CAPÍTULO 3: SOSPECHAS
Le había asignado otra misión: conseguir la sangre de algún miembro de la familia Shiba. Demasiado fácil para él. En los últimos cien años, el rango más importante que había alcanzado un Shiba era el de teniente, y estaba muerto, por ser una especie de prototipo de arrancar. Aún así, era una misión importante, una parte de algo mucho más grande. La conquista del cielo.
Ulquiorra estaba en la Garganta, la grieta que conducía a hueco mundo y, en ese caso, a la sociedad de almas. Siguió caminando, sin prisa, con la misma expresión de serenidad inalterable, hasta que una luz, al fondo del camino, indicaba que ya había llegado.
Se posó con elegancia sobre la hierba y miró a su alrededor. El único inconveniente que tenía era que la casa siempre cambiaba de forma y de lugar. La habían dicho que siempre tenía un diseño ridículo. No sería difícil encontrarla.
Ante las atemorizadas miradas de los habitantes del rukongai, se puso a andar en la dirección opuesta al seiretei, allí ya iría más tarde.
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Estaban reunidos en la salita de la casa de Ichigo, esperándole, pero él seguía sin aparecer.
-Bueno, Hitsugaya taichou, creo que podríamos empezar aunque él no esté. Más tarde ya le informaremos.
-Será lo mejor, pero...- el capitán dirigió su mirada hacia las niñas que todavía estaban en la salita con ellos, obviamente, queriendo enterarse de algo-¿vosotras no tenéis nada que hacer pe...?- iba a decir pequeñas, porque no tendrían mucho más de diez años, pero al fijarse en que era casi de la misma estatura, se tragó la última palabra.
-¡Queremos saber en que anda metido nuestro hermano!- respondieron las dos al unísono y haciendo los mismos gestos.
-¡Ahh!¡Pero que monaaaaaaaas!- dijo Matsumoto, abrazándose a las niñas.
-me... Estoy...asfixiando...
-Yuzu,... Aguanta...
-¡AAAAhhhh!¿Pero que haces pervirtiendo a mis hermanas?- en ese mismo momento, Ichigo acababa de entrar por la puerta, y se había encontrado con una escena un poco extraña.
-Ichigo, te estábamos esperando, tenemos que hacer algo con respecto a lo que nos dijo el capitán general, lo de Shirakawa.- le dijo Rukia, ignorando a las pobres víctimas que estaban sufriendo a manos de Matsumoto.
-Ah, eso...-tenía un mal presentimiento, pero... ¿Cómo podía ser cierto lo que estaba pensando? Nada, solo serían imaginaciones suyas.
-Por cierto Ichigo... ¿Dónde has estado todo este tiempo?
-Emm... -Ichigo miró a Rukia de refilón, si le mentía seguro que le descubría- he estado hablando con Tatsuki sobre... Todo.- era la palabra que mejor lo definía.- Bueno, será mejor que entremos a mi habitación, allí podremos hablar un poco más tranquilos.
Ichigo se dirigió a las escaleras, después todos le siguieron. Cuando entraron en la habitación de Ichigo, este te quedó de pie, mientras los demás iban cogiendo asiento donde podían.
-Kurosaki, hay algo que me parece extraño,- el capitán le miró directamente a los ojos- ¿acaso no te sorprende nuestra llegada?
-Bueno, a decir verdad me lo esperaba, con Urahara sin decir nada sobre ese... Shirakawa. ¿Habéis venido por él, no?
-Sí. Nos han enviado aquí con la misión de conseguir encontrar a Shirakawa Isshin.
Esas palabras llegaron a su cerebro, para él, con demasiada lentitud. Y lograr entenderlas ya era otra cosa. El nombre de su padre era Isshin. Y su apellido de soltero Shirakawa. Se lo había cambiado por Kurosaki al casarse con su madre. Intentó controlar sus pensamientos... Sólo es una coincidencia, tan solo una estúpida coincidencia. Además, Toushiro había visto a su padre en el portal de la casa, donde seguramente todavía estaría inconciente. Si lo hubiese encontrado, no estaría allí hablando con él. Entonces, ¿no era él?
-Y...- la voz de Ichigo flaqueó un poco, apenas se notaba, pero tenía que aparentar ser el mismo de siempre- ¿ya le habéis encontrado?
-Si lo hubiésemos hecho no estaríamos aquí perdiendo el tiempo. Veintitrés años, y ni una pista de su paradero-respondió cansinamente
Ichigo respiró aliviado. Después de todo, solo era una coincidencia.
-Bien, ahora viene la parte en que nos tienes que ayudar. Creemos que Shirakawa vino aquí, a Karakura, ya que tenía a dos personas que lo podrían esconder: Urahara Kisuke y Shihouin Yoruichi. Si se hizo pasar por un humano, puede que residiese aquí por un tiempo y, en ese caso, debe haber algún registro que lo pruebe. Por muy poco que sea, necesitamos hasta la más mínima pista... ¿me estás escuchando, Kurosaki?
Ichigo había cogido ya la chaqueta y de disponía a salir de la habitación.
-Tenemos que ir a averiguar eso, ¿no?- dijo el chico, sin girar la cabeza.
Después de todo, aún podía ser él, ¿o no? Ichigo estaba confundido y tenía que averiguar lo que estaba ocurriendo. Por él mismo. Si su padre resultase ser un shinigami, quería ser él quién hablase con su padre. Sobre muchas cosas. Si su padre fuese shinigami, no tendría que haber ningún registro suyo de hacía más de veintitrés años. Entonces. Sólo entonces, podría saber si era un shinigami o no.
Salieron de la casa y se dirigieron a la biblioteca del pueblo, donde estaban los archivos que necesitaban.
Ichigo... Se ha comportado de manera extraña- pensó Renji- creo que solo lo he notado yo... La mirada que ha puesto al oír el nombre de su padre... Seguro que ya lo sabe, pero entonces, ¿que está haciendo? A lo mejor quiere asegurarse y no meter la pata, aunque eso... No es propio de Ichigo. Supongo que sería extraño, enterarte de una cosa así, de esta manera. A nadie le gustaría. Y lo peor, es que nadie más lo tiene que saber, ni siquiera los capitanes. No debí haberme enterado... Aunque eso solo fue una parte., de todo lo que me dijo...
Renji miró a Ichigo, que no hablaba e iba sumido en sus pensamientos. Realmente le pasaba algo extraño.
La biblioteca aún estaba lejos, tendrían que andar bastante.
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Ya había llegado. No había duda. Era una casa de aspecto ridículo. Había una especie de entrada con forma de brazos gigantescos y dorados, exhibiendo claramente un letrero que decía : Familia Shiba
¿Acaso era una especie de provocación? Más bien un insulto, pensó Ulquiorra. Demasiado fácil.
Avanzó unos pasos y notó, no muy lejos de allí, una pequeña fuerza espiritual que se le acercaba sigilosamente. Pero no era más que escoria. Si era de la familia Shiba, le cogería su sangre; si no lo era, simplemente le mataría. Aunque si era de la familia Shiba también le iba a matar. Sin él saberlo, su destino ya se había decidido.
Ante él apareció una mujer de pelo negro. Tenía las manos en la cintura y ni un ápice de temor en sus ojos. Pero iba a morir.
-¿Así que eres un arrancar, eh?- dijo mirando la máscara de Ulquiorra.- je, que cosa más rara.
-Pareces demasiado tranquila sabiendo que te enfrentas a alguien superior a ti. - dijo con la arrogancia típica de él. - Pero bueno, ahora mismo, eso no importa. Sólo necesito saber una cosa. ¿Eres del clan Shiba?
-Si lo fuese, ¿qué harías?
-Arrebatarte tu sangre, por supuesto.
-Demasiado directo para mi gusto. Hay que saber ser educado cuando estás con "alguien superior a ti"- dijo ella, remarcando en sus últimas un claro toque de sarcasmo.
-Muy bien, pero, aún no me has respondido. ¿Eres o no del clan Shiba?- dijo sacando de la vaina su espada
-Je, puede que sí...
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Habían llegado a la biblioteca haría unos quince minutos. Cuando llegaron, preguntaron a la bibliotecaria por los archivos del pueblo, y ella les sacó varias montañas de volúmenes densísimos. Se marcho con una extraña expresión seguramente, sería la primera vez que alguien se los pedía.
Por el camino habían recogido a Tatsuki, Ishida, Chad, Keigo y Mizuiro, para que así la tarea se les hiciese menos pesada y acabar con ello lo antes posible.
Ichigo ya tenía una idea de lo que quería mirar. Los archivos de unos veintitrés años atrás. Por eso, fue el primero en acercarse a los archivos y buscar los de esa fecha. Pero alguien se fijó en ese pequeño detalle...
-¡Ichigo! ¡¿Cómo es posible que seas el primero en acercarte a esa montaña de libros?!- Keigo gritó de tal manera que todos los presentes en la biblioteca se giraron para mirarles.
Ichigo le lanzó un mirada mortífera, auque no tanto como el puñetazo que le propino a continuación.
-Lo que estamos haciendo ahora es importante- su voz no sonaba nada convincente- ¡Y no podemos tomárnoslo a la lidera! ¡Y punto en boca!
-Por-por supuesto, Ichigo, solo quería ...- una nueva mirada de Ichigo bastó para callar al asustado chico- ¡Nada!¡No quería nada!
Después de esto, cada uno cogió un volumen y se pusieron a examinarlos por separado. Ichigo pronto encontró lo que buscaba. Los ficheros de hacía entre veinte y veinticinco años. Buscaba y buscaba, pero no veía más que nombres sin rostro. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Aquella tarde, habían sucedido cosas muy extrañas. Y el sueño... Era un recuerdo perdido. Él sabía que lo había vivido, pero hasta hace unas horas, era como si hubiese desaparecido de su memoria. Y ese niño... La piel blanca, los ojos negros... Y su mismo rostro. No había duda. Aquel niño de sus sueños era el hollow que habitaba en su interior.
Pero había algo que no encajaba. ¿Cómo era posible que de niño ya le hubiese visto? El hollow sólo existía desde... ¿Desde cuando exactamente?
La primera vez que lo había visto, fue en el enfrentamiento con Zaraki. ¿Fue allí?
No.
Tenía que buscar el primer momento en el que lo había sentido.
El entrenamiento con Urahara. Allí lo notó, lo sintió dentro de él. Estuvo a punto de convertirse en un monstruo... Pero, ¿de verdad fue ese el primer momento en el que lo había sentido?
No.
La lucha contra Renji en el mundo humano. Se sintió más fuerte, más poderoso, no le importaba si le herían, o incluso si le mataban, simplemente estaba... Sediento de sangre...sangre de shinigami. Entonces, estaba actuando como un hollow. Sí, ese fue el primer momento en el que luchó con la esencia de hollow en su interior, pero lo malo era que no sabía cuando se había introducido en su interior.
Y ese recuerdo, era real, lo sabía. Lo único que no sabía era como habían acabado unidos, ni como era que ambos tenían el mismo rostro. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Mientras pensaba en lo que le estaba ocurriendo, llegó al apellido de su familia.
Veintitrés años antes, surgido de la nada, apareció un tipo llamado Shirakawa Isshin, que nada más llegar al pueblo se casó con Kurosaki Masaki y se cambió su apellido por el de ella.
Las fechas coincidían. Sin duda alguna, su padre era el shinigami que estaban buscando. Su puño se cerró fuertemente sobre la hoja de papel en que estaba escrito aquel registro y una ira ciega le invadió el corazón.
La había dejado morir. Era un shinigami, uno de los capitanes más poderosos que se recuerdan de la sociedad de almas, pero había dejado que un hollow asqueroso devorase su alma, perteneciente a una de las cuatro familias nobles de su mundo, y no había movido ni un dedo para salvar a la mujer a la que amaba. Era un cobarde. Y le odiaba. Con toda su alma.
Dejó el libro encima de la mesa y se fue silenciosamente de la biblioteca. Extrañamente, nadie notó su ausencia.
Sacó de su bolsillo el emblema que le había dado el capitán Ukitake. Quería verlo con sus propios ojos.
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Alzó la espada en dirección a la mujer de pelo negro. No importaba su nombre. Rápido como un rayo, su colocó detrás de ella, descargando su zampakutou sin piedad sobre su cuerpo. Pero la mujer interpuso su propia espada entre ella y su enemigo. Pero la embestida fue brutal para ella, e hincó una rodilla en el suelo. Pero aún sostenía la espada entre ellos dos.
Sabiendo que el arrancar la superaba en fuerza, intentó ganarle en otra cosa. El Kidoh.
-Huesos de bestia esparcidos. Aguja, joya roja y rueda de acero. Las alas se mueven, el cielo se para. El sonido de las lanzas recorre el viejo castillo. ¡Hadouh 63, Raikouhou!
Esto pilló al arrancar un poco desprevenido, puesto que apenas había oído las palabras de su oponente. Se retiró rápidamente. El hechizo ni le dio. Pero tenía mucha potencia. Jamás lo reconocería.
Con un grito de guerra, la mujer dio un salto hasta llegar hasta el arrancar, con intención de hundir su espada en su cuerpo, pero tan solo atravesó el aire. Ya no estaba allí.
-Esto ya se me hace aburrido. Creo que voy a acabar ya con mi misión. - la voz sonó justo detrás de ella. Con un rápido movimiento, Ulquiorra la atravesó de parte a parte. La sangre manaba a borbotones. Guardó la espada en su funda y , de su túnica, sacó un pequeño frasco de cristal.
El cuerpo de Shiba Kuukaku estaba tendido sobre el suelo, gravemente herido. Dolía. Y dolía mucho, pero jamás se lo haría saber. Ella no se escondería. Si alguien la buscaba, ella daría la cara. Tampoco estaba dispuesta a que nadie de su familia fuese allí por ella. Su hermano aún tenía que hacerse mucho más fuerte. Mucho más. Miró a aquel hollow con aspecto casi humano con odio. Este ni se inmutó. Simplemente extendió la mano hacia en cuerpo de ella, poniendo la palma bocabajo. Una tenue luz iluminó su mano, y una de las gotas de sangre comenzó a flotar hasta llegar al recipiente que Ulquiorra había acercado. La gota se cristalizó y se quedó inmóvil dentro del frasco.
Dio media vuelta. Ya había cumplido. Aquella batalla no le había satisfecho en absoluto. Había sido fácil. Mortalmente fácil y aburrida. Moriría en unos pocos minutos. Ya no valía la pena siquiera absorber su destrozada alma.
Kuukaku ni se podía ya mover. Estaba empezando a perder la conciencia. Veía a aquel demonio alejarse con una pequeña parte de su ser. Una parte muy peligrosa. Sus ojos se cerraron y dejaron paso a un sueño, para ella y para siempre, eterno.
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En la biblioteca, los progresos habían sido nulos, y estaban muy aburridos. Rukia llamó a Ichigo para preguntarle si había encontrado algo, pero el muchacho no estaba. ¿Cómo se había podido ir sin que los demás lo notasen? Ichigo apenas podía controlar su presión espiritual, lo habría notado. Los pensamientos de Rukia volaban por su cabeza. Lentamente, se fue acercando al lugar donde el chico había estado sentado. El registro que estaba observando aún seguía abierto. Una de las hojas estaba arrugada. La desdobló y el primer nombre que encontró era el de Shirakawa Isshin. Se cambió de apellido al casarse por el de... Kurosaki.
Un solo pensamiento le venía a Rukia a la cabeza: No podía ser real
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Ichigo estaba llegando a su casa. A esas horas, su padre tendría que estar en la consulta. Quería pasar desapercibido y así pillarle por sorpresa, y con su recién descubierta habilidad para ocultar su energía espiritual, podía conseguirlo.
Entró en la consulta silenciosamente. Su padre estaba allí. Ni siquiera le había oído.
Con un rápido movimiento, saltó hacia él con el emblema señalándole y preparado para actuar. En el último momento, Isshin se dio cuenta de que su hijo se abalanzaba hacia, y que no podría esquivarlo... Lo había descubierto.
Wueno, aqui el capi 3. Por ahora solo me ha respondido una persona... TT pero bueno, espero que pronto hayan más.
Gracias a Gabe Logan por postearme, qye siempre hace ilu
