Capítulo XIII.- Entre arañas, pruebas y tratos te veas.

- Me hubiera gustado verlo – Finnigan acercó un poco de budín a un hambriento Harry. Thomas y Neville hacían lo mismo con Ron y Hermione.

- Pero ¿dices que te atacó así nomás porque sí? – Thomas alargó un vaso de leche a Ron, quien se la bebió de un trago afirmando con la cabeza.

-No, no fue así nomás porque sí- corrigió Neville – recuerden que Ron estaba ayudando a Hermione a limpiarse la cara... estaba celoso.

- ¿Celoso? ¿Por tan poca cosa? Pues que sensible resultó ser Malfoy... – opinó Finnigan – Me hubiera gustado ver cuando le diste su merecido, Ron– dijo pasándole un pastel de calabaza. Él de inmediato le ofreció un poco a Hermione.

- ¿Quieres?

- Gracias – Hermione tomó el pastel que le ofrecían al tiempo de decir – Pues todo esto no es más que el indicio de que las cosas pueden complicarse. Debemos de pensar en buscar una solución – con un gesto de gravedad añadió – por mi parte he pensado que tal vez una poción podría ayudar en algo, pero no sé que tanto... tengo anotada la fórmula de varias de ellas, las podríamos hacer entre todos en cuanto entremos a clases, para que las probemos con Malfoy.

- ¿Porqué hasta que entremos a clases? – Harry concluyó su comida-cena y prestó más atención a lo que se decía.

- Porque ahora ya no nos va a dar tiempo de hacerlas... lo único que podemos hacer es tratar de obtener todos los ingredientes posibles.

- ¿Robarlos? – preguntó Ron.

- No me gusta ese término, pero es el más indicado - dijo Hermione – sí, en cierta forma así es... miren – dijo sacando un arrugado pergamino de su túnica – de los libros que revisé con Malfoy saqué estas pociones reestablecedoras. Los ingredientes los tengo anotados ya y les pasaré una lista a cada uno, para que durante el tiempo que no nos veamos consigan lo que vamos a necesitar para hacerlas.

-Pero yo no voy a poder conseguir nada – dijo Thomas mirando la lista – mis papás no son magos.

- No te preocupes, hay ingredientes tan sencillos que incluso puedes conseguirlos en una despensa muggle.

-¿Y qué va a pasar con Malfoy?- interrogó Seamus.

- Yo espero que durante el tiempo que no me vea se le pase un poco el efecto del Corazón... supongo que podrá pensar en otra cosa.

-Bueno, pues no sé ustedes, pero yo estoy muy cansado – interrumpió Ron -¿qué les parece si dejamos todo esto para mañana y nos vamos a dormir?

-Buena idea – secundó Harry levantándose en el acto. Minutos después todos se dirigían a su habitación. Al llegar a la puerta de su cuarto, Harry se quedó un momento con la perilla en las manos - ¿Crees que Malfoy esté ya aquí?- preguntó bajando la voz.

Ron, con un mohín de disgusto se adelantó y abrió la puerta. Por la cara que puso, Harry imaginó que Malfoy ya estaba dentro ¿Qué se le iba a hacer? Como no había otra opción, no les quedaba más que resignarse a compartir las dos últimas noches esa habitación con él.

Malfoy ya estaba dormido. Harry pensó que era una suerte porque de otra forma, seguramente habría más peleas. Se puso la pijama y subió a su cama. Era tan reconfortante que enseguida comenzó a dormitar. Entrecerrando los ojos alcanzó a distinguir a Ron terminando de ponerse su ropa de dormir. No le importó nada más. Cerró los ojos y comenzó a hundirse en un profundo sueño.

No supo si había pasado mucho o poco tiempo. Tan sólo supo que escuchó la voz de Ron gritar.

-Aaaaaaahhhhh!

Se despertó de golpe tanteando en su cama para encontrar sus lentes y varita. La voz de Ron continuaba oyéndose con angustia.

-¡Quítenmelas!... ¡quítenmelas!

Bajó con atropello de la cama, golpeándose la espinilla con una esquina, "¡maldición!" rumió y como pudo encendió la luz. Entonces descubrió lo que había asustado a Ron. Un grupo de arañas del tamaño de un conejo pululaban en la cama de su amigo. La cara de Ron no podía ser de mayor temor. Blanco como la cera, intentaba con la almohada alejarlas de él. Una idea repentina cruzó la mente de Harry. Giró la cabeza hacia el otro extremo de la habitación. Y ahí estaba Malfoy. Desternillándose de risa y ahogando sus carcajadas con una almohadilla.

Harry no tenía ni la menor idea de lo que había hecho Malfoy para que las arañas obtuvieran semejante tamaño. Intentó uno, dos, varios hechizos para hacerlas desaparecer, pero ninguno funcionó. Y sin más alternativa se lanzó sobre la cama para alejar las arañas con sus manos. Malfoy seguía retorciéndose en su cama con lágrimas en los ojos.

Las arañas cayeron al suelo. Entonces Ron pareció recobrarse - ¡arañas!... ¡es... estúpidas arañas! – fue todo lo que pudo decir agitadamente.

- ¿Qué... Weasley?... – empezó entrecortadamente Malfoy - ¿te asustan... te asustan unas pequeñas arañas? – y comenzó a reír estruendosamente.

-¡Hazlas desaparecer Malfoy! – Harry apuntó a Draco con su varita y una expresión decidida. La risa de Malfoy cedió.

-¿Qué Potter?- dijo limpiándose las lágrimas de risa que tenía en la cara - ¿Es que acaso tu amigo no es capaz de defenderse solo? – el rostro de Ron enrojeció.

-¡Desaparécelas, te digo! – Y de una patada lanzó lejos a una de ellas. Malfoy adoptó una expresión de burla.

- No puedo – dijo con increíble cinismo – no sé como hacerlo – Y Harry comprendió que era verdad.

Una ráfaga de viento pasó a un costado de Harry, impactándose contra Malfoy. La nariz del Slytherin comenzó a crecer y crecer y crecer -¡Maldita comadreja! – fue lo único que alcanzó a decir. Harry se giró y pudo ver a Ron satisfecho - ¡Ojalá explote! – Dijo su amigo sin más.

La puerta se abrió a la voz de un repentino "¡Alohomora!" . Dando paso a un no muy contento Snape -¿Es qué no piensan...? – se detuvo al ver las arañas correteando por todos los rincones y a Malfoy, con la nariz colgando de su cara e intentando decirle algo. Sólo que no podía. La voz se ahogaba en su garganta.

Un movimiento de varita de parte de Snape hizo desaparecer arañas, nariz y cualquier otra cosa ajena que estuviera por ahí. Luego se volvió hacia ellos.

- ¿Pueden decirme que diablos estaban haciendo? ¿Porqué pretenden no dejarnos dormir? – el tono de su voz presagiaba tormenta.

- Fue Weasley señor Snape – Draco tomaba la palabra acariciándose la nariz recuperada – él comenzó a gritar de pronto y a jugar con esos asquerosos bichos...- mintió descaradamente - luego me lanzó un hechizo...

- ¿Así que usted convocó a esas arañas? – Snape se dirigió a Ron con una mirada peligrosa.

-No... yo no... –intentó decir el pelirrojo.

- Bien, ya que le gusta hacerse el gracioso...

- ¡Él no fue!... ¡Él no podría...! – Harry no terminó la frase. No podía poner en evidencia a Ron delante de Snape. Ignoraba si el maestro de pociones sabía de la fobia de su amigo. De cualquier forma, dedujo que a Ron no le agradaría que él lo supiera. La sonrisa autosuficiente de Malfoy le retorcía el estómago, pero era mejor no decir nada.

- ¿Y bien señor Potter? – Snape cruzó las manos con fingida atención - ¿decía usted?

-Ron no fue – dijo enojado.

- Y supongo que usted tampoco hizo nada... ¿me equivoco?

- No, pero terminará castigándonos de todas formas – afirmó sin poder contenerse. Snape lo miró con furia.

- Tiene razón Potter... quiero verlos el sábado muy temprano en el granero, ayudarán a limpiarlo, hasta la última paja... sin magia.

Harry volvió el rostro hacia la pared. Indiferente. No le asustaba limpiar un poco cuando en casa de sus tíos había obtenido práctica. Snape pareció adivinarlo.

- Su arrogancia no tiene límites... debería tener cuidado o... – hizo una pausa saboreando lo que iba a decir - acabará como su padre.

Harry apretó la varita a punto de levantarla, pero Ron lo detuvo sin pensarlo. Tratando de evitar que hiciera alguna tontería, murmuraba preocupado"¡No, Harry!". Snape los miraba forcejear con desprecio.

- Hace muy bien en detenerlo Señor Weasley... sólo hace falta un pretexto para que ustedes salgan así... – sonrió chasqueando los dedos – para siempre de Hogwarts – Y salió con paso firme de la habitación.

- ¡Suéltame! – dijo Harry zafándose bruscamente de Ron. Se subió a su cama y envolviéndose en las sábanas intentó no hacer caso ni de Ron, ni de Malfoy, ni de nada que no fuera su furia.

La mañana se había ido entre malhumor y desayuno a medias. Hermione, sentada a su lado había tratado de hacerle la plática, pero desistió cuando se dio cuenta que no podía sacar de Harry más de dos palabras. Ron se había ido con los chicos, no sabía a donde.

Temprano, muy temprano, había querido hablar con él, pero Harry aún estaba muy disgustado. No era culpa de Ron, lo sabía. Ni siquiera era culpa de Malfoy. La culpa de todo la tenía Snape por ser tan odioso y detestable ¿Por qué siempre buscaba hacer algún comentario venenoso contra su padre? ¿Por qué simplemente no olvidaba todo lo sucedido hacia bastantes años? ¿Era tan difícil? Se imaginó de pronto a Malfoy en un futuro remoto haciéndole la vida imposible a sus hijos. Sacudió la cabeza. Ni siquiera quería imaginarlo... ¿Hijos? Empezaba a pensar tonterías. Mejor era olvidarse de todo.

- ¿Dónde se habrá metido Ron? – preguntó por fin a Hermione.

- Después de cómo lo has tratado, muy lejos, supongo – Hermione anotaba diligentemente los ingredientes para las pociones en varios pergaminos – en serio ¿por qué siempre te tienes que desquitar con nosotros?

- No me desquito... es que me da coraje con Snape.

- Y por eso no le hablas a Ron y te enojas con él sólo porque intentó detenerte – Por lo visto, ya Ron había hablado con Hermione de lo ocurrido la noche anterior. Aunque todos se habían dado cuenta de que hubo problemas. Nadie sabía a ciencia cierta lo que había pasado. Nadie excepto Hermione y eso gracias a su amigo.

-No me enojo con él – intentó explicar Harry, pero como no tenía ninguna justificación válida al hecho de haberlo ignorado toda la mañana, decidió dejarlo por la paz.

Un ruido de gente corriendo interrumpió la tranquilidad del comedor. Entre gritos y empujones, Ron y los otros chicos entraron como si un basilisco los persiguiera. Detectando a Harry y Hermione en una esquina fueron hacia ellos.

-¿Qué es lo que pasa? – preguntó Hermione asustada.

-Nunca... – intentó Finnigan hablar – nunca hagas... hagas...

- ... enojar... a una... Ravenclaw – terminó de decir Thomas.

-¿Qué quieren decir? – Hermione frunció el entrecejo mirándolos severamente.

Finnigan tomó aire antes de responder – Queríamos... queríamos probar el diamante – reponiéndose continuó – así que le sugerimos a Ron dárselo a tu compañera de cuarto – los ojos de Hermione ensombrecieron –pero...

- ¿Tú hiciste eso Ron? – inquirió Hermione con voz velada.

- Sí, pero no funcionó – dijo sentándose de golpe – el diamante la hizo estremecerse, como si la hubiera quemado o como si un hechizo desagradable la sacudiera o como...

- Le dio una descarga – resumió Harry.

- Si, eso... supongo... el caso es que ella se enojó tanto que comenzó a lanzarnos maleficios a diestra y siniestra. Creo que venía detrás de nosotros...

- Y ustedes salieron huyendo – rió Harry – pero muchachos, ustedes pueden defenderse de esos ataques ¿no son parte del ED?

La pregunta hizo verse a todos con cara de "¿cómo-se-nos-fue-a-olvidar?" Pero ya era demasiado tarde para sobreponerse al bochorno.

- De todas formas no podíamos atacarla – se excusó Thomas – además, tenía razón en enojarse.

- Al menos lo reconocen – Hermione había retomado su aspecto severo, cruzando sus brazos sobre la mesa.

-En fin, eso no importa, tenemos una misión importante que cumplir – Finnigan adoptó un aire de líder – No importa lo difícil que sea. No importa a cuantas chicas tengamos que abordar... encontraremos el alma gemela de Ron.

- La chica furibunda no lo es, entonces prosigamos con... – Dean sacó un pedazo de pergamino – Susan Bones.

- ¿Tienen una lista? – Harry se acercó sin poder creérselo.

- ¿En serio la tienen? – Ron tenía una expresión por completo confusa - ¿cuándo la hicieron?

- Ayer por la noche, viendo que tú no tomabas en serio algo tan importante... – Finnigan tomó el pergamino y se la entregó. En él podía verse una larga lista de nombres. Ron la ojeó sin detenerse en ninguno y se la devolvió a Thomas - ¿La hicieron los tres?

- En realidad Neville no quiso ayudarnos – dijo Dean en tono acusador, recuperando el pergamino.

- Esto es estúpido – Hermione dobló las hojas de pergamino en las que había estado escribiendo los ingredientes y luego levantó la vista hacia ellos - ¿de verdad creen que uno puede encontrar el amor con algo tan absurdo como eso?- dirigiéndose a Ron agregó - ¿De verdad vas a ir de un lado a otro dándole ese diamante a cuanta chica se te atraviese?

- Pues no suena mal- Ron puso una cara parecida a la de un niño travieso– tal vez podrían tocarlo chicas de séptimo...

- Hay unas muy guapas – añadió Thomas.

- Una cosa es que te gusten y otra cosa es que las quieras – replicó Hermione sabiamente – Además, ¡puede ser peligroso! – dijo intentando hacerlos entrar en razón.

- Entonces toca el diamante...- Neville habló casi en un susurro, como dudando en decirlo.

- Imposible – advirtió Dean revisando el pergamino –eso nos llevaría casi al final de la lista.

- ¿Hermione está en esa lista? – Harry los miraba escéptico.

- Cualquiera que sea una chica lo está – sentenció Finnigan – aunque dejamos al último las de menor probabilidad... pero si quieres hacerlo, podemos pasar por alto la lista.

- ¡No voy a tocarlo! – las mejillas de Hermione se encendieron – ¡No voy a seguirles el juego!... ¡ya ven lo que pasó por ese tonto Corazón y por su empeño en no ignorarlo y dejarlo donde estaba!

- Siendo así... continuaremos entonces... ¿no habrás visto a Susan por aquí? – preguntó Thomas paseando su vista alrededor de la estancia.

- ¡No puedo creerlo! – soltó Hermione golpeando la mesa con las manos – ¡mejor me voy a hacer algo más provechoso! – Y tomando sus hojas con rapidez salió atropelladamente del comedor.

Harry negó con la cabeza. Aparte de Malfoy y el hechizo del Corazón, ahora tendría que lidiar con el Diamante y el disgusto de Hermione por él.

- ¡Allá va! – gritó de pronto Seamus - ¡Vamos Ron, es hora! – y jaló al pelirrojo distrayéndolo de mirar atentamente la puerta por donde Hermione se había ido. Harry los siguió sin mucha convicción.

- ¿Y porqué Susan Bones es la segunda de la lista?- se le ocurrió de pronto – Yo no sabía que a Ron le gustara.

- De hecho, nosotros tampoco –confesó Thomas – en realidad hicimos la lista arbitrariamente, conforme se nos iban ocurriendo los nombres... hubiéramos puesto a las profesoras, pero creímos que ya era demasiado.

Harry rodó los ojos. Ese diamante parecía divertir a sus amigos, pero estaba seguro que quienes lo tocaran no pensarían lo mismo.

- ¡Susan!... ¡Susan!- llamó Finnigan. La chica se detuvo y se volvió hacia ellos.

- ¿Qué pasa? – preguntó sin saludarlos.

- Queremos que nos hagas un enorme favor –Susan frunció las cejas sin entender que clase de favor podrían pedirle a ella - ¿sabes? Ron quiere mostrarte algo... anda Ron ¡dáselo!

- ¿No debíamos explicarle primero? – contestó, mientras Bones ponía un gesto de expectación.

-¿Qué es? – dijo mirando a Ron casi con una sonrisa.

- Eh... bueno... pues es esto – dijo poniéndole el diamante en las manos. El rostro de Susan se llenó de sorpresa en cuanto tocó el diamante y lanzando un leve gritito se lo aventó a Ron.

- ¡Aaaay!... ¡Quema!

- Tampoco – Thomas sacó el pergamino con los nombres tachando el nombre de ella– esto va a ser muy, muy difícil.

- Susan ¿qué pasa?- era Justin Finch-Fletchley quien se había acercado corriendo cuando oyó a la chica gritar - ¿qué ocurre?

- ¡Esa cosa!... me la dio Weasley y me quemó- contestó la Hufflepuff. Justin se volvió a Ron airado.

- ¿Qué fue lo que le diste?

- Tranquilo Justin... déjanos explicarte – Comenzó Finnigan tratando de tranquilizarlo – lo que sucede es que Ron quiere encontrar a su alma gemela...

- ¿Y por eso queman a Susan?... ¿Qué? ¿Así la va a encontrar más rápido?

- No se quemó – aclaró Harry recordando lo ocurrido con Malfoy – en realidad no le pasó nada, es sólo la sensación... revísale las manos si no me crees – agregó viendo el gesto desconfiado de Justin. Bones, al escuchar la afirmación de Harry, observó sus manos detenidamente y su cara denotó alivio.

- ¡Es verdad! – aseveró, luego se volvió a Ron – pero, ¿que tiene que ver esa piedra con que Weasley encuentre a su alma gemela?

Ron, un tanto cohibido, se dispuso a explicar –No es una piedra... Y no es que yo quiera encontrar nada... es sólo que hallé este diamante y según Finnigan te revela quien es el amor de tu vida – al terminar de decirlo sus mejillas lucían sonrosadas. Al parecer no era muy cómodo para Ron hablar de esas cosas.

- Según Trewlaney, recuerda –Thomas se adelantó a Susan y siguió – Mira, ese diamante, sólo lo puede tocar Ron y la chica que haga latir su corazón como tambor africano – Ron lanzó un gruñido, en cambio Susan lo miró emocionada.

- ¿En serio? ¡Qué lindo!...- El pelirrojo volteó hacia Harry con una mueca de fastidio que nadie más alcanzó a ver. Harry levantó las cejas divertido - ¿Y quién más lo ha tocado?

- Pues hasta ahora tú, tu compañera de cuarto y Malfoy –enumeró Thomas.

-¡¿Malfoy! – soltaron a la vez Susan y Justin.

- Si, pero lo de Malfoy fue solamente una broma ¡Hubieran visto su cara! – Finnigan imitó a la perfección la cara de angustia del slytherin.

- Si, lo imagino, duele – confesó Susan de pronto seria – bueno, no tanto, pero si es desagradable – corrigió.

- Pues más desagradable fue para Malfoy... ese diamante reacciona según la simpatía que le tenga su dueño a la persona que lo toque ¡ya se imaginarán! – Finnigan soltó una carcajada.

- ¿Y piensan seguir probándolo con más chicas?- Susan parecía encantada con la idea – Yo puedo hablar con todas las que vinieron al curso y decirles que lo toquen... ¡claro que tendrán que explicar de que va el asunto o más de una se molestará...

- ¿De verdad nos harás ese favor? – Thomas sacó el pergamino con la lista agitándolo en el aire– con eso avanzaremos más rápido.

- ¿Y no será peligroso?- Neville por fin hablaba mostrándose no muy de acuerdo.

- ¡Por supuesto que no! ¡Ya te pareces a Hermione! – le espetó Finnigan.

- ¿Y eso? ¿Qué es? – preguntó Justin viendo el pergamino que Thomas seguía agitando.

- Es la lista de candidatas ¿quieres verla? – El Hufflepuff asintió y comenzó a leer los nombres escritos conteniendo la risa.

- ¿Hannah Abbott? Pero ella no vino al curso, bueno, ya lo tocará en cuanto entremos a clases... ¿Parvati Patil y Lavender Brown?- rió - ¿Marietta? Después de lo del año pasado no creo que quiera saber nada de nosotros... Padma Patil... ¿Luna Lovegood? ¡A lo mejor es ella! – dijo contemplando a Ron con burla, mientras éste susurraba un molesto "Sí, como no" - ¿Hermione Granger? – rió aún más fuerte – Ni siquiera creo que ella se digne a tocar el diamante, le parecerá muy poco ético... y te reñirá por esto, ya ves como es con ustedes – señaló, mirando también a Harry.

- ¿Por qué no hablamos de otra cosa?- protestó Ron, pero todos seguían riendo con la lista –Oumm– lanzó un gruñido – tengo que amarrar las cintas de mi zapato ¿Me detienes esto Justin?- el chico estiró la mano aún atento al pergamino diciendo "Sí, claro", sin dejar de reír.

Un chispazo de luz brotó de pronto y Justin trastabilló a punto de caer, lanzando al Diamante muy lejos. Todos voltearon a ver a Ron quien sonreía con ganas, mientras iba a recogerlo.

- ¿Porqué rayos me lo diste a mí? – dijo Justin sobreponiéndose a la sorpresa - ¡esa cosa da una descarga eléctrica!...

- Para que sigas riendo... – dijo Ron limpiando su diamante y guardándolo en el bolsillo.

El chico iba a protestar pero Susan lo interrumpió con algo que había notado - ¿Por qué el Diamante chisporroteó con él y conmigo no?

Todos se miraron y se encogieron de hombros – A lo mejor porque el Diamante responde al estado de ánimo de Ron – comentó Harry después de pensarlo un momento – Y como él estaba empezando a molestarse porque no dejaban de reír, el efecto fue más intenso...

Los demás clavaron su vista en él, no sin un poco de asombro. Harry se sintió por un momento extraño - ¿Qué? – fue lo único que se le ocurrió.

-¿Sabes que Granger influye mucho en ti? – comentó Susan.

- ¡Claro que influye! ¡Somos amigos! ¿No?- dijo Ron enfatizando las palabras.

- Bueno, bueno, no peleemos – Finnigan hablaba en tono conciliador levantando las manos en señal de paz – Lo importante ahora es que Susan nos ayudará a que las chicas toquen el Diamante... Ron ¿sabes lo que eso significa?

- Significa que todo no es más que una tontería y que esa cosa no sirve- dijo una voz a sus espaldas. Hermione iba llegando, con Malfoy siguiéndola muy de cerca. Ron los miró con recelo – Vine por ustedes – dijo refiriéndose a los Gryffindor – Ya es hora de que se dejen de niñerías y se pongan a trabajar – Y al momento empezó a repartirles los pergaminos con los ingredientes de las pociones.

- Pero si ya terminó el curso Hermione ¿no lo recuerdas? – dijo Justin echándole un vistazo al pergamino que Thomas había recibido – hoy por la tarde Snape nos dará los resultados.

- Es un trabajo extra que tenemos nosotros – dijo Hermione con tal seguridad que Justin ya no siguió preguntando. Extendió a Ron los ingredientes que le tocaban y éste, entornando los ojos y tomando el pergamino, muy despacio, le dijo.

- ¿Tan pronto fuiste a buscarlo?

Justin y Susan parecían no entender a que se refería el pelirrojo, pero Harry sabía muy bien que Ron hablaba de Malfoy. Al ver la contrariedad en el rostro de su amiga, supo que se acercaba una de tantas peleas. Y no creía conveniente que los Hufflepuff fueran testigos de ella.

- Bueno muchachos – les dijo – tenemos que irnos – Tomó del brazo a Hermione apartándola de Ron, luego, bajando la voz agregó – Y sobre el Diamante... sería conveniente que no llegara a oídos de Snape su existencia ¿puedo confiar en ustedes?

- Cuenta con eso – afirmó Justin mientras se despedía diciéndoles adiós con la mano. Enseguida caminaron lo más aprisa posible alejándose de ellos. Malfoy los seguía con cara de pocos amigos.

- ¡Potter!- dijo encarándolo y obligándolo a detenerse - ¿quieres soltar a mi ángel?

- ¿Qué? – dijo Harry que no se había dado cuenta que seguía, en cierta forma, deteniendo a Hermione – Ah... entiendo – y soltándola también enfrentó con los ojos a Draco – Mira Malfoy, yo sólo estaba tratando de evi... Un momento...¿porqué te estoy dando explicaciones? – farfulló malhumorado dándose cuenta de ese desliz.

- Porque eres un tonto Potter, y a pesar de eso sabes quien es superior- dijo el Slytherin irguiéndose con altanería, luego, con ojos brillantes de desdén, susurró – Aunque te afanes en llamar siempre la atención, nunca, óyelo bien Potter, nunca serás mejor que yo.

- En lo único en lo que eres mejor es en arrastrarte como las serpientes, Malfoy...

- ¿Eso crees Potter?... ¿Crees que diciendo eso puedes ofenderme? – dejando escapar una risa despectiva lo volvió a encarar - ¿Cómo puede ofenderme un triste huérfano cuyos padres murieron por tontos?

Harry no esperó a que terminara de decirlo. Con todas las fuerzas de las que era capaz se abalanzó sobre él y de un empujón lo derribó al suelo. Animado por los gritos de los muchachos, quería darle una lección que no se le olvidara en la vida.

- ¡Vamos Harry! ¡Tú puedes!

- ¡Dale su merecido!

- ¡Eso es Harry! ¡Rómpele esa cara de rata!

- ¡No, Harry!

- ¡ Hermione, no! – Al escuchar la voz de Ron, Malfoy dejó de luchar y Harry volteó a ver que era lo que había detenido al Slytherin. Agitados y llenos de polvo, ambos habían suspendido la lucha con las manos aferrándose a las túnicas. Ron, simplemente, sostenía la mano de Hermione con la varita en alto, evitando que lanzara algún hechizo para terminar la pelea.

- ¡Suéltame Ron! ¿Qué pretendes?

- ¡Deja que Harry le de su merecido a Malfoy! ¿No oíste lo que dijo de sus padres?

- ¡Pero no puede lastimarlo!

- ¿Tanto te importa? – dijo Ron soltando abruptamente la mano de Hermione - ¿Qué? ¿Acaso no quieres que lastimen a tu adorado hurón?- y el tono de su voz sonaba entre mordaz y colérico.

- ¡Ronald, no empecemos de nuevo! ¡No voy a explicarte mil veces las cosas!... – más sin embargo, a trompicones, añadió - ¡Snape no tendrá inconveniente de castigar a Harry nuevamente! ¿No lo entiendes?

- ¡Lo único que entiendo es que defiendes demasiado a Malfoy!

- ¿Y qué con eso Weasley? – Malfoy se había levantado librándose de las manos de Harry, y con enormes zancadas se acercó a ellos.– Mi ángel sólo se preocupa por mí... ¿eso te duele? – dijo con especial entonación.

Las palabras parecieron esfumarse de los labios de Ron por unos segundos. Más luego, con voz ronca murmuró – Hermione es libre de hacer lo que quiera... – mordiéndose un labio repitió – lo que quiera... no me importa – y dándoles la espalda se dispuso a irse. Las mejillas de Hermione se tornaron de un peligroso tono escarlata.

-¿No te importa? – Ron se quedó quieto, escuchándola - ¡Y a mí si tiene que importarme lo que a ti te pase! ¿No?

Las caras de Neville, Seamus y Thomas parecían preguntarse "¿Qué hacemos?" , pero al no hallar una respuesta satisfactoria decidieron seguir como estaban.

- No es eso lo que yo veo – Ron seguía sin mirar de frente a Hermione, quien pareció encenderse.

- ¡Por supuesto que no lo ves!... ¡Tú no ves nada!... ¡Nunca te das cuenta de nada!... ¡No te das cuenta... ¡ - Hermione se interrumpió de pronto. Respiraba con dificultad y sus ojos se nublaron. La furia de Ron pareció desmoronarse. Fue entonces que Harry comprendió que las cosas habían ido demasiado lejos. Toda esa discusión no debía haber sido. Parándose a su lado, decidió que era hora de hacer una tregua.

- Hermione, Ron, escúchenme... – sus amigos lo vieron intentando ponerle atención, sin alterarse uno contra el otro – Esto se está yendo de nuestras manos... no podemos seguir así, de verdad, no podemos – Se agarró la cabeza con fuerza, empezaba a dolerle y no era por causa de la cicatriz, era por otra cosa... por primera vez en su vida, estaba preocupándose por algo que no fuera Voldemort o la guerra o algo relacionado a ellos – Vamos a resolver esto– dijo después de meditarlo – No podemos deshacernos de Malfoy... – Draco enarcó una ceja, pero no dijo nada. También él parecía muy atento - ¿Por qué no... – aparentemente, no era tan fácil lo que Harry iba a decir - ¿por qué no hacemos un trato? – la intriga que causó lo dicho por Harry fue evidente.

- ¿Trato? ¿Qué clase de trato Potter? – La voz de Malfoy no dejaba ese tono soberbio.

- Tú yo no pelearemos más... – A pesar de la propuesta, Harry hablaba con voz decidida, sin titubear – ni tampoco lo harás con Ron... ni Ron con Hermione, ni Hermione con Ron...

- ¿Y porqué habría yo de hacer un trato contigo Potter? ¿Por quién me tomas? – la arrogancia en Malfoy era tanta que por un momento Harry pensó en mandar todo al diablo.

- Mira Malfoy... por mí tú puedes hacer lo que quieras, pero si a ti no te importa Hermione a mí sí – Malfoy respingó pero Harry continuó sin dejarlo replicar - y no quiero que todo esto ocasione más problemas... entiéndelo de una vez: Hermione no va a alejarse de nosotros, ni nosotros de ella. Siempre hemos estado juntos y eso es algo que tú no vas a cambiar. Y si quieres estar con ella vas a tener que tolerarnos, como nosotros vamos a tener que tolerarte a ti.

- ¡Pero yo no...!

- Vamos a hacerlo... – siguió Harry con voz imperturbable, sin atender el intento de protesta de Ron – y todo esto será para que Hermione esté tranquila ¿de acuerdo?

Malfoy y Ron voltearon a verse sin ocultar su rencor. Sin embargo, algo hacía pensar que estaban evaluando las palabras de Harry. Hermione los miraba alternadamente uno a otro. Con la expectación en su cara. Después de unos instantes de tensión y silencio, Draco fue el primero en hablar.

- ¿Qué sabes tú lo que me importa Hermione? – siseó y arrastró las palabras como usualmente lo hacía, sólo que había algo en esa frase que era diferente esta vez. Tal vez la forma en que había remarcado el nombre de su amiga. Como si realmente fuera lo más especial para él. Harry no supo porque sintió una especie de miedo subiendo por su estómago, pero no había tiempo para analizar las cosas, puesto que Malfoy seguía hablando – Está bien Potter – casi escupió sus palabras – acepto el trato. Pero ustedes no deben tratar de quitarme la atención de ella... no quiero verlos rondándola todo el tiempo... ustedes evitan eso y yo dejo de molestarlos.

Dean Thomas tenía la boca abierta casi hasta el suelo - ¡Lo veo y no lo creo! – exclamó. Un codazo de parte de Finnigan lo hizo recobrar la compostura.

- ¡sht!... ¡se puede arrepentir! - murmuró tan bajo que apenas si Harry pudo oírlo.

- ¿Y ustedes? ¿Aceptan el trato?- preguntó a sus amigos. Ron, con la vista hacia el cielo y grandes esfuerzos, dijo en un silbido.

- Sabes que siempre te apoyo... si quieres hacer un trato, pues hacemos un trato.

Harry casi sonríe. No podía esperar menos de Ron. Se dirigió a Hermione en busca de una respuesta. Ésta tan sólo musitó "¡Harry!" ... y abrazándolo, rompió a llorar.

Harry sabía que algunas veces, se decían cosas que lastimaban mucho más que las acciones. Aunque fuera sin esa mala intención . Sólo que no comprendía porque sus amigos insistían en hacerlo tan seguido. Porque esa manía de estarse punzando siempre. Esa incorregible actitud los había hecho pelear una y otra vez. Y aunque sabía que cada uno de ellos daría su vida por el otro, nunca dejaban de discutir. Tal vez fuera la única forma que tenían de demostrarse su afecto. O tal vez no supieran como hacerlo.

Y mientras Hermione comenzaba a tranquilizarse, vio la mirada culpable de Ron e imaginó que quizá él también quisiera abrazarla y decirle un "lo siento". Pero sabía bien que no lo haría. Dejó escapar un poco de aire por la boca y pensó, que un trato con Malfoy bien valía la pena si sus amigos encontraban otra forma de resolver sus diferencias. Esas diferencias que durante años lo habían equilibrado, entre la enorme responsabilidad de ser el niño que vivió, y la intensa gama de emociones que traía consigo su corta edad.