Capítulo XX.- Quiddicht y amistades imposibles.
- Boggart... era sólo un boggart.
Sentados en la cocina, tratando de reponerse del aún inesperado susto, Harry, Ron y Hermione charlaban en voz muy baja, comentando lo sucedido. Harry podía sentir todavía sus rodillas temblar ligeramente, mientras la voz de Ron, algo entrecortada, algo aliviada, se seguía escuchando en un susurro.
- Pero no entiendo... ¿Porqué Malfoy le teme a Ya-saben-quién?... digo, yo siempre creí que él quería ser mortífago, bueno, su padre lo es, entonces no debería de temerle, sino más bien, no sé¿admirarlo quizás?
- Creo que cualquiera le teme- contestó Hermione dejando escapar brevemente una bocanada de aire mientras los miraba pensativa.- Y el hecho de que alguien sea mortífago no cambia las cosas – meditó un segundo para después añadir cuidadosamente- aunque pudiera ser que Malfoy realmente no quiera serlo y por eso su boggart toma la forma de Lord Voldemort...
- ¡Hermione! – reclamó Ron con un respingo.
- Tienes que acostumbrarte Ron, no puedes temerle siempre al nombre.
Ron se enfurruñó encogiéndose en su silla mientras mascullaba entre dientes "como si el susto de hace un rato no fuera suficiente".
- Puede que tengas razón Hermione – terció Harry, tomando la palabra por primera vez después del incidente – tal vez Malfoy no quiera ser mortífago... – guardó silencio unos instantes y con voz velada dijo – lo curioso es que en tercer año, el profesor Lupin creyó que mi boggart sería precisamente ese, el de Lord Voldemort.
Ron volvió a respingar y los miró seriamente ofendido. - ¿Pueden dejar de decir ese nombre por favor?
Harry continuó hablando sin hacer el menor caso del comentario de Ron – Pero... ¿se habrá dado cuenta Lupin? Es decir, él nos examinó ese año y nos puso un boggart... debería haberlo advertido...
- Probablemente Malfoy ni siquiera llegó a ese punto – Ron se había levantado con una gran sonrisa en la cara – si mal no recuerdo, creo que el único en pasar el examen por completo fuiste tú.- Su sonrisa se ensanchó aún más con malicia al observar fijamente a Hermione, con el flequillo cubriendo sus ojos chispeantes y azules.- Oye Hermione ¿recuerdas cual fue tu boggart? – y comenzó a reír disimuladamente.
- Por favor Ron, no seas infantil. – le espetó Hermione acremente.
- Está bien, lo olvidaré si eso es lo que quieres – pero por su sonrisa no se notaba que pretendiera olvidarlo. – Y volviendo al tema ¿qué creen que diría Lucius Malfoy si se enterara de esto?
- No lo sé... quizás lo desheredaría – respondió Harry prontamente – tal vez tú podrías indagar algo al respecto – comentó dirigiéndose a su amiga – quizás a ti si te diría el porque de su temor.
- No lo creo – contestó la chica tajante – No creo que el hechizo del Corazón llegue a tanto. Su orgullo es aún más fuerte que cualquier cosa en este mundo... ¿no notaron su comportamiento después de darse cuenta de que sólo se trataba de un boggart? Por un momento volvió a ser el mismo Malfoy de siempre.
- Pues como sea, con Corazón o sin Corazón, Malfoy sigue siendo completamente desagradable. – Y para Ron eso era contundente. El ruido de muchas voces entrando en la Madriguera los instó a guardar silencio. Los demás llegaban en ese momento, completamente felices.
-¿Dónde se metieron¿Por qué no fueron a terminar el juego? – preguntó Fred tratando de simular enfado. Su cabello lucía inusualmente pegajoso, seguramente por la pulpa de calabaza que había estallado en su cabeza.
-Al parecer la batalla fue dura – comentó Harry mirando de soslayo a Hermione y a Ron. Un acuerdo tácito se formó entre los tres: el de no decir a nadie lo del boggart de Malfoy.
- Sí, casi ganamos pero éramos dos contra tres – dijo Ginny con algo de desconsuelo.
- ¿Y Malfoy? – Seamus no parecía muy interesado, pero al parecer, esa se estaba convirtiendo en una pregunta de rutina.
- Por ahí... - contestó Hermione escuetamente -¿qué tal el juego? – dijo con toda la intención de cambiar de tema.
- Fue un gran juego- afirmó con gran alegría Seamus – lástima que Ron y Harry hayan decidido poner los pies en polvorosa.
- Y nosotros perdimos monumentalmente – aseguró Ginny sentándose junto a Ron y mirándolo ofendida.
- Pues cuando quieran les damos la revancha... y esta vez Ron y Harry no podrán escabullirse huyendo como cobardes. – George los contemplaba sonriente, con la túnica llena también de la misma sustancia anaranjada que la cabeza de Fred.
- ¡No huimos! Lo que pasa es que... teníamos cosas que hacer. – se defendió Ron. El "Sí, claro" de los gemelos, no estaba lleno de credibilidad hacia ellos, como pudo advertir Harry.
Un batir de alas interrumpió la plática. Una lechuza muy conocida entró por la ventana y de pronto ¡bum! Fue a caer directamente dentro de un caldero. Ginny fue corriendo a sacarla de ahí, para después acariciarla con ternura.
- ¡Errol¿Es que siempre terminarás estrellándote en algo? – le quitó la carta que Errol traía fuertemente sujetada en una de sus patas y vio el remitente – Es de mamá y papá – les aclaró sin necesidad de ello, pues desde el momento en que la desfalleciente lechuza había llegado, ya todos sabían de quien era la carta.
- ¿Qué dicen? –preguntó Fred a Ginny, quien ya la había comenzado a leer.
-Muy poco, en realidad. Es la letra de papá, pero seguramente se la dictó mamá. Dice:
Queridos Fred, George, Ron, Harry, Ginny y por supuesto también Hermione:
Esperamos que todo marche bien por la Madriguera. Supimos por Tonks, a quién le pedimos de favor que les echara un vistazo ( Y bien sabe Merlín que no hallamos a nadie más), que tienen invitados en la casa. No dijo sus nombres pero imaginamos que son chicos de su curso. Ya hablaremos de eso después ¿cómo es posible que no nos avisaran nada?
Esperamos que se comporten y no hagan cosas que no deben. Duerman temprano, coman bien ¡Ah! Y nada de fiestas y esas cosas que les gustan a ustedes los jóvenes.
Charlie y Bill les mandan saludos. Sentimos mucho no estar con ustedes para cuando partan a Hogwarts, pero hay cosas que no podemos evitar.
Pórtense bien y hagan sus deberes.
Los quieren.
Mamá y papá.
- ¿Mandaron a Tonks a echarnos un vistazo? – inquirió George con escepticismo, después de que Ginny hubiera concluido de leer la carta - ¡pero si sólo ha venido una vez!
- Quizás ella sí nos tiene confianza – dedujo Ginny con un tonillo de burla – al menos no les dijo que Malfoy está aquí.
- Bueno, eso no importa, lo que no debemos de desaprovechar son las ideas de mamá.
- ¿Ideas¿Qué ideas? – Ron había arrebatado la carta de sus padres a Ginny buscando indicios de lo que hablaba Fred. – oh, no... no me digas que... – lo miró de frente cayendo en la cuenta de sus intenciones.
- ¡Sí¡Haremos una fiesta de despedida! – concluyó el gemelo. La idea fue aplaudida por casi todos los ahí presentes.
- ¿Despedida de qué? Si tan sólo regresamos a la escuela.- les dijo Hermione con rigor deteniendo el júbilo en seco – además, en esa carta no les está dando ideas, por si no se han dado cuenta, sus padres los están exhortando a que se porten bien.
-¡Cómo se ve que no sabes leer entre líneas Hermione! – le espetó George escandalizado – obviamente papá y mamá querían que celebráramos la estancia de todos ustedes aquí, y muy sutilmente dejaron caer esa idea entre exigencias de un buen comportamiento ¿para qué¡Pues para que nos divirtiéramos más!...
Harry levantó una ceja, dudoso de la lógica retorcida de George, quién al notarlo explicó – Claro ¿no ven que algo prohibido es aún más divertido? Definitivamente nuestros padres son únicos.
- ¡Lo que dices no tiene sentido!- señaló Hermione con crudeza poniendo sus manos en la cadera en actitud autoritaria. - ¡No permitiré que desobedezcan a Molly! –
Fred puso cara indulgente al decir – a veces pienso que te pareces mucho a mi madre... pareces una pequeña tirana.
La risa bulló en la cocina. Hermione no pudo oponerse más. Eran mayoría y de inmediato se habían puesto a hacer una lista de lo que necesitarían sin hacer caso de sus protestas. Al fin pareció resignarse. Fred, para consolarla, le prometió – te juro que nada más será una pequeña fiesta entre nosotros, nadie más vendrá, o bueno sí, quizás Lee.
- ¿Creen que sería bueno traer Wisky de Fuego? – Thomas, con un pergamino en la mano, iba anotando todo lo que Seamus y los gemelos le iban diciendo.
- ¡Por supuesto que sería bueno! Es imprescindible diría yo. – Repuso Finnigan con gestos exagerados.
- ¡Por supuesto que no! – Hermione nuevamente había entrado a la defensiva. De ninguna manera iba a permitir semejante cosa.
- Pero Hermione, es una fiesta... – intentó decirle Seamus.
- No me importa. No habrá Wisky de Fuego en la Madriguera...
- ¿Y cerveza de mantequilla?
- ¿Porqué no? A la cerveza de mantequilla no le veo ningún problema.
Hermione dio media vuelta para revisar la lista que Thomas traía en sus manos. Los gemelos de inmediato voltearon a verse y con total seguridad se dijeron en un susurro firme del que Hermione no llegó a enterarse - Wisky de Fuego.
Todo el regocijo reinante por la dichosa fiesta, no llegaba a adueñarse por completo de Harry. Ron, en cambio, parecía haberse olvidado del boggart y también se había unido a los demás, aunque si lo observaba bien, tampoco estaba muy participativo. Tal vez fuera que después de todo, las fiestas no iban con él. Harry, entre tanto, meditaba en algo, y veía con insistencia la ventana. Ninguna señal. Nada que indicara que se hubieran dado cuenta. De pronto reparó en algo.
- Oigan¿y Neville?
La pregunta vibró logrando que todos detuvieran un momento su parloteo. Voltearon a verse y al fin Thomas dijo – No lo sé, desde hace rato que no lo veo.
- Dijo que iba a dormir un rato – contestó Ginny, - pero eso fue antes de ir a jugar quiddicht.
- Ya hace horas de eso ¿tanto tiempo dormirá?
La inquietud que se había apoderado de Harry ante los últimos acontecimientos le hizo decir – voy a buscarlo -. Subió dejando a los demás todavía con los preparativos de la fiesta. Una voz susurró a sus espaldas – Voy contigo -. Era Hermione quién con paso lento lo acompañó a través de las angulosas escaleras.
Al llegar a la puerta Harry tocó suavemente - ¿Neville? – llamó con voz clara. Otra vocecilla le respondió desde adentro con un ahogado "pasen". Harry abrió la puerta y seguido de Hermione entró. Neville se encontraba escribiendo. Se detuvo y los miró con la pluma en la mano.
- ¿Pasa algo? – preguntó.
- No, nada – dijo Harry sentándose en la cama cerca de él Hermione se acercó quedando de pie frente a ellos – es sólo que estábamos preocupados porque no bajabas.
- Es que me quedé dormido, y ahora le estoy escribiendo a mi abuela- sonrió- ¿saben? Le platico lo mucho que me estoy divirtiendo en la casa de los Weasleys. Y también le cuento que Hermione me está ayudando con pociones – los ojos de ambos chicos mostraron alarma – oh, no se apuren, no le digo exactamente lo que estamos haciendo ¡me mataría! Tan sólo le digo que Hermione me está explicando cosas que no entiendo. Eso la tranquilizará porque la hará pensar que no estoy perdiendo mi tiempo.
Escribió un poco y luego dijo – listo, ya terminé – miró a Harry sonriente al enrollar su pergamino y preguntarle - ¿Podrías… podrías prestarme a Hedwig?
- Por supuesto, en cuanto regrese de cazar podrás mandar la carta a tu abuela.
Neville sonrió una vez más, sólo que ahora de una forma extraña. Como pensando en algo - Gracias Harry.- Susurró.
Hermione y Harry voltearon a verse con entendimiento. Hermione espetó – Neville, nosotros nos vamos ¿vienes o prefieres…?
- ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó repentinamente dejando a Hermione perpleja.
- ¿A qué te refieres?
- Los vi en el ático – dijo agachando la cabeza y con voz muy baja comenzó a explicar - Es que... estaba durmiendo cuando un ruido me despertó. Me pareció que alguien gritaba, pero no estaba muy seguro de si estaba soñando. Me levanté y me asomé. Los vi pasar a ustedes con prisa... la verdad dudé un poco pero decidí seguirlos. Cuando llegaron arriba noté que se quedaban parados sin hacer nada y por la cara que pusieron supuse que algo muy grave estaba pasando. Saqué mi varita, pero fue entonces que Harry lanzó un Riddikulus... ¿había... había un boggart?
Dudaron un instante antes de contestar. Luego, Harry se acercó a Neville con reservas, miró a Hermione con una interrogante en los ojos y ella asintió suavemente. Entonces Harry no dudó en hablar – Neville, promete que no le dirás a nadie lo que te contemos...
- Sí, lo prometo – contestó Neville con firmeza.
- Bien, pues si, era un boggart lo que estaba allá arriba y no el ghoul que todos pensaban que era el que escandalizaba. Y atacó a Malfoy.
- ¿A Malfoy? – dijo Neville con asombro. Parecía querer preguntar algo pero no se atrevía. Por fin se animó. - ¿Y... y qué forma tenía?
- Lord Voldemort – contestó de inmediato Harry y Neville respingó asustado. Hermione continuó callada sin dejar de ver al chico con fijeza.
- Pero... pero... ¿por qué Quién-tú-sabes es el mayor temor de Malfoy¿No se supone...¿O entonces...?
- Nosotros tampoco lo entendemos – explicó Harry con paciencia – pero al menos lo vencimos.
- No dudaste en ayudarlo – Neville había dejado repentinamente el temor a un lado. Y lo dicho sonó inusualmente con voz muy segura.
Hermione suspiró – sí, Harry lo ayudó, pero eso a Malfoy no pareció agradarle mucho.
- Por eso iba tan enojado – dijo Neville con categóricamente– lo vi cuando bajó furioso, aunque no me dijo nada. Únicamente me vio como si quisiera fulminarme. Parecía el mismo Malfoy de siempre.
- Bueno, eso ya no importa – Harry se levantó con inquietud. – Hay otra cosa que me preocupa.
- ¿Qué es? – preguntó Hermione curiosa.
- Es que, utilicé un hechizo fuera de la escuela... ¿porqué entonces el Ministerio no ha enviado ninguna lechuza?
- Harry, con todos los problemas actuales, no creo que el Ministerio se preocupe por un simple riddikulus – aclaró Hermione con total seguridad – además, en cualquier caso fue en defensa propia y Ron y yo estamos de testigos.
Harry meditó un momento lo que Hermione aseguraba y terminó aceptándolo como cierto, después de todo, las lechuzas de amonestación que enviaba el Ministerio llegaban minutos después de que se hubiera hecho algo indebido. Eso lo sabía bien. Tal vez realmente el Ministerio tenía cosas más importantes que hacer y no sólo estar preocupándose por él.
Por fin Neville y Harry habían concluido la parte que les tocaba y ahora era el turno de Malfoy y Ginny de trabajar. Lejos de lo que había imaginado, no parecía haber tantas fricciones y desacuerdos entre los dos. Al menos, hasta el momento, no habían peleado para nada. Quizás la razón fuera que Malfoy no se arriesgara a decir nada hiriente en contra de Ginny, porque aún tenía claramente presente el hechizo de los mocomurciélagos.
La pequeña Weasley era bastante fuerte y decidida como bien lo podía uno notar.
En cuanto a lo del hechizo utilizado por Harry, Hermione parecía haber tenido razón, pues no existía ninguna señal de que el Ministerio pensara en enviar alguna lechuza. Ron también lo había tranquilizado apoyando en lo dicho a Hermione, agregando además, que el Ministerio no se arriesgaría a quedar en ridículo una vez más ante Harry, al fin de cuentas, ahora gozaba de mayor credibilidad en el mundo mágico.
Ahora sólo le preocupaba saber en que utilizaría su tiempo libre. Quizás, como Ginny, se dedicara a leer o a ayudar a otros con su trabajo. Lo segundo le pareció lo más apropiado. Y Ron y Hermione eran la mejor opción. Así que junto con Neville se la pasaba horas y horas viéndolos trabajar, ayudando de cuando en cuando, y escuchando las disertaciones de Hermione sobre las posibles variables de la poción si se agregaba tal o cual ingrediente.
- Bien Weasley, ahora agrega la mandrágora – Malfoy, después de lo del incidente con el boggart, había mantenido su distancia. Acosando incluso menos a Hermione, aunque esa situación, después de las experiencias anteriores, no indicaban nada bueno. Harry los observaba trabajar. No hacían mal equipo después de todo. La renuencia inicial de la pelirroja ya no era tan latente. La poción, por lo visto, iba viento en popa.
En cuanto a los gemelos y Finnigan, seguían con su descomunal hermetismo. Harry seguía teniendo la sensación de que no era precisamente en la cura de Malfoy en la que trabajaban con tanto esmero. Podría apostar lo que fuera a que algo turbio tramaban.
- No Ron, el lirio va después, primero es el diente de león – la voz suave y a la vez autoritaria de Hermione lo sacó de sus pensamientos.
- ¡Ya lo sé Hermione¡Sólo lo tomé para verlo!
Hermione, sin hacer caso de la actitud de Ron, pidió a Harry – pásame la centidonia por favor – Harry le alcanzó un frasco, mientras Neville y Thomas salían al jardín por un poco más de lirio.
-¿Crees que con eso sea suficiente? – Preguntó Ron después de agregar un polvo blancuzco al caldero. Hermione echó un vistazo para luego decir – Sí, con eso será suficiente… ahora sólo tiene que hervir un poco, después lo dejaremos reposar dos días y…
- finalmente le echaremos el resto de los ingredientes y la poción estará lista – terminó Ron en sonsonete, por lo que Harry comprendió que Hermione lo había repetido más de una vez, y por eso su amigo lo repetía en esa forma. Hermione suspiró con desgano.
- Habrá que vigilarlo – comentó como al descuido, cuando la puerta se abrió dando paso a los gemelos, Finnigan, Thomas y Neville.
- ¿Cómo van con eso?- Fred lucía una sonrisa de oreja a oreja, señal de que a ellos, por lo visto, les iba muy bien.
- Ya casi terminamos. Sólo tiene que reposar, unos ingredientes más y listo – confirmó Ron mirando de reojo su caldero que burbujeaba suavemente.
- ¿Y ustedes? – George se dirigió a Harry que nuevamente veía a Ginny y Malfoy trabajar.
- Bien… vamos más bien de lo que pensaba – murmuró con vaguedad.
- ¿No han peleado? – Harry negó con la cabeza y Fred sonriendo agregó – vaya, al menos Malfoy sabe con quien no meterse.
A lo lejos, vieron como Ginny daba unos golpecitos con su varita al caldero y este de inmediato se apagó. Luego Malfoy lo hizo levitar hasta el jardín y en instantes regresó triunfante.
- Bien Weasley, eso es todo… ahora se tiene que dejar bañar por los rayos del sol y el sereno de la noche durante dos días y listo, nuestra poción estará terminada.
- ¡Harry¡Ya casi la tenemos! – gritó feliz Ginny corriendo a acercarse a ellos – dentro de dos días veremos si alguna de las pociones funciona y de ser así, regresaremos sin ningún problema a Hogwarts.
- ¡Excelente! – Exclamó entusiasmado Finnigan – pero ahora se me ocurre una gran idea ¿Por qué no les damos la revancha a ellos? – dijo señalando a Thomas y a Ginny.
- ¡Sí, sí¡Vamos a jugar quiddicht! – exclamaron los chicos con entusiasmo.
No tardaron mucho tiempo en salir todos disparados hacia la colina. Ron se había rezagado un poco convenciendo a Hermione para que los acompañara, y cuando al fin la chica cedió, alcanzaron a los demás cuando ya los equipos se habían dividido.
- Ron y yo estaremos con Ginny y Dean – les informó Harry a lo que los gemelos y Seamus respondieron con un gesto hosco.
- ¡Pero ustedes son cuatro y nosotros tres! – protestó con arrebato Seamus sin dejar de juguetear con su escoba.
- No te quejabas igual cuando nada más éramos Thomas y yo ¿verdad? – Ginny trataba de aparentar enfado y fruncía las cejas para convencerlos de ello. George tan sólo sonrió al decir por lo bajo- no te preocupes Seamus, de cualquier forma les ganaremos.
- ¿Y porque no meten a Malfoy en su equipo? Así seremos cuatro y cuatro y nadie dudará de nuestra victoria – El desafió de Thomas hizo que todos se volvieran a Malfoy, evaluándolo mientras el slytherin ponía cara de aversión.
- Jugar con ustedes no me interesa en lo absoluto – confirmó con voz agria.
- Eso es porque sabes que Harry es mejor que tú – se le escapó a Ron no tan involuntariamente, logrando que el rostro de Malfoy adquiriera tal dureza que Harry no dudó en que se aproximaban problemas. Con voz contenida el Slytherin aclaró – Tengo todo el derecho de negarme a jugar con ustedes sin dar ninguna explicación, pero no quiero que piensen que soy un cobarde… jugaré y más les vale que ganemos.
Los gemelos se miraron y se encogieron de hombros – bien, entonces vamos a empezar- dijo Fred y en minutos todos volaban en sus escobas. El juego empezó y pronto se dieron cuenta que sería una lucha encarnizada. Abajo, cerca de un grupo de árboles, Hermione y Neville no perdían detalle de lo que sucedía. Harry al principio creyó que Malfoy se la tomaría contra él, más curiosamente no fue así. Era Ron contra quién Malfoy mostraba mayor encono. Lo seguía constantemente, volando a la par de él e intentando tirarlo de su escoba.
- ¡Eso es jugar sucio! – gritó Thomas inconforme, pero una calabaza encantada le dio de lleno en la cabeza y las risotadas de los gemelos no se hicieron esperar.
- ¡Malfoy¿Qué haces ahí¡Vigila la snicht! – le reprendió Finnigan alejándose rápidamente. Aunque no era propiamente una snicht lo que tenían que atrapar, sino una bellota encantada que zumbaba de aquí para allá sin ton ni son. Como no brillaba, para Harry era un poco más difícil encontrarla, y más si no despegaba la vista de Malfoy en espera de que no hubiera más problemas.
- ¡Harry¡La snicht! – advirtió Ginny pasando veloz con su escoba. Era hora de ponerse a trabajar, así que empezó a poner sus sentidos en encontrar la bellota. De reojo miró que una calabaza se estrellaba sin miramientos en el hombro de Ginny, poniendo toda su túnica perdida.
- ¡Eh, Weasley! – retumbó la voz de Malfoy y todos los Weasleys voltearon hacia él, pero sin duda, era a Ron a quién se refería - ¿Por fin aprendiste a jugar? – dijo tratando de molestarlo, sólo que Ron no se inmutó, porque en ese instante, de un solo golpe, desvió una calabaza que fue a parar justo encima de Draco.
Malfoy lanzó una maldición al verse cubierto por la sustancia anaranjada y Ron estalló en carcajadas.
- ¡Otros tantos más y ganamos! – Harry se había acercado con regocijo a Ron, confirmándole lo que el equipo de los gemelos ya temía.
Ese juego no tenía ni pies ni cabeza. Lo único importante parecía ser ensuciar lo más posible de calabaza a los del equipo contrario. Harry se había librado hábilmente de quedar todo anaranjado, como en esos momentos le sucedía a Ron. La bellota, que marcaría la victoria para cualquiera de los dos equipos, se mantenía en el olvido, zumbaba de aquí para allá sin que Harry o Malfoy hicieran nada por atraparla. Por su parte, Harry se entretenía más riendo al ver el aspecto y las caras de sus amigos que en buscar dicha fruta. En cuanto a Malfoy, parecía más interesado en llamar continuamente la atención de Hermione sobrevolando cerca de ella y haciendo mil tonterías.
- ¡Malfoy¿Qué demonios haces? – gritó irritado Fred al darse cuenta de que el Slytherin había volado al ras del suelo cortando una flor y dándosela ceremoniosamente a Hermione, quien no pudo evitar sonreír.
- ¡Estoy con mi ángel! – respondió Malfoy por toda excusa.
- ¡Pues Hermione no se va a ir a ningún lado¡Ven acá y haz lo que tienes que hacer!
Con disimulo, Ron observaba todo lo que Malfoy hacía por llamar la atención de Hermione. Harry notó que ahora golpeaba con más fuerza las calabazas sin errar el tino.
Algo pasó zumbando cerca del oído de Harry. La bellota. Decidió que ya era hora de dar fin a tan absurdo juego y se preparó para volar en picada, pero una calabaza mandada directamente por George se lo impidió.
- Ups… lo siento Harry – dijo el gemelo fingiendo arrepentimiento, lo cual no se le daba muy bien. Harry se quitó los anteojos completamente cubiertos y comenzó a limpiarlos. – Una batalla es una batalla – alcanzó escuchar decir a George mientras se alejaba riendo.
- ¡Ron¡Tú no debes volar de esa forma! – oyó que Ginny decía. - ¡Cuida la portería!
Harry terminó de limpiar sus lentes y se los colocó justo a tiempo para mirar a Ron volando muy despistado e inusualmente rápido. Se veía enfadado, mirando fijamente hacia un punto de la colina al que Harry no pudo echar un vistazo porque otra cosa era más importante en esos momentos.
- ¡Ron¡Cuidado! – alcanzó a gritar pero ya era muy tarde. Un árbol justo enfrente del chico paró en seco su vuelo. La escoba del pelirrojo chocó aparatosamente contra una rama, rebotando y pegando de lleno en la cara de Ron. Éste soltó su escoba y cayó, cayó, cayó. Harry no perdió tiempo, volando lo más rápido posible intentaba alcanzar a su amigo antes de que cayera al piso y se lastimara seriamente. No iba a lograrlo. Y cuando creyó que su amigo acabaría al pie del árbol, alguien más llegó impidiendo que tal cosa sucediera.
Los ojos de Harry no daban crédito a lo que veían. Malfoy sujetaba fuertemente a Ron, evitando que alcanzara el piso. Dio dos vueltas y lentamente lo dejó en el suelo. Ron quedó recostado agarrándose con fuerza la frente.
Harry aventó su escoba a un lado y llegó al lado de Ron. Detrás de él llegaron los demás jugadores.
- ¿Cómo está?
- ¿Qué pasó?
- Se distrajo y chocó con el árbol explicó Harry al grupo de voces que preguntaban por Ron. Luego se dirigió a su amigo - ¿te encuentras bien? – un quejido ahogado fue la única respuesta.
- ¡Ron! – Hermione apareció de pronto al lado de Neville, con el susto en la cara - ¡Ron! – parecía lo único capaz de decir. Se arrodilló a su lado mientras Ron se sentaba sin dejar de frotarse la frente. Fue entonces que Hermione lo abrazó impulsivamente, para acto seguido, soltarlo y tomar con las manos su rostro, buscando angustiosamente alguna herida de gravedad.
- Her… Hermione… no – balbuceaba Ron incómodo – estoy… estoy bien – pero Hermione parecía no oírlo, revolvió su cabello por si encontraba alguna otra herida por muy leve que fuera y no sólo el morado que empezaba a cubrir la frente de Ron. Suspiró aliviada cuando confirmó que no había sido nada importante. De inmediato enarcó una ceja enfadada.
- ¡Eres un idiota¿Cómo se te ocurre volar de esa manera? – Le espetó - ¿qué no sabes que tienes que mirar al frente¿Qué demonios era lo que estabas viendo?
Ron enrojeció de los pies a la cabeza ante tal acoso de preguntas y tan sólo musitó – Na…nada… me distraje y choqué.
- Si no es por Malfoy a estas horas estarías hecho papilla en el piso – Finnigan miraba gravemente la escena y todos asintieron imperceptiblemente. Malfoy tan sólo arrugó la frente con desdén y tomando su escoba, se alejó de ahí sin decir palabra.
- Malfoy de verdad que está enloqueciendo – Harry se hallaba recostado en la cama, viendo a Ron ir y venir por el cuarto con sus cómics del Muggle loco en sus manos y tratando de acomodarlos en una caja. – Ese corazón sí que le afectó la cabeza.
Ron no contestaba. Buscaba la mejor manera de acomodar sus cosas para que cupieran perfectamente en la caja, pero no lo estaba logrando. A Harry se le ocurrió de repente algo – Oye¿no pretenderá Malfoy volverse amigo nuestro? – dijo recargándose sobre sus codos. Ron en cambio lo miró como si hubiera enloquecido.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- Pues, no sé, ya ves como funciona últimamente la lógica de Malfoy, quizás piense que así haría feliz a Hermione.
Ron botó una de las revistas en la cama. Era obvio que dudaba de la veracidad de las palabras de Harry, pero éste continuó sin dejarse amilanar.- De verdad, piénsalo. No ha peleado con nadie, trabajó tranquilamente con Ginny y ahora, encima, te salva de estrellarte contra el piso.
Ron dudó un instante negando con la cabeza - ¿Malfoy nuestro amigo¿Por qué Malfoy iba a querer a estas alturas nuestra amistad?
- No te equivoques Weasley – una voz fría y burlona se oyó proveniente de la puerta. Malfoy se hallaba recargado sobre los goznes, con los brazos cruzados y un dejo de ironía.- Yo nunca sería amigo de alguien como tú… por más que lo desearas tú y yo jamás podríamos ser amigos.
- Nunca, ni en mis peores pesadillas, desearía tal cosa. – Ron volvió a concentrar la atención en su caja, evitando a toda costa hacer algún caso de Malfoy.
- Lo mismo va para ti Potter.
Harry rodó los ojos y contestó mordaz – Por favor no digas eso… no podré volver a dormir.
Malfoy avanzó unos pasos al tiempo que decía con voz susurrante – Si los he soportado hasta ahora es tan sólo por mi ángel.
- Sí, sí Malfoy, lo que tú digas – Ron hizo a un lado sus cosas con impaciencia y se giró hasta quedar de frente al Slytherin. – Ahora ¿puedes decirme que diablos haces en mi cuarto?
- No creas que vine a verte, únicamente pasaba por aquí y los escuché hablar sobre mí.
- ¿Es imposible para ti no escuchar las conversaciones ajenas? – dijo Ron con enfado.
- ¿Peleando? – Hermione entraba en ese momento a la habitación, y observaba a los tres con censura.
- No… únicamente hablábamos de la imposibilidad de algunas amistades – Harry se levantó y se dirigió a la puerta – ahora Malfoy ¿puedes hacer el favor de esfumarte? – y con la mano levantada lo invitó a salir. Malfoy, sin esperar a que Harry terminara de decir aquello, salió con altivez mientras mascullaba burlonamente "¿Yo¿Amigo de Potter y de Weasley¡Ja!"
- ¿De qué habla? – Hermione se ocupó de cerrar la puerta, después de verificar que Malfoy se había perdido escaleras abajo.
- De nada importante –La actitud de Hermione fue la de quién no cree lo que le dicen y Harry terminó por ceder – Promete que no te reirás – Hermione enarcó una ceja dudosa – Es que con todo esto que sucedió y por el comportamiento de Malfoy, se me ocurrió que tal vez ahora se le había metido en la cabeza ser nuestro amigo.
Hermione soltó una carcajada y Harry se sintió apenado – Ya lo sé, fue una idea muy tonta, pero entonces ¿cómo explicas que haya ayudado a Ron?
- No lo sé a ciencia cierta, pero no creo que quiera ser amigo de ustedes, ni siquiera por mí… ¿qué haces? – preguntó al darse cuenta que Ron miraba su trabajo no muy convencido. La caja ya estaba llena y sobre la cama aún podían verse varios cómics.
- Intento acomodar esto para guardarlos debajo de mi cama.
- ¿Y eso?
- Si mamá regresa y descubre que aún están regados por todas partes, podría asesinarme… lleva tiempo acosándome para que los guarde.
Hermione se acercó quitándole los cómics de las manos – deja, yo te ayudaré – y comenzó a acomodar las revistas de tal manera, que al cabo de un rato todas estaban perfectamente guardadas.
- Eres el orden en nuestras vidas – Ron estaba exultante y se inclinó para meter la caja bajo la cama- ¿qué haría yo sin ti? – murmuró aún inclinado, sin alcanzar a distinguir la sonrisa de enorme satisfacción que se dibujó en el rostro de Hermione. De pronto la chica pareció recordar algo y sacó un frasco de su bolsillo.
- Se me olvidaba, te traje esto.
- ¿Qué es? – Ron se levantó y tomó el frasco con aprensión, para después olerlo y devolvérselo con una mueca de asco - ¡Esto huele horrible!
- Eso no importa, lo importante es que es bueno para ese golpe que tienes en la cabeza.
- No voy a usarlo – dijocon rotundidad.
-Tienes que usarlo Ron, si no esa herida podría ponerse peor.
- Peor sería ir por ahí apestando a esa cosa.
- No seas terco – Hermione destapó el frasco untándose un poco de ungüento en los dedos. – A ver, yo te lo pondré.
- Ya te dije que no – Ron retrocedió hacia la pared intentando huir de Hermione y su ungüento sanador.
- Te comportas como un chiquillo… Harry ¿quieres ayudarme con esto?
Harry negó con ambas manos.- A mí ni me metan en sus cosas – y se dejó caer sobre la cama, tomando un libro con toda la intención de no hacerles caso.
- ¡Ron¡Por favor¡Deja que te lo ponga! – Hermione hacía vanos intentos por acercarse a Ron, pero el pelirrojo seguía decidido a no dejarse convencer, cosa que comenzó a exasperar a la chica.
- Ronald ¿vas a dejar que te ponga el ungüento?
- Ni muerto – dijo saltando por encima de Harry y poniéndose lejos del alcance de Hermione.
-Odio cuando te comportas así ¿lo sabías?
- ¿Y cómo quieres que me comporte cuando pretendes que vaya por ahí oliendo a troll?
- ¡Es por tu bien¿Quién te manda a no fijarte por donde vuelas? Si no fuera por Malfoy a estas horas no sé que sería de ti – Hermione dándose por vencida cerró el frasco y se limpió el ungüento de la mano. En tanto el pelirrojo se mesaba el cabello con fastidio.
- Malfoy es un idiota… pero por lo visto a ti te encantan sus tonterías.
- No sé de que hablas – contestó Hermione tratando de hacerse la desentendida.
- ¿No? – Ron se acercó lentamente a Hermione sin despegar los ojos de ella. – Vi como le sonreías cuando volaba como un tonto enfrente de ti.
- ¡Por supuesto que sonreía¡No me negarás que se veía gracioso!
- Eso es cierto. Hasta yo estaba a punto de sonreír - intervino Harry distraídamente sin dejar de hojear su libro sin leerlo.
- ¿Y también fue gracioso lo de la flor¿Y lo del beso?
Harry, al escuchar aquello, cerró automáticamente el libro y los miró confundido. Las mejillas de Hermione se habían coloreado intensamente. Aún así respondió dominándose.
- ¿Me estabas vigilando?
- ¿De qué beso hablan?- quiso saber Harry pero sus amigos ni caso le hicieron. Seguían mirándose uno al otro midiendo sus fuerzas.
- ¿Qué fue lo que te dijo¿Mi ángel adorado o cualquier otra cursilería de esas? – La gran estatura de Ron y su enorme enfado parecían intimidar a Hermione, aunque ella hizo lo posible por no demostrarlo.
- ¡No digas tonterías!
- ¿De qué beso hablan? – volvió a insistir Harry.
Hermione completamente enojada respondió. – No tiene importancia, fue sólo que Malfoy en un descuido me dio un beso en la mejilla, pero ¿qué importa si…?
- ¿A qué horas fue eso? – Preguntó Harry a punto de soltar una carcajada. Imaginarse la cara de Hermione en ese instante resultaba hilarante.
- Pues fue antes de que… un momento – dijo cayendo en la cuenta de algo y volviéndose hacia Ron - ¿por eso chocaste¿por estarme espiando?
- ¡No te estaba espiando¡Cualquiera podría haberse dado cuenta!
- Pero nadie lo hizo porque fue muy rápido – objetó Hermione con acritud – claro, solamente tú. Lo cual indica la poca confianza que me tienes.
Aquello dejó sin palabras a Ron que la miró boquiabierto. Hermione dejó caer el frasco en la cama y salió con pasos presurosos. Harry, sin poderlo evitar, comenzó a reír disimuladamente.
- ¿Y tú de que te ríes? – preguntó Ron al darse cuenta de ese detalle.
- De lo tonto que resulta todo esto – contestó Harry tratando de controlarse – además, por esta vez reconoce que Hermione tiene razón.
Ron cayó pesadamente sobre la cama tomando el frasco que Hermione había dejado. Jugueteando con él, pensaba muy concentrado con la mirada perdida en algún punto de la puerta. Harry creyó oportuno bajar a despejarse un poco. Salió diciéndole un "ahora regreso" a Ron, quien con el frasco en la mano, apenas si respondió.
