Todos los personajes originales son propiedad de Rumiko Takahashi.
Este es un fanfiction de Lou & Pao chan. . .como siempre

100 Oportunidades para Ranma y Akane

Capítulo 2

"Mala Reputación"

Una risilla satisfecha se escuchaba muy cerca de ellos.

Tsuro Nakajima se balanceaba alegremente sobre una barda deteriorada y cuarteada que se hallaba detrás de Ranma. Los miraba a ambos con una mueca de conformidad y ligera justicia.

--Bien. . .¿Ahora ven a lo que me refería cuando dije que solía ser uno de los hechiceros más poderosos de China¡Je je je¡Parece que mis poderes aún funcionan. . . casi tan bien como desde hace doscientos años!! –rió alocadamente y con voz cascada.

--¡¡USTED¡¡FUE . . . USTED QUIEN NOS HIZO ESTO¿VERDAD?!!! –gruñó Ranma, cuya voz expresaba que esta vez sí sería capaz de darle su merecido al viejo.

--Cálmate, muchacho. . . –dijo Tsuro, con paciencia y serenidad como si se tratase de algo sin importancia— . . . lo único que hice fue aplicarles un pequeño castigo.

El tono de voz, inmutable e indiferente del señor Nakajima enredó más la situación, y provocando más a Ranma.

--¡Pequeño¡¿Y esto le parece un PEQUEÑO castigo¡¡Regrésenos a la normalidad, AHORA!!! –exigió Ranma.

Tsuro bajó desde donde estaba hasta estar frente a Ranma, claro que éste aún seguía siendo más alto que el viejo. Tsuro lo miró directamente a los ojos, cruzó los brazos y vociferó en un tono déspota y represivo:

--¿Regresarlos a la normalidad?. . .mmm. . . déjame pensarlo. . . mmmh. . . ¡No quiero!

--¡¡¿QUÉEE?! –exclamó Akane.

--¡¡No puede dejarnos así!! –se quejó Ranma.

La mirada del anciano se tornó de nuevo tranquila.

--Hay un motivo razonable. . .Saben, no es normal que una pareja discuta tanto, y menos por insignificancias. . –comenzó a decir el señor Nakajima.

--¡¡Ese no es un motivo!! –dijo Ranma, retando a Tsuro.

--Si lo es. . . dije que iba tratar de ayudar y es exactamente lo que voy a hacer, pero antes que nada, deben aprender a llevarse bien. . .—hizo una pausa, sacando su pida de uno de sus bolsillos, la encendió y aspiró una bocanada dejando salir el humo lentamente—y además, no pienso volverlos humanos . . . hasta que ambos demuestren confianza y solidaridad en ustedes mismos; en pocas palabras les encomendaré una pequeña tarea. . . –explicó el viejo, con la paciencia de quien enseña a leer a un niño.

-- Díganos. .¿Qué tipo de tarea? –Preguntó Akane.

El semblante del señor Nakajima se volvió pensativo. Pasaba lentamente una mano por sus largos y blancos bigotes, simulando idear algo.

--. . .mm. . .en realidad es algo muy sencillo. Solo tendrán que hacer. . mm. . cien buenas acciones –dijo.

--¡¡Qué¡Después de lo que nos ha hecho todavía se le ocurre ponernos este tipo de condiciones!! –gimió Ranma.

--No exageres, Ranma –murmuró Akane.

--¡No me interrumpas, trato de arreglar esto!!

--. . . en un plazo de dos meses. –completó Tsuro.

Ranma y Akane se quedaron petrificados.

Dos meses.

Muy poco tiempo. .

El señor Nakajima se puso serio. También era obvio que no bromeaba en absoluto con sus condiciones.

--. . . sólo tienen dos meses para hacer cien buenas acciones y dejar de discutir el uno con el otro, pero si para el ocaso del último día del segundo mes no las completan. . . Se quedarán así para siempre. –finalizó.

--¡¡¡Eso no es justo!!! –ladró Akane.

--A mi me parece lo bastante justo. . . –manifestó Tsuro— . . Pero si lo prefieren, que sean tres semanas.

--¡¡Ni tres, ni dos ni ninguna, vuélvanos humanos!!! –ordenó Ranma.

--No.

Ranma se lanzó hacia Tsuro, dispuesto a clavarle los colmillos en las harapientas y maltrechas ropas del forastero. Pero el viejo desapareció misteriosamente. Parecía como si éste se hubiese vuelto invisible, aunque lo más probable era que de un salto ágil y rápido habría logrado escabullirse, casi igual de la forma en que lo hacía el maestro Happosai.

--¡¡¿A dónde se metió, viejo abusivo?!! –Ranma miró desesperadamente de un lado a otro y de arriba a abajo.

No hubo respuesta ni señal alguna del señor Nakajima. Era como si se lo hubiese tragado la tierra.

Al parecer si era en serio. Ahora estaban completamente solos. Solos en un mundo ahora diferente y complejo. . .y completamente cubiertos de pelo y con cuatro patas.

--. . . Tenemos que hacer algo. . .—murmuró Ranma, mientras caminaba en círculos con actitud desesperada, intentando pensar y jadeando a media voz—. . ¡¡Lo tengo!! –Consiguió decir al fin—¡Si regresamos al dojo tal vez podamos encontrar a ese viejo loco!

--¿Y si ya se fue? –intuyó Akane—Recuerda que ya no estaba en casa por la mañana.

Eso ponía las cosas más difíciles. Efectivamente nadie en la casa de los Tendo había visto al señor Nakajima hoy, ni por la mañana ni después de que Ranma y Akane salieron rumbo a la escuela. . . hasta el momento, el infortunado momento en el que Ranma tropezó con él.

La mente del chico era una maraña de ideas, pensamientos fugaces y cortas esperanzas que circulaban en un solo objetivo, murmuraba y mascullaba entre dientes cada una de ellas hasta encontrar alguna que sería tal vez la más próxima a la realidad:

--. . . mmh. . . Quizás el maestro sepa de estas cosas, --sugirió Ranma— después de todo; son amigos y algo debería de haber aprendido de él

--Lo dudo. .

Ranma miró a Akane con recelo. Tomó aire y lo dejó escapar lentamente, tratando de calmarse y dirigiendo la vista hacia otro lado, comenzó a andar en dirección a la izquierda.

--¿a dónde vas? –pregunto ella, en un vano interés.

--Al dojo. No creo que nos dejen entrar así a la escuela. . . –expuso Ranma, mirándose a sí mismo y después a Akane.—y de nada serviría quedarnos aquí todo el día.

Dio unos cuantos pasos y se detuvo en seco; esperándola.

--Ranma. . .

Ranma miró por sobre su hombro. Akane yacía sobre su costado derecho, tratando de incorporarse, pero lo único que conseguía era inclinarse de un lado a otro y volver a caer.

Le resultaba demasiado difícil mantener el equilibrio de su cuerpo en cuatro patas.

--...ya veo. .Te ayudaré—dijo Ranma acercándose a ella—Primero ponte de pie –indicaba mientras se colocaba a un lado de Akane.

Ella primero apoyó las patas delanteras firmemente en el suelo, luego comenzó a levantarse lentamente impulsándose con los cuartos traseros. Ranma le sirvió de soporte para evitar que se cayera de nuevo y firmemente le sostuvo en pie. Después se retiró un poco para comprobar que se podía sostener ella sola

—Ahora fíjate; sólo avanza con las patas delanteras, primero una y después la otra e impúlsate con las traseras de la misma forma. –Ranma se alejó más de ella para permitirle moverse.

Akane movió primero la pata izquierda, que era la que tenía mejor apoyada. Después levantó la derecha y la izquierda trasera. Sentía que le temblaba todo el cuerpo, además de que éste se tensaba y se disponía a hacerle caer de nuevo, a causa del escaso equilibrio. Ya había logrado avanzar unos cuantos centímetros y no tardó mucho en entender el ritmo que requería su nuevo cuerpo; aunque parte de éste todavía se oponía.

--Es difícil. . . –opinó Akane. Por lo menos ya podía mantenerse en pie con seguridad.

--un poco de práctica no vendría mal. . . –inquirió con una tenue sonrisilla. Cualquiera notaría que se había ruborizado, a pesar del oscuro color del pelaje que ahora le cubría la cara— Vámonos ya.

Akane sólo se limitó a seguirlo. No tenía sentido seguir riñendo durante todo el camino de algo que sabía que no le contestaría. Conocía bien a Ranma, e inclusive más que él mismo, conocía sus fallas y puntos débiles; y claramente sabía que odiaba hablar acerca de su fobia a los gatos y, que al llegar a un grado máximo de miedo terminaba creyéndose uno; . . .y que la única persona que podía calmarlo era ella.

Por demás de todo lo que les había pasado durante el transcurso de la mañana y por ellos mismos, sería aconsejable evitar cualquier comentario o indicio alguno que provocase discusiones innecesarias. . .al menos mientras llegasen al dojo.


Habían estado dando vueltas en círculo; o al menos eso le parecía a Akane. Ahora desde su nueva perspectiva, era más fácil confundirse con las calles. Todas lucían igual, y de un talle gigantesco y en cierto punto, amenazador.

Aparentemente habían pasado por una tienda de revistas dos veces consecutivas, al igual que frente a una farmacia y dos casas de fallada despintada. . .¿o eran cuatro?

--Ranma, creo que ya nos perdimos. . .—mencionó Akane—. . . además no recuerdo haber pasado por aquí camino a casa.

Ranma caminaba más rápido y le llevaba una diferencia de casi dos metros; y a juzgar por su expresión el comentario de Akane no había sido alentador en este momento.

Le dio la espalda y ésta vez giró a la derecha, y no a la izquierda como lo estaban haciendo desde hacía rato. Akane distinguió un ruido ensordecedor; autos, camiones y gente.

Probablemente no estaban muy lejos de la gran avenida que dividía el barrio de Nerima con el resto de Tokio. Eso era señal de que estaban demasiado lejos de casa.

Akane se sentía intranquila, ya casi estaba atardeciendo, nadie los había visto ni a ella ni a Ranma desde la mañana. Tal vez Kasumi estaría preocupada, y su papá, oh no¿que le diría a su papá una vez que se enterara de esto?; claro si sólo pudiese hablar. .

Esta idea le hizo sentir aún más temor, y por otro lado ¿y si no encontraban el camino a casa? Además, si perdían el tiempo y no cumplían la condición pedida por el anciano Nakajima, . . no volverían a ser humanos nunca más. .

A diferencia de ella, a Ranma parecía no preocuparle el que el cielo comenzara a oscurecerse. Apretó más el paso hacia la dirección de la que provenía tanto bullicio.

Mucho más grande y ruidosa se proyectaba la avenida treinta y seis frente a ellos. Estaba casi completamente tapizada de autos y camiones, en su mayoría con destino a la carretera de Tokio hacia Osaka, y otros en desviación a las afueras de Nerima. La acera estaba también repleta de gente, iban y venían de un lado a otro.

--Genial. . –suspiró Akane—Ves que sí estábamos perdidos. .

--No lo entiendo –murmuró Ranma para sí mismo— Estaba casi seguro de que era por aquí. –Se sentó durante un momento, mientras miraba fijamente hacia la multitud de gente que pasaba.

Repentinamente se incorporó y se dirigió hacia la avenida, ahora más despejada.

--¿A dónde vas? –preguntó Akane mientras veía que Ranma se alejaba a grandes zancadas de la acera.

--Tal vez si cruzo hacia el otro extremo pueda saber dónde estamos.

--¡¡Ranma, no!! –advirtió Akane—Es peligroso. . . –comenzó a decir cuando se percató de que Ranma se encontraba ya a media avenida. Y un camión de carga se dirigía a toda velocidad hacia él—¡¡RANMA¡¡CUIDADO!!

--¿Qué? –Ranma giró hacia Akane, y después miró por su izquierda.

El vehículo se acercaba más y más. Trató de correr de regreso a la acera, pero una de sus patas traseras se atascó con algo pegajoso; ¡una goma de mascar!

Forcejeó una y otra vez con todas sus fuerzas, pero no podía despegarla. Ahora sólo había diez centímetros de diferencia entre él y el camión, el cual parecía un enorme monstruo de ojos amarillos, listo a descargar su mortal furia contra él.

Jaló por última vez, y afortunadamente logró despegarse, pero por la fuerza aplicada en su último esfuerzo fue a caer de bruces medio metro detrás de Akane.

--¡¡Ranma¿Estás bien? –Akane sacudía a Ranma por el cuello.—¡¡Ranma!!

--. . .s. . si. . . –aquejó Ranma, aun con una expresión pálida y los ojos desorbitados por el susto.

Ranma se incorporó y se sentó junto a Akane.

El tráfico en la avenida se incrementó y lo faros del alumbrado público se encendieron al abrigo del último despuntar del atardecer.

--Está anocheciendo --dijo Ranma— . . . Debemos darnos prisa, o pasaremos la noche a la intemperie –mencionó dirigiéndose a Akane.

Algo se acercaba hacia ellos a gran velocidad provocando un ruidillo metálico, como de pedales.

Más y más cerca.

--¿Y ahora que dem...? –Ranma giró por sobre su hombro, cuando de repente algo le cayó encima.

Una chica de aproximadamente diecisiete años había atropellado accidentalmente a Ranma con su bicicleta.

--oh . . .pobre perrito. . .—Mencionó Nabiki bajándose de la bicicleta y tratando de levantar a Ranma.

--¡¡Ranma!! –Akane se acercó a ambos. Y miró a Nabiki—¡¿Nabiki?! --exclamo con asombro al reconocerla.

La chica ahogó un grito de sorpresa.

--¡¡¡¡QUÉEEE!!!!! . . . .¿Cómo es que puedes. . .¡¡¡Tú no puedes hablar!!! –exclamó.


La noche era cálida y una ligera brisa de aire fresco recorría las tranquilas calles de Nerima; alumbradas tenuemente por uno que otro farol en cada esquina. No era muy tarde, algo así como alrededor de las siete y treinta de la noche, aunque la mayoría

de las casas del vecindario ya tenían encendidas las luces.

Y por el contrario, la casa de los Tendo estaba aparentemente vacía; esto era a simple vista, a excepción de una luz débil y difusa proveniente de una de las habitaciones. La de Nabiki.

-Así que-. . . ¿dicen que fue el anciano que vino ayer el que les hizo esto¿El amigo de Happosai? –inquirió Nabiki, intrigada y con cierto tono de incredulidad.

Nabiki estaba cómodamente sentada sobre la cama, y junto a ésta sobre la alfombra, aunque menos cómoda, se encontraba Akane. Ranma estaba detrás suyo.

--¡Es cierto! –alegaba Akane por convencer a Nabiki. Miró de reojo a Ranma—. . . De hecho, nada de esto hubiera ocurrido si Ranma no hubiese provocado al señor Nakajima. .

-¡ah claro! Ahora resulta que YO provoqué todo ¿no? . . –replicó Ranma—¡¡Mas bien fuiste tú quien le dijo que no se metiera en lo que no le importa!!

--Oigan, cálmense. . .—Nabiki se cruzó de brazos, tal y como lo acostumbraba hacer cuando sabía que la situación le convenía—aunque aún no entiendo porque soy la única que puede escucharlos

--Porque eres la única que puede ayudarlos. –respondió una voz proveniente de la ventana.

Al pie del alféizar de la ventana se hallaba una figura baja provista de un enorme saco y en su rostro; unas diminutas gafas y un par de largos bigotillos blancos como la nieve. Tsuro Nakajima se balanceaba hacia delante y hacia atrás como un niño en un columpio.

--oh, es usted¿qué no se había ido esta mañana? –preguntó Nabiki, sin el mayor tono de alteración.

El diminuto personaje se sentó en cuclillas sobre el borde de la ventana.

--En efecto; aunque creo que me quedaré por algún tiempo. –contestó cortésmente el señor Nakajima—Digamos. . .tal vez por dos meses.

Ranma se acercó a él.

--¿Entonces todavía quiere que cumplamos con esas cien buenas acciones? –dijo

--Si quieres volver a ser humano, muchacho. Pero si no, no lo hagas –respondió altanero el anciano.

La respuesta no resultó muy agradable para Ranma, y éste intentó abalanzarse sobre el viejo, a no ser por Nabiki, quien lo sujetó por el cuello.

--Señor¿A qué se refiere con que soy la única que puede ayudarlos? –preguntó Nabiki, tratando de cambiar la conversación.

Nakajima dio una profunda aspiración a su pipa, retuvo el humo por un segundo y lo sacó lentamente, en una columna serpenteante y grisácea.

--Lo que traté de decir es que necesitan de alguien que los oriente. Ellos solos no podrían ni ayudar a una ancianita a cruzar la calle –dijo en son de broma—Ni siquiera pudieron encontrar el camino de regreso a casa. .

--¡¡¿Cómo se enteró de que nos perdimos?!! –exclamó Akane.

Ranma dirigió su vista hacia ella con un gesto de desaprobación.

El enigmático anciano entornó su mirada.

--Como te decía. . .—empezó a decir, al tiempo en que sacó algo de su abultado costal, y se lo dio a Nabiki. –¡¡Son todos tuyos!!

Nabiki observó detenidamente lo que le entregó Tsuro en las manos. Eran dos collares. Uno grueso de color rojo y otro un poco más delgado y de un tono azul cielo. Los contempló con curiosidad.

--¿Y esto? –inquirió con extrañeza, y sin obtener respuesta.—Señor Nakajima. . . ¿señor Nakajima?

--. . . Se ha ido. . .—murmuró Ranma—¡¡de nuevo!!

Ya no había nadie en la ventana ni fuera de ésta. Solo la intensa oscuridad de la noche y la brisa que le acompañaba en silencioso vaivén.

--Pues sí que es un hombrecillo misterioso –comentó Nabiki, deslizando su vista hacia la ventana, y después nuevamente al peculiar regalo del anciano.—. . .Creo que lo quería decir es . . que los etiquetara. –dijo mientras movía los collares de un lado a otro.

--¡¡Yo no voy a usar un collar para perro!!!! –Akane levantó la voz con intensidad, que lo más probable era que se pudo haber escuchado hasta la sala.

-- . . .yo no tengo la culpa –se excusó Nabiki—. . . aunque no es tan malo. . .

Un golpe, seco y sonoro se cernió rompiendo el leve silencio ocurrido en el resto de la casa. Y una voz dulce y conocida le acompañó.

--¿Nabiki? . . . ¡Nabiki, ya está la cena! –anunció Kasumi desde el otro lado de la puerta. Su voz se oía tan tranquila e indiferente como de costumbre.

--¡¡Kasumi!! . . –gimió Akane con preocupación en sus ojos— ¡¿Qué hacemos ahora, Nabiki?!

--Que tiene de malo que nos vea así, no es la primer cosa extraña que ve aquí. . –Ranma se echó en el piso como si no le importase.

—mm. . .creo que tengo una idea. –Nabiki se pasó una mano por un lado de su cabello.

Jaló a Ranma por el cuello hasta el borde de la cama, presionándole levemente la espalda y obligándolo a deslizarse bajo ésta.

Kasumi llamó una vez más, y ahora giró levemente la perilla de la puerta, intrigada por la voz de Nabiki.

--Date prisa –decía Nabiki en voz tan baja como un susurro mientras empujaba a Akane, quien se negaba a meterse bajo la cama.

--No quiero.

--¡¡Akane!!

Akane se agachó y se introdujo dando tumbos y chocando contra Ranma bajo el reducido espacio que aportaba el perímetro de la cama individual de su hermana. Ranma forcejeó al intentar acomodarse y golpeó sin querer a Akane con el hocico, y ésta le pisó la cola "accidentalmente" después.

Nabiki les hizo un ademán con el dedo, indicándoles que no hicieran ni el menor ruido. Ranma inclinó ligeramente una oreja para escuchar.

La puerta se abrió con un rechinido seco y alargado. Seguido por la voz de Kasumi.

--Nabiki, la cena. . .—Kasumi entró pausadamente, se detuvo al borde de la puerta y miró alrededor del interior de la habitación de Nabiki— ¿Hablabas con alguien?

El rostro de Nabiki fingió la sorpresa que sintió por esa pregunta. Se sentó en el borde de la cama para disimular que algo se movía por debajo.

--¿Yo?. . oh, no. . . sólo organizaba. . .mis cosas –improvisó adquiriendo su mejor expresión de "no pasa nada".—Llegaste temprano –dijo cambiando la conversación para evitar que Kasumi hiciese más preguntas.

--Ah, es que hoy compré todo preparado. Baja ya, papá no tardará en llegar.

--¿Papá ha ido a algún lado? –Interrogó Nabiki, sabía que Kasumi traería los ingredientes para la cena y que llegaría tarde, pero no que el su padre saldría también. Además, había notado que el señor Saotome tampoco estaba en casa.

Kasumi le respondió inmutable.

--¿No lo recuerdas? Esta mañana dijo que por la tarde acompañaría a los Saotome a la estación del tren.

--¿A la estación?

--Ranma y su padre se fueron a un viaje de entrenamiento, desde las cuatro de la tarde.

Nabiki sintió que algo dio un vuelco bajo la cama. Y simuló ser ella quien se movió, para evitar la mirada indagadora de Kasumi, y que ésta sospechase de lo que Nabiki escondía. Ranma se movió bruscamente empujando a Akane contra la pared, en un intento por acercarse más al vértice de la cama.

--¿Un viaje? –exclamó Ranma entre dientes, pero sin bajar la voz—¡¡Papá no me dijo nada de eso¡¿Qué demonios está pasando?. . .

Akane le dio un codazo en el costado que casi le saca el aire.

--¡Cállate!!

Nabiki dio un puntapié a una de las patas de la cama en respuesta a la exclamación de Ranma, muy audible a los oídos de ella, más para Kasumi sonó como un gemido gutural y. . .canino.

--¿Qué fue eso? –Kasumi se fijó en la base de la cama de Nabiki.

--Que. . oh, es que . . tengo un poco de . .tos. Si, eso y. . gripe . –fingió Nabiki al tiempo que se llevó una mano a la boca, imitando un patético y falso quejido que no tenía nada de parecido a un espasmo de tos—Ya voy. .

Kasumi asintió con un gesto sencillo y salió de la habitación.

Nabiki emitió un alivianado suspiro. Se levantó y cerró la puerta.

--Estuvo cerca. . .—Nabiki bajó la vista hacia el estrecho hueco bajo la cama—Creo que ya pueden salir.

Ranma salió de improviso y golpeándose la espalda con el respaldo lateral de la cama. Akane salió detrás suyo.

--¡¡Yo no sabía nada de eso¿Se ha ido. . .sin mi¡¡No lo entiendo!! –continuó quejándose.

--Será mejor que baje, o de lo contrario Kasumi podría regresar. Espérenme aquí –indicó Nabiki e ignorando por completo los comentarios de Ranma.

Inspeccionó cuidadosamente el pasillo y salió a hurtadillas, cerrando la puerta tras de sí.

Akane se acercó a la puerta, escuchando los pasos lentos de Nabiki, que se alejaban en dirección a la escalera.

La voz de Ranma la distrajo.

--Espero que no se tarde. Tengo hambre.


Soun Tendo había llegado no mucho después que Kasumi, y casi inmediatamente después de que bajó Nabiki.

Ella se sentó en el lugar que acostumbraba, al igual que su hermana. Esta noche, los Tendo tuvieron la cena más tranquila y abrumadoramente silenciosa, al parecer desde casi año y medio; mejor dicho, desde que Ranma y su padre llegaron.

Kasumi había comprado para la cena tres tazones individuales de arroz al vapor, acompañado cada uno de dos piezas de pollo frito, probablemente del restaurante que estaba a dos cuadras detrás del consultorio del doctor Tofú, o al menos así lo intuyó Nabiki, quien sostenía con la mano izquierda su tasa medianamente llena de arroz y con la derecha sujetaba los palillos, paseándolos de un lado a otro en el interior de la tasa. No había dicho ni una palabra durante todo ese tiempo, y tampoco sentía mucha hambre. Escuchaba atentamente los comentarios de su padre acerca de lo acontecido durante esta mañana, y sintió que los latidos de su corazón se aceleraban al recordar las extrañas y fugaces palabras del anciano Nakajima. ¿Por qué ella era la única que podía ayudarlos?, si ella no tenía absolutamente nada que ver con eso. .

--. . .y lo más probable es que regresen en dos meses o menos. Depende. –finalizó Soun, quien comentaba todo lo referente al supuesto viaje de los Saotome.

Kasumi asintió, mencionando después algo que llamó la atención de Nabiki, sacándola de sus pensamientos.

--No es tanto tiempo. –Kasumi dejó a un lado el plato de arroz que estaba comiendo—Iré a ver si Akane olvidó algo en su habitación.

--¿Akane? –Nabiki arqueó las cejas.

--¿No lo recuerdas? Esta mañana dijo que saldría con Yuka y Sayuri, de excursión . . .

--. . . por dos meses. . .—Nabiki se adelantó a decir, y fingiendo el argumento de la conversación, prosiguió:--Ah, sí. . ya sé.

Kasumi se levantó de la mesa y se dispuso a subir las escaleras que comunicaban hacia el segundo piso. Esta vez sus pasos eran un poco más rápidos.

Algo la hizo detenerse en seco al pie de la mullida escalera. La puerta de la habitación de Nabiki se había azotado con fuerza tal que el simple sonido parecía como si la hubiesen derribado.

--¿Qué fue eso? –el señor Tendo alzó la vista por sobre el periódico, que tan acostumbradamente leía después de la cena.

Kasumi convino a la pregunta de su padre.

--Iré a ver –dijo dirigiéndose autoritariamente hacia a la planta alta de la casa.

Nabiki reconoció la voz de Ranma proveniente del pasillo, seguida por lo que parecía ser un gruñido por parte de Akane .

--. . . Sólo voy a bajar a la cocina. . .

--¡Ranma, no!

--¡¡No he comido nada desde la mañana¡¡Voy a bajar y YA!!

Ranma trató de abrir la puerta valiéndose de ese "nuevo" equipo de mandíbulas y colmillos que ahora poseía solo que el picaporte giró brusca y repentinamente, haciéndole caer en picada por el pasillo y rodando como una bola oscura por la escalera. . . hasta los pies de Kasumi.

--Kasumi, no . . .—Nabiki se levantó de un salto, exaltada, y su expresión se serenó al ver a Ranma tirado en el tercer escalón, mirando a Kasumi—. . . olvídalo.

--oh. . ¡qué lindo! –exclamó Kasumi para sorpresa de su hermana, e inclinándose para ayudarle a Ranma a levantarse, tomándolo por un costado—¿Cómo es que llegaste aquí?

Soun dejó el periódico en la mesa y también fue hasta donde estaba Kasumi, intrigado por lo que había encontrado su hija.

Observó detenidamente a Ranma.

--¿Y éste perro, de dónde salió?

--Eh, yo puedo explicarlo. . .—tartamudeó Nabiki, dándose tiempo para improvisar una excusa que pareciese real y convincente—. . es que. . .oh. . . ¡una . .compañera de la escuela quiso que lo cuidara!. . .porque. . .dijo que se iba mudar de casa. . y no tiene espacio.

Su padre la miró con incredulidad.

--Mm. . .¿Y ése otro? –señaló hacia el último escalón. Akane estaba de pie junto al barandal de la escalera y miraba con ira a Ranma. Nabiki se giró hacia Akane:

--Genial. . .—murmuró Nabiki con fastidio, y después su semblante se calmó para no causar las sospechas de su padre en ese momento. Levantó una mano y le hizo una seña a Akane para que se acercara — . . .baja ya. . .

Akane bajó trastabillando dificultosamente por la escalera, tropezó y por poco cae sobre Ranma, si no fuera por Nabiki, que se adelantó y la tomó por el cuello, pasando por delante de Kasumi.

--. . . entiendo. . –la voz de Soun reflejaba la serenidad que lo caracterizaba, mas la expresión que ejercían en su mirada, que pasaba desde los supuestos canes, hacia Nabiki; demostraban lo contrario—. . lo siento hija, pero no . .

--¡Pero papá!! –Nabiki estaba inclinada sobre la escalera, todavía sosteniendo a Akane, aunque con cierta torpeza.

--No hay espacio suficiente para dos perros tan grandes. . –Soun por primera vez insistía. Nunca lo había hecho, ni siquiera con los huéspedes que alojaba de improviso; como los Saotome o hasta el maestro Happosai, y menos teniendo un pretexto tan insignificante. Correcto, Ranma y Akane aún tenían casi el mismo tamaño que cuando humanos, a excepción de Akane, que en proporción a Ranma era más baja; diferencia no mayor a diez centímetros, mínimo.

Nabiki se quedó callada por una fracción de segundo, ideando la manera más sutil de convencer a su padre. Era totalmente injustificable que, teniendo como referencia desde que habían conocido a los Saotome, habían llegado toda clase de retadores y singulares personajes a esta casa; y que en algunos casos se habían quedado durante una noche, como para alegar que no tenían espacio suficiente. . .

--. . .No creo que sea una mala idea, papá. Nunca hemos tenido mascotas, además hay mucho espacio en el jardín. –Kasumi le robó las palabras a Nabiki, y tenía razón. Esto hizo recapacitar a Soun, quien se cruzó de brazos, suspiró y luego dijo:

--De acuerdo. . .—su tono cambió de conformidad a severidad— . . .Pero el primero que dé problemas, se irá.

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-------------------------------------------------------------------------------------------------------------- . . .AUN CORRIGIENDO JEJE ESOEREMOS SEGUIR ASI CON EL SIGUIENTE CAPITULO . . .¡SIGAN LEYENDO!