Holaaaa! Gracias a los Reviews de verdaaa! Pues claro que continuaré la historia!!!

Esto no será un Ron/Hermione, lo prometo, pero esperaré un poco para descubrir a la verdadera pareja o q? jejejeje

Los capis no son muy largos porque me gusta no tardar demasiado en alctualizar, lo siento :s

A la mañana siguiente...


Como una mañana más de miércoles, una somnolienta prefecta de séptimo año en Hogwarts se maldecía a sí misma por haberse quedado hasta las seis de la mañana una vez más, y maldiciendo a quien organizó aquella reunión los martes, en vez de hacerlo los viernes o los sábados, cuando se podría dormir al día siguiente.

Claro que en ese caso, no todos podrían acudir debido a que se marchasen a ver a sus padres o familiares, y la asistencia era obligatoria.

Eran las normas y ella las debía acatar.

Sonó una vez más el despertador.

ITS SO MUCH BETTEEEEEEEEEEEEEER….

Incubus, pensó. Le encantaba ese grupo, y era genial despertarse los miércoles con esa melodía, esa letra, esa sensación… Se acurrucó un poco más entre las sábanas, procurando no caer rendida.

THAT EVERYONE IS IN, ARE YOU IIIIIIIINNNNNN?????….

Debería llegar puntual a clase ya que anoche no lo fui en la reunión. Me merecí el castigo pensó divertida, mientras dejaba asomar una sonrisa traviesa bajo la manta, sonrisa que no muchos conocían en la sabelotodo Granger, sólo un cierto grupo selecto de alumnos y alumnas de los últimos años, con los que compartía algo más que comentarios sobre libros, exámenes y profesores, que es lo que normalmente hacía la Hermione de todos los días.

Aunque aquella, definitivamente, no era ella.

A través de los años en Hogwarts se había ido formando en los demás una imagen de sí misma que quizás sí era una verdadera parte de ella, pero la cual a través del tiempo, cambiando junto a su cuerpo hacia un tipo de chica más madura, evolucionó hacia un carácter más fogoso, más temperamental y más sensual, aunque sólo fuera en el interior.

Ella creció en la escuela de magia y Hechicería junto con sus mejores amigos Harry y Ron como una chica sabelotodo, a veces impertinente pero muy fiel; quedó claro en toda la escuela de que Hermione Granger tenía sus ideas muy claras, las cuales se centraban en los estudios y en la amistad hacia sus compañeros. Nunca había nada que la distrajese, ni siquiera cuando las demás chicas comenzaban, ya por tercer y cuarto curso, a interesarse por los trapitos, el maquillaje y sobre todo, los chicos.

Era verdad que circulaban rumores acerca de esos tres "tan amigos", sobre todo en las mentes diabólicas de los miembros de Slytherin, pero los más cercanos sabían que entre ellos lo único que había era una intensa amistad, que era exactamente lo que Hermione sentía.

Sin embargo, fuera de esa imagen recatada y moral de la castaña que no había cambiado en siete años, Hermione sentía que en su interior ardía una llama que nada tenía que ver con el fervor de los estudios. Una llama que había nacido casi medio año atrás, durante el último verano, cuando el calor, la playa y una subida efervescente y letal de hormonas la había inundado por completo, descubriéndose a sí misma observando a los chicos bronceados durante el día, y sudando calenturas y sueños extraños por la noche, cuando el pijama le molestaba y sus manos se adentraban por sitios desconocidos de su propio cuerpo.

Desde ese verano no habían pasado apenas seis meses, pero se le habían hecho eternos, sobre todo dado que cada semana se encontraba deseando fervientemente que llegase la siguiente, de modo que cada noche, si no era la noche del martes, se volvía interminable.

Y así iba a resultar el día y la noche de hoy, interminable, sobre todo después de la sesión de anoche. Hermione se sacudió las sábanas de encima violentamente, sin acordarse de que no llevaba nada puesto.

Mierda pensó, tapándose rápidamente otra vez observando a su alrededor. Sonrió sintiéndose estúpida. Serás tonta… Hacía un par de meses que dormía sola en una de las habitaciones particulares de los prefectos.

Volvió a destaparse, esta vez con la tranquilidad de sentirse sola y alegrándose por sentir el frescor de la brisa a través de la ventana en su cuerpo desnudo. Todavía seguía sintiendo calores por culpa de la noche anterior.

- Menuda mierda, cada vez me sienta peor…

Se avergonzaba reconocerlo, pero cada miércoles deseaba un poco más que esas "reuniones especiales" se celebrasen más a menudo, no sólo una vez por semana.

Aunque había pocas cosas que ya le avergonzasen a la castaña, gracias sobre todo a esas "reuniones": se había soltado del todo; los martes por la noche era la Hermione explosiva, sensual y sobre todo, libre, que desde hacía tiempo había querido ser para los demás, aunque por el día volviese a tener que colocarse esa máscara de estudiante tímida y recatada que todos sabían que era. Todos, menos los participantes de las reuniones, por supuesto, pero el resto de la semana cada uno se debía comportar con normalidad, como si aquellas reuniones nocturnas, y los hechos acontecidos en ellas no existieran.

Son las normas pensó Hermione. Malditas normas…

La castaña se encerró en el baño, maldiciendo en voz alta.


- Pero bueno, Hermione… ¿otra vez te quedaste estudiando hasta las tantas?

La castaña no prestó atención a lo que Ron le decía, todas las mañanas de miércoles era lo mismo… ¿Esque no les entra en la cabeza de que una chica de 17 años pueda interesarse en algo más que en los libros?

Abrió la cabeza para replicar, pero cambió de opinión. No estaba de humor para pelear, otra vez, con su amigo. Además esa imagen de sabelotodo era lo único que escudaba la verdadera razón por la que tenía unas ojeras hasta la cintura. Aunque aparte de eso su piel estaba radiante… Eso le encantaba.

Se sentó en silencio entre sus dos amigos Harry y Ron con sonrisa resignada y se sirvió un buen vaso de zumo de calabaza. Necesitaba recuperar fuerzas.

- Oye ´Mione, no deberías trabajar tanto, ya te pasas muchas tardes en la biblioteca leyendo y estudiando, deberías descansar más…- el rostro de Harry era de verdadera preocupación. Vaya¿tan mala cara tengo? pensó Hermione. Sonrió a sus amigos, lo último que quería era que se preocuparan.

- Tranquilo Harry, era sólo que me enganché a una novela muggle y no pude dejarla hasta que la acabé - sonaba a una excusa razonable.

- Jo, yo tardo semanas en acabarme un libro a buen ritmo y esta se lo lee en una noche. No es saludable - dijo Ron.

- Eso es porque no te interesas realmente por la trama - contestó Hermione. Bien, no sería normal que no le replicase, notarían algo la mente satisfecha de la castaña sonrió para sí y siguió desayunando con avidez. Harry y Ron decidieron dejarla a su aire, ya que parecía demasiado hambrienta, y ellos ya llevaban un rato en el Gran comedor.

La chica llevaba ya lo que le parecían siglos mintiendo a sus amigos acerca de esos miércoles por la mañana. Lo raro era que no se hubieran dado cuenta todavía de la repetición semanal de esas ojeras tan profundas. No tienen ojos en la cara pensó Hermione. Bueno, mejor para ella, no hubiera tenido una excusa convincente si sus amigos hubieran descubierto esa pauta de cada miércoles. Sabía que junto a ellos había resuelto multitud de misterios, pero empezaba a dudar de su capacidad de síntesis.

Rió para sí.

Ahora que lo pensaba, nunca en todos esos años en Hogwars se había reído de sus amigos, o había creído que eran estúpidos. Esas sesiones nocturnas empezaban a cambiar algo de su carácter, y hacía tiempo que lo estaba notando. Hermione sacudió la cabeza.

Soltarse, si esa era la palabra adecuada, de esa manera impúdica delante de algunos verdaderos desconocidos y otros demasiado conocidos empezaba a reflejarse en su manera de hablar, de comportarse. Intentaba que no sucediera, pero a veces durante el día, se sorprendía a sí misma mirando pícaramente a alumnos que le resultaban atractivos, por supuesto aquellos que no eran miembros de ese grupo nocturno tan selecto. Eran las normas.

También se fijaba que a veces, recorría los pasillos tamboleando las caderas de un lado a otro, costumbre adquirida tras muchas horas en la clase de astronomía, no precisamente con la profesora Trenlanwey. Solía atraer las miradas de aquellas personas del sexo masculino (y algunas del femenino) con esa manera de andar, y aunque intentaba que no sucediera, en el fondo, le gustaba ser observada.

Nunca se había sentido tan segura y tan cómoda en su situación como mujer que ese año de Hogwarts.

En ese momento, mientras saboreaba deliciosamente ese sentimiento acompañado de un croissant a la plancha, una sutil ráfaga de aire pasó fugaz a su espalda, provocando un ligero movimiento de su capa Gryffindor, a la vez que una fría y suave mano acarició su nuca por encima de la larga melena castaña. Hermione no pudo reprimir un escalofrío debido a la sorpresa y a la familiaridad que ese roce le hizo sentir. Cuando se dio la vuelta para averiguar quién era el dueño o dueña de ese roce tan poco casual, no pudo más que divisar como una capa negra se escondía tras la puerta del Gran Comedor. El resto de los pocos alumnos que quedaban seguían en sus asientos, absortos en conversaciones o en la comida.

Hermione se quedó paralizada en su asiento mirando hacia donde aquella capa acababa de desaparecer.

Ese roce en la nuca, tan familiar…

Pero nadie se había acercado a ella nunca tanto como para que supiera con seguridad que no era la primera vez que lo sentía.

A no ser…

La castaña se levantó rápidamente de su asiento, cogió la mochila y velozmente se dirigió a la puerta del gran Comedor, pero allí no había nadie. Sin que esto le sorprendiera y con paso decidido, corrió hacia las escaleras en dirección a su cuarto propio como prefecta de Gryffindor, sin darse cuenta de que las clases ya estaban empezando.

Pero eso ya no le importaba, sólo quería asegurarse de lo que acaba de suceder, aunque sabía perfectamente lo que había pasado:

Alguien había roto las normas.


Cortito, pero intrigante xD Sólo quería meterme un poco en la cabezita de Hermione para saber cómo piensa en estos momentos.

Espero actualizar pronto.

1...2...review...GO!