Capítulo XXV.- Ante los ojos del mundo.

Queridos Gryffindors en líos:

Sobre el asunto que ya saben, no hay avance.

¿Vamos preparando la casa para recibirlos?

Ronnie, si fuéramos tú huiríamos del país.

Mamá te matará.

Seguimos en pie de lucha.

Fred y George.

PD. Por cierto, este mensaje también se autodestruirá.

Un horrible alarido brotó de la ya tercera carta que enviaban los gemelos y luego se pulverizó. El comedor entero había volteado a verlos.

- ¿Esta es la idea de los gemelos de seguridad y discreción? – Hermione, con un brinquito, se había alejado de la carta. Tratando de mantener la compostura se sentó de nuevo para terminar su desayuno.

Aunque fuera broma la carta había desanimado un poco a todos.

Mientras tanto, poco a poco el comedor se había ido despejando y al final sólo quedaban unos cuantos alumnos aquí y allá.

- Tratemos de averiguar algo hoy – Ginny comenzó a recoger sus cosas para marcharse a clases – Hermione ¿nos vemos antes de la comida para hablar con Madame Pomfrey?

Después de ponerse de acuerdo con Hermione, Ginny salió del Gran Comedor. Luna Lovegood iba a su lado platicando muy animadamente con ella.

- ¿Weasley? – Ron apartó su interés de su plato de cereal y levantó la cabeza. Susan Bones y Hanna Abbot, sonrientes, se encontraban paradas a un lado de Hermione, con aspecto de complicidad.

Ron volteó hacia los demás, confundido, luego, tímidamente, preguntó - ¿qué pasa?

Susan dio un tirón de Hanna y la acercó a Ron. – Le platiqué sobre el Diamante y no me creyó ¡muéstraselo para que vea que es cierto!

Hermione chasqueó la lengua con burla. - ¡Por favor! – dijo entre dientes con desdén.

Susan no hizo caso e insistió. - ¡Vamos Ron¿Qué tal que ella es el amor de tu vida?

Hanna se sonrojó y lo observó curiosa. – Dáselo Ron – animó Thomas. Ron, indeciso, sacó de entre sus cosas el Diamante y se animó a dárselo a Hanna.

- Ron, no creo que debas... – advirtió Hermione muy seria.

Hanna la miró furibunda y decidida extendió su mano. Ron, encogiéndose de hombros, puso el Diamante en ella.

- ¡AU! – El Diamante salió disparado mientras Hanna sacudía su mano con un gesto de dolor. - ¡Esa cosa quema!

- ¡Qué lástima! – Exclamó Susan sin inmutarse – eso significa que tú y Weasley no tienen nada que hacer juntos.

Soltaron risitas bobas y comenzaron a enumerar posibles candidatas para tocar el Diamante al tiempo que se alejaban con pasos lentos. Finnigan le dio un codazo a Thomas y esté, con un respingo, sacó el pergamino de la lista y borroneó en él.

A lo lejos, Harry pudo ver a Sarah Turner muy pendiente de todo. Entonces, con una sonrisa de regocijo, recordó. – Ron ¿ves a aquella chica? – le dijo ya que Susan y Hanna se habían alejado.

- Sí ¿qué pasa con ella?

- También sabe lo del Diamante y quiere probarlo. – Harry hizo señas llamándola y la chica de inmediato estuvo con ellos.

- Hola – El color de Turner era de un carmesí profundo. Bajando la vista declaró a Ron – Siempre te apoyo en los partidos de quiddicht, eres mi favorito.

Ron intentó una sonrisa, pero no parecía muy convencido. - ¿En serio quieres tocar el Diamante? – inquirió con aprensión. La chica asintió con entusiasmo y Ron miró a Hermione como preguntando qué debía de hacer.

- Eh, disculpa – comenzó Hermione muy correcta – tú eres...

- Sarah Turner del cuarto curso y estoy en Hufflepuff – contestó la chica con rapidez y solemnidad.

- Bueno, Sarah ¿y quién te platicó lo del Diamante?

- Susan Bones nos lo contó a varias –en su sonrisa se asomó la timidez. – Supongo que algunas se acercaran a ustedes por curiosidad, y otras, porque realmente querrán saber si son el verdadero amor de Weasley.

Hermione murmuró con lentitud – supongo que tú eres de las segundas.

La chica no contestó, pero su cara era de un rojo brillante. Detrás de Harry, Thomas y Finnigan reían por lo bajo.

- Mira Sarah – empezó a explicar Hermione – no sabemos casi nada sobre esa piedra y es altamente improbable que sea verdad lo que te contaron... por cierto ¿te dijeron el efecto negativo que produce?

- Sí, pero no importa – balbuceó la chica.

- En ese caso que se le va a hacer – se adelantó Finnigan – si ella quiere tocarlo... dáselo Ron.

- Pero...

- Vamos Ron, esta lista tiene que avanzar – apuró Thomas añadiendo el nombre de la chica a ella – Sarah Turner ¿verdad?

La chica afirmó con apenas un silbido inaudible y un fugaz movimiento de cabeza. Extendió su mano y Ron murmuró "pues sí, que se le va a hacer" y le dio el Diamante. Daba la impresión de que Hermione contenía las ganas de darle un golpe en la cabeza.

Apenas tocó el Diamante, Sarah lo dejó caer agitando su mano.

- Me quemó – dijo con profunda tristeza.

- Sí, eso es lo que ocurre regularmente – Thomas enrolló el pergamino después de haber tachado el nombre de Sarah – pero no te preocupes, podrás intentarlo después. Quizás para entonces Ron ya haya cambiado de opinión.

Eso pareció consolar a la chica, quién corriendo fue a tomar su mochila y salió feliz del Comedor. Hermione la vio alejarse con una expresión extraña.

- Dejémonos de tonterías y vayamos a clases. Por culpa de ustedes y ese tonto Diamante llegaremos retrasados.

- Sí, pero por la tarde continuaremos con esta importante misión – aseveró Finnigan y seguido por Thomas y los demás, salió del comedor.

Hermione detuvo a Ron por el brazo y le advirtió amenazante. – No pensarás hacerles caso ¿verdad?

- No lo sé, Hermione – Ron se guardó pensativo la piedra – la verdad es que jamás creí que alguien quisiera tocarlo.

Y se fue a alcanzar a los chicos mientras Hermione abría la boca tratando de contestarle. No pudo hacerlo y suspiró. Dirigiéndose a Harry le dijo - ¿cómo puede pensar eso? Hay muchas chicas que lo miran.

- Pues... – musitó simplemente Harry. La verdad es que él no tenía ni idea de que aquello fuera verdad. Aunque en cierto modo le sorprendía que Hermione dijera algo así. Sólo un poco.

Cuando terminaron las clases de la mañana, Ron y Harry decidieron que ya era hora de dejar de perder el tiempo. Así que ni tardos ni perezosos, fueron en busca de Flitwick. Llegaron al salón y tocaron. Desde adentro un "ya voy" les respondió.

- ¿Qué le diremos? – susurró Ron, pero ya Flitwick había abierto y los veía sonriente.

- ¿Sucede algo? – Preguntó haciéndose a un lado para que pasaran - ¿no piensan ir a comer?

- Sí, claro... pero antes queríamos preguntarle algo profesor – comenzó Harry.

- ¿Alguna duda de mis clases?

- No, no precisamente – Ron se rascaba la cabeza nervioso – eh... mire... durante nuestra estancia en la Colina, Neville Longbottom nos contó algo y nosotros dudamos que sea verdad.

Ya Ron había dado la pauta. Harry prosiguió – Es sobre el Corazón Nub. Neville nos dijo que su abuelo encontró uno y se lo comió, pero nosotros no creemos que exista una planta así.

- ¡Oh, el Corazón Nub! – dijo Flitwick batiendo palmas emocionado. Trepó a una escalerilla y rebuscó en un estante lleno de cosas raras y libros. - ¡Aquí está! – exclamó sacando un pequeño librillo. Soplándole logró que el polvo en él volara haciendo toser a Ron y a Harry - ¡oh, lo siento! Casi no lo utilizo – se excusó. Lo hojeó y al fin encontró lo que buscaba.

- Esta es la planta de Corazón Nub – dijo señalando un dibujo de la planta que ellos ya conocían muy bien. – Por supuesto que existe, aunque es muy, muy rara, lo cual no es tan malo porqué puede ocasionar problemas terribles.

Y vaya que así era. Flitwick continuó con sus explicaciones cerrando el libro. – No hay mucha información de la planta en los libros, aunque se sabe que lo más aprovechable de ella es el fruto. Provoca una reacción muy peculiar y por lo regular inútil... quien se lo come sufre un enamoramiento. Específicamente de la primera persona que ve el afectado después de volver de una especie de desmayo.

- Pero el efecto pasa rápido – comentó Harry haciéndose el desentendido.

- Oh, no, me temo que no es tan fácil señor Potter¿Longbottom no les comentó nada?

Ambos negaron con la cabeza. Flitwick volvió a colocar el libro en su lugar y bajó las escalerillas mientras continuaba hablando – el efecto del Corazón sólo se quita con otro Corazón y es ahí donde radica el problema, pues como les comenté es sumamente difícil encontrar la planta, y más con un fruto. Tarda mucho en formarse. Años. Para ser exactos entre cien y ciento cincuenta. Aunque hay algunos exagerados que dicen que quinientos...

- Y... ¿si no se encuentra otro Corazón? – aventuró valientemente Harry. Flitwick arrugó la frente y cruzó las manos detrás de su espalda.

- Me temo que es la única forma de acabar con el sortilegio de ese fruto, aunque viendo sus consecuencias, algunos magos intentaron buscar una cura alterna.

- ¿Y? – preguntó Ron ansioso.

- Fracasaron – afirmó Flitwick con ligereza – pero es que eso de buscar una cura alterna es un desatino, de hecho, creo que sólo magos como el señor Lovegood lo intentaron. No niego que es brillante, pero tiene ideas muy raras.

Las esperanzas de Ron y Harry se iban haciendo añicos. Tal vez ahora sólo les quedaba confiar en que Lee encontrara un Corazón en el lugar donde estaba, lo cual era altamente improbable.

¿Habría llegado irremediablemente la hora de hablar con Dumbledore?

- Espero que mi explicación les haya servido de algo – La voz alegre de Flitwick interrumpió sus pensamientos – ahora si me disculpan tengo que ir a comer.

Harry y Ron se dirigieron también al Gran Comedor, después de dar las gracias a Flitwick y esperar unos minutos a que el buen profesor hubiese desaparecido por el pasillo. Llegaron y se sentaron a la mesa con el ánimo por los suelos.

- Déjenme adivinar. Flitwick les confirmó que el sortilegio del Corazón sólo se rompe con otro Corazón - el comentario de Ginny le permitió a Harry darse cuenta de la cara abatida de sus amigos. Hasta Dean y Seamus se veían desanimados.

- ¿Cómo les fue a ustedes? – preguntó sin saber si quería oír la respuesta.

Hermione dejó escapar aire con desasosiego – Madame Pomfrey nos dijo lo mismo después de una larga explicación que al final de cuentas resultó inútil.

- Y Madame Sprout también – explicó Neville – claro, nos habló con todo detalle de las partes de la planta y de alguna de sus utilidades. Ninguna nos sirve.

Se quedaron pensando. Alguna solución tenía que haber ¿cómo era posible que no encontraran ninguna?

Una idea iluminó la mente de Harry.

- Luna - dijo volteando hacia la mesa de Ravenclaw.

- ¿Qué? - murmuró Ron.

- Luna - insistió Harry - Luna puede ayudarnos.

- Por favor, Harry - dijo Hermione dejando sus cubiertos sobre la mesa - ¿cómo puede ella hacerlo cuando ni Flitwick, ni Madame Pomfrey, ni Sprout pudieron hacerlo?

- Pues en el tren ella nos comentó algo sobre el Corazón Nub. Dijo algo sobre pociones y ritos complicados para romper el sortilegio...

- También dijo que el Ministerio lo utilizaba para fines nada honestos. - Ante la afirmación de Ginny, Hermione puso los ojos en blanco. Harry, en cambio, no cedió.

- Sé lo que piensan, pero Flitwick nos comentó que magos como el papá de Luna intentaron curas alternas…

- También dijo que fracasaron - lo atajó Ron.

- ¿Y si no fue así¿Y si encontró algo y no se lo comentó a nadie?

- Nada perdemos con averiguarlo - reconoció Thomas - ¿qué es lo peor que puede pasar¿qué Luna también nos diga lo que ya sabemos?

- Entonces salgamos de dudas de una buena vez - Harry se levantó y sin detenerse ni un momento se dirigió a Luna. Lovegood miraba el techo con suma concentración.

- ¿Luna? - llamó. Luna volteó con lentitud. - ¿Puedo hablar contigo?

Luna se puso en pie sin dejar de ver el techo y distraídamente fue a su lado. Harry, al darse cuenta que los Ravenclaw más cercanos no perdían detalle, tomó por el brazo a Luna y la llevó fuera del Gran Comedor.

- Creo que no es temporada para cazarlas - murmuró pensativa.

- ¿Qué? - preguntó Harry confuso, pero no había tiempo para entenderla.- Escucha Luna ¿recuerdas que en el tren hablamos sobre el Corazón Nub?

- Lo recuerdo - dijo Luna siguiendo con la vista algo que Harry no podía ver - le escribí a papá para pedirle información ¿es eso lo que querías saber? - preguntó Luna escuetamente sin apartar sus ojos del techo.

Harry decidió sincerarse con Luna, de cualquier forma sabía que podía confiar en ella.

- Luna, voy a confiarte algo y espero que no se lo cuentes a nadie – Luna prestó atención y eso animó a Harry – los chicos y yo tenemos un problema.

- ¿Con un Corazón Nub? – Harry la miró sorprendido y se acomodó las gafas.

- ¿Cómo lo sabes? – preguntó inquieto ¿tan obvio era?

- ¿Por qué otra cosa me preguntarías por él? – susurró Luna volviendo a perder la mirada.

Cierto, era lógico. Harry bajó la voz y confió – sí, es por un Corazón nuestro problema – hizo una ligera pausa y continuó con voz suave - Ron encontró uno en la Colina del Mago y Malfoy se lo comió.

Luna arrugó la frente clavando los ojos en Harry - ¿A quién fue la primera persona que vio?

- A Hermione... ¿Entiendes la gravedad del asunto?

- Creo que sí y creo que no hay problema sin solución.

Harry sintió un pequeño arrebato de ternura. A veces, pensó, le gustaría tener la fe de Luna.

- ¿Tienes alguna idea de como resolverlo? – dijo volteando cuidadoso para ver si nadie lo escuchaba – sin otro Corazón, por supuesto – se apresuró a decir.

- Es difícil. Mi padre lo intentó. Y como sospechaba algo así, le pedí que enviara lo que había encontrado. No creo que se niegue.

- Gracias Luna – musitó Harry sintiéndose un poquitito más aliviado. Luna, en tanto, veía por el hombro de Harry muy concentrada en algo.

- Es extraño – dijo – no es temporada.

- ¿Temporada de qué? –preguntó Harry hurgando en la dirección hacia donde veía Luna.

- De luciérnagas – dijo Luna señalando el techo – vi una hace rato.

Una señal de alarma sonó en la mente de Harry - ¿Luciérnagas¿qué de raro hay en una luciérnaga? – preguntó con una sonrisa nerviosa.

Luna lo miró a los ojos y soltó con voz muy seria. – Que es amarilla.


Con una lucha interna entre la preocupación y el alivio, Harry se dirigía junto con sus amigos a la sala de Gryffindor.

- ¿Crees de verdad que Luna puede ayudarnos? – Neville caminaba a su lado y no se veía muy seguro. La verdad es que ya no encontraban ni cabeza ni pies al asunto.

- Espero que sí – contestó Harry más para sí mismo.

- Sabes – continuó Neville – creo que Ron no debería utilizar el Diamante, no tiene sentido y sólo nos meterá en más problemas.

- Trata de explicárselo a él – comentó Harry con enfado.

- Lo haría, pero tú eres su mejor amigo – Neville metió las manos en los bolsillos y miró a Ron y a Hermione que venían un poco más atrás – las luciérnagas lo delataran y todo por nada.

- Estamos en busca de una llama – susurró Harry con ironía – para eso tantas chicas.

Neville meditó un rato.- Con que se lo de a una sola persona es más que suficiente.

Harry rió con sorna.- No me dirás que tú también crees en lo que nos contó Seamus ¿verdad?

- Pues...

- ¿Crees que realmente esa cosa puede tocarla alguien y encima de eso que ese alguien logre que brote una llama?

- Podría ser probable...

- Harry, mira... – Thomas llegó entonces con el pergamino en la mano – la lista sigue avanzando, muy lentamente, pero algo es algo.

- Bombones – el retrato de la señora gorda se abrió después de oír la contraseña dicha por Harry – que bien – dijo sin mucho interés a Thomas.

- ¿Supiste que Malfoy saludó muy cortésmente a Hermione cuando ella iba a Runas Antiguas?

Harry se volvió, entonces sí, muy interesado hacia Thomas – No, no me dijo nada.

- A mi tampoco – reconoció Dean – pero lo vi. Por fortuna no había ningún Slytherin cerca, sólo unos cuantos Ravenclaw y uno que otro Hufflepuff.

- ¿Y qué hicieron?

- Murmurar. – Dean se puso entonces frente a él diciendo con voz grave - ¿Sabes que pienso? Qué toda esta mentira Malfoy pronto la destruirá. Y tanto trabajo que nos está costando – de pronto su rostro se iluminó - ¡Eh¡Parvati¡Lavender¿Me permites Harry? – Y se fue hacia ellas que acababan de entrar, mientras Harry se sentaba junto a Ron, Hermione y Neville, quienes se disponían a hacer sus deberes.

- ¿Cómo se atreven a dejarnos tanto trabajo? – Gruñía Ron - ¿qué no saben que tengo un castigo encima?

- De hecho, no – Crooshanks llegó corriendo y se hizo un ovillo peludo en el regazo de Hermione, quien hablaba con severidad – pero tienes tiempo de sobra para hacer el ensayo de Mc Gonagall – dijo acariciando a su gato – sólo es cuestión de que decidas dejar de perderlo inútilmente.

- Hermione, yo no pierdo el tiempo – murmuró Ron con acritud.

- ¿Ah, no?

En ese momento se acercó Dean, seguido por Parvati, Lavender y Seamus. Las chicas miraban a Ron con curiosidad.

- Ron... Lavender y Parvati están dispuestas a tocar tu Diamante. – Aseguró Thomas con expresión radiante.

- Y a ayudarnos a convencer a más chicas – añadió sonriente Seamus.

Hermione, en cambio, bufó indignada - ¿eso no es perder el tiempo?- y se levantó como una tromba dejando caer a Crooshanks, que indignado, fue a ponerse a resguardo del calor de la chimenea.

Parvati levantó una ceja después de lanzar una mirada fría a Hermione y se dirigió a Ron - ¿es verdad lo que dice Thomas?

- ¿Sobre el Diamante? Sí. – repuso Ron removiendo en su mochila y sacando la brillante piedra. Hermione recogió con rapidez asombrosa sus cosas y se despidió con un escueto "buenas noches".

- Bien, entonces quiero verlo – ordenó Parvati extendiendo su mano. El Diamante hizo lo suyo y la chica se quejaba del efecto mientras sacudía su mano.

- Parvati ¿qué le vamos a hacer? – Thomas tachó el nombre de la chica como si lo sintiera mucho – pero Weasley no está enamorado de ti.

Lavender, por su parte, estudiaba con detenimiento a su amiga - ¿dolió mucho? – preguntó preocupada.

- En realidad no – contestó ella pensando un momento – es una sensación muy rara.

- Entonces, déjame probar a mí – pidió a Ron y este enseguida le dio el Diamante.

- ¡Auh! – se quejó Lavender soltando la piedra en el acto.

Harry negó con la cabeza. Definitivamente no estaba interesado en todo ese barullo del dichoso Diamante. Sacó el tintero, un pedazo de pergamino y se dispuso a hacer sus deberes de encantamientos.


La mañana del día siguiente pudo haber transcurrido sin ningún contratiempo. O casi ninguno. A no ser por la usual carta de los gemelos y otra - inusual- de Tonos, instándole a hablar con Snape o Dumbledore. Y por la actitud de Malfoy. Esto último era lo que en realidad preocupaba a Harry. Esas miradas furtivas en clase, la ausencia de insultos, esos pretextos bobos para acercarse a su amiga. Todo. TODO en su conducta, no tardaría en levantar sospechas. Hasta Crabbe y Goyle parecían darse cuenta de que algo muy raro pasaba, y teniendo en cuenta su nivel de observación, ese asunto pintaba para ser muy, muy preocupante.

Por ahora Ron y Harry esperaban a Hermione pacientemente en un rincón de la entrada principal ¿dónde se había metido? Imposible saberlo. Al otro lado del patio, un grupo de Slytherins los miraban con burla mientras cuchicheaban. Entre ellos Blaise Zabini y Pansy Parkinson.

- ¿No crees que los amigos de Malfoy sospechen ya algo? - preguntó Ron lanzando ojeadas alrededor, en busca de Hermione y mirando con aprensión al grupo de serpientes que los espiaban con malicia desde el otro lado de la escalinata principal.

- Espero que no - contestó Harry y también los miró de reojo con desagrado - lo que me preocupa es que Malfoy este tan tranquilo. Después de lo del invernadero ya no ha intentado nada y eso me da mala espina.

- A mi también - enfatizó Ron aflojándose la corbata del uniforme - querrá otra vez intentar algo con Hermione - y su voz sonó más grave de lo normal.

Entonces apareció Hermione, con una montaña de libros en las manos y caminando precariamente. Ron le hizo señas con las manos, vociferando "¡Hey¡Hermione, acá!" y ella, sonriendo, dirigió sus pasos hacia ellos. Al pasar al lado de Parkinson, Harry notó la expresión malévola en los ojos de la chica y notó que algo le susurraba a Zabini. Éste sonrió, en respuesta, de forma que no le gustó nada a Harry. Y fue entonces que alcanzó a notar la varita en la mano de Pansy. Sin dudarlo, le gritó a su amiga "¡cuidado!", pero ya el hechizo zancadilla en Hermione, había funcionado.

Hermione tropezó, pero no fue a dar al piso. De quién sabe donde, Malfoy había aparecido sorpresivamente y ahora sostenía a su amiga con suma delicadeza.

- Cuidado Granger - le dijo mientras Hermione reaccionaba y se apartaba un poco de él sin contestarle. Malfoy se inclinó y recogió los libros para dárselos a Hermione, para entonces, Harry y Ron se encontraban ya al lado de su amiga. - Potter, Weasley - espetó Malfoy con crudeza - ya se habían tardado.- Dio media vuelta y comenzó a alejarse. Antes de irse alcanzó a decirle a Parkinson - ¿no te cansas de molestarla? - y se fue.

- Vámonos – Harry tomó por el brazo a Hermione alejándola de los murmullos y miradas suspicaces que los seguían.

Se acomodaron cerca del haya, entonces, repentinamente, Ron echó a reír.

- ¿Se puede saber de que te ríes? – inquirió Hermione, con un tono de velada exasperación.

- De la cara de Parkinson – contestó Ron conteniendo una nueva carcajada que amenazaba con brotar en cualquier momento - ¿vieron su expresión por lo que le dijo Malfoy? – y rompió en una risa escandalosa.

- No es gracioso – indicó Hermione con reproche – seguro ahora medio mundo sospecha algo.

- Puede ser Hermione, pero la verdad la cara de Parkinson bien valió la pena...

Hermione sonrió indulgente ante el comentario de Harry. Seguramente estaba de acuerdo con él, aunque jamás lo aceptara abiertamente.

- Bien, dejémonos de cosas y vayamos a algo más importante – dijo con rigidez revisando los libros que Malfoy le había ayudado a levantar – mira Ron, estos títulos te serán muy útiles para tu ensayo – y con prontitud le puso varios en las manos.

- ¿Qué? – Ron sopesó los libros con una mueca de contrariedad - ¿te piensas que voy a leer todo esto en unos cuántos días?

- Tienes que hacerlo – repuso Hermione sin aceptar réplica – y si voy a ayudarte al menos espero algo de cooperación por parte tuya.

Ron refunfuñó hojeando los libros. A simple vista era obvio que no le hacía ni pizca de gracia hacer aquél trabajo.

- ¡Weasley¡A ti precisamente era a quién buscábamos! – Seamus llegó sentándose a su lado y arrebatándole los libros - ¿para qué es esto? – preguntó.

- Para el ensayo de Mc Gonagall.

- Olvídalo – Finnigan le pasó los libros a Hermione sin percatarse de la expresión peligrosa que aparecía en su cara. – Ahora tienes cosas más importantes que hacer ¿traes el Diamante?

Ron asintió.

- ¡Muy bien! – Finnigan levantó la mano para hacerle una señal a Thomas que venía más allá con un grupo de chicas. Al verlo, Dean apuró el paso. Pronto las chicas y Thomas rodearon a Ron. Hermione, intentando aparentar indiferencia, abrió uno de los libros y empezó a leerlo sin despegar ni un momento la vista de él.

- Ron, estas chicas quieren saludarte – lanzó Thomas un tanto fanfarrón, mientras una de las chicas, de cabello cobrizo, perfectamente peinado, y ojos grandes, sonreía con coquetería. Ron le devolvió una sonrisa nerviosa.

- ¡Hola! – saludó la chica que Harry identificó como una de Ravenclaw, aunque ignoraba por completo su nombre. El corrillo de chicas que la acompañaban dejaron escapar risitas tontas – eh... – comenzó la chica un tanto dudosa – sabemos que tienes una piedra muy especial – volteó a ver a sus amigas que la animaron a continuar – este... ¿podrías dejar que la tocara?

Ron levantó las cejas y miró a Harry, luego respondió dándose importancia – por supuesto – y buscó en su mochila ante la mirada satisfecha de Seamus y Thomas. Por lo visto se habían encargado de propagar la noticia por cada rincón de Hogwarts. Ron sacó el Diamante y la chica se sentó a su lado para tocarlo. Surgió un destello y la Ravenclaw se levantó de un salto.

- ¡Me quemó! – dijo con voz afligida – ni siquiera lo pude tocar...

- Por supuesto que no – Hermione continuaba con la vista clavada en su libro, aunque Harry había notado que no cambiaba de página. Sin embargo, enfrentó a la chica cerrándolo de golpe – y eso es por qué todo esto no es más que una idiotez.

La Ravenclaw enrojeció de ira diciendo - ¿ah, sí¡Eso lo dices por qué a ti nadie te invitaría a tocarlo!

Hermione palideció de coraje, pero no pudo contestar por qué Thomas ya se había puesto en pie y ahora organizaba una fila, pues las chicas habían empezado a arremolinarse en torno a Ron y cosas como "es mi turno" o "déjame tocarlo a mí" se podían escuchar. Había que organizarse y Thomas y Finnigan ya se encargaban de ello.

- De una por una chicas, de una por una – organizaba Seamus con presunción.

- No puedo creerlo – Hermione miraba la escena con indignada contrariedad y parecía que de un momento a otro podría fulminarlos a todos. Recogió los libros furiosa y antes de irse se volvió a Harry, espetando acalorada – dile a Ron que cuando termine de atender a sus "admiradoras" – escupió más que decir – vaya a buscarme para empezar su ensayo – y dando empellones a las chicas, se fue.

Después de un rato, se comprobó lo que Harry esperaba. Ninguna de las chicas fue capaz de tocar el Diamante y muchísimo menos lograr que de él brotara una llama.

- ¿Dónde está Hermione? – le preguntó Ron sin inquietarse por el resultado de las pruebas.

- Dijo que fueras a buscarla a la biblioteca, por lo de tu ensayo – respondió Harry, evitando decir lo del enojo de su amiga.

- Sí, claro – suspiró Ron con pesadez. Se golpeó la palma de la mano con un puño y aseveró – no va a dejarlo por la paz ¿verdad?

- No – confirmó Harry – y será mejor que vayamos a buscarla si no quieres tener más problemas con ella.

- Ni lo digas – susurró Ron colgándose la mochila al hombro. Fue entonces que Harry notó algo en ella. Lo agarró con una mano y se lo mostró a su amigo.

- Mira, una luciérnaga.

- Ah, sí, las luciérnagas. Ya se me habían olvidado. – Comentó Ron sin inmutarse.

Comenzaron a caminar mientras Harry le aconsejaba. – Sabes, tal vez Hermione tenga razón, no deberías usar el Diamante. Neville opina que esa cosa puede delatarse sola y no necesitamos de más problemas, con lo del Corazón tenemos bastante.

- Pero no tiene nada de malo, fuera de que nadie lo puede tocar, no le veo otro inconveniente.

Harry aceptó que era cierto. Aún así concluyó – es un objeto inútil, lo sé, pero lo siguen luciérnagas y algún maestro puede darse cuenta que esta en tu poder. Francamente no sabemos que tanta gracia les haría.

- Esta bien, te prometo que trataré de no usarlo. Al menos hasta que se vayan estos molestos bichos – dijo mirando a la luciérnaga que se perdía por el cielo.

Al llegar a la biblioteca buscaron a Hermione sin encontrar rastro de ella. Neville, en cambio, se encontraba rebuscando en uno de los estantes.

- Neville ¿no has visto a Hermione? – preguntó Harry después de saludar al chico.

- No, pero que bueno que te veo, tengo algo importante que decirte. Estuve hablando con Madame Pince y le pregunté donde podría conseguir información sobre el Corazón Nub¿sabes que me dijo? Qué esa información no viene comúnmente en los libros...

- Lo mismo que nos dijo Flitwick – interrumpió Ron.

- Sí, pero Madame Pince añadió que al menos no en los que se nos está permitido usar...

Harry comprendió enseguida a donde quería llegar Neville – eso quiere decir que en la sección prohibida si podemos encontrar algo.

- Estoy seguro que así es – le respondió Neville entusiasmado – el problema es como llegaremos hasta esa información.

- Eso déjalo por nuestra cuenta – apuntó Ron – lo resolveremos.

- Esta misma noche deberíamos venir a la biblioteca – sugirió Harry – el tiempo pasa y no es bueno ver a Malfoy tan tranquilo.

- Es verdad – coincidió Neville – lo he estado observando y siempre está muy pensativo ¿no estará planeando algo?

- Seguramente – afirmó Ron – pero no permitiremos que haga ninguna tontería – y sacó de uno de sus bolsillos los polvos bulbadox de los gemelos – si es necesario los utilizaré – dijo decidido.

- ¿Los traes contigo? – preguntó Harry curioso. Después de que los gemelos le hubieran dado la bolsita, la había botado por ahí sin pensar en ella. No estaba enterado de cuando Ron la había recuperado y mucho menos, de que la tuviera oculta en sus bolsillos.

- Eh... sí – contestó Ron vagamente – vamos a buscar a Hermione ¿no? O después no querrá ayudarme con mi ensayo.

Neville se ofreció a acompañarlos y poco después buscaban a Hermione por el castillo sin éxito. Decidieron buscarla en el Gran Comedor, al fin y al cabo se acercaba la hora de la comida. Harry iba delante de ellos, mirando a uno y otro lado por si la veía aparecer.

- ¡Ya la encontré! – exclamó Neville de pronto, señalando hacia uno de los pasillos que conducían al Gran Comedor y que, debido a la hora, se encontraba atestado de alumnos. -¡Hermione! – llamó Neville con voz potente. La chica se detuvo, volteó a verlos y esperó. A su lado, la Ravenclaw con la que había discutido, la examinaba con desfachatez.

- Comeremos primero y luego veremos lo de mi trabajo – murmuró Ron sobándose el estómago, mientras bajaban alegremente las últimas escaleras.

- ¡ACCIO VARITA! - El hechizo retumbó como un trueno callando la ola de voces que recorrían los pasillos. Todos los ojos se clavaron en Malfoy cuando con presteza atrapó la varita de Hermione en el aire y con decisión la guardó en su mochila. Los alumnos con caras de interrogación se miraban unos a otros sin comprender. Harry, Ron y Neville se detuvieron en seco. El pánico no los dejaba moverse. Malfoy, mirándolos con un rostro lleno de perversidad, espetó - Potter ¡esto se acabó! - Y a zancadas se dirigió a Hermione que lo veía acercarse con ojos muy abiertos.

- ¿Qué crees que haces? - lo interrogó entre enfadada y nerviosa cuando Malfoy llegó frente a ella - ¡devuélveme mi varita! - exigió extendiéndole la mano.

Los alumnos se fueron arremolinando. Un sin fin de murmullos invadía el lugar. Harry alcanzó a ver a Seamus y a Thomas llegando por un lado, y a Ginny a Luna llegando por otro. Y todos, con excepción de Luna, al ver la situación se quedaron petrificados. En sus caras se veía claramente que se preguntaban qué hacer. Luna en cambio ladeaba la cabeza con curiosidad.

- Creo mi ángel - empezó Malfoy con un tono lo suficientemente alto para que todos lo escucharan - que ha llegado el momento de mostrarle al mundo lo que pasa entre nosotros...

Hermione dejó caer su mano y abrió la boca asombrada, luego sus labios se torcieron en una mueca de enfado y aclaró - ¡entre tú y yo no pasa nada¿entiendes?

Sólo que Malfoy no entendía. Antes de que Hermione diera la vuelta para alejarse de ahí, la tomó por el brazo y la arrinconó contra una pared. No iba a dejarla huir.

- ¡No te atrevas a tocarla! - gritó Ron librando de un brinco las últimas escaleras. Harry lo siguió, evaluando si podía lanzar un hechizo o no, sin dañar a su amiga.

Malfoy volvió el rostro mirándolos divertido. - Muéstrales, mi ángel - pidió tratando de contener a Hermione que forcejeaba con todas sus fuerzas para librarse de él. - Muéstrales a Potter y a Weasley a quién realmente prefieres...- y dicho esto fue acortando el espacio. Hermione reforzó su intento de zafarse al comprender lo que Malfoy quería hacer. Iba a besarla.

- ¡No te atrevas Malfoy¡No te atrevas o yo misma te convertiré en renacuajo!

Pero Malfoy parecía no oírla. Estaba fuera de sí. Tal y como estaba Ron que intentaba correr entre el montón de alumnos que le estorbaban el paso. - ¡Voy a matarlo¡Lo retorceré con mis manos¡Va a acordarse de mí!

Harry intentaba seguirlo, escuchando el sin fin de murmullos que caían a sus espaldas. "¿Granger y Malfoy?"... "ya sospechaba algo así"... "¡esto es de antología!".

- ¡Potter y Weasley!- rugió una voz conocida. Harry sintió como el mundo se derrumbaba. Era Snape dando la vuelta por uno de los pasillos. - ¿Peleando otra vez¿Pueden decirme...? - Y entonces los vio. Draco y Hermione arrinconados y quietos contra una pared.- Pero ¿qué demonios...? - preguntó empujando alumnos para acercarse a ellos.

- ¡Profesor Snape! - saludó Malfoy alegremente separándose de Hermione - quiero presentarle a mi novia.

La cara de Snape perdió de golpe todo color. - ¿Tú... tú...? - giró hacia Harry como una serpiente dispuesta al ataque - ¡Potter¡Usted y Weasley van a explicarme ahora mismo que está pasando!

Se había acabado. Su vida en Hogwarts había acabado.

- ¡Ustedes dos vendrán conmigo! - dijo tomándolos con fiereza por el cuello del uniforme - ¡Granger y Malfoy vienen también!... ¡Todos los demás fuera de mi vista¡El espectáculo terminó¡Fuera de aquí o los castigo a todos!

Los alumnos no dudaron ni un instante en obedecer a Snape. El sitio de inmediato empezó a vaciarse.

- Ellos también son parte de esto - declaró Malfoy, inocentemente, señalando a Dean, Seamus y Neville que intentaban escurrirse por uno de los pasillos.

- ¡Longbottom, Thomas y Finnigan¡Vengan aquí de inmediato! - gritó soltando a Harry y a Ron. Los chicos de inmediato obedecieron. Snape echó a andar rumbo a su despacho con pasos hoscos. Iba furioso. Los demás, exceptuando Malfoy, lo seguían como corderitos a un matadero. Harry pudo ver como Ginny, completamente alarmada, corría en dirección a la torre Gryffindor arrastrando a Luna consigo.

Pero ¿qué podría hacer Ginny para salvarlos? Snape no iba a tener piedad de ellos. No iba a tenerla. Estaban irremediablemente en sus manos.