CAPÍTULO 8: HERMANOS
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Ya era la última hora de clase. Faltaban unos escasos cinco minutos para que tocara el timbre. Pero Ichigo ya se había levantado. Miraba preocupado por la ventana. Había sentido la presencia de hollows. Muchos hollows. Era igual que la vez que Ishida soltó aquel cebo. Quizá, habían aparecido aun más.
-¿Kurosaki, qué te ocurre? La clase aun no ha acabado.- la profesora le miraba extrañada.
Ichigo salió de clase lo más rápido que pudo. Inmediatamente, Renji se levantó y le siguió.
-¡Hey, Ichigo! No hace falta que vayas. Como no estabais no hemos podido decíroslo. Esto -dijo mirando por la ventana, que ofrecía una imagen escalofriante con los hollows surcando el cielo.- está pasando por todo el mundo. La sociedad de almas ya ha enviado una patrulla de shinigamis a esta zona. Nosotros tenemos que continuar con nuestro trabajo.
-Pero esa patrulla puede fallar. Pueden no ser suficientes. No tengo ganas de lamentarme luego por no haber actuado.
-Lo mismo digo.-Ishida había salido también del aula. La profesora les estaba llamando, pero ellos seguían pasando completamente de ella.-No pienso poner en peligro el pueblo si se que solamente unos simples shinigamis... ¡Kurosaki!
Ignorando por completo el discurso que se disponía a soltar Ishida, Ichigo salió corriendo. No pensaba dejar la vida de sus hermanas en manos de otros.
Pensó en su padre. Él también podría ayudarlas, pero...prefería ir él mismo.
Cuando ya estaba bajando las escaleras, oyó como la puerta de su clase se volvía a abrir, y esta vez salieron todos. Ya se habían acabado las clases de ese día.
Cogió de su cinturón el emblema que le convertiría en shinigami, y lo puso en su pecho. Su cuerpo cayó al suelo, mientras su alma miraba la dirección que debería tomar.
Se giró de nuevo, esta vez en dirección a la escuela de sus hermanas, y corrió todo lo deprisa que pudo, ignorando a los hollows que se cruzaban en su camino.
No le quedaba mucho para llegar a su destino, cuando vio a un shinigami que estaba matando a algunos hollows. No sabía muy bien por qué, pero había algo en él que le llamó la atención. Su energía espiritual era diferente. Y le resultaba extrañamente familiar. Como si fuera...la de los vizards. Pero a la vez era completamente diferente.
El shinigami parecía que había notado que alguien le observaba, y se giró. Vio a otro shinigami de un pelo color naranja muy llamativo que le observaba atentamente. Pero pronto pasó de largo. ¿Le habría reconocido? No, era imposible. Ese shinigami jamás podría saber quién era él.
Un hollow se le acercó. Con su zampakutou lo partió por la mitad. Mirando de nuevo al lugar donde había desaparecido aquel chico, envainó su espada. Quizá sería mejor seguirle.
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Ichigo estaba extrañado. Aquel shinigami tenía un poder espiritual muy extraño. No era como ninguno de los que conocía. Enseguida le perdió de vista. En ese momento tan solo tenía que concentrarse en encontrar a sus hermanas.
Llegó al patio de su colegio. Ellos todavía tenían una clase más por la tarde. Rápidamente, se adentró en el edificio. Se fue a la clase de sus hermanas, que estaba en el segundo piso.
La puerta estaba abierta, y vio a sus hermanas apuntando algo en sus libretas que les estaba diciendo la profesora. Ichigo se metió en la clase, sabiendo que nadie le podría ver, tan solo Karin... Y quizás Yuzu.
Karin levantó la cabeza al sentir a su hermano cerca, y allí lo vio, entrando en la clase. Vestido de shinigami. Se giró hacia Yuzu y vio que estaba ya hacia rato que lo miraba. Las dos hermanas se miraron. Pasaba algo. Si no fuera así, su hermano jamás habría ido allí.
Yuzu se levantó y fue hacia la profesora.
-Profesora, no me encuentro muy bien, creo que estoy un poco mareada.
-Sí, creo que tienes que volver a casa, Yuzu. Te acompaño.- Karin ya se había levantado y había cogido de un brazo a su hermana, arrastrándola hacia fuera de la clase.
-Em..bueno, sí, si te encuentras mal, será mejor que te vayas.-dijo su profesora mientras veía a las chicas salir del aula.- pero os habéis dejado las mochilas.- había dirigido su mirada hacia los pupitres de las hermanas, y luego de nuevo hacia el pasillo, por donde se estaban yendo, pero ya so estaban.- ¿dónde...se han metido?
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-¿Oni-chan, que es lo que ocurre?- justo como había pensado, Yuzu también podría verle.
-Están ocurriendo muchas cosas. Y tendrías que saber otras muchas. Será mejor que por ahora os quedéis en casa.
No tardaron mucho en llegar a su casa. Cuando entraron, se dieron cuanta de que estaba vacía.
-Maldito viejo. Cuando le necesito no está.-Ichigo había mirado también en la clínica, sin resultado alguno.
En ese momento, llegó Rukia. Acababa de llegar del instituto. Y parecía muy enfadada.
-¡Ichigo! ¡¿Pero que te has creído, dejando tu cuerpo en el primer lugar que vi...?!-se calló inmediatamente al ver a las dos niñas que la miraban extrañada.
-¡Aaaaahhhh!- Yuzu pegó un grito que por poco les dejó sordos. Había visto el cuerpo que la chica traía consigo. Era el cuerpo de su hermano. Pero su hermano estaba a su lado. No entendía nada. En cambio, Karin estaba bastante más tranquila.
-Yuzu, será mejor que te sientes. Tu también Karin.- Ichigo miraba a sus hermanas seriamente. Tenía que contarles algo. Aunque no todo. La otra parte se la tendría que contar su padre. Ichigo se acercó a su cuerpo, que todavía lo sostenía Rukia, y se introdujo en él. Ambas hermanas miraron sorprendidas a su hermano.-Sentaos.- no sabía muy bien por donde empezar. Todo era demasiado complicado. Pero un golpeteo en la puerta de entrada interrumpió al chico.
Sintió un enorme poder espiritual procedente del otro lado de la puerta. Ese poder espiritual...era de Kuchiki Byakuya. ¿Qué demonios estaba haciendo él en Karakura? Respiró aliviado al recordar que su padre no estaba en casa. Posiblemente le reconocería.
El muchacho miró a Rukia un momento. Ella tampoco sabía que hacía su hermano en ese lugar.
Ichigo avanzó hacia la puerta y la abrió. Se encontró al capitán del sexto escuadrón mirándole con aquella mirada suya tan impersonal. Detrás de él estaban Renji, el capitán Hitsugaya y su teniente, y los oficiales del decimoprimero escuadrón. Sin pedir permiso, y andando con superioridad, se adentró hasta la sala en la que Rukia y las dos hermanas estaban sentadas. Llevaba un gigai puesto, cosa que extrañó mucho al chico.
-Buenos días también a ti, Byakuya.-dijo el chico en tono sarcástico. Prefirió no haberlo hecho, por la mortífera mirada que le lanzó el hombre, pero inmediatamente pasó de él.
-Nii-sama, ¿qué haces aquí?-Rukia lo observaba extrañada. Pero no era la única que le miraba. Tanto Karin como Yuzu también tenían sus miradas fijas en él.
"Yuzu...¿También lo ha notado?¿También sabe que es un shinigami?"
-Así que tu eres...- la voz de Yuzu se escuchaba más madura de lo normal. "¿Lo sabe?"- ¡El perverso hermano de Rukia-ne-chan!
Ichigo se atragantó con su propia saliva, al tiempo que veía como el mundo se le caía encima.
Rukia se quedó helada. ¿Le había dicho perverso al capitán del sexto escuadrón de la sociedad de almas?
-¿Per...verso?- la cara de Byakuya mostraba una sorpresa extraña en su rostro. Aquella niña que ni sabía quién era le había llamado perverso.
Pero Yuzu todavía no había acabado...
-¡Sí!¡Tú! Dejaste a ne-chan sola y sin un lugar a donde ir. Ni si quiera le dejaste un poco de dinero...- Yuzu le miraba muy seriamente. No decía nada de broma. Después de todo, aquella historia era la que ella conocía por la realidad.- Y con las pintas de pijo que tienes, ya le podrías haber dado algo a tu hermana.
Todos observaban la situación consternados, menos Matsumoto, que la encontraba muy divertida. Karin miraba a su hermana casi con miedo. Tenía que llevársela de allí lo más pronto posible. El problema era que cuando se ponía seria, no había quién la parase. Y mientras pensaba en qué hacer, Yuzu seguía soltando su discurso.
-Aunque con esos pegotes de caspa en el pelo, muy pijo no puedes ser...
Finalmente, Ichigo cogió a su hermana y la sacó de la habitación. Esos "pegotes de caspa" como los había llamado su hermana, eran el símbolo de que pertenecía a una casa noble.
-¡Onii-chan!¡Para!¡Aun no he acabado con él!
Karin siguió a su hermano y lo ayudó a sujetar a Yuzu mientras este metía a los demás shinigamis en aquella sala, dejando a Rukia con su hermano, y cerraba la puerta.
-Je, je, vaya, nii-sama... Je, je.- tendría que darle alguna explicación. Pero solo con ver la cara de su hermano ya preferiría estar bajo tierra que en esa habitación.
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-Así que tu hijo ya lo sabe...
-Sí. Pero... Aun no lo sabe todo.- Isshin miró a Urahara a los ojos. - Posiblemente, tampoco tenga necesidad de saberlo. Tal y como han ocurrido las cosas, que lo sepa o no ya no tiene importancia, ni cambiará nada. Salvo, quizás, que me odie un poco más.- Urahara lo miró extrañado. Él no creía que Ichigo le odiaría más al decírselo. Más bien...todo lo contrario.
-¿Y que ocurre con tus hijas? ¿También se lo vas a decir?
-No tengo más remedio. Lo más difícil será decírselo a Yuzu. Ella todavía no sabe nada.
-¿Y cuando lo harás?
-Posiblemente...cuando llegue a casa.
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-Que interesante...
Aizen observaba a la muchacha de pelo naranja que tenía delante suya. Aquel era un interesante descubrimiento, sin duda alguna. Podría facilitarle muchas cosas. Pero todavía tendría que aprender a controlar esas nuevas facultades.
-¡Aizen-sama!-Ulquiorra había entrado en la sala en la que se encontraban reunidos.- Ha ocurrido algo imprevisto.- el arrancar miró a Aizen como esperando una señal para continuar, o para dejar de hablar y retirarse, pero no hubo ninguna. Lo entendió como un "adelante".- Los hollows han atacado el mundo humano, señor.- Ulquiorra se detuvo un momento al ver la cara que ponía su líder, que le miraba como si estuviese diciendo algo que ya sabía perfectamente.- Miles de ellos. Y por todo el mundo.- Vio como la expresión del hombre cambió, esta vez hacia la preocupación.- están destruyendo el mundo.
Se levantó inmediatamente. Aquello no estaba planeado. Era de lo más normal que los hollows atacasen al mundo humano, pero no de esa manera tan brutal, a menos que alguien les hubiese dado la orden. Alguien más poderoso que esos hollows. Y, ¿alguien más poderoso que ellos? Descartó esa idea inmediatamente. En hueco mundo no había nadie más poderoso que ellos. En "Las Noches", estaban los seres más poderosos de hueco mundo.
Él sabía que había arrancars fuera de esa fortaleza, pero no eran lo suficientemente poderosos.
Tenía que averiguar que estaba sucediendo, y pronto.
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Tatsuki entró en su habitación y la cerró detrás de ella. Les había dicho a sus padres que tenía que estudiar para un examen de matemáticas extremadamente difícil que le habían puesto. Pero en realidad, tan solo quería que no la molestasen. Tenía muchas cosas que hacer.
No tenía cerrojo, así que empujó un poco el escritorio hacia la puerta, solo por si acaso.
-¿Estás...ahí?-se sintió un poco estúpida. No sabía lo que hacer en una situación como esa.
-Siempre estoy aquí. A tu lado. Después de todo soy tu sombra.-le respondió mientras, poco a poco, iba saliendo de la tierra.- ¿Te has cansado de estar siempre sin saber lo que ocurre, de que te dejen de lado?- la miró tan solo un segundo-. Sí. Si no fuese así, yo no habría aparecido, aunque estoy contigo desde que tu poder espiritual apareció.
-¿Y qué puedes hacer? Mejor dicho, ¿qué podré hacer?
Su sombra la miró directamente a los ojos.
-Te lo explicaré. -su sombra se volvió a hundir en la tierra, quedando unida a sus pies.- yo soy una sombra, la tuya. Todas las sombras están unidas a sus dueños, y crecen y decrecen dependiendo de la luz.- calló por un momento.- salta.
-¿Qué?
-Que saltes. Es muy simple. Despega tus pies del suelo.
No sabía muy bien qué era lo que quería enseñarle, pero asó lo hizo. Dio un salto y miró hacia abajo. Su sombra seguía imitando sus movimientos.
-¿Lo has visto? Eso es lo que hacen todas las sombras, imitan los movimientos de su dueño. En el momento en que despegaste tus pies del suelo, nos separamos. La distancia entre nosotras creció. Y yo me adentré aun más en la realidad de las sombras.-volvió a salir a la superficie, por así decirlo.- Ése, es tu poder. Podrás convertirte en sombra, y traspasar tu realidad hasta llegar a la mía, con tan solo tocarme.- su sombra alargó una de sus negras manos hacía la chica, que la miraba fijamente.- pero una vez hayas conseguido este poder, no hay vuelta atrás. Serás más rápida, más fuerte, más poderosa, pero no podrás volver a ser una chica normal y corriente que no cree en fantasmas.
Tatsuki alargó su mano, y solo unos milímetros separaban la suya de la de la sombra.
-Me gusta creer en fantasmas.
Las dos manos se rozaron, y pareció como si una fuerza inmensa arrastrara a Tatsuki, pero ella resistió. Su mano le empezó a doler, y vio, sorprendida, que la sombra se introducía en ella, poco a poco, al tiempo que en su piel se creaban unas marcas negras que se extendían más allá del brazo.
Quiso gritar, pero se contuvo. La fuerza ya estaba remitiendo, hasta que desapareció por completo.
Respiraba con dificultad. Estaba muy cansada, y se tuvo que sentar en su cama. Vio la marca que había aparecido en su mano derecha. Se quitó la camisa para ver hasta donde llegaba, y vio que la marca conectaba su mano, con su corazón. Sentía el poder fluyendo a través de ella, de todo su cuerpo.
Se levantó y se miró en el espejo, y vio a alguien mucho más poderoso, vio a una sombra y a una humana, y eso era ella.
