Para todos los que desde ya, extrañan a Dumbledore.
Y también para los que extrañan las clases de pociones impartidas por Snape.
Capítulo XXVI.- Un corazón por respuesta.
El puño de Snape golpeó contra la mesa, sobresaltándolos a todos. - ¿Un Corazón¿Cómo que un Corazón Nub? - Estaban en su despacho y acababan de decirle el porqué de la actitud de Malfoy. - ¿Qué no saben que puede ser peligroso?... ¡Pero claro¡Para ustedes todo es un juego! - Los chicos no se atrevían ni a mirarse unos a otros por temor de que eso fuera a enfurecer más a Snape.- Para usted debió ser muy divertido Potter - espetó con una voz cargada de veneno. Harry sintió como si alguien lo hubiese golpeado en el estómago.
- ¡Pero Harry no hizo nada! - intervino Ron con un tono de voz no muy apropiado. - ¡El Corazón lo encontré yo y Malfoy me lo quitó y se lo comió!
Snape se irguió entonces, mirando a Ron como se mira a un gusano - seguramente Weasley, usted debió haber estado jugando con él llamando la atención del señor Malfoy. - Ron no contestó y Snape susurró con desprecio acercándose a él - ¿qué no sabe que el Corazón Nub puede ser utilizado para fines más interesantes y no sólo para una estúpida broma?
- Nunca fue esa nuestra intención - se apresuró a decir Hermione - fue un accidente.
- ¿Y por qué no me lo dijeron? - El silencio que se hizo fue tan impresionante que podía haberse escuchado la caída de un alfiler. - ¿Tanta es su presunción que creyeron poder resolverlo ustedes solos?
- Pensamos que encontraríamos otro Corazón - respondió Harry, sintiendo que iba a reventar. - Para nosotros tampoco fue divertido.
- Tan simple como eso, Potter - Snape se cruzó de brazos con un gesto entre colérico y burlón - encontrar otro Corazón ¿y qué¿Pensaba pedirlo vía lechuza? - Sus ojos brillaron frenéticos al enfrentarlo de cerca y decir - para su información es casi imposible encontrar el arbusto y mil veces más encontrarlo con un fruto¿y mientras tanto¿Cual era su plan¿Divertirse a costillas del señor Malfoy?
- No - musitó Harry con voz contenida. - Nuestro plan era regresarlo a la normalidad. Siguiendo a Hermione es bastante molesto ¿sabe?
- Eso es lo de menos Potter. Malfoy podía haber hecho cosas peores que seguir a la señorita Granger. Mucho peores - enfatizó - al menos el asunto no llegó más lejos ¿o me equivoco? - preguntó bajando la voz y observando fijamente a Harry.
- No, no se equivoca - contestó Harry sosteniéndole la mirada.
Malfoy, en tanto, se hallaba sentado sobre la mesa balanceando los pies con aspecto distraído. Era claro que no prestaba la menor atención a lo que ahí se decía. Dio un largo bostezo y preguntó - ¿ya nos podemos ir?
- Aún no - respondió Snape cortante. Luego, se dirigió con rudeza a los chicos - si ustedes tuvieran la delicadeza de informarse, sabrían que los efectos del Corazón Nub no son un juego. Su poder de control es tan grande que incluso utilizado de una forma precisa puede servir para esclavizar a la persona que uno desee. Se rumora que fue utilizado de forma secreta por el Ministerio, en una época lejana, pero debido a su peligrosidad fue prohibido... una lástima, sin duda, ya que yo lo utilizaría en ustedes para hacerlos actuar con sensatez.
Su vista se fijó en Harry, pero a él no le importó. Lo dicho por Snape le había sorprendido, por que era lo mismo que había escuchado de Luna. Después de todo ella había dicho la verdad.
Snape dio la vuelta y con pasos firmes y rápidos se dirigió hacia donde solía guardad sus ingredientes. Después de unos minutos regresó con un cofrecillo en la mano - deberían haber imaginado que yo, como experto hasta en las más complicadas pociones, podía haberles dado una pronta solución para el estado de Draco... - abrió el cofrecillo con un toque de varita y ante los asombrados ojos de los Gryffindor sacó un hermoso Corazón. Rojo y apetitoso.- Pero creo que actuar con inteligencia es pedir demasiado en ustedes. Obviamente mi lista de ingredientes es tan amplia que no podrían ni sospechar lo que tengo en mis manos - extendió una de las frutas a Malfoy y pidió - cómaselo, se sentirá mejor.
Malfoy miró la fruta sin interés. Miró a Snape con una sonrisa y soltó - no, gracias... no tengo hambre.
La boca de Snape se torció en una mueca horrible, se acercó a Hermione y sentenció dándole la fruta - haga que se lo coma señorita Granger, si no quiere verme realmente enojado.
Hermione, presurosa, llegó hasta Malfoy y pidió - Malfoy, cómete esta fruta, verás que bien te sientes.
- Yo estoy bien. Con sólo verte no necesito más.
- Cómetelo. Hazlo por mí - pidió una vez más Hermione sin atreverse a mirar a Snape que a estas alturas parecía a punto de estallar.
- Está bien - cedió Malfoy - si tú quieres la comeré - y se metió el fruto a la boca.
La reacción de Malfoy fue igual a la anterior. Tosió atragantándose y luego se desvaneció. Snape se acercó para socorrerlo y Malfoy, débilmente, abrió los ojos.
- ¡Auch¡Mi cabeza! – se quejó incorporándose con dificultad - ¿por qué me duele tanto?
- Se sentirá mejor, en unos minutos el dolor desaparecerá – le dijo Snape ayudándolo a levantarse. El muchacho lo hizo y se topó de frente con los otros chicos. Los miró fijamente, como si tratará con todas sus fuerzas de recordar algo. Y de pronto, se sujetó la cabeza con fuerza mientras su cara se convertía en una mueca de horror total.
- ¡Inten... intenté besar a Granger! – murmuraba con la expresión de querer tirarse a un pozo y limpiándose la boca con desesperación como si hubiese probado algo horrible. Harry, de muy buena gana, le hubiera dado un puñetazo en la nariz. Malfoy, respirando con fuerza, volvió a mirarlos y sus ojos se detuvieron en Ron - ¿le... le salve el pellejo a Weasley? – dijo deteniéndose del escritorio de Snape, daba la impresión que de un momento a otro iba a caer. - ¡Hice un trato contigo, Potter! – le acusó como si él tuviera la culpa de algún terrible delito. Al parecer seguía recordando a trozos. Harry temía por lo que pudiera decir. Entonces miró a Neville - ¡ayudé a Longbottom en el curso! – exclamó negando con la cabeza. Mirando al suelo con desesperación empezó a murmurar en tono de súplica – no... no... no pudo ser verdad... todo fue un mal sueño... ¡Fue una pesadilla!... ¡Fue una pesadilla!... ¡Tuvo que serlo!... – respiró con fuerza y meditando en algo los enfrentó - ¿qué fue lo que me hicieron?
- Nosotros no hicimos nada – la voz firme de Thomas sobresalió mientras observaba a Malfoy con desagrado – tú solito te metiste en problemas y nos arrastraste a todos con tus estupideces.
- Señor Thomas –advirtió Snape – cuidado con lo que dice. – Sus delgados labios se curvaron en una fina sonrisa y todo él pareció una serpiente a punto de lanzarse sobre su víctima. – Y ahora, pensemos en un justo castigo para ustedes... – de verdad que lo iba a disfrutar – en vista de que pusieron en riesgo a un compañero, lo más justo es una expulsión – los ojos de Draco brillaron de alegría – pero tomando en cuenta que Thomas y Finnigan nunca se habían visto involucrados en problemas de este tipo, su castigo podría ser menor. – Miró a Harry, Ron, Hermione y Neville con deleite saboreando sus palabras – y ustedes cuatro al fin lograron lo que tanto querían.
- ¡Mi abuela me matará! – susurró Neville angustiado.
Harry cruzaba los dedos por un milagro. El que fuera. Seguramente Dumbledore no estaría de acuerdo con expulsarlos y eso los esperanzaba. Y el milagro llegó. Tocaron a la puerta y después de que Snape dijera "pase", Minerva Mc Gonagall entró.
- ¿Profesor Snape¿Puedo hablar con usted?
Snape la miró con recelo, musitando – por supuesto.
- Supe del problema con el señor Malfoy y creo que, siendo alumnos de mi casa los que propiciaron el problema, es mi deber castigarlos – se volvió hacia ellos diciendo severa – hablaré con ustedes en un momento, por lo pronto tienen diez puntos menos cada uno.
- ¡Auh! – se quejó Finnigan – ¡son sesenta puntos menos! – pero se calló al ver la advertencia en el rostro de Mc Gonagall.
- Minerva – comenzó Snape tratando de aparentar tranquilidad – yo creo que no es cuestión de puntos. Potter y sus amigos pusieron en peligro a un alumno y merecen ser expulsados.
Mc Gonagall enarcó una ceja examinado a Malfoy de arriba abajo – por lo que veo dicho alumno está entero, no le encuentro nada grave, tal vez un poco de jaqueca, pero esa no es razón para expulsar a nadie.
- ¡Pero le dieron un Corazón Nub y tú sabes de los riesgos de esa fruta! – exclamó Snape empezando a perder la calma.
Mc Gonagall calló un momento. Sin despegar los ojos de Snape, ordenó - ¿Quieren hacer el favor de salir? Tú también Malfoy. Necesito hablar con el profesor Snape.
Obedecieron en el acto. Harry estaba seguro que, fuera como fuera, Mc Gonagall lo resolvería y eso lo alegraba. También apostaría todo su oro en Gringotts, a que la profesora no estaba ahí por casualidad, sin duda Luna y Ginny tenían mucho que ver.
- ¡Eh¡Ustedes¡Esperen ahí! – la voz de Malfoy hizo que todos se volvieran con aprensión.
- ¿Qué quieres? – preguntó Harry con fastidio.
- Sólo decirles que esta humillación no se quedará así – indicó acomodándose la túnica con altivez – jamás les perdonaré el ridículo que me hicieron pasar.
- ¡Por favor Malfoy¡Nadie te obligó a comerte ese Corazón¡Y devuélveme mi varita! – espetó Hermione dando dos zancadas y arrebatándole la varita que Malfoy comenzaba a sacar de su mochila. El Slhyterin la miró con inmenso odio.
- Vamos, Granger - dijo apretando los labios con rabia - nunca creí que cayeras tan bajo. Porque estoy seguro que esta fue idea de todos ustedes - los acusó - Me engañaron y de alguna manera caí en su trampa - recorrió a Hermione con la vista diciendo con crueldad - sólo con un hechizo Granger, podías lograr que alguien como yo se fijara en ti. Aparte de sangre sucia ni siquiera eres lo suficientemente bonita como para...
- ¡Púdrete Malfoy! - escupió Ron y Harry tuvo que detenerlo por la túnica para que no se abalanzara contra el Slytherin. Aún así no pudo evitar que le dijera furioso - ¡todo lo que dices no es cierto¡Hermione es única y eres tú quién jamás la merecerá¡Por si no lo recuerdas ella fue la única que te defendió cuando nadie más lo hubiera hecho!¡Ella fue la única que se ocupó de cuidarte y vigilar que ninguno de nosotros se pasara de listo contigo¡Hermione es inteligente, noble y es la chica más lin...! - y se detuvo, con la cara asustada, parecía como si quisiera tragarse las palabras que había estado a punto de pronunciar.
Malfoy fijó su vista en él. Y curiosamente no parecía enojado. Una sonrisa burlona se anunciaba en su rostro. - Ah, ya veo - dijo con suspicaz expresión -tú no estabas muy contento mientas yo me encontraba bajo el hechizo del Corazón ¿verdad Weasley? - y prorrumpió en carcajadas burlonas mientras se preguntaba más para sí mismo con incredulidad - ¿pero es que acaso...¿El pobretón De Weasley? - lanzó una gran carcajada y comenzó a alejarse sin dejar de decir - no... no... ¿Cómo no me di cuenta antes?
- ¿No vas a esperar a Mc Gonagall? – le gritó Thomas.
Malfoy se volvió un segundo y le contestó con desprecio – el problema es de ustedes, no mío. – y dando la vuelta, desapareció.
- Idiota – musitó Finnigan.
Justo en ese momento, Mc Gonagall salió del despacho de Snape. – Me alegro que todavía estén aquí – dijo cerrando la puerta con prisa e indicándoles con señas que la siguieran – Potter, Dumbledore te quiere ver en su despacho en media hora. No te preocupes – le aclaró al ver su expresión – se quedarán en Hogwarts, pero les preciso que aparte de los puntos menos tienen una detención y no, no pongan esa cara que salen bien librados. – abrió una puerta y les hizo entrar en un aula vacía. – Finnigan y Thomas limpiarán los pasillos del quinto y sexto piso supervisados por Filch. – Ambos abrieron la boca para protestar, pero Mc Gonagall, sin hacerles el más mínimo caso continuó hablando. – Granger y Weasley limpiarán el haya de una plaga que la invade. Madame Sprout les dirá como. Potter y Longbottom se encargaran de limpiar el aula de pociones y el despacho del profesor Snape después de clases. Supervisados personalmente por él, por supuesto. Todos durante dos semanas... ¿sucede algo Potter? – preguntó al ver la expresión de horror que sin duda Harry tenía en la cara.
- No... bueno sí, profesora, no puede dejarnos en manos de Snape – imploró Harry – se ensañará con nosotros...
- Tonterías Potter. Además, eso es mejor que una expulsión ¿o me equivoco? – Harry negó desalentado con la cabeza – Ahora cuéntenme ¿qué fue precisamente lo que pasó y que hizo Malfoy bajo el hechizo?
- Pues – comenzó dubitativo Harry – se portó gentil con Hermione.
- También me ayudó en el curso con mis dudas sobre la poción de Selenosis – agregó Neville arrugando la frente y rascándose la barbilla todavía incrédulo.
- Y le regaló flores a Hermione. Dorillíneas... quisiera ver su cara cuando recuerde lo que pagó por ellas. – dijo Thomas con una risita maliciosa.
- También hizo un trato para ya no pelear con Harry – recordó Finnigan.
Mc Gonagall escuchó atenta y muy seria todo lo que le fueron contando. Harry agradeció que todos se reservaran aquello, que a su parecer, no debía ser contado. En especial lo de Lucius Malfoy y el traslador.
- Así que en la Madriguera – susurró Mc Gonagall con una media sonrisa – y así que trabajó con ustedes dos y con Ginny Weasley – dijo mirando a Harry y Neville. – Se quedó pensando algo unos momentos y luego preguntó - ¿cuántos puntos menos tiene nuestra casa?
- Contando los de Ron – se apresuró a decir Harry – son setenta.
- Muy bien, entonces les doy treinta puntos en general por lograr que un alumno de distinta casa, más precisamente un Slytherin, conviviera con ustedes olvidándose de prejuicios tontos. Y sí, ya sé que fue bajo un hechizo... pero el primer paso ya se dio y eso es lo importante. – Aclaró con voz dura. – Ahora, con respecto a los otros cuarenta puntos, espero que se esfuercen por recuperarlos. Quiero la Copa de las Casas en mi despacho ¿entendido?
- Si profesora – contestaron a coro. Para Harry fue imposible no regalarle una sonrisa.
- Eh... profesora – dijo tímidamente Ron adelantándose hacia mc Gonagall – entonces, en vista de que todo fue un mal entendido por culpa de una fruta ... ¿puedo olvidarme de mi ensayo?
- ¡Por supuesto que no señor Weasley! – negó Mc Gonagall irguiéndose más. – Un castigo es un castigo. – Sus ojos brillaron cuando Ron le dio la espalda, decaído. – Pero, tomando en cuenta que todo esto fue un desafortunado accidente, le doy una semana más para terminar su ensayo. Así que el lunes lo quiero encima de mi escritorio. – Ron la miró sin saber si alegrarse o enfadarse aún más. Mc Gonagall se dirigió a la salida dando una última recomendación – traten de no acercarse mucho a Malfoy, no quiero más dificultades. Y Potter, no te olvides de ir al despacho del profesor Dumbledore.
- No profesora – contestó Harry viendo a la profesora cruzar la puerta y alejarse.
- ¡De la que nos libramos! – exclamó Neville dejando escapar una gran bocanada de aire. – No quiero ni pensar en lo que habría hecho la abuela si me expulsaran.
- Si, pero los mejor librados fueron Hermione y Ron – espetó Finnigan con cierto reproche – al menos Sprout no es como Filch o Snape.
- No lo creo – objetó Hermione con gravedad – no sabemos el grado de dificultad para quitar la plaga. Además, reconozcamos que a todos nos fue bien, al menos ya quedó resuelto el problema y nosotros seguimos en Hogwarts.
- ¡No puedo creer que la solución haya estado frente a nosotros todo el tiempo! – dijo Harry repentinamente concierto desconsuelo. El sólo hecho de pensar en todo los problemas que podían haberse ahorrado le hacía sentir molesto.
- Se los dije – afirmó Hermione con suficiencia. – Si me hubieran hecho caso y desde un principio hubiéramos hablado con Snape, nos hubiéramos ahorrado muchos dolores de cabeza.
- ¡No fastidies Hermione! Sabes perfectamente que no podíamos hablar con Snape.
Hermione miró a Ron enfurecida. – Eso es por la horrible desconfianza que le tienen, pero yo creo...
- Yo creo que se la ha ganado – afirmó Thomas tajante.
- Así como todos nosotros nos ganamos una detención – intervino Harry sin mucho ánimo de soportar una pelea. – Así que lo que pudimos haber hecho ya no importa.
- Bueno sí, pero insisto en que hablar con Snape era lo más sensato. – reclamó Hermione tercamente.
- Sí, claro, ahora resulta que Snape es tu héroe – murmuró Ron con mordacidad.
- No – los ojos de Hermione lucían peligrosamente amenazadores – pero si considero que él es un gran mago y por lo tanto podría orientarnos...
- A lo único que nos orientaría Snape es a un precipicio – se mofó Ron cruzándose de brazos y volviendo la vista para no ver a Hermione.
- ¡Por favor Ron¡No digas tonterías!
- ¡Claro¡Ahí está de nuevo¡Siempre piensas que lo que yo digo es tonto!
- ¡No es verdad! Pero ¿por qué te obstinas siempre en darle otra interpretación a mis palabras?
Las voces de Ron y Hermione estaban subiendo de tono. Ambos se seguían a uno y otro lado del salón sin reparar en los demás. Los otros chicos se miraron y Finnigan murmuró – ahí vamos de nuevo.
Se encogieron de hombros y de común acuerdo, abandonaron el aula. Ron y Hermione se percataron de ello e interrumpieron su discusión, azorados.
- ¿A dónde van? – preguntó el pelirrojo acercándose a la puerta.
- Voy con Dumbledore – contestó Harry impasible saliendo del salón.
- Ustedes continúen – dijo Finnigan con el pomo de la puerta en la mano – por nosotros no se preocupen, tenemos ¡uf! Mil cosas que hacer... – y sin permitirle a Ron salir, cerró la puerta y todos apresuraron el paso – mil cosas... cualquiera es mejor que verlos pelear.
Harry se despidió tomando la ruta que llevaba al despacho del director. Al llegar a la gárgola todo el buen humor que podía haber traído consigo, se esfumó. Severus Snape llegaba en esos momentos deteniéndose también ante la gárgola. Por lo visto, Dumbledore los había citado a los dos.
- Debes estar muy contento Potter - dijo sin despegar los ojos de la gárgola - una vez más te has salido con la tuya.
Harry prefirió no contestar. Y fue una fortuna que la gárgola le cediera el paso en esos momentos a Albus Dumbledore.
- Ah, ya están aquí - dijo en tono distraído. Al parecer no estaba ni mínimamente enojado. - Vengan, vengan conmigo...
Subió las escalinatas tarareando suavemente. Harry y Snape lo seguían. El primero extrañado y el segundo con aspecto de querer lanzar maldiciones sin tocarse el corazón. Llegaron al despacho y entraron. Dumbledore cerró la puerta detrás de ellos y se acomodó en su escritorio.
- Siéntense. - Pidió gentilmente. Harry lo hizo, pero Snape permaneció en pie.
- Veo que al fin el problema se ha resuelto favorablemente.
Dumbledore acariciaba el fénix que se había posado sobre el escritorio. Sus gafas de media luna lanzaban destellos cuando ladeaba la cabeza. Harry se quedó estático.
- ¿Perdón? - musitó confundido.
- El problema del señor Malfoy - la voz de Dumbledore sonaba tranquila. Como un remanso de calma. Sus ojos chispearon. - Al fin se comió el otro Corazón.
- ¿Cómo? - Intentó preguntar Harry. Más Snape, con el rostro crispado, lo interrumpió.
- ¿Estaba usted enterado de todo esto?
Dumbledore levantó la cabeza y enfrentó a Snape con gesto tranquilizador. - Severus, era imposible que no me enterara con Dionisios y Tonks vigilando.
El rostro de Snape se contorsionó. - ¿Ellos sabían...?
- Vamos Severus, no es tan terrible. Todo está bajo control.
- ¡Pero era peligroso¿Y qué si Malfoy hubiera puesto en riesgo a los otros o a él mismo?
- Severus, ni en la Colina ni en la Madriguera les habría pasado nada. En la Colina tú estabas al frente y en la Madriguera eran vigilados por Tonks.
Harry no entendía. ¿Qué significaba todo aquello¿Quién era Dionisios y de qué estaban hablando? Prefirió escuchar hasta que todo fuera más claro.
- Potter y sus amigos merecen una expulsión y usted lo sabe - murmuró Snape con venenoso reproche - el dominar la mente de una persona no es cuestión de juego ¿o acaso me hizo llevar a Malfoy a propósito como parte de su plan?
- Severus, te aseguro que no es así. Y tampoco creo que ellos intentaran dominar a nadie. Ni siquiera creo que fueran concientes de que pudiera hacerse tal cosa. Todo fue un infortunio. Nadie imaginaba que hubiera un Corazón Nub en la Colina y mucho menos que el señor Weasley lo encontraría.
- Así que una vez más pasaremos por alto la violación a las normas que hace Potter - susurró Snape con los labios apretados.
-Por supuesto que no Severus. Harry tiene una detención.- Suspiró y dijo - Lo importante es que el objetivo que teníamos se cumplió.
- Que alegría - dijo Snape con una voz que denotaba todo, menos eso.- Y yo he quedado como un tonto. Apuesto a que todos sabían lo del Corazón Nub, excepto yo... ¿para hacer ese ridículo me pusieron en el papel de niñera?
- Severus... - intentó decir Dumbledore, pero Snape, con frialdad absoluta, lo interrumpió.
- ¿Puedo irme? Tengo infinidad de cosas importantes que hacer y no sólo estar pendiente de Potter.
- Está bien, Severus - concedió Dumbledore con tranquilidad - ya hablaremos después...
- Lo dudo - musitó Snape y se marchó a zancadas soberbias en un suspiro.
Harry ahora tenía cierta idea sobre lo hablado por ambos profesores. Ahora estaba seguro que sus sospechas sobre el curso no eran del todo erróneas.
- Ya se le pasará - dijo Dumbledore alegremente y volvió a acomodarse en su escritorio.- ¿Todo está bien?- preguntó al ver la expresión de intriga en el rostro de Harry.
- Profesor¿usted sabía...? - comenzó Harry sin más preámbulos.
- ¿Qué Draco Malfoy estaba bajo el hechizo de un Corazón Nub? Tal vez... sí.
- Pero no entiendo - reflexionó Harry - ¿por qué no hizo nada¿Y por qué dijo el profesor Snape que le habían dado el papel de niñera¿De quién cuidaba¿De mí?
Dumbledore se levantó majestuoso. Le acercó a Harry un recipiente con dulce Berttie Bopp - toma uno - le dijo, y Harry obedeció. - Harry, tú sabes que siempre hemos estado pendientes de ti. No podemos darnos el lujo de evitarlo. Tu vida corre peligro. - Harry lo escuchaba atento. No sabía que relación tenía todo eso con el asunto de Malfoy. - Y nosotros sabemos que la carga que se te ha puesto sobre los hombros es excesiva. Un muchacho como tú debería pensar en otras cosas y no sólo en el peligro, el miedo o la guerra – Harry seguía callado, y muy atento a Dumbledore, se metió el dulce a la boca automáticamente. - ¿Qué te pareció la Colina del Mago? – preguntó Dumbledore dando un giro a los pensamientos de Harry.
- Hermosa – reconoció, atragantándose un poco con el dulce. Era de pimienta.
Dumbledore pareció satisfecho. –Sí, nosotros también así lo creímos. El de la idea del lugar fue Lupin, y todos estuvimos de acuerdo en que era una excelente propuesta.
- ¿Todos? Pero...
- La Orden... creímos que necesitabas un descanso, algo distinto. Así que se nos ocurrió enviarte a la Colina del Mago. Queríamos que tu estancia ahí fuera algo natural, algo así como unas vacaciones. Por supuesto Ron y Hermione podrían acompañarte junto con alguien que los vigilara, pero se nos ocurrió que tal vez así no se divertirían tanto, pues con un adulto ni tú ni tus amigos se sentirían en completa libertad. Entonces la profesora Mc Gonagall opinó que si había más personas no sentirían la atención centrada en ustedes y se le ocurrió inventar lo del curso. Como bien habrás visto no aprendieron nada nuevo, pero tuvieron la oportunidad de curiosear por ahí. Sólo teníamos un contratiempo ¿quién los vigilaría? Lo más viable era elegir al profesor Snape, pues un curso de pociones justificaba plenamente que anduvieran por ahí con el pretexto de buscar ingredientes, y Dionisios, un viejo amigo mío, lo apoyaría en ese aspecto.
- ¿Dionisios¿El señor Dungs? – se le ocurrió a Harry. – Entonces se refería a ustedes cuando se despidió de mí – Dumbledore lo observó extrañado y Harry aclaró – oh, no es nada importante, sólo me dijo que esperaba que mi estancia ahí hubiera sido agradable, no recuerdo bien, pero cuando me dijo que se habían esforzado por qué así fuera Snape lo miró como si le advirtiera que estaba hablando de más. Recuerdo que eso me pareció extraño.
Dumbledore sonrió con discreción y dijo contento – Veo que no es fácil engañarte. En fin, hasta ahí todo iba bien – dijo retomando el curso de su plática – pero Lupin señaló, con toda razón, que Snape no sería gentil contigo, y no había forma de evitarlo, pues forzosamente necesitábamos de alguien que te vigilara constantemente. Fue cuando pensamos en Malfoy, él es de la total confianza de Severus y te vigilaría, inconscientemente claro, pero de forma eficaz, con tal de quedar bien con el profesor Snape. Supusimos que para ustedes sería más fácil de controlar y no los agobiaría tanto. Cuando sucedió lo del Corazón Nub, Dungs se dio cuenta enseguida y escribió contándome todo. Es más observador de lo que imaginas.
- ¿Y no les preocupó que Malfoy pudiera hacer nada malo? – preguntó Harry sin entender del todo lo rebuscado del absurdo plan.
- Sí, un poco, pero Dionisios nos dijo que ustedes lo estaban manejando muy bien. Al menos Severus no se había dado cuenta y Malfoy convivía con ustedes. Eso nos pareció muy bueno para los dos.
Harry se quedó callado, tratando de no mostrar su escepticismo ni su incredulidad. ¿No hubiera sido todo más fácil si lo hubieran mandado directamente con Lupin o con cualquiera de los otros miembros de la Orden? A saber que clase de locura temporal tendrían todos cuando se les ocurrió elucubrar semejantes vacaciones. Y, sin poder evitarlo, otra pregunta comenzó a revolotear en su cabeza. Si Dumbledore sabía lo del Corazón Nub¿acaso sabría también lo del Diamante Corlux?
- Por consejo mío Tonks les sugirió pedir ayuda al profesor Snape. - Dumbledore continuó con su explicación impidiendo que los pensamientos de Harry siguieran navegando - Yo sabía que él tenía algunos Corazones en su poder, fue por eso que no nos preocupó tanto el asunto – la cara del viejo mago se iluminó con una sonrisa – creo que el curso fue tan divertido como lo habíamos pensado. Al menos te ocupaste de otra cosa y no de Voldemort.
Harry se contuvo para no poner los ojos en blanco. Definitivamente Dumbledore y Hermione tenían que revisar su concepto de diversión. Aún así agradecía que hubiera personas que se preocuparan tanto por él. – Pues sí – admitió divagando – no pensé tanto en Voldemort, más bien me preocupaba que Malfoy no metiera la pata.
- Dionisios también los ayudó con eso. El último día distrajo a Severus para que ustedes pudieran marcharse a la Madriguera libremente.
- ¿También sabían eso? – preguntó Harry sorprendido.
- Sólo Lupin, Mc Gonagall y yo. Dionisios también nos informó de eso. Por accidente escuchó a Longbottom y a Finnigan hablar de lo que pensaban hacer.
- ¿Y el señor y la señora Weasley?
Dumbledore adoptó un gesto serio y preocupado. – Al principio ellos estaban cumpliendo con una misión de la Orden, pero después les inventamos otra cosa. Por supuesto no saben nada, ni del Corazón, ni de que un Malfoy estuvo en su casa, por lo menos Molly, jamás estaría de acuerdo. Supongo que cuando lo sepa no habrá modo de contentarla.
Las tripas de Harry protestaron, recordándole que aún no probaba alimento. Dumbledore, comprensivo, señaló – bien Harry, es hora de que vayas a comer, ya continuaremos hablando de la maravillosa Colina en otra ocasión.
Harry obedeció y se dirigió a la puerta. Antes de salir escuchó que Dumbledore susurraba – espero que tu amigo Ron Weasley encuentre pronto la solución a su problema. En eso no puedo ayudarlo.
Harry salió del despacho con la completa certeza de que Dumbledore sabía ya lo del Diamante.
Los rumores, lejos de cesar, siguieron creciendo. Las especulaciones sobre lo ocurrido dieron pie a una y mil absurdas teorías por parte del alumnado. Hubo quien aseguró que Malfoy había estado enamorado de Hermione desde el primer momento que la vio y por eso sus constantes enfrentamientos con Harry. Ellos, por supuesto, no desmintieron ni dijeron nada. Los demás podían creer lo que quisieran. Aunque si era muy molesto para Hermione que todo mundo no dejara de verla.
- Acéptalo Hermione, podría haber sido peor. –Finnigan jugaba con su pluma intentando mantenerla en equilibrio. Hermione, por su parte, observaba disimuladamente a Thomas.
- Sí, podría haberse quedado para siempre así – Dean, con la lista en la mano, hacía una revisión minuciosa, agregando y tachando nombres – lo único bueno es que lo de Ron ha ido viento en popa.
Harry no perdió detalle del gesto furioso de Hermione ante el comentario. No podía ser. Después de lo del Corazón, sus amigos aún tenían ánimos para jugar con el Diamante. Ni él ni Hermione estaban de acuerdo con eso, pero a Ron sí parecía encantarle la idea. De un tiempo para acá siempre se hallaba rodeado de chicas.
- Oigan, aunque Dumbledore se mostró comprensivo con lo del Corazón, no debemos tentar a la suerte. - Harry no les había comentado la verdad del curso más que a Ron y Hermione, logrando con eso que su amigo, no dejara de lanzar pestes contra todos durante un buen rato.
- Suerte tendremos si alguien logra tocar esa cosa - murmuró Thomas rascándose la nariz con la pluma - a este paso hasta Mc Gonagall tocará el Diamante sin ningún resultado positivo.
- ¿Te imaginas? - inquirió Seamus y rompió a reír.
- ¿Mucho trabajo? - Ginny, quien llegaba en esos momentos, distrajo la atención de los chicos. Ambas tenían el aspecto de haberse enfrentado a una feroz lucha.
- No - contestó Hermione y levantó la mirada hacia ellas - sólo estábamos... ¿pero qué les pasó?
- Ah, esto - murmuró Ginny tratando de arreglarse la túnica y el cabello - es que estuvimos en Herbología tratando de replantar el retoño de una mandrágora algo histérica.
- ¿Y? - preguntó Harry tratando de no reír ante el aspecto de las dos chicas.
- Lo logramos - Ginny levantó los brazos en señal de victoria. Luna, por su parte, clavó los ojos en Harry.
- Resolvieron lo del Corazón - dijo con voz átona - entonces supongo que esto ya no servirá. - rebuscó en su mochila y le extendió unos trozos de pergamino arrugado. Harry los tomó avergonzado. Le incomodaba que Luna se hubiera tomado la molestia de escribirle a su padre, y peor aún, que este se hubiera tomado la molestia de contestar para mandarle el resultado de sus investigaciones.
- Luna, yo... - se levantó alisando los pergaminos y echándoles una ojeada - lo siento - dijo al fin mirándola fijamente a los ojos - sé que este trabajo fue muy importante para tu padre y yo, bueno, nosotros, estamos muy agradecidos por tu ayuda, y no...
- Oh, no importa - le interrumpió Luna sonriendo - los acabo de recibir esta mañana y al revisarlos descubrí que no les serviría de mucho. Es muy complicado llevar a cabo toda esa serie de ritos y pócimas, por lo menos se hubieran llevado todo un año intentándolo y como no está comprobado, sería muy difícil decir si daría resultado o no.
- Bueno, de cualquier forma me gustaría quedarme con ellos, uno nunca sabe ¿no te importa?
La sonrisa de Luna se ensanchó aún más y negó con la cabeza. Harry recordó entonces que aún no les agradecía por librarlos de Snape.
- Ah, por cierto, muchas gracias por avisarle a Mc Gonagall lo de Snape. Si ella no hubiera llegado a estas horas ya estaríamos lejos de aquí.
- No fue nada - soltó Ginny encogiéndose de hombros - somos un equipo ¿no?
- Snape es muy duro contigo - comentó Luna volviendo a tomar su aire distraído.
- Supimos de su detención... no es tan malo.
- Ni no lo recuerdes - Finnigan guardó su pluma que de completo se negaba a mantenerse en equilibrio - dentro de un rato Thomas y yo tenemos que ir con Filch a limpiar pasillos.
- Y yo, aparte de librar un tonto árbol de una plaga, tengo que entregarle a Mc Gonagall un ensayo. - se quejó Ron con ojos llameantes.
- No puedes quejarte Ron, te dio más tiempo para entregarlo - observó Hermione con veracidad.
- ¡Qué generosa! - exclamó Ron levantándose de un salto. Hermione rodó los ojos y prefirió no contestar. Ginny y Luna se despidieron pues aún les quedaba una clase. Eso le recordó con pesar a Harry que aún le quedaban dos horas de pociones. A ver como se comportaba Snape después de lo del lío de Malfoy.
- Mejor nos vamos, no debemos llegar tarde y darle un pretexto a Snape para ser desagradable con nosotros - observó Hermione pensando quizás lo mismo.
- Snape no necesita pretextos para eso - adujo Ron observando su Diamante y guardándoselo en el bolsillo.
De camino a las mazmorras dos muchachitas con las que se cruzaron en el camino, abordaron a Ron y le pidieron que les mostrará el Diamante. Hermione no volteó pero comenzó a andar más rápido, alejándose en un abrir y cerrar de ojos. Harry se quedó indeciso. No sabía si seguir a Hermione o quedarse con Ron. Por un lado Hermione ya había desaparecido y por el otro, Thomas y Seamus se veían bastante entusiasmados de quedarse con Ron. Decidió seguir caminando pausadamente para que los chicos lo alcanzaran sin ningún problema. Minutos después, Ron le dio alcance.
- ¿Y Thomas y Finnigan?
- Se quedaron anotando los nombres de las muchachas.
- ¿Qué pasó¿Por fin brotó una llama? - preguntó Harry acomodándose la mochila y mirando a Ron con ironía. El pelirrojo se quedó unos segundos reflexionando.
- ¿Sabes que creo? Que tú y Hermione están un poco celosos...
Harry frunció el entrecejo divertido. - ¿Ah, sí¿Y en que basas tu brillante deducción?
- En que a ninguno de los dos les parece que yo tenga el Diamante en mi poder y que tenga tanto éxito con las chicas.
- Mira, - explicó Harry sonriendo - a mi me da igual que esta o aquella toquen esa cosa. Lo único que me preocupa son los problemas que nos puede traer si algún profesor lo descubre en tus manos - se detuvo un momento. No sabía que decir con respecto a Hermione. - En cuanto a Hermione, supongo que tiene razón en molestarse...
- Sí, claro, ella siempre tiene la razón. - Murmuró Ron con una sonrisa maliciosa - pero tú no tienes de que preocuparte, sabes que siempre comparto todo contigo.
Y antes de que Harry pudiera pensar nada, Ron jaló su mano y depositó el Diamante en ella. Una sensación muy curiosa recorrió sus dedos y se extendió por su cuerpo. Una corriente que lo sacudió de pies a cabeza y le obligó a cerrar los ojos. Su estómago vibró con una intensidad similar a cuando hacía magia con la varita y su Corazón dio tumbos. Todo eso cesó en un instante y al abrir los ojos descubrió a Ron riendo con el Diamante, aún vibrando, ya en sus manos.
- ¡Tu cara... deberías ver tu cara! - decía Ron sin dejar de reír.
Harry tardó un momento en reaccionar. Su mano aún cosquilleaba. - Ron - dijo en el tono más amenazante que pudo - deja de jugar con esa estúpida cosa. - Y comenzó a andar deprisa fingiendo estar ofendido. Ron le dio alcance un tanto preocupado.
- No te enojaste ¿verdad?
- Pues... - en realidad Harry no estaba molesto, más bien un poco intrigado. La sensación al tocar el Diamante no había sido de hecho desagradable. No entendía por que todos se quejaban de lo contrario. ¿Sería porqué Ron no estaba molesto con él¿O porqué eran amigos?
Ron seguía a la expectativa. - ¿Y?
- No, no estoy enojado - aceptó Harry mirando su mano - pero es raro, a mi ni me quemó.
Ron se encogió de hombros y se guardó el Diamante. - Maravillas de la adivinación - dijo imitando con voz afectada a Trewlaney - el Diamante ha adivinado con exactitud asombrosa que eres mi mejor amigo.
Harry comenzó a reír, pero Ron, dándole un codazo le señaló algo. Varias luciérnagas amarillas volaban veloces perdiéndose por el pasillo.
- Esto no me gusta nada - afirmó Harry apurando el paso. Ahora caía en la cuenta de que llegarían tarde a pociones.
- Supongo que Potter y Weasley tendrán cosas más importantes que hacer y por eso se dan el lujo de llegar tarde a clases - dijo Snape cizañoso mirándolos con especial desagrado mientras ellos buscaban su lugar en los pupitres. - ¿Acaso piensa romper el récord de castigos impuesto por su padre y Black? - susurró Snape con desprecio - ¡diez puntos menos a cada uno!
Harry reparó en las miradas rencorosas de los otros Gryffindor. Seguro no les caía nada en gracia el hecho de perder tantos puntos, así que, fingiendo no darse cuenta, comenzó a sacar sus útiles. Malfoy, dos pupitres adelante, ni siquiera volteó a verlo. Eso reconfortó en cierta medida a Harry. Era algo de lo bueno que había dejado el Corazón. Draco estaba tan abochornado que últimamente se comportaba tranquilo. Sin ánimo de ofender a nadie. Tal vez con el Diamante sucediera igual. Tal vez también tuviera su lado positivo.
Y mientras elaboraba, no tan concentrado, la Poción Infalible contra mordeduras de Mantícora, su mente volaba junto a las luciérnagas esparcidas en algún lugar del castillo. Y se preguntaba, pensando en Ron y en Hermione, si gracias a ese Diamante podría esperar por fin algo bueno.
¿Cuánto tiempo pasaría antes de saberlo con certeza?
