Capítulo XXIV.- De vuelta a Hogwarts.
- ¿No han visto a Hedwidg?
- ¡Dile a tu tonto gato que se quite de aquí!... ¡Pig!... ¡tonta lechuza! ¿dónde estás?
- ¡Crooshanks, ven acá!
-¡Ron! ¡Ya atrapé a Pig!
Esa mañana la Madriguera era un desastre. A pesar de que, supuestamente, ya deberían estar todas las cosas listas, las corretizas arriba y abajo de la casa eran inminentes. Tan sólo Malfoy y Hermione estaban ya listos y esperaban a que los demás terminaran de guardar sus cosas.
-¿Quieren dejar de dar vueltas? - Pidió un fastidiado Fred – no recuerdo que nosotros hiciéramos lo mismo – dijo dirigiéndose a su gemelo, quién le dio la razón con apenas un gesto de asentimiento.
- Lo hacían – les afirmó Ginny, bajando veloz las escaleras con algunas cosas en la mano – bien, yo ya estoy lista – aseguró cerrando con prisa su baúl.
- También yo – confirmó Ron, con la jaula de Pig en la mano.
- Ya sólo faltan Harry y Neville – dijo Thomas acomodando su equipaje junto al de Seamus.
Harry y Neville bajaron pasados unos minutos, dejando también sus baúles junto a los demás. Hedwigd al fin estaba en su jaula.
- Ahora sólo falta que lleguen Tonks y Kingsley. Tenemos tiempo – espetó Harry revisando su reloj.
No esperaron mucho. El auto conseguido por Tonks y Kingsley, pronto apareció por la vereda, serpenteó un poco y finalmente se detuvo frente a la casa.
- ¿Listos para regresar al colegio? – preguntó Tonks bajando del auto y sonriéndole a todos.
Kingsley bajó también y saludó con extrema cortesía a todos los ahí presentes. Dudó un poco con Malfoy, pero al fin decidió saludarlo de igual forma. Draco, por su parte, no se dignó a devolver el saludo y Kingsley, enarcando una ceja, miró a Tonks.
- No le prestes atención – dijo la joven bruja sin darle importancia – a pesar del hechizo sigue siendo tan lindo como siempre, ya sabes, un auténtico Malfoy.
Kingsley encogió los hombros y aceptando el consejo de Tonks, se aprestó a ayudar a los muchachos a subir el equipaje al auto. Éste, por supuesto, tenía un hechizo para hacerlo más amplio. Pronto todos estuvieron arriba y Kingsley pudo ponerlo en marcha.
- ¿Y qué han decidido? – Tonks había soltado la pregunta como al azar, pero Harry sabía muy bien que se refería al problema de Malfoy. Tonks era muy agradable y digna de toda confianza, sin embargo, habían decidido no contarle nada con respecto a Lucius Malfoy. Entre menos gente se enterara de ello, mejor.
- Haremos un último intento de resolverlo nosotros – respondió Harry escuetamente – si no obtenemos resultado alguno, hablaremos con Dumbledore.
- Eso me parece lo más sensato – observó Kingsley con reservas – el efecto del Corazón Nub puede parecer una broma, pero en realidad es peligroso. El afectado pierde la noción de la realidad.
Un espeso silencio invadió el auto. Vaya si lo sabían. Harry observó a Malfoy, muy atento a los manchones raudos que pasaban a través de la ventana y sin interesarse en la plática. Desde la tarde anterior había permanecido callado, ajeno a todo. La poción para dormir sin sueños parecía haberlo ayudado un poco y no había tenido ya ningún malestar. Ahora ignoraba a todos, incluso a Hermione, pero eso, bien lo sabía Harry, no representaba ningún alivio.
- Un corazón Nub – la voz grave de Kingsley los sacó de sus preocupaciones – algo prácticamente imposible de encontrar y sin embargo, ingrediente principal de las más poderosas pociones. – Hablaba consigo mismo, en tono reflexivo. Todos volvieron la vista a Ron, quién se revolvió incómodo en su asiento.
- ¿Piensan qué tal desperdicio es mi culpa?
Nadie respondió y Ron, con voz afectada, rumió "la culpa de todo la tiene Malfoy".
- Lo siento Ron, no quería molestarte – se disculpó Kingsley y eso pareció evaporar el mal humor del pelirrojo.
Pronto llegaron a King Kross y Kingsley aparcó el auto en un lugar convenientemente lejos de miradas indeseables. A nadie le convenía que vieran bajar a Malfoy del mismo auto que Harry y los Weasleys.
- Hemos llegado – anunció Tonks desperezándose en su asiento.
- Bueno, ahora vayamos a los andenes – Fred hizo ademán de salirse, pero Kingsley lo detuvo.
- Será mejor que Malfoy vaya primero – advirtió.
El Slytherin volteó y asintió impasible. – Está bien, iré yo primero. Así estaré antes de que llegué mamá.
Eso cayó como un balde de agua fría en los demás.
- ¿Tu madre? – preguntó Hermione nerviosa.
- Por supuesto mi ángel. Recuerda que no la veré hasta vacaciones y ella querrá desearme un buen curso.
- ¿Y si le pregunta algo a la madre de Crabbe? – preguntó Ron asociando ideas de inmediato.
Malfoy lo miró con desprecio. – Eso ya lo había pensado Weasley, no creas que soy tan descuidado – Ron arrugó la nariz, y Malfoy, sin atender a eso, continuó dirigiéndose exclusivamente a Hermione – La madre de Crabbe no vendrá, así que le escribí a él para quedar de vernos a la entrada de los andenes y así llegar los dos juntos con mi madre.
Salió del auto y arrastró su baúl fuera. Antes de que se marchara, Hermione le hizo una advertencia. – Malfoy, recuerda lo que hablamos. Si alguien te pregunta donde estuviste...
- Diré que luego les contaré.
- Y recuerda que debemos fingir indiferencia – observó Hermione sentenciosamente. Malfoy, sin embargo, hizo un gesto de impaciencia.
- Lo sé mi ángel. Sé que debemos guardar lo nuestro en el más estricto de los secretos, pero no entiendo aún por qué...
- Ya te lo dije, no quiero que tus compañeros de casa te molesten. Eso me preocuparía demasiado – Hermione, bajando un pie del auto, le dijo todo aquello a Malfoy muy rápidamente, fingiendo muy mal su angustia. Definitivamente no era muy buena actriz. Aún así, Malfoy pareció ceder y dio media vuelta, arrastró su baúl un poco y se detuvo. Regresó la vista a Hermione como pensando en algo.
- ¿Qué sucede? – preguntó ésta, inquieta.
Malfoy regresó sobre sus pasos y antes de que alguien pudiera darse cuenta de lo que iba a pasar, depositó un beso en la frente de la chica.
- Te quiero – le dijo con adoración y le acomodó un mechón de cabello, después regresó a su baúl y sin volver la vista atrás lo arrastró hacia los andenes.
Lo vieron desaparecer dentro del edificio. Todos aún lo miraban incrédulos.
- Yo que ustedes hablaba con Dumbledore – aconsejó Kingsley después que Malfoy hubiera desaparecido.
Poco después todos se dirigían rumbo al expresso. Seamus divisó a sus padres y fue corriendo hacia ellos. Casi enseguida se toparon con la abuela de Neville quién los saludó muy cortésmente y se quedó con su nieto dándole algunos consejos para el curso. Los padres de Thomas también estaban ahí y luego de saludarlos brevemente, dejaron a Dean con ellos.
Los gemelos dijeron haber olvidado algo y regresaron al auto. Kingsley los acompañó, mientras Hermione, Ginny y Tonks venían muy atrás charlando animadamente.
Ron, al lado de Harry, lucía muy pensativo. Empujaba el carrito con su baúl más distraído que de costumbre.
- ¿Qué pasa? – quiso saber Harry. Ron salió de su distracción como de un sueño.
- ¿Eh? Ah... no... no es nada – dijo callando después y respingando incómodo. Harry sabía que tenía que esperar un poco para que Ron sacara todo lo que le preocupaba.
Cruzaron la barrera que los separaba del mundo muggle y Harry se sintió enormemente aliviado. Ahora quizás fuera todo mejor. Se pararon a esperar a los gemelos y Ron seguía inquieto.
- ¿Me lo dirás de una vez? – le dijo con impaciencia al ver a Ron moverse de aquí para allá nerviosamente.
- ¿Eh?
- ¡Oh, vamos Ron! ¡Sé que algo te está preocupando! ¿Me lo dirás tú solo o tendré que obligarte a ello?
Ron enrojeció hasta la punta del pelo y comenzó a balbucear con una voz tan baja que Harry tuvo que hacer enormes esfuerzos para escucharlo y entenderlo. – Es que... lo que pasa es... bueno, tú sabes... – no, no sabía – Hermione - ¿qué con ella? – Hermione no... o bueno, más bien dicho... – Harry se armó de paciencia, no le quedaba otra opción. Ron tomó aire – Lo que quiero decir es... – bajó aún más el tono de su voz - ¿tú... tú crees que Malfoy... Malfoy pueda... pueda querer realmente a Hermione?
- ¿Qué?
- ¿Qué si crees que Malfoy pueda querer realmente a Hermione? – preguntó Ron con más firmeza.
- ¡Por supuesto que no! – respondió Harry sin dudar - ¿cómo se te ocurre? Malfoy es malvado y por todos sus prejuicios sería incapaz de querer a alguien como ella. Claro, suponiendo que él fuera capaz de querer a alguien. Es sólo cosa del Corazón.
- Si, es cierto, dijo Ron con una sonrisa de alivio – y Hermione... Hermione tampoco... ni aún bajo un hechizo...
Harry dejó escapar una carcajada y Ron lo miró ofendido. – Eso ni pensarlo – espetó Harry tratando de guardar la compostura para no herir más a Ron – Hermione tiene principios y créeme, Malfoy jamás los entendería... ¿crees que Hermione querría a alguien así?
Ron negó con la cabeza. Por unos minutos nadie dijo nada hasta que vieron acercarse a Hermione, Ginny y Tonks. Ron le susurró sin que ellas pudieran escucharlo – lo del P.E.D.D.O. no está tan mal después de todo ¿verdad?
- ¿Eh? – más que sorprenderle lo dicho por Ron, cosa que no sabía a que venía, a Harry le sorprendió escuchar que por primera vez Ron pronunciaba correctamente las siglas de la sociedad de Hermione.
- Por fin aquí – Tonks abrió los brazos como si quisiera abarcar el expresso de Hogwarts con ellos. Lucía enormemente contenta.
- Subamos los baúles y busquemos un vagón en lo que llegan los gemelos – propuso Harry, pero no fue necesario, Kingsley, Fred y George ya venían acercándose.
- Bien, aquí están – Fred puso en las manos de Harry una bolsita herméticamente cerrada con un cordel, luego le dijo al oído – es por si Malfoy llega a fastidiarlos.
- ¿Qué es? – preguntó Ron mirando la bolsita.
- Son polvos Bulbadox – dijo George orgulloso – con sólo un poquito harán que Malfoy se arrepienta hasta de lo que no ha hecho.
- No creo que sea necesario – intervino Hermione con acritud . Malfoy estará bajo control.
- Eso es lo que tú piensas Hermione – expuso Fred muy serio – pero la verdad es que en cualquier momento puede hacer otra estupidez.
- Así que procura no quedarte sola con él – aconsejó George con todo el espíritu de un hermano mayor.
- No sea que quiera llevarte de nuevo con Lucius Malfoy – volvió a intervenir Fred.
- Así que ustedes – George se dirigió a Harry y a Ron – están comisionados para cuidarla.
- En especial tú, Ron – Fred lo golpeó en el pecho con un dedo y Ron arrugó la frente – como ambos son prefectos pasarán más tiempo juntos. Así que cuídala más que a ese tonto diamante que llevas ahí y que nunca nadie jamás podrá tocar.
Ron le dio un manotazo a Fred y enfurruñado empezó a subir su baúl al tren, mientras dejaba caer un "déjenme en paz, ¿quieren?".
- No se lo tomes a mal Hermione – suspiró Fred una vez que Ron hubiera desaparecido dentro del tren – ya verás que si te cuida.
Hermione dejo escapar una sonrisita misteriosa, Harry apenas si prestó atención a ello, había algo que lo intrigaba más. - ¿Creen de verdad que aparte de Ron nadie pueda tocar ese Diamante? –preguntó a los gemelos.
- Pues sí, lo creemos – se apresuró a contestar George - ese Diamante es algo que refleja los más hondos sentimientos de Ronnie y míralo ¿te parece un hombre enamorado en busca de su alma gemela?
- Bueno, pues no, pero ... yo no creo en toda esa tontería – afirmó Harry – pero si me gustaría saber por qué sólo lo puede tocar Ron. No sé, es raro.
- Tan raro como mi hermano – reconoció Fred – déjalo en paz Harry, esa piedra no tiene razón de ser, sólo es una cosa estúpida.
El expresso lanzó un pitido indicando que era hora de marcharse. Harry y Hermione se despidieron de los gemelos, Kingsley y Tonks, y rato después buscaban un lugar donde acomodarse. Los gemelos habían prometido escribirle a diario para ver como iba todo y Tonks y Kingsley prometieron buscar algo para ayudarlos. También les dijeron que Lee iría de visita a un lugar boscoso y que buscaría por ahí para ver si encontraba otro Corazón. No era mucho, pero su interés hacía sentir a Harry mejor.
Casi llegando al final del expresso encontraron a Ron ya instalado en uno de los vagones. Entraron y acomodaron sus baúles. Ron se veía ya de mejor humor.
- Ron, vamos ya, tenemos que ir con los otros prefectos – ordenó Hermione y Ron se levantó para seguirla. Se despidieron brevemente y en el vagón sólo quedaron Ginny y Harry. El tren ya se había puesto en marcha.
- ¿Notaste que Malfoy se veía extraño? – dejó caer Ginny pensativa.
- No, no lo vi – admitió Harry - ¿era muy evidente?
- Pues la verdad sí, francamente no creo que pase mucho tiempo antes de que sus compañeros de casa descubran que no es el mismo de siempre.
- ¡Hola Ginny! ¡Hola Harry!
La voz con peculiar tono de ensueño los sorprendió. Luna Lovegood estaba parada en la puerta del vagón con ranas de chocolate en una mano.
- ¡Luna! ¡Pasa! – invitó Ginny y Luna entró al vagón sentándose al lado de la pelirroja - ¿qué tal tus vacaciones?
- Cautivantes – dijo Luna invitándoles a tomar una rana que los chicos aceptaron con gusto – estuve con papá ayudándole en la redacción del Quisquilloso. Sacamos artículos muy interesantes ¿pudieron leer alguno? – preguntó con la vista clavada en Harry.
- Pues... – Harry titubeó dándole un mordisco a la rana – la verdad es que no.
Una sombra de desilusión cruzó por los ojos de Luna, pero no se amilanó – ah, ya veo, supongo que habrán estado muy ocupados... pasas las vacaciones con los Weasleys ¿no? – preguntó sin despegar sus grandes ojos de Harry.
- Sí – contestó Harry desviando la mirada incómodo. No sabía como decirle a Luna que él ni siquiera había pensado en leer por lo menos un artículo de la revista de su padre. Aunque tenía que reconocer que le habían hecho un gran favor al publicar su entrevista. Tal vez fue por eso que se animó a preguntar - ¿y sobre que trataban esos artículos?
Sabía que se arrepentiría de haberlo preguntado. Ginny, al lado de Luna, disimuló una sonrisa.
- Oh, bueno – comenzó Luna radiante, cambiando inmediatamente de lugar y yéndose a sentar junto a Harry para explicarle mejor – hubo uno donde se explicaba a detalle el método más fácil para manipular el tiempo a tu antojo. Puedes volverlo atrás, detenerlo e incluso ir hacia delante, según lo necesites.- Harry enarcó una ceja, sabía que eso era imposible. O tal vez no del todo, dudó casi al instante, pues en tercero había hecho algo así con el giratiempo de Hermione. Luna seguía hablando y Harry se propuso prestarle toda la atención posible. – Escribimos también uno sobre nargles y el método más fácil de combatirlos... pero el que más me gustó sin duda fue el de "diez cosas que considerabas un mito y sin embargo son indudablemente reales".
Harry, que en ese momento se jalaba un hilillo de la manga de su camisa, se volvió a Luna con rapidez. Por un momento se vio reflejado en esos enormes ojos grises.
- ¿Ah, sí? – preguntó conteniéndose. Ginny también había volteado y lucía expectante. Eso pareció animar a Luna.
- Sí, en ese artículo mencionamos a los vampiros diurnos, aquellos a los que no les afecta el sol y se alimentan de hongos... – Harry siguió escuchando cuidadosamente por unos minutos más, no sabía por qué, pero tenía la esperanza de que Luna mencionaría al Corazón Nub. Cierto, lo más probable sería que aunque lo hiciera, no diría nada sensato con respecto al fruto, pero con todo aquél lío, cualquier cosa sería de gran ayuda. Pero tal cosa no ocurrió, Luna enumeró los diez mitos sin mencionar nada de la extraña fruta.
- ¿Y eso es todo? – preguntó Harry con un dejo de desencanto que Luna pareció registrar.
- Sí... ¿tú sabes de otro mito que sea real? – Luna ladeó la cabeza mientras su varita se mantenía prodigiosamente detrás de su oreja.
Harry carraspeó. No era conveniente enterar a más personas sobre el problema que tenían encima, pero Luna había demostrado ser de confianza. Tal vez fue eso o tal vez fue la mirada fija de Luna, la que lo animó a decirle parte de la verdad.
- Bueno, pues... – miró a Ginny dudoso, pero la pelirroja seguía igual de atenta – Neville nos contó algo de su abuelo – comenzó Harry tratando de aparentar naturalidad – dijo que su abuelo encontró una fruta llamada Corazón Nub y...
- ¿El Corazón Nub? – Luna rió sonoramente - ¡eso no es un mito! ¡Cualquier persona sensata lo sabe! – bueno, Hermione era sensata y no lo sabía, se le ocurrió de pronto a Harry. Luna prosiguió – su uso más frecuente y más inútil, si me permiten decirlo, es el que sirve para enamorar a alguien, pero... – bajando la voz se acercó a Harry y Ginny hizo lo mismo – papá y yo sabemos que puede ser utilizado para controlar la mente de las personas. Con un Corazón Nub utilizado de forma específica puedes esclavizar a quien quieras. Es muy peligroso, tanto, que incluso fue prohibido por el Ministerio, aunque mi padre sabe que ellos lo utilizaron para fines no muy honestos.
Justo lo que necesitaba, una teoría extraña digna de Lovegood. Eso no les serviría de nada. Sin embargo, sorpresivamente, Ginny preguntó – Y según tu papá y tú, si alguien cae bajo cualquier forma de hechizo del Corazón ¿qué es lo más conveniente que puede hacer?
Luna se quedó pensando un instante y luego contestó – existen ritos y pócimas muy complicadas capaces de librarte de él…
- ¿De verdad Luna? – susurró Harry mirándola esperanzado.
- Sí, pero tendría que preguntarle a papá porqué yo no…
Precisamente en ese instante, Neville, Thomas y Finnigan entraron escandalosamente al vagón interrumpiendo a Lovegood con sus fuertes risotadas.
- ¿Y Ron? – preguntó Thomas sentándose y saludando a Luna distraídamente.
- En el vagón de prefectos – contestó Ginny observándolos con interés - ¿para qué lo quieren?
Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en Finnigan – Susan Bones – dijo embelesado – Susan Bones es maravillosa.
- ¿A qué viene eso? –inquirió Harry extrañado, que él supiera, a Seamus jamás le había interesado Susan.
Finnigan se sentó frente a ellos para explicarles mejor, jalando a Neville para que se sentara a su lado. Todos habían quedado un poco apretados, pero eso no impidió que escucharan a Seamus - ¿se acuerdan que Susan prometió hablar con las chicas del curso para convencerlas de que tocaran… - se detuvo mirando a Luna y pareció dudar en decirlo, pero al fin lo hizo – de que tocara la piedra esa?
Asintieron. Luna se veía más interesada en mirar las nubes a través de la ventana que en cualquier otra cosa. Finnigan continuó - ¡pues ya consiguió a una veintena de chicas que quieren hacerlo!
- ¿Susan logró semejante cosa? – preguntó Ginny perpleja.
- Sí, y gracias a ella esta lista – indicó Thomas radiante sacando el arrugado pergamino con nombres de chicas – avanzará más rápido de lo que creímos.
Harry no podía creerlo ¿cómo era posible que tantas chicas quisieran tocar el Diamante encontrado por Ron? Era absurdo. Y de ser así, el asunto ese ya había dejado de ser un secreto.
Para cuando llegaron a Hogwarts, Harry tenía la plena seguridad de que ese alivio que había sentido al atravesar el mundo mágico, no había sido más que ilusorio.
Lo primero que recibieron al día siguiente fueron sus horarios. Bien, la primera clase sería con Flitwick y eso les convenía. Si pensaban pedir ayuda, lo mejor sería empezar cuanto antes. Malfoy hasta el momento no había intentado nada, pero su actitud no era normal. Más de una vez, en el poquísimo tiempo que llevaban en Hogwarts, Harry hubiese deseado conocer algún hechizo para desaparecer al Slytherin con todo y su detestable manía de mirar a Hermione, por que la miraba, disimuladamente, eso sí, pero LA MIRABA, y si eso no llamaba la atención después de un tiempo entre los estudiantes de Hogwarts, NADA LO HARÍA. Así que, ni tardos ni perezosos, habían llegado al acuerdo de que Ginny y Hermione hablarían con Madame Pomfrey; Thomas, Finnigan y Neville con Sprout y, por último, Harry y Ron con Flitwick.
- ¿Y qué será exactamente lo que le diremos? – Ron terminaba su desayuno aún entre bostezos. Harry respondió:
- Pues le diremos que escuchamos algo sobre el mito del Corazón y no sé… - terminó exasperado – que queremos saber si es cierto o no.
- Esta bien Harry – aprobó Hermione - sólo pregúntenselo como simple curiosidad. A Flitwick le encanta explicar las cosas y ten por seguro que se extenderá en el tema sin necesidad de hacerle más preguntas.
- También le preguntaré a Luna – dijo Harry partiendo su filete en pequeñísimos trozos sin percatarse de la mirada que le dirigían los demás.
- ¿A Luna? – preguntaron extrañados, todos, exceptuando a Ginny.
- Sí, nos comentó algo a Ginny y a mí en el expresso sobre el Corazón…
- Harry – interrumpió Hermione – no lo tomes a mal, pero no creo que sea conveniente hacer caso de lo que diga Luna, ya sabes como es.
- ¿Y si tiene razón? ¿Y si realmente puede ayudarnos en algo?
Una lechuza llegó aleteando por el castillo en esos momentos. Planeó trabajosamente unos minutos y se estampó contra la mesa. Ginny la levantó cuidadosamente diciendo – Errol ¿es que algún día tendrás cuidado?
Le quitó la carta que traía en su pata y sonriendo les dijo a todos – es de los gemelos – la abrió rápidamente y leyó:
A los Gryffindor de nuestro corazón:
Lee no ha encontrado nada. Nosotros tampoco. Tonks mucho menos. ¿Qué tal van ustedes? ¿Ya han hecho uso de los polvos bullbadox? Envíen su reporte diario. Los queremos. Y mucho. A Ron no tanto.
Fred y George
Posdata: Por razones de seguridad y discreción este mensaje se autodestruirá en cinco segundos.
Ginny, con un gritito, alcanzó a soltar la carta que enseguida estalló dejando sólo una voluta de humo. – Mis hermanos y sus inventos – murmuró contrariada – si tan sólo hubieran dicho algo importante.
Hermione suspiró y levantándose de la mesa apuró – mejor nos vamos, no queremos llegar tarde a clases ¿verdad?
La siguieron, pero antes de abandonar el Gran Comedor, una voz los congeló en su sitio.
- ¿Ya a clases? - Draco Malfoy caminaba detrás de ellos y había hablado en voz muy alta con su peculiar manera de arrastrar las palabras. A su lado, Crabbe y Goyle caminaban como dos gorilas dispuestos a atacar. Por un momento, nadie supo como reaccionar y únicamente se quedaron ahí, parados, como si les hubieran lanzado un petrificus totalus. - ¿Qué tal tu curso Potter? ¿Nos presumirás tu ineptitud en pociones?
Era tan desagradable como siempre. Harry, confundido, no supo que contestar, pero una vocecilla en su mente le decía que si Malfoy estaba ahí, no era sólo para insultarlo – Granger – dijo despectivamente acercándose a ella, todos contuvieron el aliento viendo como Malfoy la rodeaba. Harry, claramente notó el instante en que Malfoy deslizaba algo en el bolsillo de Hermione. Se volvió a Crabbe y a Goyle con temor, pero eran tan estúpidos que no se habían dado cuenta de nada. – Vámonos – ordenó Malfoy empezando a alejarse y sin decir nada más.
- Vámonos nosotros también – murmuró Thomas dejando escapar un silbido de alivio y enseguida echó a andar. Ginny, excusándose, se fue primero pues su clase quedaba más lejos.
- ¿Qué es? – Harry se había rezagado a propósito junto con Hermione para ver que era lo que le había dado Malfoy. Ron, al darse cuenta, también se rezagó.
- Quiere que nos veamos mañana al finalizar las clases, detrás de los invernaderos. – musitó Hermione arrugando un pequeño pedazo de pergamino.
- ¿Qué? – Ron había volteado a la velocidad del rayo – tú no puedes hacer eso.
- No lo sé Ron, quizás si lo haga – Hermione desvió la mirada mientras decía – podría ocurrírsele algo peor para verme. Al menos se está tomando lo del dichoso secreto muy en serio- y siguió avanzando más rápido.
- Pero ¿y si alguien los ve?- preguntó Harry preocupado tratando de seguirle el paso – sabrán que algo extraño sucede si están los dos juntos detrás de los invernaderos.
- Iremos contigo – puntualizó Ron a quién la idea aquella parecía no agradarle mucho.
- Si claro, y que Malfoy se enoje y haga algo mucho peor.
- Es la única solución, Hermione – insistió Ron con terquedad – no te dejaremos sola con Malfoy y menos en un lugar así de solitario...
- No me va a pasar nada Ron. Iré y te aseguro que lo mantendré a Raya.
- Pero...
Las protestas de Ron quedaron en el aire, Hermione entró al salón seguida de los dos chicos, justo a tiempo para que el profesor Flitwick comenzará su clase.
Conforme avanzó el día y la mañana siguiente, Ron estaba más y más hosco tanto que a Harry cada vez se le hacía más difícil soportarlo. Cosa que pareció ser igual en Hermione. La chica, harta al fin, terminó alejándose de ellos con cualquier pretexto.
- Ron ¿quieres dejarlo ya? – le dijo Harry fastidiado del mal humor de su amigo – Hermione sabe cuidarse sola.
- ¿Y si pasara de nuevo lo del traslador?
- Pienso que Malfoy no volverá a intentar algo semejante después de lo que pasó. Aunque no lo entienda sabe que es peligroso.
Intentaban hacer sus deberes en la sala común, sólo que Harry no podía concentrarse con los carraspeos de su amigo y sus ataques de nervios que le hacían borronear e incluso arrugar los pergaminos para después arrojarlos al suelo continuamente. Era inútil. Después de estar ahí un buen rato tratando de escribir algo para Flitwick, decidió que lo mejor sería irse a otro lado lejos de Ron. Guardó sus pergaminos y le dijo - ¿sabes qué? Mejor me voy a hacer mi tarea a la biblioteca.
Salió dejando a Ron con su mal humor. De camino a la biblioteca se encontró con Susan Bones y Hanna Abbot junto con otras hufflepuff, quienes le preguntaron por Ron. Harry las esquivó diciéndoles cualquier cosa y se alejó con rumbo a la biblioteca para acabar cuanto antes sus deberes. Pero tampoco así se pudo concentrar. A pesar de haberle insistido a su amigo que no había problema, estaba preocupado por Hermione. Uno, dos, tres renglones escritos y no podía avanzar. Así no acabaría nunca. Que remedio. Mejor regresaría con Ron para proponerle buscar a Hermione.
- ¿Potter? – Una chica, a la cual no recordaba haber visto en su vida, se acercó a él con aspecto tímido. Harry dejó de recoger sus cosas para prestarle atención. - ¿Sí?
La chica se restregó las manos nerviosa – soy... soy Sarah Turner de hufflepuff y... y Susan Bones me contó... me contó lo del curso... y yo...
Oh, no. A Harry no le costó mucho concluir por donde iba el asunto. Sarah dudó un momento y por fin preguntó con una voz apenas audible - ¿pronto estará por aquí tu amigo Ron Weasley? – se puso de mil colores al afirmar – me... me gustaría tocar el Diamante.
Harry se quedó de piedra ¿qué diablos le estaría diciendo Susan a sus compañeras de casa para convencerlas de tocar esa estúpida piedra? No tenía ni idea.
- Eh, mira ¿Sarah? – la chica asintió – Ron no vendrá por ahora, pero te prometo que en cuanto lo vea le hablaré de ti.
La chica sonrió satisfecha. Harry terminó de meter los pergaminos a su mochila y salió de la biblioteca. La chica corrió a darle alcance para decirle – estoy en el cuarto curso – bajó la mirada – dile también que siempre voy a verlo a los partidos de quiddicht.
Harry enarcó una ceja, pero asintió con una débil sonrisa. Cuando estuvo fuera del alcance de la chica, dejó escapar un suspiro escéptico. Esperaba que el Diamante Corlux no los metiera en más problemas. Cuando llegó a la sala común Ron ya no estaba ahí, subió a la habitación y nada, ¿habría ido a los invernaderos? Probablemente. Harry se dirigió hacia allá esperando que no hubiera ningún infortunio.
Casi al salir del castillo, alcanzó a ver que Ron se perdía por uno de los pasillos de la derecha. No iba muy contento. Enseguida fue a alcanzarlo y lo que sucedió fue que, al llegar al pasillo, oyó claramente voces que discutían y que pertenecían sin lugar a dudas, a Ron, a Hermione y a Malfoy. Dio la vuelta y los vio: los tres hablaban a voces.
- ¡Dijiste que lo mantendrías a raya!
- ¡Ron, por si no te diste cuenta sólo estábamos hablando!
- ¿Hablando? ¡Te tomó de la mano!
Malfoy soltó una risita irónica - ¿Y qué esperabas Weasley? ¿Qué me conformara con sólo verla? – entrecerró los ojos y le advirtió – pues no lo haré.
Ron, sin previo aviso, lo tomó por el cuello de la túnica antes de que nadie pudiera hacer nada. Malfoy, lejos de asustarse, lo miró con burla – recuerda que tenemos un trato Ronnie... deja de espiar a mi ángel.
Malo. No había nadie más, pero en cualquier momento podría aparecerse un alumno o algún profesor y la situación se complicaría, sobre todo si veían a Ron forcejeando con Malfoy y a Hermione tratando de detenerlos. Tendría que intervenir. Pero antes de que Harry llegara a ellos, lo que temía sucedió. La voz autoritaria y enérgica de Mc Gonagall se escuchó detrás suyo.
- ¿Puedo saber que esta sucediendo aquí?
Mc Gonagall pasó al lado de Harry sin apenas prestarle atención. Ron se volvió deprisa con un sobresalto y soltó a Malfoy de golpe. Éste tan sólo se acomodó la túnica con arrogancia.
- Muy bien señor Weasley, señor Malfoy, estoy esperando a que me expliquen – Mc Gonagall se encontraba ya frente a ellos con un semblante muy serio.
- Pues... – comenzó Ron, implorando con la mirada, la ayuda de Hermione.
- Lo que pasa profesora... – en la voz y en los ojos de Malfoy, se percibía una especie de reto, y éste, sin lugar a dudas era dirigido a Ron – es que Weasley y yo tenemos... diferencias – dijo remarcando la última palabra.
- Eso lo veo – interrumpió Mc Gonagall secamente – lo que no entiendo es que hacen peleando en los pasillos como personas irracionales.
- No peleábamos. – Evidentemente Ron quería arreglar las cosas antes de que Malfoy metiera la pata.
- ¿Ah, no? – preguntó Mc Gonagall con ironía.
Entonces, Malfoy, decidido, alzó la voz. Hermione cerró los ojos como si el mundo se le viniera encima. – ¡Por supuesto que peleábamos! ¡Y todo porqué Weasley no quiere entender que debe dejar en paz a...!
- ¡A su padre! – gritó Ron. Mc Gonagall los miró escrutadoramente y Hermione abrió los ojos sorprendida. Ron, a trompicones, continuó – es que... profesora... yo... yo... – parecía que Ron pensaba en una excusa convincente a la velocidad de la luz – yo, últimamente me he burlado del padre de Malfoy... y por supuesto eso lo hace enojar... así que me insultó y yo no... pues no me iba a dejar ¿verdad? – Ron respiró compungido sin convencerse del todo de su perorata. Malfoy lo miraba muy fijamente.
- Bien, señor Weasley... – si Mc Gonagall le había creído a Ron era algo que Harry no podía asegurar, pero como se había culpado obviamente recibiría un castigo. – En ese caso, tendré que tomar medidas. Diez puntos menos para Gryffindor – Malfoy sonrió – y diez puntos menos para Slytherin – la sonrisa de Draco se congeló – y puesto que usted comenzó señor Weasley, tendrá que entregarme un ensayo sobre los grandes avances en el área de transformaciones en el último siglo y sus aplicaciones en la vida moderna. Lo quiero en mi escritorio el próximo lunes y espero más de cincuenta centímetros de pergamino ¿entendido? – y se alejó de ahí dejando a un Ron completamente horrorizado.
- ¿Cómo piensa qué haré eso? – le preguntó a Harry que ahora se hallaba junto a él tratando de darle algún consuelo.
- Así aprenderás a no andar espiando donde no debes – susurró Malfoy fríamente – Hermione es mi ángel y si es preciso, haré lo que sea para que les quede bien claro.
Con una pequeña reverencia se despidió de Hermione y se perdió por el pasillo con paso elegante. Ron estaba que mordía.
- ¿Fuiste al invernadero? – inquirió Harry, aunque ya conocía la respuesta.
- ¡Por supuesto que fui! No iba a dejar sola nuevamente a Hermione con ese idiota. Recuerda lo que nos advirtieron Fred y George... además, nos comisionaron para cuidarla.
Harry arrugó la frente un poco perplejo, francamente no imaginaba que Ron se hubiese tomado todo aquello en serio.
- No dormiré en varias noches – se quejó Ron con amargura.
- Velo por este lado – lo consoló Harry – si no te hubieras echado la culpa probablemente ya nos estaríamos despidiendo de Hogwarts... yo te ayudaré en lo que pueda y estoy seguro que Hermione también lo hará.
Hermione, quién durante todo ese tiempo se había mantenido callada escuchando a Ron, asintió imperceptiblemente, luego, sin que ninguno de los dos lo esperara, jaló a Ron por la túnica para plantarle un beso en la mejilla. La cara de Ron se encendió al instante y la miró asustado.
- Eres un tonto Ron – musitó con voz muy queda – pero te ayudare de todos modos.
Y se fue. Completamente ufana y seguida de ellos. Ron, aunque quería, no podía salir de su estupor.
