FILE 8: EL ASALTO AL HEAVEN PLAZA
Los helicópteros estaban cada vez más cerca mientras descendían suavemente hacia el mirador de la sala de fiestas, donde se había cometido el asesinato. Solo uno de ellos se separó del grupo con intenciones de aterrizar en la terraza donde se encontraban Conan e Ivana.
-Será mejor que nos marchemos de aquí- sugirió la mujer aun con las manos en alto- si no nos damos prisa es posible que tus amigos estén muertos antes de que lleguemos a la sala de fiestas.
-Usted no va a ninguna parte.
Conan cambió la carga de su reloj del dardo anestésico al paralizante, una modificación que el profesor Agase le había aplicado durante aquel caso en que el y Sherlock Holmes se enfrentaron al profesor Moriarty. Antes de que Ivana pudiese reaccionar Conan le acertó con el dardo en el cuello y la mujer quedó inmóvil.
-¡Que me has hecho!- exclamó furiosa.
-¿Cree que me voy a arriesgar a perder a una asesina de vista en medio del caos que habrá allá abajo? Si los hombres de Mikado no acaban antes con usted volveré con el inspector para que la detenga.
Tras estas palabras Conan desapareció por la puerta de la terraza. La asesina pese a que no podía moverse y todo parecía indicar que aquel sería su final no borró la sonrisa triunfante que esbozó poco después de que el detective desapareciese.
En la sala de fiestas todo ocurrió tan rápido que a los invitados aun les costaba asimilar lo que estaba pasando. En el momento en que los miembros de la Operación Supernova se disponían a huir unos hombres vestidos con uniformes y cascos negros irrumpieron en la sala y la tomaron con una precisión militar. A través del gran panel de cristal se podía distinguir dos helicópteros que lanzaron una rápida ráfaga contra la superficie transparente haciéndola añicos. Cuando cayeron todos los fragmentos más hombres abordaron la sala desde los aparatos y apuntaron sus armas amenazantes contra la multitud.
-¡Que significa todo esto!- exclamó el inspector.
Uno de aquellos hombres, el que parecía ser el líder del grupo se aproximó lentamente al inspector.
-Uno de vosotros tiene algo que queremos. Dádnoslo sin oponer resistencia y nadie saldrá herido- respondió
Radish lanzó una mirada a sus agentes, intentando buscar algún refuerzo, pero lo primero que hicieron aquellos hombres nada más llegar fue reducir a todos los agentes, ahora desarmados y postrados en el suelo.
El líder hizo una señal a varios de sus hombres y estos empezaron a cachear uno por uno a los invitados. Jodie y Akai comprendieron enseguida que aquellos hombres iban tras el chip que Kaito Kid tenía en su poder y todavía se aventuraron a pensar que el asalto había sido obra de Dauragon C. Mikado. El magnate representaba bien su papel, como si se tratase de un retenido más.
-¿Qué vamos a hacer Shu?- preguntó Jodie en voz baja- es cuestión de minutos que registren a Kid.
-Tendremos que salir de aquí a tiros- el agente parecía emocionado por la situación que se avecinaba.
-¿Estas loco?- le replicó la mujer- No sobreviviríamos a un tiroteo contra este gente.
-Lo se, pero supongo que no serán tan necios como para disparar a su propio jefe. Acerquémonos a el lentamente y robémosle la 9 mm a alguno de estos payasos.
-Eso déjalo de mi cuenta- dijo Kid, que había estado atento a toda la conversación.
Disimuladamente los dos agentes del FBI se acercaron a Mikado, avanzando lentamente cuando los asaltantes no les miraban. Por su parte Kid volvió a interpretar otro papel excepcional. Fingiendo un desliz y agarrándose a la cintura de cualquier agente cercano para evitar caerse consiguió sustraer sutilmente las armas de las cartucheras e introduciéndolas en su vestido. Después de coordinar sus acciones con un simple gesto Kaito Kid lanzó las dos pistolas al aire. Las armas describieron una trayectoria parabólica cayendo en las manos de Jodie. Esta rápidamente le pasó una de las pistolas a Akai mientras con un brazo atenazó a Mikado por el cuello y posó el arma en la sien del magnate. Los soldados de Mikado reaccionaron rápidamente y dirigieron el cañón de sus armas contra Shuichi Akai.
-¡No disparéis!- gritó Mikado mientras notaba el frío tacto de la pistola en su cabeza
-Ahora empezamos a entendernos- dijo Akai- ¡Todo el mundo fuera de aquí!
El agente lanzó dos disparos al aire y los invitados empezaron a salir en estampida de la sala dejando una estela de zapatos perdidos y jirones de tela. Los agentes de Radish y el mismo inspector aprovecharon el momento para recuperar sus armas y encararse a los asaltantes.
-¿Ha organizado usted todo esto?- preguntó Radish al magnate.
-Si inspector- respondió Jodie por el- supongo que esto debía ser su plan de emergencia
-¿Plan de emergencia para que?- volvió a preguntar Radish
-Lo siento por el momento no podemos revelarle nada más- atajó Jodie
-Tendría que habérmelo imaginado, sois perros del FBI. Esperaba algo mejor de vosotros la verdad. ¡Entrad!
Dos hombres armados entraron en la sala con una mujer que postraron en el suelo de un fuerte empujón. Jodie y Akai la reconocieron enseguida como Kaito Kid.
-Por vuestras caras creo que he dado en el clavo- dijo Mikado- registradla bien, ha de tener el chip. Me tomé la libertad de añadirle un localizador. Por desgracia su alcance es reducido pero lo suficiente como para que mi equipo lo detectase dentro del edificio.
-Tócala y le vuelo la cabeza- amenazó Shuichi al agente.
-Piénsatelo bien, si me matas ya no habrá nada que les impida matarte, a ti y a las chicas. Coge el chip- le ordenó al mercenario.
-¿Sabéis? Empiezo a estar arto de este disfraz.
Kaito Kid le arreó un fuerte puñetazo en la cara al hombre que se proponía registrarle tumbándolo en el suelo. A continuación estrelló una bomba de humo contra el suelo y rápidamente la sala se empezó a llenar de gas. Los hombres de Mikado no se imaginaban esa clase de contraataque y sus cascos no estaban preparados para repeler el humo. Ante la incertidumbre empezaron a disparar con la esperanza de que algunas de las balas alcanzasen a Kid. Ante la proximidad de los fogonazos Akai se deshizo de Mikado y tumbó una mesa para que sirviera de escudo, donde se oculto junto a Jodie. Al poco rato Kaito Kid, que volvía a lucir su uniforme blanco se reunió con ellos.
-¡Alto el fuego!- gritó Mikado furioso
-Te debo una, chaval- le dijo Akai al ladrón en un susurro.
-Bien agentes parece que la situación no les favorece demasiado- explicó Mikado burlón-vosotros tres contra mis hombres, dudo que sea una batalla que podáis ganar fácilmente.
Jodie se dio cuenta de que algo en esa afirmación estaba mal. Efectivamente eran mas personas en la sala pero Mikado solo aludió a tres. El escudo improvisado tapaba su campo de visión pero podía imaginar lo ocurrido. Los asaltantes aprovecharon el humo para matar a los agentes de Radish y posiblemente al mismo inspector, no fueron simples fogonazos indiscriminados.
-Bien ¿Alguna sugerencia para escapar de aquí?- preguntó Kid
-Estaríamos muertos antes de alcanzar alguna de las dos salidas- dijo Jodie
-Por que os empeñáis en huir por las puertas cuando es más fácil huir por la ventana- señalo Kid.
-No cuando tienes dos helicópteros que te pueden desintegrar a balazos- dijo Akai- Además Jodie y yo no tenemos alas.
-Pero yo si- dijo Kid- siento decirlo pero solo puedo sacar de aquí a uno de los dos. Dos personas más es demasiado peso para mi Hang-Glider.
-Entonces esta claro. Jodie, te vas con él- le ordenó Akai
-Ni hablar Shu, no pienso dejarte aquí- protestó la mujer
-No tenemos muchas opciones, el chip tiene que salir de aquí y ya puestos mejor que muera uno que no todos.
Jodie quiso replicarle pero la mirada de Akai la paralizó, resignándola a aceptar la situación.
-Yo os cubriré- dijo Shuichi mientras comprobaba los cargadores- ¡Ahora!
Kaito agarró a la mujer por el brazo y corriendo lo más agachados posibles empezó a disparar cartas contra los soldados. Pese a que sabía que llevaban resistentes chalecos antibalas la explosión de las cartas seria suficiente para alterar su trayectoria de tiro. Al mismo tiempo medio cuerpo del agente del FBI emergió del escudo y dirigió los cañones contra las dos maquinas voladoras, sus esperanzas de intentar acertar al piloto fallaron al ver que los cristales del aparato estaban blindados pero sería suficiente para atraer su atención sobre el e ignorar a los fugitivos. Algunos disparos a ciegas de los soldados resonaron por la sala, varías veces los proyectiles estuvieron a punto de matar a Kid pero la suerte sonrió al mago. Una vez llegaron al mirador, tan cerca que incluso podría haber acariciado a los helicópteros, el ladrón agarró a Jodie en brazos y sin vacilar se lanzó al vacío. Al mismo tiempo Akai se quedó sin munición.
-Equipo 2, id tras los fugitivos. Tu, mata al que queda, ya no le quedan balas- ordenó el líder.
Tras dar la orden uno de los helicópteros que se mantenía suspendido ante el mirador desapareció y uno de los soldados avanzó con pasos cautelosos hacia el refugio de Akai. Apenas llegó a distinguir su rostro cuando una bala la perforó la cabeza.
-Vaya, se me olvidaba que todavía me quedaba una en la recámara- dijo Akai.
-¿Piensas que servirá de algo ese sacrificio? Es solo cuestión de tiempo que mi equipo encuentre a esos dos- dijo Mikado- Ahora si haces el favor de salir de esa barricada tendrás una muerte rápida.
Akai conocía muy bien sus posibilidades y sabía que ahora no tenía ninguna, el único aunque falso consuelo que le quedaba era el de figurar en los anales del FBI como agente caído en acto de servicio. Cuando se disponía a proclamar su rendición el móvil negro vibró dentro de su bolsillo.
"Coge la granada del soldado que has derribado y corre hacia el mirador cuando veas la señal"-Conan
Inmediatamente después de leer el mensaje un balón de fútbol cruzó la sala desde el segundo piso hasta estamparse en la cara de Mikado, que cayó violentamente al suelo. Instintivamente y aprovechando la confusión generada Akai dio un tirón a la anilla del artefacto y lo lanzo en medio de la sala. La fuerte explosión aturdió a los soldados.
-¡Vamos corre!- dijo una voz conocida tras el agente
Al iniciar la carrera vio como el pequeño detective corría a su lado. No sabía de donde había salido ni le importaba, lo que si le importaba era aprovechar la única oportunidad de huir que tenía.
-Vamos a saltar- dijo el detective mientras se acercaban cada vez mas al mirador- pase lo que pase cógete de mi cintura y no me sueltes.
Inmediatamente Akai alzó al niño y atenazó sus brazos a la cintura del detective, después los dos se precipitaron por el borde del mirador.
-¡No! ¡Id tras ellos!- bramó Mikado
El líder ordenó al último helicóptero y a los hombres que apenas se estaban recuperando de los efectos de la explosión, lo que Mikado le había ordenado. Aunque dudaba mucho que alguien pudiese sobrevivir a una caída así.
Mikado se quedó solo en la vasta sala, maldiciendo a aquellos que habían echado por tierra sus planes. Sabía que si habían optado por lanzarse desde el mirador era porque tenían un as en la manga. Un disparo habría sido una muerte mucho más rápida si eso era lo que querían.
Un soldado, perteneciente al equipo 3, el único que no había formado parte del operativo apareció por la puerta trasera del escenario.
-Señor, acompáñeme, tenemos un prisionero.
