Todos los personajes son propiedad intelectual de JK Rowling.
Y vi a mi amor y estaba herido: no me quise detener allí. Soy cazador y no persigo más que lo que huye de mí.
Nadie estaba seguro de su muerte, tampoco él… mucho menos él.
Las celebraciones y desfachatez de los magos le enervaban, siempre había sido así. Muchos de sus antiguos compañeros estaban muertos, en prisión o salvados alegando estar bajo la maldición imperius u otros hechizos que los había orillado a actuar de la peor forma.
El ministerio les creyó, porque a pesar de estar concientes de las atrocidades cometidas, tenían nombre y poder. Todo ello le causaba gracia y amargura al mismo tiempo a Severus Snape.
Lucius Malfoy había pagado su libertad, Igor Karkarov había sido cobarde y mezquino, mientras que él, había dependido de la protección de Albus Dumbledore. Porque él, Severus Snape, no tenía con qué pagar y mucho menos era un cobarde.
Se sentía libre de algún modo, pues ya no tendría que servir a dos causas por demás estúpidas. ¿Culpable? Ya no era tiempo, ya no valía la pena cuando su alma estaba enviciada y corrupta. No podía evitar pensar en James y Lily Potter, pero claudicar a favor de su responsabilidad hacía su muerte no le apenaba, aunque así lo hubiera querido. Tampoco podía evitar sonreír malignamente al saber que Sirius Black se pudría en Azkaban, que sufría agonizante ante la presencia de los dementores, ante la presencia de sus recuerdos más tristes. Sí, que su enemigo perdiera la cordura y muriera como lo que era: un perro.
Ahora, Severus Snape tenía un trabajo como profesor en su colegio. Había pedido anhelante el puesto de Defensa, porque él era más capaz de enseñar la materia que ningún otro. Pero Dumbledore se lo negó.
Muchos decían que era por su pasado, cuando ni siquiera tenían una leve idea del peso que recaía en sus hombros a causa de ese pasado. No, no era el pasado ni la posibilidad de recaer en él ¡Patrañas! Era la confianza, la espera, el renovar. Era el tener siempre presente que, algún día, él volvería.
Confundido, alterado: simplemente solo.
¿Qué había mejor que enmascarar de nuevo su alma? ¿Qué había mejor que fingir y causar temor? Conseguir el poder no dado a través de inocentes que tenían la desdicha de contar con un hombre como él para ser su profesor, de sus malos tratos, de sus constantes burlas, de su cruel modo de actuar y de su infinito sarcasmo.
Parcial, injusto, arbitrario… sí, lo era. Competente, maestro y guía, también lo era.
Lo que ahora precisaba era crecer en esa nueva faceta de su vida, era enterrar ese pasado maldito, no olvidarlo, jamás olvidarlo; cuando aquél que nadie se atrevía a nombrar volviera, él estaría ahí, desenterrando ese pasado, y jugaría sus cartas con maestría y precisión. Algún día.
Y mientras tanto, le satisfacía y mucho, ver reflejado su propio miedo en aquellos rostros infantiles y jóvenes, sin amargura, sin desolación y sin temores. Le indemnizaba el trabajo duro, el trato hostil, para que ellos no cayeran en errores que los matarían en vida. Para que ellos, aprendieran de una buena vez, que la vida no era colores y magia ensoñadora.
Arrogancia, valentía, lealtad y sabiduría. Sí, todos ellos lo comprenderían.
-o –o –o –o –o –o –o –
N/A: De nuevo agradezco todos sus comentarios para mi pequeño fic. Sé perfectamente que son demasiado pequeños, pero es como, digamos, un "a grandes rasgos".
Y bueno, Absolution, disculpa que no haya respondido como se debe, pero estoy un poquito presionada. Las frases son parte de una canción llamada "Cazador", escrita e interpretada por Nacho Vegas. El disco es "El tiempo de las cerezas" de Bunbury & Vegas, track 4 del CD 2. (aunque al final del fic, quizás la ponga completa).
Ya me extendí, así que sólo me resta seguir agradeciéndoles y anunciar el próximo final de estas viñetas.
¡Saludos!
