Capitulo 6:

La fuerza de su mirada azoto a Riza como si fuera una ráfaga de fuerte viento. No hacia falta decir nada. El desconocido había adivinado la respuesta a su propia pregunta. Al primer signo de traición pedrería la vida Seria su deber arrebatársela como protectora que era de su pueblo.

El silencio se instalo entre ellos, haciéndose mas pesado a cada respiración. Riza estaba pensando ya en una excusa para levantarse cuando una insegura pequeña entro brincando por la tienda.

-¡Irina!

Riza se agarro a la pequeña con la desesperación de alguien que estuviera a punto de ahogarse.

-¿Que estas haciendo aquí?- le pregunto abrasándola fuerte-. ¿Por que no estas jugando con los demás?

-Quería verlo.

Irina miro de reojo al desconocido durante un instante. Luego, cuando la vergüenza se le hizo insoportable, se hecho a reír y escondió el rostro en la manga de Riza.

Roy miraba ala pequeña con un brillo de diversión en sus ojos oscuros. La joven pensó que al menos a aquel hombre le gustaban los niños. Tal ves tuviera sus propios hijos y una esposa esperándolo en aquel mundo que ahora quedaba más allá de su memoria.

Pero Riza se recordé que aquellas cosas no debían importarle.

-Háblame, Irina- dijo el sonriéndole a la pequeña-. Dime lo que me querías decir.

-¿Como te llamas?- se atrevió a preguntar la niña tras soltar una risa nerviosa.

-No recuerda su nombre- le explico Riza-. Se ha dado un golpe en la cabeza y se le ha olvidado.

-Roy- respondió el desconocido con una seguridad asombrosa pero que de inmediato dio paso a una completa expresión de sorpresa.- Se que me llamo Roy.

Riza lo miro con evidente recelo, quizás el solo estaba mintiendo y su gente estaría nuevamente en peligro, si ese fuera el caso ella tendría…

-¿Cómo estas tan seguro?- le pregunto Riza acercando a Irina a su lado para alejarla del hombre.

-No lo se, solo lo recordé. Se que me llamo Roy, pero todo lo demás permanece igual.

Sin embargo Irina lo miro con la cabeza torcida mientras pensaba. Entonces sus ojos oscuros comenzaron a brillar.

-Eso significa que te quedaras con nosotros, ahora eres parte de nuestra familia. Ahora Roy también es Ishbalano.

-Gracias, pequeña- le dijo Roy asintiendo con mucha solemnidad y dedicándole una encantadora sonrisa.

Irina se retorció como un cachorrillo al que acabaran de felicitar. Riza sintió deseos de esbozar una sonrisa, pero se contuvo. Irina era confiada y vulnerable. Igual que los demás niños de su pueblo. Ella había crecido sin un padre y se sentiría naturalmente inclinada hacia cualquier hombre que le hiciera caso y la tratara con cariño. Pero en el caso de este desconocido que era un militar, esa inclinación serviría solo pera herir su tierno corazón.

Tras dirigirle al desconocido, ahora llamado Roy, una mirada de advertencia, Riza se puso de pie y agarro con fuerza la mano de la niña.

-Vayamos a ver que están haciendo los demás niños- le dijo.

Sin mirar atrás, salio de la tienda. Podía sentir la resistencia de Irina mientras la niña se giraba para despedirse con la mano de su nuevo amigo, pero la joven no disminuyo el paso.

La cabeza de Riza daba vueltas mientras caminaba. Mientras el hombre estuvo enfermo había compartido su tienda con el y había pasado las noches en una cama separada al otro lado de la tienda. Nadie se lo había cuestionado .Después de todo, había seguido el camino que ella misma había elegido, era una guerrera y protectora de su pueblo. Pero ahora que estaba recuperado, Riza sentía una creciente sensación de peligro.

No podía confiar en un hombre al que apenas conocía, el que decía no recordar nada de su vida y sobre todo, que era un militar y un alquimista. Aquellos que habían acabado con las vidas de tantos y tantos de sus hermanos.

Riza recordó el tono tan íntimo en que había hablado con ella cuando lo llevo a la tienda, bromeando y preguntándole sobre su vida amorosa. Recordó el modo en que sus ojos habían recorrido sus facciones, y como ante el mínimo rose de sus manos se había sonrojado. Incluso ahora podía sentir el calor invadiéndole las mejillas, provocando que le ardiera el rostro.

Riza sabia que no podía seguir compartiendo la tienda con aquel hombre. El motivo sin embargo la desconcertaba. ¿Tenia miedo de lo que el le pudiera hacer? ¿O había algo que temía todavía más, algo dentro de ella?

Pero no podía perder el tiempo con preguntas tan tontas. Ya que no había otra tienda en la que Roy pudiera quedarse, ella se trasladaría con Nabora, ella le daría seguridad, calor y la sabiduría hasta que el desconocido se marchara.

Riza estaba perdida en sus pensamientos cuando un grito de desesperación sacudió los cimientos de su cabeza.

El grito provenía de Cancio, un joven de catorce años que se había quedado en el grupo rezagado a causa de una pierna inválida. Estaba al final del claro. Su joven y delgado rostro estaba tan pálido como la nieve.

-¡Riza!- grito acercándose a ella con ayuda de una muleta-. ¡Es Emilse! ¡La he encontrado en el cañón, al lado del arroyo! Esta...

El chico se dejo caer sobre la nieve agotado y desolado.

Riza sintió como la mano de Irina se ponía rígida. Emilse era madre de la pequeña.

Muerta de miedo, la joven la agarro de los hombros y la miro fijamente a los ojos.

-¿Vas a ser una niña valiente?

Irina asintió con la cabeza y apretó los labios.

-Quédate aquí con los demás- le pidió Riza-. Yo iré con Cansio a ver que ha ocurrido.

-Yo cuidare de ella- dijo una mujer dando un paso adelante y agarrando la mano de Irina.

Riza sintió un nudo en la garganta al verla marchar. La vida en aquellas montañas recónditas estaba llena de peligros. Había animales salvajes, cornisas empinadas y tormentas imprevistas que podían atrapar a quien no hubiera logrado encontrar lugar de refugio. Y sin embargo el pequeño grupo se las había arreglado bien a lo largo de aquellos años. Solo había habido unos cuantos accidentes muy pocas muertes, a recepción de la de los acianos.

Pero el horror que había visto en los ojos del muchacho, le dijo que algo espantoso le había ocurrido a Emilse. Preparándose para lo que podía encontrarse, se encamino hacia el lugar en el que Cansio se había derrumbado. Por el rabillo del ojo vio a Roy de pie delante de la tienda. Pareciera como si tuviera en mente seguirla, pero sus pies desnudos lo mantendría en su sitio, se recordó Riza. No tenia tiempo para preocuparse de el en aquel momento.

La joven se inclino para ayudar a Cansio a levantarse.

-¿Puedes venir conmigo a buscarla?

Asintiendo con la cabeza, el muchacho agarro la muleta y se puso de pie. Silesia, la tía corpulenta y de cabello gris de Emilse, se unió a ellos con su bolsa de medicinas, una manta y una plataforma vacía.

Riza se obligo a si misma no mirar hacia atrás mientras salía del campamento. Podía sentir los ojos asustados de su pueblo clavados en ellos. Irina tendría os ojos llenos de tristeza y miedo, como los de un pájaro herido. La mirada oscura de Roy seria ansiosa, cargada de frustración por no poder seguirlos Nabora estaría triste y taciturna. Y los demás, si se atrevían a mirarlos, serian un reflejo de sus propios miedos.

Salieron del claro y encaminaron sus pasos hacia la caída del arroyo. Como era su costumbre, mantuvieron su silencio estricto cuando salieron del campamento. Una palabra dicha demasiado alto podía alertar a la caza o, peor todavía, alertar a un enemigo oculto.

Por debajo de las cornisas, donde los calidos rayos del sol no habían llegado, los arroyuelos discurrían debajo de la nieve brillante. La belleza del día contrastaba con el espíritu sombrío de Riza. Albergaba tantas esperanzas con respecto al invierno que entraba… El lugar que su gente había escogido para montar el campamento estaba apartado de la mirada y protegido de los fuertes vientos. Había agua de sobra los cañones se ofrecían caza mas que suficiente. Todos habían experimentado una sensación de paz y seguridad… Hasta la noche que ella llevo al militar herido.

¿Habría llevado Roy la mala suerte con el? ¿O su presencia no era más que otra señal de que el mundo exterior iba cerrando el círculo sobre su pequeño grupo?

La respiración de Cansio era agitada cuando se puso al lado de ella y le rozó el brazo. Sin decir una palabra, el joven señalo hacia un cañón amplio. Riza sintió una punzada en el estomago mientras se dirigía hacia la maleza.

Encontraron las huellas de Emilse en la nieve. Al principio estaban bastante juntas y luego se hicieron más espaciosas, formando un camino de zigzag en el lugar en el que había empezado a correr. Más arriba del cañón encontraron otras huellas, en este caso de varios pares de botas, acercándose a las de ella. Riza se dio cuanta de que la otra mujer había corrido deliberadamente de aquel flanco del cañón. Emilse había obligado a sus perseguidores a alejarse del campamento, donde podrían haber hecho daño a la gente que amaba.

Eso, al menos, seria algo que podrían contarle a su hija.

Encontraron a Emilse tirada bajo las ramas caídas de un pino. La visión de aquel cuerpo sin vida, con la piernas ensangrentadas y la cabeza caída hacia un lado de forma grotesca, se parecía tanto a aquella imagen de su niñez que Riza había enterrado que sintió que las rodillas le fallaban.

La joven lucho contra aquella oleada de pena para mantener el coraje delante de los otros. Una rabia hirviente se apodero de ella mientras miraba la nieve ensangrentada y las huellas de manos, rodillas y botas que rodeaban el cuerpo de Emilse.

Los hombres, quienes quieran que fuesen, no habían hecho ningún esfuerzo por borrar su pista. Parecían saber que no tenían nada que temer de aquel grupo pequeño y débil.

Un miedo atroz se mezcló con la rabia de Riza. ¿Habría más? ¿Habrían visto el campamento? ¿Regresarían?

Silesia había colocado la manta en la plataforma. Los tres pisaron la nieve para agarrar el cuerpo maltrecho de Emilse por debajo de los brazos y colocarlo con suavidad en la plataforma. Los ojos del joven Cansio se llenaron de lagrima mientras la arropaban como a un bebe antes de atarla a la plataforma Todos en el campamento querían a aquella mujer joven y bonita cuyo marido había fallecido en los últimos enfrentamientos con los militares. Todos llorarían su muerte.

-Llévensela- les dijo Riza suavemente a los demás-. Yo tengo que averiguar todo lo que pueda de estas huellas antes de que la nieve se funda.

Silesia se la quedo mirando fijamente con los ojos muy abierto.

-Márchense.- Susurro Riza antes de que la otra mujer encontrara las palabras con la que protestar-. Yo estaré bien. Si estuvieran todavía aquí, a estas alturas ya lo sabríamos.

Silesia se inclino y agarró las cuerdas de la plataforma. El sol despertaba un reflejo húmedo en sus ojos, pero no mostró ningún designo mas de emoción..Había soportado demasiadas tristezas y había enterrado a demasiados seres queridos como para dar rienda suelta a ese dolor. Riza comprendía muy bien la profundidad de su perdida. Hacia mucho que el grupo se había convertid en una familia.

Dos cuervos abrieron las alas y aletearon sobre la copa de un pino mientras la pequeña procesión avanzaba entre los árboles en otros tiempos, los restos de Emilse habrían sido enterados con honores y ceremonia. Ahora no había más opción que enterrarla en secreto y a toda prisa.

Riza piso la nieve para estudiar más de cerca las huellas que los asesinos habían dejado. Capto cuatro tipos diferentes de pisadas. Uno de los hombres calzaba botas militares como las que llevaba Roy, pero la irregularidad de las suelas indicaba que le quedaban grandes y que seguramente se habían hecho para otra persona. Otros dos hombres llevaban botas de montar, una de las con el tacón roto. Los pies del cuarto hombre iban calzados con botas de piel. Bandidos, concluyo rápidamente la joven. Una banda como la que había asesinado a sus padres.

Riza pudo leer en la nieve la historia de lo que le habían hecho a Emilse .Dos de ellos la habían sujetado mientras el tercero la violaba y el cuarto esperaba su turno. Cuando todos ellos hubieron terminado, la estrangularon. La cuerda que habían utilizado había dejado una marca sobre la nieve.

Riza podía sentir la tirantes de la soga en su propio cuello .Repugnantes hombres. Habían llevado a su pueblo la limite de la desesperación pero no parecía bastarles. Incluso allí, donde el pequeño grupo no buscaba nada mas que vivir en paz, los seguían atormentando.

Mareada por la rabia, Riza se dirigió hacia la arboleda. Se prometió recordar cada huela, cada rastro que aquellos monstruos habían dejado tras de si. Y si alguna ves tenia la oportunidad…

-¡Riza!

La joven se puso tensa al escuchar el sonido de su propio nombre. Se llevo inconscientemente la mano la cuchillo y lo saco de su funda, dispuesta a defenderse.

Roy estaba el lado del árbol en el que Emilse había muerto. Iba sin abrigo, pero advirtió que haba conseguido encontrar las botas en el escondite en el que ella las había ocultado, bajo una pieles. Su rostro expresaba la misma expresión frustrada que le había visto temprano en la mañana.

Iba desarmado y no había nada de amenazador en su actitud, pero cuando lo miro, los ojos enfurecido s de Riza solo vieron un hombre. Un hombre blanco.

Ciega de rabia y de dolor. Se lanzó contra el.

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Ya esta chicas, el chap de hoy y espero que les haya gustado a pesar de ser algo duro.

Les recuerdo que mañana esta la actualización y como siempre agradezco a los que leen y a los que dejan su opinión así que:

Xris: Como ves no tienen la vida muy fácil ahí, es verdad que será una buena oportunidad para que Roy demuestre que no es una mala persona, pero no todo resultara tan fácil, gracias por el apoyo amiga y nos leemos mañana.

Hanae: Todo es algo complicado, se que quizás he dejado que la historia se vea demasiado dolorosa pero también es bueno un poco de drama, gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Taiji-ya Hawkeye: Gracias, me halagas pero la velocidad de la actualización se debe a que es una adaptación, como tomo algunas de las ideas del libro original es mas fácil avanzar los chapters que en una historia original donde me tomo por lo menos una semana para pensar en el chapter siguiente, sin embargo espero que te siga gustando. Ya pronto habar mas proximidad entre Roy y Riza y también me encanta esa pareja,, ciao.

Walku-chan: Gracias por el apoyo y ya veras que las cosas aun se complican, pero dentro de poco habrá mas proximidad entre ellos, ya veras, solo falta poco, nos leemos mañana.