Todos los personajes son propiedad intelectual de J.K Rowling.
Y así emprendí el tercer camino, fui guiado sólo por el viento. El juez de paz me vio y me dijo: "Ya has perdido mucho tiempo"
¿Qué lo había llevado a tomar tal decisión? Quizás miedo ante las atrocidades que había elegido cometer; tal vez cansancio de presenciar tanta sangre, gritos en silencio, desesperación y desolación.
Tal vez fuera arrepentimiento al saberse un asesino sin escrúpulos. Pero de algo estaba seguro: se había convertido, de alguna manera, en lo que más odiaba. El orgullo, el prejuicio, la sordidez y la mansedumbre eran su forma de vida. No había más; eso era Severus Snape.
Y sin embargo, ahora estaba ahí, a punto de emprender un tercer camino que, quizás, le llevaría a un destino menos devastador. Sólo bastaba mirar esos ojos azules llenos de sabiduría y comprensión. Bastaba mirar esa sonrisa pía para comprender que no todo estaba perdido.
Él, Severus, no era el mismo, lo sabían ambos. Había atravesado ya bastantes caminos escabrosos, había estado a punto de la muerte a cada segundo, a cada instante. Finalmente, había entendido que estaba condenado a ello para siempre, pero quizás, y sólo quizás, pudiese sentirse mejor consigo mismo, combatiendo del otro lado. Después de todo, hacía mucho que había aprendido lo que era una traición.
Y ahora tenía un nuevo maestro, no un amo al que servir sin recibir nada a cambio, más que frustración. No un amo que luchaba bajo la sombra de su poder y del miedo que tan ridículamente le profesaba. No, ahora tenía un maestro que habría de guiarlo y no envenenarlo. Un hombre y no un monstruo sin alma.
Si era necesario, mancharía de nuevo sus manos de sangre, pero de una sangre culpable y merecedora del castigo. Valía la pena correr un riesgo aún más peligroso; valía la pena volver a ser considerado un ser humano, porque nunca dejó de serlo, aunque a veces él mismo lo dudaba.
Ahora sabía que era útil, un arma efectiva y letal, si sabía manejarse correctamente ¡Y claro que sabía cómo hacerlo! Severus era diestro en el engaño, la mentira y la traición. Y ahora podría en práctica todo ello para salvar un mundo que le pertenecía a él también. No importaban los riesgos, no importaba el descubrimiento y la única consecuencia: la muerte; nunca importó.
No, ya no requebraría al Señor Tenebroso, tampoco a Albus Dumbledore, porque está vez, estaba decidido a servir a un único ser: a él mismo.
–Severus, ¿estás seguro?
Y por primera vez en años, una media sonrisa amarga, pero complacida, surcó los finos labios del espía más importante de la llamada Orden del Fénix. Una respuesta que a el único mago al que Lord Voldemort temía, llenó de orgullo, porque lo había recuperado.
–Entonces, no perdamos más tiempo… ¡Legeremens!
