CAPÍTULO 5: INTERRUPCIÓN
-¿Eh? ¿Pero dónde se han metido?
Renji había buscado por toda la biblioteca buscando a Rukia y a Ichigo, pero no les había encontrado. Entendía que a lo mejor se le pasase lo de Rukia, pero Ichigo... Lo difícil era no notar su fuerza espiritual. Y ahora ninguno de los dos estaban allí.
-¿Qué ocurre mmm...pelirrojo?- Tatsuki no acababa de acordarse de su nombre.
-¡Tengo un nombre!- aunque lo cierto era que el tampoco se acordaba del nombre de la chica.
-Muy bien, ¿pero qué pasa?
-Ichigo y Rukia han desaparecido.
Los demás le habían oído. Y todos coincidieron en que era muy extraño no haber notado la desaparición del chico.
-Quizá tenía algo urgente que hacer- dijo tímidamente Tatsuki. Ella le había visto. Había visto cuando el chico, furioso, había arrugado una de las hojas y se había marchado sin decir nada. Le conocía muy bien, y sabía que eso, significaba algo parecido a "no me molestes". sabía que era mejor dejar que lo solucionase él solo, pero la otra chica, Rukia, se había ido detrás del muchacho.
-¡Esto es muy urgente! Aunque no encontremos nada, tenemos que seguir buscando...
-Perdonen...- la bibliotecaria se había acercado a ellos- pero tengo que decirles que ya es hora de cerrar.
Espero a que alguno le diese algún tipo de contestación, y al no recibir ninguna, se marchó a su puesto. Ya se irían. Sujetos como ellos los había siempre.
-No hemos encontrado nada, será mejor que volvamos mañana- el capitán del décimo escuadrón cerró el libro que sostenía entre sus manos y se dirigió a la salida. Los demás también le siguieron.
Renji se quedó un poco rezagado y observó a Tatsuki. Sin duda ella sabía algo.
Unos metros más adelante, el capitán Hitsugaya había recibido un mensaje de la sociedad de almas.
Shiba Kuukaku había muerto. El enemigo tenía una pieza más.
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El teléfono de Rukia pitó. Tenía un mensaje de la sociedad de almas. Maldita sea murmuró para sus adentros. en un momento como este .
Leyó sorprendida el mensaje que salía en la pantalla de su móvil.
Los dos hombres la miraron.
-Joder, ¿qué es lo que ocurre ahora?- preguntó cabreado Ichigo.
-Han matado... ¡A Shiba Kuukaku!- dijo Rukia visiblemente alterada.
-Creo... Que debemos dejar esto para más tarde- Dijo Isshin, y mirando la expresión de su hijo añadió.- no pienso huir, Ichigo. Tendrás que volver pronto.
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Ichigo y Rukia corrían en dirección al almacén de Urahara todo lo rápido que podían. No se habían dicho ni una palabra, aunque tenían mucho que decirse. Ambos miraban al frente, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
Cuando llegaron, ya todos estaban allí, esperándolos.
-¿Se puede saber de dónde salís vosotros dos?- dijo un enojado Renji, observando a los recién llegados.
-¿Es verdad eso, lo de Kuukaku?- preguntó Ichigo, pasando olímpicamente por alto la pregunta del shinigami.
-¡¿Estás sordo o qué?!
-Me temo que es verdad. La capitana Unohana ha intentado salvarla, pero ha sido imposible.- Urahara había aparecido de una habitación hacía apenas unos segundos cerrada.
- Ha sido... ¿un arrancar?- preguntó el capitán Hitsugaya.- o quizás...
-No. Está confirmado que ha sido un arrancar, lo dijo ella misma.
-Y ahora, ¿qué hacemos?- Rukia estaba visiblemente afectada. Shiba Kuukaku era... Alguien a quien le debía mucho, aunque ya hubiese pagado su deuda.
-No debemos alterarnos. El enemigo aún no tiene todas las piezas. Aun tenemos una oportunidad.
-¡Sería mucho más fácil, si tú nos dijeses donde demonios está ese tal Shirakawa!- Ikkaku había levantado la cabeza y le había dicho al tendero algo que ya tenía muchas ganas de decir.
-¡Oh! ¿Pero acaso estáis aquí por eso?
-¡Por supuesto!¿acaso crees que vendríamos aquí a perder el tiempo?
A Ichigo la sangre se le heló y por un segundo, parecía que no iba a volver a circular por su cuerpo. Shirakawa. Él era un miembro de la familia Shirakawa. Tanto él como sus hermanas eran parte de algo mucho más grande de lo que se pudieran imaginar. Y estaban en peligro.
Rukia lo sabía. Ella se había enterado casi al mismo tiempo que él de eso. Pero no decía nada. El chico la miró y vio que le estaba mirando de reojo mientras los dos hombres seguían discutiendo. Se miraron mutuamente e Ichigo comprendió. La chica no iba a decir nada, le dejaría que fuese él quien lo dijese, en el caso de que quisiese.
-Por ahora lo único que podemos hacer es seguir buscando- Hitsugaya miró a su anfitrión con recelo- ya que no creo que nos vayan a ayudar. ¡Continuaremos mañana!
Cada uno se fue yendo hacía su casa y, en el caso de los shinigamis, a las casas donde iban a pasar la noche.
Cuando Ichigo y Rukia salieron, era ya noche cerrada. Había sido un día muy largo, y el chico no tenía ganas de saber en ese momento nada más. Simplemente quería descansar, tumbarse en su cama y olvidarse de que el mundo existía.
Cuando llegó a casa, vio a su padre esperándole, pero sin dar explicaciones subió a su cuarto y se tendió en su cama. Fue uno de esos extraños días en los que el sueño vino a recogerlo pronto. Seguramente estaría de paso.
Rukia entró en silencio en el cuarto de las hermanas de Ichigo y poniéndose un pijama que había cogido de su casa, se tumbó en la cama. No quería reconocerlo, pero... Había echado de menos el mundo humano.
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Había cogido la mochila e iba de camino al colegio. Habían pasado pocos días desde que el incendio se había llevado a aquella mujer, pero su espíritu aun estaba cerca, quizá con la esperanza de volver a ver a su hijo.
Ichigo evitaba pasar siempre que podía por allí. No le gustaba para nada ser el único que veía y oía los sollozos de aquella mujer, y mucho menos le gustaba cuando algo o alguien traspasaba su cuerpo.
Aunque había notado algo extraño en aquella mujer, algo que no vio el primer día, el día en que también conoció a ese niño tan extraño. Era una cadena. Una cadena que salía del pecho de la mujer y, que de algún modo, la mantenía unida a aquel lugar.
Y no era lo único extraño que veía. En esos pocos días, había visto a montones de personas que tenían aquella extraña cadena. Había visto a montones de personas que nadie más podía ver.
Miedo. Era el sentimiento que mejor definía su estado de ánimo en aquellos momentos.
Iba de la mano de su madre, de nuevo, y cuando le dejó en la puerta del colegio, el niño sintió que había perdido un valioso refugio que le protegería de todo mal. Ya solo, entró en el colegio y se fue derecho a su clase.
Ichigo tenía pocos amigos. La mayoría pensaba que era un niño muy extraño, que siempre hablaba solo. Pero el chico decía siempre que eso era mentira. Y la verdad era que ninguno de los dos decían mentiras.
Ichigo hablaba con los espíritus, pero los demás niños no los podían ver.
A la hora del patio, iba a ir con unos amigos suyos que estaban en los bancos cuando lo vio.
Subido a las ramas de un árbol, estaba el niño que vestía de blanco, y que tenía su mismo rostro.
-¡Ichigo!- le dijo este, con una sonrisa que al niño le dio más miedo que tranquilidad.
-¿Quién eres?
-Tu amigo.
-Yo no te he dicho que fueras mi amigo. Y te he preguntado que cómo te llamas.
El niño de blanco bajó la mirada, como si lo que le había dicho Ichigo le hubiese herido.
-Yo no tengo nombre...
-¿Cómo?
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Ichigo se despertó repentinamente. Otro sueño. ¿Qué estaba ocurriendo?
Eso no era un simple sueño como el de todo el mundo. Era un recuerdo. Un recuerdo perdido pero, ¿qué le quería decir? No lo entendía. No entendía porqué, en un principio, lo había olvidado, ni porqué, ahora, empezaba recordarlo todo de repente.
Además, había otra cosa que no le cuadraba. Él, hasta hacía poco podía ver a los espíritus con tanta claridad, en realidad, poco antes de la aparición de Rukia. Y entonces, ¿por qué entonces tenía ese contacto tan fuerte con las almas?
Y también estaba la actitud del niño... De su hollow interior. No se parecía en nada al actual. Parecían iguales, pero completamente diferentes a la vez.
¿Qué estaba pasando?
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Caminó a lo largo del pasillo, que era de un blanco perlino sin apenas decoración. Era un chico de en apariencia de unos veinte años, pero en realidad podría tener unos varios cientos de años. Tenía el cabello corto y un par de mechones rebeldes le caían por el rostro. A su paso, los dos guardias que protegían el acceso al salón donde se hallaba su padre se arrodillaron tocando con la cabeza el suelo. Los ignoró. Ya estaba harto de todas esas ceremonias.
Abrió con fuerza las puertas dobles y ante él apareció una amplia sala del mismo estilo del anterior.
Cuando llego enfrente de él, se arrodilló, tal y como habían echo los guardias que custodiaban las puertas.
-Padre...
-Takeo, ya llevas varios días preocupado, pero no tienes por qué. La sociedad de almas sabe hacer su trabajo como se debe.
-Pero aun así... El enemigo es muy poderoso, deberíamos ofrecerles nuestra ayuda.
-¡Takeo!- gritó furioso a su hijo- sabes perfectamente que nosotros no somos los que luchamos. ¡Los shinigamis luchan en nuestro nombre!
-¡Pero si ellos caen, nosotros caeremos con ellos!-se arrepintió en seguida de haber levantado la voz.
-Ya sabes mi respuesta, como sabías que era imposible hacerme cambiar de opinión. Ahora márchate.
Le obedeció. Inmediatamente, salió de la sala y de la vista de su padre.
Se fue hacia su habitación. Tenía muchas cosas que hacer.
Dobló una esquina y se encontró con una muchacha de su misma edad, de cabello largo, ojos azules y rasgos delicados.
-No ha habido suerte, ¿verdad?-su voz era muy suave, pero con una fuerza y voluntad inigualables.
-No.
-Y te vas a ir.
-Ya lo sabes. No pienso quedarme parado en una situación así. Tendrás que cubrirme. Estaré ausente varias semanas. Y controla a Shizuka y a Daiichi, no se vayan a ir de la lengua.
-Por supuesto- dijo mientras veía como el chico cogía las cosas y salía de la habitación.- buena suerte hermano...
Se miraron a los ojos, mientras el cuerpo de Takeo iba desapareciendo poco a poco, hasta no quedar nada ya de él.
-Adiós...
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aqui otro, y me haría mucha ilusión que alguien me posteara TT
