-Igor Karkarov.

Una voz fría y un rayo de luz sobre su cabeza. Despierta de pronto consciente de que ha estado durmiendo y asombrado a un tiempo de haber sido capaz de dejar atrás su pánico durante algún tiempo y descansar. Pero el terror vuelve y oprime su corazón como un niño aprieta un pájarillo. Los mismos latidos desbocados, el mismo temblor.

- Igor Karkarov- Repite la voz.

Y su miembros entumecidos intentan el movimiento. Duele. Demasiadas horas encogido en el agujero húmedo y frío que apenas contiene su cuerpo en posición fetal. Un simple pozo, una fosa.

Siempre supo que lo encontrarían. Lo que nunca supuso es que no le matarían inmediatamente. Percibe la insensibilidad en la pierna derecha, el frío húmedo cala hasta los huesos, el hambre hace tiempo que quedo relegada por otros sufrimientos más apremiantes A estas alturas ya debería estar muerto, pero su cuerpo se niega tercamente a rendirse, maldita sea. Si pudiera cerrar los ojos y terminar de una vez por todas...

- Levantáte.

Mira arriba, donde alguno de sus verdugos ha levantado la trampilla de su prisión, un agujero en la tierra congelada de los bosques del norte. No sabe exactamente donde está, pero el olor de los pinos y la media luz boreal son reveladores. ¡Y pensar que durante años temió tanto acabar en Azkaban!

-¡ Vamos!- Restalla la voz con impaciencia. No puede ver la cara de su carcelero, solo una sombra recortada sobre la luz fantasmal del sol de medianoche- ¡Arriba!

- Mátame- Suplica entonces Karkarov con voz suave, en un susurro, casi un gemido.

La voz resuena en una risa metálica.

-¿Tienes prisa?