Todos los personajes originales son propiedad de Rumiko Takahashi.

CAPITULO 3 "100, 99, ¿98?"

Aparentemente esa noche de mediados de mayo se sentía mas calurosa a comparación de años anteriores. Es cielo estaba despejado y tranquilo, ventilado por la tibia brisa de primavera y tapizado de estrellas, algunas destellaban con escasa luz y otras apenas se distinguían en el negrusco firmamento. Akane hubiera pensado que era una noche hermosa, a no ser por las circunstancias y condiciones de ese momento. Ahora ella y Ranma estaban afuera, a la intemperie de la noche, que si bien no era ni fría ni tormentosa inducía cierta incomodidad si se está acostumbrado a dormir en una cama. . y no en el suelo.

Soun se había rehusado rotundamente a dejarlos dormir dentro de la casa, alegando que el mejor lugar para ellos era el jardín. A pesar de que Nabiki se esforzó cuanto pudo por persuadir a su padre de que por lo menos los dejase pasar la noche dentro, tales excusas fueron en vano. También habría que incluir que Soun tampoco estaba muy de acuerdo en quedarse con ambos perros, siendo éstos un macho y una hembra –y claro, desconocía por completo que se trataba de su hija menor y de su prometido; Nabiki nunca lo mencionó- y dado tal caso, Nabiki asumió la responsabilidad de encargarse de ellos, incluida la de recordar fingir que pertenecían a una amiga suya. Pero en tal mentira había un pequeño e insignificante detalle y Kasumi se lo mencionó cuando quiso saber si los perros ya tenían nombre o habría que elegir alguno. En ese instante, aunque más bien por inercia que por reflejo, Nabiki volteó hacia su hermana menor y Ranma, y ambos le miraban con gesto desaprobatorio con respecto a la última opción de Kasumi, dejándole de nuevo la oportunidad de crear una mentira dentro de otra mentira. Y terminó por ocurrírsele un par de patéticos y nada creativos nombres: Kanma y Nekane.

Al poco rato, exactamente como a las diez y media, Soun se retiró a su habitación y Kasumi a la cocina, para guardar los platos limpios y lavar los de la cena, pero unos segundos antes, el señor Tendo mencionó a Nabiki que sacara a Ranma y a Akane, mejor dicho, a Kanma y a Nekane al jardín, aunque por supuesto, ninguno salió por su propia voluntad. Primero salió Ranma, no de muy buena gana y murmurando algo entre dientes, pero en el fondo le daba igual, después de todo, cuando iba de entrenamiento con su padre siempre acababan durmiendo a la intemperie; pero Akane. . .,bueno, basta decir que Nabiki tuvo que sacarla casi a rastras. No le agradaba la idea de tener que dormir en el descuidado suelo del jardín, y menos tener que compartirlo con Ranma. Quisiera o no, Nabiki también la dejó afuera, haciendo caso omiso de sus ruidosos gemidos que por desgracia ella si podía entender. Para evitar esa molestia, cerró la ventana de su habitación y corrió las cortinas.

Hacía un par de horas que la casa de los Tendo se cubrió de oscuridad similar al cielo de esa noche. Nabiki fue la última en apagar la luz, la cual la había mantenido encendida mientras leía una revista. Y de vez en cuando echaba un vistazo por la ventana para vigilar a Akane y a Ranma, quienes no estaban tan conformes con la decisión optada por el señor Tendo. Ranma se había tendido bajo el pórtico que comunicaba hacia la sala de té, y dormía tranquilamente, emitiendo un ligero ronquido constante y apenas audible. Unos cuantos centímetros a lado suyo estaba Akane, y que a diferencia de él, le era más difícil conciliar el sueño. En primer lugar, no encontraba la postura adecuada; primero se recostó sobre su lado izquierdo y al cabo de diez minutos se giró hacia la derecha, que tampoco le permitía descansar. Después se echó de la forma en la que estaba Ranma, y le resultó mucho más incómoda. El suelo estaba demasiado duro y por demás, empedrado; además de que el poco pasto que crecía por ahí le provocaba comezón. Escuchó un ruidillo proveniente de los viejos tablones que formaban una especie de piso falso en el terraplén del pórtico, era un ruido similar al de patas; patas pequeñas. Probablemente una araña, o algún otro insecto que hubiera encontrado acogedor ese espacio. El ruido se repitió. Y otra vez. Avanzaba lentamente, buscando salir de la abundante oscuridad. Se estaba moviendo más rápido conforme se acercaba a los bordes del pórtico. Akane escuchaba los sigilosos movimientos de la cosa, sentía que ésta se movía por sobre su cabeza. El solo hecho de imaginarse que podía tratarse de una araña la hizo estremecer, desde niña, y aún en algunas ocasiones, tenía miedo a los insectos, y en particular a las arañas; si es que éstas eran muy grandes. El ruido ahora estaba muy próximo al borde de un tablón, y éste cesó repentinamente.

Algo redondo y moderadamente grande cayó sobre la húmeda nariz de Akane.

Hubiera gritado si fuese una araña, pero al principio no lo hizo. Normalmente, era a las arañas a las que más miedo tenía, pero lo que realmente le asustaba y detestaba era. . .

--¡¡UNA CUCARACHA!!!!!!!—el eco del grito de Akane retumbó a lo largo y ancho del hueco entre el suelo y la casa. Akane se movió sin ver a Ranma, tropezando y cayendo sobre éste.

--¡¡¿Qué demonios te pasa, tonta?!! –Ranma se incorporó, empujando violentamente a Akane hasta el exterior, y ésta sacudía desesperadamente el cuerpo, intentando librarse de la repugnante sensación.

--¡. . .una. . asquerosa. . cucaracha me cayó sobre la nariz. . ¡¡ --consiguió decir una vez que se hubo calmado. Notó que la expresión de Ranma cambió de enojo a burla.

--¡¿Por eso armas tanto escándalo?! –Ranma la contempló con una chispa de ironía en sus azules ojos, y luego se echó a reír, a pesar de la expresión de espanto que aún se dibujaba en el rostro de su prometida—¡¡Ja. . .pobre bicho, de seguro él se asustó más al verte. . .!!!!

-- ¡No te burles!!

Pero Ranma siguió riéndose, esta vez más fuerte. Akane se incorporó como pudo y avanzó decididamente hacia Ranma, pero éste ignoró el gesto amenazador de Akane.

Paró de reír por un momento, acalorado y respirando dificultosamente.

--¿Satisfecho, o piensas reírte durante el resto de la semana? –Akane miró fijamente a Ranma, y claro, éste ignoró la severidad del comentario.

--¡Qué escandalosa eres! Solo por una insignificante cucaracha. . .

--¡¡Tú le tienes fobia a los gatos!!

--¡¡Basta!! –Akane había puesto el dedo en la llaga, y ésta vez no era a favor de Ranma, quien no toleraba hablar del tema, y esta noche no sería la excepción, especialmente después de que lo habían despertado de esa manera a mitad de la noche.

Ella aún continuaba mirándolo, con ira en sus ojos. Se dio la vuelta repentinamente y se dirigió al extremo izquierdo de la casa, donde se encontraba la entrada principal.

--¿ahora qué? –interrogó Ranma, viéndola alejarse a pasos largos.

--Tal vez Kasumi dejó la puerta entreabierta, a veces la deja así en época de calor.

--Deberías saber que no dejó ninguna puerta abierta estando nosotros fuera. Todo está cerrado. –la voz de Ranma sonaba fuera de broma, y tenía toda la razón. Él mismo había escuchado a Kasumi cerrar la puerta de la entrada principal y la del salón de té. Y la única forma de entrar sería por las ventanas superiores, de las cuales sólo tres estaban abiertas, pero ¿quién se arriesgaría a subir al tejado poseyendo cuatro patas? Si alguno de ellos tenía la ocurrencia de hacerlo, lo más probable sería que se fracturara mínimo las costillas y la espalda.

--¡Pues yo no pienso dormir aquí afuera!. . . ¡¡y menos estando cerca de ti!!

--¿Y crees que yo estoy muy conforme con esto?

Pero Akane ni siquiera lo escuchó. Caminó hasta la parte posterior de la casa, junto a la entrada que daba al Dojo. Todo estaba cerrado, tal y como lo había afirmado Ranma. Ya era bastante tarde, aproximadamente las doce y media, y esto podía reflejarse en los sonidos procedentes de la calle, que se percibía y se sentía casi totalmente desierta. El silencio que proyectaba era tan profundo y vacío que podía oírse con facilidad la caída de un alfiler.

Akane regresó de nuevo donde Ranma, arrastrando el paso y resignándose de mala gana a tener que dormir sobre la incómoda hierba del jardín y bajo la tibia brisa, y por demás tener que escuchar los insoportables comentarios, burlas e indirectas de él. Ranma estaba cómodamente sentado a unos cuantos metros del estanque situado en el centro del jardín, y en su rostro se cernía la clásica expresión de "te lo dije", que acostumbraba hacer siempre que quería molestar a Akane. Ella no le dijo nada en particular. No hacía falta que lo hiciera, al solo verle a los ojos era suficiente para que él supiera que no estaba de humor para escucharlo, y mucho menos si se trataba de algún comentario de mal gusto.

Sin embargo, él insistió.

--Vaya que eres obstinada –suspiró Ranma, sin obtener respuesta. Se levantó y se acomodó de nuevo en el mismo sitio donde había estado durmiendo antes de que Akane lo despertase. Se dio la vuelta hacia la izquierda y vio a Akane junto a él, claro que ella estaba a casi tres metros de distancia, y dándole la espalda.—Buenas noches –le dijo seca y cortantemente. Y de nuevo la única respuesta que oyó fue el silencio. No esperaba nada más, sabía que era lógico que ella reaccionase de ese modo. Pero no le importó. Se estiró un poco y volvió a acomodarse sobre su lado izquierdo. Cerró los ojos y se abandonó al sueño.

Aunque éste no duró mucho. Se despertó de improviso, o mejor dicho, algo lo despertó de improviso. Se agitó un poco. Entornó los ojos y vislumbró el panorama. Aún estaba oscuro y el clima, había cambiado ligeramente, sintiéndose el aire más fresco, no mucho, pero había cierta diferencia entre éste y el de hace unas tres horas. Levantó la oreja derecha, intentando distinguir algún sonido, y no escuchó nada más aparte del mismo y abrumador silencio.

Sintió una leve presión en su costado izquierdo. Se giró y vio un bulto, no más grande que él, de pelo corto y oscuro; respirando tranquilamente. Akane estaba acurrucada sobre su espalda, con la cabeza entre su hombro y su pata izquierda; y al parecer dormía profunda y cómodamente.

Ranma se sonrojó. Primero se sacudió un poco, no muy fuerte y evitando hacer cualquier movimiento brusco, pero Akane no se despertó y mucho menos se movió.

--A. . Akane. . ¿Akane? –Ranma volvió a moverse, esta vez con más fuerza, y Akane seguía en el mismo lugar. Ranma se ruborizó más de lo que estaba, por lo que intentó despertarla— Akane. . ¡Akane, muévete!. .—No obtuvo resultado. La contempló con detenimiento, parecía que sonreía. Sintió como si le hirviese la sangre. Forcejeó una vez más. Y nada.

Entonces se giró al lado contrario y se recorrió un poco más hacia ella.— Boba. –musitó, acomodándose con cuidado, y al poco rato se quedó dormido.

--¿Llevarás almuerzo hoy, Nabiki? –preguntó la voz de Kasumi, se le oía fugaz y lejana. Probablemente desde la cocina. Mientras tanto, unos pasos constantes hacían crujir los tan utilizados tablones del salón de té e iban en dirección al único escalón que limitaba al jardín con la casa Tendo.

Nabiki salió sin que Kasumi lo notara. Pasó su vista rápidamente en derredor suyo para asegurarse de que no había nadie cerca.

--¿Akane?. . ¡Ranma! –llamó a media voz, sin dejar de mirar de vez en cuando hacia la sala, esperando que ni su padre ni Kasumi llegasen en ese momento. A simple vista no había nadie en el jardín y parecía que hablaba sola, si no fuera por algo que se asomaba por debajo del escalón. Ranma yacía sobre su costado derecho y Akane, junto a él, hecha un ovillo. Movió una oreja, en respuesta al ruido de las pisadas de Nabiki, quien estaba a unos cuantos centímetros de distancia de ellos, con los brazos cruzados en supuesto interés.—. . .Qué romántico. . –comentó.

Akane volteó a su derecha, y lo primero que vio fue a Ranma, que tenía su cabeza recargada a la suya, al igual que el resto del cuerpo. Ni siquiera se había dado cuenta de que Nabiki estaba ahí.

--¡¡Quítate de encima, pervertido! –dijo incorporándose de un solo y rápido movimiento, y empujando a Ranma con la más mínima delicadeza.

--¡¡¿Crees que lo hice a propósito?!! ¡No tengo tan malos gustos!!

--¡¡Ya déjame en paz!!!

--. . .definitivamente romántico. . . –murmuró Nabiki—. . Buenos días

--¡¿Qué tienen de buenos?! –exclamó Akane, dirigiéndose a su hermana.

Nabiki se sentó en el escalón, con una sonrisa fugaz en los labios.

--No seas tan pesimista. . .Además ve el lado bueno, Ranma pasó la noche contigo. . .

--¡Eso fue lo peor! –exclamó Ranma a unos metros detrás de Akane—¿Tienes idea de lo que es dormir cerca de tu infantil hermana?

--¡¡Yo no soy infantil!!

--¡No me digas, ¿y todo el alboroto de anoche qué?! –Ranma se dirigió de nuevo a Nabiki—Deberías haberla visto armar tanto escándalo sólo por un insignificante bicho. .

Akane se abalanzó repentinamente sobre Ranma, haciéndolo caer de espaldas sobre una de las duras piedrillas alrededor del estanque. Una voz les interrumpió a los tres. Nabiki miró por sobre su hombro y vio que Kasumi se aproximaba hacia la sala, junto con la vajilla y los condimentos que siempre dejaba sobre la mesa. Colocó cuidadosamente los platos del desayuno y se regresó de nuevo a la cocina por la jarra del té.

Había dejado cinco platos planos y otros cinco hondos y pequeños, en los que se servía arroz.

--Ya está el desayuno –anunció—. . Ah, toma, casi lo olvido —dijo entregándole a Nabiki un tazón mediano y aparentemente desgastado, probablemente era alguno de los que ella ya no usaba. Estaba lleno casi hasta el tope de arroz, restos de pan al vapor y algunos trocitos del pollo frito de anoche.

--¿Y esto, para qué?

--Para ellos –asignó Kasumi señalando con la vista a Akane y a Ranma—Tal vez tienen hambre – dijo observándolos divertida; Ranma aún estaba tumbado en el piso y Akane no dejaba de gruñirle. Kasumi sonrió –. . parece que se llevan bien.

--si, no tienes idea. . .—Nabiki examinó la mesa del comedor y notó algo que le llamó la atención— Hay dos platos de más, ¿acaso tenemos un invitado?

Al poco rato después, llegó Soun, junto con el maestro y la respuesta a su pregunta. Tsuro Nakajima, bajó a saltos por la escalera y se sentó a la izquierda de Happosai, sin dejar de mirar hacia el jardín.

--Sí, al parecer el señor Nakajima se quedará por algún tiempo –contestó Kasumi, aunque Nabiki ya lo había respondido por sí misma.

--¡¡¿USTED DE NUEVO?!!! –Ranma se levantó y le lanzó una mirada vengativa al extraño huésped, y éste no se inmutó, pero aún seguía mirándolo con una expresión atenta y pensativa.

Nabiki le hizo una seña a Ranma para que guardara silencio. Dejó el tazón con la comida en el suelo, algo retirado del escalón y fue a sentarse a la mesa, enfrente de Tsuro.

Durante el desayuno, Tsuro casi ni habló, a no ser por algunos comentarios o preguntas hechas por Kasumi o Happosai. Nabiki tampoco habló y se limitó a escuchar la conversación. Mientras tanto, de vez en cuando se detenía a oír las insulsas discusiones entre su hermana y Ranma.

Miró su reloj de pulso, faltaban veinte minutos para las ocho. Se puso de pie, dejando su plato casi vacío, y se encaminó hasta la puerta, con la mochila en la mano. Abrió el portón y salió a pasos largos, despidiéndose a lo lejos de Kasumi, y sin siquiera fijarse por un segundo en el jardín.

Siguió caminando, sin la mayor distracción y balanceando despreocupadamente la mochila de un lado a otro. Escuchó un ruido procedente detrás de ella.

--¡Ranma es un idiota! –expresó Akane para sí mientras avanzaba hasta donde estaba Nabiki y luego sonrió, como si no pasase nada—. . hola. .

--¿No irás a seguirme hasta la escuela? –Nabiki se inclinó para ponerse a la altura de su hermana, y por lo visto no le agradaba la idea de hablar con ella en plena calle principal, y que alguna que otra persona volteara a verla.

Dos chicas se acercaron a ella, eran compañeras suyas.

--Nabiki, date prisa. . –dijo una de ellas, de cabello castaño claro y sujetado con un lazo. Lugo desvió su atención hacia el perro.

--¡Que bonito! –mencionó la otra chica y alargó un brazo hasta Akane, y comenzó a acariciarle el lomo. Akane se sacudió en respuesta a las bruscas caricias de la amiga de Nabiki—¿es tuyo?

--. . si. . –suspiró Nabiki, mirando de reojo a Akane y luego se volvió hacia la chica que tenia sujeto el pelo—Vamonos o llegaremos tarde.

Nabiki se levantó con desgano e ignorando a Akane, se dio la vuelta y siguió su camino, acompañada de sus amigas. Akane la siguió por detrás, mínimo un par de metros cuando Nabiki la escuchó.

--¡No me sigas!

--¡No te estoy siguiendo!

--Entonces vete a casa –Nabiki se cruzó de brazos.

Akane la contemplaba con una expresión inmutable en su rostro. Tenía una razón para no regresar a la casa, y esa era Ranma. Ya era suficiente con que él se burlara así de ella por lo de anoche, como para tener que soportarlo durante el día entero con esa actitud. Sabía que a él no le importaba lo que respectaba en cuanto al "castigo" del señor Nakajima, sino que haría hasta lo imposible por ajustar cuentas con el viejo. También sabía lo sarcástico que se ponía con ella sólo porque le daba la gana el hacerle la vida difícil. En resumen; Ranma casi siempre tenía la culpa de que ambos no coincidieran ni siquiera en un sí. . .y también, a veces, era ella quien no reconocía sus fallas.

Pero había que enfrentarlo, después de todo, no podía estar huyéndole todo el tiempo. Además, ¿de qué huía?, ella sabía perfectamente que aquel perro negro –que hace apenas ayer era, al igual que ella, humano- era el único con quien podía desquitarse y ser realmente ella misma. Con quien había constituido un profundo –y en ocasiones demasiado profundo- vinculo sentimental. ¿Lo amaba? Esa era la pregunta del millón, en algunas escasas veces podía responder que sí casi de inmediato y sin pensarlo, pero en lo que respectaba a la mayor parte del día, semana o mes se sentía tan capaz de negarlo, como quien niega una mentira. Pero considerando que dicha respuesta fuese afirmativa, ¿porqué lo evitaba? ¿porqué evitaba sus miradas, sus gestos?. . y sus sentimientos.

Aspiró y soltó un suspiro fugaz, borrando de su mente tantas ideas acumuladas con la insignificante opción de Nabiki.

--. . .de acuerdo. . –dijo Akane, con un tono de voz más parecido a un susurro. Se dio media vuelta, escuchando los pasos de su hermana, alejándose, y seguidos por los de las muchachas, compañeras de Nabiki. Miró por sobre su hombro, y vio a Nabiki casi llegando a la izquierda. Relativamente muy distante.

Lo primero que pensó hacer era meterse bajo el pórtico y mandar al diablo todo pensamiento referente a su no tan amable prometido. Sí, eso haría. Volteó por última vez en dirección a donde estaba Nabiki hace un par de minutos. Ya no estaba.

De nuevo su mente regresó a donde se había quedado antes de decidir volver al dojo.

Ranma . pensó. Te odio. . te. .

--¿Y ahora qué te pasa? –preguntó una voz que sonaba frente a ella.

Akane giró con torpeza y retrocedió impulsivamente al ver a Ranma a escasos diez centímetros de ella. Notó que se mostraba serio, pero no se iba a confiar. No, no esta vez.

--¡No me pasa nada! y si así fuera, ¡A ti no te importa!

--¡¡Pues a la próxima no volveré a preguntar!! Además, ¿Quién va a interesarse en alguien como tú?

--Buenos Días, muchachos. . .—interrumpió una peculiar pero conocida vocecilla por sobre ellos. El sol matinal proyectaba con leve intensidad la sombra del señor Nakajima, quien se hallaba sentado sobre un oxidado buzón público, y que al igual que ayer, se le veía hipócritamente contento. Permaneció inmóvil y fumando su tan acostumbrada pipa.

-- ¡¡Es un viejo sinvergüenza, después de lo que nos hizo ayer todavía tiene la ocurrencia de quedarse a vivir en el dojo!! –dijo Ranma, apartando de un empujón a Akane.

--Tengo que vigilarlos de cerca. . –respondió el anciano con toda la tranquilidad de quien explica a un niño—. . Y por lo que veo, no han empezado con la tarea que les dejé. .

--¡Olvídelo! –renegó Ranma—¡¡Regrésenos a la normalidad!!

--Pero que persistente, ya les dije que no. .

Ranma no lo escuchó, y se lanzó hacia él de un salto, pero el supuestamente inofensivo anciano lo detuvo con un simple movimiento; primero lo sujetó por el cuello con una mano, y luego lo empujó con excesiva fuerza hasta una pared que se encontraba a unos tres metros frente a él. Tal defensa era idéntica a la que utilizaba el maestro Happosai para escabullirse de Ranma.

El chico se incorporó y se proponía a arrojarse de nuevo sobre Tsuro, pero no lo hizo. Tuvo el presentimiento de que si el viejo tenía las mismas mañas del maestro, sería más complicado el propinarle un buen golpe, teniendo aquella molesta apariencia.

Y porque además, tenía algo que aclarar con él.

--Tal vez Ranma tiene razón. . .—comenzó a decir Akane, titubeando un poco cuando Tsuro le prestó atención—. .es decir, no creo que sea necesario que nos deje así para cumplir con algo tan fácil. .

--¡¿Porqué nos convirtió en perros?! –interrumpió Ranma con voz en grito. Tsuro lo miró con un leve desdén, y procedió con un tono más calmado— eh, . . no es que me queje, pero resulta molesto tener que dormir afuera. . y en ésta época del año. . y por otra parte no me agradan mucho los perros. . –le dirigió una mirada fugaz a Akane, sin esperar respuesta y consiguió cambiar un poco el tema, de un modo no tan agradable— ¡¡Y lo peor de todo es tener que soportarla, no tiene ni idea de lo escandalosa que es!!

Tsuro aspiró por última vez su pipa, la apagó y bajó desde donde estaba hasta estar frente a frente con Ranma.

--. . Acabas de responder a tu pregunta, muchacho. . .—su voz se escuchaba tan inmutable como siempre, miró fijamente a Ranma a los ojos y después a Akane—. . .Primero que nada, tienen que aprender que sólo se tienen el uno al otro; y esta es la única manera en la que podrían conseguirlo. . Si los dejaba como humanos sé que ni siquiera se acordarían de la condición que les pedí. . .

--Dijo que sólo teníamos dos meses para hacer esas cien acciones ¿cierto? –corroboró Akane— pero, ¿y si no?

Ranma percibió temor en la pregunta de Akane, había algo de cierto en ésta. Realmente, era un problema el tener que acostumbrarse por dos meses a vivir en aquellas arduas y por demás incómodas condiciones, como para pensar qué sería de ellos si acaso, por cualquier razón o circunstancia llegasen a fallar, y que probablemente significaría que. . .

--Los dejaría así. . .para siempre. –finalizó Tsuro, con voz menguada y severa, resonando en un vago silencio estremecedor. Su rostro adquirió repentinamente la viva expresión de un verdugo.

--¡¡Eso no es justo!! –gimió Ranma.

--Ya se los había advertido, ¿pero me escucharon?. . ¡¡no!! –Tsuro se cruzó de brazos, y comenzó a caminar en dirección al dojo; o al menos eso parecía. Pasó por un lado de Ranma, y casi como a dos metros de diferencia de éste, se dio media vuelta, con una mueca sádica y algo perturbadora—Saben, si siguen así más vale que se acostumbren. . . No pienso repetírselo.

--¡Oiga, espere!! –Ranma se dirigió hacia él, pero el viejo que, comenzó a caminar más deprisa no se tomó la molestia de escucharlo; y de un salto se alejó de ellos, y en cuestión de segundos desapareció de su vista. Ranma se adelantó en la dirección donde había echado a andar Tsuro, mirando hacia todos lados, pero no había ni la más mínima huella de éste; de nuevo era como si hubiese desaparecido, al igual que las otras tres veces anteriores.—¡¡Ese viejo!! ¡Grr, si llego a pescarlo juro que lo voy a dejar como un . . ¡

--Ya olvídalo, tal vez tiene razón.

--¡¡Ahora te vas a poner de su parte!! –le gritó Ranma a Akane, dirigiéndole una mirada casi fulminante.—¡¡Yo no voy a pasarme dos meses así!!

--¡Pues yo tampoco, pero es lo único que nos queda por hacer! –respondió ella defendiéndose, e intentando mantenerse en calma, para no terminar gritándole como siempre, y en estas circunstancias eso era lo menos necesario—Deberíamos empezar con lo que nos encomendó el anciano . . .

Ranma caminó hacia ella y se detuvo hasta estar a menos de diez centímetros de su rostro. Sus ojos revelaban una expresión mezquina y algo enojada, sutil y típico de él.

--Yo lo haré por mi cuenta. –dijo secamente— . . así que ni pienses que voy a seguirte todo el tiempo, odio el trabajo en equipo y más si tengo como compañera a alguien como tú.

--¿Ah sí? ¡¡Mira que yo tampoco pienso permanecer las veinticuatro horas junto a ti como si fuera una maldita estampilla!! ¡Has lo que quieras, NO ME IMPORTA!!

--¡¡Entonces cuídate sola, tonta!!

La voz de Ranma sonaba fuera de broma, estridente y enérgica. Un tono de voz que Akane tan sólo una pocas veces había escuchado desde que se conocieron y que era usado en ocasiones donde su paciencia llegaba al límite, pero esta vez ella no se sentía capaz de tolerar que le gritara de esa forma.

No era la primera vez, de eso estaba segura, pero después de todo lo que había ocurrido apenas ayer era lógico que toda esa tensión se convirtiera en una bomba de tiempo a punto de estallar en cualquier momento.

Y sentía que éste era el momento.

Algo dentro, muy profundo en su ser se estaba acumulando; ira, adrenalina, una fuerza tan poderosa e irracional que tenía que sacar. . de alguna u otra manera. . .

--e.eres. .—comenzó a decir ella. Su voz era apenas audible. Tenía que decirlo, ya era demasiado tiempo de autocontrol. Tenía que sacarlo. Decirlo una vez por todas. Desahogarse—. . ¡¡eres un idiota! ¡¡TE ODIO, RANMA SAOTOME!!!

Y lo logró.

--¿Qué precio tiene esta? –preguntó Nabiki sosteniendo en su mano derecha una larga y gruesa cadena. Ya pasaba del mediodía y por suerte había salido un poco más temprano de clases. Ahora se encontraba frente al mostrador de "Yun's Pets"; una diminuta tienda de artículos para mascotas que estaba a media cuadra detrás de la escuela. Era un negocio pequeño pero estaba muy bien surtido; tenía desde latas de alimento para perros y gatos de distinta marca y precio, hasta una amplia variedad de peceras, entre otras cosas de consumo común. Y a la izquierda de la entrada, hacia el fondo había un cuarto a modo de consultorio y fuera de este tres sillas formadas en fila para los pacientes en espera. En efecto, un negocio modesto pero muy bien distribuido en el escaso espacio que el local aportaba.

Nabiki sólo había llegado allí un par de veces, y en esas dos veces había sido acompañando a una compañera que llevaba a su gato a vacunar. De eso ya hacía como unos tres o cuatro años. Hasta hoy.

--Tres mil yens –respondió una muchacha de gruesas gafas que estaba tras el mostrador, acomodando unos paquetes de envoltura azul sobre éste, cada uno con su respectiva etiqueta de descuento. Miró a Nabiki de reojo, notando la minuciosidad con que ésta contaba el dinero sin sacarlo de su monedero y parecía que no le alcanzaría.—Tengo otras más económicas e igual de resistentes. ¿es para un perro grande?

--En realidad son dos. . . –suspiró Nabiki.—¿Cuánto cuestan las otras?

La empleada le había mostrado otras dos; una un poco más corta y no tan gruesa, aunque el precio era de dos mil yens y la otra; muy parecida a la primera que había pensado comprar no costaba más de mil quinientos. Terminó decidiéndose por ésta última.

Salió de la tienda y se dispuso a irse directo a casa. Llevaba en una mano su mochila y en la otra una bolsa que contenía el par de correas que había comprado. Caminaba a paso lento. No tenía prisa.

Ranma estaba sentado junto a uno de los columpios del parque, se le veía pensativo.

--boba. . –murmuraba para sí mismo mientras se frotaba con una pata el hocico. En éste había una cicatriz similar a un surco, y aún estaba fresca, al igual que un moretón en su ojo izquierdo. Ambos hechos por Akane—. . .boba y violenta. .¡ouch!

Hacía ya tres horas desde que Akane le había gritado y de que se hubo desquitado con él, para después irse a quien sabe dónde, alegando que no quería volver a verlo nunca más, como sucedía casi siempre. Y en cuanto a él, lo había dejado tan adolorido y aturdido que sólo se le vino a la mente irse a ese desolado y maltrecho parquecillo.

Tenía ya tiempo allí y no pasaba ni un alma. Sentía que el dolor le punzaba, y vaya que le dolía a pesar de ser sólo un insignificante rasguño.

Se levantó y caminó rumbo al dojo. No tenía caso quedarse allí. Tenía sed y pensaba echarse a la sombra de los arbustos del jardín, y en cuanto a Akane, bueno, sabía que regresaría una vez se hubiera calmado. O al menos eso creía.

Escuchó un par de pasos detrás de él. Pasos humanos.

Se acercaban.

Dio vuelta y para su sorpresa no había nadie.

Se quedó inmóvil por unos instantes. A la espera de eso que pretendía acercarse.

Nadie lo hizo. Ignoró aquella sensación y siguió su camino.

Pero no llegó al dojo.

Las calles comenzaban a hacerse más largas. Ya llevaba rato caminando sin rumbo, sumida en sus pensamientos.

Pensamientos que solo le recordaban lo enojada que aún estaba.

A lo lejos, le pareció oír el rumor de un automóvil, acompañado del ruido de la gente que despreocupada pasaba a lado suyo. Ya no importaba nada, ni siquiera que ya estuviera atardeciendo. No, no importaba.

No era la primera vez que le había gritado a Ranma y menos decir que era la primera vez que lo golpeaba de ese modo, pero de alguna manera sabía que esto era el límite. Él solía burlase a todas horas de lo mal que cocinaba, de su carácter hosco y poco delicado, de su mal gusto para vestir, de sus discusiones infantiles, de todo. Y al fin había puesto un límite. Pero eso ya tampoco importaba.

Finalmente se detuvo, junto con sus pensamientos. Había llegado hasta el vértice de una calle en diagonal, con un semáforo en la esquina y estaba casi sola. Fue entonces cuando se percató de la hora, eran las cinco y media de la tarde. Volteó a su izquierda y pudo distinguir sin dificultad las manecillas de un reloj colgado en la pared de una tienda de revistas. ¿Había estado caminando todo ese tiempo? Se sentó por un momento y sintió como su cuerpo respondía a esa pregunta. Sintió la espalda dolorida, a causa de lo mal que había dormido anoche en el frío e inclemente suelo. Estiró un poco las patas delanteras; éstas estaban acalambradas y rígidas por la caminata, y por la presión ejercida en ellas al andar. Tendría que acostumbrarse, y tenía tiempo para hacerlo.

Observó cuidadosamente a su alrededor para poder ubicarse en dónde estaba. No era muy lejos del centro, pero si era mucha la distancia que había recorrido desde el dojo hasta aquí. Sería fácil regresar, solo tenía que seguir en línea recta tal y como lo había hecho desde allá.

Se levantó con un poco de dificultad, aún le era complicado ponerse en pie valiéndose de sus cuatro patas. Dio la vuelta y se quedó mirando por un rato el vidrio de un escaparate que estaba a su izquierda, sin prestar atención al interior de éste. Vio su propio reflejo; la imagen traslúcida que mostraba el rostro de un perro negro muy parecido a ella. Su cabello, acomodado de igual forma que lo tenía desde ayer por la mañana, cuando aún era humana, y sus ojos; todavía tenían ese reposado color almendrado, pero ahora poseían un leve brillo, haciéndolos un poco más claros. Suspiró, mientras su mente indagaba una simple pregunta; ¿porqué?.

Se olvidó de ella, no encontró sentido el tener que volver a atiborrarse la cabeza de ideas que no la llevarían a nada y comenzó a caminar.

El sol ya había empezado a enrojecerse en conjunto con el cielo; abriéndole camino a la negra noche que pronto llegaría. Tal vez habían transcurrido una o dos horas desde que Akane decidió irse a casa, pero parecía ser más tarde. Muchos de los estantes de algunas tiendas ya estaban encendiendo las luces y algunos faroles del alumbrado público ya revelaban sus tenue resplandor.

Akane se apresuró un poco más, no quería ni imaginar lo que pensaría Nabiki de ella después de ver el tremendo morete y el zarpazo que le había propinado a Ranma desde esta mañana, porque lo más probable es que ya lo hubiera visto. Pero estaba casi segura que no le pediría explicaciones, después de todo, Nabiki conocía muy bien su modo de reaccionar.

Ya no estaba tan lejos. Aproximadamente faltaban algunas pocas calles para llegar al dojo, entonces tuvo la idea de desviarse en línea horizontal a manera de atajo y poder ganar algunos segundos y kilómetros de trayecto, que si bien podrían ser más si continuaba derecho.

Entró en un callejón oscuro y angosto; tan solitario y silencioso como un cementerio. Sus pasos se volvieron más lentos e inseguros. Tenía una sensación extraña, miedo tal vez, pero ¿a qué?

Un ruido a sus espaldas hizo que casi lanzase un grito. Alguien había derribado uno de los cubos de basura que estaban apilados a escasos metros detrás de ella.

La brisa fresca del atardecer flotaba en un ir y venir, trayendo consigo un extraño aroma; un olor perteneciente a aquello que la estaba siguiendo.

Escuchó unas pisadas; alguien o algo intentaba acercarse a ella.

Akane supo que ya no estaba sola.

--¿Quién está ahí? –inquirió, con la voz en un hilo y volteando hacia todas direcciones. A simple vista parecía que no había nadie más, a no ser por unas difusas sombras provenientes de un hueco detrás de otros dos cubos de basura oxidados y enmohecidos, y dentro de éstas mismas siluetas brillaban varios pares de círculos pequeños, resplandecientes y amarillos.

--vaya. . .parece que tenemos compañía –gruñó una profunda voz perteneciente a un par de esos ojos que la miraban agazapados en las sombras. La figura se acercó a ella con pasos vacilantes y pesados. Akane se estremeció al ver de quien provenía esa voz; un gigantesco perro café, más grande que ella y quizás más grande que Ranma, caminaba aproximándose amenazadoramente sin quitarle la vista de encima.

--¡¿Qué haces en nuestro territorio?! –corroboró otro de igual tamaño y de color gris con café, mostrándole una hilera de fieros y amarillentos colmillos.

Sus oídos no daban crédito a lo que había escuchado. Ilusoriamente su imaginación pareció haber traducido aquellas mímicas y ademanes como palabras. Eso pensó al principio. ¿Sería todo esto sólo una alucinación producida por el miedo? O que tal si se había quedado dormida en el instante en el que se quedó descansando hace dos horas atrás, ¿estaría soñando?

Dio un paso en falso hacia atrás, pisando accidentalmente una tapa de botella, sintiendo cómo ésta le pinchaba el talón. Comprobó que no estaba soñando y que no imaginaba nada de lo que estaba sucediendo.

Y ese fue el último movimiento que pudo hacer.

--. . .no. .yo. .yo ya me iba. . .—empezó a decir, y fue lo único que consiguió expresar. Tenía todo el cuerpo paralizado por el miedo. Ya no eran dos perros, sino cuatro; una jauría completa. Hizo múltiples intentos por correr, pero sus extremidades estaban tensas e inmóviles. La tenían rodeada, sus miradas revelaban una ira bestial y escalofriante. Pudo sentir como el ritmo de su corazón se aceleraba, latiendo desaforadamente e inclusive pudo percibir un olor intenso, seco y dulzón; el de su propio miedo. Su mente estaba en blanco y sin encontrar escapatoria alguna, hizo lo primero que se ocurrió, lo único que podía hacer en situaciones como ésta, lo único que casi siempre daba resultado— ¡¡¡RAAANMAAAAA!!!

Cerró los ojos instintivamente por el miedo, en una especie de defensa lúdica en el momento en que dos canes se arrojaron hacia ella, con sus garras afiladas y sus colmillos prestos a desgarrar y destrozar lo primero que apresaran. Por un momento sintió como si su garganta se hubiese congelado, cerrando toda posibilidad de clamor y ayuda; esperando sólo el dolor.

Segundos después abrió los ojos repentinamente y por inercia al escuchar un nuevo sonido, una voz familiar, un jadeo que se volvió más fuerte entremezclándose con los ladridos y gruñidos de los feroces callejeros. Entornó los ojos y logró distinguir una difusa sombra negra, enzarzada en un mortal combate.

Dos perros, uno café oscuro y otro un poco más pequeño color blanco con gris, salieron casi disparados por entre la nube de tierra que se levantaba en el descuidado y polvoriento suelo, yendo a caer entre dos cajas de madera derribadas. Un tercero, éste era el primero que se había acercado a Akane, derrapó por el piso hasta estrellarse contra una verja de alambrado, a causa de un fuerte empujón producido por el desconocido al que Akane identificó con una sonrisa de alivio.

--¡Ranma!!

Pero él estaba más que ocupado intentando deshacerse del último perro, que por demás era más grande que él y había hecho presa con sus dientes una de las orejas de Ranma; dispuesta a arrancársela. Lo tenía inmóvil. Ranma había esquivado diestramente los incontables zarpazos que le lanzaba su abominable contrincante, pero éste lo tomó de sorpresa por un costado y lo había arrojado haciéndolo chocar violentamente contra la pared, y así aprovechó para evitarle toda libertad de movimiento sujetándolo por la espalda y listo para destrozarle la oreja y el cuello en un solo movimiento definitivo.

Algo sujetó con todas sus fuerzas la cola del colosal can, haciéndolo gemir de dolor. Éste se dio la vuelta, con los ojos brillantes y llenos de cólera al ver que era Akane quien tenía los colmillos firmemente clavados en el rabo de la incansable bestia, la cual no dudó en responder al simple ataque de la chica; lanzándose contra ésta y dispuesto a caerle encima.

Ranma consiguió embestir de nuevo al atacante, arrojándolo de un rápido complicado golpe con las patas delanteras, en el instante en que éste le dio la espalda para agredir a Akane. No era su estilo el contraatacar por la retaguardia pero en esta ocasión no le quedaba otra alternativa; así que se lanzó con todo el peso de su cuerpo hacia el perrazo café, mandándolo directamente hacia un contenedor de basura. Cayendo violentamente en el interior como un costal lleno de rocas.

Aturdido y mareado, Ranma se levantó, tambaleándose por un momento. Tenía el cabello completamente enmarañado y revuelto, al igual que el del resto del cuerpo, además de haber ganado tres moretones más; dos de ellos en el costado izquierdo y uno casi tan grande como su garra en la parte media del lomo. Se acercó a Akane, la ayudó a levantarse. Notó que estaba pálida.

--¡vamonos! –ordenó él. Akane sólo pudo asentir en silencio.

--Creo que te dolerá más por la mañana –opinó Akane, con cierto tinte de diversión mientras contemplaba las múltiples heridas de su prometido, y eso porque se le podían ver a través de su negro y revuelto pelambre. No sólo eran los moretes, sino algunos rasguños pequeños que tenía en el cuello, y marcas de colmillos en una de sus orejas y en ambas patas delanteras, además de las cicatrices hechas por ella esta mañana.—. . .parece que te metiste en un campo de concentración. .

--ja, ja, que graciosa. .¡¡Después de que te salvé la vida!! ¡me debes una!

--¿Qué? ¡oye, si no fuera por mí hubieras terminado como tapete! ¡¡tú me debes una!! –aquejó ella.

En la reciente oscuridad Ranma sólo pudo distinguir sus brillantes ojos almendrados y amables. Ya no estaba enojada con él, lo supo por la manera en que lo miraba, en su expresión ya más calmada; en su sonrisa que no había cambiado mucho de sus rasgos humanos y que ahora le parecían más suaves, más dulces y dóciles. Eso le hizo sentirse menos incómodo.

--No empieces, mejor regresemos ya antes de que Nabiki se preocupe más. –Ranma se incorporó, sintiendo que sus patas le temblaban de cansancio. Se percató de que una mano que le jalaba por detrás.

--No creo que podría preocuparme más –Suspiró Nabiki, estaba atrás de ellos, y su rostro revelaba desgano y aburrimiento. Era obvio que los había estado buscando desde hacía rato— ¡¡¿Dónde estaban?!! –interrogó al principio, paseando su vista en ellos y deteniéndola después en Ranma, mirando detenidamente las no tan insignificantes marcas que ahora le decoraban todo el cuerpo y luego se dirigió a Akane—¿Fuiste tú?

--¡sólo el moretón del ojo y la cicatriz del hocico!, lo demás. . . –Akane se apresuró a decir, mostrando el nerviosismo de un niño que intenta explicar una travesura.

--¡Lo demás fue por rescatar a la torpe de tu hermana de una bandada de perros callejeros!—increpó Ranma—¡y así es como me lo agradece!

Nabiki se cruzó de brazos, simulando no prestar atención al último comentario de Ranma. Ya estaba oscureciendo, pero no estaban tan lejos de casa, sólo a media cuadra de ésta.

En el trayecto, ni Ranma ni Akane se hablaron, pero podían saber mutuamente lo que pensaban. Nabiki no había hecho muchas preguntas al respecto y tenía la impresión de que no sería prudente en este momento y viendo la forma en que Ranma y Akane se miraban de vez en cuando no le fue difícil suponer que no era la mejor ocasión para discutir de ello.

Seguían caminando en silencio, mientras la cálida brisa refrescaba muy poco el ambiente en las calles tranquilas de Nerima, bajo aquella temprana noche que parecería ser tranquila. No faltaba mucho para la temporada de lluvias. Pero en esta ocasión, el clima estaba pacífico.

--¿Quieres que te ponga una bolsa de agua caliente? –se dirigió Nabiki a Ranma.—. Te ayudará a desvanecer los moretes.

Ranma asintió con la cabeza. Se detuvo en seco repentinamente y Akane casi tropieza con él.

Nabiki alargó una mano hasta el portón del dojo. Éste estaba ya algo astillado y rechinaba mucho al menor movimiento. Necesitaba una buena barnizada y que lo volvieran a lijar.

Akane miró a Ranma sin decir palabra alguna.

--Creo que deberíamos empezar mañana con eso de las cien buenas acciones. . –empezó a decir Ranma a Akane. Sabía que era algo referente a eso lo que indicaba la silenciosa expresión de ella.

Mucho antes de que Akane pudiese responderle, la puerta se abrió sin que Nabiki la hubiera empujado.

--. . . Tal vez no sean cien. . –suspiró profundamente una vocecilla proveniente de detrás de la puerta. Akane y Ranma reconocieron al dueño de esa voz instantáneamente. Ranma no evitó lanzarle una pequeña mirada furtiva a Tsuro Nakajima, después de todo lo que le había pasado hoy.—No te alteres tan pronto, muchacho, ésta vez serán buenas noticias. . –dijo el anciano al notar la mueca nada positiva del chico.

--Buenas noches señor Nakajima –saludó cortésmente Nabiki. Se giró en torno a Akane y a Ranma.—Los dejo, chicos. Iré a decirle a Kasumi que ya los encontré.—dijo mientras se alejaba hacia la entrada, dejando la puerta abierta de ésta.

--¿Qué significa eso de que ya no son cien? –interrogó Ranma sin perder de vista al anciano Nakajima— ¡¡Si es una trampa, créame que esta vez si soy capaz de dejarlo como un. . !!

--¡¡Ranma!! –le gritó Akane.

--. . dejémoslo en 98. . –finalizó Tsuro.

--¡¡¿Qué?!! –exclamó Ranma con la boca abierta casi en su totalidad, a pesar de le dolía hacerlo.

--Digamos que sólo les di un "dos por uno" –carraspeó el viejo—Pero no siempre me portaré tan generoso. No se confíen.

Ranma y Akane se miraron. Ranma tenía la expresión de alguien que se acaba de ganar la lotería; sonreía incrédulamente mostrando por los bordes de sus mejillas dos blancos y encorvados colmillos. Akane le dirigió una leve sonrisa que casi podía desaparecerse en su oscuro rostro. Luego miró por sobre el hombro de Ranma, buscando al anciano.

--Disculpe ¿pero por q. . .? –no terminó la pregunta. No tenía a quien hacerla. De nuevo Tsuro se había esfumado.

Ranma no mencionó nada al respecto. No, ahora no, estaba de buen humor como para estropearlo como solía hacerlo algunas veces; como ayer, por ejemplo. No, no dijo nada, ni siquiera después de que entraron a la casa, salvo por un comentario fuera de lugar y demasiado propicio para arruinar hasta la atmósfera más romántica. . .

--Espero que esta vez Kasumi sí nos dé de cenar. Me muero de hambre.