Capítulo XII.- Sin poción y sin respuestas.

No era fácil. No era nada fácil. Simple y sencillamente era muy complicado hacer una poción perfecta. Cortar los ingredientes y pulverizarlos era una cosa. Mezclarlos y ponerlos a cocer durante el tiempo preciso, era otra. Y por último, que la poción diera resultado, era algo muy distinto. El curso iba llegando a su término y esa tarde tendrían que entregarle la poción a Snape, para que al día siguiente les diera sus notas... ¡cómo si realmente fueran a hacer algo que valiera la pena¿Una poción para decir mentiras¿Quién podría ver algo útil en eso? Al menos Harry no. Y a pesar de ello, estaba concentrado en su trabajo, echando los ingredientes al caldero, moviendo constantemente, vigilando el momento en agregar el diente de león y el polvo luminoso. Era eso o pensar en Malfoy, Hermione y Ron.

El polvo luminoso se esparció por el caldero y unas burbujas anaranjadas brotaron de él. No estaba tan mal después de todo. Volteó a ver a sus compañeros. Todos parecían absortos en su trabajo. Lo bueno de que las luciérnagas amarillas rondaran a Ron, era que habían podido surtir del polvo que soltaban a todos los demás. Claro, sin contestar nunca que era lo que seguían las luciérnagas.

Observó a su amigo de reojo. Luchaba por controlar la poción que amenazaba con derramarse. Su humor había mejorado desde que Hermione había vuelto a hablarle. Con mucha formalidad, sí, pero bueno, no habían peleado más y con eso era más que suficiente, al menos para él. El que no parecía muy a gusto con ese hecho era Malfoy. Pero lo que él pensara importaba poco. Además, en cuanto estuvieran en la Madriguera, se olvidarían del Slytherin y todo sería únicamente tranquilidad.

Observó también a Hermione y Neville, quienes se turnaban para mover su poción y agregar los ingredientes. Neville lucía tranquilo. Sin esa desazón que parecía embargarlo siempre que estaba delante de un caldero. Harry notó, que Malfoy, muy disimuladamente, se acercaba a Neville murmurando seguramente instrucciones. Tenía razón el chico, daba náuseas verlo comportarse amable.

Bien, ya sólo faltaba añadir el diente de león y listo. Dejarlo hervir. Harry contempló el líquido espeso dentro de su caldero. Había seguido fielmente todas las instrucciones ¿quedaría perfecta? Lanzó una ojeada al caldero de Hermione y Neville, no lucía muy diferente. Buen indicio.

¡Maldición!... ¡así no era! – Dean trataba por todos los medios de evitar que la poción que preparaba, se derramara, o explotara o algo por el estilo. Finnigan lo ayudaba aunque sin mucho éxito.

¡Te dije que no le pusieras tanto ojén! – Exclamaba el muchacho de cabello arenoso. Afortunadamente, con un extraño movimiento de varita, Thomas pudo controlar la poción, aunque Harry apostaría lo que fuera a que ni él mismo sabía como lo había hecho.

Tienen quince minutos para acabar – siseó Snape como advertencia – recuerden como deben quedar sus pociones para que sean dignas de llamarse así – y sus ojos sombríos se posaron en Harry – en cuanto terminen, colóquenlas en un frasco y déjenlas en aquella mesa... no olviden poner su nombre...

Harry no prestaba mucha atención a lo que decía Snape, ni al hecho de que se hubiera levantado y caminara por las mesas. Más bien pensaba en la fuga de mortífagos de Azkaban. Estaba seguro de que Snape se había enterado el mismo día que ellos... por la carta que había estado leyendo durante las clases y por la forma en que salió después, sin tomar en cuenta nada más... Lucius Malfoy libre, pensó¿qué tan terrible podría ser?

La poción ya había hervido lo suficiente. Apagó el fuego y la contempló, esperando a que enfriara. El vapor se disipó y entonces, Harry pudo comprobar estupefacto el estado de aquél líquido blancuzco... ¡No lo podía creer! Lo removió un poco para cerciorarse de la maravillosa idea que surgió en su cabeza ¡Tenía el color, la textura y la consistencia que Snape había pedido¡Por fin¡Una poción bien hecha¡Una poción en toda la extensión de la palabra¡Y la había hecho él solo! Un sentimiento de orgullo y arrogancia lo embargó ¿qué diría Snape cuando viera que realmente tenía una poción perfecta? Tal vez no dijera nada. Seguramente la furia de ver que había sobrepasado sus expectativas no lo dejaría ni hablar. Se volvió para buscar un frasco, estaba un poco más allá, dio unos pasos, pero su corazón se fue al piso en cuanto escuchó aquel terrible "¡Evanesco!".

Sin querer voltear, lo hizo, muy lentamente. Miró su caldero. De aquella maravillosa poción ya no quedaba nada. Snape lo observaba con perversa satisfacción mientras decía -¿No habías acabado aún Potter?... Oh ¡cuánto lo siento! Yo tan sólo quería ayudarte a limpiar tu caldero – Y se fue muy ufano. Harry, completamente trabado de furia, tomó sus cosas en un santiamén y salió como un huracán del granero ¿es que Snape nunca se cansaría de hacerle la vida imposible?

¡No me importa!... ¡no me importan sus estúpidas pociones!- Se decía mientras caminaba sin rumbo definido. Maldiciendo para sí, llegó al comedor. En esos momentos sólo el Sr. Dungs se encontraba limpiando algunas mesas. Se sentó a un lado botando sus cosas y ocultó el rostro entre sus brazos.

¿Sucede algo señor Potter? – la voz amable lo hizo levantar la cabeza.

No... nada – balbuceó. La verdad es que no quería hablar de lo que le pasaba con un desconocido. Y el Sr. Dungs en cierta forma lo era.

No luce muy bien ¿alguien lo hizo enojar?... ¿tal vez el Sr. Malfoy?

No... es sólo... que no me salió una poción – dijo para evitar más preguntas.

No debería preocuparse... mejor trate de divertirse y disfrutar de su estancia aquí – Harry lo miró con escepticismo. Como si fuera tan fácil, con Malfoy y Snape en el mismo sitio.

Me... me duele un poco la cabeza, tal vez pudiera darme algo – pidió levantándose. El Sr. Dungs sonrió.

No sabe lo que me pide Sr. Potter, no soy muy bueno para los remedios... nadie me confiaría su salud.

Pero, el otro día ¿no le pidió Ron un remedio para el dolor de estómago?- El Sr. Dungs no parecía saber a quien se refería – el chico pelirrojo – aclaró Harry.

¿El Sr. Weasley?

Si, fue muy temprano... él llegó corriendo y no se veía bien – Harry empezaba a tener dudas de lo dicho por su amigo.

Ah, sí... creo haberlo visto pasar corriendo. Parecía, no sé, preocupado... sólo que no se entretuvo conmigo, es más, supongo que ni me vio... tenía prisa por llegar a la biblioteca, y la estuvo rondando un buen rato – Harry no comprendía ¿porqué había mentido Ron? El Sr. Dungs murmuró dándole una palmada afectuosa en el hombro - No se preocupe por su amigo, estoy seguro que no sufre de nada... creo que su malestar es de otra índole mucho más interesante – y sus ojos chispearon. Dio media vuelta y silbando alegremente, regresó a limpiar las mesas. Harry se quedó parado sin entender a que se refería el Sr. Dungs.


Fue muy injusto – Hermione caminaba de un lado a otro todavía enojada – Si dices que la poción de Selenosis te había salido muy bien ¿porqué la desapareció?

Pues para martirizarle la existencia – Ron, sentado en el pasto, arrancaba hierba también muy molesto – No te preocupes Harry, a excepción de Hermione y Neville, nadie más pasará este curso.

Ron y yo quisimos ir detrás de ti cuando saliste del granero, pero Snape no nos lo permitió... en fin, lo bueno de esto es que has descubierto que eres capaz de hacer una buena poción – Harry suspiró. Ya no quería hablar de eso. De todas formas tenía otras preocupaciones en la cabeza.

¿Y Malfoy? – preguntó -¿Cómo es que no lo tienes dando vueltas a tu alrededor y diciéndote "mi ángel"?

Hermione encogió los hombros sin interés –Estará por ahí, supongo... la verdad no sé. Después de que le entregamos la poción a Snape salió con él y ya no lo vimos. Ron y yo preferimos buscarte... los otros se fueron a comer.

Lo mismo que nosotros deberíamos hacer... ya está oscureciendo y no hemos probado bocado... teníamos rato buscándote...

Sólo quería pensar y no hay sitio más tranquilo que la Colina...

¿Pensar¿En qué¿En la fuga masiva de Azkaban?- Ron desistió de seguir arrancando hierba, un buen montón de ella había quedado a sus pies.

No... no precisamente en eso... es que no sé, me da la impresión de que todos ocultan algo.

¿Todos¿Quiénes todos? – Hermione lo miró intrigada.

Pues todos... o no es precisamente que oculten algo, o bueno sí – Hermione enarcó una ceja incrédula – es que no sé como explicarlo ¿no sienten que algo raro sucede?

No – dijeron sus amigos a la vez.

Sí, sucede algo raro –insistió Harry – Hay algo que no va... o si no explíquenme ¿porqué Snape no ha descubierto que Malfoy actúa de forma extraña?

¿Por qué lo hemos evitado? –sugirió Ron.

Bueno sí, pero aparte, Snape no es ningún tonto, además ¿no les da la impresión de que nos ha dado mucha libertad durante el curso? Al principio creí que lo tendríamos todo el tiempo sobre nosotros, pero no fue así...

Para eso trajo a Malfoy – opinó Hermione.

Pero no es lo mismo... y a pesar de Malfoy, hemos ido y venido a nuestro antojo por la Colina, en cierta forma ha sido hasta divertido... y no creo que esa sea la intención de Snape... por otra parte ¿porqué quince días para hacer una poción que bien podría haberse hecho en dos o tres días?

¿Por la dificultad de encontrar a las luciérnagas amarillas? – dedujo Ron un tanto aburrido.

¿Y tú crees que eso le importa a Snape? Lo que menos le gustaría es darnos la oportunidad de hacer bien las cosas.

Creo que eres injusto – objetó Hermione – Snape no debe ser tan malo.

Ron soltó una risita sarcástica, pero Harry continuó, ignorándolo – Bueno, dejemos a Snape... pero díganme ¿porqué un curso¿y en este lugar¿alguno de ustedes había oído mencionar algo parecido?

Sus dos amigos negaron con la cabeza – Lo más similar son las salidas a Hogsmeade – Ron bostezó y se frotó el estómago – debemos irnos, me muero de hambre.

Tu estómago puede esperar, aún no acabo – le espetó Harry con crudeza –hay otras cosas que me intrigan, Ron ¿tus papás habían mencionado que irían a Rumania a ver a Charlie? – Ron lo meditó un rato y luego negó.

No, al menos no que yo recuerde...

¿Y no se les hace insensato que nos dejen bajo el cuidado de Fred y de George?... ¿Porqué la Señora Weasley aceptó semejante cosa?

Eso es algo que también quisiera yo saber – dijo Hermione tocándose la barbilla. Ron asintió dándole la razón.

¡Hasta Neville y el Señor Dungs parecen saber algo! – exclamó Harry con gesto hosco.

¿Saber¿cómo que pueden saber ellos? – Hermione sonrió condescendiente, como si Harry hubiera dicho una barbaridad.

No lo sé exactamente, pero es algo sobre Ron... –el chico se sobresaltó y volteó a verlo con los ojos muy abiertos.

¿Qué pueden saber ellos de mí? – dijo con una mueca de desagrado.

Eso me lo vas a explicar tú, porque eres el último en mi lista.

No entien...

Por supuesto que entiendes – dijo Harry impaciente – tú también ocultas algo – Hermione lo miró con sorpresa.

¿Qué es, Ron? – dijo a su amigo quien se encontraba completamente azorado.

No oculto nada... ¿cómo que podría ocultar?- Ron caminaba hacia atrás con nerviosismo, sin querer mirarlos directamente.

No lo sé... pero ¿me podrías decir, por qué te fuiste corriendo el otro día¿por qué nos dijiste que te sentías mal y que habías ido con el Sr. Dungs por un remedio para el estómago, cuando en realidad andabas rondando la biblioteca?

La sorpresa se acentuó aún más en el rostro de Hermione. Harry notó que le temblaba ligeramente un labio, pero lo controló de inmediato - ¿No sería ese día en que fui con Malfoy a buscar libros de pociones? – dijo cautelosamente.

¡Exacto! – Agregó Harry - ¿Qué es lo que sucede¿Por qué no confías en nosotros Ron?

¿Me estabas vigilando? – susurró Hermione.

Ron parecía haberse olvidado de hablar, el rubor de sus mejillas era intenso. Por fin suspiró y mirando al suelo, dijo muy quedamente – Si, estaba... estaba rondando la biblioteca... pero no te estaba vigilando – dijo mirando fugazmente a Hermione - es sólo... es sólo que estaba preocupado... es que escuché alguna vez, que... que el hechizo del Corazón podría afectar a la otra persona... y... y – se dirigió a Harry - Hermione empezaba a mostrar mucho interés en Malfoy... y yo... yo creí que tal vez ella podría... podría... enamorarse de él – dijo aún más bajo, tanto, que era casi imposible entender lo que decía – y como la conozco, sé que eso no le gustaría... no en sus cinco sentidos... por eso fui a averiguar que era lo que pasaba.

Harry miró a Hermione con suspicacia, dándole crédito a las palabras de Ron. Su amiga sonreía y tenía un brillo muy especial en los ojos - ¿De verdad creen eso? – dijo riendo – Vamos Ron, mírame – el pelirrojo levantó la vista hacia ella, aún muy colorado – Para que yo me enamore de Malfoy, tendrían que obligarme a comer mil Corazones Nub ¿entiendes? – El rostro de Ron resplandeció.

Entonces eso no puede suceder – dijo Harry con alivio- Bueno, pero si eso era lo que te preocupaba, me hubieras dicho, yo te hubiera ayudado a investigar.

Eh, sí... lo pensé después- dijo Ron soltando aire. Ahora más tranquilo – Ahora ¿ya nos podemos ir a comer?

El estómago de Harry protestó, como aceptando la petición que Ron hacía. La noche les había caído encima sin haber probado alimento. Bajaron la Colina en silencio, que fue nuevamente roto por la voz de Hermione.

Estas luciérnagas ¿es que no dejarán de seguirte?- dijo espantando con las manos algunas de ellas. Otras, se posaron en el cabello de Ron, sin que él se preocupara por eso.

Es porque tiene el Diamante – confirmó Harry avanzando aún más rápido.

Terminas acostumbrándote – añadió Ron con indiferencia - ¡Eh¿Qué haces?

Trato de quitártelas de encima – Hermione había atrapado a las luciérnagas, quitándolas del cabello de Ron - ¡vamos, vuelen a otro sitio! – Y muchas lucecitas se alejaron. Harry y Ron continuaron bajando, oyendo la voz irónica de Hermione a sus espaldas. - ¡Qué bien! Tenemos que encontrar otro Corazón o algún remedio para Malfoy y lo único que encontramos es ese estúpido Diamante.

¡Oye! – se quejó Ron enfadado volviéndose hacia atrás. Más de pronto empezó a reír divertido.

¿Qué es lo que te hace tanta gracia?

Harry también volteó, descubriendo que era lo que hacía reír a su amigo. Hermione tenía los brazos cruzados y una expresión seria en el rostro. Sin poder evitarlo, él también comenzó a reír.

¡Tienes polvo luminoso en la nariz!... ¡parece una vela anaranjada!

No veo que pueda tener eso de divertido – dijo Hermione tratando de limpiarse, logrando, al parecer, lo contrario, pues Harry y Ron rieron aún más fuerte.

¡Estás haciendo bizcos! – dijo Ron con hilaridad. Hermione, al ver tal cosa, se llevó las manos a la cara.

Ahora te has ensuciado también las mejillas – comentó Harry sonriente –tienes el polvo en las manos.

Ni hablar – Como último recurso quedaba la túnica, así que Hermione iba a intentar limpiarse con ella.

No...no ensucies tu ropa – Ron hurgó en sus bolsillos por unos segundos – sí, aquí está – y sacando un pañuelo se acercó a Hermione – déjame ayudarte con eso – le dijo y comenzó a limpiarle la cara.

Ron...

¿Sí?

¿Sabes que cuando te lo propones puedes ser gentil?

Ron se detuvo fijando la mirada en ella. Un poco apenado agregó – toma, puedes limpiarte las manos... eso te pasa por querer espantar luciérnagas – sonrió – para la próx...

Un rayo de luz surgió de pronto arrojando lejos a Ron. Harry y Hermione voltearon asustados a ver de donde provenía. Malfoy se hallaba parado a unos cuantos pasos. Con actitud autosuficiente y la ira brillándole en los ojos, guardó la varita.

¿Qué diablos te pasa Malfoy? – le espetó Harry furioso.

Malfoy se aproximó a Hermione sin contestar. Cuando estuvo a su lado, dijo, con la vista hacia los árboles – Ya es muy tarde para que estén en la Colina...

¡Pero no tenías porque haber atacado a Ron! – Hermione reaccionó yendo a ayudar a su amigo a levantarse. Malfoy entrecerró los ojos.

Ron se levantó sacudiendo la cabeza -¿Qué... qué pasó? – Al descubrir a Malfoy ahí, entendió todo. Se levantó de golpe y sacó a su vez la varita - ¡Maldito gusano... esto no se quedará así...!

¡No van a pelear ahora! – la actitud de Hermione era determinante. Se había interpuesto entre Malfoy y sus amigos. Harry también tenía la varita en la mano.

Pero Hermione... – empezó Harry – deja que le demos una lección a ese cobarde ¿por qué siempre tiene que atacar por la espalda?

Ya es muy tarde para que estén en la Colina – repitió Malfoy pausadamente, sin verlos.

Pero ¿por qué me atacaste?- quiso saber Ron.

La gris mirada de Malfoy se volvió de hielo. Con todo el odio que era capaz de albergar en sus palabras, contestó – Porque no quiero que te acerques a mi ángel – fijando sus ojos fríos en Ron le advirtió – tú menos que nadie... – dejando al pelirrojo completamente consternado.

¿Te has vuelto loco? – Harry no dudaba que eso realmente sucediera. El efecto del Corazón comenzaba a agravarse.

Tampoco tú, Potter... tampoco te quiero cerca de ella...

Hermione estaba angustiada. Seguramente pensaba lo mismo que Harry. Dudó unos momentos, mirando a los tres, buscando la mejor manera de arreglar las cosas.

Malfoy – dijo al fin – ellos van a estar a mi lado porque son mis amigos ¡siempre hemos estado juntos!

¡No los necesitas!- Malfoy había tomado las manos de Hermione entre las suyas –ahora me tienes a mí... además, Weasley sólo te hace enojar con sus tonterías...

Antes de que alguien pudiera evitarlo, Ron lanzó un puñetazo a la cara de Malfoy haciendo que soltara a Hermione y tirándolo al suelo por el impacto. Acto seguido se abalanzó sobre él y los dos rodaron por el suelo. Hermione les gritaba para que se detuvieran.

¡Basta!... ¡Dejen de pelear!... ¡Deténganse!... ¡Harry¿Es qué no piensas detenerlos?

El aludido volteó, alejando su atención de la pelea. Al ver la mirada imperativa de Hermione replicó – Pero Ron va ganando...

No es posible – masculló Hermione tratando de contener su enojo -¡PETRIFICUS TOTALUS! –gritó y los dos contendientes quedaron más que quietos – ahora escúchenme bien... no quiero saber de más peleas. Nuestra estancia en Hogwarts está en juego y ustedes no lo van a arruinar. Así que compórtense o nos podemos ir despidiendo todos de la escuela... ¡Finite Incantatem!

No sin cierta dificultad se levantaron del suelo, sacudiéndose y lanzándose miradas de odio. Hermione comenzó a bajar la Colina muy aprisa y los demás la imitaron. Malfoy se adelantó tratando de alcanzarla. Al pasar al lado de Ron y Harry, siseó – No quiero verlos cerca de ella... haré hasta lo imposible porque sea así- y apurando el paso, logró alcanzar a Hermione. Harry sólo pudo decir "Definitivamente se ha vuelto loco" sin creer ahora que encontraran pronto una solución. Ron asintió con la furia todavía recorriéndole la piel. Las luces de la pensión aparecieron ante sus ojos…