Demasiado tarde. Tal vez su sacrificio podrá evitar que la guadaña caiga para muchos, pero eso tampoco es seguro. Los que han sufrido no recuperarán la vida de sus deudos y las víctimas de su colaboración estúpida no despertarán nunca más. ¿Puede cuantificarse el sufrimiento¿Puede medirse en pintas o barriles¿Cuántas onzas de desconsuelo hay en su cuenta¿Cuántas libras de duelo?

No le queda mucho tiempo. Le parece sentir el aliento hediondo de la muerte flotando entre las telarañas de su casa familiar. Ha sido sentenciado y no queda mucho para el fin. La marca quema. Quema, muerde su carne de desertor y no hay alivio para ese dolor que se extiende por el brazo y cala hasta el hueso.

Podía haber acudido a Sirius. Debería acudir a Sirius. Pero ya es tarde.

El veneno lo debilita cada vez más mientras Kreacher a su lado lloriquea.

- Agua...- Suplica en un susurro agónico. Le asombra que Kreacher haya sido capaz de seguir sus instrucciones y sacarlos de la espantosa caverna. No recuerda casi nada, solo manos pálidas y viscosas que tratan de trepar por la madera y el calor pungente del fuego. Está aturdido y chorrea agua helada. Sentado contra la pared de la buhardilla hilos de agua diseñan regueros en el polvo del entarimado.

La presencia de animo del viejo elfo se ha agotado en la aventura macabra de ésta noche, las manos le tiemblan tanto que apenas consigue dar de beber a su amo y buena parte del agua se derrama sobre la túnica ya empapada. Regulus Tose.

El Señor Oscuro es aún más tramposo de lo que había calculado. Ésta noche en la cueva ha conseguido el fin pero ha perdido la meta. No le quedan fuerzas. No puede hacer ya más. Maldice su cobardía y se lamenta en silencio. No ha querido presentarse ante Sirius con las manos vacías y una disparatada historia, hubiera querido presentarse ante él con la prueba de su valía, con el precio del perdón en la mano. Ahora ya no hay tiempo.

Mira a su alrededor la habitación atestada de trastos polvorientos. No va siquiera a intentar levantarse, no podría, solo conseguiría acabar en el suelo y quiere recibir erguido a su verdugo, que ya no puede tardar. Confía en que entre toda aquella basura el guardapelo esté seguro hasta el día en que alguien (Sirius) lo encuentre y lo destruya. Ni siquiera puede avisarle ya. Tiene la clave para destruir al-que-no-debe-ser-nombrado pero su tiempo se agota antes de poder explicárselo todo a quien podría utilizarla.

Solo le quedan fuerzas para una cosa más.

- Kreacher...- Cada palabra es un bloque de granito sobre su lengua. El elfo se retuerce las manos. Regulus no se ha dado cuenta de lo viejo que es hasta hoy .- Kreacher, escúchame... Te prohíbo...- se detiene y teme no poder seguir, toma aire y concentra sus últimas fuerzas en unas pocas palabras- Te prohíbo que cuentes a nadie lo que hemos hecho ésta noche.

Tose y Kreacher solloza de nuevo, es el suyo un llanto agudo y desamparado.

- Si, amo. Si, amo. SI, AMO.

Todo está consumado. Regulus intenta decir algo más y se da cuenta de que no puede. Cierra los ojos y siente su cuerpo, un pozo de diversos dolores: La marca, sus entrañas corroídas por el veneno, el salitre en sus heridas... Ójala su vida haya servido para algo. Dedica una última risa a Bellatrix, que le encontrará ya muerto. Y en el instante postrero, mientras su mente funde a negro, se despide.

Adiós hermano.