Capítulo XVII. Cuando no siempre se puede ser tolerante.

- Y bien, este será tu cuarto.

Fue a Ron y a Harry a quienes les tocó llevar a Malfoy a la habitación de Percy. Harry era el que había hablado, pues Ron estaba muy ocupado tratando de reprimir la risa, próxima a estallar, al ver al Slytherin subir a duras penas su baúl por las tortuosas escaleras de la Madriguera. Un último empujón, y el baúl de Draco estuvo por fin arriba. - ¡Maldita sea! – rumió el Slytherin. Su cabello, siempre impecable, ahora se hallaba ligeramente despeinado, con algunos mechones platinos cayéndole sobre la cara por el esfuerzo que acababa de realizar. Harry imaginó que seguramente no era muy común ver a Draco en tales predicamentos. Él y Ron trataban con mucho esfuerzo de no soltar la risa al ver semejante espectáculo.

Draco apartó su cabello con elegancia, luego, con porte altanero se asomó a la habitación. Una ligera mueca, entre el fastidio y el enojo, apareció en su rostro. Después se volvió a ellos - ¿Aquí dormiré? – preguntó. Ron y Harry tan sólo asintieron con la cabeza, tratando de ocultar sus risitas sin tener éxito. – Ahora comprendo porque se fue tu hermano – señaló punzante y la sonrisa de Ron se congeló.

- No empecemos – Con una señal de su mano, Harry contuvo a Ron y miró a Malfoy severamente – recuerda porque estás aquí y recuerda que tenemos un trato.

- Ah, sí... el trato – comentó Malfoy desdeñosamente. – Lo siento Weasley – aunque en su voz no se notaba que lo sintiera en absoluto – es sólo que no he podido evitar hacer un inocente comentario. – y pareció a punto de sonreír con burla.

- Buenas noches Malfoy – se apresuró a decir Harry antes de que Ron contestara o quisiera iniciar una pelea. Aunque sus "buenas noches" sonaron a algo parecido como "ojalá te cayeras de tu escoba", Malfoy le respondió escuetamente y metiendo su baúl les cerró la puerta en la cara.

- ¡Es un maldito gusarajo! – rumió Ron haciendo el ademán de lanzarse sobre la puerta.

- Olvídalo – le dijo Harry a su amigo – es un gusarajo y no vale la pena.

Dio media vuelta y seguido por Ron, se encaminó a las escaleras.

El sol pegó directamente en sus ojos, haciendo que los abriera, aún sin quererlo. El fuerte tono naranja lo deslumbró por algunos instantes. En parte era por el sol, que ya estaba bastante alto, y en parte era por la habitación de Ron y su eterna fascinación por los Chudley Cannons. Se incorporó dándose cuenta de inmediato que estaba solo en la estancia.

Se levantó y comenzó a vestirse. Quizás ya todos a esas alturas habrían desayunado. Bajó a la cocina para darse cuenta de que no era así. Los Weasleys, Hermione y Neville se hallaban de pie en la cocina, en una especie de danza, preparando lo que esperaba Harry, fuera un buen desayuno, aunque dudaba que las dotes culinarias de todos ellos pudieran competir con los de Molly Weasley.

Carraspeó llamando la atención de todos. –Por fin despertaste – dijo sonriente Ron – estaba pensando en ir a ver si aún respirabas – Ginny soltó una risita ante la broma - nosotros también acabamos de levantarnos, pensamos que es una ofensa que no estando tus padres, te atrevas a madrugar...

- Disculpa – Hermione levantó la nariz con un gesto que, Harry sabía, Ron consideraba irritante– pero no todos somos igual de perezosos, en lo personal...

- Sí, sí... ya sé que te levantaste desde las cinco de la madrugada, aunque no sepa ni para qué... – dejó escapar Ron, mirando con entendimiento a Harry.

- ¡Tenemos cosas que hacer Ron! Supongo que tu madre habrá dejado deberes por realizar y supongo también que no te habrás olvidado de las pociones que tenemos pendientes.

- Hermione, ¡estoy tratando de disfrutar lo poco que me resta de vacaciones! – se quejó Ron comenzando a exasperarse.

Harry no pudo evitar poner los ojos en blanco. Esos dos. Siempre igual. Cualquier pretexto era bueno para comenzar a punzarse. Fred, pensando quizás lo mismo, se acercó y abrazándolos al mismo tiempo, dijo – Tienes que hacer caso de lo que diga Hermione hermanito, ella sólo quiere lo mejor para ti...

- ¿Ah sí? Pues tú nunca haces caso de lo que ella dice – comentó el pelirrojo con acritud.

- ¿Eh?... ah sí, en cierta medida eso es cierto… pero también hay que tomar en cuenta que yo no paso tanto tiempo a su lado como tú... Peleando y peleando pero siempre están juntitos.

Ron y Hermione cruzaron una mirada azorada por unos segundos, después la dirigieron a otro lado evidentemente incómodos. Justo en ese instante entraron Dean Thomas y Seamus Finnigan, con algo que parecían ser hierbas, pero que Harry no pudo identificar del todo.

-¡Vaya!

-Al fin despertaste, Harry... – dijeron como todo saludo.

- ¡Sí las encontraron!... ¡Qué bien!– Fred hizo a un lado a Ron y a Hermione para ir hacia los chicos que le extendían aquello que llevaban en las manos. Tomó lo que Harry pensó eran hierbas y las partió a la mitad. Después fue hacia donde la comida hervía con un aspecto aceptable y las agregó al caldero. Éste enseguida emitió un silbido y luego una voluta de humo espesa escapó de su interior.

-¿Qué es eso?- Preguntó Harry con reticencia.

-Ingredientes para mejorar el sabor de las comidas... secretos de familia- dijo George con despreocupación empezando a mover el caldero – en un minuto estará listo.

Harry dudaba de las palabras de George. Una intensa nostalgia por los guisos de la señora Weasley le llegó de pronto. Al menos sus comidas no silbaban ni lanzaban humo. No creía en absoluto que eso fuera a ser un delicioso banquete. Pero tenían que comer, de eso no cabía duda, así que el ponerse remilgoso venía sobrando.

- ¡Esto ya está!- exclamó George triunfante y sacudió sus manos - ¡Todos a la mesa!

- ¿No llamaremos a Malfoy?- Neville miraba alternadamente a los gemelos y a las escaleras, buscando una respuesta.

- Ah, sí... Malfoy- susurró Fred como si no lo recordara – tal vez el niño bonito aún esté durmiendo.

- O quizás espere a que le llevemos el desayuno a la cama – soltó George con ironía – creo que si es así tendrá que esperar mucho, pero mucho, mucho tiempo.

Como si la sola mención de su nombre bastara para invocarlo. Los pasos pesados de Malfoy se escucharon descendiendo la escalera. Cuando llegó a la cocina, llevaba todo el aspecto de quién no ha dormido nada. Ni se dignó a saludar.

- ¿Puedo saber que demonios significaba todo ese ruido de anoche?

Todos se miraron, evidentemente sin entender a lo que Malfoy se refería.

- Un ruido... provenía de la parte de arriba, como si lanzaran cosas – explicó Draco con mal talante.

-Debió ser el ghoul – dedujo Ginny sin apuro y comenzó a servir el desayuno a sus hambrientos huéspedes– suele suceder.

- Nosotros no oímos nada, y eso que el ghoul está precisamente encima de mi cuarto – objetó Ron sin chistar.

Malfoy hizo una mueca desdeñosa- ¿Un ghoul? ¿Qué clase de casa es esta donde un estúpido ghoul no deja dormir a las personas? –rumió Malfoy sentándose al fin. Nadie se molestó en responderle - ¿Qué cosa es esto? – dijo levantando con una cuchara el contenido del plato que Ginny le sirvió y dejándolo caer repetidamente.

- Se llama comida Malfoy. Supongo que sabrás lo que es la CO-MI-DA – recalcó Ginny con los ojos brillantes por el enojo.

- ¿Comida? – Malfoy resopló – Más bien parece alimento para los fenómenos que cría ese gigante tonto de Hag...

- ¡Ya basta! – Harry se había incorporado golpeando con los puños la mesa logrando que todos se sobresaltaran – ¡Malfoy! ¡Tienes dos opciones: o comerte esto o prepararte tus propios alimentos! – dijo respirando con dificultad por el esfuerzo de contenerse.

- O puedes irte a tu casa. Nadie te extrañará – agregó Ron también furioso.

Los ojos de Malfoy brillaron de rabia. Miró a Ron por unos instantes como si quisiera desaparecerlo y siseó – Eso Weasley, es lo que tú quisieras para poder quedarte con mi ángel- Ron enrojeció ante el comentario - pero no va a suceder... – continuó Draco - yo me quedo aquí aunque tenga que soportarte y comerme lo que tú prepares – y dicho esto comenzó a comer deprisa.

Un ruido de alas interrumpió la tensión que comenzaba a gestarse en la cocina en esos momentos. Dos lechuzas, una blanca y hermosa, y la otra pequeña y alborotada entraron por la ventana dirigiéndose a sus respectivos dueños.

- ¡Pig!

-¡Hedwgid!

- Estuvieron de caza por mucho tiempo ¿no creen?- comentó Ginny mientras acariciaba al mochuelo de su hermano. Éste no dejó de alborotar yendo y viniendo por toda la mesa. Mientras Hedwgid, completamente correcta, miraba con reprobación a su compañera desde el hombro de Harry.

-¡Quítate de aquí!- Malfoy trataba de alejar a Pig de su plato, al parecer a la lechuza le había gustado el lugar y ahora revoloteaba cerca del Slytherin - ¡ya llenaste mi plato de plumas...! ¡Vete! – gritó y Pig emprendió el vuelo hacia la ventana.

El ambiente, aunque tirante, no fue lo suficientemente fuerte como para inhibir el hambre de los ahí presentes, así que sin hacer caso ya del Slytherin, comenzaron a devorar su desayuno. Harry se sentó, mientras Hedwgid volaba hasta posarse cerca de Pig, y probó el invento alimenticio de los gemelos. No estaba mal después de todo. De hecho, estaba delicioso. Hasta Malfoy empezó a comer más despacio saboreando la comida, no sin antes quitar las plumas de lechuza de ella.

- Te dije que era un secreto de familia para mejorar el sabor de los guisos – susurró George a su lado. Esta vez Harry le dio la razón.

La primera tarea del día sería desgnomizar el jardín. Había dicho Ginny. Esa noticia no le había agradado del todo a Ron, pero habían sido órdenes muy estrictas de su madre y tenían que obedecer. No todos tendrían que hacerlo, obviamente. Así que decidieron dividir el trabajo para completar la limpieza de la casa en un dos por tres. Aparte del jardín, estaba la cocina, las habitaciones, el cobertizo (donde guardaban toda la colección de objetos muggles del señor Weasley), la comida de la tarde y el ático, pues a Molly Weasley se le había metido en la cabeza que tendrían que limpiar hasta el último sitio de la Madriguera para que no pensaran en hacer barbaridades.

A Thomas y a Hermione les tocó el aseo de las habitaciones. A Fred y a George el cobertizo, pues no les convenía que Malfoy supiera de la existencia de todo lo que ahí se guardaba. A Ginny se le encomendó la tarea de preparar la comida. A Neville y a Seamus les tocó la limpieza de la cocina. A Harry, Ron y Malfoy, por ser el trabajo más pesado, les tocó desgnomizar el jardín. El ático lo dejarían para después.

-A ver, explíquenme de nuevo... - Malfoy se hallaba de pie en el jardín, mirando con muy mal semblante la charca cerca de él, donde las ranas saltaban alegremente- ¿de verdad creen que yo voy a ensuciarme las manos limpiando el jardín de los Weasleys?- Harry y Ron voltearon a verse con fastidio.

- Tienes que hacerlo – le indicó Harry – Todo el que viene a la Madriguera tiene que cooperar con algo...

- ¡Pero ese es un trabajo para elfos domésticos! – refunfuñó Malfoy.

- Te sorprendería saber lo que piensa Hermione al respecto – comentó Ron con sorna.

- ¿Sucede algo? – la voz femenina y autoritaria los hizo volverse. Era Hermione. Los ojos de Malfoy se iluminaron.

- Nada mi ángel – contestó – es sólo que...

- ¿Puedo pedirte un favor? – preguntó Hermione interrumpiéndolo abruptamente - ¿Podrías llevarle esto a Ginny? Es para la comida.

- ¿A esa Weasley? – Hermione enarcó una ceja – Por supuesto... claro que se lo llevaré – corrigió Malfoy al ver el disgusto de la chica. Tomó lo que Hermione le daba y se dirigió presuroso a la casa.

- ¿Qué pretendes Hermione? – Ron la miraba con suspicacia, en tanto ella, dejaba escapar una gran sonrisa.

- Veo que lo notaste... no eres tan despistado después de todo – Ron pareció turbado ante el elogio – Quería hablar con ustedes, por eso alejé a Malfoy.

- ¿Sobre qué?- Preguntó Harry.

- Pues sobre Malfoy y el hechizo... ¿han notado algo raro en él.

- ¿Raro? No... en realidad es tan desagradable como siempre.

- ¡Ese es el punto Ron! – remarcó Hermione acercándose a ambos y explicando en voz baja– el caso es que Malfoy había dejado de ser así, como es siempre, y en cierta forma se había comportado de manera decorosa, pero en estos últimos días parece que ha vuelto a ser el mismo. Con sus comentarios hirientes y prejuiciosos.

- ¿Lo dices por lo que le dijo a Tonks? ¿Lo de su padre? – dedujo Harry al recordar la manera en que su amiga veía a Malfoy el día anterior.

- Por eso y por como se ha comportado hoy... ¿será que el hechizo está perdiendo efecto?

- No lo creo – dijo Ron firmemente – el hechizo del Corazón no desaparece así como así.

- Estoy con Ron – Harry miró a su amigo asintiendo y dijo a Hermione – Para mí que es por su naturaleza... no puede volverse buena gente de la noche a la mañana.

Hermione sonrió orgullosa – Exacto... ¿saben que he pensado? Que quizás tenga lapsos. Le pregunté a Neville si él sabía como se había comportado su abuelo cuando estuvo bajo los efectos de la fruta, pero no tuvo ni idea. También investigué con Fred, George y Ginny pero saben lo mismo que Ron y Neville. Como no es muy común, es difícil saber exactamente como reacciona una persona con el Corazón. Tal vez influya la personalidad del individuo en sí.

- ¿Entonces crees que tenemos que prepararnos para otro derroche de amor hacia ti de Malfoy? – preguntó Harry con pesadumbre. Hermione asintió.

- Supongo – miró a Ron por unos segundos – por eso tienen que comportarse como personas maduras.

- ¿Personas maduras? Pero sí... –intentó decir Harry.

- No quiero que peleen... podremos solucionar las cosas razonablemente.

- ¡Somos razonables Hermione! – aseguró Ron con vehemencia - ¡hasta un trato hicimos con él! ¿No es suficiente?

- Esta bien – suspiró Hermione – sólo quiero que recuerden, pase lo que pase, que Malfoy está bajo un hechizo y que yo sólo le sigo la corriente ¿de acuerdo?

- Sí – Harry se encogió de hombros sin entender de todo a todo porque Hermione les hacía esa aclaración. Aunque, sin temor a equivocarse, juraría que estaba dirigida especialmente a Ron.

- ¿Hermione? – Se volvieron. Malfoy había regresado y miraba alternadamente a los tres, como si tratara de adivinar de que habían estado hablando.

- Vamos, tenemos que desgnomizar el jardín antes de que haga más calor – puntualizó Harry. En realidad lo único que quería era evitar una escena tonta de celos por parte de Draco.

- Sí, yo también me voy... dejé solo a Thomas y tengo que ayudarle con las habitaciones... – se excusó Hermione- hasta luego –se despidió de todos y comenzó a andar. Malfoy no despegó la vista de ella hasta que su silueta se perdió dentro de la casa.

- Manos a la obra – Ron, tampoco había apartado la vista, ni de Malfoy, ni de Hermione, pero al parecer recordó la advertencia de su amiga y ahora se veía más preocupado por buscar gnomos entre las plantas y setos. Al fin dio con uno, y dándole vueltas, lo lanzó tan lejos como pudo. - ¡Ve eso Harry! ¿Cuánto a que tú no lo lanzas más lejos?

- ¿Ah, no? Pues eso lo veremos... –Harry enseguida aceptó el reto y tomó uno de los tantos gnomos que habían salido a curiosear. Una, dos, tres vueltas y lo arrojó con todas sus fuerzas, tratando de enviarlo más allá que el de Ron. - ¡No! – se quejó al ver que el gnomo arrojado por su amigo le llevaba clara ventaja al suyo.

Ron, con actitud de vencedor, tomó otro gnomo y volvió a lanzarlo por los aires. Harry hizo lo propio y esta vez, su gnomo llegó más lejos.

- Fue sólo suerte – concluyó Ron con un gesto condescendiente.

- No, soy mejor que tú, acéptalo – desafió Harry y ambos se aprestaron a tomar otros gnomos.

- Ese es un juego para idiotas – Malfoy, sentado cómodamente en el pasto, lanzó su malintencionada opinión con desprecio. Harry y Ron, que hasta el momento se habían olvidado de él, cayeron en cuenta que el Slytherin también tendría que estarlos ayudando.

- ¿Qué haces ahí sentado? ¡Tienes que ayudarnos! – Harry fue el primero en acercarse. Si era necesario, lo arrastraría de los pies para que se moviera y limpiara el jardín.

- ¿Desgnomizar yo, Potter? En el trato que hicimos jamás se estipuló tal cosa. – aclaró Malfoy con cinismo.

- A Hermione le gusta la gente trabajadora...- Harry se detuvo en seco y volteó a ver a Ron asombrado. Este tan sólo continuó como si comportarse razonable con Malfoy fuera de lo más normal. – Así que si quieres agradarle, podrías echarnos una mano.

Malfoy lo miró con recelo. Obviamente, dudaba de lo dicho por Ron. – No te creo – dijo – eso sólo lo dices para que les ayude ¿crees que soy tan tonto?

- Puedes preguntarle – instó Ron con voz contenida. – Siempre nos persigue para que hagamos todos nuestros trabajos y seamos responsables.

- No lo voy a hacer... porque no es cierto. La prueba está en que, aunque tu fueras el mago más responsable y trabajador... – Malfoy lo evaluaba de arriba a abajo, luego con una sonrisa perversa, soltó - jamás le gustarías.

Fue suficiente. Ron arrojó a los suelos toda su falsa paciencia y explotó - ¿ah? ¿ah sí?- tartamudeó por unos instantes - ... ¡pues no nos ayudes si no quieres! ¡No te necesitamos! ¡Nunca lo hemos hecho y no vamos a empezar a hacerlo ahora!... – respiró con fuerza- ¡Tú no eres más que un maldito cobarde que siempre ha sentido envidia de Harry porque es mejor que tú! – Malfoy palideció.

- Ron...

- ¡ Y puedes pensar lo que quieras! Porque... porque... ¿sabes que es lo que pienso de ti? ¡Qué eres tan inepto que ni un simple jardín puedes desgnomizar!...

- Ron...

- ¡Escucha comadreja...! –intentó decir Malfoy alzándose de golpe, pero Ron, completamente enojado, no se lo permitió.

- ¡No! ¡Escúchame tú a mí, maldito hurón! No tenemos ni porque soportarte! ¡Si lo hacemos es sólo por Hermione! ¡Sólo por ella! Porque por ella seríamos capaces de cualquier cosa... ¿Lo entiendes?

- Ron...

- ¡Claro que lo entiendo Weasley! – pudo decir por fin Malfoy – Entiendo más de lo que te imaginas – advirtió con segunda intención – eres capaz de cualquier cosa por andar rondando siempre a mi ángel, pero...

- ¡No es tu ángel! ¡Jamás lo ha sido!... para que lo sepas, Hermione ...

- ¡RON! – Harry por fin había logrado captar la atención de su amigo jalándolo por el brazo. No sabía lo que había estado a punto de decir, pero eso era lo de menos. Con su furia hubiera sido capaz de decirle cualquier cosa, hasta que Hermione no tenía el menor interés en él. Respirando agitadamente volteó a verlo.

- ¿Qué? – preguntó cortante.

- Nada, es sólo que con tus gritos llamaste la atención de los demás.

Ron se giró para darse cuenta que Neville, Seamus y Thomas lo miraban atónitos. Mientras Hermione, un poco más allá, lucía completamente azorada. Si Ron estaba ya rojo de coraje, ahora su rubor se extendió hasta la punta de los pies. Balbuceó algo ininteligible y luego se dirigió a Harry.

- Hay que desgnomizar el jardín – dijo con voz cortada y regresó a buscar más gnomos sin volver la vista atrás.

Con la ayuda de Seamus, Dean y Neville. El jardín pronto fue desgnomizado. Ellos ya habían acabado sus deberes y por lo tanto se ofrecieron ayudarles. Después de la riña, Malfoy se encerró en la habitación de Percy y nadie hizo el intento de sacarlo de ahí.

Una ducha era lo que ahora necesitaban.

Llegó el turno de Harry y entró a la regadera. El agua cayó deliciosamente por su cuerpo relajándolo un poco. Dos días en la Madriguera y la paciencia de Ron estaba llegando al límite. Si Malfoy continuaba actuando de esa forma, estaba seguro que pronto todo aquello del trato, iba a terminar yéndose al diablo. Sin embargo, había otra cosa que le preocupaba, si Malfoy tenía lapsos en los que parecía normal y otros en los que su "amor" por Hermione lo sobrepasaban, y cada vez era peor ¿qué podrían esperar ahora de él? Lo mejor sería, como había dicho Hermione después de que regresaran a la casa, empezar a hacer las pociones cuanto antes y no darles más largas. Cualquier cosa con tal de que Malfoy se estuviera en paz.

Fresco y limpio, bajó a la cocina. Ron era el último para entrar a la ducha, así que a estas alturas estaría bajando su mal humor con el agua. Harry encontró a Neville y Seamus hablando con los gemelos y Ginny, mientras Hermione escribía diligentemente en un pergamino sin prestarles mucha atención. Al parecer, Seamus les estaba contando lo del pleito entre Malfoy y Ron. Fred y George sonreían divertidos.

- ¿Pero porqué empezó todo? – preguntó Ginny, después de que Harry se sentara con ellos.

- Aquí nuestro amigo Harry te lo puede decir... el estaba ahí cuando comenzó todo – repuso Seamus – ya sabes que nosotros llegamos en la parte final de la pelea, en aquello de lo del "maldito hurón"... ¡ fue un momento sublime! – aseguró Finnigan con un suspiro.

- ¿Y bien? – preguntó George a Harry - ¿Nos vas a contar como sucedió todo desde el principio?

- Pues... – Harry no estaba muy seguro de querer contar nada. Las cosas habían sucedido así, simplemente. Un comentario agrio del Slytherin, Ron que no iba a permitirlo, y sin más preámbulos, ya estaban peleando. Y así se los dijo. Sólo que los Weasleys no quedaron muy convencidos.

- ¿Pero qué fue exactamente lo que dijo Malfoy para que Ron reaccionara así? –quiso saber Fred.

- Lo dices como si Ron jamás se enojara.. – comentó Harry con ironía.

- Bueno, sí, está bien... Ron tiene un carácter de los mil diablos, pero algo debe de haber dicho Malfoy para que Ron se pusiera a gritar de tal forma que todos lo oyeran...

- Ustedes no lo escucharon...

- Es que estábamos en la cochera tratando de arreglar la colección de enchufes de papá que George tiró – explicó Ginny con desgano.

- Fue un accidente – aseguró George – pero dinos ¿qué fue exactamente lo que dijo Malfoy? ¿Acaso se puso a cantarle algo parecido a lo de Weasley es nuestro rey?

Harry, ante la insistencia de los gemelos, lo pensó un rato – No, no fue nada de eso, en realidad fue algo muy tonto – reconoció- Lo que sucede es que Malfoy no quería ayudarnos a desgnomizar el jardín.

- Ah, ya... y Ron iba a obligarlo a hacerlo – teorizó Seamus.

- Tampoco. Yo quería obligarlo, Ron quería convencerlo. Así que le dijo que a Hermione le gustaba la gente trabajadora y que si él quería agradarle más, podía ayudarnos.

Todos, con una expresión incrédula, miraron de reojo a Hermione, que por un segundo se detuvo, pero de inmediato siguió escribiendo. Neville murmuró- ¿Y Malfoy creyó eso?

- No, por eso empezó la pelea – prosiguió Harry – Por eso Ron le dijo que si quería que le preguntara y entonces Malfoy dijo... – Harry se detuvo, y por su mente cruzó fugaz una pregunta, que no acabó a formularse del todo – dijo que no era verdad y... y que la prueba estaba en que por más trabajador y responsable que fuera Ron, a... a Hermione jamás le gustaría.

En esta ocasión, ya no miraron de reojo a Hermione, sino abiertamente. La pluma con la que Hermione estaba escribiendo, se le escapó de las manos y torpemente se agachó a recogerla. Después volvió a su sitio sin que le pudieran ver el rostro, cubierto por su abundante cabello, y sin hacer el menor comentario, continuó con su labor.

- Mmm – meditó Seamus – por eso Ron estaba diciéndole todas esas cosas a Malfoy cuando llegamos... ¡vaya! – giró hacia Hermione – ya sabíamos que Ron te estimaba, pero él jamás lo reconoce... es toda una sorpresa que de buenas a primeras diga que por ti es capaz de cualquier cosa.

- Bueno, también se refería a mí – corrigió Harry algo incómodo.

- No debieron de haber peleado – fue todo lo que dijo Hermione sin levantar la vista del pergamino. A su lado, Ginny, le lanzó una ojeada suspicaz y después indicó- Típico de Ron... el caso era buscar un pretexto para pelearse con Malfoy... ¿Qué es eso que tanto escribes?

Hermione al fin levantó la cara, y con un suspiro exclamó - ¡No hemos empezado a hacer ninguna poción y tenemos el tiempo encima! Si para cuando regresemos a Hogwarts, Malfoy sigue en las mismas, estaremos metidos en serios problemas.

- Pues si se comporta como lo ha estado haciendo aquí, no creo que nadie lo note – comentó Neville con rotundidad.

- Tal vez, pero lo mejor es no confiarnos – Hermione dobló el pergamino diciendo – así que evalué las propiedades y la dificultad de cada poción, anulando unas y eligiendo otras. Al final han quedado estas tres... – le pasó el pergamino a Fred quién enseguida lo desdobló – Tendremos que dividirnos, así avanzaremos más rápido – concluyó.

- Bien Hermione – respondió Fred echando un vistazo al pergamino - hoy mismo empezaremos a organizar los ingredientes y mañana empezaremos la preparación... al fin de cuentas la Madriguera ya está limpia. Tan sólo falta el ático... – luego añadió alegremente - ¡Mamá nunca pensó que tendríamos ayuda extra!

Un ruido proveniente de las escaleras los distrajo. Eran Ron y Thomas que bajaban corriendo, tratando de llegar primero. Por lo visto, a Ron ya se le había bajado el mal humor.

- ¿Qué hacen? – preguntó Thomas cuando al fin llegaron con los demás.

- Viendo lo de las pociones – contestó Fred – tendremos que dividirnos el trabajo.

- ¿Quiénes son los que más saben de pociones? – inquirió Ginny meditando seguramente algo importante.

- ¿Para qué quieres saber? – le espetó Ron sentándose junto a ella.

- Es obvio Ron... no todos son buenos en esa materia y aquí no está Snape – la miraron sin entender a que venía eso - ¿no lo entienden? No podemos darnos el lujo de que algún caldero explote sin supervisión de un experto – Neville se sonrojó – no lo digo por ti Neville- aclaró- cualquiera de nosotros puede hacer estallar un caldero. Así que será mejor que en cada equipo esté uno que al menos sepa más de la materia.

- Pues Fred, George, Hermione y Malfoy son los más indicados – sugirió Harry.

- ¿Malfoy? ¿Crees que Malfoy va a querer trabajar con nosotros? – Thomas hizo un mohín de desconfianza – primero tendríamos que sacarlo de su habitación.

- De eso se encargará Hermione... ella lo convencerá- Harry estaba totalmente seguro de ello. Hermione rodó los ojos.

- Si no hay otro remedio...

- Si no quieres no lo convenzas – gruñó Ron – no necesitamos de él.

- Malfoy es bueno en pociones... – opinó Hermione.

- Sí, pero tú eres mejor que él... siempre has tenido notas más altas.

- Pero entre más seamos, mejor... tal vez su ayuda nos sea necesaria después de todo. El caso es avanzar – dijo Ginny sabiamente.

Y así, aclarando unas cosas, discutiendo otras, en la cocina de la Madriguera se dispusieron a formar los tres grupos que harían las distintas pociones. Fred y George, por supuesto trabajarían juntos.

- ¡Yo trabajo con ustedes! – manifestó Seamus animado.

- Yo con Hermione... – se apresuró a decir Ginny.

- Y yo también... – la secundó Thomas.

- Bien, entonces los que sobran trabajarán con Malfoy – apuntó Hermione, logrando que Harry, Ron y Neville adquirieran un aspecto trágico –pues si se niega a colaborar, seguirán siendo tres.

-Y con un poco de maña, igual y termina haciendo el trabajo solo- Ginny sonrió maliciosa y volteó a mirar a Hermione – quizás puedas convencerlo.

- No Ginny, aunque sea como es, no debemos abusar de Malfoy... además, él solo no terminaría una poción, necesita ayuda.

Harry lo pensó y dijo – está bien, yo trabajaré con él. Así, si quiere pasarse de listo, le pondré un alto.

El que no estaba muy convencido era Ron - ¿Pero porqué yo tengo que estar con él? – dijo con un hilo de voz- ¡terminará sacándome de quicio!

Fred evaluó la situación y terminó apoyando a su hermano - Creo que Ron tiene razón... terminaran peleando.

Hermione dirigió a Ginny una mirada solicitante. Ginny entendió aceptando con aspavientos - ¡está bien! Yo trabajaré con Malfoy... y Ron, tú puedes trabajar con Hermione.

La sonrisa de Ron ocupó toda su cara. Harry pensó que al menos, por lo pronto, ya no habrían más peleas.

Convencer a Malfoy no fue difícil, tal y como Harry ya lo había dicho. Y como Ron no trabajaría con él, su objeción fue casi nula. Aunque Harry pudo vislumbrar claramente el gesto ceñudo de Draco, al saber que Hermione y Ron estarían juntos en un equipo.

Por la noche, acomodaron todos los ingredientes que utilizarían al día siguiente. Pues las tres pociones tendrían que dejarse reposar por varios días antes de concluirlas. Sí que iba a ser un gran trabajo. Harry esperaba, que al final de cuentas, alguna de ellas resultara realmente eficaz.

Fueron a la cama después de cenar otro experimento de los gemelos. Raros, pero a pesar de eso, deliciosos, eran los guisos de Fred y de George. Quizás era un don familiar, pues Ginny también había demostrado tener grandes cualidades culinarias.

- ¿Crees que funcionen? – Le preguntó Ron ya en la cama, en total penumbra, refiriéndose sin duda a las pociones.

- Esperemos que sí – contestó Harry tratando de sonar esperanzado.

Fue todo. Callaron e intentaron dormir. No había pasado mucho tiempo después de que el silencio reinara en la Madriguera, cuando un grito irrumpió en ella. Por la voz, pudieron comprender que se trataba de Hermione.

- ¡Demonios! – dijeron a un tiempo y se levantaron.

Como pudieron, patinaron y corrieron tratando de llegar lo más rápido posible hacia la habitación de las chicas. Ahí se encontraron a Fred, George y Neville.

- ¿Qué pasa? – preguntó Harry a Fred.

- Lo ignoro... ya no se oye nada... tenemos que abrir la puerta.

Guardaron silencio por unos momentos. La voz dudosa de Ginny se dejó escuchar – ¡Lumus! - luego un sorprendido - ¿pero qué...?- y otro grito de Hermione.

Fred y Harry no lo dudaron más - ¡Alohomora! – gritó Fred apuntando la puerta con su varita mientras Harry empujaba con todas sus fuerzas. La puerta cedió, más por el hechizo de Fred que por la fuerza de Harry, y entraron todos a la habitación.

- ¡Lumus! – De la varita de Neville también surgió una luz que alumbró aún más la habitación de Ginny. Lo que vieron entonces los dejó congelados.

Ginny se hallaba de pie sobre su cama, con las cintas de su pequeño camisón cayendo sobre sus hombros, mirando con ojos desmesuradamente abiertos hacia donde se encontraba Hermione, quién a su vez estaba hecha un ovillo cerca de la pared, y a su lado, muy cerca, envuelto en las sábanas, se encontraba Malfoy tratando de tranquilizarla.

- Pero mi ángel ¿por qué te asustas? – le susurraba dulcemente.

- ¿Se puede saber que es lo que pasa aquí?- Preguntó un confundido Fred. Fue entonces que los tres repararon en ellos. Ginny, al verlos, completamente roja soltó su varita y se dejó caer en su cama cubriéndose enseguida con las cobijas.

La expresión de Hermione no podía definirse. Se había levantado poco a poco, alisándose la bata totalmente cohibida y apartándose de Malfoy. Éste enarcó una ceja y les espetó a todos con furia sin soltar las sábanas- ¿Qué demonios hacen en el cuarto de mi ángel?

Harry no podía creer que Malfoy fuera capaz de semejante descaro - ¿Cómo puedes preguntarnos eso? – le dijo entre atónito y enojado - ¡Si tú eres el que no debería estar aquí!

- Pero yo sólo estoy con mi prometida... quiero estar a su lado día y noche – afirmó Malfoy con rotundidad.

No, no, no. De nuevo empezaba a empeorar el asunto. Harry volteó a ver a Ron en busca de ayuda para asimilar la situación, pero no fue lo más indicado, ya que Ron se hallaba completamente azorado, boquiabierto y con una palidez nada agradable. Sus ojos iban de Hermione a Malfoy y parecía a punto de sufrir un colapso. Neville y George tampoco estaban en la mejor de las disposiciones, miraban a ambos con los ojos muy abiertos. Harry optó entonces por Fred.

- ¿Qué demonios pasa aquí? – volvió a preguntar el gemelo sin reponerse del todo de la sorpresa.

Fue entonces que Hermione pareció reaccionar, y su expresión consternada empezó a transformarse en enojo - ¿Cómo... cómo? – balbuceaba sin hilar una frase completa.

- Hermione... ¿ qué es lo que hace Malfoy aquí? ¿Tú lo dejaste entrar? – preguntó Neville imprudentemente. Ron volteó a verlo y su tez adquirió un tono verdoso.

- ¡¿Cómo se les ocurre que yo soy capaz de semejante cosa! –explotó Hermione al fin - ¡¡FUERA! ¡¡ LARGO DE AQUÍ!

- ¡Pero mi ángel! – suplicó Malfoy – yo nada más quiero estar contigo... no separarme de...

- ¡He dicho que se vayan! – dijo empujándolos a todos. Luego, de un portazo cerró la puerta.

- ¿Qué demonios hacías en la habitación de mi hermana? –reclamó, ya afuera, George.

- No me interesa tu hermana... yo sólo quería dormir con mi ángel.

Harry alcanzó a agarrar a Ron por la camisa de la pijama antes que golpeara a Malfoy, pero su amigo hacía desesperados esfuerzos por soltarse y lanzarse contra él, tanto que Neville entró en su ayuda. Por fin el pelirrojo logró jalar las sábanas comenzando a forcejear- ¡Suéltame Weasley! – dijo el Slytherin a su vez, tratando de no cedérselas a Ron.

- ¡No Ron! – decía Harry – ¡recuerda lo que nos advirtió Hermione... ¡

- ¡Voy a... voy a... ¡ - trataba de decir Ron.

- ¡Ya basta! – dijeron a la vez Fred y George, pero nadie hizo caso. Así que con un supremo esfuerzo los gemelos lograron contenerlos a todos.

- ¿Pueden estarse quietos? – ordenó George. Harry y Neville soltaron todavía dubitativos a Ron, quién aún lanzaba miradas asesinas a Malfoy.

- ¡Tú deja eso! – le dijo Fred a Draco arrebatándole las sábanas. Malfoy dejó ver una pijama de seda, que en otra situación, quizás hubiera llamado la atención de todos.

- Será mejor que nos vayamos a dormir... – dijo Fred respirando hondo – ya mañana arreglaremos todo esto.

- ¿Dor... dormir? ¡Pero Fred!– protestó Ron.

- Sí, dormir – dijo George secamente – tenemos que pensar bien las cosas... ¡vete a tu cuarto Malfoy!... Y cuidado con querer regresarte a la habitación de Ginny- advirtió.

La mirada de Fred y George no era muy amistosa. De hecho, se veía que serían capaces de cualquier cosa si comenzaba otro barullo. De mala gana Malfoy se dirigió a su habitación. Después de todo no era tan tonto como para enfrentarse a los gemelos él solo.

Harry, Neville y Ron hicieron lo propio. Antes de entrar a su cuarto Neville susurró - ¿pero qué fue todo eso?

Harry, muy dentro de sí, se hizo la misma pregunta.