Capitulo 5:

Alzo la mano derecha para acariciarle la mandíbula, y le levanto el rostro para obligarla a mirarlo a los ojos. Tenía el iris de un ámbar asombroso y las pupilas grandes y oscuras como la noche. Había algo en si rostro que le resultaba familiar ¿La había visto antes? ¿La conocería? Roy se esforzó por centrar sus facciones… y fracasó.

-Hay muchas cosas que no recuerdo- aseguro-. Pero se que no he venido a hacerte daño ni a ti ni a tu gente. ¿Me crees?

Ella vacilo un instante y luego hizo un movimiento enfático con la cabeza.

-Tu no lo entiendes .Yo soy la responsable de la seguridad de todos los que estamos aquí.

-Me has salvado la vida. Estoy en deuda contigo. Y yo pago mis deudas.

Roy se sintió invadido por la impaciencia. Aquella conversación no llevaba a ninguna parte.

-¿Y como estas tan seguro?- Respondió Riza-. Ni siquiera sabes quien eres ni…

Sus palabras fueron interrumpidas por su propio gemido cuando el la agarro con mas fuerza de la muñeca, le dio la vuelta y la empujo por delante de el, obligándola a salir de la tienda.

El reflejo de la luz contra la nieve le cegó dolorosamente los ojos. Un frió húmedo se abrió paso a través de la planta de sus pies desnudos, recordándole que no había conseguido encontrar las botas. Mareado por la luz, y por su propio movimiento, Roy comenzó a tambalearse. Trato de mantenerse firme, de estar alerta por lo que pudiera ocurrir a continuación. Pero no pudo evitar la oleada de oscuridad que se apodero de sus sentidos, y que duro unos segundos antes de desaparecer como había venido.

Cuando se le aclaro el campo de visión cayo en la cuanta de que ya no estaba sujetando a Riza. La joven estaba su lado y lo sujetaba con el brazo izquierdo, presionándolo también con el hombro para ayudarlo mantener el equilibrio.

-¿Te encuentras bien?- preguntó alzando la vista para mirarlo con las facciones en tensión.

-Estoy perfectamente- mintió Roy arrugando los ojos para enfrentarse a la claridad.

-Adelante entonces- dijo ella sintiendo un escalofrió que le recorrió el cuerpo-. Mira a mi gente.

En aquel momento los ojos de Roy se habían acostumbrado ya a la claridad. Desde donde estaba podía ver dieciocho o diecinueve tiendas situadas alrededor de un grupo de álamos blancos como fantasmas. Todas las entradas estaban abiertas para recibir el sol de aquella mañana de invierno. En el exterior de la tienda más cercana una anciana con el rostro lleno de cicatrices molía hierbas secas en un cuenco de madera. Un poco mas allá, una mujer mas joven de grandes trenzas negras y un rostro hermoso estaba lavando unas cuantas pieles en la orilla del rió. Tras ella, a la entrada de su tienda, un hombre muy anciano con lo ojos blancos estaba sentado con la piernas cruzadas sobre una piel de cara l sol mientras trenzaba unos jirones de cuero.

Entre las tiendas había mas mujeres ishbalanas, algunas jóvenes, otras de mas edad. Todas ella estaban trabajando: Preparando la comida, cosiendo pieles. Ninguna precia ociosa.

Un puñado de chiquillos de piel morena corría entre los árboles jugando a perseguirse. Las dos niñas que habían aparecido en la tienda de Riza también estaban allí, junto a dos pequeñas y tres niños. Todos parecían tener la misma edad. Pero extrañamente no había la vista niños más pequeños. No había bebes. Y a excepción del anciano ciego, tampoco hombres.

Roy sentía las miradas de soslayo de las mujeres sobre el. Pero ninguna lo miro fijamente. Estaba claro de que jabón sido informadas de su presencia y que esta no les sorprendía.

-Cientos de guerreros ishbalanos dispuestos a acabar con mi vida. ¿No fue eso lo que me dijiste, Riza?- pregunto mirándola.

Ella dejo escapar un suspiro, como si se hubiera liberado de una carga para volver a echarse otra a la espalda.

-Entremos otra vez- dijo la joven-. Te llevare lago de comida. Luego podremos hablar.

La oscuridad de la tienda supuso un agradable refugio tas la claridad cegadora del sol Roy se sentó con la piernas cruzadas sobre la piel en la que había dormido durante tanto tiempo, Una semana, según Riza. ¿Quién le había curado durante todo aquel tiempo? ¿Quien le había quietado la ropa húmeda, quien había atendido sus necesidades, quien lo había mantenido caliente y vivo?

Solo podía haber una respuesta a aquella pregunta.

Ella reapareció en la entrada de la tienda, flanqueada por un aura dorada de la luz el sol. En las manos llevaba un cuenco lleno hasta el borde de un aromático estofado de venado La conjugación del aroma de la carne con el de las hierbas silvestres le lleno los sentidos cuado Riza lo coloco en el suelo delante de el. Roy reprimió las ansias de lanzarse sobre el cuenco como un perro hambriento. Pero se dijo que aquel acto no diría mucho a favor de su buena educación.

-Gracias- dijo dándole las gracias-. ¿Quieres compartir esta comida conmigo?

Ella negó con a cabeza. Tenia los ojo bajos, un gesto que la hacia parecer recatada, incluso tímida. Roy agarro un trozo de carne y se lo llevo a la boca obligándose a masticar lentamente. ¿De donde habría sacado aquel conocimiento de las costumbres de Ishbal? Si pudiera recordarlo…

-Háblame de tu gente- le pidió.

Riza alzó muy despacio la mirada. Su rostro parecía como iluminado. Las profundidades de sus ojos expresivos brillaban como joyas. Cuando comenzó a hablar, lo hizo despacio,

-Muchos años atrás, los militares vinieron a llevarse a nuestro pueblo al sur.

-Si, lo se. Y se que les ocurrió.

-No lo sabes todo- aseguró ella torciendo la boca-. Algunos miembros del grupo no eran fuertes. Los ancianos, las madres con sus bebes, las que estaban a punto de dar a luz, los niños mas pequeños… Sabíamos que todos ellos no sobrevivirían a semejante viaje. Que morirían por el camino.

-¿Y tu?- preguntó Roy observándola, anticipando lo que iba a decir.

-Yo era fuerte. Pero sabía que si los militares me veían me llevarían consigo y castigarían a mi gente por haberme tenido con ellos. Para entonces mi prometido había muerto y yo había escogido el camino de guerrera. Consulte con nuestro jefe, Clelio, y juntos trazamos un plan.

Roy se la quedo mirando fijamente. Se había olvidado de comer. Se le vena a la cabeza muchas preguntas, pero se obligó a si mismo mantenerse para no interrumpir la fluidez de sus palabras.

-Los hombres que escribieron el tratado le habían prometido a Clelio que la gente podría regresar a casa si transcurrido un años no les gustaba la nueva tierra.

Riza entrecerró los ojos al recordar aquella promesa incumplida.

-Nuestro plan consistía en que yo me encargara de aquellos que no podían viajar y los ocultaría en las montañas. Le prometí a Clelio que les proporcionaría comida y los mantendría a salvo hasta que el regresara y…

En aquel instante se le quebró la vos y durante unos segundos pareció perdida en si misma, sobrecogida por al tristeza de lo que había ocurrido después.

-Clelio regreso aseé mucho- murmuro Roy rozándole la manga del brazo.

-Lo se.

Riza apartó la vista. La luz el sol se reflejo en sus ojos.

-Hay gente que se escapa del campamento para venir a visitarnos. Y nos cuenta lo que esta ocurriendo allí.

-Entonces sabrás que Clelio ya no es jefe.

-Si. Nos ha llegado la noticia.

La joven trago saliva y después abrió mucho los ojos.

-Pero tu… ¿Cómo puedes saber tu algo así si has perdido la memoria?

-Yo… No estoy seguro.

Era curioso que su mente hubiera sacado a la luz aquel hecho. Recordaba perfectamente aquella trágica historia. Clelio, en un arrebato de ira, había matado a un militar que le estaba prestando demasiada atención a su hija. Como consecuencia de aquel acto imperdonable, el anciano jefe se había visto obligado a repartir sus pertenencias y trasladarse a la zona mas aislada del campamento, exiliado de por vida.

-¿Tendría aquel campamento la clave de su memoria perdida? ¿Habría estado allí hacia poco, habría hablado quizás con alguien que podría reconocerlo? El hecho de que conociera las costumbres de aquel pueblo daba a entender que en el pasado había estado conectado de alguna manera con los ishbalanos.

-¿Por qué tu gente no fue al campamento?- la preguntó Roy-. Muchos de ellos deben tener familia allí. Y estarían a salvo. Mayor protección…

-¡Cualquiera que quiera ir al campamento es libre de hacerlo!- aseguro Riza con los ojos brillantes-. Se lo he dejado muy claro a todos. Pero ninguno ha querido marcharse. Sabemos como son los campamentos. Hemos oído historias…

-¿Y quien cuenta esas historias?- la interrumpió el mirándola fijamente-. ¿Tu? ¿Estas presionando a esta gente para que se quede por que si reúnen con el resto de la tribu tu te quedaras sola?

Riza se había puesto rígida. Parecía que en lugar de rostro tuviera una mascara.

-Eso no es justo- dijo con vos trémula-. No sabes nada de nosotros. ¡No sabes nada de mí!

-Se lo que veo- respondió Roy con dulzura-. Veo una mujer guapa, valiente y sola. Una mujer que no es ishbalana.

-Entonces, tus ojos te traicionan.

Ella hablo con clama, pero el tono intranquilo de su vos la delataba.

Yo soy ishbalana. Y nosotros, los que vivimos en libertad, somos los últimos guardianes de los viejos tiempos.

-Los viejos tiempos han muerto, Riza .Han desaparecido.

Una cierta tristeza recorrió el hermoso rostro de la joven.

-Para nosotros no- aseguro-. La gente de los campamentos mira con esperanza a nuestro pequeño grupo. Mientras nosotros sigamos aquí, los viejos tiempos, los tiempos sagrados, sobrevivirán. Antenor, el anciano ciego que has visto, es el guardián de nuestras historias y las enseñanzas de Ishbala. Y Nabora, la mujer lisiada, la encargada de la curación. Gente como esa es nuestro tesoro, y mi responsabilidad es mantenerlos a salvo.

Roy sacudió la cabeza y, a falta de una buena respuesta, se inclinó para seguir comiendo. Después de todo, tal ves todo aquello fuera un sueño. Una banda de ishbalanos indefensa y perdida custodiada por una amazona de cabellos dorados que se había erigido como guardiana de sus tradiciones. No era posible que nada de aquello fuera real.

Un destello de la memora e dijo que era posible que mujeres se convirtieran en cazadoras y guerreras. Pero que lo hubiera conseguido una mujer blanca y cautiva que además se hubiera ganado el respeto del mismísimo Clelio… Aquello resultaba difícil d creer.

Pero daba lo mismo. Aquel lugar y aquella gente no eran de su incumbencia. Lo que Roy deseaba de verdad era dejarlos atrás como si fueran un sueño extraño y volver a ser la persona que había sido antes de despertarse enterrado en la nieve con aquella criatura hermosa y salvaje inclinada sobre el.

Roy la miro fijamente a los ojos y sopeso las palabras que iba a decir.

-Tu pueblo puede tener sus secretos y su modo de vivir a la antigua usanza. Lo único que yo quiero es marcharme Dame el resto de mi ropa, un caballo y me marchare mañana al alba. Puedes quedarte con el rifle y con las balas, por las molestias… ¿O vuestras reglas no os lo permiten?

-Cualquier cosa que sirva para alimentar y defender a mi gente será bienvenida- aseguro Riza-.Pero el regalo no cambia las cosas, no puedo dejarte marchar.

Roy se la quedo mirando asombrado. Cuando ella le dijo que era su prisionero había dado por hecho que se trataba solo de un engaño. Pero no se le pasó por alto la seriedad que reflejaban sus ojos y la decisión de su mandíbula.

-Que demonios…

-No podemos arriesgarnos a que nos traiciones y traigas a los militares. Aseguro Riza con vos pausada- Hasta que sepamos como es tu alma, debes quedarte aquí. Con nosotros.

Roy murmuro una maldición entre dientes.

-¿Y canto tiempo llevas eso?

-Depende de ti. Cuando demuestres que podemos confiar en ti serás libre para marcharte.

El torció el gesto y medito aquella palabras ¿De verdad podría impedir que se fuera? Por supuesto por la fuerza no, concluyo. Pero había otros modos de mantenerlo prisionero. Si quería regresar sano y salvo a la civilización necesitaba un abrigo y unas botas. Necesitaría provisiones y a ser posible un caballo. Sin alguno de aquello elementos básicos era coma estar entre rejas.

-¿Y si no consigo ganarme vuestra confianza?- pregunto sin pararse en lo que decía-. ¿Tienes pensado mantenerme aquí para siempre, Riza?

Sorprendida por la pregunta, la joven alzó la vista. Tenia la boca ligeramente abierta y los ojos brillaban en la oscuridad con tal expresión que a Roy se le erizó el pelo de la nuca.

Sintió un escalofrió al obtener la respuesta. Era la respuesta que menos quería escuchar.

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Hola chicas, ya esta el primer chap de la semana espero que les haya gustado y les recuerdo que mañana será la siguiente actualización.

Como siempre agradezco a todas las que leen y especialmente a los que dejan su opinión así que:

Xris: ya veras, ya veras, es verdad que Roy ha perdido la memoria en forma parcial pero creo que por el momento será mejor así, pro luego… me alegra que te haya gustado y nos leemos luego.

Hanae: Amiga, me alarga que te guste el ritmo que va llevando la historia aunque luego será un poco as complicada y algo dura, espero que esta chap también te guste y nos leemos luego.

Taiji-ya- Hawkeye: Me agra que te guste la manera en que llevo a istría aunque a veces siento que las complico un poco, tengo tendencia al dramatismo, jejejeje, de verdad agradezco tus palabras y nos leemos mañana.

Walku-chan: Mi queridísima amiga, ya me preguntaba quien seria esta chica, me alegra que te sigan gustando las historias y ojala que tengas la posibilidad de leer los libros originales ya que muchas veces la adoptadora cambia mas de algo, espero que esta historia no te decepcione y nos leemos luego.

Esfinge: Lamento si te ha ofendido que no hubiera contestado de esta manera, pero creo que lo mas importante era hablarlo directamente con las personas implicadas y les hice llegar mi respuesta a través de repli del mismo modo que lo hice contigo, espero te haya llegado y hayas quedado satisfecha con ella, jamás fue mi intención ofender, espero que lo comprendas, ciao.