Capítulo IX.- Si hay una vez, también hay dos veces.

- Lo más importante ahora es encontrar otro Corazón y así deshacernos de Malfoy.

Harry hablaba con decisión. Seamus le daba la razón con mil gestos y Neville aprobaba asintiendo lo que decía. Atrás de ellos venían Ron y Thomas, el primero en un obstinado silencio, y el segundo tarareando una canción. Hermione y Malfoy venían un poco más lejos. A leguas se notaba que el Slytherin se desvivía por ser caballeroso con ella. Le tendía la mano y la ayudaba a subir por las veredas de la Colina para que no se hiciese daño. Harry prefería no ver. Y no comentar nada al respecto. Los demás hacían lo mismo. Cualquier alusión al tema sabían que desencadenaba una tormenta. Ya fuera por parte de Ron o por parte de Hermione. El caso era que siempre terminaban peleando. Mejor mantenerse callado y ahorrarse problemas.

-Hermione también ha estado buscando otra forma de resolver este embrollo – decía Neville con dificultad. Trepar por veredas no parecía ser su fuerte – me ha comentado de algunas pociones restablecedoras. Dice que si no le hacen bien a Malfoy, tampoco le harán mal, así que no sería peligroso usarlas en él.

- Creo que vale la pena intentarlo – dedujo Harry.

- Si es que podemos – comentó Seamus arqueando las cejas dudoso – recuerden que aún no logramos terminar de recolectar las cosas que necesitamos para la poción de Snape – y enseñó los frascos aún vacíos que llevaba en las manos.

-La poción de Snape es lo que menos importa – aclaró Harry con enfado – lo único que importa es quitarnos de encima a Malfoy.

- Dirás quitárselo a Hermione... en serio que no entiendo como nadie se ha dado cuenta de que algo anda mal... – prosiguió Seamus con incredulidad.

- Bueno, no creo que sea tan difícil... – Neville intentaba recuperar el aliento mientras hablaba – Susan Bones me comentó lo desagradable que debe ser tener a Malfoy todo el tiempo vigilándonos... todos creen que sólo nos está haciendo la vida imposible.

- Y no están muy equivocados- Harry volteaba de cuando en cuando hacia atrás. La búsqueda de otro Corazón era lo primordial en esos momentos. Era urgente que las cosas volvieran a la normalidad. No podrían estar engañando a Snape toda la vida. Tal vez él pensaba lo mismo que los demás. Por eso hasta el momento no había comentado nada. Pero Harry sabía que pronto empezaría a sospechar. Al menos las riñas que constantemente tenían con Malfoy desviaban su atención.

- Bueno, ya sólo nos falta la centinodia y el polvo luminoso- dijo Seamus revisando su lista – no está tan mal.

- Cierto, y aún más tomando en cuenta que nadie de los que vinieron ha encontrado una sola luciérnaga amarilla – Neville se detuvo unos instantes. Realmente no podía más. Harry y Seamus lo secundaron. De cualquier forma tenían que esperar a los rezagados.

- Bueno, si nadie encuentra las luciérnagas, no tenemos porque hacer la poción ¿verdad? Así que para que preocuparnos – reflexionó Harry.

-No dejes que Hermione te escuche decir eso – le susurró Neville.

Ya habían pasado varios minutos cuando los otros los alcanzaron. Venían también agitados por el esfuerzo de subir la Colina. Habían llegado a un lugar desde donde se podía ver la villa por completo. La vista era increíble.

- ¿Y bien? – decía Thomás mientras se ponía la mano a guisa de visera para contemplar el paisaje -...¿por donde empezamos?

- Hay que organizarnos... yo creo que lo mejor será dividirnos en dos grupos – Hermione miró a todos. Como nadie se mostró en desacuerdo, continuó – Seamus, Neville y Dean irán por aquél lado – dijo señalando el lugar – Harry, Ron, Malfoy y yo iremos por este otro... ya saben, si encuentran otro Corazón hagan lo que hagan no lo corten ¿entendido?

Después de prometerle a Hermione que harían lo que les pedía y que se verían más tarde en ese mismo sitio, cada grupo se fue decidido a encontrar otro Corazón. No iba a ser tan fácil, pero confiaban en que lo lograrían. Al fin y al cabo (y eso era un consuelo) las cosas no podían empeorar más.

- Pero mi ángel – Malfoy intentaba comprender la decisión de Hermione – ¿porqué teníamos que venir con Potter y con Weasley?

-Puedes regresarte – le dijo Harry lanzándole una mirada gélida.

- Sí, nadie te invitó... ni sabes a lo que venimos – Ron ni siquiera se dignó a mirarlo.

- Por supuesto que no voy a regresarme – contestó Malfoy con arrogancia – y no me importa lo que hayan venido ustedes a hacer...si yo estoy aquí es por mi ángel.

-Si yo estoy aquí es por mi ángel – repitió Ron socarronamente.

- No te burles Weasley – le dijo Malfoy al tiempo que sacaba su varita – puedo hacer que te arrepientas.

-No…por favor no – Hermione se interpuso entre ellos antes de que comenzara otra batalla – no más peleas... así no vamos a llegar a ningún lado. No podemos perder el tiempo viendo como ustedes se lanzan hechizos. Lo esencial ahora es encontrar otro Corazón... luego pueden hacer lo que quieran.

Ron y Malfoy bajaron las varitas. Sin duda Hermione tenía razón. Aún así la mirada que ambos se dirigieron no era muy afectuosa. Hermione suspiró. Realmente parecía fatigada.

- Ten calma... ya verás que todo resultará bien... – Le dijo Harry poniéndole una mano en el hombro. De alguna forma tenía que manifestarle su apoyo. Hermione pareció comprender y le sonrió, Luego, reflexionando algo dijo:

- Y tú Ron ¿no me dices nada?

- ¿Eh?- Ron volteó a verla aturdido. Hermione lo miraba con cierto reproche en los ojos.

-¿Cómo qué quieres que diga?

- Pues no sé – dijo Hermione empezando a molestarse – pero es que últimamente has estado muy callado y de repente te desapareces y no dices ni a donde vas – Ron iba a responder pero Hermione continuó sin permitírselo – y no digas que te vas con Thomas a buscar los ingredientes, porque él tampoco sabe donde te metes – Hermione respiró hondo -Ya sé que no te importa lo que a mí me pase, pero al menos podrías haber tratado de buscar otro Corazón...

-¿Y qué te hace pensar que no lo he hecho? – respondió Ron ofendido.

- Ummm... ¿qué les parece si empezamos ya? No podemos estar aquí todo el día – Harry buscaba la forma de evitar más conflictos. Tal vez lo mejor fuera separarse. Y así lo hicieron. Cada uno tomó un rumbo distinto. "Ojalá y encontremos otra de esas plantas" pensaba con ansias "O alguna otra cosa que evite que Ron y Hermione peleen", pensó también. Aunque llegó a la conclusión que era más fácil lo primero.

- Nada, no hay absolutamente nada – Harry había regresado y todos sus compañeros estaban ya reunidos, incluso Malfoy estaba ya ahí, un poco apartado de los demás. Ron no se veía por ninguna parte – tendremos que seguir buscando – un suspiro de cansancio por parte de todos se dejó escuchar.

- Bueno, al menos ya tenemos casi todos los ingredientes para la poción de Snape – comentó Neville sin entusiasmo – ya sólo nos falta el polvo luminoso.

-Vaya consuelo – dijo Hermione con desánimo, mientras Malfoy se sentaba a su lado – Por cierto ¿dónde está Ron? – Draco torció la boca con desagrado, pero Hermione no lo notó, estaba muy ocupada buscando con la vista a su amigo.

- No sé, no lo he visto... y ya va a oscurecer. Será mejor que lo busquemos.

Harry se levantó. La Colina era segura, según le habían comentado, pero era mejor buscar a Ron. No sabía que clase de cosas se podían encontrar por las noches en aquél lugar. Se disponían ya a hacerlo, cuando los gritos jubilosos de Ron resonaron en la Colina.

-¡Muchachos... muchachos vengan rápido!

Todos corrieron a donde provenía la voz. Estaban casi seguros que el pelirrojo había dado con otra planta de corazones. Por fin Malfoy volvería a la normalidad. Después de unos minutos de intensa carrera, hallaron a Ron, entre un sin fin de lucecitas anaranjadas que poco a poco empezaban a aparecer.

- ¡Luciérnagas amarillas! – exclamó Neville -¡encontraste luciérnagas amarillas!

Eran hermosas. Hasta Malfoy las observaba boquiabierto. Ron comenzó a correr y brincotear entre ellas como si fuese un niño pequeño. Hermione lo miraba muy fijamente... y sonreía. Luego corrió a su lado, al tiempo que gritaba "¿Ven? ¡Les dije que aquí se encontraba de todo!".

-Hermione – Ron sonreía de oreja a oreja –no volveré a dudar de lo que digas – Y clavó sus azules ojos en ella.

-Sabes bien que eso no es cierto – dijo Hermione con voz risueña, devolviéndole la mirada.

Poco a poco iba oscureciendo más y la luz de las luciérnagas cada vez era más intensa, rodeando a Ron y a Hermione con su brillo. Pronto los demás se les unieron tratando de cazarlas. Eran ágiles y veloces. Muy difíciles de atrapar. Harry se divertía de lo lindo saltando aquí y allá, tratando de agarrar alguna. A su lado Neville, gritaba gustoso que ya había cazado una.

-¿Dónde las pondremos?- preguntaba Neville sonriente y Seamus corrió con los frascos que llevaba para los ingredientes.

Ron a esas alturas, también tenía una luciérnaga en sus manos y muy orgulloso se la enseñaba a Hermione. Ambos la miraban muy atentos. Neville se les acercó entonces con un frasco mientras decía "Guárdenla aquí".

- Pero tan pronto como tengamos el polvo luminoso las dejaremos en libertad ¿de acuerdo?

-Por supuesto Hermione... no te preocupes –y Ron depositó al animalito en el frasco ante la mirada expectante de su amiga. Harry y Thomás llevaron sus respectivas luciérnagas a Neville, y Seamus, finalmente, atrapó otra. Después de varios intentos y otro sin fin de corretizas, los Gryffindor consiguieron una cantidad considerable de esos bichitos.

En todo ese tiempo, Malfoy se había mantenido alejado, mirando las luciérnagas, pero ya sin asombro. Harry descubrió las miradas furtivas, que de vez en vez, dirigía hacia donde se encontraban Ron y Hermione cazando puntitos de luz. Y notó como se endureció su semblante, cuando Hermione, inconscientemente, festejó abrazando a Ron, el que ya tuvieran muchas. Parecía dudar. Más luego, decidiéndose, se acercó a ellos.

- Hermione – Malfoy trataba a toda costa de captar la atención de la chica –Son lindas ¿no? – dijo refiriéndose a las luciérnagas. Después agregó – Pero tú eres aún más hermosa – y con su mano rozó su mejilla, antes de que Hermione pudiera evitarlo.

- ¿Eh?...s-sí… gracias – dijo confundida.

-Mejor nos vamos – Ron trataba de parecer tranquilo – Ya es muy tarde y Snape puede empezar a preocuparse…

¿Snape preocupado?... Sí, seguro... Y también lloraría amargamente si a ellos les pasaba algo. Harry dudaba de la cordura de Ron en esos momentos. Y a pesar de las miradas de extrañeza que le dirigieron los demás, le hicieron caso y poco después se hallaban casi al final de la Colina. Neville aún contemplaba las luciérnagas, fascinado.

-¡Qué suerte!... ¡No puedo creer que tengamos esto en nuestras manos!...

-Pero… ¿Porqué habría tantas en un solo lugar? – dijo Thomás después de reflexionar un rato – Ron dijo que seguían objetos raros...¿qué era lo que ellas seguían?

Ron se detuvo de golpe. Dudando un poco miró a todos y confesó – eh… la verdad… es que yo encontré lo que seguían las luciérnagas.

-¿Y qué era?- preguntó Harry, a lo que Ron respondió con una enorme sonrisa. Después hurgó en uno de los bolsillos de su túnica y sacó un objeto muy brillante, tan transparente que la luz de la luna, que ya estaba en lo alto, se reflejaba en su interior deshaciéndose en muchos colores. Era muy parecido a un diamante, pero del tamaño de una pelota de béisbol.

-¿Qué cosa es eso?- preguntó Harry sin mucho interés.

-¡Es un diamante!- contestó Ron con singular alegría – lo encontré en un agujero… ahora seré rico aunque sea entre los muggles.

-Ron – dijo Hermione ahogando una risita y Malfoy a su lado, hizo una mueca burlona –eso no es un diamante, tan sólo se parece… uno auténtico no lo encuentras en un agujero, sino muy, muy por debajo de la tierra, en minas; y no lo encuentras así, sino en forma de carbón.

Ron parecía no entender lo que le había dicho Hermione, pero el desencanto apareció en su cara. Harry supuso que el Sr. Weasley le había contado, a su modo, algo sobre los diamantes y su valor entre los muggles. Bueno, que se le iba a hacer, la suerte no tocaba dos veces a la misma puerta. Si Ron ya había tenido la fortuna de encontrar una planta extremadamente rara, no iba a encontrarse ahora un diamante, ni a volverse rico.

-¡No puede ser! – exclamó de pronto Finnigan. Todos voltearon a verlo, mientras el veía asombrado el objeto que Ron tenía entre las manos.

-¿Ahora qué? – dijo Hermione arqueando una ceja.

-¡Es un Diamante Corlux! – Finnigan parecía extasiado - ¡Qué suerte tienes Ron!... ¡por segunda ocasión encuentras algo casi imposible de hallar!

Todos miraron a Hermione, en busca de una explicación, pero ella parecía tampoco saber nada al respecto. Su rostro denotaba la misma perplejidad que había en los demás.

-¿Diamante Corlux? – dijeron todos a la vez.

-Sí…les contaré… un día, mientras me dirigía con Lavender y Parvati a Transformaciones, nos topamos con la profesora Trewlaney en las escaleras – Hermione chasqueó la lengua con fastidio, pero Seamus sin hacer caso continuó – Nos detuvimos a saludarla, ya saben que Lavender y Parvati la admiran a más no poder, y yo noté que ella llevaba algo como un cristal en la mano. Lavender y Parvati le preguntaron que era, Trewlaney respondió que eso era uno de los objetos más preciados por los adivinos, el Diamante Corlux, casi imposible de encontrar y con poderes proféticos más allá del entendimiento. Dijo que a quién lo encuentra, le revela algo muy personal.

-¿Qué es lo que te revela? – preguntó Ron con ansiedad.

Seamus miró a todos como midiendo el impacto que tendrían sus palabras y con voz teatral exclamó:

-¡Te dice quién es el amor de tu vida, Ron! – si las caras de todos parecían perplejas, ahora no dejaban ninguna duda. A mil kilómetros de distancia se notaría que nadie tomaba en serio lo dicho por Finnigan.

- ¡Es verdad! – Insistió éste – Trewlaney dijo que el Diamante sólo lo pueden tocar, la persona que se lo encuentra y aquella a quién ama por sobre todas las cosas… y si tienes suerte y eres correspondido, del interior del diamante brotará una llama.

-¿Y creíste eso?... ¡Vaya! Trewlaney sí que está chiflada… - comentó Hermione haciendo ver que ya estaba harta.

- ¿Y qué pasa si quién lo toca no es la persona indicada? – preguntó Harry todavía sin interesarse del todo.

Seamus se encogió de hombros al tiempo que decía "Eso sí no lo dijo".

-Sólo hay una manera de saberlo- indicó Dean – alguien tiene que tocar el Diamante.

Todos se miraron como evaluando quién podría ser el valiente, pero Hermione, totalmente exasperada les espetó con crudeza.

-¿Cómo pueden creer en esas tonterías?... amor de su vida ¡...ja! Quisiera oír que Trewlaney alguna vez dijera algo sensato.

- Pero Hermione, puede ser verdad…

Hermione miró sorprendida a Harry, quien acababa de hablar– Creí que tampoco confiabas en Trewlaney – susurró.

- Bueno, después de todo tampoco creíamos en lo del Corazón Nub y ya ves – dijo señalando a Malfoy con la cabeza.

-¡Vaya!... ¡Esto es genial! – Ron por fin hablaba observando su Diamante con detenimiento - ¿quién podría tocarlo? – decía mientras daba vueltas al cristal pensando quizá en alguna candidata - ¿tal vez Fleur Delacour? – añadió por fin y su rostro tomó una expresión extraña, al tiempo que miraba a Hermione de soslayo, quién al momento reaccionó como si la hubiese picado una avispa.

-¿Ah sí?... pues no esperes que aparezca una llama – dijo en el tono más mordaz que pudo- ¡claro! En dado caso de que toda esa tontería sea verdad…

-No es ninguna tontería – se defendió Finnigan - ¿Porqué no tocas el Diamante para ver sus efectos y así comprobamos quién de los dos tiene razón?

Malfoy arrugó la frente. Y de forma disimulada se acercó aún más a Hermione.

-¿Y porqué yo? – dijo la chica enfrentando a Seamus.

-Porque está claro que yo jamás me enamoraría de ti – dijo Ron en un murmullo. Se veía algo nervioso, pero aún así miró a Hermione, quién al momento se quedó con la boca abierta, sin hallar que decir. Clavó en Ron una mirada muy rara, parecía dolida, más de pronto, sacudiendo la cabeza respondió con frialdad.

-Pues yo tampoco me enamoraría de ti Ronald Weasley, aunque fueras el último hombre del planeta – volvió la cabeza a todos lados como buscando algo y agregó con voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran – ¡antes… prefiero a Malfoy!

Y diciendo esto, tomó a Draco de la mano y a toda prisa bajó lo que restaba de la Colina hecha una furia; jalándolo y sin fijarse en lo que hacía. Y sin escuchar a Neville que confundido preguntaba "¿qué pasó?". Las caras intrigadas de los demás daban como respuesta que tampoco sabían, mientras Malfoy, que no cabía en sí del gusto, dejaba escapar un "¡Toma eso Weasley!".

Ron se quedó por momentos de una pieza. Petrificado. Luego, con las orejas ardiendo, tan sólo atinó en patear un arbusto que tenía enfrente. Hermione ya había desaparecido…