Peter siente la frente arder empapada en sudor.
A su alrededor montones de papeles se arraciman sobre el escritorio amenazando apropiarse de todo el espacio disponible. Cartas, notas, algún memorandum... toda la panoplia burocrática propia de un chupatintas ministerial. Entre todos estos papeles inofensivos hay a veces alguna información útil: Fechas, nombres, firmas, ¡Que más da! A menudo no ha llegado saber el interés que muchos de esos pequeños datos podían tener para el Señor Tenebroso, ni tampoco quiere saberlo.
Al principio, los primeros meses en que comenzó a pasar información al enemigo, no tuvo que sentirse realmente culpable. De sus informes a Rockwood no se derivó ninguna consecuencia funesta que él fuera capaz de relacionar. Nada de lo que le contaba parecía tener trascendencia alguna, no tuvo que delatar, no señaló ningún objetivo... Solo información general, como se repitió a si mismo cientos de veces. ¿Acaso no era Augustus Rockwood un colega? Que también fuera un mortífago es una circunstancia que había preferido olvidar.
Se pregunta en que momento su voluntad empezó a flaquear, porque sospecha que fue mucho antes de lo que le gustaría admitir. Toda su vida ha sido una suave pendiente por la que se ha deslizado casi sin darse cuenta, suave y confortablemente. Siempre ha evitado tomar decisiones, constantemente ha habido alguien a su lado guiándole hacia el siguiente paso, empujándole a subir el siguiente escalón.
Por primera vez considera la posibilidad de que su vida haya sido una sucesión de mentiras. Sostiene la cabeza entre las manos tratando de poner su mente en orden.
Ahora lo ve con una claridad cegadora. Desde la infancia se repite ese patrón de comportamiento. Primero fueron sus padres, como es lógico ¿Y después? De la mano de sus amigos pasó por Hogwarts sin apenas tener que decidir nada por si mismo. Desde que el Sombrero Seleccionador lo puso en Gryffindor no hubo un solo día en que tuviera que preguntarse que debía hacer. Al terminar sus estudios fueron los antiguos compañeros de su difunto padre los que le consiguieron el puesto en el Ministerio y sus propios amigos lo animaron a aceptar a pesar de que él tenía dudas de si aquello era lo que realmente quería hacer. Desde el Ministerio podría ayudar mucho a la Orden, ese fue el incontestable argumento. Y por supuesto fue por ellos que se unió a la Orden del Fenix al llegar a la mayoría de edad, aún antes de terminar el colegio. Parecía lo natural. Ni siquiera le preguntaron si quería hacerlo, si se sentía preparado para hacerlo... No cree que ni Remus, ni James, ni por supuesto Sirius tuvieran un instante de duda cuando se les ofreció la posibilidad de unirse a las filas de Dumbledore. Sin embargo el viejo director no lo habría admitido si no lo hubiera considerado digno ¿verdad?
Quiere sentirse limpio, justificado... Pero un cieno oscuro, culpable y pegajoso contamina su alma. Esta contradicción, esta estúpida dualidad en la que pretende nadar y guardar a la vez la ropa le hace sentirse estúpido. Se dice a si mismo que debe despertar. Se acabaron los sueños.
¿Y ahora que? Retuerce las manos con desesperación. Rockwood llegará de un momento a otro.
En su despacho gris y diminuto del Departamento de Seguridad Mágica Peter intenta mantener una compostura que hace tiempo ha perdido. Levanta la vista y un reflejo turbio de si mismo lo mira desde el cristal del retrato enmarcado de su madre. No se reconoce, el cabello ralo prematuramente encanecido parece aún más escaso y ceniciento que hace tan solo tres días. Recuerda lo mucho que se burla Sirius de sus canas, recuerda también la vez que Remus le señaló la primera durante su sexto curso en Hogwarts. De eso hace solo unos años, pero parecen haber pasado siglos desde entonces.
¿Cuando comenzó la desintegración silenciosa de su vida? ¿Cómo pudo alejarse tanto de lo que siempre ha querido ser?
El tictac del reloj sobre la repisa de la ventana mide golpe a golpe la distancia que lo separa de la rendición completa. No tiene elección y lo sabe.
Todo ha sido una trampa. Ahora lo comprende. A Rockwood nunca le interesaron las primeras informaciones que le proporcionó a cambio de su propia vida y la de su madre. No creyó entonces que aquel fuera un precio demasiado alto por permanecer intocado por la desgracia en un mundo en descomposición.
Solo que nadie te advirtió sobre letra pequeña ¿verdad?
Peter es un fatalista, sin ponerlo hasta ahora en palabras concretas siempre ha creído que los acontecimientos se desarrollarán igualmente sea cual sea su intervención. Ahora ve claro como ha llegado a esta convicción. En realidad él, Peter Pettigrew, Colagusano, no ha sido el protagonista de ninguno de los episodios de su propia vida, solo un figurante... Ha sido tan solo parte del coro de la tragedia.
Solo faltan un par de minutos para las nueve. A estas horas el ministerio hace rato que se habrá quedado vacío..o casi. ¿Estará Rockwood solo en el Departamento de Misterios? Se pregunta si tendrá más cómplices entre el resto del personal.
Los mortífagos del Señor Tenebroso lo contactaron por primera vez hace casi un año. Nunca hubiera pensado que Rockwood trabajaba para ellos, que era uno de ellos...
Una tarde se había presentado en su despacho con la más amable de las sonrisas. El joven inefable Augustus Rockwood se situaba en un escalafón diferente del de Pettigrew. Peter era un simple movedor de papeles, Rockwood un brillante joven profesional, si bien era imposible saber a que se dedicaba exactamente. En el Departameto de Misterios las cosas son opacas.
Fue un encuentro muy extraño, no hubo varitas levantadas, ni largas capas negras, ni máscaras... Ni rastro de la escenografía que aterrorizaba los sueños de las familias de bien. No hubo apariciones terroríficas, no fue sometido a la maldición Cruciatus ni a ninguna otra forma de tortura. Solo Rockwood, sentado frente a él como si de otra aburrida reunión se tratara. Rockwood, que ni siquiera lo amenazó más que veladamente.
Hace tiempo que sabe que todo fue una trampa, una trampa maquiavélica. Porque tal vez si se hubiera presentado ante él una horda de mortífagos sanguinarios hubiera sido más fácil resistir. Quizá si le hubieran torturado habría sido más consciente de lo que se estaba jugando y tal vez habría encontrado la fuerza para salvar su alma.
Desde entonces, poco a poco, ha ido avanzando cada vez un poco más en la ignominia. Un cuaderno de turnos de los aurores un día, una planificación de guardias otro... Progresivamente ha ido adentrándose en la ciénaga del horror, y el fango de la traición le llega ya al cuello. Ni siquiera sería capaz de determinar que momento se convirtió en verdugo sin levantar una sola vez la varita, ni cuantos cadáveres cobran rentas del capital de muerte de Colagusano.
Hace tres días Sirius fue a visitarlo a casa de su madre. Estaba demacrado y tenso, nada quedaba en él de su legendario buen humor ni de su arrogancia.
- Peter, estamos jodidos.- Había anunciado con un abatimiento inédito en él – Creo que Remus es el traidor.
La devastación de ese hecho inconcebible se mostraba en la palidez de sus labios y en los ojos muy abiertos, casi desorbitados. Hacía algún tiempo que la Orden sospechaba, pero hasta ese día ningún nombre había sido pronunciado como sospechoso.
Peter apenas se atrevió a mirar esos ojos grises.
En silencio escuchó a Sirius relatar las evidencias. Cómo Lupin le evitaba hacía semanas, cómo información sobre la Orden había llegado a manos de los mortífagos frustrando algunas operaciones importantes. Y el comportamiento extraño de Remus cuando Sirius había intentado hablar con él.
- Me rehuye, Peter- confesó al borde de las lágrimas- Me está ocultando cosas... Y no es la primera vez.
No era nada nuevo que Voldemort reclutaba a cuanto hombre lobo podía convencer para su causa, y no le resultaba difícil a la vista de como el mundo mágico los trataba. Pero lo que Sirius no había sabido hasta hacía muy pocos días era que Fenrir Greyback había contactado con Remus varias veces, en Hogawarts y más tarde fuera del colegio. Cortesía de la desinformación mortífaga, como Peter sabía muy bien. A esas alturas sin duda Remus a su vez sufría el tormento de sospechar que Sirius era el traidor
La marca le quema. Como el resto de las decisiones trascendentes de su vida, la impresión de la Marca Tenebrosa en su carne no ha sido una elección enteramente suya. Se la han grabado como se marca a una res para que no se confunda con la cabaña vecina. Ahora es propiedad de lord Voldemort y nada de lo que pueda hacer o decir va a cambiar eso jamás.
Que necio es Sirius. ¿Hasta que punto había perdido la perspectiva? Allí estaba, sospechando de su amigo más leal y descubriéndoselo todo al traidor.
Es cierto que Remus fue contactado. Colagusano ha sabido algunas cosas desde que vendió barata su lealtad. Pero también sabe que si alguna vez la voluntad de Lunático flaqueó no llegó a caer, como lo demuestra el hecho de que tuvieran que buscar otro peón mucho menos valioso: Él mismo. Y puede comprender por qué nunca les contó nada. Remus, no le cabe duda, se sentía tan culpable que no se había atrevido a confiar en sus amigos. Sabe, con la intuición de los que gustan más de observar que actuar, que Remus siempre se ha sentido culpable por cosas en las que no tenía responsabilidad alguna como su licantropía o la atracción que sentía por Lily y de la que nadie más que Colagusano parece haberse dado cuenta...
Que necio es Sirius. Colagusano siempre fue el más insignificante de los merodeadores pero sabía ver lo que otros ni siquiera intuían.
- ¡Y nunca nos lo dijo!- continuó Sirius alterado, casi histérico- Nunca nos contó que Voldemort lo tentaba. Han tenido que pasar cinco años... ¡Cinco años durante los que es posible que ya estuviera de su lado! - Y entonces se echó a llorar. Solo fueron un par de sollozos ahogados, pero al verlo en ese estado Peter experimentó una la culpa que lo embargaba completamente y por un momento sintió el impulso de confesar, de echarse en brazos del viejo Canuto y dejar que una vez más su amigo se ocupara de todo.
Pero no podía hacerlo.
Hay demasiada sangre sobre mi.
Nunca me perdonarán. Voldemort me matará de todas formas. Torturará a mi madre hasta la muerte delante de mi. Moriré y no le importará a nadie. Mi pecado es demasiado grande. Quien sabe cuanta gente inocente...
¿Inocente? Yo también era inocente.
- James y yo queremos que seas tu el guardián secreto- había dicho entonces Sirius.
Era como si la fortuna se burlase de todos ellos repartiéndoles las peores cartas, una baza mortal en la partida definitiva. ¿Cómo era posible que aquello estuviera pasando? ¿Por qué no se le paraba el corazón antes que hacer lo que iba a tener que hacer? No podía negarse, pero tampoco podía ignorar lo que significaba. Ya no se trataba de muertes anónimas, genéricas, ni siquiera muertes de personas más o menos conocidas pero que no significan en el fondo nada. Era James. Era Lily. Y Harry. Había solo una manera de evitarlo: Confesar.
Pero no podía. No podía perderlo todo. A sus amigos ya los había perdido, no importaba ya lo que hiciera. Había elegido y no quedaba más remedio que continuar la farsa hasta el final.
Y así Peter Pettigrew es el guardián secreto de los Potter. Tan secreto que solo James y Sirius lo saben, para el resto de la Orden el guardián es Sirius. Para Remus el guardián es Sirius...
Rockwood está a punto de llegar. Cuando pronuncie las dos palabras que debe comunicarle esta noche Colagusano habrá superado la última barrera. Debe acostumbrarse a pensar en si mismo como mortífago porque eso es lo que es.
Aprieta las manos en torno a su cabeza como si quisiera expulsar de su cerebro los pensamientos no lo dejan en paz. No se explica por qué sigue dando vueltas y más vueltas sobre lo mismo, porque su decisión está tomada.
Al fin y al cabo solo son dos palabras
Solo dos
Godric´s Hollow.
