FILE 15: HACIA LA SALA DE CONTROL
-Akai tarda demasiado- dijo Conan impaciente
-Vendrá, no te preocupes, Akai no se dejaría matar tan fácilmente- dijo Jodie, aunque por su expresión no parecía muy de acuerdo con esa hipótesis.
-No es por meter prisa…bueno la verdad es que si, queda solo media hora antes de que Beika se convierta en un montón de ruinas- Dijo Kid dando golpecitos a un reloj inexistente en su muñeca.
Los nervios iban en aumento, todos los miembros del equipo habían llegado al punto de reunión y habían gastado unos minutos explicando sus respectivas aventuras mientras esperaban al agente, pero este continuaba sin aparecer y el tiempo era lo único que no se podían permitir perder. Conan intentó llamar por enésima vez a Shuichi Akai a través del walkie pero al igual que las otras veces no hubo respuesta.
-¡Se acabó, voy a buscarle!- exclamó Conan
-Iré contigo- dijo Jodie
-No. Tu coge esto y quédate aquí- dijo el detective alargándole el transformador de voz donde había guardado los códigos- Si Akai vuelve antes que yo asaltad la sala de control sin mi, no tenemos tiempo que perder.
-Pero los soldados te descubrirán- replicó la mujer
-Con esta oscuridad podré moverme con facilidad. Además Vermouth ya se cargado a la mitad de su ejercito.
La mujer le lanzó una falsa sonrisa complaciente.
-Planta 32- dijo Vermouth- será mejor que te des prisa.
El detective no hizo ningún comentario más y desapareció por el corredor hasta llegar a al ascensor. El detective pegó un saltito para poder alcanzar el botón del piso 32 y las puertas se cerraron al instante mientras la maquina empezaba a descender.
En la planta numero 32 dos soldados habían terminado de peinar los pisos inferiores, sin rastro del niño y la mujer que se supone debían haber encontrado. Habían pensado en descansar un rato antes de volver al trabajo e ir a buscar unas bebidas a la planta 32, la que los soldados solían llamar "La Casa". Una vez las adquirieron decidieron ir a una pequeña salita que tenía un televisor, con la inútil esperanza de que este funcionase. Sin embargo no llegaron a aquel lugar, en uno de los corredores que conectaban la sala de entrenamiento con un ascensor había tendido dos cadáveres. Fue más sorpresa que asco, lo que sintieron aquellos soldados al contemplar la escena. No obstante uno de ellos reconoció horrorizado una de las figuras ensangrentadas como la de su jefe.
-¡Tío, es Madsen!- exclamó uno de ellos.
Las dos figuras se postraron ante el cuerpo, mientras uno le comprobaba el pulso el otro gritaba insistentemente su nombre pero en vano. Había recibido un disparo mortal en el cuello. Los dos soldados se levantaron y se acercaron al otro cuerpo.
-Este tío me suena. ¿No es uno de los que pillaron en Nueva York?
-¿Este pringado ha matado a Madsen?
-Bueno el jefe se lo llevó por el camino- el soldado le golpeó un par de veces en la bota- nada, está tieso. Vamos a informar a Mikado, tiene que enterarse cuanto antes.
Los dos soldados ya se retiraban cuando uno de ellos vio algo inusual en un cadáver. La visión le hizo desenfundar su arma y apuntar contra el muerto.
-¿Qué coño te pasa?- le preguntó el otro
-Ha respirado tío, te juro que ha respirado- contestó el otro con la voz quebrada
-Serás idiota, está muerto ¿Es que crees en fantasmas ahora? Seguro que ahora su espíritu se nos aparece y tendremos una muerte horrible- se burló su compañero entre carcajadas.
-Que te den, voy a rematarle.
Muy decidido el soldado corrió la corta distancia que le separaba de Akai para propinarle el tiro de gracia. Ya había retirado el seguro cuando un inesperado sonido le detuvo. El timbre que anunciaba la llegada de un ascensor sonó débilmente en aquel corredor y las puertas se abrieron, haciendo que la fuerte luz de la cabina cegase por un momento a los soldados.
-Pero que…
Antes de poder terminar la frase un gran objeto esférico se clavó en su cara, derribándolo de un solo golpe. El otro soldado disparó una ráfaga de balas contra el interior del ascensor pero eso no evitó que el mismo objeto que derribó a su compañero hiciese lo mismo con el también.
-Bueno, tener este cuerpo a veces tiene sus ventajas- dijo Conan contemplando los agujeros de bala a 50 cm de su cabeza.
Con un rápido vistazo el detective comprendió por que su compañero no contestaba. Corrió hacia el, con las bambas todavía echando chispas, deseando que aquella imagen no significase lo que parecía aparentar.
-¡Akai! ¡Akai! ¡Contéstame!
Conan le agitó varias veces para despertarle sin éxito, incluso le metió un par de tortazos para ver si despertaba. Después de eso su rostro se iluminó de alegría.
-Su cuerpo, todavía esta caliente. Venga arriba, no es hora de dormir.
El muerto, o supuestamente muerto hasta ahora frunció el entrecejo un instante y empezó a abrir los ojos lentamente. Al principio solo distinguía una imagen borrosa, después se iba haciendo cada vez más nítida hasta que al final podía distinguir perfectamente al detective.
-¿Sigo vivo?- se preguntó a si mismo
-Si amigo, pero a Beika no le queda mucho tiempo si no nos damos prisa.
Shuichi Akai hizo un esfuerzo por recordar lo sucedido. Recordaba haber vencido a Madsen, haber conseguido el pase de seguridad y después recordó como Madsen en un último intento de matarle le disparó. Instintivamente el agente se llevó la mano al pecho, donde sentía un ligero dolor pero en vez de su cuerpo encontró el walkie hecho trizas a causa del impacto de bala. El bolsillo para guardar el aparato quedaba justo a la altura del corazón y esto le salvó la vida a Akai. Si Madsen hubiese disparado un centímetro más a la derecha el agente estaría muerto de verdad.
-Tengo que ir a las Vegas, a ver si tengo la misma suerte- dijo mientras sostenía la bala en la palma de su mano.
-Ya harás planes luego- dijo mientras empujaba al agente al ascensor.
En la sala de control el magnate estaba cada vez más nervioso. En un mapa virtual una línea roja mostraba el tiempo que quedaba para que el KOS-MOS se posase justo sobre Beika. La espera se hacía cada vez más interminable. Al parecer el hecho de que los generadores hubiesen explotado y que Madsen no diese señales de vida parecía no importarle. Empezó a preocuparse por no recibir noticias de su hombre de confianza pero tenía fe ciega en el, sabía que no había nadie en el planeta capaz de derrotarle. Finalmente la duda terminó por consumirle.
-Que alguien me pase con Madsen inmediatamente- ordenó
-Lo siento señor- dijo una de las operadoras del KOS-MOS- parece que no contesta.
-¡Pues vuélvelo a intentar hasta que lo haga!
-Si señor.
-Señor, tengo una llama interna- anunció otra de las mujeres.
-Jefe tenemos un problema- anunciaba una voz nerviosa- alguien, bueno…no se como decirlo… hay treinta hombres o mas muertos en la planta 47
A Mikado por poco se le cae su frágil corazón al suelo. ¿Había oído bien la cifra?
-Y eso no es todo señor, la puerta de su despacho…estaba abierta.
Eso solo podía significar una cosa y eso bien lo sabía. Habían conseguido los códigos, se dirigían a la sala de control para poner punto y final al proyecto KOS-MOS aunque seguía siendo un misterio como un grupo tan reducido había conseguido acabar con tantos oponentes. El corazón se le aceleraba cada vez mas, ya no veía la torre Destiny como aquella fortaleza tan inquebrantable. Tenían una posibilidad de echar por tierra sus planes.
-Activa los altavoces de toda la torre- le ordenó a una de las operadoras.
-No puedo señor. Salvo esta sala y los ascensores no hay energía en todo el edificio.
Otra llamada entrante le anunció que los generadores no habían explotado por sobrecarga. Un equipo acababa de confirmar que alguien los había volado.
-¿Pero quien es esa gente?- se preguntó el magnate para si cada vez mas confuso.
-Muy bien- le dijo a su subalterno- avisa a todo el ejercito. Quiero hasta el último hombre custodiando la entrada de la sala de control. No quiero que pongan un pie en esta planta. ¡Y vosotras haced que ese maldito trasto vaya más rápido!
Conan ayudaba en la medida que lo permitía su tamaño a evitar que el agente no cayese al suelo. Estaba vivo pero la herida de la pierna le dolía mucho más que antes. Cuando regresó con sus compañeros Jodie fue corriendo a abrazarle. Kaito Kid le dio unas palmadas amistosas en el hombro mientras que Vermouth no exhibía emoción alguna.
-Terminemos con esto de una vez- dijo Conan decidido.
Los miembros de la Operación Supernova, esta vez al completo, se pusieron de camino a la sala de control. La última planta del edificio tan solo constaba de un largo corredor que desembocaba en una gran estancia vacía, al final de esta se encontraban las puertas blindadas que llevaban a un ascensor, el único medio para llegar a las puertas de la sala de control. El tiempo seguía corriendo, 20 minutos para el final de la ciudad de Beika.
A medida que el equipo avanzaba un murmullo indistinguible se iba haciendo cada vez más sonoro. Conan lo distinguió eran decenas, centenares de pasos que se dirigían a su encuentro.
-¡Mierda ya saben que estamos aquí, corred!
Los demás se pusieron en marcha en el acto. Kaito cargó a Akai a su espalda sin darle opción de protestar. Aquella gigantesca sala vacía se hacia interminable. Cuanto mas camino recorrían mas alejada parecía su meta. Tras una carrera considerable llegaron al último ascensor. Solo se podía activar usando el pase de seguridad, sin embargo la comprobación de aquel pase, dado el complejo sistema de códigos que contenía, llevaba cinco minutos. Una pequeña lucecita parpadeante indicaba que el pase estaba siendo comprobado, pero no fue lo suficientemente rápido. Las puertas laterales de ambos flancos de la sala se abrieron y por ella desfilaron decenas de hombres, enfundados en monos militares que no tardaron en formar filas. A continuación el que parecía el jefe les ordenó avanzar
-Esto es el fin- dijo Kid viendo el futuro muy negro
-Bueno chicos, me temo que aquí nos separamos- dijo Vermouth mientras cargaba las Smith & Wesson.
-¿Pero que dices?- preguntó Conan
-Bueno, vosotros necesitáis tiempo antes de que el ascensor compruebe el código y llegue. Y yo…bueno, siempre supe que moriría cosida a balazos algún día- contestó la mujer
-Quieres decir que…¿Vas a entretenerles?- Preguntó el detective confuso
-Es una forma de llamarlo.
-¿Tu? ¿Haciendo algo noble? No me lo creo- dijo Jodie
-Nos mueve el mismo objetivo esta vez, cada miembro de la organización sabe que cualquier misión puede ser la última, la muerte no nos asusta tanto. En fin, si no me doy prisa llegarán hasta aquí. La verdad, no ha estado tan mal trabajar con vosotros. Por favor no intentéis impedírmelo todos a la vez que todavía me emocionaré- dijo irónicamente.
-Espera- dijo Kid- llévate esto.
Kaito Kid le entregó una de sus queridas bombas de humo que de tantos apuros le había sacado en más de una ocasión. Vermouth la tomó y le dio al ladrón un beso en la mejilla, sabiendo que se sonrojaría.
-Odio tener que decirte esto pero…gracias y suerte.
-Vamos Akai, estas deseando que me dejen como un colador- dijo la mujer sin borrar aquella risita que sacaba tanto de quicio a Conan.
-Here they come. Goodbye meitantei-san, take care of our angel.
El detective recordó a Ran y de repente le asaltó una duda. ¿Acaso hacia todo aquello por ella, tan alta era la deuda que contrajo en Nueva York cuando la chica le salvó la vida? No, eso es imposible.
Mientras reflexionaba sobre ello Vermouth despareció de su vista. Los minutos siguientes se volvieron críticos. El ruido que provenía de la sala era parecido al de una batalla campal. Los disparos no cesaban, por lo que suponía que Vermouth todavía vivía. Transcurrido los 5 minutos el ordenador aceptó el pase de seguridad y la maquinaria del ascensor se puso en marcha. Fue en ese momento cuando los disparos cesaron y un angustioso silencio se apoderó de todo, silencio que se rompió al poco tiempo por un disparo que resonó con más fuerza que los demás.
-¡Los que aun estéis en pie seguidme!- gritó una voz masculina
-¡Mierda la han matado!- exclamó Kid
Por fría que pareciese la situación nadie pareció dolido por la pérdida de Vermouth, era lógico, pues había sido su enemiga durante mucho tiempo. Sin embargo no pudieron evitar sentir algo de admiración por aquel último acto, valiente y noble.
Los pasos se iban acercando cada vez más cuando las puertas se abrieron de par en par. Los cuatro miembros entraron y pulsaron el único botón del panel. A Kid le pareció distinguir un par de soldados a lo lejos antes de que las puertas se cerrasen del todo.
Akai esbozaba una sonrisa que poco tenía que ver con la alegría.
-¿Qué ocurre?- le preguntó Jodie
-Esa mujer tiene que estar disfrutando desde el infierno sabiendo que le debemos una.
