Capítulo VIII.- De peleas y riñas tontas.

Había sido un día muy pesado, pero al menos, Malfoy había aceptado mantener su supuesto "amor" en secreto. Ahora sólo quedaba esperar a ver que resultaba de todo ese enredo. Habían decidido que lo más relevante sería buscar una cura para Malfoy, o en su defecto, otro Corazón. No sería sencillo, pero por lo pronto, confiaban en que Snape no descubriera lo sucedido esa tarde. Harry, arrastrando los pies, en lo único que podía pensar ahora era en descansar. Le había sugerido a Hermione aconsejar a Draco, para que cuando estuviera con Snape, pensara en todo menos en ella, no es que creyera que el maestro de pociones utilizara la legeremancia con Draco, pero era mejor no dejar ni un cabo suelto. Los demás harían lo suyo, evitando de ese modo que Snape los descubriera.

Así que después de cenar, cada quién se había ido por su lado. Ron y Harry se dirigían pesadamente a su habitación. La recolección de ingredientes para la poción de Selenosis tampoco había sido muy fructífera. Apenas si Harry tenía un par de raíces de ásfodelo en sus manos y Ron un poco de ojén. Desde esa perspectiva, no iba por muy buen rumbo el dichoso curso. Harry estaba seguro que al final, no tendrían la poción y sí muchos problemas. Empezando por Draco. Si ya de por si era todo un reto estar cerca de él, ahora, enamorado de Hermione, era mil veces peor. No se había alejado de ella ni por un minuto. Acosándola con sus constantes galanterías. Todo eso le revolvía el estómago. Y estaba seguro que a Ron le pasaba lo mismo. El rostro de su amigo, durante el trayecto de la Colina a la pensión, había ido de un verde pálido a un granate intenso. Más sin embargo, Ron no había hecho ningún comentario. Y eso le extrañaba. Tal vez fuera que la rabia de soportar a Malfoy era tanta, que las palabras se le atoraban a su amigo en la garganta. Sí, eso debía de ser.

¿Dónde se habrá metido Malfoy? – se le ocurrió de pronto. No es que le preocupara mucho, pero después de llegar a la pensión había desaparecido. Quizá el sortilegio del Corazón no era tan fuerte y ellos podrían tener algún momento de calma. Al menos Hermione había cenado tranquila.

No sé, ni me importa – fue todo lo que pudo sacar de Ron.

Bien, lo mejor era no echarle más leña al fuego. Mejor no hablar de Malfoy. Suficiente sería soportarlo por las noches. Si tan sólo no tuvieran que compartir habitación, las cosas serían más sencillas. Interrumpió sus pensamientos. Había llegado frente a la puerta de su cuarto. Tomó el pomo cobrizo y abrió. Para su desgracia Malfoy se encontraba ya acostado. Sin palabras, desde la noche anterior, habían llegado al acuerdo tácito de que dormirían, Malfoy en la cama y ellos en la litera. Optando Harry por la parte de arriba.

Ron resopló. No estaba muy contento de ver a Draco. Seguro que aún pensaba en la idea de Thomas, y en la ilusión de ver a Malfoy terminar en el estómago de alguna anaconda. Aunque siendo honestos, Ron no tenía ni la menor idea de que clase de bicho era aquél, pero total, era algo que se podía comer al Slytherin y eso era más que suficiente.

Se pusieron las pijamas dispuestos a descansar. Harry apagó las luces y se tumbó en la cama. Por fin cerraría sus ojos. La oscuridad lo envolvió. "Dulces sueños Harry" pensó. El sueño fue llegando poco a poco. Imágenes obtusas empezaron a poblar su mente. Era reconfortante... Y de pronto la sintió. Aquella terrible picazón. En los brazos, en la espalda, en todo el cuerpo.

¿Qué... demonios?- oyó la voz molesta de su amigo. Sintió que se levantaba y encendía la luz. Harry descubrió, que al igual que él, se rascaba con fuerza. – Algo me picó – dijo mientras intentaba alcanzar la parte baja de su espalda.

A mi también...tengo una horrible comezón.

Un brillo de suspicacia iluminó el rostro de Ron. Inmediatamente jaló las sábanas de su cama -¡Lo sabía!- gritó, haciendo lo mismo con las sábanas de Harry -¡Pulgas!... ¡Hay pulgas en nuestras camas!

¿Pulgas? – comentó azorado Harry. Y luego los dos a la vez -¡Malfoy! – al tiempo que volteaban hacia donde debía estar durmiendo el interpelado. Pero no estaba dormido. Recargado sobre su brazo, los miraba con una expresión de burla.

Weasley, Weasley, Weasley – dijo chasqueando la lengua – siempre supuse que en esa pocilga que tienes por casa debía haber pulgas, pero nunca pensé que te las trajeras...¿qué?...¿acaso las extrañabas?

¡Tú las pusiste!... ¡estoy seguro que tú las pusiste! – rugió Ron.

¿Cómo puedes pensar eso? – dijo Malfoy con ironía - ¿De dónde podría yo agarrar pulgas de dragón?

¿Pu... pulgas de dragón?...

Así es Weasley...pulgas de dragón... ¿ya ves que no trae nada bueno andar lanzándole bolas de barro a la gente?

¡Eres un...!

Y se fue contra Draco. Con un fuerte empellón logró tirarlo de la cama. Malfoy se levantó enseguida y tomando con fuerza su varita lanzó un hechizo contra Ron. Sólo que Harry se anticipó a las intenciones del Slytherin y logró poner a su amigo fuera del alcance del hechizo. Pero Malfoy no se iba a dar por vencido tan fácilmente. Volvió a la carga gritando "¡RICTUSEMPRA!",dando esta vez en el blanco. Ron comenzó a reír estruendosamente, mientras Malfoy celebraba su victoria.

¡No te saldrás con la tuya! – le dijo Harry al tiempo que se abalanzaba sobre él. Malfoy actuó con rapidez y tomando un jarrón de la mesita de noche la lanzó contra Harry. Apenas si pudo esquivarla. El jarrón fue a dar sobre la pared, justo encima de su cabeza. Se oyó un fuerte ¡CRACK! Y muchos pedacitos de porcelana le cayeron encima. Harry volvió a la carga. Malfoy lo esperaba desafiante, pero aún así no fue suficiente. Con un puñetazo en la cara, Harry le hizo ver a Malfoy todo lo que le detestaba. La puerta se abrió de golpe y ambos detuvieron la batalla mirando la figura perfilada a través del umbral. Era Snape.

¿Qué está sucediendo aquí? – siseó con voz peligrosa. Harry aún tenía a Draco agarrado del pijama.

Señor, ellos empezaron, no me dejan dormir- respondió Malfoy con fingida inocencia.

¡No es verdad!...- dijo Harry soltando a Malfoy -¡Él empezó!... ¡puso pulgas de dragón en nuestras camas!

¿Pulgas de dragón señor Potter? – Snape torció la boca dándole a entender que no le creía - ¿de dónde podría sacar pulgas de dragón el señor Malfoy?... creo que alguien está buscando problemas...- su voz era tan desagradable que Harry supuso que terminaría dándole la razón a Draco. Detrás de él Ron seguía riendo sin control.

Pero... pero señor... estoy seguro que fue él, haría cualquier cosa con tal de molestarnos – Harry no supo ni porqué dijo eso. Sabía muy bien que sus palabras caerían en saco roto. En tanto, otros alumnos iban asomándose detrás de Snape. Al parecer no era al único al que habían despertado. Hermione estaba entre ellos.

Quiero que limpie este desorden y que se vayan a dormir... antes que decida castigarlos – dijo señalando los trozos de jarrón, algunas cosas tiradas y las sábanas revueltas. Luego, mirando despectivamente a Ron, añadió – Y haga que el señor Weasley se calle... no se les permitió el uso de su varita durante el curso para jugar...

Pero Malfoy le lanzó el hechizo... ¿a él no le va a decir nada? – inquirió Harry con enojo mientras Ron intentaba decir que sí. A esas alturas, Ron parecía a punto de estallar.

Le recuerdo señor Potter que usted no es nadie para decirme lo que debo o no ha...

¡Finite Incantatem! – se oyó decir de pronto. Todos voltearon hacia Hermione que guardaba con elegancia su varita en esos momentos. Ron había dejado de reír.

Señorita Granger, no recuerdo haberle dicho que interviniera... – susurró Snape venenosamente – Como siempre su arrogancia es tanta que se cree con el derecho de meterse donde no la llaman...

Malfoy frunció la frente. La ira brilló en sus ojos por unos momentos. Fue entonces que Harry recordó el hechizo del Corazón. Con todo aquél lío ya lo había olvidado. Su pulso se aceleró... ¿acaso el idiota de Malfoy lo echaría todo a perder? Miró a Hermione que también se había dado cuenta de ello. Nerviosamente se ajaba la pijama con las manos.

Bueno, alguien tenía que ayudarme ¿no? – intervino Ron de pronto. Snape volteó a verlo con encono – Digo, no podría quedarme riendo toda la noche... al menos ella hizo lo correcto – dijo valientemente.

Malfoy arrugó aún más el entrecejo. Harry alcanzó a ver las señas, tanto desesperadas como disimuladas, de Hermione hacia Draco, instándolo a no ponerse en evidencia.

Pues ya que la señorita Granger tiene un alma tan acomedida, que ella misma se encargue de limpiar este desorden...

¡Reparo! – La voz los tomó desprevenidos. Con sorpresa vieron que Malfoy había restaurado el jarrón. Luego, con otro movimiento de varita ordenó el cuarto. Por último, mirando a Ron con recelo, se acostó en su cama dándoles la espalda. Snape lo miró extrañado.

¿Qué...?

¡Eh profesor! – se oyó la voz de Thomas -¿No es hora de que nos vayamos a dormir?

Eh sí – lo apoyó Seamus – mañana tenemos que levantarnos muy temprano... ¡los ingredientes nos esperan!

Snape los miró a todos con sospecha. Pero nadie dijo nada. Al fin pareció darse por vencido y salió diciendo "¡todos a sus cuartos!". Inmediatamente fue obedecido. Sólo Hermione se rezagó un poco.

Creí que nos descubría... – susurró a Harry. Luego lo tocó con su varita, haciendo después lo mismo con Ron – es un hechizo repelente – explicó – para que puedan dormir - Y salió presurosa de la habitación.


Déjenme ver como siguen sus brazos – Hermione revisaba atentamente las ronchas que Harry y Ron aún tenían. Habían pasado ya tres días y aún no se les quitaban del todo. Ni aún con el ungüento que el señor Duns (el dueño de la pensión) les había obsequiado.

¡Maldito Malfoy!... mira que ponernos esas pulgas – decía Ron poniéndose más ungüento- ¿sabes lo que nos costó deshacernos de ellas?... ¡no hemos podido dormir en tres noches!

Ron, si no han podido dormir no ha sido sólo por las pulgas – aclaró Hermione con paciencia – te recuerdo también que le dieron a Malfoy esos dulces de Fred y de George... los culiníleos..

Longuilinguos... – corrigió Harry – Y no se los dimos, él los tomó de la mesa...

Ustedes los pusieron ahí a propósito, sabían que se los comería...

Como sea. De cualquier forma nunca podré olvidar la cara de Malfoy cuando vio que la lengua le crecía y le crecía...- siguió Harry con una sonrisa divertida.

Sí y tampoco olvidarán la cara de Snape cuando se dio cuenta... ni su cara de anoche, cuando se despertó con su escándalo, después de la poción que les puso Malfoy en el jugo.

No nos lo recuerdes ¿quieres?- repuso Harry avergonzado – Eso si fue una bajeza.

¡Pero se veían graciosos cantando a medianoche! – dijo Hermione riendo.

Odio cantar – aseguró Ron – Y aún más después de lo de ayer... esa poción entonadora es algo que no debió haberse inventado...gracias a ella tuvimos que limpiar todo el granero y Malfoy como si nada.

Bueno, pues entonces, si no quieren seguir pasando por momentos bochornosos, deberían dejar la fiesta en paz.

¿De parte de quién estás Hermione? . le reprochó Harry – pudiste habernos avisado que Malfoy se traía algo entre manos, al fin y al cabo, pasas casi todo el tiempo con él.

Te recuerdo que no es por mi gusto...

Aún así – interfirió Ron – pudiste tratar de averiguar que pensaba hacernos, te lo hubiera dicho...¿o crees que podría negarle algo a su ángel?- terminó con ironía.

Al menos él es gentil... –dijo Hermione con sequedad – algo que para otros es imposible...

¿Gentil?... ¡Es un papanatas...!

Bueno, si es gentil o papanatas es lo de menos – dijo Harry con fastidio – lo que sí sé es que no volveré a cantar nunca...y por cierto ¿dónde se metió?... ¿acaso ya se le pasó su entusiasmo por ti?- dijo algo esperanzado.

No. Lamentablemente aún sigue igual... estuvimos hablando. Lo acabo de dejar en su habitación...

¿Estuviste tú en la habitación con Malfoy?- dijo Ron dejando el ungüento en paz.

Si, hace como una hora...

¿Una hora?- Ron empezaba a ponerse rojo -¿Y se puede saber que demonios hacías desde hace una hora en el cuarto con Malfoy?

El rostro de Hermione se ensombreció - ¿Qué insinúas?...¿No escuchaste que estaba hablando con él?

Si, seguro estaban... - Ron volteó indignado hacia otra parte buscando algo que decir- confabulando contra nosotros... ¿qué?...¿acaso ahora le ayudas a hacer pociones para usarlas en nuestra contra?

Para tu información Ron – dijo Hermione respirando con dificultad y obligándolo a mirarla – estaba diciéndole lo mismo que a ustedes, que deberían tratar de ya no pelear...

Y para eso te tardaste una hora... ¿y porqué no se lo dijiste en otra parte, eh? En el comedor, en la biblioteca...

Sí claro, y que todo el mundo se enterara de lo que sucede... por si no lo recuerdas Ron, yo tengo que soportar a Malfoy gracias a tus tonterías.

Ahora resulta que la culpa es mía... ¿quién se comió el estúpido Corazón?

¡Malfoy no se lo hubiera comido si no estuvieras jugando con él!

¿Ahora lo defiendes?... ¡Tal vez el hechizo del Corazón también te esté afectando a ti!...

¡Eso no es cierto...!

Los ojos de Harry iban y venían de uno a otro sin detenerse en ninguno. No era posible. Si ya de por si era común ver a Ron y a Hermione pelear, ahora las cosas habían empeorado. Desde hace tres días que Ron explotaba por cualquier cosa haciendo que Hermione terminara furiosa. "Mejor me voy a otro lado" pensó poniendo los ojos en blanco "antes de que se ponga peor".

¡Eh Harry! ... ¿ A dónde vas? – la voz de su amigo lo detuvo.

Voy a buscar a Seamus... todavía nos faltan muchos ingredientes...

Pero...

Nos vemos después... – les dijo y sin más dio media vuelta con toda la intención de huir. Primero iría al comedor. Tal vez ahí encontraría a Finnigan y a la vez, un momento de tranquilidad. "A buena hora se me ocurrió venir al curso" se dijo con un suspiro "entre Malfoy, Hermione y Ron van a volverme loco". Esa idea no estaba tan lejos de la realidad.