero tampoco le era indiferente. El tiempo ya diría. Miró al muchacho que tenía delante de él. Durante todo ese tiempo había estado tenso, protegiendo a Rukia con su abrazo, dispuesto a saltar ante la más mínima señal de peligro. Había hecho bien al querer llevar a Kuchiki con ellos. - Bien, pues si esto es todo, nos tenemos que poner en camino, hay que entrar en acción pronto.

-¡¿Qué?! ¿Ha ocurrido algo?- Rukia se maldijo por dentro. No había cogido su móvil y no tenía ni idea de la situación actual.

-No, no ha ocurrido nada. Nosotros simplemente...vamos a adelantarnos a los acontecimientos.

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No estaba lejos. Le podía ver perfectamente. Estaba a su alcance. La herida que tenía no era nada con el dolor que habían sentido sus compañeros al haber sido víctimas de ese maldito monstruo. Dio un salto que su pierna lamentó, pero no dejó que el dolor le detuviese. Estaba cerca de cumplir con su objetivo. Alzó la katana que tenía en sus manos, y con un grito que desgarró su garganta, atravesó la deforme cabeza del hollow. Veía como se retorcía de dolor mientras se desintegraba. Casi lamentaba haber hacho un gesto tan noble como enviarlo a la sociedad de almas, aunque con un poco de suerte acabaría en los últimos distritos del Rukongai.

Lo había hecho, lo había derrotado, pero ahora... No podía volver. Se rió de si mismo, de su maldito destino. Por lo menos había cumplido. Su ira había sido saciada. Ahora estaba en paz consigo mismo. No lamentaba morir tras haber logrado todo aquello.

La punta de su zampakutou tocó el suelo, pero él seguía manteniendo débilmente la empuñadura en su mano. Con paso débil, comenzó a andar sin rumbo fijo, solo adelantar, tan solo seguir. Una fina línea se marcaba en el suelo de arena producido por la hoja de la espada, el recorrido de sus últimos pasos.

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Media hora para la batalla.

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No se esperaba que aquel lugar fuese en el que estaban establecidos los vizards. Era una casa completamente normal, bastante amplia pero no muy lujosa. Demasiado normal para alguien como ellos. Hirako la hizo pasar, con Ichigo siempre a su lado, cuidándola. Cuando entró se sintió intimidada. Siete pares de ojos la miraban, sin contar con los que estaba detrás suya. No sabía qué decir. Miró a Ichigo, buscando algo de ayuda, pero parecía que él tampoco sabía cómo salir de aquella situación tan incómoda.

¿Qué decir? ¿Hola? Eso sonaría estúpido, sin sentido, aunque fuese lo correcto. ¿Y si empezaba con una broma? No, demasiado forzado. Con todo aquello, se le olvidó que tenía un animal en sus brazos. El pobrecillo, aprovechando cualquier oportunidad, saltó de su regazo atrayendo la atención de todos.

-¡Chappy-rin!- Rukia, sin siquiera pensarlo dos veces, corrió en busca de su animalito, sin siquiera darla la más mínima importancia a todos los que la miraban, ahora buscando algo de lógica al asunto. ¿No estaban todos serios y tensos hacía unos segundos?

-¡Tú! ¡¿Se puede saber qué haces con ese animal?!- Hiyori ya no soportó aquella escena y se lanzó detrás de Rukia, que aún perseguía a su huidizo conejo, gritándole para que se detuviese y le hiciese caso. Los demás miraban la escena un poco... No había palabra para definirlo. Toda aquella escena llena de tensión que hubo durante los primeros minutos de su llegada, se había esfumado. La extraña persecución seguía, pero prefirieron no intervenir.

-Bueno, ya estamos to...- Hirako se detuvo. Detrás suyo, el conejo seguía haciendo de las suyas, y había trepado hasta la cabeza de Ichigo (era un gran escalador).

-¿Pero qué...?-antes de que pudiese hacer nada, Rukia se había lanzado encima suya, intentando coger el conejo, seguida de Hiyori, con lo cual el pelirrojo quedó atrapado dejado de las dos chicas que peleaban por conseguir el conejo. Una por protegerlo, y la otra por enviarlo de una patada lo más lejos posible.

-Pobre conejo...- Love era un gran amante de los animales, y no pudo hacer otra cosa que apiadarse de él.

-Y pobre fresita - le siguió la chica de pelo verde que estaba a su lado.

-¡¡Vosotras!!- Ichigo se levantó hecho una furia, tirando a Rukia y a Hiyori al suelo.

-¡Idiota, ¿no ves que me has tirado al suelo?!- la morena no iba a dejar así el agravio.

-¿Se puede saber quién tiro primero al suelo a quién?

-¡Fue porque cogiste a Chappy-rin!

-¡No lo cogí! ¡Se me subió encima! ¡Idiota!

-¿A quién estás llamando idiota? ¡Imbécil!

-¡Vosotros dos callaos ya!- Hiyori ya se había hartado de esa pelea, así que se levantó y les dio a cada uno un buen golpe en la cabeza. -Joder, ¿seguro que era a ella a quién quería traer? -la pregunta quedó en el aire. Ahora que todo el mundo se había calmado ya, Hirako podía continuar con lo que iba a decir.

-Ya estamos todos.- se volvió a detener, mirando a todos para asegurarse de que no volvería a ser interrumpido. Se aclaró la garganta y continuó.- Aunque ahora haya una shinigami entre nosotros, seguiremos con lo que habíamos dicho. No podemos dejar que la sociedad de almas actúe en contra de las Almas del Infierno. No estoy diciendo, para nada, que les protejamos, todo lo contrario. Debemos adelantarnos a la sociedad de almas... Iremos a Hueco Mundo. No sabemos lo que tienen en contra nuestra, pero dado que también nos atacaron a Ichigo y a mi, hemos de averiguarlo. - sin despegar la vista ni un momento de ellos se acercó a una especie de vitrina en donde estaban guardadas multitud de katanas. Cogió una, la suya, y se volvió a dirigir a los demás.- Será mejor que nos preparemos pronto.

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La vista se le nublaba y apenas se mantenía en pié, pero aquella visión lo despejó por completo. Era un castillo, un castillo blanco y enorme. Aterrador. Sobrecogedor. Pero la angustia que sentía no tenía nada que ver con aquel macabro castillo, sino con lo que sentía proveniente de él. Eran varias energías, varias "personas" estaban dentro, pero aquel reiatsu no era para nada conocido, no tenía nada que ver con el de los hollows ni de los shinigamis.

Tenía que saber qué era.

Con las últimas fuerzas que le quedaban, se adentro en aquella inmensa fortaleza que se iba a convertir en su tumba.

Los pasillos eran interminables, el techo se elevaba hasta alturas ridículas, la blancura que una vez debieron lucir aquellas paredes, ahora grisáceas, había desaparecido. Tan solo se podía oír la forzosa respiración de aquel temeroso shinigami, que paso a paso se iba acercando cada vez más rápido a su propia muerte. Su reiatsu era tan débil en esos momentos a causa de su estado, que los habitantes del castillo lo pasaron desapercibido.

Después de un recorrido que le pareció eterno, llegó a una amplia sala en la que parecía haber vivido alguien hacía no mucho, aunque en esos momentos no había nadie. Pero él sabía que pronto vendría quién quiera que fuese el que habitaba allí. En silencio, se trasladó hacia un lugar un poco más escondido en el que podría descansar y a la vez saber quién era el actual dueño de ese lugar.

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-¡No sé lo que estamos haciendo aquí! ¡Tan solo estamos perdiendo el tiempo!- Tatsuki ya se había cansado de esperar. Esperar a que aquel estúpido pelirrojo decidiese entrar en escena y volver a encontrarse con ellos. ¡Aunque les hubiese olvidado, le harían recordar!

-Tranquilízate, Tatsuki, bastante nervioso estoy yo como para que encima tú estés así.

-¡Oh! ¿Es que acaso eres el único que puede estar así, Renji?

-Calmaos los dos, que tan solo nos ponéis nerviosos a los demás.- Ishida sabía perfectamente, incluso mejor que Tatsuki, que aquello realmente era una pérdida de tiempo. Pero Orihime le había pedido que guardara aquel secreto, y él jamás rompería una promesa, y menos a su novia. Por mucho que había intentado que esos dos parasen de pelear, era inútil, eran iguales a Kurosaki y Kuchiki, incluso peores. Simplemente se quedó mirando su pelea, extrañando en cierta medida a un amigo que perdió hacía tiempo. Quizá jamás hablaron como verdaderos amigos, pero sabían perfectamente que se podía confiar en el otro.

La ruidosa pelea fue interrumpida por el sonido de un móvil. Renji guardó las palabras que le iba a dedicar a la morena y atendió a la llamada. Era de su teniente, Hinamori.

-¿Qué ocurre, Hinamori? - con cada palabra que escuchaba, su sorpresa se iba haciendo mayor. ¿Era verdad lo que le estaba contando?

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Desde un primer momento, sabía que si entraba por la Garganta, no podría volver a salir, pues antes de que el portal se hubiese podido abrir, él ya habría sido presa de los hollows que habitaban Hueco Mundo. Pero aun así, sí que podía comunicarse con la Sociedad de Almas. Y aquello que tenía que decirles era fundamental para su supervivencia.

Su nublosa visión le impedía actuar con normalidad, pero con un poco de esfuerzo, consiguió hacer funcionar a su transmisor. Las palabras salían forzosamente de su boca. La respuesta llegó rápidamente. Ya estaban avisados. Podía oír como por el otro lado de la línea había mucho movimiento. Varias voces gritaban, alteradas, órdenes que debían ser inmediatamente cumplidas.

Hacía apenas unos minutos que ocho seres habían entrado a la sala. Sus palabras y futuras acciones ponían en peligro a toda la SS, por lo que el haber ido allí, quizás no había sido en vano. Ahora estaban dos pasos por delante de aquello seres salidos del mismísimo Infierno.

La señal se interrumpió. Ahora estaba solo, de nuevo. Ya había asumido la muerte, así que ahora tan solo tenía que esperar a que llegara. No tardó mucho. Antes de que se diese cuenta, vio un rostro peligrosamente cerca del suyo. Segundos después, un grito desgarrador salía por su garganta, sellando su final en aquel mundo.

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La batalla había comenzado.