Capítulo XV.- Un dragón en la Madriguera.

Sábado muy temprano. Con una mañana muy fresca. Harry podría estar cómodamente en su cama durmiendo a pierna suelta como sus demás compañeros. Desgraciadamente, tanto él como Ron, estaban castigados. Tenían que limpiar concienzudamente el granero "hasta la última paja", tal y como había dicho Snape... sin magia por supuesto.

Ya tenían buen rato así, acomodando, sacudiendo, barriendo y bostezando. Ambos aún tenían sueño, pues la noche anterior habían dormido hasta muy tarde, puliendo el inverosímil plan que habían concebido.

Draco había escrito dos cartas, una para su madre y otra para Crabbe. En la primera explicaba a Narcisa Malfoy que iría a pasar unos días con su amigo Vincent, y de ahí se iría a Hogwarts. En cuanto a lo de su supuesta prometida, por hostigamiento de Ron, había terminado diciendo que sólo se trataba de una broma. La segunda carta la dirigió a Crabbe, a quién le pidió, no, le ordenó, que si por cualquier causa, la señora Malfoy preguntaba por él, dijera que estaba cómodamente instalado en su casa.

Seamus, Thomas y Neville, por su parte, habían escuchado atentamente las explicaciones de Harry para comunicarse por medio de polvos Flu con su familia, aún estaban un poco renuentes por no saber que decir en sus casas, pero terminaron aceptando valientemente enfrentarse a sus madres, y en el caso de Neville, a su abuela.

Ahora sólo faltaría convencer a Ginny y a los gemelos de que no dijeran nada. Cosa que no consideraban difícil. Probablemente hasta los ayudarían con las pociones restableecedoras para intentar curar a Malfoy. En eso, los gemelos parecían tener un talento especial. Talento que, por lo general, no era utilizado para cosas serias.

Harry rebobinaba una y otra vez en su mente todo el curso. Seguía pensando que había algo extraño en todo aquello, pero no podía especificar exactamente que era. Mientras barría con desgano, por su cabeza pasaba todo lo sucedido en esos días: la carta de Hogwarts, las infaltables peleas entre Ron y Hermione, Malfoy y su característica petulancia, Snape diciéndoles que el Slytherin compartiría el cuarto con ellos, las riñas, el Corazón, el Diamante... y esa repentina vuelta de campana de todo lo que siempre era y había sido. Ahora Malfoy se la pasaba con ellos, y no precisamente vigilándolos, sino perdidamente enamorado de la persona que más había despreciado en la vida, En los últimos días, las peleas habían remitido. Él había dejado de pensar en una guerra y en un señor tenebroso, por preocuparse en evitar que todos descubrieran lo que le sucedía a Malfoy, quién para finalizar espectacularmente, iría a parar ni más ni menos que a la Madriguera, única y exclusivamente por Hermione.

Un recuerdo vino a su mente, de pronto, con claridad. "¿Qué sabes tú lo que me importa Hermione?" Las palabras de Malfoy dichas aquél día en que hicieron el trato... y esa sensación extraña, muy parecida al miedo, que lo embargó al oír el tono con que la pregunta había sido formulada. Desmenuzó el sentimiento ¿porqué habría él de sentir miedo? Los tres siempre habían estado juntos, era verdad. Estaba tan acostumbrado a ello que daba por hecho que así sería siempre y nunca se detuvo a calcular que un día eso podría acabarse. Que podría llegar un día en que esa alianza tácita que un día habían formado corriera peligro. No por Ron, obviamente. Harry estaba seguro que pasase lo que pasase ellos siempre seguirían en contacto. Pero con Hermione era distinto... ¿y si un día llegaba algo o alguien que se las arrebatase? La guerra. Fue el primer pensamiento que vino a su mente, pero la desechó de inmediato porque no quería ni pensar en eso. Podría ser una persona. No precisamente Malfoy, sino cualquiera ¿Qué si un día Hermione llegaba a enamorarse y se olvidaba de ellos? ¿Quién sería aquél que los separara? ¿Tal vez krum? Lo dudaba, aunque Hermione jamás externaba sus sentimientos y era difícil de adivinar que tanto le interesaba. De cualquier forma, él no se imaginaba vivir sin la constante sobreprotección a la que lo sometía esa pequeña sabelotodo. Cierto, muchas veces lo fastidiaba con su punzante manía de exigirle estar a la altura de ser el niño que vivió. Y cierto, consideraba más divertido pasar el tiempo con Ron que con ella. Pero eso no significaba que no temiera perderla. Eran tres. Y ahora deseaba casi con rabia que siguieran siendo por siempre solamente ellos tres. Porque Harry no era Harry sin Ron, y Ron no era Ron sin Hermione... y Hermione tenía que estar con ellos para seguir siendo Hermione Granger, la perfecta sabelotodo. Tan distintos. Ron y su niñez todavía no del todo abandonada. Hermione y su madurez precoz (muchas veces exasperante) y él... él que muchas veces se sentía arrastrado por un río de sucesos que no alcanzaba a comprender y que buscaba desesperadamente una tabla de la cual asirse. Y ahí estaban ellos. Salvándolo constantemente de hundirse sin remedio.

No reparó en que momento había dejado de barrer para recargarse en la escoba. Miró a Ron quien sacudía las mesas golpeándolas fuertemente con un trapo, sin preocuparse por el polvo que levantaba ¿Estaría de acuerdo con él? ¿Le diría que estaba loco por pensar en tonterías? O tal vez, imaginó, el pelirrojo ya lo había intuido antes y por eso mostraba aquella furia contenida siempre que llegaba una carta de Bulgaria. No lo sabía. Tampoco Ron era muy dado a externar sus sentimientos.

-Ron – vaciló un momento. No sabía si preguntarle. Tal vez el Corazón también le estaba afectando la cabeza y por eso pensaba en esas cosas. Su amigo dejo de golpear las mesas y aventó el trapo para voltear a verlo.

- ¿Qué? – preguntó sencillamente.

- Sabes... estaba pensando en... ¿cuánto tiempo tenemos de amigos?

-Cinco ¿porqué? – contestó Ron rápidamente.

- Bueno, es que... – no sabía ni que decir – todo esto del Corazón me ha hecho pensar en una cosa – Ron lo miró intrigado – es que ¿sabes? Estaba pensando en Hermione...

La cara de Ron adquirió un matiz de desconcierto - ¿Hermione?

- Si en Hermione... es que ¿has pensado que un día podría alejarse de nosotros?-

-¿Cómo?

Esa plática no estaba llegando a ningún lado. Ron parecía no entender a dónde quería ir a parar Harry. Lo vio de frente, olvidando por completo todo lo relacionado a cualquier cosa que tuviera que ver con limpieza.

- Bueno, es que...- organizó sus ideas – con todo esto del Corazón, Hermione pasa mucho tiempo con Malfoy, y yo, me puse a pensar... – dudó - ¿qué sucederá cuando ella... ella... llegue a enamorarse?

Bien, ya lo había dicho, aunque en un tono de voz que apenas si él mismo había podido escuchar; sin embargo, era obvio que Ron también lo había hecho, porque su rostro se congeló. Luego, con una actitud que a Harry le pareció desafiante le preguntó - ¿Porqué te interesa eso?

A Harry le sorprendió por un momento el tono de reproche y un poco defensivo que adquirió la pregunta de su amigo. Algo avergonzado contestó – Es que... bueno – se ruborizó, tampoco él era muy bueno externando sus sentimientos – estaba pensando que la amistad de ustedes dos me da... no sé como decirlo... fortaleza... si, eso creo... y no me gustaría perderla – respiró y miró a Ron que parecía aliviado- sé que tú y yo, pase lo que pase jamás dejaremos de vernos, pero ¿y Hermione? ¿Qué tal que encuentra a una persona especial para ella y se aleja de nosotros?¿Quién cuidará entonces de que hagamos lo correcto?

- Eso no sucederá... no lo permitiré – dijo Ron con tal convicción, que Harry lo observó con suspicacia. El pelirrojo, que en esos momentos apretaba con fuerza el trapo que tenía entre las manos, lo dejó caer y un tanto cohibido dijo - ¿Porqué estamos hablando de esto? Lo que deberíamos hacer es terminar de limpiar para largarnos cuanto antes de aquí- y recogiendo el trapo del suelo, volvió a su tarea.

No llevaban ni cinco minutos limpiando nuevamente, cuando la puerta del granero se abrió, para cederle paso a Hermione, seguida de Malfoy, Neville, Seamus y Dean. - ¿Ya terminaron? – preguntó mirando alrededor suyo con gesto evaluador.

- No, aún no- contestó Harry sonriendo y volteando hacia Ron, lo miró con complicidad. A Ron, en esos momentos, tampoco parecía desagradarle que Hermione los mirara con ojos severos al señalarles:

- Pero ya llevan mucho tiempo aquí ¿qué tanto hacían?

- Limpiar... ¿no lo parece señorita perfecta? - contestó Ron en su acostumbrado tono mordaz, sólo que esta vez, había algo sutilmente distinto. Tal vez era la sonrisa complacida de Ron al ver a Hermione, como siempre, vigilando que hicieran lo que debían.

- Ya nos falta poco Hermione- Harry se acercó y apartó un mechón rebelde de la cara de su amiga – y todo quedará más que limpio. Si señor.

La extrañeza en la cara de Hermione era visible, volvió su vista a los demás como para cerciorarse de que ellos también habían reparado en la actitud de esos dos incorregibles Gryffindors. Nada. Los demás parecían no darse cuenta de nada. Se cruzó de brazos y levantando una ceja inquisitivamente, preguntó – ¿Se puede saber que es lo que les pasa a ustedes dos? ¿Qué es lo que están tramando?

- Nada Hermione – contestó Ron – es sólo que ya estamos fastidiados de limpiar ¿porqué no nos ayudan? –Y lanzándole el trapo se sentó descaradamente en una silla. Hermione alcanzó a atraparlo y con un mohín de disgusto se acercó a él.

- Eres un fresco... ¿cómo se te ocurre que les ayudemos a limpiar? ¡El castigo es de ustedes dos!

- Sí, pero es un castigo injusto – Ron mantenía el equilibrio de la silla en dos patas, mirando a Hermione con una sonrisa traviesa.

- Hay que ayudarles – intervino Seamus – no creo que eso sea mucho problema, además, ya les falta poco.

- Tan sólo esas dos mesas de ahí, terminar de barrer esta área y acomodar los frascos en su lugar – señaló Harry con la esperanza de que los ayudaran. A decir verdad él también estaba un poco fastidiado de limpiar el granero que a estas alturas le parecía enorme.

- Bien, yo te ayudo a barrer – Neville se apresuró a agarrar una escoba para ayudar a Harry, mientras Thomas le quitaba el trapo a Hermione diciendo "yo limpio las mesas".

– Que se le va a hacer...- Hermione suspiró resignada - Ron, te ayudo a guardar los frascos en su lugar. Vamos.

- ¿Y yo que hago?- preguntó Finnigan volviendo la cabeza a todos lados.

-Puedes ayudarle a Hermione a guardar los frascos- dijo Ron con total ligereza, pero al ver la expresión de advertencia en el rostro de su amiga corrigió - bueno, puedes ayudarme a mí y entre tanto Hermione puede esperarnos.

- ¿Y Malfoy? ¿Él que va a hacer? – inquirió Neville reparando en el Slytherin que se hallaba sentado cerca de la entrada. Éste los miró desdeñosamente y escupió.

- En el trato que hicimos nunca se especificó que yo tendría que ayudarles en algo a Potter y a Weasley. Así que cumplir su castigo es cosa de ellos... será suficiente ayuda el hecho de que no le diga a Snape que no han hecho el trabajo solos.

- Malfoy... – Harry detuvo a Ron antes de que dijera algo que comenzara una batalla de nuevo "olvídalo, no necesitamos de su ayuda" susurró y pareció convencerlo, porque de inmediato el pelirrojo se dirigió a los estantes con una caja de frascos en las manos.

Casi acababan. Ya sólo faltaban unos cuantos frascos y acomodar las mesas y listo. Terminarían y podrían irse a la Madriguera. Mientras Seamus y Ron seguían en los estantes, Harry platicaba con Neville y Thomas sobre lo que les habían dicho en sus casas.

- Creí que mi abuela se enojaría y no me dejaría ir... pero se alegró ¿pueden creerlo? Dijo que estaba muy bien que conviviera con mis amigos y que únicamente no dejara de comunicarme con ella para ver que tal me iba en la casa de los Weasley – Neville lucía entusiasmado por pasar unos días lejos de la casa de sus abuelos. Cosa que nunca había hecho.

- Pues a mi madre no le hizo ninguna gracia ver mi cabeza en la chimenea, casi se muere del susto – empezó Thomas con una sonrisa divertida - Pero bueno, después del susto inicial pude convencerla de que me dejara quedar en la casa de Ron... no lo conoce, pero le dije que para que estuviera más tranquila le escribiría desde la Madriguera. Aceptó, aunque no la vi del todo convencida.

- ¿Y tú Seamus? – preguntó Harry en voz lo suficientemente alta para que Finnigan lo escuchara.

- Bueno, pues mamá primero me lanzó un sermón. Dijo que bien podía haberle pedido permiso con anticipación. Después empezó a acosarme con preguntas – Seamus empezó a fingir la voz aguda de su madre -¿a casa de quién vas? ¿porqué con los Weasleys? ¿Estará Potter ahí?... uff, la verdad no sé ni que contesté, pero terminé convenciéndola de que me dejara ir. - El muchacho siguió guardando los frascos que uno a uno le iba pasando Ron, mientras hablaba sin despegar la vista de Harry – Tuve que decirle que no irías... no te enfades, pero aún sigue pensando que estás algo tocado de la cabeza.

Harry sonrió. Eso ya no le molestaba. Seamus pareció más tranquilo al ver que Harry no hacía ningún comentario al respecto. Ron le pasaba ya los últimos frascos. Y Hermione murmuró "Por dios ¿no sería más sencillo si ambos guardaran los frascos? ¿qué necesidad hay de que Ron te los pase?". Finnigan se encogió de hombros y estiró el brazo. Hubo un destello y un grito ahogado de Seamus. Voltearon todos a la vez para descubrir a Ron agarrándose el estómago sin poder controlar las carcajadas que brotaban escandalosamente. Seamus sacudía su mano con fuerza respirando trabajosamente. Luego, mirando enojado a Ron le espetó:

- Pero ¿qué crees que estás haciendo?... ¿Porqué me diste esa estúpida piedra?

Ron no contestó, seguía riendo. Se agachó para recoger el Diamante que Finnigan había botado lejos y tomando aire trató de decir – ¡Tu... tu cara... hubieras visto tu cara! – y volvió a estallar en carcajadas.

- Le divierte esa cosa ¿eh? – comentó por lo bajo Thomas a Harry. Sí, le divertía. Y Harry supuso que habría que cuidarse de Ron. Algo muy dentro de él le decía que Malfoy, Justin y Seamus no serían sus únicas víctimas. En tanto, el enojo de Finnigan había disminuido. Hasta parecía querer reírse con el pelirrojo. Colocó el último frasco en su lugar y levantando sus manos en forma triunfal, gritó "¡Listo!".

- Bien, es hora de irnos – sentenció Hermione - ¿ya tienen preparadas sus cosas?- La afirmación de todos le hizo levantar las cejas en forma satisfecha.

- ¿Y Snape? – preguntó Harry. Habían dejado pasar ese pequeño detalle. El profesor de pociones no se iría hasta que el último alumno se fuera de la Colina. Seguro estaría pendiente junto a la chimenea del comedor. Malfoy calmó sus inquietudes al decir:

- Está esperándome en el comedor. Me mandó a vigilar que ustedes terminaran su trabajo, como ya lo concluyeron me despediré y me iré yo primero mientras ustedes lo distraen. Así él no se dará cuenta de adonde fui.

- Mala idea – señaló Ron mientras Draco respondía con gesto hosco– No puedes llegar primero a la Madriguera ¿qué tal que te ve Ginny o alguno de los gemelos? Tiene que ir uno de nosotros primero, para explicarles lo que pasa.

- Entonces haremos esto – Hermione se puso al centro de todos, que la escuchaban con atención – Irá Harry primero, después Neville, Seamus y Thomas... Ron y yo nos quedaremos para preguntarle algunas dudas que tengo sobre la poción de Selenosis a Snape...

- Dudo que te conteste...

- Me contestará Ron... él dijo que no respondería a preguntas elementales y las mías no lo son. – Dijo Hermione categóricamente – Y mientras el responde a mis cuestionamientos, Malfoy se irá a la Madriguera.

- Entonces ¿qué esperamos? – Neville se veía ansioso por partir a la Madriguera. No en balde era la primera vez que terminaba un verano lejos de la vigilancia de un adulto. Salió presuroso rumbo a la pensión y a todos no les quedó más que seguirlo.

Tal y como lo habían pensado, Snape se encontraba muy al pendiente viendo desaparecer uno a uno a los alumnos por la chimenea. Los chicos espiaban por la ventana viendo como Justin Finch Fletchley desaparecía en ese instante. Harry apretó los puños decidido - Bien, ya es hora... cada quién arrastrará su baúl hasta la chimenena y se despedirá de Snape...

- ¿Es necesario? – Seamus puso cara de horror mientras hacia la pregunta, Harry sólo dejó escapar una risita irónica y continuó explicando.

- Ron y Hermione distraerán a Snape con lo que sea que le vayan a preguntar...

-¡Yo no le voy a preguntar nada! – rumió Ron, pero Hermione le dio un codazo para que se callara. Harry lo miró impaciente pero siguió hablando.

- Es entonces que Malfoy podrá escabullirse... ¿seguro que llegará en cuánto yo me haya ido? – preguntó a Hermione.

- Seguro que llegará – dijo segura de sí misma- le advertí que si no lo hacía no volvería a hablarle en la vida... sólo para cerciorarme que no nos saliera con alguna estupidez.

Todos rieron, mientras Neville susurraba alegremente "¡Esa es Hermione!" .

- Bueno, entonces iré yo primero y les explicaré a los gemelos y a Ginny el porque Malfoy se quedará en la Madriguera... ¿qué es eso que traes en el hombro? – preguntó intempestivamente al mirar a Ron – Maldición, es otra luciérnaga... ¡te están siguiendo de nuevo!

- ¡No es mi culpa!- protestó Ron.

- Por supuesto que lo es – terció Hermione – te siguen de nuevo porque utilizaste esa cosa.

- Si Snape ve luciérnagas revoloteando a tu alrededor, va a sospechar del Diamante... ¡y suficiente tenemos con el problema del Corazón. – Masculló Harry con el ceño fruncido.

- ¿Y qué quieres que haga? ¡No dejan de seguirme!... ¡Mira! Están hasta en el cabello de Hermione...

- Bueno ¡pues espántelas y ya!- opinó Thomas mientras manoteaba junto con Neville ahuyentando a las luciérnagas - ¿Ven? ¡Eso era todo!

Harry rodó los ojos. Si no era una cosa era otra. Por fortuna para todos, las luciérnagas se marcharon con los manoteos de Dean y Neville.- Bien... vamos – y seguido por todos, excepto por Malfoy que llegaría un poco después, entró al comedor.

Snape les dedicó una mirada muy fría en cuanto entraron. En cambio, el señor Dungs al verlo, salió contento a despedirlo - ¡Oh, señor Potter! ¿Así que por fin se va a casa? ¡Me alegro, me alegro! – dijo frotándose las manos y luego, extendiendo una hacia él, le dio un fuerte apretón de manos diciendo - espero que su estancia en la Colina del mago haya sido placentera... nos esforzamos mucho para que fuera así.- Calló de pronto, mirando de reojo a Snape. Algo turbado murmuró un "hasta luego señor Potter" y desapareció rumbo a la cocina. Harry hubiera jurado que en los ojos de Snape brilló por segundos una señal de advertencia.

- ¿Así que es hora de irnos Potter?... Espero que el granero haya quedado perfectamente limpio – siseó Snape y fue entonces que a Harry se le ocurrió lo extraño que resultaba el hecho de que Snape no hubiera ido a revisarlo personalmente. – Aunque supongo – interrumpió sus pensamientos – que el curso para usted fue una pérdida de tiempo...

Harry ignoró por completo el gesto de burla que apareció en el rostro de Snape. Seguro se refería a su poción cuando hablaba de pérdida de tiempo. Sin decir ni adiós, arrastró su baúl hasta la chimenea. Tomó un poco de polvos Flu y se dispuso a irse. Alcanzó a ver a Ron que le hacía una señal con la cabeza y a Malfoy llegando al comedor. Mirando una vez más a todos, lanzó el polvo y exclamó "¡A la Madriguera!". Una sacudida despegó sus pies del suelo.

Salió dando traspiés de la chimenea de los Weasleys y tosiendo fuertemente. Sacó su baúl y esperó. En uno de los pisos de arriba, se escuchaban tremendas explosiones. Sin duda era en el cuarto de los gemelos. Era obvio que nadie se había dado cuenta que había llegado. No pasaron ni dos minutos cuando Thomas salió también carraspeando.

- Esto de viajar con polvos Flu nunca me ha gustado... – y al decirlo se sacudió con fuerza la túnica que estaba llena de ceniza.

Instantes después llegaron Neville y Seamus. El primero miraba complacido la casa de Ron. El segundo, se acariciaba el tobillo donde se había golpeado, al salir, con su baúl. Ahora seguía Malfoy, Harry sintió un hueco en el estómago ¿y si los descubrían? ¿qué diría la Señora Weasley? Pero no fue Malfoy el que salió de la chimenea. Era Ron.

- ¿Qué pasó? – le preguntaron a coro preocupados. Mientras arriba, las explosiones en el cuarto de los gemelos no dejaban de cimbrar la casa. Ron se sacudió y con disgusto dijo:

- ¡Le dije a Hermione que Snape no iba a respondernos nada!... ¡pero, ah, no! ¡ Tenía que ignorarme por completo para salirse con la suya!... pero esta vez no dio resultado.

- ¿Se negó a responderles? – Harry empezaba a sentir como la furia hacia Snape iba creciendo poco a poco.

- Nos dijo que el curso ya había acabado y que no tenía por que respondernos nada... así que nos envió derechito para acá... Hermione no debe tardar en salir.

Y así fue, en pocos minutos Hermione salió tosiendo y sacudiendo su túnica. Con una expresión de impotencia en la cara. - ¡Malfoy se quedó!... ojalá y no se le ocurra hacer una tontería. Snape definitivamente no quiso contestarme nada aunque le insistí de nuevo. Me obligó a marcharme de inmediato, ni siquiera pude decirle nada a Malfoy.

- ¿Y ahora? – preguntó Seamus dejando en paz su pie.

Pero antes de que Hermione pudiera responder a la pregunta, un pequeño estallido salió de la chimenea y tras el humo salió Malfoy. Tosiendo y maldiciendo.

- ¡Demonios! ¿No podrían limpiar alguna vez está estúpida chimenea? ¡Está asquerosamente llena de hollín!

- ¡Óyeme!- saltó Ron, pero Hermione lo detuvo mirando enojada a Malfoy.

- Vas a tener que comportarte – dijo con determinación – por que si no lo haces, no voy abogar por ti.

- Está bien... sólo porque tú me lo pides, mi ángel... pero esto es un martirio.

Harry hubiera querido partirse de risa al ver la expresión de Malfoy. Sólo que primero tenían que anunciar su llegada. No fue necesario que él lo hiciera porque ya Ron estaba gritando.

- ¡Ginny! ¡Fred! ¡George!...¡Ya llegamos!

Se escuchó el gritó de júbilo de Ginny y sus pasos bajando apresuradamente las escaleras mientras canturreaba - ¡Ya llegaron... ya llegaron... ya llegaron!

La vieron descender dando brinquitos sin dejar su tonadita – Ya llegaron... ya llegaron...ya llegaron – y con un salto final llegó al pie de la escalera – ya llegaron... ya llegaron... ya lle.. – se quedó parada mientras dejaba escapar en un soplido la última palabra - ...ga...ron.

Harry no sabría decir a ciencia cierta que emoción dejaba entrever el rostro de Ginny al ver a Malfoy, ¿horror? ¿sorpresa? ¿o la más completa conmoción? Sólo sabía que su boca llegaba hasta el piso y que daba la impresión de que nunca jamás podría pronunciar una palabra.

- ¿Porqué me miras así Weasley? – le dijo Malfoy en tono desdeñoso - ¿qué? ¿acaso nadie de mi nivel a pisado nunca este lugar?

No hubo respuesta por parte de Ginny, seguía mirando a Malfoy con los ojos muy abiertos. Ron, en cambio lo miró enfurruñado y a punto de decirle algo, sólo que en ese momento se escuchó un doble ¡Crack! Y todos saltaron asustados. Los Gemelos Weasley se habían aparecido.

- ¡Así que al fin los tenemos en... – Lo que iba a decir George se quedó en el olvido. Miró a Malfoy sacudiendo la cabeza.

- ¿Qué hace este cretino aquí? – Fred fue el primero en reaccionar.

- Es una larga historia –murmuró Harry.

- ¿No van a decirnos que ahora...- comenzó Fred.

- ... son amigos de este tipo? – terminó George.

- ¡Por supuesto que no! – dijo tajante Ron – es sólo que estamos metidos en un grave aprieto.

- ¿Y por eso lo traen a la casa? – preguntó Fred molesto.

- No sólo a él... – interrumpió Hermione – por si no se han dado cuenta Neville, Seamus y Dean también están aquí.

- ¿En que lío estás metido mi querido hermanito? – Fred miraba intrigado a Ron, mientras saludaba escuetamente con un gesto a los recién llegados.

- Es que verás... estando en la Colina y buscando ingredientes, me encontré un Corazón...

- ¿Te refieres al Corazón Nub?- Ron asintió con la cabeza a George..

- ¡¿Encontraste un Corazón Nub y se lo diste a comer al estúpido de Malfoy!... ¡¿En qué estabas pensando Ronald!... ¿No sabes que hay fines mucho más útiles para un Corazón casi imposible de hallar? – Fred estaba completamente horrorizado de sólo pensar que el Corazón Nub se había desperdiciado de semejante manera. Por lo visto ellos también sabían de la existencia de esa fruta

- ¡YO NO LE DI NADA!... ¡ÉL SE LO COMIÓ SOLO! – explotó Ron viéndose culpado nuevamente.

- ¿Y quién fue la primera persona a la que vio? – Ginny al fin había salido de su estupor y con su pregunta logró que la discusión se detuviera. Por las miradas que dirigía a Hermione, Harry comprendió que ya sabía la respuesta.

- A mí – suspiró su amiga.

- En buen lío están metidos – dijo Fred meneando la cabeza - ¿tan grave está que tuvieron que traerlo?

- Si, así es y mejor será que les platiquemos todo lo que ha ocurrido...- Harry arrastró los pies hacia la cocina mientras iba diciendo– pero sentémonos en un lugar cómodo, porque esto va para largo... necesitamos su ayuda.

Y vaya que si la necesitaban. Malfoy tenía ratos de lucidez y se comportaba como el engreído que siempre había sido, pero cuando los efectos del Corazón llegaran a tope, Harry no sabía lo que podía ocurrir y eso le preocupaba... ¿realmente Malfoy iba a querer estar siempre al lado de Hermione? Eso, se viera por donde se viera, le parecía un horror... ahora sólo quedaba ver que pasaría en la Madriguera. Esperaba que encontraran alguna solución. Fuera la que fuera.