Capitulo 1:
Roy Mustang maldijo entre dientes mientras trataba de comprender las marcas en aquel mapa arrugado y desteñido. Unos copos fríos de nieve le golpearon en la cara, conducidos por un viento ululante que amenazaba con arrancarle el papel de las manos. ¿Para que le servia de toda maneras? Había seguido el flanco del cañón equivocado, y ahora se había perdido. No había nada que pudiera hacer salvo encontrar refugio y esperar a que pasara aquella maldita tormenta.
Con un gruñido de protesta, Roy doblo el mapa y volvió a guardarlo en el bolsillo de su abrigo. Debió sufrir un ataque de locura cuando accedió a llevar a cabo el absurdo plan de Horase Hawkeye. La recompensa en dinero que el anciano ofrecía desde hacia mucho por recuperar a su nieta perdida le había parecido una buena oportunidad de ganar algún dinero y a la ves aprovechar el viaje que obligatoriamente debía hacer por sus compromisos militares. ¡Pero no había dinero que pagara el soportar el frió helador de las tormentas de nieve de esas malditas montañas!
El caballo relincho bajo su cuerpo, sacudiéndose la nieve de la montura mientras Roy lo guiaba por la traicionera pendiente del cañón. Más abajo, a lo lejos, un arroyuelo estrecho descendía por el cañón como un laso de plata enroscado. El habría preferido hacer el viaje en coche, pero por las inclemencias del clima y lo malo de los caminos la única solución seria a caballo
Que demonios, habría podido jurar que conocía aquel país como la palma de su mano. ¡Pero con aquella tormenta no podría haber dicho el nombre de ese arroyo ni del maldito cañón, ni por todas las mujeres bonitas de Central!
Habría dado cualquier cosa por estar en aquellos momentos allí. O mejor aun, n la casa de Maes, con sus peguntas estupidas, y su adorable y atenta esposa Gracia y Elissia, la pequeña hija de la pareja. Las noches de invierno en aquella casa ruidosa, estaban siempre repletas de calor, risas y la mejor tarta de manzana del lugar.
Pero no estaba en Central. Ni tampoco en la casa de Maes. Estaba en medio de la nada buscando a una joven de cabellos claros que un hombre de la zona había visto con un grupo de rebeldes ishbalanos que no habían querido ir al campamento como había hecho el resto de la tribu.
Roy se había enterado de lo que había visto el hombre y, como sabia que Horase Hawkeye, un acaudalado especulador de tierras del Este, ofrecía una generosa recompensa a quien le devolviera a su nieta desaparecida, el, que conocía las montañas y debía encontrar al grupo de ishbalanos para intentar convencerles de que se digieran al campamento, se había puesto en contacto con Hawkeye. Los dos habían llegado a un acuerdo. Un tercio del dinero si la búsqueda fracasaba al cabo de tres meses, y la suma completa si devolvía a Elizabeth Hawkeye viva a casa.
Hawkeye le había contado la historia con lágrimas en los ojos. Su único hijo, se había obsesionado con convertirse en alquimista y para peor se había enamorado de Elizabeth Grumman, la hija del hombre la que más detestaba. La verdad es que la muchacha era una belleza y tenía a todos los solteros de ciudad del Este a sus pies. Pero ella los rechazo a todos y convenció a su hijo para que se casaran en secreto y se fugaron. Los Hawkeye, sintiéndose ultrajados, lo habían desheredado y le cerraron las puertas a la joven pareja.
Armándose del valor, los recién casados se mudaron a un pequeño pueblo, donde Elizabeth dio a luz a una niña. Siete años después, se marcharon rumbo a Central en busca de una vida mejor pero fueron asesinados en el camino. Una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril encontraron los cuerpos de ambos al lado de lo que alguna ves fue su coche. Pero la pequeña Elizabeth había desaparecido sin dejar rastro.
Roy pensó en el pequeño retrato con marco de plata que Hawkeye la había dejado y que llevaba cuidadosamente envuelto en el pañuelo dentro del abrigo. Elizabeth Hawkeye había sido una princesa rubia de cuento de hadas de facciones hermosas y ojos dulces. Si su hija había sobrevivido y se había hecho adulta, había bastantes posibilidades de que se pareciera a su madre en la actualidad. Excepto en una cosa, recordó Roy. El había visto a mujeres de ciudad que vivían en las duras condiciones de aquellos pueblos en el desierto o las montañas. Las duras condiciones de vida y el duro trabajo las desgastaban muchísimo, sobre todo si tenían hijos.
Las mujeres rescatadas tenían un algo triste y roto en ellas. Aunque sus familias las aceptan, muy pocas eran capases de acostumbrarse a la vida en una gran ciudad. Roy no le haría ningún favor llevándole a Horase Hawkeye a su nieta a ciudad del Este. La pobre criatura seria seguramente una carga y una vergüenza para la familia durante el resto de su vida.
Pero daba igual. El dinero podía comprar muchos sueños. Sus sueños.
Si podía encontrar a Elizabeth Hawkeye, y además convencer a los ishbalanos de que fueran pacíficamente con el, ese seria su pasaje para un asenso.
La nieve caía ahora con más fuerza. Daba la impresión de que la tormenta iba a empeorar. Tenia que encontrar refugio de inmediato mientras todavía pudiera ver.
A través de la nieve cegadora se vislumbraba a lo lejos un conjunto de ramas caída de los arbole que se habían apilado contra los álamos, formando una especie de refugio de troncos y ramas. Con suerte habría suficiente espacio como para acomodarse debajo. No era un lugar tan seguro como Roy habría deseado, pero en aquel momento no estaba en condiciones de escoger.
A lo lejos, el arroyo resbalaba contra su cama de piedra. Había mucha caída hasta el fondo del cañón, se recordó Roy mientras guiaba al caballo contra el estrecho desfiladero. Si un hombre cometía la torpeza de caer tendría suerte de sobrevivir con unos cuantos huesos rotos. Pero seguramente se congelaría hasta morir.
Ahora podía ver claramente el refugio de ramas, un amasijo cubierto de nieve. Antes de intentar llegar a el, tendría que encontrar un lugar seguro para evitar que su caballo no vagara bajo la tormenta.
En aquel momento un búho asustado surgió de entre las ramas. Sorprendido por la presencia de hombre y montura, el pájaro voló directamente contra la cabeza del caballo.
El caballo relinchó, salto y perdió el pie. Roy tiro de las riendas en un esfuerzo titánico por recuperar el control del animal, peor no sirvió de nada. El mundo blanco y giratorio de la tormenta parecía envolverlos mientras ambos se precipitaban pendiente abajo.
Atrapado en un amasijo de piernas y patas, Roy trato de sacar los pies de los estribos antes de que el caballo vacilante rodare sobe si mismo y lo aplastara. Retorciendo sus torturadas articulaciones, consiguió sacar un pie. Pero para el otro era demasiado tarde. El movimiento del caballo lo hizo saltar de la silla .Atrapado por una pierna, Roy se precipitó por la pendiente rocosa. Roy escucho el aullido mortal que soltó el caballo al golpearse contra las piedras afiladas. Un segundo más tarde, su cuerpo corrió la misma suerte. Cuando su cabeza choco contra la primera roca, sintió como si algo se le clavara por la parte de atrás de la cabeza. Roy gimió, fue a dar al fondo y allí se quedo quieto.
Mientras el día daba paso a ala noche, la nieve lo rodeo como si fiera una esponjosa manta blanca.
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Riza estaba bajando un caballo desde la parte superior del cañón Tras a atarlo a un plataforma con ruedas, lo guiaba perezosamente por el margen del arroyo en dirección al campamento de invierno cuando se topo con los cuervos.
Aquellos pájaros negros y ruidosos estaban picoteado un montículo. Al parecer se trataba de algún animal cubierto por la nieve caída durante la tormenta del día anterior. Fuera lo que fuera, los ciervos se las habían arreglado para dejar al descubierto un poco de pelo oscuro y tiraban de el con sus picos.
Riza dejo la plataforma al lado del arroyo y se acerco un poco más para investigar. Se avecinaba la estación dura, cualquier tipo de carne seria buena para su gente, sobre todo ahora que debían emigrar mas deprisa, para el pequeño grupo que ella consideraba su familia. Si el animal había muerto limpiamente y el frió había evitado que se pudriera la carne, valdría la pena avisar a las mujeres para que fueran a trocearlo.
Cuando ella se aproximó, los cuervos huyeron precipitadamente y se posaron en las ramas e de un viejo pino. Esperaron con impaciencia a que Riza se inclinara para apartar mas nieve con sus guantes. La nieve crujía bajo las suelas de sus botas de piel.
La joven había esperado encontrar un alce bajo el manto blanco. Pero cuando su mano rozó la dureza de la silla de montar, se quedo paralizada y abrió los ojos ámbar de par en par.
Allí había muerto un caballo. Un caballo montado por algún hombre. Seguramente habría caído por alguno de los flancos superiores. Peor como había muerto era la última preocupación de Riza en ese momento. Si había una silla de montar, tenía que haber un jinete. Y si había un jinete, probablemente habría más. Tal ves muchos más.
¿Militares? Con el corazón acelerado, Riza aparto mas nieve. ¿Los habrían encontrado finalmente los militares? ¡Estaría su pequeño grupo rodeado, y se verían obligados a ir al campamento, donde habían enviado a todo el resto de los ishbalanos que ahora vivían encerrados? Ella sabia que si los miembros de su grupo se vieran obligaos a realizar el duro viaje lo mas probable seria que no todos sobrevivirían.
Y lo pero de todo fuera tal ves su propio destino. Cuando los soldados vieran su cabello rubio, su tez blanca y sus ojos ámbar la llevarían de regreso a la ciudad. Y no volvería a ver a su querida gente.
Riza aparto más nieve y dejo al descubierto una asilla, la manta que tenia debajo y el rifle metido en su funda de cuero. Sintió como su respiración se tranquilizaba, pero al encontrar un reloj de plata se dio cuanta de que lo había vistos algunas veces en los militares, alquimistas…
Alejo los pensamientos de su mente, saco el rifle y contuvo una exclamación de euforia. Era un arma estupenda. Ella tenía muy buena puntería, con ella podría defender mejor a su gente en caso de una emergencia.
Balas. Las necesitaría. Tendrían que estar allí, tal ves en las alforjas. Estaba metiendo las manos más profundamente cuando algo llamo la atención. Algo de color negro que sobresalía sobre la nieve, justo bajo el vientre del caballo. Riza tiro.
Era una bota de un hombre. La joven agudizó todos sus sentidos para examinarla .El tamaño de la bota le decía que su dueño no era ningún niño. Y las suelas gastadas daban a entender que había caminado con los pies. Pero, ¿había sido joven o viejo? ¿Amigo o enemigo? La bota no respondía a ninguna de las dos preguntas.
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Riza escucho un sonido al lado del arroyo que la obligo a girarse. Con la mano enguantada acaricio el filo de su cuchillo de esquilar. Aguantando la respiración, escucho. ¿Habría sido solo el viento susurrando en la copa de los árboles? ¿Se trataría del espíritu del dueño de la bota? Riza dejo la bota a un lado y se dirigió al lugar de donde había provenido el sonido.
Volvió a escucharlo cuado se acerco al arroyo. Era un gemido. El sonido de un ser humano sufriendo.
Con el cuchillo en la mano, se acercó un poco más. Un hombre herido podía llagar a ser tan peligroso como un animal herido. No podía permitirse el lujo de que la pillara desprevenida.
Había una fina capa de nieve entre dos pedruscos elevados. Los ojos escrutadores de Riza captaron un leve movimiento ascendente, como si se tratara de una respiración. Allí había algo. Algo alto y grande.
Sin apartar los ojos de la nieve, Riza agarro una rama desnuda que había caído de un árbol. Manteniendo las distancias, metió la parte puntiaguda en la nieve. Hubo un movimiento convulsivo y se escuchó el sonido que podría haber sido una leve protesta. Ella dio un salto hacia atrás sin dejar de apretar el cuchillo.
-¿Quién eres?
Riza sabia que podía pasar perfectamente como una chica de cuidad, ya que un hombre de Central hacia tiempo se había casado con una mujer ishbalana y permaneció con ellos tres inviernos antes de morir de neumonía, cuando Riza tenia catorce años-. El la había animado a que mantuviera las costumbres que había aprendido con sus padres para que algún día pudiera hablar en nombre de su pueblo. Aquel día no había llagado aun.
-¡Contesta! ¿Quién eres?- repitió con tono exigente.
No hubo repuesta de la capa de nieve.
Repitió la pregunta, pero el silencio solo fue interrumpido por el graznido de un cuervo. Los ojos de Riza no detectaron ningún movimiento bajo la nieve. Ni siquiera un cauteloso pinchazo fue capas de despertar la vida que había allí debajo.
Un lento temor comenzó a formarse en el estomago de Riza, subiéndole hasta la garganta, explotando con una ansiedad que la llevo a entrar en acción.
Sus manos enguantadas rascaron la nieve con desesperación. Emergió un hombre cubierto por un grueso abrigo de piel que estaba congelado hasta el punto de rigidez. Una mano desnuda descansaba sobre la pechera del abrigo, una mano masculina que paresia congelada. Tenía los dedos arañados. La sangre se le había congelado por el frió.
Riza envaino el cuchillo y se inclino para apoyar el rostro sobre la mano. La carne estaba casi tan fría como la nieve que la cubría.
"Déjalo como esta", le susurró su vos interior, advirtiéndola. "estas casi segura de que es un militar. Sea cual sea la razón que lo ha traído hasta aquí, no puede tratarse de nada bueno. Será mejor que muera y que deje a tu gente en paz"
Pero mientras aquel pensamiento se le cruzaba por la cabeza, Riza aparto la nieve del rostro del desconocido. Las facciones que surgieron bajo su guante eran fuetes y armónicas. Pestañas oscuras congeladas, mejillas pálidas, labios azules del frió… Por la frente le caían unos mechones negros helados.
Era un hombre joven, fuerte y guapo que estaba congelado, y además era militar.
"Déjaselo a los cuervos. Este hombre debe ser un alquimista estatal. Y aunque sea inofensivo has llegado demasiado tarde para salvarlo"
Ignorando los avisos de su mente, Riza abrió la parte delantera del abrigo del joven y apoyo la orea contra su pecho. Al principio no escucho nada y el corazón le dio un vuelco. Luego, apretándose contra el, sintió un latido débil bajo la chaqueta del uniforme. Era tan leve que al principio pensó que lo había imaginado. Pero no, allí estaba otra ves. Estaba vivo, pero a menos que pudiera llevarlo la campamento no duraría mucho tiempo.
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Ya esta chicas, el segundo chapter y espero que las ideas ya se hayan aclarado un poco mas y que les haya gustado, como siempre les comunico que mañana será la actualización aunque la ahora no la se, ya que entre a clases así que corro todo el día.
Como siempre atardezco as los que leen y por supuesto a los que me dejan su opinión así que:
Xris: Gracias por el apoyo, ya paso el primer día y sobreviviré, jejeje. Me alegra que te haya interesado la historia y que me tengas tanta fe, pero según mi opinión es una de las historias mas bonitas que he leído y quería compartirla con ustedes aunque sea de esta manera, un beso amiga y nos leemos mañana, ciao.
Ayumi Warui: Siempre es un agradó saber quienes son los que siguen las historias, ya sean adaptaciones o las locas ideas que surgen de mi cabeza, así que por eso y por tus lindas palabras te lo agradezco infinitamente, esto es lo que me da ánimos de seguir auque a veces este llena de cosas, saber que se darán un tiempo para leerlo me llena y me recompensa mas que cualquier cosas, por eso gracias y nos leemos mañana, ciao
Walku-chan: Me alegra que te haya gustado el comienzo, realmente para mi es una buena historia y espero que también la consideres así, gracias por el apoyo y nos leemos mañana en un nuevo chap, ciao
