CAPÍTULO 4: CUÉNTALES LA VERDAD A TUS NIÑOS (I)
Shiba Ganju estaba arrodillado frente al cuerpo inerte de su hermana. Unas gruesas lágrimas surcaban sus mejillas mientras maldecía a todo ser viviente.
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Rukia había arrancado la página arrugada y se dirigía hacia la casa de Ichigo. Ella sola. Tenía que hablar con él.
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Ichigo puso con fuerza el emblema sobre el cuerpo de su padre y vio, sin querer dar crédito a sus ojos, que de este salía un cuerpo de shinigami. El cuerpo de shinigami de Shirakawa Isshin.
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Ulquiorra volvía a cruzar la garganta, pero esta vez en dirección a hueco mundo. Sin ningún gesto de triunfo, este le entregó el frasco con la sangre de Shiba en su interior a Aizen. Este lo observó con detenimiento. Estaba completamente seguro de que Ulquiorra jamás le fallaría, por eso, aunque no era la espada más poderosa, ponía toda su confianza en él.
Miró con interés aquella pequeña botellita que contenía una pieza más que le llevaría hacia la conquista de su meta: el cielo. Pronto sería suyo...
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Ganju estaba en la enfermería del seireitei. La capitana del cuarto escuadrón en persona estaba tratando de curar a su hermana, pero cuando llegaron ella había perdido demasiada sangre. La herida era realmente grave. No sabían si sobreviviría a aquella noche.
-Shiba Ganju, tu hermana ha recuperado la conciencia, pero aun así su estado es muy grave, pero... Ha insistido en verte- la capitana había salido con su teniente detrás de ella. Ambas estaban haciendo lo imposible por salvar una vida.
Ganju entró temeroso a la habitación en la que se encontraba su hermana, con mucho cuidado, como si solo con su presencia pudiera contaminar aquella sala y poner en peligro la vida de su hermana.
-Hermana...
-Ganju, he subestimado a ese maldito hollow- su voz sonaba muy cansada, como si le costase un esfuerzo tremendo decir dos palabras seguidas.- pero tú no lo hagas. No tienes que ir detrás de él. Primero tienes que hacerte más fuerte. La venganza no es un buen camino... ¡Je! Parece mentira, yo hablando de buenos caminos...
-Hermana, ahora no tengo tiempo de luchar contra nadie, ¡jamás podría dejar a alguien de mi familia solo cuando esté mal!¿Quién te has creído que soy?
-Ganju, sabes perfectamente porqué lo digo... Ganju... Esto, es un adiós...- no volvió a decir ninguna palabra, aunque su respiración aún era constante, era demasiado débil. No había abierto los ojos ni un solo momento. Seguramente para no derramar sus primeras lágrimas.
-Shiba, será mejor que nos dejes esto a nosotras- dijo la capitana Unohana, posando delicadamente una mano sobre su hombro.
Él apenas era consciente de que lo llevaban a otra sala, una para los amigos de los pacientes, pero estaba vacía.
Se había despedido de él. Sin más. Esa idiota le había dicho adiós, como si, nunca más...
Se sentó en una de las sillas que había allí y enterró su rostro entre sus manos. Era un cobarde que no había podido ayudarla en lo más mínimo.
Horas más tarde, vería como la capitana del cuarto escuadrón se acercaba a él portando la pipa de su hermana, algo que siempre llevaba con ella, entre una fina tela blanca. Una costumbre de nobles.
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Ichigo miraba con incredulidad a su padre, ahora convertido en shinigami. Mostraba una expresión muy seria y, por lo tanto, muy rara en él.
Estaba furioso, con su padre, con aquellos monstruos con calavera y con el mundo en general.
-¿Qué significa esto, "gran shinigami"?- dijo Ichigo, poniendo todo su odio y su ira contenida en aquellas pocas palabras.
Su padre se levantó tranquilamente y miró a su hijo a los ojos, pero no pudo soportarlo. Se sentía culpable de la mentira que había creado y que era el mundo de sus hijos.
-No pensé que esto ocurriría así, pero supongo...- padre e hijo se miraron a los ojos mutuamente, uno buscando la verdad, el otro una pizca de comprensión- que quieres saberlo todo, ¿no?
-Simplemente quiero saber por qué nos mentiste, pero si eso implica saberlo todo, sí, quiero que me lo cuentes.
-Será un poco largo de contar. Bien, empezaremos por lo básico...
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Era el capitán del décimo escuadrón, además de ser el líder de la familia Shirakawa. Cuando, hace más de doscientos años, estaban en la sociedad de almas Urahara y Yoruichi, nosotros tres estábamos investigando a unos extraños hollows que estaban apareciendo recientemente. Se caracterizaban por una fuerza espiritual desmesurada y... Parecían tener la máscara partida, puesto que en algunos casos, se les podía ver una pequeña parte del rostro.
No teníamos una confirmación oficial de estos hechos, puesto que los únicos testigos estaban gravemente heridos y no decían nada en claro. No llegó a sobrevivir ninguno. Pero esto era suficiente como para ponernos sobre aviso.
Pero el capitán general no creía que lo que dijeron esos shinigamis era cierto, así que prohibió continuar con la investigación, por lo que no tuvimos más remedio de obedecerle, pero todo esto solo fue en apariencia.
Nosotros planeábamos ir al mundo humano a investigar con detenimiento estos sucesos, pero para que no nos descubriesen tendríamos que tener alguna especie de gigai que inhiba el poder espiritual.
Urahara trabajó en ello durante poco más de un año, y al fin consiguió lo que queríamos. Pero le descubrieron.
Fue Aizen quién le descubrió. Inmediatamente fue expulsado de la sociedad de almas, sin posibilidad de llevarse consigo ninguna de sus investigaciones. Ni el gigai especial, ni el hogyoku. Pero Yoruichi se dio cuenta del peligro que todo eso suponía para nosotros, y se apodero de ambas cosas, además de limpiar completamente tanto su vida en la sociedad de almas con la de Urahara.
Pero yo me quedé, todavía tenía muchas cosas que hacer allí. Una de ellas era averiguar como se había enterado Aizen de las investigaciones que había llevado a cabo el ex - capitán del escuadrón número doce.
Lo que descubrí me sorprendió sobremanera. Aizen estaba llevando a cabo una investigación similar a la nuestra, no con tanto éxito, he de decir.
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-¡Ichigo!- en ese momento fueron interrumpidos por Rukia, que venía corriendo desde la biblioteca hasta la casa del chico. Cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, se arrepintió de haber ido. Le sorprendió mucho ver al padre de Ichigo vestido de shinigami. Miró a Ichigo y vio que tenía el rostro contraído, seguramente de la rabia que no llegaba a mostrar. Se estaría reservando.-Yo... Creo que será mejor que me vaya.
-No hace falta. - Ichigo la estaba mirando casi como a modo de súplica. Si estaba solo con su padre no lograría contenerse- Puedes quedarte.- el chico miró a su padre, con aquellas ropas, hasta llevaba una zampakutou. No sabía por qué, pero ese hecho le llamaba la atención.- ¿Por qué lo has ocultado todo?
-Aún no he acabado, pero... Simplemente por qué no quería meterte en todo esto, aunque luego, como puedes ver, todo se complicó. Tu naciste humano. Y hasta que murieras no debías entrometerte en asuntos de shinigamis. Pero no contaba con que tu poder espiritual fuese tan alto.
Se quedaron un momento en silencio, en el que Rukia buscó un asiento para poder sentarse. Aquella iba a durar mucho.
Como si por aquello Isshin se diese cuenta de la existencia de la chica, procedió a relatarle lo que le había contado a su hijo.
Como no, Urahara también sabía lo de mi padre. Me pregunto quién más lo sabrá Pensaba Ichigo, durante el silencio que había reinado durante unos tensos segundos.
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Aizen, en realidad lo que buscaba era el hogyoku, pero encontró el nuevo gigai una mejor excusa para desterrar a Urahara, puesto que si descubrían aquel poder que había creado, posiblemente lo destruirían lo antes posible, y eso no le interesaba en absoluto.
Una vez desterrado, apenas pudo seguir buscando algo de información sobre él. Yoruichi hizo un buen trabajo.
Pasó un tiempo, y los arrancars, como los habíamos denominado por ese entonces, ya no aparecían. Algo o alguien había influido en eso, pero como no podía mantener el contacto con Urahara no pude saberlo con certeza.
Después de mucho tiempo, exactamente hace veintitrés años, me enviaron a una misión al mundo humano. Había aparecido un hollow con una fuerza espiritual inmensa, y tuvieron que enviar a un shinigami con rango de capitán para poder solucionarlo. El lugar donde había aparecido era Karakura.
Pero el hollow resultó ser un arrancar, aunque no estaba tan completo como los que ves ahora, ni mucho menos, pero aún así era poderoso. Y muy rápido. Nada más encontrarme con él, intenté derribarlo, pero se me escapó. De lo que no me di cuenta entonces era de que alguien me estaba observando.
Era una mujer humana, de unos veinticinco años. Y podía vernos. Tanto al hollow como a mi.
Yo estaba aún muy sorprendido, pero ella se acercó sin ningún temor a mí.
-¿Estás bien?- fue lo único que me preguntó, y cuando le respondí que sí, simplemente se fue con una sonrisa.
Estaba sorprendido, y quería volver a verla. Era hermosa.
Por suerte para mi, tenía ordenes de no volver a la sociedad de lamas hasta no derrotar al hollow, todavía tenía una oportunidad para saber su nombre.
Busqué un lugar para pasar la noche en alguna casa vacía, pero lo que encontré me convino más.
En una de las calles secundarias, entre dos grandes edificios que hacían más difícil fijarse en él, había un pequeño almacén con un letrero que decía "Almacén Urahara".
No esperaba encontrarme con él en ese lugar, pero pensándolo bien, era bastante obvio que el ex -capitán estuviese en ese lugar.
Me acerqué silenciosamente hasta el edificio, pero los habitantes de este ya habían notado mi presencia, y un hombre, de unos tres metros de altura con unas trencitas y un bigote enorme me abrió la puerta.
Era Tessai, el teniente de Urahara, que también se fue con su capitán hacía tiempo.
-Entre, Shirakawa-dono, le estábamos esperando.- le dijo, mientras hacía una pequeña reverencia.
Cuando estaba a mitad de pasillo, me encontré con una mujer de piel morena y cabello largo.
-¡Mira a quién tenemos aquí, pero si es el gran Shirakawa!-dijo con un tono divertido.
-Que bien que hayas venido, ahora podremos hablar de ciertas cosas, que desde hace tiempo quería decirte, Shirakawa-san- la voz de Urahara apareció de una de las habitaciones que estaban en el pasillo.
-Sí, tenemos mucho de qué hablar.- les dijo yo. Esa noche estuvimos hablando de los hollows can la máscara partida, los arrancars, y me enteré de que en esa zona habían ido apareciendo con frecuencia, por lo que se habían mudado allí para estar más cerca del foco del peligro.
A la mañana siguiente, me desperté temprano y me puse el gigai que Urahara me había dado. Salí en busca de esa mujer con cara de ángel que me había visto luchar. Fue más difícil de lo que me esperaba, en esa ciudad había mucha gente.
Fue ella la que me encontró a mi. Estaba sentado en un banco del parque que había en el centro del pueblo, y ella se le acercó por detrás y le tocó en el hombro. Tenía una sonrisa radiante y picarona. Seguramente sabía por qué estaba allí.
Se sentó a mi lado, y se quedó extrañada, porque había notado que las otras personas podían verme.
Aunque sabía que iba en contra de las reglas (nunca he sido muy partidario de ellas), le conté todo, absolutamente todo lo relacionado con la sociedad de almas.
Pero ella no se sorprendió de nada. Parecía como si ya lo supiese todo.
En ese momento, noté una presencia a nuestras espaldas.
Masaka se giró y miró sorprendida al hombre que acababa de llegar.
-¡Riuken-kun!- (n/a si no recuerdo mal, así es como se escribía el nombre del padre de Ishida)
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¿nadie postea? TTTT bueno, yo lo seguiré poniendo igual, auqnue si lo leeis postead, que no cuesta nada
