FILE 14: CAMINOS SEPARADOS- DUELO DE PISTOLAS-

Las instrucciones de Vermouth guiaron a Shuichi Akai hasta la planta 32, una zona completamente residencial, exclusiva para los soldados de Mikado. Su llegada pasó inadvertida para los moradores de la torre. Los monitores de seguridad solo reproducían la grabación del día anterior una y otra vez. Al igual que Jodie y Kaito Kid el también había pensado en disfrazarse pero aquel pequeño ejercito no estaba formado por ningún miembro japonés y llevar el casco para ocultar su rostro habría levantado sospechas. Cuando llegó a su destino la zona residencial estaba completamente vacía, ya que los soldados la usaban únicamente cuando terminaba su turno y tenían que retirarse a descansar antes de la siguiente guardia. Durante su inspección el agente encontró una sala con unos cuantos sillones que tenían pinta de ser bastante cómodos y una modesta televisión. Akai se acomodó en uno de ellos y encendió un cigarrillo a la espera de que sus compañeros cumpliesen con su parte del trabajo. Minutos mas tarde que para el se hicieron eternos, hubo un apagón y las luces de emergencia empezaron a parpadear hasta quedar completamente encendidas.

-Si Madsen es listo- dijo para si mismo terminaba el cigarrillo- sabrá que el apagón es obra nuestra y nuestro objetivo es la sala de control. Al igual que nosotros el también sabe que es el único con una copia de la tarjeta de acceso y que nos hará falta quitársela para llegar hasta Mikado ya que la sala de sala de control mantiene activos los sistemas de seguridad. No solo eso, parece que le gusta bastante darle al gatillo y no rechazaría un duelo a muerte. Si ha leído la nota que le dejé en el arsenal será cuestión de tiempo que aparezca. Vaya, creí que tardarías mas.

Una figura que resaltaba sobre las otras cinco que le acompañaban se materializó en la puerta de la pequeña sala. Apenas se podía vislumbrar su rostro pero la cicatriz que lucía en el le identificaba en el acto.

-Pensé que ibas a dejar plantado- bromeó Akai

-Nunca dejo pasar la oportunidad de tener un buen duelo Akai, tu y tus amigos matasteis a mis compañeros en Nueva York. Haré que pagues caro cada una de sus muertes- dijo Madsen amenazante

-Bueno, era la ley del "ellos o yo" tú, mejor que nadie, debes conocerla- dijo Akai impasible.

-No me explico como lo lograsteis. Nunca antes nadie había sido capaz de rozar a uno de mis hombres.

-Siempre hay una primera vez.

-Avisaré a los demás equipos- dijo uno de sus subordinados

-Quieto. Al que de la alarma lo mato ¿Entendido?- dijo Madsen desenfundando el arma

-Pero señor son demasiado peligrosos si nos descuidamos….

El soldado fue interrumpido por una llamada de su walkie, un compañero bastante alterado solicitaba refuerzos para neutralizar a una mujer a un niño que estaban acabando con ellos. Madsen se percató enseguida de que aquella mujer y el niño eran los prisioneros fugados. Con un gesto indicó a sus hombres que se unieran a los demás miembros y en pocos segundos desaparecieron por el ascensor.

-Hablas de venganza y de honor pero no eres más que un sádico de mierda- le espetó Akai cuando sus compañeros hubieron desaparecido.

-Te equivocas, no soy sádico, pero probablemente te habrían matado si mi vida hubiese corrido peligro durante nuestro duelo y la verdad, odio las interrupciones- explicó su enemigo

-No te imaginas a que infierno les acabas de mandar- se burló Akai soltando una sonora risotada mientras pensaba en Vermouth.

Madsen cortó la conversación en aquel punto y le hizo señas con el arma al agente para que saliese de aquella salita y le siguiese. Después de torcer un par de pasillos llegaron a una espaciosa sala de entrenamiento donde los soldados en su tiempo libre hacían prácticas de tiro, Aunque habían abierto tantos agujeros en ella que alguna que otra rata se colaba fácilmente, sin embargo ahora estaba desierta. Madsen bajó el arma y cambió el cargador en el mismo instante en que Akai desenfundaba una manejable 9 mm y dejaba todas sus otras armas en el suelo.

-¿Te lo quieres jugar todo a un solo cargador?- le propuso Madsen

-Así es más emocionante- contestó Akai.

Sin más preámbulos los dos contrincantes se dirigieron a la pista de tiro, sus enormes columnas de hormigón, usadas para prácticas de tiro reales y simular auténticos territorios cerrados de combate, eran unos perfectos escudos. Shuichi Akai se lanzó tras uno de ellos efectuando un disparo antes de refugiarse tras la columna. Madsen detectó la trampa de Akai, el dispararía en la dirección en que había venido la bala mientras Akai le volaba la cabeza desde otra zona.

-Un truco muy viejo amigo- exclamó Madsen.

-Mierda, se ha dado cuenta- dijo Akai.

Ambos contrincantes salieron a la vez de sus escondites y empezaron a dispararse. Akai logró esquivar los disparos con una sucesión de piruetas aunque no consiguió evitar que una de las balas le hiriese la mejilla. Para satisfacción personal del agente el logró dejar la misma marca en Madsen.

Los dos enemigos se abalanzaron uno contra otro hasta que sus brazos entrechocaron y cada uno hacía fuerza para poder apuntar al otro en la cabeza, como si fuese un pulso, si el brazo de uno cedía el otro ganaba. Shuichi al ver que su enemigo era superior en fuerza física dio un salto hacia atrás y disparó a los pies del enemigo para distraerle y evitar que este le acertase durante su corta levitación. Cuando los pies del agente se posaron en el suelo este se precipitó de un salto tras otra columna mientras las balas de Madsen se incrustaban en la pared.

-Tienes mas talento del que pensaba- le reconoció el soldado una vez se hubo escondido también.

-Tú en cambio disparas como mi abuela- dijo Akai.

Tras el comentario Madsen salió de su escondite y el agente aprovechó para disparar. El soldado le devolvía los disparos mientras corría al encuentro de Akai. Cuando este se percató de que su escondite ya no era seguro se desplazó al centro de la sala. En el momento en que Madsen se disponía a dispararle Akai reventó a balazos las luces de emergencia.

-Eso no formaba parte del juego Akai- dijo Madsen confuso ante la acción del agente- ¿Debo suponer que te quedan pocas balas? ¿Cuántas llevamos? ¿10?

Un tiro resonó por el área de entrenamiento y la bala que lo provocó se incrustó en el hueso del brazo de Madsen.

-Astuto hijo de…

-¿Nunca te dijeron que a veces es mejor callarse?- dijo Akai en un tono suave

Efectivamente Shuichi Akai había dejado la sala a oscuras para acertar a su enemigo guiándose por el sonido de su voz. Aunque había pocas probabilidades de que el tiro fuese mortal, estaba seguro de que podía acertarle. Akai sin embargo cometió un error, al oir pisadas sobre los casquillos usados disparó en la dirección de la que provenían. Antes de percatarse de que era una trampa una ráfaga de disparos se abrió ante el. Intentó hacer frente a los fogonazos disparando su arma pero Madsen salió indemne del ataque mientras que Akai notó un dolor lacerante en la pierna y como un líquido tibio discurría por ella.

-Eso ha sonado a diana- dijo Madsen

-Mas quisieras- contestó Akai reprimiendo el dolor.

-¿Bueno que me dices? Nos queda solo una bala, habrá que terminar con esto de una vez- sugirió Madsen

-Mierda- murmuró el agente tras comprobarlo.

Sus nervios empezaban a quebrarse, una distracción que su oponente no dudaría en aprovechar. Akai no se rindió, se serenó e intentó concentrarse en el ataque final. Encontrarse tras la pared que mas daño por parte de los soldados había sufrido durante los entrenamientos no le ayudó demasiado ya que por alguno de los agujeros podía escuchar la carrera de una de las ratas que se dirigía al recinto atraída por los disparos.

-Odio estos malditos bichos.

Akai se metió las manos en los bolsillos para evitar que aquel repugnante animal le tocase y entonces fue cuando se le ocurrió. En su mente se dibujo un plan que bien podría matarle o salvarlo. Agarró el encendedor y cargó su última bala en la recámara. Meditó unos segundos para relajarse antes de lanzarse a la carrera que constituía su ataque final. En medio del recorrido Shuichi Akai prendió la llama.

-¡Idiota ya eres mío!- exclamó Madsen a la vez que efectuaba su último disparo

Akai casi echa el plan a perder cuando la última esperanza de Madsen salió disparada en dirección opuesta a la llama y el se disponía a gritar de júbilo. El fogonazo de Madsen había delatado su posición y con eso le bastaba al agente. Apagó la llama, alzó firmemente la pistola y disparó. Su última bala seccionó el cuello del enemigo. El sonido del proyectil atravesándole y su cuerpo cayendo sobre el suelo confirmaron la victoria, Shuichi Akai salió vencedor del duelo.

Un par de minutos mas tarde el agente salió de aquella sala con el cuerpo de su enemigo en brazos. Pese a estar moribundo todavía se aferraba firmemente a su pistola.

-¿Cómo lo supiste?- preguntó Madsen agonizando.

-Bueno, supuse que pensarías que no soy tan idiota como para dejarme ver de esa forma y que era solo una distracción para poderte disparar por la espalda.

-¿Y si en vez de disparar a mi espalda hubiese disparado a la llama?

-Entonces sería yo el que estaría diciendo sus últimas palabras- contestó Akai

Madsen sonrió y se llevó la mano al chaleco, de donde sacó una tarjeta magnética. Akai la agarró antes de que la mano de su enemigo quedase inerte y se desplomase contra el suelo.

Shuichi informó a Conan de su triunfo a través del walkie y lo guardó en un estrecho bolsillo de la armilla confeccionado para ese propósito.

Madsen supo fingir muy bien su muerte, el agente no se imaginó que seguía con vida y se dirigió inocentemente hacia el final del corredor donde aguardaba un ascensor. En mitad del recorrido Madsen invirtió sus últimas fuerzas en ponerse en pie y apuntar con su arma a Akai.

-¡Tú vendrás al infierno conmigo!- exclamó

Al cambiar el cargador antes del inicio del duelo Madsen había guardado una bala en la recámara, lo cual le proporcionaba 15 balas del cargador más la de reserva, una bala que certeramente impactó en el agente del F.B.I. Tras caer Shuichi Akai su enemigo, pensando que se volverían a ver en un plano distinto murió con una sonrisa triunfal en el los labios.

En la sala de control Mikado se agarraba con fuerza a los reposa brazos de su asiento, esperando con impaciencia a recibir la noticia que llevaba deseando oír desde hacia rato. La sala hexagonal estaba repleta de pantallas que mostraban imágenes y datos. A escasos centímetros de la plataforma en la se encontraba Mikado, cuatro mujeres cuya indumentaria podría haber sido sacada de una película de Star Trek operaban el satélite desde sus respectivas terminales. Una de ellas se levantó para dar su informe a Mikado.

-Señor, el KOS-MOS ha alcanzado la órbita terrestre.

-Excelente, todo va saliendo según lo planeado. Esta bien, fijad el blanco y cargad el rayo. Quiero que KOS-MOS dispare en cuanto se pose sobre Beika.

-Entendido señor.