Capítulo XXI.- Pequeños errores de prueba.

Los dos últimos días parecieron evaporarse y pronto sería hora de probar las pociones. Aunque nadie lo diera a notar, los nervios dominaban el ambiente… ¿de verdad serviría alguna de las pócimas?

Contrariamente a los que Harry había pensado, Hermione no había durado mucho tiempo enfadada con Ron, gracias a que el pelirrojo tuvo el buen tino de ponerse el ünguento que ella le había dado, que con todo y que olía a mil diablos, era muy efectiva, así que el pelirrojo pronto estuvo mejor. Harry aún recordaba las caras de todos cuando Ron se presentó oliendo a esa cosa. Por supuesto las burlas no se hicieron esperar y eso logró que de pronto, Ron recordara su diamante e hiciera uso de él, siendo Fred y Thomas las dos incautas víctimas del efecto negativo de la piedra. Thomas no dijo nada, pero Fred persiguió a su hermano por toda la Madriguera hasta que lo tuvo en sus manos. Huelga decir que Ron la pasó bastante mal.

Mientras montones de luciérnagas amarillas revoloteaban nuevamente por todos lados, Harry se hizo la nota mental de cuidarse de Ron.

- ¿A qué horas probaremos las pociones? – Ginny servía el desayuno ayudada por Harry y Hermione. Siendo los últimos días que pasarían en la Madriguera, los Weasleys se habían ofrecido muy amablemente a cocinar.

- Dejemos que reposen un poco más y a mediodía sabremos que tal resultan – pensativa, un poco inquieta, Hermione terminó de servir el último plato y al fin todos se sentaron a la mesa.

Un chisporroteo en la chimenea llamó la atención general. Tonks, con una hermosa y larga cabellera negra, salió irradiando alegría.

-¡Tonks! – Fred se levantó y fue hacia la joven bruja para conducirla a la mesa. La sonrisa de Tonks se ensanchó aún más. - ¡Qué sorpresa verte por aquí! ¿Podemos saber el motivo de tu visita?

Tonks frunció los labios y con ojos sonrientes respondió – no te hagas el chistoso, sabes muy bien que tu madre me pidió echarles un vistazo.

- ¿En serio? – preguntó con asombro George.

- ¡Fabuloso! – Exclamó Fred como si la noticia fuese para él desconocida y maravillosa.

- ¡Bah! ¡No sean tontos! – Tonks ocupó el sitio que Fred le ofrecía con charlatana galantería. – Si no he venido antes es porque múltiples asuntos me han tenido muy ocupada.

- Seguro – respondió Ginny incrédula y llevándose un poco de pan a la boca. Tonks levantó una ceja y miró a Ginny con advertencia.

- ¿Creen que únicamente tengo la misión de hacer de niñera con unos aprendices de mago que no hacen nada más que meterse en problemas? Sus líos amorosos no son tan importantes como lo que estamos llevando a cabo Lupin y yo.

- ¿Lupin? ¿Cómo está? – Harry estaba interesado en saber de él, hacía tiempo que no tenía noticias suyas.

- Bien, muy bien, con mucho trabajo por supuesto – Harry supuso que se refería a asuntos de la Orden. Tonks por su parte, miraba el desayuno con antojo - ¿puedo probar esto? – dijo tomando un poco de pastel y degustándolo con inmensa satisfacción. – Mmmm, está delicioso.

- Yo lo hice – declaró Ginny orgullosa – con un poco de ayuda de George – confesó también.

Tonks se dedicó a saborear el pastel y nada más. Su gula pareció desvanecerse cuando descubrió a Malfoy, sentado al otro lado de la mesa, callado y acabando su desayuno muy lentamente.

- ¿Cómo van con eso? – preguntó a Harry señalando imperceptiblemente a Malfoy con la cabeza. Harry hizo un escueto movimiento de hombros.

- Esta tarde probaremos las pociones. Ojalá alguna resulte.

- Entonces me quedaré – aseguró Tonks y siguió disfrutando su pastel.

Atardecía. Y la expectativa aunada a los nervios era tan densa que podía palparse. Sólo Fred y George aparentaban ser un mar de tranquilidad. Los demás, en cambio, dejaban traslucir su inquietud andando de allá para acá e intercambiando comentarios intrascendentes. Todos estaban nerviosos, pero ninguno tanto como Hermione. Mejor darse prisa. Thomas y Harry se ocuparon de poner las pociones en frascos y los gemelos de limpiar los calderos con un simple evanesco. Mientras tanto, Hermione convencía a Malfoy de probar las pociones, cosa que no fue muy difícil, ya que el Slytherin aceptó por ser mera petición de su ángel y sin detenerse a pensar el porque debía probarlas. Puesto que Hermione era quien se lo pedía, obviamente no tenía por que objetar nada.

El momento de la verdad había llegado.

La atención estaba fijada en Malfoy para no perderse detalle de su reacción.

A pesar de estar en el jardín, el aire no parecía suficiente para relajar el ambiente asfixiante que ahí se vivía. Malfoy, sentado despreocupadamente sobre el pasto, era la imagen viva de la ingenuidad. Era claro que no tenía ni idea de por que precisamente tenía que ser él quien probara las pociones.

- Creo que es hora – animó Harry a su amiga. Hermione dio unos pasos hacia Malfoy, dudando y dedicándole una ligera sonrisa, más luego, armándose de valor, tomó uno de los frascos y lo abrió con firmeza.

- Tómate esto – pidió a Malfoy dándole el frasco con la poción hecha por el mismo Slytherin, Harry, Neville y Ginny. El chico se tomó la poción en tres largos tragos. Al parecer no sabía tan mal.

Hermione contuvo el aliento en espera de lo que pudiera pasar. Un silencio pesado cayó sobre todos. Malfoy, sin entender, miró el frasco y se dispuso a devolvérselo a Hermione pero una fuerte sacudida se lo impidió.

¡Tal vez la poción si había funcionado!

El Slytherin tosió fuertemente y se volvió a Hermione diciéndole – que desagradable, pero al menos ya me lo tomé… ¿contenta mi ángel?

Oh, no. La pócima no había funcionado. Aún así todavía quedaban dos esperanzas. Hermione abrió el segundo frasco con la poción hecha por ella, Ron y Thomas. Draco dudó un poco, pero al fin se tomó la poción con tragos más cortos. El sabor debía ser menos agradable, Sus gestos así lo hacían ver.

Los chicos se quedaron quietos. Aguardando. Malfoy le devolvió el frasco a Hermione, pero esta vez nada sucedió. Esperaron un poco más y nada. Malfoy, un poco confuso, preguntó - ¿qué se supone que tiene que pasar?

Expresiones de desilusión se dejaron escuchar. Todos se revolvieron inquietos en su sitio. Cada vez la esperanza de recuperar al antiguo Malfoy se hacía más lejana. Faltaba una pócima y Hermione destapó el frasco con más furia que decisión. Si esa poción tampoco funcionaba, únicamente les quedaría buscar otro Corazón Nub. El problema era que no tenían ni la más mínima idea de donde podrían hacerlo.

Malfoy hizo un gesto renuente cuando Hermione le pasó el último frasco. La poción hecha por los gemelos y Finnigan representaba la última oportunidad de resolver el problema por la vía más fácil. Sólo que el chico no parecía muy seguro de querérselo tomar.

- Malfoy, por favor, tómatelo – dijo Hermione con voz suplicante y se acercó un poquito más al Slytherin. Realmente tenía que estar desesperada por quitarse de encima a Malfoy.

Draco tomó la poción y conteniendo la respiración lo apuró de un solo trago. Todos tenían los ojos fijos en él, pero nadie estaba tan expectante como los gemelos y Finnigan. Por un momento pareció que nada sucedería. Malfoy le devolvió el frasco a Hermione y se incorporó. Hermione hizo lo mismo con aspecto decaído. El Slytherin, al verla, abrió la boca para decir algo, pero un sonoro ¡CROAC! se lo impidió.

Se miró las manos aterrado. Un color verdoso comenzó a cubrirlas extendiéndose rápidamente por todo su cuerpo y de pronto ¡BUM! Malfoy desapareció con un chasquido.

Hermione lanzó un grito de espanto y Fred corrió hacia ella. - ¡Funcionó! ¡Funcionó!- Gritaba con algarabía mientras recogía algo del suelo.

- ¿Qué? – alcanzó a musitar Hermione, cuando con sorpresa vieron que Fred levantaba en alto un pequeño sapo. George y Finnigan comenzaron a saltar contentos y victoriosos.

- ¡Funcionó! ¡Funcionó! – Gritaban y festejaban ellos también.

- ¿Un sapo? ¿Lo convirtieron en un sapo? – preguntó Neville sin saber si reír o asustarse. A Harry todo aquello no le extrañó demasiado.

- Oye, ¿pero no tenía que quedar platino? – Finnigan inspeccionaba el sapo detenidamente y George se aproximó para examinarlo también.

- Es verdad, quedó completamente verde.

- Tal vez fue un pequeño error al mezclar los ingredientes – dedujo Fred pasándole el sapo a su gemelo.

- ¿No hicieron la poción que les correspondía? – El tono de Hermione sonaba terriblemente amenazador. Dio unos pasos hacia ellos conteniéndose todo lo humanamente posible. – No…no puedo creer que sean tan irresponsables – las palabras se atoraban en su boca, mientras se agarraba la frente con impotencia.

- Por supuesto que la hicimos – George dejó de mirar al sapo para concentrar su atención en Hermione – ésta es sólo una poción que desde hace tiempo queríamos probar.

- ¡Vuélvanlo a la normalidad ahora mismo! – ordenó Hermione apuntándoles con un dedo.

- Qué carácter – murmuró Fred sin dejarse impresionar. Luego, ceremoniosamente, extendió una mano a Seamus y pidió – cuchara -. Finnigan rebuscó en sus bolsillos y sacó una cucharilla que de inmediato puso en la mano del gemelo. Fred la cambió de mano y volvió a extender la otra hacia Finnigan pidiendo – poción -. El chico buscó otra vez en sus bolsillos, sacando esta vez un frasco que no dudó en poner en la mano de Fred. El gemelo, con toda la solemnidad posible, destapó el frasco y puso una pequeña cantidad de pócima en la cuchara. De inmediato se la dio al sapo.

Un fuerte estremecimiento sacudió al animalillo en las manos de George. Sorpresivamente ¡BUM! se transformó en un pequeño ratón.

Ron movió la cabeza apesadumbrado mirando como Hermione estaba a punto de estallar.

- Éste si quedó platino y debió haber quedado normal – apuntó Finnigan tocando levemente al ratón con el índice.

- Debió haber sido a causa de los ingredientes – murmuró George mirando detenidamente al ratón, que tenía una extraña apariencia de pelo platino y ojos grisáceos.

- Otro error – determinó Fred rascándose la cabeza – tenemos que revisar en que nos equivocamos.

- Cuando terminen con eso, tal vez decidan hacer lo que deben – Hermione respiraba entrecortadamente por el enorme esfuerzo que estaba haciendo de controlarse. Harry puso una mano en su hombro para tratar de tranquilizarla.

- Bueno, pero logramos lo que queríamos ¿no? – Hermione se volvió a Fred pulverizándolo con la mirada. Fred explicó - ¿No querías deshacerte de él?

- ¡No! – Contestó Hermione de forma airada - ¡Quería que volviera a la normalidad! ¡Aunque fuera el mismo arrogante y desagradable Malfoy de siempre!

Los gemelos y Seamus intercambiaron una mirada. Finnigan sacó otro frasco y se lo pasó a Fred. El gemelo hizo que el ratón se tragara una cantidad considerable de pócima, luego George lo puso en el suelo. El animalillo de inmediato echó a correr y de repente ¡BUM! Apareció Malfoy en el suelo.

Titubearon un poco, pero en seguida Harry y Neville fueron en ayuda de Malfoy.

- ¿Qué… qué me hicieron? – balbuceaba Malfoy todavía asustado.

- Nada, fue un pequeño error en la pócima – contestó Neville con cara de seriedad – pero no fue nada grave estás bien ¿no?

Malfoy, de un jalón, se soltó de ambos chicos – estoy bien, pero no gracias a ustedes – rumió.

- Eh, Hermione – Fred se había acercado a Hermione extendiéndole un nuevo frasco – será mejor que se la des –. Al ver la expresión de la chica, aseguró – te juro que esta si es reestablecedora.

Hermione le arrebató el frasco aún dudosa, sin embargo, fue a donde Malfoy diciéndole – todavía falta ésta.

- Pero mi ángel… - intentó decir Draco.

Hermione sin hacer caso le puso el frasco en la mano. – Por favor, hazlo por mí – pidió con sequedad.

Malfoy vaciló un poco, pero al fin, decidiéndose, se llevó el frasco a la boca. El interés creció. Era la última oportunidad de salir bien librados de todo ese barullo. Hasta Tonks parecía contener el aliento.

Pasaron unos segundos y nada. Esperaron otro poco y ningún efecto, para bien o para mal, hizo acto de presencia. Mala suerte. Ninguna poción había servido.

- Les dije que el maleficio sólo se rompía con otro Corazón – dijo Neville rato después de haber entrado a la Madriguera, rompiendo con estas palabras el abrumante silencia que se había extendido por la casa.

- ¿Y ahora que haremos? – La cara de Hermione dejaba ver su angustia - ¿cómo volveremos a Hogwarts con este problema?

- Lo resolverán – trató de consolarla Tonks – ya verás Hermione, las cosas resultan mejor cuando se sabe esperar.

Hermione respondió con una débil sonrisa.

Tonks se había marchado con una cordial invitación a la fiesta de despedida que planeaban los gemelos. La joven bruja dio su palabra de que no se la perdería y prometió llevar una sorpresa.

A esas alturas Hermione parecía haberse resignado y Harry, como buen amigo, le había hecho ver que tanto él como Ron la ayudarían a que nadie de la escuela notara el estado de Malfoy. Sin ninguna idea, claro, de cómo llevar aquello a cabo.

- ¿Cómo lograrás que nadie note que algo raro le sucede a Malfoy? – Neville, Ron y Harry se encontraban aquella noche cerca del fuego, los demás, sin demoras de ningún tipo, se habían ido a dormir. Neville interrogaba a Harry acercando sus manos a las llamas. El clima esa noche no era tan agradable. - ¿Cómo le haremos para encontrar otro corazón?

- Ni idea – Harry respiró hondo observando con fijeza el fuego – tal vez lo único que tengamos que hacer es mantener a Malfoy alejado de Hermione… aunque si se le ocurre abrir la bocota echará todo a perder.

- Lo hará – dijo Ron con convicción – el muy idiota no dudará en hacerlo.

- Podríamos darle más poción de selenosis – opinó Neville, pero Ron lo contradijo.

- Con Malfoy necesitaríamos un caldero… no, no creo que funcione. En cuanto al Corazón… - meditó unos instantes pero no se le ocurrió nada digno de decir. Harry entró en su ayuda.

- Podríamos pedirle a Tonks que nos ayude con la búsqueda de uno.

-¿Dónde? ¿En la Colina? Ya la recorrimos toda y no encontramos nada – Respondió Ron con furia lanzando una especie de polvo azul al fuego y haciendo que explotara en pequeñas chispas.

Los tres guardaron silencio, sin dejar de mirar las chispas que coloreaban las llamas de un intenso azul, casi hipnótico. Ese regreso a Hogwarts sería más que complicado, ¿cómo reaccionarían en el colegio ante cualquier cosa rara que Malfoy hiciera? El rumor se propagaría como un incendio. Eso ni dudarlo. ¿Y si se enteraban los profesores? ¿Qué harían, qué pasaría?

- A saber lo que se le ocurrirá a Malfoy – Neville se sentó en el suelo, apartando por fin su atención de las llamas – sólo falta que le proponga matrimonio a Hermione en pleno Gran Comedor.

La cara que puso Ron fue suficiente para saber su opinión al respecto. A Neville pareció ocurrírsele de pronto algo.

- ¿Por qué te ayudaría Malfoy cuando chocaste con el árbol?

- Porque está loco – fue la simple respuesta de Ron.

- Fue por Hermione. – Harry se ajustó las gafas en la nariz y se quedó pensando, después añadió – tal vez creyó que si algo malo le pasaba a Ron, eso le dolería a Hermione.

Neville echó un rápido vistazo a Ron, pero no dijo nada. Una voz agria susurró desde las sombras – no me importa en lo absoluto lo que le pase a Weasley – Malfoy dio unos pasos permitiendo que la luz de la chimenea lo iluminase – aunque tienes algo de razón Potter, si lo ayudé fue por mi ángel.

- ¿No puedes evitar meterte en lo que no te importa? ¿Es que tienes un sexto sentido para interrumpir conversaciones privadas? – Ron, refunfuñando, lanzó el resto del polvo a la chimenea, logrando hacer saltar nuevas y numerosas chispas.

- Para tú información sólo bajé por un vaso de agua –contestó Malfoy apenas despegando los labios. – Pero al menos no soy tan tonto como para chocar con un árbol y romperme toda la cara – Draco se deleitaba con el malhumor que ocasionaba en Ron con su comentario. – De no ser por el rostro angustiado de mi ángel mientras caías, ni me hubiera molestado en ayudarte.

- ¿Y qué quieres? ¿Qué Ron te lo agradezca de rodillas? – Harry tampoco tenía el humor suficiente como para soportar a Malfoy, así que antes de que empezaran a pelear, decidió mejor marcharse. – Vámonos – dijo – ya es hora de dormir.

No pudieron evitar pasar al lado de Malfoy, ni pudieron evitar oír que susurraba – por mí que los devoré un dragón – Harry pasó de largo sin hacer caso, pero antes de subir las escaleras, Malfoy le indicó con intensidad – Potter, estamos a mano. – Harry se detuvo y lo miró sin comprender. Draco aclaró – conmigo no te hagas el héroe porqué para mí no lo eres. Tú me salvaste del boggart y yo le salvé a Weasley el pellejo. No te debo nada.

- No pensaba cobrarte – le contestó Harry fríamente. Luego, los tres, subieron sin dejar de preguntarse com demonios harían para resolver ese problema.

Mil y un disculpas por la tardanza de este capítulo. Era más largo pero no sé que rayos le pasó a mi diskette y perdí la otra mitad. De cualquier forma no quise demorar más y aquí lo tienen. Lo más pronto posible recuperaré o reescribiré la otra parte y la publicaré aunque ya como otro capítulo.

Quería terminar el fic para antes de la publicación del sexto libro en español. Supongo que no me será posible, así que les pido que no tomen en cuenta nada del Príncipe Mestizo para esta historia. Después de muchas dudas decidí dejarlo como estaba planeado originalmente.

Gracias por su paciencia y pronto, muy pronto, entraremos ya en la recta final.

Y ahora será el turno del diamante.