Capítulo XIX.- El temor de Malfoy.
Ni Malfoy ni los gemelos habían cedido en su discusión. Hartos ya, los gemelos lo habían agarrado fuertemente obligándolo a comer uno de sus bombones desmayo ¿consecuencia? El Slytherin yacía inconsciente sobre dos sillas que Seamus y Thomas habían improvisado como cama. Neville, Harry y Ginny habían tratado de impedirlo, aunque no con mucho entusiasmo.
Habían pasado varios minutos y Ron seguía sin aparecer. Los gemelos y Finnigan regresaron muy circunspectos a su poción. Thomas al ver que ninguno de sus compañeros de equipo daba señales de vida, decidió unirse por un momento al equipo de Seamus y los gemelos. Neville, por su parte, parecía haber olvidado todo lo relacionado a Harry o a cualquier cosa que tuviera que ver con pociones y se encontraba charlando muy animadamente con Ginny. Harry, al ver tal cosa, decidió que era hora de buscar a Ron.
Salió al jardín para ver si lo encontraba.
Recorrió el lugar sin encontrar ni sombra de su amigo. Echó un vistazo en el cobertizo y nada. Extraño, ¿dónde se habría metido?
Caminó un poco más allá hasta llegar al pie de la colina que enmarcaba la Madriguera. Entonces lo vio. Sentado. Mirando al suelo. Se dirigió hacia él y el sonido de sus pasos, sin duda, llamó la atención de su amigo.
- ¿Harry? ¿Pasa algo? – los ojos azules usualmente chispeantes de Ron, lucían apagados.
- No, sólo que allá adentro todos tienen algo que hacer, y como Hermione subió a su habitación a no se qué, pues mi única opción de no aburrirme fuiste tú, así que vine a buscarte.
- Ah- fue lo único que Ron respondió.
Harry ocupó un lugar a su lado. Y sin saber porqué sintió a Ron muy lejano. Se dio cuenta que en ese momento no podía llegar hasta él.
- ¿Pasa algo? – inquirió al notar el semblante taciturno del pelirrojo.
- Eso ya lo pregunté yo – dijo Ron intentando una sonrisa pero fracasando estrepitosamente.
Y ahí de nuevo, esa sensación de lejanía. Algo le ocurría a su amigo que no estaba dispuesto a compartir y Harry no entendía porqué. No es que hubiera sido siempre muy abierto, pero al menos habían girado en un mismo sentido. Y ahora era diferente. Y Ron no se lo diría.
- Bonitas flores – fue lo primero que se le ocurrió, quizás insultando a Malfoy todo se volvería más normal – ese Malfoy si que está loco. Mira que gastar tanto dinero. George dice que esas flores son carísimas, pero a Hermione le gustaron...
Obviamente no era lo que debía haber dicho. Ron se levantó bruscamente diciendo – Debemos irnos, hace frío acá afuera – y sin más comenzó a andar.
Bien, era hora de ser directos. Harry dando zancadas le dio alcance y sin darse por vencido lo enfrentó – Ron ¿puedo saber que demonios te pasa? ¿qué es lo que te molesta?
Ron se detuvo. No parecía molesto, más bien desilusionado - Nada ¿qué habría de molestarme?
- Ron, te conozco desde que teníamos once años y si algo he aprendido, es a detectar cuando algo te molesta... ¿qué es? ¿vas a decírmelo?
Por un momento Ron pareció dudar. Miró a Harry como si en realidad quisiera decirle algo importante, pero tan sólo soltó en voz muy baja – No soporto a Malfoy.
- Yo tampoco, pero es necesario sobrellevarlo – Harry trataba de reanimarlo, aunque intuía que Draco no era la única causa del malestar de su amigo – Mira, pronto volveremos a Hogwarts y las cosas volverán a ser como antes...
- ¿Cómo estás tan seguro? Aún no sabemos si de verdad las pociones que estamos preparando sirvan de algo.
- ¡Tienen que servir! ¡Demonios Ron! ¡Algo de lo que hacemos tiene que resultar! ¡Es eso, encontrar otro Corazón o resignarnos a que Malfoy eternamente esté enamorado de Hermione! – La sola idea le daba escalofríos. Y por lo visto a Ron también, porque murmuró entre dientes "No quiero que eso suceda".
- Mira, sé que Malfoy te está llevando al límite – Ron volteó a verlo como si de pronto algo significativo se le hubiera revelado – pero ten calma, cuando regresemos a Hogwarts te prometo que ya no tendrás que soportarlo más. Al menos no de la forma en que lo haces aquí... además, si sigues así tendré que pedirle a Hermione que hable contigo...
Ese fue un golpe bajo, pero al menos dio resultado. Ron, entre todas las cosas no soportaría una de las charlas de su amiga y mucho menos su enfado o exasperación. Así que dándose por vencido exclamó- ¡No te atrevas!- para luego añadir en un tono más bajo - Está bien, lo toleraré, pero no le digas nada a Hermione. A ella menos que a nadie.
Harry lanzó una sonora carcajada. – Ahora ya sé cual es tu punto débil– . A Ron por lo visto, aquello no le hizo mucha gracia.
Volvieron a avanzar, dirigiéndose a la Madriguera. Un poco antes de llegar descubrieron a Hermione. Muy seria. Esperándolos.
- ¿Dónde andaban? – Fue lo que preguntó.
- Por ahí...- Fue la respuesta de Ron.
Hermione parecía cohibida. Algo no marchaba bien y Harry podía sentir cierta tensión. Oh, no. Esperaba que no hubiera otra discusión, tan absurda y tonta como las que siempre solían tener. Esperaba que no olvidaran su trato.
- Pensé que estarían aquí abajo haciendo su...
- ¿Dónde estabas tú? – la pregunta tajante de Ron hizo titubear a Hermione unos segundos.
-Su... subí a mi cuarto a... a guardar las flores. – Hermione intentaba disimuladamente esquivar cualquier contacto visual con Ron.
- Muy bonitas – el tono sarcástico de Ron, hizo ver a Harry que, efectivamente, venía en camino otra pelea. – Y además muy caras.
Hermione lo miró directo a los ojos. Con la sorpresa y el enojo titilando en los suyos. – Eso no importa – musitó.
- Claro. – La sonrisa mordaz de Ron no mejoró el ambiente. Y fue peor cuando dijo - Harry, vamos adentro, te reto a una partida de ajedrez. – Y sin hacer más caso de Hermione, se dio la vuelta dirigiéndose a la Madriguera. Eso acabó con la paciencia de la chica.
- Son sólo flores – marcó muy bien las palabras para que Ron la oyera – Y no me importan. Por muy caras que sean, porque Malfoy es Malfoy y ni siquiera sabe lo que hace.
- Seguro – dijo Ron con ironía deteniéndose un momento. Volvió a ver a Harry que seguía parado en el mismo lugar sin decidirse a seguirlo – Vamos ¿no quieres ver como te gano por milésima ocasión?- insistió.
Hermione entonces hizo algo muy raro. Con un gesto airado caminó deprisa hasta un seto de flores silvestres que había delante de ella. Arrancó una con vehemencia y se dirigió a Ron diciendo. – Tantos años de tratarme Ronald Weasley y aún no terminas de conocerme – poniéndose enfrente de él tomó su mano con fuerza y puso la flor en ella– Tal vez esta valdría mil veces más que esas dorellíneas – Clavó los ojos en Ron que había palidecido con el contacto. Hermione lo soltó entonces y con voz muy baja pero aún colérica le aseveró – pero eres tan ciego que no puedes verlo. – Y dicho esto se volvió furiosa y a trancos entró a la Madriguera.
- Está loca – balbuceó Ron aún confuso, apretando la flor con su mano – loca de remate.
Harry fijó sus ojos en Ron, pero no dijo nada. Él tampoco entendía del todo a Hermione.
Después del incidente de las flores, la prioridad de Ron y Hermione era tratar de evitarse a toda costa. Harry se daba clara cuenta de eso, pero le parecía mejor no intervenir. Ya se contentarían. Al menos no habían discutido como solían hacerlo.
Terminando la hora de la comida, todo mundo prosiguió en el trabajo de las pociones. Exceptuando Malfoy y Ginny. El primero se hallaba completamente recuperado del desmayo sufrido por culpa de los bombones y ahora se encontraba dedicado a observar a Hermione trabajar, cosa que a simple vista, se notaba, ponía nerviosa a la chica. Ron fingía no darse cuenta de ello y se concentraba en picar lo que parecían hojas de ásfodelo y alguna que otra planta de aspecto extraño.
Ginny, por su parte, se había acomodado en un sillón y leía algo sobre Adivinación en tres pasos. Era eso o aburrirse. Ni Seamus ni los gemelos la habían dejado ayudarles y Harry presintió que algo no muy bueno estaban tramando. En primera porque le habían pedido a Harry y a Neville cambiar el lugar de trabajo, yéndose ellos al cobertizo. En segunda, porque habían prohibido expresamente a cualquiera de los demás acercarse.
Ginny finalmente se dio por vencida. Cerró el libro de golpe y dijo – Me voy a volar un rato en la escoba – Ron levantó la cabeza y Ginny con tono aburrido agregó – No te preocupes Ron, procuraré que nadie me vea -. Y salió arrastrando los pies. Un sonido fuerte se escuchó en cuanto la pelirroja se hubo marchado. Todos volvieron la cabeza hacia Thomas que había derramado un oscuro líquido en su túnica.
- ¡Augh! – se quejó tratando de limpiarse - ¡Acabo de echarme encima lágrimas de troll y huelen horrible!
Y era cierto. Un fuerte aroma empezó a invadir la cocina.
- ¡Thomas! ¡Vete a dar un baño antes de que el aroma se te impregne! – Le advirtió Hermione y el chico salió disparado hacia su habitación.
Malfoy reía abiertamente - ¡Qué idiota! ¿cómo fue a echarse esa cosa encima?
- Fue un accidente – refutó Ron con acritud – Y para idioteces tú eres el maestro.
La atención se concentró en ellos dos por unos instantes. Tanto trabajo para hacer un trato y de buenas a primeras se iba a ir al diablo. Malfoy sonrió socarronamente y contestó - ¿molesto Weasley? – un gesto maligno cubrió su cara y temerariamente se acercó aún más a Hermione – me pregunto que será lo que tanto le disgusta a Weasley – acariciando el cabello de Hermione preguntó - ¿lo sabes tú mi ángel?
Hermione dio un respingo ante la cercanía de Malfoy. Tratando de ser lo más prudente posible se alejó diciendo – Voy a buscar un poco de lirio... me pareció ver que en la charca del jardín hay. – y salió apresuradamente de la casa, sin detenerse a reparar en las intenciones asesinas de Ron en esos momentos.
- ¿Porqué no la dejas en paz? ¿eh? – le lanzó Harry lo más apaciblemente que era capaz. A estas alturas no quería pelear con Malfoy, pero no podía evitar que lo sacara de quicio.
- ¿Celoso Potter?
- ¿De ti? Sueñas Malfoy. Lo único que quiero es que dejes de importunarla con tonterías.
- Mejor vete acostumbrando Potter, porque me verás a su lado siempre – remarcó la última frase pausadamente, como queriendo sin duda que quedara muy claro. Volteó a Ron con desafío y añadió - ¿Lo oíste bien Weasley? Siempre. Día y noche. Respiraré el aire que ella respira. Soñaré sus sueños... será el ángel que cada día esté conmigo. – Ron pretendía no oírlo, machacaba con rabia las distintas hierbas que a esas alturas se hallaban reducidas a una masa viscosa y verde, sin dignarse a verlo. Malfoy lo barrió con la mirada y salió muy presuntuoso en busca de Hermione. El pelirrojo entonces dejó caer la cuchilla con fuerza, y, sin decir palabra, subió hecho un basilisco a su habitación. Harry y Neville lo vieron irse sin intentar detenerlo.
- Parece que Ron se está tomando muy mal todo eso de sobrellevar a Malfoy – dijo Harry después de que su amigo se había ido hecho una furia.
- No sé – Neville picaba muy finamente raíces de mandrágora. – Me da la impresión de que... – se interrumpió y miró a Harry directamente a los ojos.- ¿Sabes? No sé como decirlo, digo, tal vez esté equivocado, por lo regular siempre sucede, pero...
- Neville ¿quieres terminar de una buena vez? – le apresuró Harry con impaciencia.
Neville dejó las raíces y enfrentó entonces a Harry, aunque un poco tímidamente. Con voz insegura empezó a decir – Bueno, tú conoces a Ron mejor que yo, digo, es tu amigo. Ya deberías haberlo notado... o no sé, tal vez son sólo figuraciones mías.
- ¿Notar que? – preguntó Harry dejando por un momento de machacar escarabajos.
- Es que... ¿no te parece que Ron actúa muy raro? Parece como si estuviera... como si estuviera...
- ¿De qué tanto hablan? – Hermione acababa de entrar, con unos cuantos lirios en las manos, sobresaltando a Neville.
- De nada – se apresuró a contestar el chico con nerviosismo. Hermione lo miró un segundo con sospecha, sólo que en ese instante entró Malfoy diciendo "¿porqué no me esperaste?" entre otras cosas por el estilo. La conversación se fue al olvido mientras Hermione hacía un gesto de exasperación, demostrando que ella también estaba harta de todo ese asunto.
- Creo que es suficiente por hoy – dijo con voz controlada – iré a darme un baño.
Harry comprendió que eso no era más que un pretexto para librarse, aunque fuera por muy poco tiempo, de Malfoy.
Los días corrieron y el trabajo en la Madriguera era más arduo que nunca. Los gnomos habían vuelto a invadir el jardín y aunque entre todos lo habían limpiado rápidamente, aún así había sido cansado. La elaboración de pociones iba viento en popa y el turnarse para cocinar ya no se remitía únicamente a los Weasleys. Incluso a Harry y a Ron les había tocado su turno, demostrando, sin lugar a dudas, que mejor deberían dedicarse a otra cosa.
Todos trabajaban. Todos excepto Malfoy. Que seguía argumentando que nada de eso se había especificado en el trato y por lo tanto no tenía que hacerlo. A Fred se le ocurrió que Malfoy sería más agradable siendo canario y entre él y George le dieron a comer una de sus galletas. Todo fue bien hasta que Hermione, completamente fastidiada de tener al Slytherin revoloteando sin cesar a su alrededor, los obligó a volverlo a la normalidad.
Harry y Neville estaban a punto de terminar con la pre-elaboración de su pócima. Así que pronto tendrían un descanso, mientras Malfoy y Ginny se dedicarían a darle forma. Harry se sentía un poco apenado con la pelirroja. Le sentaba mal que ella tuviera que trabajar con el antipático chico, pero lo hecho, hecho estaba.
- ¿Dónde los dejé? – Seamus revolvía afanosamente todo lo que encontraba a su paso, en tanto los demás estaban dándose unos minutos de descanso.
- ¿Qué buscas? – Le preguntó Ginny dándole vuelta a la hoja de su ejemplar del Quisquilloso que Luna le había enviado.
- Mi orejeras. No sé dónde las dejé.
- ¿Porqué no las buscas en tu cuarto? – opinó convenientemente Hermione, leyendo algo sobre La vida de grandes magos y su aportación a la magia moderna.
- Ya lo hice, pero no encontré nada.
- Te dije que si guardabas tus cosas eso no te pasaría – Le recalcó Thomas, cómodamente recostado en un sillón. Seamus no contestó y continuó rebuscando.
- ¿Para que las quieres? ¿qué? ¿piensas dormirte a esta hora de la tarde? – Harry se hallaba muy concentrado tratando de encontrar una jugada que librara a su caballo del ataque de Ron. No dudaba que por milésima ocasión, Ron le terminaría ganando en la partida de ajedrez a la que lo había retado.
- No, pero si las necesitaré más tarde... anoche casi no pude dormir por culpa del escándalo del ghoul.
- Nosotros no escuchamos nada – aseguró Ron, entrando desafiante con su alfil entre las piezas de Harry. Fred y George le susurraban consejos, según ellos, muy efectivos, pero la verdad era que a Harry no le estaban sirviendo de mucho.
- Eso es porque ustedes ya están acostumbrados – Se defendió Finnigan sin dejar de buscar.
- Ese ghoul... – con voz desdeñosa Malfoy entraba en la conversación dejando de observar con atención las cosas que había en la Madriguera – A mi tampoco me deja dormir... ¿es necesario que golpee el suelo o no se qué de esa manera?
- A decir verdad tienen algo de razón – Fred dejó un momento de darle consejos a Harry para dirigir su atención a Seamus y Malfoy – Ese ghoul nunca había estado tan molesto como ahora... creímos que se había ido, pero de unos días para acá anda muy inoportuno. – Harry, sin la ayuda del gemelo, pudo librarse por un pelo del ataque de Ron. Soltó una bocanada de aire con alivio y continuó concentrado sin hacer caso de nada más.
- Podrás enfrentarte a él y decirle lo que piensas, Malfoy – Todos miraron a George, quién había hablado y ahora lanzaba miradas maliciosas al slytherin, que con temor preguntó:
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, que como no has querido colaborar con nosotros en el mantenimiento impecable e ineludible de la Madriguera, hemos decidido que tendrás el grandísimo honor de limpiar el ático tú solo.
- ¿Lo decidimos? – preguntó Fred mirándolo gozosamente, para después refutar - ¡oh sí! ¡Lo decidimos!
- ¿Están locos? – preguntó Malfoy con aprensión. Los demás dejaron a un lado lo que estaban haciendo para mirarlos.- ¡Por supuesto que no voy a limpiar nada!
- ¡No me digas que le temes a un simple ghoul! Por favor Malfoy... ¡Cualquier mago decente sabe como defenderse de un ghoul... – continuó George con perversidad.
- Además, no querrás pasar por un cobarde delante de esta bella dama – dijo Fred extendiendo las manos hacia Hermione, quién los miró con reprobación.
- No creo que esté bien que lo manden a limpiar al ático y menos si le teme al ghoul.- Lo había dicho sin ninguna intención, pero las risas de todos lograron que eso sirviera de ayuda para los planes de los gemelos, pues Malfoy se apresuró a decir – Oh no mi ángel. Yo no le temo a nada. Y para demostrártelo limpiaré el ático.- Y subió corriendo las escaleras de dos en dos.
- ¡Gracias Hermione! ¡Realmente eres un ángel! – profirió Fred con inmensa satisfacción, mientras Hermione, totalmente desconcertada, veía a Malfoy desaparecer por la escalera.
- ¿Qué les parece si mientras Malfoy limpia nosotros jugamos un poco de quiddicht? – sugirió George y de inmediato su propuesta fue aceptada, saliendo todos atropelladamente hacia la colina.
- Vamos Hermione – dijo Harry dándole una palmadita en la espalda – ven a ver como jugamos – al ver que su amiga no despegaba la vista de las escaleras agregó – no te preocupes por Malfoy, él estará muy ocupado haciendo algo de provecho y el ghoul, te aseguro que no lo dañará. Después de todo no le caerá mal enfrentarse a algo, aunque sea sólo el espíritu del ático. – Hermione lo siguió después de un minuto. Al parecer no le convencía del todo el optimismo de Harry.
Jugar al quiddicht era algo que realmente valía la pena hacer. Sentir el viento en la cara. Rozar la gloria con los dedos. Oír los gritos desaforados e insolentemente alegres de los chicos que montados en sus escobas no se dejarían ganar. Seamus, Fred y George estaban en un equipo. En el otro Ron, Harry y Thomas. Ginny, en un completo acto de solidaridad, se hallaba sentada con Hermione, aunque a leguas se notaba que en cualquier otra circunstancia también entraría en la batalla.
No utilizaban ni bludgers ni la quaffle ni la snitch, por temor a que se perdieran y asustaran a los muggles que vivían por los alrededores. Aún con ese inconveniente, el juego realmente estaba resultando divertido. Las calabazas que usaban por pelotas y que los gemelos habían encantado, muy oportunamente se estrellaban en el cuerpo del enemigo, ensuciándolo todo y haciendo estallar a los ahí reunidos, en una ruidosa algarabía. Para Harry ese momento era de antología. Seguro estaba que se quedaría grabado en su memoria: los gritos, las risas, las caras sucias y alegres de sus amigos, Ginny saltando y echando porras y… Hermione preocupada viendo hacia la Madriguera.
En un descuido, no sin un poco de renuencia, descendió hacia ella, Bajó de su escoba y ya cerca, preguntó - ¿Sucede algo? – Su amiga volteó con un evidente semblante de preocupación.
- No… es sólo que ya llevamos rato aquí y Malfoy no se ha aparecido.
- El ático es grande Hermione, lo más seguro es que aún no acaba de limpiarlo.
- No sé, algo me dice que no es normal esto. La verdad no creo que Malfoy se afanara así en limpiar algo de la Madriguera, y tampoco creo, que estando bajo el efecto del Corazón, pueda estar alejado de mí mucho tiempo.
Harry dirigió su mirada a la parte alta de la casa ¿qué de malo podría haber ahí? Hermione exageraba, pero aunque así fuera, no le gustaba verla tan inquieta.
- ¿Quieres que vayamos por él y comprobemos que nada malo le pasa?
Los ojos de Hermione se posaron en los suyos. Harry interpretó eso como un sí, y diciéndole un "¿Me cubres?", le pasó a Ginny su escoba. La pelirroja de inmediato, salió corriendo a unirse al juego. Hermione se levantó en aquel momento y comenzó a caminar al lado de Harry.
- ¡Eh! ¿A dónde van? – les gritó Fred desde las alturas.
Harry tan sólo hizo un gesto con la mano, diciéndole a sus amigos que regresaba enseguida. Ron, deslizándose veloz por el aire y descendiendo de su escoba, la arrojó a un lado, para después alcanzarlos corriendo mientras gritaba -¡Voy con ustedes!
- ¡Oigan! ¿Me van a dejar a mí solo? – les espetó un poco contrariado Thomas, pero Ginny, elevándose en el aire, le dijo a viva voz que ella jugaría con él.
Sin nada más que discutir, Ron, Harry y Hermione caminaron juntos hacia la Madriguera. El pelirrojo, observándolos por el rabillo del ojo, preguntó en un tono aparentemente despreocupado. - ¿A dónde vamos?
- A verificar que Malfoy no se haya muerto del susto ante el ghoul. – soltó Harry con ironía. Ron guardó silencio. Aunque Harry pudo darse cuenta, que al mirar a Hermione, entrecerraba los ojos con enfado.
Por fin entraron a la casa y empezaron a ascender las escaleras con paso firme, Harry iba por delante sin mucha convicción. El cuidar de Malfoy no era para él algo con lo que hubiera soñado desde hace tiempo. Iba pensando en la pérdida de tiempo que era aquello, cuando un alarido proveniente de arriba se dejó escuchar. Era Malfoy. Y su voz sonaba angustiada. Los amigos se miraron por un segundo perplejos y de inmediato echaron a correr hacia el ático.
Al llegar, abrieron la puerta de golpe. Un haz de luz irrumpió en la oscuridad imperante. Buscaron a Malfoy rápidamente con la mirada y lo descubrieron en un rincón a donde la luz no llegaba, tirado en el piso y cubriéndose el rostro con una mano mientras gemía. Justo enfrente de él se vislumbró una figura que les congeló el corazón: el mismísimo Lord Voldemort en persona.
Hermione ahogó un grito y Ron palideció con violencia, sin embargo, instintivamente se adelantó cubriéndolos con su cuerpo. Malfoy entre tanto gimoteaba - ¡Ve...vete! ¡por...por favor! ¡aléjate de mí!
Harry pensaba con la velocidad del rayo ¿qué iba a hacer? Tenía que ayudar a Malfoy. Aunque el miedo le consumiera el alma. Ron, delante de él y de Hermione, parecía pensar lo mismo, sacó su varita muy lentamente y Harry advirtió que Hermione hacía lo mismo con mano temblorosa. Harry hizo lo propio. Lord Voldemort ni siquiera reparó en ellos. Se acercaba paulatinamente a Malfoy. Harry no podía ver bien que sucedía, Ese lugar tan oscuro y tan encerrado... ¿Oscuro y cerrado? "Un momento" pensó. Se tocó la cicatriz. No dolía. Entonces comprendió.
- ¡¡RIDDÍKULO! – gritó adelantándose con la varita en alto. Voldemort giró hacia él y enseguida se transformó en un dementor. Sus manos viscosas se dirigieron a Harry - ¡¡RIDDÍKULO! – volvió a gritar y el mounstro desapareció en una voluta de humo.
Sin reponerse aún del susto, volteó a sus amigos. Hermione se encontraba aferrada al brazo de Ron aún con los ojos desmesuradamente abiertos, en tanto su amigo comenzaba poco a poco a recuperar el color.
Malfoy seguía en el suelo. Sin atinar a levantarse. Respiraba con dificultad y su rostro estaba más blanco que nunca. De pronto pareció asimilar lo ocurrido. De un tirón se levantó y dirigiendo una mirada de inmenso odio a Harry salió, dando de paso un empellón a Ron en su prisa por alejarse de ellos.
- ¡Podrías agradecerlo! – vociferó Ron, pero el slytherin no se detuvo.- ¡Es un malagradecido! ¡Casi le salvaste la...! – se interrumpió al darse cuenta que Hermione seguía asida a su brazo. La miró casi más asustado que unos minutos antes. Hermione, dándose cuenta de ello, enseguida lo soltó.
- ¡Harry! ¡Por poco me muero del pavor! – dijo yendo hacia él y evitando mirar a Ron.
Harry tan sólo respiró hondo. – Vamos abajo – les dijo pasando sus brazos sobre los hombros de sus amigos. La imagen de Ron delante de él y la de ambos sacando sus varitas luchando contra el miedo, difícilmente podía ser olvidada. Nunca, de una manera tan tajante, le había llegado la certeza de que aquellos días en que la soledad reinaba en Privet Drive, se habían desvanecido en un soplo de magia que no todos podían conjurar.
