FILE 16: COMMUNICATION BREAKDOWN
Los minutos de vida que restaban a los habitantes de Beika casi se podían contar con los dedos. Mikado estaba a punto de culminar su plan genocida mientras Conan no podía hacer otra cosa que quejarse por la lentitud del ascensor. No lamentaba la muerte de Vermouth pero con ella había perdido un valioso hilo que le habría conducido tarde o temprano hasta el jefe de la organización de los hombres de negro. Por otro lado sus compañeros parecían mantener la calma. Jodie y Akai estaban de pie, inmóviles, con los ojos cerrados y Kaito Kid revisaba su equipo sin prestar atención a la cabina del aparato. Cuando el ascensor se detuvo los dos agentes agarraron con fuerza sus armas, dispuestos a dar lo mejor de si mismos en la fase final de la operación.
-Lo que sea que hagamos tendremos que hacerlo sin cometer ningún fallo. No habrá tiempo para rectificar- dijo Kid
-Acabemos con esto de una vez- dijo Conan
Los miembros del equipo salieron como un rayo del ascensor, como la marcha de un ejército que va al encuentro de su enemigo. Esa marcha les llevo por un largo corredor que solo iba en una única dirección hasta encontrarse al final con las grandes puertas de acero que guardaban la sala de control. Akai le cedió el pase de seguridad a Conan y este lo deslizo por el lector de tarjetas. Tras un breve pitido las grandes puertas doble de acero se estremecieron y empezaron a abrirse lentamente. Una vez corrieron lo suficiente como para dejarles pasar el equipo tomo la sala de control.
Mikado no supo como reaccionar en aquel momento. Lo que estaba viendo era justamente aquello contra lo que la torre Destiny había sido edificada. Un grupo de tan solo 4 miembros, uno de ellos encima un niño, había podido llegar hasta el núcleo de su fortaleza dejando tras de si una estela de bajas que se supone eran el mejor y mas preparado ejercito jamás conocido.
-¡Arriba las manos todo el mundo!- ordenó Jodie
-Dauragon C. Mikado. Quedas detenido por terrorismo mundial- le dijo Akai al magnate mientras le apuntaba con el arma.
- Es imposible, no puede ser- murmuraba Mikado entre incesantes ataques de tos- ¿Dónde esta Madsen, y mis hombres?
-La última vez que vi a tu perro de presa estaba tendido en el suelo y por el balazo que le metí dudo que se levante.
-¿Quiénes sois?- pregunto una de las operadoras del KOS-MOS
-Perdonadme señoritas, me llamo Kaito Kid pero cualquiera de vosotras puede llamarme cariño.
-¡Vosotras, fuera de aquí cagando leches!- exclamó Jodie disparando un par de veces al aire.
Las cuatro operadoras se estremecieron a causa del ruido, amplificado por la acústica de la sala y salieron corriendo por la única vía de acceso.
-¡Eh! ¿Por qué me estropeas la diversión?- se quejó el mago
-¿Crees que es momento para ligar?
Mikado empezó a reír escandalosamente, llamando la atención de los demás.
-Os lo concedo, sois buenos, condenadamente buenos, pero todo lo que habéis hecho es inútil. ¿Habéis intentado hackear el ordenador de mi despacho verdad? Supongo que no os alegraría ver que una pregunta secreta protegía los códigos. Sin ellos no podéis hacer nada. Si os queréis despedir de algún ser querido que viva en Beika os aconsejo que lo hagáis antes de diez minutos.
Una de las pantallas mostraba un gran reloj digital al que solo le quedaban diez minutos para llegar a cero.
-La próxima vez deberías poner una pregunta más difícil- dijo Conan- OKANE se le podría haber ocurrido a cualquiera. Vaya ¿Se te ha comido la lengua el gato?
Mikado enmudeció, la situación fue demasiado fuerte para su sistema y se desplomó sobre el suelo pulido.
-Creo que la ha palmado- observo el ladrón
Nada más lejos. Bajo su asiento Mikado ocultaba un calibre 45, un secreto que solo conocía el y que nunca creyó que usaría pero el momento había llegado. Conan tenia en su poder el transformador de voz cuya memoria interna guardaba los códigos. Había extraído el pequeño cable para conectarlo al puerto USB del ordenador central y antes de introducirlo del todo Mikado dio un fuerte empujón a Akai que le hizo rodar abajo el corto tramo de escaleras de la plataforma de entrar. Después se puso en pie con una agilidad felina y apuntó a la cabeza al detective. Este desconcertado y con el cuerpo inmóvil solo podía observar el cañón del arma ante sus ojos. El detective escuchó como el arma se amartillaba, como el carro empezaba a deslizarse y cerró los ojos, pensando que era lo último que haría. Pero no fue así. Kaito Kid, cuyos reflejos superaban los de cualquier ser humano, apuntó con su pistola de cartas a la nuca del magnate y un as de espadas le golpeó en toda la nuca. El breve lapso de dolor que sintió Mikado le dio a Jodie el suficiente tiempo como para dispararle. Las únicas dos balas que quedaban en el cargador de la agente impactaron en el hombro y brazo izquierdo del magnate. Pero no fue lo suficiente para detener su ataque y al segundo el cañón del calibre 45 volvía a estar frente a la cabeza de Conan. Mikado, con una sonrisa triunfal se disponía a matar al detective cuando una patada de Shuichi Akai hizo que sus pies se alzasen del suelo y volase desde la plataforma central hasta caer estrepitosamente en la plataforma inferior. El ruido que provocó su brazo al chocar contra uno de los terminales indicó que se lo había roto. Jodie corrió a desarmarle de inmediato.
-Objetivo alcanzado- anunció el ordenador central- dos minutos para el disparo
-¡Joder!- exclamó
Conan se apresuró a conectar el transformador de voz al ordenador. Una nueva pantalla apareció en el monitor indicando que los datos estaban siendo analizados. Conan no hacia mas que golpear nerviosamente la pantalla táctil que hacia las funciones del Mouse mientras el cronometro parecía descender a una velocidad superior a la de antes.
-No lo conseguiremos- dijo Jodie
-¡No seas gafe!- le replicó Kid
-¡Maldita sea, tantos millones y no puedes ir mas rápido!
-Un minuto para el disparo- volvió a anunciar la voz
-No podéis detenerlo ¡Yo he vencido!- gritaba Mikado delirante
-Jodie, ciérrale la boca o lo haré yo- dijo Akai
Tras estas palabras el ordenador dio vía libre al menú de control del satélite. Conan se movía rápidamente por las diferentes secciones, buscando aquella destinada a abortar el ataque.
-Cincuenta segundos para el disparo- volvió a anunciar de nuevo la voz
-¡Ya lo se, ya lo se, ya lo se!- bramó furioso el detective
Un pequeño botón con las palabras avoid attack capto la atención del detective, a quien el rostro se le iluminó como si ante el tuviese el antídoto del veneno que le encogió.
-Veinte segundos para el disparo.
Conan deslizó la flecha del Mouse hasta el botón y pulsó sobre el. Un único submenú apareció pidiéndole que introdujese los códigos de anulación.
-10 segundos para el disparo, nueve, ocho, siete.
Conan copio los códigos ya leídos previamente por el ordenador en la nueva ventana y pulso Enter con tal furia que podría haber atravesado el teclado con el dedo.
-Cinco, cuatro, tres, dos, uno…ataque abortado.
Un estallido de júbilo asalto a los miembros de la operación Supernova. La culminación de su misión había sido un éxito total. Mikado estaba detenido y el KOS-MOS no desataría su fuerza destructiva sobre Beika.
-Lo conseguimos Ran…lo conseguimos- se dijo Conan para si soltando un prolongado suspiro de alivio.
-Gran trabajo chico- le dijo Akai arrodillándose y dándole un caluroso apretón de manos. Sin embargo el detective no contuvo la emoción y le dio un abrazo.
En la plataforma inferior Jodie y Kaito Kid saltaban como niños mientras gritaban a coro "somos los mejores". Llevado por la emoción el ladrón se disponía a darle un beso a la agente.
-Yo también estoy emocionada pero no es para tanto- dijo Jodie apuntándole con su 9 mm para impedírselo- Que demonios.
Jodie volvió a guardar el arma y besó a Kid, pero no en la mejilla. Fue un beso en los labios en toda regla. El ladrón pensó que si todas las agentes del FBI besaban igual se había equivocado completamente de profesión.
No todo eran risas y emoción en aquella sala hexagonal. Mikado, aquella figura endeble que luchaba por no perder el conocimiento a causa de la perdida de sangre y el dolor del brazo no pudo hacer otra cosa que llorar al ver sus sueños completamente rotos, sin esperanzas de que pudieran ser reparados. Su pesar no le permitía articular ni una triste maldición contra aquellos que habían echado por la borda sus planes. Además suponía cual sería el siguiente paso del detective.
-Bien chicos, ya solo nos queda una cosa por hacer- dijo Conan- convertir ese trasto en chatarra espacial. ¿Quién quiere hacer los honores?
-Seria injusto que alguien que no fueses tú lo hiciese, enano- dijo Kid en un tono alegre y burlón. Conan pasó por alto lo de enano y le devolvió una sonrisa.
A continuación fijó su vista en un botón del menú de control del KOS-MOS en el que ponía self-destruction. Conan repitió la misma operación que cuando abortó el ataque sobre Beika. Un mensaje de alerta le informó al detective de que no podía fijar la cuenta atrás en menos de 20 minutos.
-Bueno ya no tenemos prisa así que…
Conan pulsó ACEPTAR y condenó al KOS-MOS a su exterminio en 20 minutos.
-Todo ha terminado al fin- dijo Jodie- será mejor que cojamos a ese despojo humano y nos vayamos de aquí, no quiero estar en esta torre ni un segundo mas de lo necesario.
Cuando Akai, aunque sin mucha voluntad, se disponía a alzar a Mikado el reloj digital pasó de cero a quince minutos. La voz electrónica del ordenador transmitió un mensaje que heló la sangre, el corazón y la mente de todos los miembros de la operación Supernova.
-Nuevo objetivo fijado, quince minutos para el disparo.
-¡Que significa esto!- chilló Akai furioso, agarrando por las solapas a Mikado.
-Tan listos que sois y se os olvidaba un pequeño detalle- dijo tosiendo sangre- en caso de que se anule un ataque por cualquier motivo…el KOS-MOS puede ser controlado desde el ordenador de mi despacho.
Shuichi Akai ya había escuchado suficiente, sin ningún reparo le propinó el puñetazo más fuerte que le hubiese dado nunca a otro hombre.
-¿Pero quien? ¿Quién puede haber sido?- preguntó el mago
-Mierda, no se por que tengo un mal presentimiento- dijo Conan la imagen en la mente de una única persona.
