-¿Qué le parece la mercancía?- preguntó Leonard Stark, mercenario a sueldo
- Perfecta, es exactamente lo que andábamos buscando- respondió su cliente después de echar un vistazo al contenido del maletín
-La corporación MIKADO pagará una alta suma si quiere recuperarlo.
El cliente detectó un cambio significativo en el tono de voz de Leonard
-¿Qué insinúas?
-Oiga ¿Sabe lo mal que lo he pasado para escapar de la torre Destiny con esto?
-Y le pagamos generosamente por ello, por adelantado además.
-Quiero más- dijo Leonard tajantemente
El cliente no respondió, se limitó a mirar al mercenario en silencio
-Vamos, lo que me habéis pagado por conseguir este cacharro no es nada comparado con lo que pagará la corporación MIKADO por recuperarlo.
El silencio volvió a llenar el despacho de la pequeña fábrica abandonada en la que se habían reunido para el intercambio. Al cabo de un rato el cliente se levantó de la silla, cogió el maletín y abrió la puerta para irse. El sonido sordo de una bala entrando en la recamara de una mágnum le detuvo.
-¿Dónde cree que va tan rápido?- preguntó Leonard mientras apuntaba a su cliente
-Nuestra transacción ha finalizado señor Stark, tengo asuntos que atender- dijo el cliente sin girarse.
-Puedo meterle un tiro aquí mismo, llevarme el maletín y vendérselo a alguien que pague más.
-Se equivoca Stark, yo puedo pegarle un tiro aquí mismo, llevarme mi maletín y hacer que el mundo no sepa nada más sobre usted. De hecho- dijo con una sonrisa malvada- eso es lo que tenía pensado hacer desde el principio.
-Estará muerto antes de que sus hombres lleguen aquí- dijo indiferente
-No hace falta que venga nadie, solo tengo que hacer así.
El cliente alzó la mano y la bajó rápidamente, al instante una bala atravesó la ventana de la habitación e impactó en la cabeza de Leo causándole la muerte inmediata mientras un charco de sangre se extendía sobre la mesa.
-Quemad este lugar y lanzad el cadáver al río Hudson- dijo a través de un pequeño transmisor.
Mientras tanto en Japón…
-¡Mierda!- exclamó Kaito Kid
El ladrón intentaba asimilar la situación en la que se había visto envuelta hacia escasos minutos. Acababa de dar otro golpe con éxito y de añadir otro fracaso a la lista del inspector Nakamori. Apenas le costó dar esquinazo a la policía, sin embargo cuando creía que al fin podría tomarse un descanso unos misteriosos hombres de negro empezaron a perseguirle y a dispararle. La ventaja que le proporcionaba su hang-glidder apenas servia de algo ante la potencia de las motos que usaban sus perseguidores. Kaito Kid esquivaba los disparos lo mejor que sabía pero también sabía que aquella situación no duraría eternamente, tarde o temprano caería.
-Estamos llevando el objetivo hacia tu posición, le verás dentro de un minuto- dijo uno de los hombres a través de un pequeño transmisor situado en el casco.
-Recibido, aquí todo esta preparado. Espera ya veo al objetivo, todo el mundo en posición.
Kaito Kid se aproximaba a la azotea donde aquel tercer hombre esperaba pacientemente, con un rifle de francotirador en alto, a tener a su objetivo a tiro. Cuando la mirilla de su rifle marcaba exactamente el cuello de Kid el francotirador disparó y un dardo recorrió la trayectoria establecida hasta clavarse en el cuello de Kid. De inmediato el ladrón perdió el conocimiento y empezó a caer desde las alturas.
-¡Desplegad la red!- ordenó el hombre
En el asfalto un equipo formado al menos por diez componentes desplegó una red gigante, el impacto del cuerpo de Kid en ella apenas se notó. Con gran diligencia el equipo recogió a Kaito y lo metieron en una furgoneta oscura mientras los demás recogían la red. En cinco minutos ya no quedó ni rastro de la operación para capturar a Kaito Kid.
La mañana siguiente en la ciudad de Beika, Tokio…
Había pasado un mes desde el caso del cazador de detectives y desde entonces Conan Edogawa vivía un periodo de relativa tranquilidad salvo por los espontáneos crímenes con los que se encontraba día si día también y que tenía que resolver en nombre de Kogoro Mouri. Aquella mañana Conan se encontraba caminando en dirección a casa del profesor Agase mientras hablaba con su colega Heiji Hattori por el móvil. La conversación se limitó a recordar los hechos sucedidos en la isla donde el cazador de detectives hizo su primera y última aparición y donde Conan confesó su verdadera identidad a Ran, sin embargo…
-¿Cómo dices? ¿Qué no te creyó?- preguntó Hattori.
-Ni por un momento- contestó Conan- piensa que lo hice para darle ánimos y poder salir de aquel sitio en llamas, cuando llegamos a Beika por mucho que le insistí en que yo era Shinichi Kudo no me hizo caso.
-Supongo que no te creerá hasta que te transformes delante de sus narices- concluyó Hattori
-Eso parece. Cuídate Hattori, nos vemos- y guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón. Habría continuado hablando con su amigo pero desde hacía un rato tenía la sensación de que alguien le vigilaba. Solo había dos casas en aquella calle, la de Agase y la de Shinichi Kudo y apenas servia para atajar hacia otras calles. Si alguien pasaba por ese lugar era para ir a alguna de aquellas dos casas y el profesor apenas solía recibir visitas salvo la de los niños. No, la persona que había detrás de Conan tenía un objetivo bien claro, el detective.
-¿Y bien? ¿Va decirme quien es o va a esperar hasta que me gire y me sorprenda al verle?- dijo Conan desafiante.
-Debes de ser Conan Edogawa, ella ya me advirtió sobre tu actitud- dijo el hombre
-"¿Ella?...¡Un momento! ¿Se referirá a Vermouth?"- pensó Conan
-Por favor, venga conmigo.
-¿Y si no quiero?- respondió el detective
-Me veré obligado a usar esto- dijo el hombre mostrando un arma en la cartuchera dentro de la americana.
Sin mediar palabra Conan echo mano de su reloj y disparó un dardo anestésico en plena frente de aquel desconocido que cayó al suelo al instante.
-Menudo día me espera- dijo Conan para si
-No sabes cuanta razón tienes pequeño Holmes.
Aquella conocida voz femenina a sus espaldas hizo que el detective se girase rápidamente, aunque estaba a contra luz Conan reconoció perfectamente la silueta de la mujer.
-No puede ser…
