Nota: Y vía lechuza llega un nuevo capítulo... espero que ya pronto regresemos a Hogwarts.
Capítulo XVIII.- Flores vía lechuza para un ángel especial.
El ambiente esa mañana, era inusualmente incómodo. En esos momentos, sólo Ron, los gemelos, Neville y Harry se hallaban en la cocina, pero según se veía, ninguno se atrevía a comentar los sucesos de la noche anterior. Harry estaba deseoso de saber que era exactamente lo que había pasado. Neville, mientras tanto, muy acomedido ayudaba a los gemelos con el desayuno. Cuestión que por lo visto no le era del todo desconocida. Quizás el ayudaba también a sus abuelos en esos menesteres. Ron, por su parte, simulaba revisar meticulosamente cada átomo de polvo que hubiera en la cocina. Harry sabía muy bien que fingía porque no quería hablar de lo sucedido. Al parecer aún estaba muy molesto. De todas formas no encontraría ni un ápice de polvo, por más que se afanara, ya que Neville y Seamus se habían encargado de desaparecerlo.
- ¿Dónde pude haberlos dejado?
- Si acomodaras tus cosas eso no sucedería...
Dean y Seamus bajaban en ese momento a la cocina. Al parecer, completamente descansados.
- Deberían estar en mi baúl – repuso Finnigan con voz quejosa.
- ¿Ocurre algo? – inquirió Harry, más por romper el silencio que por querer saberlo de verdad.
- Seamus perdió sus calcetines favoritos – fue la respuesta de Thomas.
- ¡No los perdí! – contradijo con énfasis el aludido.
- ¿Ah, no? ¿Entonces porque no los encuentras?
Seamus dejó escapar un malhumorado "¡Mmm!", pero inmediatamente reparó en el tirante ambiente que se respiraba. Paseó la vista por el lugar con las cejas levantadas.
- ¿Pasa algo?
- No... ¿cómo que habría de pasar? – contestó Harry sucintamente.
- No sé, pero aquí pasa algo... ¿por qué están tan callados?
- ¿Es qué no podemos estarlo? – refunfuñó Ron.
- ¡Qué genio! – dijo Seamus tomando unas galletas de un recipiente hallado en la mesa y comenzando a mordisquearlas – sfe vfe quef te levantafste con el pfie izquiefrdo.
- No le des vueltas Seamus, si Ron está así, debe ser por algo relacionado a Malfoy – opinó acertadamente Thomas.
- ¿Cómo lo sabes? – se le escapó a Neville involuntariamente.
- ¿Qué otra persona logra poner a Ron de tan mal humor?
El pelirrojo no contestó, pero Harry comprendiendo que el asunto no pasaría sin saberse, con resignación soltó – bueno, de cualquier forma se tenían que enterar, así que se los diré: anocheencontramosaMalfoyenlahabitacióndeGinny – dijo muy bajo y sin respirar.
Lo poco de galleta que le quedaba a Seamus fue a parar directamente al suelo, mientras la cabeza de Thomas giró a la velocidad del rayo.
- ¡¿Quéeee! – dijeron a un tiempo.
- No, no... espera Harry – dijo Finnigan sentándose con presteza cerca de él y sacudiéndose las migajas de la túnica.- No puedes soltarnos ese tipo de cosas así como así... ¡por Merlín! ¡Lograrás que me de un ataque!
- Dinos exactamente que fue lo que sucedió – pidió Thomas flemáticamente. - ¿Cómo es eso de que Malfoy estaba en la habitación de Ginny? – y adoptó un gesto severo.
Harry, aún con cierto aire de desconcierto, contó a Thomas y a Seamus lo que habían visto la noche anterior. Por un ingenuo momento creyó que sus amigos se darían cuenta de la gravedad del asunto, más no fue así... ambos comenzaron a palmarse de la risa.
- ¿Entonces... entonces Malfoy...? – una risa ahogada impedía a Seamus hablar con claridad - ¿Entonces Malfoy... – tomó aire – le preguntó a Hermione porque se asustaba? – y soltó una carcajada mientras su estómago se estremecía de la risa.
- ¡Por las barbas de mi abuelo! ¿Cómo fuimos a perdernos eso Seamus?- decía Thomas tratando de sonar a fatalidad, pero sin poder dejar de reír. – Mataría por ver la expresión de Hermione...
- Entonces... ¿ustedes no escucharon nada? – la pregunta de Neville impidió que la expresión ceñuda de Ron fuera evidente para todos.
- ¡NO! – dijo Thomas trágicamente – Como no podíamos dormir por el escándalo del ghoul, nos pusimos unas orejeras.
- ¿Orequé? – inquirió Neville con extrañeza.
- Son unas cosas que utilizan los muggles para poder dormir sin que un ruido los moles...
- Tú y tus ideas... por culpa de esas cosas no pudimos presenciar el espectáculo de anoche. – interrumpió Seamus recobrando el aliento.
- No fue ningún espectáculo – con inaudita seriedad, Fred los miraba desde un rincón de la cocina. – Todo lo de anoche indica que Malfoy va de mal en peor y que tenemos que encontrar una solución enseguida.
- Creo que exageran... nadie sabe a ciencia cierta lo que sucedió anoche.
Callaron. Lo dicho por Thomas era verdad. Aunque Harry no creía que fueran exageraciones... ¿cómo iban a regresar a Hogwarts con Malfoy queriendo estar día y noche con Hermione? Buena se les iba a armar si tal cosa sucedía.
Justo en ese momento, Ginny bajó a la cocina y la esperanza de saber todos los detalles de lo sucedido, los iluminó.
- ¡Ginny! – dijeron al unísono. Sólo Ron se mantuvo al margen. La pelirroja se sentó y preguntó escuetamente - ¿No vamos a desayunar? Me muero de hambre.
- El desayuno puede esperar – George se acercó a ella y mirándola fijamente le pidió – Ginny, cuéntanos, ¿qué fue lo que pasó anoche? ¿Te contó algo Hermione?
Un matiz de enojo cruzó fugazmente por el rostro de Ginny, pero viendo el talante ávido de sus hermanos cedió – Son una bola de curiosos – dijo entre enfadada y divertida – está bien, les diré...
De inmediato el ruido de sillas arrastrándose se escuchó. Cuando se habían dado cuenta, ya todos hacían un círculo alrededor de Ginny. Atentos, unos de pie y otros sentados muy cerca, esperaban a que la pelirroja comenzara a contar. Ella caviló unos segundos e inició su explicación.- Pues... pues sí, Hermione me contó lo que pasó... sobra decir que estaba bastante preocupada... – la miraron extrañados.
- A mi me parecía furiosa – interrumpió Neville.
- ¡Neville! – le reprendieron a coro.
- No te interrumpas hermanita, sigue contando – solicitó George con una sonrisa de conejo.
- Pueees... sí, estaba furiosa al principio pero luego se preocupó...no sé... el caso es que nos cambiamos, nos acostamos a dormir y apagamos las luces. Yo ya casi estaba dormida cuando escuché el primer grito de Hermione, me asusté tanto que al primer momento no supe que hacer, pero enseguida me repuse y conjuré luz... luego Hermione volvió a gritar.
El silencio en la cocina casi era religioso. Los muchachos escuchaban conteniendo la respiración. No querían perderse ni un detalle de lo que Ginny contaba. Incluso Ron, que estaba un tanto alejado, prestaba oídos a las palabras de su hermana con un rostro muy, muy serio.
Ginny tomó aire y continuó – Lo que vi fue... – sus oyentes se acercaron aún más – fue... a Hermione echa un ovillo cerca de la pared y Malfoy de cuclillas a su lado...
- ¡Ginny! ¡Eso también lo vimos nosotros! – dijeron Los gemelos, Harry y Neville.
- Shhhhttt – Seamus y Thomas los instaron a callar.
- ¿Van a dejar que les cuente o no? – Les lanzó la pelirroja con aire de enfado.
- Sí... sí... tú síguele antes de que baje Hermione... – le pidió Seamus fervorosamente.
- Y bueno, fue cuando entraron ustedes y... ¡sí, ya sé que eso ya lo saben! – se adelantó a las protestas de los chicos – pero lo que no saben es lo que me contó Hermione – pensó un momento y prosiguió – me dijo que estaba a punto de dormirse cuando sintió que... que... que...
- ¿Quée? – le dijeron a un tiempo.
- ¡Anda Ginny, dinos que pasó! – apresuró Harry. Ginny lo miró enojada.
- Oigan, es un asunto bastante bochornoso ¿siquiera puedo tomarme mi tiempo para poderlo contar? – todos refunfuñaron y se alejaron un poco – bien, así está mejor... ¿en qué iba? ¡ah, sí! Bueno, pues ella sintió que... que alguien entraba en su cama y pensó que era yo, así que no dijo nada. Creyó que quizás tendría yo miedo...
- ¿Cómo qué creyó que eras tú? – Preguntó Fred.
- ¿Porqué creyó que tendrías miedo? – quiso saber Neville.
- ¿Cómo que no dijo nada? – la voz de Ron sobresaltó a todos, incluyendo a Harry, se había acercado de golpe emitiendo la pregunta con voz potente. Lo miraron por unos segundos, incrédulos, pero Ginny prosiguió apagando las preguntas.
- Pensó que era yo, porque se supone que era la única que estaba en la habitación con ella- y miró a Fred – Y no sé, tal vez creyó que tendría miedo porque fue lo primero que se le ocurrió – se dirigió a Neville. Por último, entornó los ojos y contestó a Ron – Y no dijo nada, porque repito, creyó que era yo y no encontró en eso nada de malo ¿estamos?
- No, no estamos... Hermione sabe perfectamente que tú, lo que menos eres, es miedosa... además, no había razón para tener miedo ¿o sí?... por lo tanto, debió haber dicho algo - arguyó Ron con terquedad.
- ¡Ron! ¡Cállate y escucha! – increpó Fred y Ron guardó silencio, aunque en sus ojos podía seguirse viendo que no estaba tan contento.
- Hay todavía algo que yo no entiendo – reflexionó Neville, - ¿Porqué Hermione confundió a Malfoy contigo? – la observó escrupulosamente de arriba abajo – la verdad es que no se parecen mucho que digamos.
- ¡Por supuesto que no! Ginny es bonita – comentó Thomas también evaluándola y logrando que Ginny se sonrojara. Lo que recibieron a continuación ambos chicos, fue un par de porrazos en la cabeza por parte de George.
- ¡Auch! – dijeron a la vez.
Harry rodó los ojos con impaciencia y pidió - ¿quieren dejarse de tonterías? No importa lo que haya pensado Hermione o si haya dicho o no algo, obviamente no iba a ponerse a razonar las cosas estando medio dormida...
- Pues en Hermione es muy probable, siempre está razonando... – Ron se había cruzado de brazos volviéndose hacia la pared. Harry le lanzó un vistazo furibundo
- ¡Por favor Ron!... supongo que esto te pondrá muy contento – los ojos de todos se clavaron en Harry con un enorme signo de interrogación, y Ron, completamente perplejo volteó a verlo. Harry sin turbarse simplemente soltó – Ahora tendrás una buena razón para pelearte con ella... es lo que siempre hacen ¿no? – luego sin pensarlo murmuró – deberían encontrar otra cosa que hacer cuando están juntos.
Las mejillas de Ron se tornaron de un escandaloso color escarlata, pero nadie tuvo tiempo de prestarle mucha atención, porque Ginny, lanzando una ojeada casi imperceptible a su hermano, dijo con firmeza - ¿Van a seguir discutiendo por tonterías o van a dejar que por fin les termine de contar como sucedieron las cosas?
- Ginny, tienes la palabra – dijo Fred con un ademán.
- Bien, pues les decía... Hermione, aunque sintió que alguien entraba en su cama no hizo caso y continuó tratando de dormir. A esas alturas yo ya estaba completamente dormida. Fue entonces que Malfoy se acercó y dándole un beso en la mejilla a Hermione, susurró "dulces sueños, mi ángel" y... bueno, intentó abrazarla... y ahí fue cuando Hermione gritó... no esperaba que Malfoy fuera capaz de semejante cosa y realmente se asustó. Yo me desperté de golpe e inmediatamente me puse a buscar mi varita sin saber todavía que era lo que pasaba, mientras escuchaba un golpe y algo arrastrándose... ese algo era Hermione, que en su intento de alejarse de Malfoy se cayó de la cama y comenzó a arrastrarse hacia la pared. Creo que Malfoy iba tras ella tratando de tranquilizarla.
- ¿Y porqué volvió a gritar? – preguntó Fred intrigado.
- Ah... pues porque algo se le subió en la mano y pensó que podría ser un bicho peligroso... pero tan sólo era una de esas luciérnagas amarillas.
Un gesto de escepticismo cubrió el rostro de los ahí presentes, se miraron unos a otros como esperando otra historia, y por fin Seamus dijo - ¿y ya? ¿eso es todo?
- Sí... eso es todo... ¿pues que se imaginaban? – Preguntó Ginny mirándolos con censura.
-Nada – dijo Thomas con decepción- ese Malfoy sí que es tonto – añadió después de pensarlo un rato.
- Y que lo digas- respondió Seamus en un murmullo.
Nadie los contradijo y un pensativo mutismo invadió la cocina. Las escaleras crujieron suavemente con las pisadas ligeras de alguien que en esos momentos descendía. Era Hermione, quién titubeó unos momentos en el último escalón, pero respirando hondo terminó por bajar.
- Buenos días – saludó con propiedad como si la noche anterior no hubiese sucedido nada. Se pasó un rizo detrás de la oreja, después se cruzó de brazos. Recorrió con la mirada a todos diciendo – Supongo que Ginny ya los habrá puesto al tanto de todo.
- Eh...
- Pues...
- Ya veo que sí – confirmó al ver farfullar a los ahí presentes sin poder completar una frase – Entonces... ya sabrán la magnitud del problema.
Un silencio total le respondió. Silencio que fue roto por Harry.
- Pero, ya no volvió a molestarte ¿o sí? – Harry, a diferencia de los demás, realmente estaba preocupado. No es que pensara que a los demás el asunto de Malfoy les importara un comino, pero por la forma en que se tomaban las cosas, parecía que les divertía más que alarmarles. Excepto a Ron. Aunque era lógico. El pelirrojo no podía soportar a Malfoy. Tenerlo en la Madriguera, para él implicaba un gran sacrificio.
- No, no volvió a molestarme después de lo de anoche – contestó Hermione sin poder evitar enrojecerse, más se recuperó enseguida e irguiéndose continuó – pero esa es la prueba irrefutable de que no podemos seguir posponiendo la elaboración de las pociones– con aire preocupado dijo – Malfoy tiene de nuevo otro de esos terribles lapsos a causa del Corazón.
- No te preocupes – Ginny se acercó y pasando un brazo por el hombro de Hermione comentó para tranquilizarla- hoy mismo comenzaremos con las pociones y verás que todo estará mejor.
- Y nosotros vigilaremos que Malfoy no vuelva a intentar nada parecido a lo de anoche – remató con sinceridad Harry, logrando que Hermione sonriera.
La tarde, con su esplendoroso sol, invitaba a corretear por el jardín de la Madriguera o a tumbarse sobre el césped y dormitar. Lejos de eso, dentro de la casa había un gran bullicio. Se podía ver a todos y cada uno de los chicos andar de aquí para allá preparando ingredientes y eligiendo cazos donde hervir las pociones.
Fred, George y Seamus harían una poción Inhibidora de efectos mágicos. La cola de salamandra, los polvos de diente de dragón, el pelo de unicornio, y otra lista semejante de componentes, se encontraban ya sobre la mesa. Se podía observar a los tres chicos discutir y maniobrar completamente concentrados.
Un poco más allá. Sentados sobre el suelo. Hermione, Thomas y Ron, conversaban en voz baja mientras se dividían una serie de hierbas y polvos con las cuales hacer su poción. A ellos les tocaba hacer la pócima Contra efectos mágicos no deseados; según Hermione, esa era una de las más difíciles, porque incluso los sanadores solían ocuparla.
Y finalmente, sentados en las escaleras, se encontraban Malfoy, Ginny, Neville y Harry. Eligiendo que cosa haría cada uno. Evidentemente, era el equipo al que más trabajo le estaba costando organizarse, Harry sólo esperaba que la poción Para Inhabilitar sortilegios producidos por objetos mágicos, diera resultado.
- Yo partiré en trozos pequeños a las plantas que tenemos que agregar... sé como hacerlo – demandó Longbottom con timidez.
- Dudo que haya algo que tu sepas hacer – refutó Malfoy con burla sin despegar ni un momento la vista de Hermione.
- Él es mil veces mejor que tú – La voz peligrosamente agria de Ginny Weasley se dejó escuchar casi en un susurro. Trabajar juntos, por lo visto, no sería sencillo.
- Malfoy, de verdad, nosotros dejaríamos que tu trabajaras solo... – Harry, sin hacer mucho caso de la nada inusual discusión, revisaba de arriba abajo la fórmula de la pócima por hacerse. No se veía nada fácil. Dando vuelta al pergamino añadió.-... Pero no tenemos tiempo para hacerte a un lado. Hermione quiere que antes de regresar a Hogwarts, se puedan probar ya las pociones.
- Sólo por ella acepté a trabajar con ustedes...
- Sí, sí... eso ya lo sabemos – Canturreó Ginny sin inmutarse – entonces, si Neville parte las plantas, yo pulverizaré los escarabajos y las patas de araña, ¿no pudiste habernos ahorrado ese trabajo y robarte los ingredientes ya pulverizados? – preguntó con desfachatez dirigiéndose a Malfoy.
- ¡Por favor! – Malfoy la miró con puya – Eso es algo que deberían tener ustedes... ¿Qué clase de magos son que no cuentan con ingredientes tan comunes como polvo de araña o escarabajos?
- ¡Se nos acabaron! – se excusó Ginny ruborizándose. Harry sabía que no habían podido comprar más. Por la mirada de Malfoy dedujo que él pensaba lo mismo, más sin embargo no dijo nada.
- Acabemos pronto con esto. Ginny, mejor tú le ayudarás a Neville con las plantas y Malfoy me ayudará a mí con los demás ingredientes –. Para Harry esta era la mejor manera de dividir al equipo, al menos él podría mantener al Slytherin a raya. Sólo que al parecer no fue suficiente.
- No recuerdo el momento en que te nombramos nuestro jefe Potter... ¿por qué me quieres dar órdenes entonces?
- No estoy dando órdenes Malfoy – Harry hizo a un lado el pergamino y con una seña de contrariedad dijo – pero alguien tiene que organizar esto... si tan bueno eres, ¿por qué no nos organizas tú, eh?
- Muy bien – el Slytherin se levantó y por la forma en que los veía se notaba que los estaba valorando. Neville intentaba no prestarle atención y Ginny realmente no se la prestaba. Contemplaba distraída sus zapatos. Malfoy observó un momento a Harry, quien le sostuvo la mirada, e hizo un gesto negativo, después barrió con los ojos a Neville y volvió a negar con la cabeza. Por último miró a Ginny.
- ¿Qué tal eres para las pociones Weasley?
- Me defiendo- comentó distraídamente Ginny. Malfoy pareció pensárselo.
- Bien, entonces tú me ayudaras a mezclar los ingredientes y a hervir la poción – Ginny lo observó con sorpresa, mientras Malfoy, enarcando una ceja desdeñosamente, decía a Harry – Tú y Longbottom harán todo lo demás.
- ¿Cómo que todo lo demás? – Saltaron a un tiempo Harry y Neville.
- Mira Potter, admítelo, tú en pociones eres un verdadero fracaso y de Longbottom mejor ni hablar... ¿crees que es conveniente que alguno de ustedes dos participe en la elaboración de la pócima? Terminarán haciendo estallar el caldero – respiró con fastidió y continuó- supongo que Weasley no será tan mala como ustedes, así que ella me ayudará a hacerlo. No será sencillo. Y en mezclar, dejar reposar, hervir, cuidar y otras lindezas de ese tipo nos llevaremos por lo menos dos días, así, que como ves no será precisamente sencillo para nosotros. Ustedes trabajan ahora partiendo, picando, lavando, pulverizando, etc, etc, etc. Y nosotros trabajamos después ¿qué dices?
Harry odiaba tener que admitir que Malfoy tenía razón, antes que aceptarlo le gustaría pelear contra mil colacuernos húngaros, pero la tranquilidad de Hermione y el hechizo del Corazón estaban en juego. Muy a su pesar, terminó aceptando lo que Malfoy proponía. - Esta bien- rumió – vamos Neville, es hora de pulverizar escarabajos.
- ¿Y mientras yo que hago? – dijo Ginny poniéndose enfrente de Harry, aún desconcertada.
- Lo que quieras Weasley – apuró Malfoy, sin permitir a Harry contestar –por lo pronto yo me voy con mi ángel- Y bajando las escaleras deprisa se encaminó a Hermione. Ginny se encogió de hombros y subió a su habitación.
Buena la había hecho, consideró por un instante Harry. Le había dado a Malfoy la libertad necesaria para molestar a su amiga. Y por lo que alcanzó a ver, no sólo a ella. Ron, al ver al Slytherin sentarse al lado de una estupefacta Hermione hizo una cara de pocos amigos. Malo, malo. Antes de cualquier reclamo prefirió emprender la huida. Tomó como pudo los ingredientes y dijo a Neville – Vayamos a afuera a lavar las raíces de mandrágora y la centidonia...
- Pero ¿no es muy pronto para eso? – inquirió Neville ayudando a Harry de inmediato y siguiéndolo hacia el jardín.
- No, las lavaremos y las guardaremos en los frascos ya limpias, recuerda que según las instrucciones, no deben tener ni una pizca de tierra.
Longbottom pareció conformarse con eso. Instantes después la mandrágora y la centidonia lucían más que limpias en los frascos. A Neville se le ocurrió que podrían trabajar en el cobertizo, cosa que a Harry no le pareció mala idea. Todos en la cocina no harían más que estorbarse.
Pulverizaban y picaban unos cuantos ingredientes, cuando una extraña figura cruzó el cielo. Harry y Neville voltearon a verse y salieron enseguida del cobertizo. Eran dos lechuzas y traían algo enorme bien sujetas en sus picos. Con total gala entraron en la Madriguera y Harry aceptó para sí mismo, que cualquier cosa que trajeran, quería verlo y saber de lo que se trataba.
Neville echó a correr hacia la casa, adelantándose a las intenciones de Harry. Un minuto después entraban abriendo impetuosamente la puerta de la Madriguera. En la cocina estaban ya reunidos todos, incluyendo a Ginny. Mirando fascinados lo que las lechuzas habían dejado sobre la mesa frente a Hermione. Eran flores. Muy hermosas. Harry nunca había visto nada parecido. Lucían como orquídeas, pero eran entre azuladas y violetas, con reflejos plateados. Parecían de cristal.
- ¡Dorellinías!- Exclamó Ginny con indudable asombro.
Hermione estaba lívida. Veía estupefacta las flores. Acercó fantasmalmente su mano como queriendo tocarlas, pero temiendo romperlas. Ginny, dándose cuenta de eso la animó - ¡Anda Hermione, tómalas! ¡Las lechuzas te las trajeron a ti!
Hermione se animó entonces y las tomó delicadamente. Harry escuchó a George lanzar un pequeño silbido, para después susurrar – Ninguno de nosotros podría ni soñar en comprar esas flores ¡valen una fortuna!
Ron, que no despegaba la vista ni de Hermione ni de las dorellíneas, giró la cabeza hacia George mirándolo fijamente. George tan sólo musitó – De verdad Ron... así que si alguna vez has pensado regalar flores, mejor olvídate de esas. – Ron esquivó la mirada. Harry, por un momento, creyó ver en los ojos de su amigo una sombra de tristeza.
- Flores – terció Fred con desdén – Aunque hay que admitir que a las chicas les fascinan – mirando a Ginny y a Hermione con gracia, remarcó - ¡conquistan su corazón!
- ¿No vas a revisar la nota que viene en las flores? – Ginny le señalaba a su amiga un pequeño pedazo de pergamino muy fino, donde se veía algo escrito con trazos largos y elegantes. Hermione tomando la nota con mano temblorosa, leyó. - Para el ángel especial que ha alumbrado mi vida – De inmediato todos se volvieron hacia Malfoy, a quien el rostro le resplandecía de pura satisfacción. Era tan obvio que había sido él, que Harry se preguntó como no lo había imaginado desde un principio.
- Son... son sólo flores – farfulló Ron tan bajo que casi si Harry pudo oírlo.
A quién si pudo oír perfectamente fue a Hermione cuando olió las flores y sin ocultar su entusiasmo, profirió - ¡Son un sueño Ginny! ¡ Mira su perfume! – y se las extendió para que la pelirroja también pudiera olerlas.
Harry sintió un leve empujón en su espalda, se volvió para ver a Ron disponiéndose a irse. Nadie hizo mucho caso porque en ese momento George se acercó a Hermione diciendo- ¿Podrías regalarme una? – ante las risas de todos, declaró – Oigan, son buenas para las pociones, quizás nos sirvan de algo a Fred y a mí.
- ¡Por supuesto que no les dará nada! ¡Yo se las obsequié a mi ángel! ¡No a ustedes! – protestó airado Malfoy.
- Y yo que soñaba verte llegar hasta mí con un inmenso ramo de flores – subrayó Fred con sarcasmo.
Harry, al igual que los otros, estaba muy ocupado prestando atención a la tonta disputa por las flores que mantenían los gemelos y Malfoy. Tanto que no se percató en que momento Hermione había llegado a su lado – Harry... – le dijo muy bajito cerca del oído - ¿a dónde se fue Ron?
Harry interrumpió su risa para voltear a su amiga - ¿Eh? No sé... supongo que al jardín – Hermione se mordió un labio, con tal expresión en el rostro que a Harry le pareció ausente.
- ¿Pasa algo? – le dijo preocupado.
- No... no pasa nada.- Respondió su amiga oliendo las dorellíneas nuevamente. Luego dejando escapar un ligero suspiro susurró – son sólo flores. – Y dándose vuelta se dirigió a las escaleras.
