CAPÍTULO 6: CUENTÁLES LA VERDAD A TUS NIÑOS (II)

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Rukia se despertó. Había sentido una explosión de la energía espiritual de Ichigo, hacía apenas unos segundos. Se levantó y vio como ambas hermanas también estaban levantadas, mirándola preocupada.

Rukia salió inmediatamente de la habitación y entró en el cuarto del chico. Lo vio incorporado en la cama, respirando con dificultad. Por su frente corrían pequeñas gotas de sudor.

-¡Ichigo!¿Qué demonios te ha pasado?

-Nada.- La chica le miró con severidad. No se iría sin una buena explicación. - no ha sido más que... Un sueño.

La shinigami lo miró con incredulidad. ¿Un sueño? ¿Un sueño había causado aquella inmensa explosión de la fuerza espiritual de Ichigo? No se lo iba a creer.

-¿Me tomas por idiota?- le dijo casi chillando.-Ichigo, me est...

-Rukia, te digo que no ocurre nada. Tan solo... He tenido un mal recuerdo.

Diciéndolo bien, puede que Rukia pensase en otra cosa, en otro recuerdo. Y surtió efecto. Su rostro se suavizó un poco y desvió la mirada.

Durante unos angustiosos segundos, un silencio sepulcral se cernió sobre ellos. Uno miraba por la ventana. El sol ya estaba saliendo. La otra miraba al suelo, a sus pies descalzos sobre él.

Oyeron unos pasos y Yuzu y Karin aparecieron por la puerta. Miraron a su hermano preocupadas, y luego a la que se había convertido en su hermana postiza.

-O...Oni-chan- dijo tímidamente Yuzu.- ¿Qué te ha ocurrido?

El muchacho se quedó mirando a su hermana pequeña por unos momentos. ¿Ella también lo había notado? Seguramente se habría pasado. Pero no lo había hecho a propósito. Había sido algo imprevisto. Simplemente despertó, y la energía comenzó a manar de él. No sabía por qué había pasado.

-No os preocupéis, de verdad, no ha sido nada...

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Yoruichi caminaba por un largo pasillo que parecía no tener fin. Ya ni se acordaba de la última vez que estuvo allí. Entonces tenía un alto puesto en la sociedad de almas, y además era la heredera de la familia Shihouin.

Ahora era su hermano quién tenía aquella responsabilidad. Se rió para sus adentros. Aquel niño que ella recordaba odiaba las responsabilidades. Y ella le había dejado una bien grande.

Entró silenciosamente en la sala en la que estaba su hermano, y colocándose detrás de él, le cogió por el cuello asfixiándolo.

-Aaahh..mmfffgr...AAAA!!!

-¡Has bajado la guardia!¿Y si soy una pervertida que quiere violarte?

El chico se dio la vuelta, y vio a una mujer morena de ojos amarillos sonriéndole.

-¡Pervertida ya eres! Lo que no tengo claro es que me quieras violar...

-Jojojo, ¿cómo se te ocurre decirle eso a tu querida hermana?

Ambos se miraron. Ambos habían cambiado.

El niño al que ella recordaba ahora era ya todo un hombre, había crecido. Pero sus ojos seguían siendo iguales a los de ella, con aquel tono amarillento que los caracterizaba.

-¿Se puede saber qué haces aquí? Jamás hubiese pensado que por qué el viejo te lo dijera tú le obedecieses.

La mirada de Yoruichi se oscureció, mirando con mayor intensidad a su hermano.

-¿Lo sabes, verdad? Los arrancars vendrán a por nosotros, a por ti. Y son mucho más poderosos de lo que nos temíamos.

-Jamás pensé que algo llegara preocuparte de verdad... ¿Qué sabes de ellos?-la mirada de su hermano revelaba algo que vio en ella misma. Después de todo, eran de la misma familia.

Se sentó junto a su hermano. Sería mejor que estuviese preparado.

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Yuzu y Karin se habían ido hacía apenas unos minutos al colegio. Ichigo y Rukia también se estaban preparando para ir. Cada uno pensando en sus cosas.

-Rukia... Quiero saber... el final de la historia.

La chica sabía a lo que se refería. Ella también sentía curiosidad por saberla, pero jamás se le ocurriría decirlo abiertamente.

-No te preocupes, en la escuela no dirán nada, después de todo ya has faltado mucho más tiempo, y respecto a el capitán Hitsugaya... No te preocupes, ya me inventaré algo.

Aunque esa respuesta tendría que reconfortarle, no lo conseguía.

Se sentía solo. Acababa de descubrir que su padre era shinigami, y encima no uno cualquiera, sino un ex capitán de escuadrón y antiguo líder de una casa noble. Y aquellos sueños... Todavía no sabía qué significaban. No podía con todo él solo.

-Rukia, quédate.

La chica se sorprendió. Pero ella sabía que en momentos difíciles, un amigo siempre venía bien.

-Por supuesto.-le dijo con esa media sonrisa suya que la caracterizaba.

Ambos bajaron por las escaleras hasta el cuarto de estar buscando a Isshin, pero no se encontraba allí.

A los pocos segundos oyeron unos pasos acercarse lentamente.

-¿Qué es lo que quieres, Ichigo?

-Más respuestas...

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-¡Ryuken-kun!- Masaki miró sorprendida al hombre que acababa de llegar.

Parecía más o menos de la misma edad que ella, y me miraba con una extraña expresión que rayaba el odio. Lo que dijo a continuación fue lo que más me sorprendió.

-¿Un shinigami?- me miró de nuevo, viendo mi expresión de asombro que sin duda tenía.- ¿Qué hace aquí y en ese cuerpo falso un shinigami?

Aquello era demasiado extraño. Había dos personas, tan solo en el pueblo de Karakura, que podían ver a los shinigamis. Es más, percibí de él una poderosa energía espiritual. Una tipo de energía que hacía mucho tiempo que no sentía.

-Vamos, Ryuken-kun, no te pongas así.- Masaki le dijo eso sonriendo. Aunque era una sonrisa extraña, diferente a la de antes, pero verdadera.

-¡¿Y se puede saber que haces con él?!- esta vez el tono frío con el que antes se había dirigido a mí cambió al dirigirse en ese momento a tu madre. Su voz se había suavizado, así como su mirada. Yo no pude evitarlo. Mirando inocentemente a Ryuken me fui acercando a Masaki con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios.

Pero ella, con el dedo índice, me tocó en la frente y me fue apartando.

-Creo que no vas por buen camino...

Pero había conseguido lo que él quería. Había visto la cara de Ryuken al ver lo que estaba haciendo. Era muy reconfortable, en serio...

-Puedes ahorrarte esos detalles-dijo un enojado Ichigo.

Nos miramos fijamente. Ambos queríamos saber más de la persona que teníamos enfrente, pero ninguno de los dos nos decidíamos a comenzar.

En ese momento de tensión, lo sentimos. Aquella fuerza espiritual que había ido a buscar estaba ahí de nuevo.

Me puse de pié de inmediato y salí corriendo lo más rápido que pude. Ryuken no se quedó atrás. Salió corriendo detrás mía, y dejamos a una preocupada Masaki en aquel banco del parque.

-¿Se puede saber por qué me sigues?- le pregunté.

-No te estoy siguiendo. Yo estoy tomando mi propio camino. Tu eres el que se mete de por medio.- me miró severamente.- Aquí sobran los shinigamis.

-¡Serás...!

Pero un grito me interrumpió. Era un grito de un hollow, aunque parecía el de un humano.

Los dos llegamos ante el arrancar, el uno al lado del otro. Saqué de mi bolsillo una gikongan que me había traído y saqué mi alma de ese cuerpo artificial.

Con la zampakutou en mano, me abalancé sobre el hollow lo más rápido que pude, y le herí de un brazo. Pero no era eso lo que quería. Se me había escapado.

De repente, un haz de luz pasó a través del cuerpo del arrancar, dejándolo malherido. Miré hacia Ryuken y vi que había sido él el causante de aquella luz.

Tenía extendido el brazo derecho y con el izquierdo preparaba otra flecha para lanzarla desde el arco de luz que había creado.

Era un Quincy.

Posiblemente de los últimos que existían en el mundo humano.

-¿Me estás diciendo que el padre de Ishida también es un Quincy?

-Así es. Además de un pésimo médico...

-Continúa...

Aproveché ese momento de debilidad y le asesté una estocada al hollow.

Este fue desapareciendo lentamente, entre gritos de angustia.

Había sido un buen trabajo en equipo. Jamás lo reconoceríamos.

Después de eso, seguí por un tiempo en ese pueblo. Era divertido estar molestando a Ryuken constantemente. Pero no me quedé únicamente por ello. También estaba Masaki. Poco a poco me di dando cuenta de lo importante que era esa persona para mí. Era feliz cuando estaba a su lado. Y este detalle no se le escapó al Quincy. Él también sentía algo especial por ella, pero también veía como Masaki sonreía cada vez que estaba conmigo.

Un día me llegó un mensaje de la sociedad de almas, diciendo que tenía que volver. Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, pero había intentado demorarlo lo máximo posible.

Ese mismo día me despedí de Ryuken. Fue extraño. Me llamó por mi nombre.

También me quería despedir de Masaki, y la encontré en el banco en el que habíamos hablado (los dos) por primera vez. Me acerqué a ella, pero no me mostró ni siquiera el rostro.

-Masaki... Supongo que ya lo sabes.- ella seguía sin responderme, ni me miraba. Eso hacía las cosas aun más difíciles.-me tengo que ir.

-No lo hagas.- me miró como no lo había hecho nunca, con una mirada triste, de esas que se te quedan grabadas en la memoria a fuego.- Quédate. Conmigo.

Lentamente, se levantó del banco y dio unos pocos pasos hasta llegar a mí. Con sus manos, me cogió el rostro y me besó. Fue un beso dulce. Tierno. Desesperado.

Cuando nuestros labios se separaron, supe que jamás podría irme de aquel lugar.

Esta vez, fui yo el que me acerqué a ella, y tomándola de la cintura, acerqué su cuerpo al mío, y la besé intensamente. Ambos sabíamos que aquel beso era una especie de confirmación.

Yo no volvería a la sociedad de almas.

Vendrían a por mí, lo sabía. Por eso me adelanté. Yo mismo fui el que renuncié a mi puesto como capitán, a ser el líder de una de las cuatro familias nobles más importantes y a todo lo que ello conllevaba.

Pero el capitán general no lo aceptó. Recibió esas palabras como si de una traición se tratase. Por eso, luchó conmigo. Logré sobrevivir, pero no quedé muy bien parado. No tuve más remedio que escapar. ,me marché de Karakura, para alejar toda posible sospecha acerca de Masaki, y le pedí a Urahara el gigai que había creado hacía mucho tiempo. Con eso conseguí despistar a la sociedad de almas, y unos meses después, volví aquí y me casé con Masaki.

A Ryuken eso no le hizo la menor gracia, pero supo que con la única persona con la que sería feliz la mujer a la que amaba, era estando con otro hombre. Lo aceptó y lo superó, no sin dificultad, siempre que ella fuese feliz él estaría bien. La relación entre él y yo simpre fue extraña. La verdad, nunca tuve claro si éramos amigos o enemigos.

Aquella época fue la mejor de mi vida, y te puedo asegurar que he vivido mucho. Unos cuantos años después naciste tú, y pronto pude ver el inmenso poder espiritual que poseías. Eso me preocupó. Pero como el nivel de esa energía no siguió creciendo, no hice nada al respecto. Cuatro años después nacieron tus hermanas, y por una temporada creí que de verdad existía el mundo perfecto. El mundo que había creado junto a Masaki.

Aunque aquello era una mentira. Sabíamos que si os decíamos algo, podríamos poneros en peligro, por eso queríamos esperar hasta que estuvieseis preparados para afrontarlo.

Pero entonces, ocurrió.

Cuando tú tenías nueve años, diez días después de tu cumpleaños, ambos ibais caminando de regreso del dojo por la orilla del río.

Llovía.

Era una lluvia triste, que lo cubría todo de gris.

Entre esa lluvia, que cubría de nubes toda nuestra vida repleta de felicidad, lo sentí. Sentí la presencia de un hollow. Inmediatamente, corrí todo lo que pude hasta el río, donde sentía vuestra fuerza espiritual, pero ya era muy tarde. Tan solo te vi a ti, sacudiendo el cuerpo de tu madre, derramando amargas lágrimas, y supe que toda aquella felicidad que habíamos tenido durante tantos años había terminado. No había podido salvarla...no pude...

La voz se le quebró. Hundió su rostro entre las manos, que le temblaban visiblemente.

-Ahora ya lo sabes todo.

Ichigo no sabía qué decir. Lo odiaba. Lo odiaba por haberle mentido durante todo ese tiempo, pero, por otro lado, sabía que él también había sufrido.

Cuando murió su madre, nadie le echó las culpas, ni le recriminó nada. Seguramente, su padre se sentiría aun más culpable que él.

No podía decirle nada. El sacrificarse fue una decisión que ella tomó. Por él. Por Yuzu y Karin. Por su padre. Por la familia a la que amaba. Por todo lo que era importante para ella.

Ichigo se sentó en la silla que tenía más cerca, pensando sobre todo lo que ahora sabía.

Rukia tenía los ojos más brillantes de lo normal. Tenía una mano cubriendo su boca y la otra en el corazón.

Ahora ya lo sabían, y entendieron muchas cosas que en su momento no consiguieron resolver.