Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi –excepto los creados por las presuntas escritoras--Éste es sólo un fan fiction creado para entretener, sin fines lucrativos.
Idea Original de LOU & PAO CHAN´S FANFICTIONS
CAPÍTULO 5
"Un Dolor de cabeza llamado Kimo"-¡¡Nabiki, estás loca!!—la voz de Akane sonó estridente y con un eco relevante al compás de los primeros rayos del sol de la mañana.
--Oh vamos, one-chan. . .no es tan malo. . .—dijo Nabiki, con los brazos en la cintura y una expresión represiva y seria.—Además no gasté mil quinientos yenes por nada. . .¡¿Tienes idea del semejante sacrificio que tuve que hacer solo por esos MIL QUINIENTOS YENES?!
--¡No me importa¡Quítame esto ahora! –Akane se adelantó de un salto, mirando a Nabiki con una increíble mueca de ira que casi echaba fuego por los ojos, mientras sacudía algo brillante que delimitaba entre su collar azul y el ancho aunque no tan alto árbol erguido a escasos metros de la pared.
Una brillante y gruesa cadena tintineaba reflejando unos leves destellos de luz producidos por el sol mientras ella la agitaba con una de sus patas delanteras, con un ademán similar al de un niño cuando oscila una cuerda para saltar.
--Akane. . .sólo es una correa. . .—musitó Ranma con una expresión de desenfado.
--. . es por su bien. . –suspiró Nabiki antes de que su hermana se dispusiera a golpear nuevamente a Ranma por ese comentario.—Creo que sería buena idea que aprendiesen a convivir más tiempo juntos. . .
--¡¡¿Y crees que esto es la mejor solución?!! –le gritó Akane a Nabiki.—¡¡No voy a quedarme encadenada a un árbol como un animal!!
Ranma ahogó una risa inoportuna, sin evitar decir ese mordaz comentario que rondaba en su mente.
--. . .Sabes, deberías mirarte en un espejo –rió entre dientes.
--¡Ranma, tus estúpidos comentarios no ayudan en nada!. . .¡¡Me gustaría verte en mi lugar, Nabiki!!
--No gracias, estoy muy cómoda con mis dos piernas. . –sonrió Nabiki sin importarle que la expresión era de mal gusto, y de todas formas, le encantaba fastidiar así a Akane y más ahora que tenía la oportunidad.—¡Además no tengo tiempo para discutir ahora con ustedes, yo aun tengo que ir a clases!!
Dijo dándole la espalda a Akane y dejándola sola con Ranma mientras ella desaparecía por detrás del portón de la entrada.
Akane sólo alcanzó a dar cuatro pasos cuando se detuvo repentinamente a causa de la presión que ejercía la correa sobre su cuello al tensarse, haciéndole sentir un leve tirón.
Permaneció allí por una fracción de segundo, sin observar algo en particular. Después se dio la vuelta y caminó en dirección al árbol donde había estado hace algunos minutos atrás, antes de que se fuera Nabiki. Caminó lentamente y mirando al suelo, evitando ver a Ranma, y éste no le prestó atención.
Se tendió sobre la hierba.
"¡Rayos!. . . "Pensó.
Cerró los ojos por un momento, intentando olvidarse de ese tipo de pensamientos que ahora rondaban alrededor de su mente y concentrándose en una extraña sensación de pesadez.
Anoche tampoco había conseguido dormir bien y comenzaba a sentir las consecuencias. No le dolía la cabeza, pero le resultaba difícil evitar bostezar de vez en cuando. Empezaba a quedarse dormida, cuando un sonido seco le distrajo. Un rumor metálico que rozaba contra algo.
--¿Qué estás haciendo? –preguntó Akane, levantándose y mirando por sobre su hombro a Ranma, quien raspaba la cadena contra una de las rocas que estaban apiladas junto al estanque.
--¿Y qué te parece que hago?!! –le ladró él, con voz áspera y cortante—¡¡voy a romper esto!!
--¿Qué?
--¿Crees que es incómodo para ti?. . ¡Yo no pienso quedarme aquí toda la mañana! –gruñó Ranma, al tiempo que sujetaba la correa con el hocico halándola de un lado a otro—¡Mierda¡Estúpida correa barata¡¿Por qué demonios no se rompe?!
— ¿Para qué quieres romperla? Lo único que tienes que hacer es quitarle el seguro que la adhiere al collar. –contestó Akane de la forma más simple y pacífica que pudo.
Sabía que estando atada tan cerca de él no le sería tan fácil mandarlo lejos, así que se limitó a ignorarlo. O al menos eso procuró hacer
Ranma se acercó a Akane en menos de dos zancadas, hasta estar frente a frente con ella y con la vista clavada en sus castaños ojos.
--oh. . ¡¡Pero qué graan ideaaaa!!! –dijo él arrastrando las vocales y con el más detestable, tono que pudo expresar —¡¡Sí¿porqué no se me había ocurrido¡¡Ah, claro, pues porque NO TENGO DEDOS!!!!
--. . .no tienes que ser tan sarcástico. . .¡Sólo porque se me olvidó ese pequeño detalle!!
Ranma le gruñó. Tomó una piedra que había estado cerca del estanque, clavándole levemente las zarpas para evitar que ésta se le resbalara y le propinara un buen golpe, y comenzó a golpear los eslabones de la cadena con ella.
Akane no le quitaba la vista de encima. Se acercó un poco a él, fingiendo interés.
--Deja que te ayude, tú sólo te tardarías la mañana entera. –pidió amablemente. Ranma se volvió hacia ella, extrañado por el comentario de Akane.—Creo que sería más fácil si tú la tensas y yo le arrojo la piedra. –sugirió.
--mh, . . de acuerdo. –asintió Ranma.
La mañana transcurría tranquilamente, y con el paso rutinario y común de Nerima. Hoy era un día soleado y parecería que así lo sería el resto de él. La gente iba y venía, la mayoría eran amas de casa y señoras que se ocupaban en las compras del hogar mientras los hijos estaban en la escuela, por lo que podía vérseles haciendo grandes y largas filas frente a los abarrotados y surtidos puestos de frutas, verduras y demás víveres. Y entre esas concurridas filas se encontraba la carnicería "Yamakawa", nombrada así por el fundador de ella, Shigueru Yamakawa, un humilde emigrante proveniente de Kyoto y que se había establecido en Nerima hacía ya unos veinte o veinticinco años atrás. Y el negocio ahora había pasado a manos de su primer y único hijo; Saiko Yamakawa, un hombre realmente malhumorado, hostil y deprimentemente antipático.
Ya eran alrededor de las diez y media y hasta ese momento no había mucha clientela; solo un par de señoras mayores y una joven, la cual esperaba a que le entregaran su pedido. Pero fuera de eso, no había nadie más.
--¿Es todo lo que se le ofrece, señorita? –interrogó el señor Yamakawa, un hombre de mediana estatura y rostro moreno, dirigiéndose a la joven; y ésta no parecía mayor de veinte años.
--Si, creo que es todo. ¿Cuánto es? –respondió Kasumi por detrás del mostrador, mientras con una mano se disponía a sacar el dinero de su monedero y con la otra sostenía su tan acostumbrada canastilla, la que llevaba medio llena de unos cuantos vegetales. Lo mas probable es que hubiera decidido hacer guisado de carne y verduras para la comida.
El señor Yamakawa puso los cortes en la báscula para pesarlos y luego los dejó por detrás del mostrador, en una mesa de madera, para luego envolverlos en un bolsa de papel, sin percatarse que la puertita que estaba por debajo del mostrador y con la cual entraban los empleados y él mismo estaba abierta.
Una correosa y difusa sombra café y más pequeña que una persona pasó por un lado de Kasumi.
--Son veinte mil yenes. –Respondió el señor Yamakawa cortésmente.
Tomó el billete que le entregó Kasumi y lo colocó en una caja metálica que usaba a modo de alcancía. Se giró hacia la mesa para recoger el paquete y entregárselo, pero no lo encontró.
En su lugar encontró un animal no muy grande; un perro café, alto y de orejas erguidas; y que además llevaba en el hocico el cilíndrico paquete de carne.
Y al juzgar por la expresión de Saiko, no era la primera vez que lo había visto.
--¡¡¿Tu de nuevo¡¡Dame eso, ladrón!! –dijo Saiko y caminó lentamente hacia el perro.—. . veen, perrito,. . dame. . eso. . –empezó a decir en voz calmada. El animal sólo lo contemplaba con ojos brillantes y astutos; y dio un paso atrás meneando el rabo lentamente, quedándose quieto después.—. . eso es. . ¡¡Te tengo!!
El señor Yamakawa se abalanzó hacia el perro; consiguiendo que éste se le escabullera por entre las piernas y saliera por la puerta abierta que estaba bajo el mostrador, con el paquete de carne sosteniéndolo firmemente en el hocico. Casi como si hubiera sido un plan cuidadosamente calculado.
Saiko cayó de bruces sobre la mesa en el instante en que se había arrojado contra el animal en una estúpida e inútil maniobra para quitarle el paquete, pero una vez que el can logró burlarlo se levantó como pudo, cogió uno de los cuchillos que empleaba para cortes gruesos y salió en excéntrica persecución, saltando el mostrador con torpeza y casi tropezando con la puerta de la entrada.
--¡¡Vuelve acá!!!! –gritó una vez que se encontraba en la esquina de la cuadra. Volteando hacia ambos lados de la calle, sin encontrar pista alguna del insignificante ladrón.—¡¡Me las vas a pagar¡¡Esta es la última vez ¿me oíste?!!!
--. . pobre Saiko, debería ser más cuidadoso.—opinó una de las señoras que se encontraba detrás de Kasumi.
--Sí, esta es la quinta vez en este mes. –corroboró la otra señora que la acompañaba.
--. . . vaya . . –suspiró Kasumi, observando simplemente la puertita de acceso bajo el mostrador.
Un joven alto se acercó a este. Era uno de los ayudantes.
--No se preocupe, señorita. Enseguida le doy otro paquete. –dijo.
--¡Ya deja de quejarte, no fue para tanto!! –protestó Akane, caminando casi a la par con Ranma. Y él venía cojeando y arrastrando un poco una de sus patas delanteras, la cual se le veía levemente hinchada y con un descomunal moretón que comprendía desde una de sus zarpas hasta la parte superior del "tobillo", donde hacía dos días atrás solía estar su muñeca.
-¡¡Pues si no fueras tan torpe esto no hubiera ocurrido!!! –gimió Ranma.—¿Qué no pudiste sostener bien la maldita piedra?
Akane se detuvo delante de Ranma.
--¡¡ Sólo se me resbaló y ya!!
--. . si, solo se te resbaló¿verdad¡¡Grandísima tonta, casi me rompes la pata!!!
Esa vez, Akane no le respondió. Pero no dejaba de gruñirle en tono bajo y mirarlo resentidamente.
--. . . como si no bastara con la sacudida que me dieron ayer por salvarte el pellejo, . .¡¡y ahora esto!!—continuó Ranma. Bajó la vista, suspiró hondo para calmarse un poco y se sentó. Sintiendo como le crujían los huesos con un ruido apenas audible, junto con una pequeña molestia en la espalda a causa también de la pelea de ayer.—.Ya olvídalo, no tiene caso ponerse a discutir con una niña boba que oye voces. . .
--¡¡¿Qué quieres decir con eso?!!
--. . . por lo que me dijiste anoche, --empezó a explicar Ranma— ya sabes, eso de que escuchaste que unos de esos perros te habló; en resumen. . .¡Akane, estás loca!!
--¡¡Pero yo los oí¡¡tan claro como si te hubiera escuchado a ti o a Nabiki o a cualquier otra persona!! –se defendió Akane.
Y ahora creía que no fue la mejor idea haberle contado eso a Ranma anoche, aunque en ese momento, estando él tan cansado y somnoliento no había hecho comentario al respecto.
--¡Tú lo has dicho, a cualquier p-e-r-s-o-n-a.! –dijo Ranma, deletreándole como si le explicara a alguien por primera vez el abecedario--¡Tu y yo seguimos siendo humanos a pesar de tener esta ridícula apariencia¡¡pero los perros no hablan!!
--¡¡Yo los escuché¡No te estoy mintiendo!!
--Aja. . ¡¡Pruébalo entonces!! –le retó Ranma—. . hasta no ver, no creer. . .
--¡¡Cuidado!! –gritó una voz proveniente de una de las calles del fondo. Una voz a la que ninguno de los dos le dio importancia.
Una voz, al principio distante, y aumentaba el volumen poco a poco. Aproximándose más y más.
Algunas personas gritaron algo. Y un auto se frenó haciendo rechinar los neumáticos.
Entonces, un cuerpo borroso y pequeño cruzó rápidamente hasta la acera en la que se encontraban Ranma y Akane.
Una figura que corría vigilando consecutivamente su retaguardia, mirando muy poco al frente, tropezó bruscamente y cayó con el peso de su cuerpo sobre Akane y ésta chocó a la vez contra Ranma, quedando por debajo de Akane y el torpe desconocido que derrapó contra ellos.
--¡¡Fíjate por donde vas, tonto!!— clamó exasperada aquella voz; la misma voz que había gritado hacía unos minutos y que para los oídos de cualquiera sonaba como la voz de un muchacho.
Ranma levantó la vista intentado moverse, pero sin lograr ver siquiera el rostro del distraído sujeto que derrapó contra él y Akane.
--¡¡¿A quien llamas tonto¡¡tú fuiste el que se estrelló contra nosotros!! –se quejó Ranma, sin esperar respuesta— ¡¡Y ahora quítenseme de encima!!
--¡Oye, no estoy aquí por gusto!! –le contestó Akane y luego miró distraídamente por sobre su hombro izquierdo, hacia el extraño—¡Y tú. . . !
--oh, . . discúlpame, por favor. . –empezó a decir éste, en cuanto Akane le habló, bajándose rápidamente de la espalda de ella. Se le acercó por su izquierda y le ayudó a levantarse.—Perdóname. . –insistió—. . espero no haberte hecho daño, es que no te vi.
Akane lo contemplaba con una expresión nítida de asombro, con la boca ligeramente abierta y sus ojos escudriñando de pies a cabeza al peculiar forastero. Su corazón dio un vuelco al distinguir una particularidad más que inverosímil en él.
¡Éste no era humano!
Ella estaba de pie, o al menos eso parecía antes de que conectara esa voz con quien la poseía, y sintió una extraña fuerza que le obligó a sentarse, una fuerza ocasionada por la impresión.
--¡¡eh, no se preocupen, yo estoy bien, de todas maneras gracias por preguntar!! –gritó Ranma, sacudiendo un poco el cuerpo mientras se levantaba.
Se dio la vuelta y antes de averiguar quién era el sujeto que había causado tanto escándalo, se le quedó viendo a Akane, con una expresión de extrañeza y en el fondo de preocupación, provocada por el semblante que ésta mostraba
–¿Y a ti qué te pasa?, parece que viste un fantasm. . . ¡¡Quée!!!
Ranma sintió una tremenda impresión de "shock" por una fracción de segundo. Con sospecha y aprensión caminó decididamente hacia el gran perro café que ahora estaba frente a él.
En efecto, se trataba de un perro casi tan grande como él, de pelambre pardo y café claro en algunas zonas, exceptuando en el hocico; el cual era un poco más largo y cuadrado que el que ahora tenía Ranma, y cubierto de una capa de pelaje corto y de un color marrón oscuro casi fundiéndose con el negro, al igual que un manto de pelo un poco más largo que tenía en la espalda.
--e. . .eres un. . –intentó interrogar Akane, una vez que se hubo clamado.
Ranma le dirigió una mirada fugaz e inexpresiva.
--¿un perro? –completó él.
--Si. . . ¿y qué con eso? –comentó a manera de broma el "tipo" que le había derribado por descuido, viendo la mueca de ávida sorpresa que se dibujaba en el rostro de Ranma, y éste al igual que Akane escucharon claramente cada sílaba de cada palabra que éste había pronunciado.
Palabras que, realmente parecían provenir de la voz de un ser humano, y que en este caso parecía tratarse de la de un joven de aproximadamente dieciséis o diecisiete años.
"No puedo creerlo", pensó Ranma.
Se movió ligeramente a la izquierda del desconocido; inspeccionándolo de lado a lado. Una de sus patas traseras tropezó con algo, un bultillo cilíndrico y de consistencia suave; algo envuelto en un paquete de papel.
El forastero se volvió de nuevo hacia Akane.
--¡¿Puedes hablar?! –consiguió preguntarle inmediatamente Akane en cuanto éste le miró.
--claro, je. .cualquiera puede hacerlo. . .—jadeó él. Se le acercó aun más. El destello de unos ojos verdes escudriñaron de patas a cabeza a Akane.—¿eres nueva en la ciudad? Nunca te había visto por aquí. ¿Cómo te llamas?
Esas preguntas sólo las escuchó superficialmente y sólo pudo contestar primero negando con la cabeza y después en un vago silencio. El perro arrimó su hocico y empezó a olfatear el cuello de ella.
--¡¡Oye¿qué haces?!! –gruñó instintivamente Akane, arqueando el lomo y distanciándose a escasos centímetros del chico y topando inconscientemente contra una pared.
--oh, perdón. . mm. . –se excusó él, con una fugaz y exageradamente tímida sonrisa. Bajó la vista al piso, ligeramente apenado y de nuevo la levantó, concentrándose en el rostro de Akane; sus facciones, sus ojos. . –Yo. . me llamo Kimo. .—logró decir a pesar de que se había ruborizado aún más en cuanto se percató de que Akane tenía su mirada fija en él con interés.
Ranma, por otro lado, estaba ocupado examinando el paquete que se había encontrado en el piso, haciéndolo rodar por el piso, pasándolo de un sitio a otro. Luego lo tomó con el hocico por una de las cuerdas delgadas que lo ataban, tratando de desatarlo y sacar su contenido.
--¿Y qué es esto? –dijo con la boca medio ocupada a causa del paquete, mientras que con una pata tiraba de él. Kimo volteó distraídamente hacia él, y se le lanzó como si alguien lo hubiera empujado.
--¡¡Mi almuerzo¡¡Es mío¡¡Dámelo!!! –gritó, pescando por una de las esquinas el ya magullado y manoseado paquete de carne que le había llevado seis minutos de su tiempo el poder robarlo por la mañana. Lo sostuvo con fuerza y tiró de él, haciendo que Ranma lo soltase. Después lo dejó en el piso, poniéndole una pata encima, le ladró despectivamente al extraño perro negro que aparentemente se había apoderado de su preciado paquete, y se volvió de nuevo a Akane—¿Tú conoces a ese?
--Eh¡¡"Ese" tiene su nombre!! –se quejó Ranma antes de que Akane pudiese responder a la incómoda pregunta de Kimo.
Tenía un tono bravucón en su voz, y sentía más que molesto por la forma en que Akane y Kimo se miraban mutuamente. No era la primera vez que se sentía así y de eso estaba consciente; solo habría que recordar las cortas e interrumpidas ocasiones en las que Rioga había intentado salir con Akane o cuando Kuno la acosaba en la escuela, y sin contar la innumerable lista de pretendientes que tenía antes y después de haberla conocido,. . . y ahora esto. No era que se sintiera amenazado, pero siempre había tenido ese impulso sobreprotector hacia ella, y además de que no iba a permitir que ahora este sujeto que apareció de repente se le añadiera a esa incómoda lista de "competencia".
Entonces aspiró una leve bocanada de aire y le habló a Kimo con su mejor expresión de autoridad
—Soy Ranma Saotome.
--¿Y?. . –Kimo le contemplaba inmutable ante el fanfarrón y arrogante comentario de Ranma—. . eso no justifica el que quieras robarte mi comida. ¡Aprovechado! –ladró nuevamente y por desconocida razón, se interpuso entre él y Akane.
--Grrrrrrrrrr –Ranma se agazapó, gañéndole a Kimo. Caminó por la izquierda de éste, vigilando cuidadosamente cada uno de sus movimientos. Y finalmente se detuvo delante de Akane.—¡¡Ya vamonos, Akane!!
Ella le acompañó de mala gana. No podía sentirse más apenada de lo que ya estaba, siempre era así cada vez que Ranma armaba una de sus ridículas escenas de celos. Pero la de esta mañana no le había encontrado razón alguna.
Antes de dar vuelta por la esquina de la calle, Akane vislumbró por el rabillo del ojo a Kimo, y éste a su vez le miraba tranquilamente, con una leve y apenas notoria sonrisa, para después volverse nuevamente hacia delante; caminando detrás de Ranma.
"Se llama Akane. . " pensó Kimo, con un suspiro breve pero profundo, más parecido a una exhalación.
--Es bueno tenerte por aquí, amigo. –carraspeó alegremente el maestro Happosai, dando unos golpecitos en la lisa mesa de té, mientras el televisor estaba encendido y sintonizando uno de los tan cotidianos y preferidos canales del maestro; videos de chicas en traje de baño. Y aunque el aparato tenía el volumen medianamente alto, ni el maestro ni su invitado le prestaban mucha atención.—. . pero aún no me has dicho cual es el verdadero motivo de tu visita.
El anciano Nakajima estaba sentado a la izquierda de Happosai y éste descansaba cómodamente en su mullido saco repleto de sus "preciados tesoros". Tsuro apagó su pipa cuidadosamente y la dejó en la mesa, junto a su taza recién servida de té.
--Ya te lo dije, sólo estoy de paso.
--¿Por dos meses? –Happosai arqueó las canosas y diminutas cejas en un ademán de extrañeza hacia su amigo.
--Bueno. . je je. .—Tsuro sonrió disimuladamente—es que quiero aprovechar para enseñarles unas cuantas lecciones a unos muchachos. Je. . pero fuera de eso no hay nada en particular.
--¿Los conozco?
--¡Oh, no! . . –contestó rápidamente Tsuro. "Si supieras que se trata del chico que siempre molestas y de su prometida", pensó y se le vino a la mente el enredoso problema en el que los había metido. Esto le hizo soltar una pequeña carcajada que trató de acallar llevándose una mano a la boca.—. . no. .je je. . no los conoces.
Tsuro hizo entonces otro pequeño comentario que no tenía nada que ver con lo que habían estado hablando; algo referente a que los vestidores de las chicas eran más amplios y más fáciles de espiar que los que había en la aldea de la cual provenía. Y Happosai, alegrado por la expresión de Nakajima, lanzó una exagerada risotada.
El reloj de pared que estaba detrás de ellos timbró con un sonido apagado y apenas audible entre la escandalosa risa del maestro y el ruido de la televisión, marcando las doce en punto.
Tsuro cogió su taza, aparentando darle un sorbo. Miró a su amigo Happosai, notando que éste estaba distraído viendo un comercial en el que aparecía una mujer poniéndose bloqueador solar y vistiendo un apretado bikini; entonces, en lugar de beber el té, pasó lentamente su mano derecha por sobre el borde de la taza haciendo un movimiento circular al contrario de las manecillas del reloj y repitiéndolo un par de veces.
Miró fijamente en el contenido de la taza y el té de color verde olivo empezó a tomar una coloración más clara y nítida, revelando una imagen como si fuese una pequeña pantalla de cinescopio. Y en lugar de las hojitas que estaban en el fondo de la taza, apareció claramente una escena que probablemente era de una de las calles centrales de Nerima. . y en la que estaban Akane y Ranma. Tsuro escudriñó con más cuidado en cuanto la imagen se hubo sintonizado con más detalle. Notoriamente se veía que estaban discutiendo de nuevo.
"¡No otra vez¡¡mmrr¿cuándo entenderán esos dos?!!", pensó, pero sin saber que lo había hecho en voz alta.
--¿Decías algo? –cuestionó repentinamente el maestro al ser desconcentrado por el disparatado pensamiento de Tsuro. Le miró por un instante y de un saltito se plantó delante de él—¿Qué es lo que estás viendo ahí?. . ¡¡ah¿aún puedes hacer eso de la taza¡A ver, déjame ver¡¡QUIERO VER!!!
Cuando Tsuro levantó la vista casi salta de la impresión al ver que Happosai estaba tratando de ver por sobre su hombro lo que se proyectaba en el interior de la todavía caliente taza de té, haciendo que esta le voltease un poquito y derramara unas diminutas gotas en la mesa.
Y rápidamente le dio unos tres golpecitos a la base de la taza y esta cambió la imagen de ambos chicos por la de un patio escolar en la que se mostraba a un grupo de colegialas en sus horas de práctica deportiva, corriendo en fila con sus respectivos uniformes de deporte, incluido sus minúsculos pantaloncillos cortos.
--¡Eh, cuidado! –aquejó amistosamente Tsuro, para evitar alguna sospecha de lo que veía anteriormente, y le pasó la taza a Happosai de mala gana, no por la interrupción de éste sino por lo que había visto segundos atrás.—¡¡Toma, mira todo lo que quieras!!
--¡¿Qué es, qué es?! . . ¡¡¡AY, QUE BONIIIITASSS!!! –Happosai sostuvo la taza de Tsuro con la emoción digna de alguien que contempla con codicia una pieza de oro, con la saliva escurriéndole y los ojos desorbitados—¡¡Que lindo!! . . Sabes, deberías enseñarme a hacer eso algún día. .
--Si. . algún día. . –corroboró Tsuro son falso interés.
--¿Te pasa algo? –inquirió Akane, fingiendo un poco de preocupación, aunque sabía de que se trataba, y también sabía que Ranma no le contestaría con la verdad.
Y él, caminaba todavía cojeando a casi veinte pasos de distancia de ella, sin siquiera voltear a verla, mirando pensativamente al piso.
Akane apretó más el paso para poder alcanzarle, y como todavía le faltaba práctica con su nuevo cuerpo, a la primer zancada que dio, una de sus patas delanteras se interpuso entre la otra y casi cae de bruces sobre la acera; pero afortunadamente pudo frenar con ambas zarpas traseras y evitar que el peso y la inercia que llevaba le obligaran a desplomarse. Se detuvo en seco por una fracción de segundo y echó a andar con un paso más constante, y mientras ella trataba de recuperar el ritmo de la caminata, Ranma aminoró el suyo por un instante pero sin detenerse y aún ignorando la indagadora pregunta de Akane.
--¡Heeyy!! –gritó insistente ella, ahora sólo a tres pasos detrás de él. Y al ver que éste seguía sin prestarle atención, logró adelantársele hasta estar casi de frente a él.
Akane le miró a los ojos pero Ranma bajó la vista, avergonzado y según él, sin saber por qué. Repentinamente levantó la cabeza y le dirigió a ella una de sus cotidianas expresiones de que no ocurría nada y todo estaba bien.
--No, en serio. .¿Qué tienes? –continuó ella.
--¡¡Estoy bien!! –negó efusivamente Ranma—¡¡ya déjame en paz!!—y se movió a la izquierda, huyendo de las acusadoras miradas de Akane, pero ésta también caminó a hacia el mismo lado que Ranma y sin quitársele de enfrente; cerrándole el paso. Entonces él se giró al lado contrario, pero Akane le siguió nuevamente.—¡¿Vas a quedarte ahí todo el día¡¡Quítate!!
--. . No hasta que me digas qué te pasa.
--¡Bah.!!.. . –le respondió él con un gruñido. Y, dando media vuelta se alejó de ella. Le dirigió una mirada furtiva y apremiante, haciéndola cambiar de tema.—Deberíamos de empezar con lo que nos encomendó ese viejo loco en lugar de estar perdiendo el tiempo
--¡¡Ah, claro, como si tu actitud no tuviese nada que ver¡Eres tú quien no deja de molestarme y quien se enoja por todo!! –contestó Akane, acercándose a Ranma. Éste pudo percibir un leve tono grave en la voz de Akane y notó que el pelambre de su lomo estaba levemente erizado.—¡Si llegamos a quedarnos así para siempre será sólo culpa tuya!!
--¡¿Pues si así lo crees, por que no lo haces por tu cuenta?! –le ladró él, mostrándole fugazmente los blancos y puntiagudos colmillos y erizando también el pelo de la espalda; retándola.
--ggrrrr. . ¡De acuerdo! –convino Akane, y caminando hacia el lado opuesto de Ranma.
Para luego alejarse de él.
Un ruido proveniente del interior de la sala distrajo por un momento a Kasumi. Ella se giró y miró por sobre su hombro y por sobre la cortinilla que cubría una tercera parte de la entrada a la cocina; descubriendo del origen de ese leve sonido que le había desconcentrado de su cotidiana tarea de preparar la comida.
Aún acomodado en su saco lleno de ropa, estaba el maestro Happosai, y ahora dormitaba plácidamente a pierna suelta, emitiendo un entrecortado e inconstante ronquido.
Y en el reloj que anteriormente había marcado las doce en punto, estaba ya muy cerca de anunciar las dos y media de la tarde.
Kasumi salió distraídamente de la cocina, aprovechando que acababa de hervir el caldo de carne y verduras, y se asomó por entre la cortinilla de la puerta. Se disponía a llamar al señor Tendo, para la comida pero algo la distrajo; la puerta principal estaba semiabierta.
Desde la mañana en que ella regresó de hacer sus compras, recordó haberla cerrado. Y también recordó que el maestro había dicho que no saldría durante el día.
Entonces se olvidó por un momento de lo que iba a hacer y fue directamente hacia la puerta, para cerrarla. Y después se dirigió hacia el dojo, donde había estado Soun desde hacía ya algunas horas, limpiándolo y sacudiéndolo; una labor que sería un poco más ardua ahora que Ranma y Akane no estaban, según lo creía él.
Ella dio un par de pasos y luego se detuvo frente a la puerta, y siguió su camino, sin percatarse de que alguien la observaba en sumiso silencio por debajo del pórtico del salón de té.
--¡Qué si me pasa algo¡bah, a ella qué le importa!! –Dijo Ranma para sí, mientras caminaba calle abajo.—¡¡Nunca le he importado!!
De repente recordó la escena que acababa de pasar cuando se toparon accidentalmente con ese extraño; Kimo. Una extraña y desconocida vocecilla empezó a colarse en sus pensamientos, escudriñando hasta el más mínimo detalle de lo que había ocurrido
"¿realmente estabas celoso?. . . nunca te habías puesto así. . ¿Qué te pasa?".
Sacudió ligeramente la cabeza, para intentar despejarse un poco. La voz se apagó, junto con sus pasos, lentos y pensativos.
Paró en una esquina, que por demás estaba abarrotada de gente, y claro que era de esperarse a la hora en la que coincidía la salida de los muchachos de la escuela y de alguna que otra gente que tomaba un receso en sus jornadas laborales; a las dos veinte.
Una vez que se hubo disipado un poco, caminó con ritmo lento. De nuevo, al igual que ayer, escuchó un sonido de pasos pequeños pero bien dados caminando detrás de él.
Empezó a andar mas despacio. E inesperadamente se giró hacia el desconocido que le seguía.
--¿Quién es? –indagó con voz segura y fuerte. Pero para su sorpresa no había nadie esperándolo a sus espaldas.—¿Qué es lo que quiere? –insistió una vez más, a pesar de que era obvio que aquello desapareció como si fuera aire. Se dio la vuelta hacia donde estaba caminando, cuando su nariz chocó contra el rostro arrugado y severo de Tsuro Nakajima.
--Hola muchacho¿Y tu prometida? –preguntó el viejo.
--¡Qué¡usted¿Porqué me esta siguiendo?
--No me cambies el tema, te pregunté por Akane. . .
--¡¡Y yo que sé!! –protestó Ranma.
Tsuro se cruzó de brazos y bajó la vista hacia el piso, y chasqueó la lengua un para de veces en claro ademán de desaprobación.
--mmhh. . .--suspiró el anciano Nakajima—. . entiendo. Como quieras, niño. –Tsuro se alejó caminando por detrás de Ranma; con la cabeza baja y en su rostro una mueca no muy agradable para el chico. Y este se le adelantó en menos de dos zancadas. Se disponía a tomarle por el cuello, pero no lo hizo.
--¡¿Qué quiso decir con eso¡Respóndame!! –gritó él, mirando desdeñosamente a Tsuro, quien se mantenía tan calmado como siempre.
--. . nada. Sólo que ya me di cuenta que no respetas el trato que hicimos.—empezó a decir Tsuro— Descuida, puedo cancelarlo todo. . Si es lo que deseas.
Ranma se quedó en silencio durante un minuto, y luego en su rostro se dibujó una ligera sonrisa. Una sonrisa que no había advertido ese extraño tono lúgubre y perturbador que Tsuro había puesto en esa última frase.
--¿Significa que. . va a volvernos a la normalidad? . . . ¡Perfecto!
--No. No me has entendido bien. Cuando te dije que lo cancelaría todo, me refería a la tarea que te encomendé a ti y a Akane, y no a. .
--¡¡Por eso!! –interrumpió Ranma—¡Si se olvida de esas cien buenas acciones, no tendríamos nada que hacer así como estamos!
Tsuro sonrió astutamente.
--Tienes razón en algo, muchacho, si los libero de esa insignificante y sencilla labor no tendrán nada que hacer. . como humanos.
--¡¡Qu. .queee¡¡Es un viejo mañoso y tramposo¡¡No puede hacernos esto!!
Pero el anciano ni siquiera le escuchó. Le dio la espalda a Ranma y continuó caminando, a paso lento y con ambas manos en la espalda. Ranma no se movió.
--¡Por lo menos dígame ¿Qué es lo que se propone con todo esto?!!
Tsuro siguió su marcha, aparentemente sin importarle la última pregunta de Ranma. Y una vez que estaba a casi dos metros de él, se giró un poco, con una mirada meditabunda y seca.
--. . .mira a través de otros ojos, siente con otro corazón. . .—suspiró. Alejándose poco a poco de Ranma.
No era muy tarde. Quizás alrededor de las tres o dos y media para cuando Kasumi ya tenía lista la comida. Eso podía saberse por un aroma dulzón y cálido que flotaba en la sala hasta llegar a filtrarse al exterior; un olor perteneciente al consomé de carne con vegetales cocidos que había preparado.
Ahora Kasumi se encontraba en el patio trasero, frente a los cordeles que usaba para tender la ropa recién lavada. Desde hacía ya media hora que había terminado de preparar la comida y decidió poner a secar lo que había lavado esta mañana.
El canasto de la ropa no estaba muy lleno como en otras ocasiones, solo había algunas prendas de ella y Nabiki y una que otra camisa de Soun.
Tomó una blusa que Nabiki se había puesto ayer, aunque aseguraba que era de Akane. Y se le resbaló accidentalmente al tratar de desdoblarla. Cayó cerca de los escalones que comunicaban hacia el salón, y ella se inclinó para levantarla, cuando una extraña sombra proveniente debajo del pórtico le hizo detenerse.
Akane se levanto y le empujó la prenda con el hocico.
--Oh. . , no sabía que estabas aquí. –comentó Kasumi con su tan acostumbrada y amable sonrisa. Pasó levemente su mano por detrás de una de las orejas de Akane, y se le quedó viendo por un momento.—Qué curioso . . me recuerdas a alguien que conozco. . .—recogió la blusa del suelo y se levanto para colgarla junto a las demás, apartando ese extraño comentario cuando miró distraídamente el reloj.—¡Cielos, se me hace tarde para servir la comida!
Kasumi tomó el canasto de la ropa y entró en la casa. Akane le seguía con la vista, algo intrigada por lo que había dicho su hermana en ese instante.
--¡Ya llegué! . . –Nabiki entró empujando la puerta. Kasumi, que recién había entrado a la casa, le saludó. –. . .Veo que decidiste lavar hoy.
--Sí , aunque no era tanta la ropa como cuando está el resto de la familia—respondió Kasumi. Ésta estaba acomodando los platos en la mesa, se levantó y se dirigió a la cocina—Ya está la comida.
--ya –respondió Nabiki, mirando distraídamente hacia la ropa que Kasumi había colgado. Esperó a que ésta se alejara y se acercó a Akane— hola¿y Ranma?
--No lo sé ni me importa. . .
--¿Han vuelto a pelear? –Nabiki se cruzó de brazos—. . me imagino que sí, para que hayas reaccionado de ese modo.
Akane le dio la espalda, claro que para deshacerse de Nabiki tendría que hacer más que eso y recordó que tenía un asunto que arreglar con ella.
--Ya olvídalo –comenzó a decir, y Nabiki se acercó más hacia Akane, para evitar gritar y que alguien la viera hablándole—. . solo dime algo. . ¡¡¡¿QUÉ DEMONIOS HACES CON MI ROPA?!!!!!
Nabiki ni siquiera se inmutó por el comentario, ni porque Akane casi se le echa encima.
--¿Tu ropa¿cual? –preguntó inocentemente, hasta que Akane le señaló una blusa color amarillo claro que estaba colgada casi al borde de la cuerda.—Ah, esa. Solo la tomé prestada y ya¿Qué tiene de malo?
--Que nunca pides las cosas, como siempre . . .
--Oh, vamos –Nabiki se sentó en cuclillas frente a Akane, y con una sonrisa hipócrita— . . deberías compadecerte, yo no tengo un abrigo pegado al cuerpo .je je. .—dijo burlonamente mientras pasaba su mano izquierda con fuerza por sobre la cabeza de Akane, despeinándole.
--Tiene razón, además a ella no se le ve tan mal tu ropa, Akane. . –dijo Ranma desde el otro extremo del jardín. Al parecer ya había olvidado lo ocurrido durante la mañana, pues mostraba un semblante muy diferente al que tenía la última vez que Akane le vio.—. . ja. . por lo menos cuando la trae puesta no parece que esta colgada en un perchero. . –continuó diciendo.
-- ¡Ya déjenme en paz! –gritó Akane, separándose bruscamente de la mano de Nabiki, y sin siquiera ver a Ranma y a lo cual éste no se quedó callado.
--¡Oye no es en serio! . . ¡Akane! –Ranma se dirigió a ella, en cuanto la vio alejarse en dirección a la puerta principal.—¿Y ahora a donde vas? . . –siguió llamándole a la vez en que trataba de alcanzarle.
Akane se detuvo en seco y se giró hacia Ranma, disimuladamente calmada, después de todo, no ganaría nada con demostrar su lado débil en este momento; no ahora.
--Solo voy a caminar un rato y ya. –le respondió ella.
--Mmmhh. . –asintió Ranma secamente, entonces recordó algo— Eh. . espera, no irás tu sola ¿o sí?. .
-- si claro, como si te importara¿Qué, acaso piensas seguirme? –Akane le miró con una simpática expresión retadora, y que siempre lograba que Ranma se ruborizase.
-¡¡No es por eso, tonta!! . . .—empezó a decir Ranma, y luego bajó un poco la voz, todavía algo ruborizado por el comentario de ella.—solo que. . ¡sé lo torpe que eres y de seguro te meterás en problemas otra vez!!
--Ah, . . .¿ahora la harás de guardaespaldas?
--¡¡QUE NO!!!!
Nabiki estaba cruzada de brazos y apoyada en el marco de la puerta del salón de te.
--mmm. . .siempre es lo mismo –dijo para sí misma.
--Tienes razón –respondió una voz proveniente del salón de té. Tsuro estaba sentado a la mesa y balanceaba lentamente su pipa de un lado a otro.
